Masarykova univerzita



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9.3.Las calles y la arquitectura urbana


La medina de Marrakech ofrece el mismo patrón arquitectónico que otras ciudades marroquíes, caracterizado por las callejuelas estrechas y tortuosas. En el capítulo 6.2. señalamos que mientras que los autores del siglo XIX hacen hincapié de la estrechez, abandono y suciedad de las calles tortuosas de la kasbah, los autores del siglo XX prefieren el casco antiguo a los nuevos barrios fuera de la muralla y lo aprecian por su exotismo y autenticidad.

Gracias a la cambiante perspectiva estética, la parte histórica de Marrakech empieza a atraer cada vez más la atención de artistas occidentales y, más adelante, también del mercado inmobiliario. Gradualmente, la medina va recuperando su esplendor y valor. Mientras que la población autóctona aspira a trasladarse a la ville nouvelle, el expatriota occidental va reconstruyendo y ocupando las casas abandonadas de la kasbah. En los años ochenta se trata todavía de casos aislados, pero a partir de los 90 la presencia extranjera en el casco antiguo de Marrakech experimenta un boom inesperado. Mencionamos este hecho extraliterario porque Juan Goytisolo es uno de los pioneros que han iniciado esta tendencia. El autor/narrador de Don Julián, que en Tánger residía en un apartamento en las afueras de la medina tangerina y acudía diariamente a sus calles y zocos para inspirarse en el espíritu islámico, sucumbe a los encantos de la medina de Marrakech de tal manera que a principios de los años 80 compra una casa en plena medina y la convierte en su hogar.

Curiosamente, el compacto laberinto de Marrakech, descrito por cada uno de los autores que han pasado por él, no tiene ninguna representación en Makbara. No hay un deambular por el dédalo marrakchí à la Don Julián.

Lo que sí encontramos es una travesía diaria de “la extensa ciudad libre y ajena”548 para salvar la distancia entre el centro y la periferia. Condenado al trabajo duro en una de las tenerías en las afueras de la ciudad, el protagonista sueña con otra vida y se dirige hacia el centro de la ciudad y el monumento más emblemático de Marrakech – “la airosa silueta de la Kutubia”. Allí tiende “las palmas de las manos abiertas, para invocar la justicia de Alá” y “su precisa descripción del xinná”549. Una y otra vez,

atravesar la medina a pie, acostumbrarte al recelo de quienes evitan prudentemente tu cercanía, repetir su itinerario halucinado sin alargar a creyentes ni infieles mi mano negra, mendiga (…) de nuevo el pozo, meterse en el lodo hasta las rodillas, frotar las pieles, aderezar el cuero” (…113) cerrar los ojos, escapar, huir, anulado el infierno (…) atravesar la ciudad, volver las palmas a la Kutubia550

La ambigüedad de la representación de Marrakech (y Marruecos) en Makbara está vinculada, entre otros, al cambiante estatus del protagonista. Su vida en la periferia es penosa y denigrante, pero el centro de la ciudad islámica, con el alminar de Kutubia y la cercana plaza de Xemaá-el-Fná, le ofrece la salvación y dignidad.

exhibiciones, discursos, danzas, proezas, gimnásticas

fresco gallardo joven

milagrosamente roto el embrujo

le llevan, estás, estoy en el polígono irregular de la plaza551



9.3.1.El laberinto versus la línea


La forma de laberinto directamente relacionado con la ciudad islámica aparece únicamente en el capítulo III, “Sic transit gloria mundi”. Seguida por un soldado árabe, la protagonista/el Ángel desea prolongar “la deliciosa espera” y se inventa “bifurcaciones y desvíos”, dibujando “zigzags y laberintos (…) en aquella medina secreta y ardiente”552. La protagonista ya no se acuerda muy bien de dónde el encuentro amoroso tomó lugar, pensando en las ciudades de Jenifra o Tarudant, pero podría ser también Marrakech. Se mencionan las murallas ocres y rosadas y más adelante la protagonista recuerda volver “a la habitación, nuestro escueto nido de amor, el modesto fonduk de Marrakech”553. En este momento aparece, por primera vez, el ámbito liberador de Xemaá-el-Fná para convertirse en el elemento clave en la representación del espacio marrakchí.

El laberinto, sin embargo, reaparece en la novela más adelante en los capítulos “Aposento de invierno” y “Eloísa y Abelardo”, asociado a otros parajes – el subterráneo de Pittsburgh y unas minas en Francia. Allí se refugian el emigrante marroquí y su extravagante amante. Desengañados con el mundo en que viven y estigmatizados por su origen, idioma y aspecto físico, hacen su vida en un “laberinto cretense? : estructura elaborada por Dédalo? : posible residencia de algún resucitado, fabuloso Minotauro?”554, “un laberinto de escaleras, pasillos, sumideros, cloacas”555, “el dédalo de tubos, calderas, corredores, trampas”556.

El mundo subterráneo de Pittsburgh posibilita una serie de interpretaciones y el narrador mismo ironiza sobre sus posibles lecturas, aludiendo al “viaje al centro de la tierra”, el “mito de la caverna” y “la vuelta al feto”557.

Dentro del planteamiento de la presente tesis, ofrecemos una lectura más. Frente a la hostilidad de la urbe metropolitana, el refugio subterráneo evoca el laberinto de la medina y sus funciones y valores. En los oscuros y bajos corredores que han adaptado a sus necesidades, los protagonistas defienden su derecho a la privacidad. Se esconden de la luz del día y de las miradas recriminatorias de otros, mientras que “el sistema central de conducción calorífica” les “protege del rigor de los elementos”558. El laberinto del subterráneo es su “escueto nido de amor”, como lo fue el fonduk en el laberinto de Marrakech, y allí siguen soñando poniéndose, en sus pensamientos, “camino del mercado”559.

Ya mencionamos que los espacios de la novela están dinamizados por una compleja relación entre el centro y la periferia y acabamos de señalar esta dialéctica en la representación de Marrakech.

En otros contextos, la periferia, asociada con marginalización, pobreza y estancamiento, está representada por los espacios marroquíes, el refugio subterráneo de Pittsburgh, las minas en Francia donde el protagonista fue explotado y, simplemente, por los que vienen de o eligen la periferia.

Entre los espacios que se perfilan como el “centro” en el sentido de poder, progreso y prestigio, pertenecen los países occidentales, representados por las pujantes ciudades de Pittsburgh, Nueva York y París y se puede incluir también el “perfecto” país del que está expulsado el Ángel.

Aplicando los conceptos que hemos usado en relación con el espacio occidental y oriental, nos encontramos en este contexto de nuevo con la dialéctica entre la línea (el centro) y el laberinto (la periferia).

La novela se abre en una de las elegantes avenidas de París (centro), donde el protagonista/emigrante árabe procedente de Marruecos (periferia), avanza por el rectilíneo “bulevar”560, ridiculizado y humillado.

En el capítulo “Ángel”, la línea está relacionada con “centralización, jerarquía” y “arribismo”561, con un camino recto de un progreso continuo, y con el obedecimiento ciudadano. El Ángel, quien desea abandonar “la línea correcta trazada por las instancias directivas”562 termina humillado y expulsado, mientras que sus camaradas están “dispuestas a todo con tal de seguir en la línea”563, en “el camino rectamente trazado en el Libro”564.

Pittsburgh, en su función de símbolo de progreso occidental, es una ciudad industrializada y hostil, cuyo destino, como el del país paradisíaco, es un eterno proceso de perfeccionamiento gracias a la industrialización, innovación y planificación de todos los aspectos de la vida, incluidas la organización del tiempo libre, la digestión o procreación. Su descripción, proporcionada por un guía turístico en el capítulo “Sightseeing tour”, está hecha en inglés, el idioma dominante a nivel global. Pittsburgh se perfila como “an industrial center” donde “the present is the cornestone of the future and the excitement today revolves around the ambitious plans the people have for their community”565.

Los valores presentados por el centro y la periferia son continuamente cuestionados y el capítulo de “Sightseeing tours” constituye uno de los momentos culminantes de dicha tendencia.

Siguiendo Goytisolo la ingeniosa táctica de José Cadalso, autor de Cartas marruecas (1789), Pittsburgh está observado desde fuera, por unos clientes de Sahara tours, “los halaiquís, asiduos y moradores de la plaza”, “directamente transferidos de la ocrerrosada ciudad”566 a la gran metrópoli americana. Hay una inversión completa de expectativas y perspectivas. Esta vez es la “periferia” que observa al “centro”. Los marroquíes se hallan “absortos en la contemplación del color local” y “pasmados con la vertiginosa proliferación celular, infusible, motorizada”. Siendo testigos del sueño occidental, basado en “una planificación desmesurada y onírica”567, “murmuran un maravillado” pero sumamente ambiguo “ya-latif”568 - una expresión árabe de admiración pero que también podría traducirse como “dios nos protege”.

Ni el “centro”, deshumanizado y arrogante, ni la “periferia”, evocada en imágenes que resultan muchas veces repulsivas y decadentes, y donde los protagonistas no dejan de sufrir, ofrecen una alternativa aceptable.



9.3.2.El texto-medina


En el capítulo 8.3.2., citamos a Alberto M. Ruiz en relación con la estructura narrativa de Makbara y el término “texto-medina” que ha creado para caracterizarla. Por nuestra parte, señalamos que el texto-medina es propio ya de Don Julián, donde está estrechamente relacionado con el laberinto callejero de la medina.

En el caso de Makbara, Ruiz Campos justifica su término también con una de las propiedades de las calles de la medina, “indistinción y máxima diferenciación simultáneas”, a la que añade el “fragmentarismo frente a orden tradicional de la composición, ritmo oral ante lenguaje escrito anquilosado, secuencias dispersas, mosaico arábigo, andaluz, reescritura mudéjar ahora invertida: caracteres latinos, estructura árabe, algarabía y caos”569.

Como acabamos de señalar, en Makbara ya no nos encontramos con el dédalo callejero de la medina. Por otro lado, el laberinto como motivo y la estructura laberíntica siguen manifestándose en el texto, nutrido también por la estructura molecular, caótica del zoco y por el mudejarismo percibido en la oralidad tradicional marroquí (véanse siguientes capítulos).

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