Masarykova univerzita



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9.4.El zoco


En el zoco de Xemaá-el-Fná de Marrakech, Goytisolo contextualiza el texto medieval de El libro de buen amor y allí concibe la propia Makbara:
La serie de croquis y anotaciones que inicié entonces para una eventual “Lectura del Arcipreste de Hita en Xemaá-el-Fná” tomaron, es verdad, rumbo muy distinto del que me proponía: escapando a mi primitivo designio, adquirieron poco a poco vida autónoma y se transformaron paulatinamente en el contexto de otro libro o librillo de buen amor : mi novela o poema Makbara570
“El ámbito liberal” de la plaza de Xemaá-el-Fná, introducido en el capítulo III como un espacio bullicioso y abierto, abrumado “por un hábil contubernio de voces, tanteos, visiones oníricas”571, se manifiesta a lo largo de la novela a través de imágenes y enunciados aislados y esparcidos.

A finales del capítulo XIV y en el último capítulo, titulado “Lectura del espacio de Xemáa-el-Fná”, la plaza adquiere un protagonismo inesperado, revelándose como la clave a la lectura del texto en su totalidad.

Como hemos señalado en el capítulo 7.2., los zocos de Marrakech tienen poca representación en el ya escaso material sobre la ciudad. De hecho, la mayoría de los autores del siglo XIX ni los mencionan.

Boada Romeu parece ser el primero en descubrir el animado ambiente de la plaza de Xemaá-el-Fná y le hace una publicidad inesperada, clasificándola como uno de los lugares más pintorescos de Marruecos. Medio siglo después, Vega y Bertrana comparten su entusiasmo y la autora catalana habla, sin más, de uno de los lugares más pintorescos del mundo.572 Juan Goytisolo no es, por lo tanto, el primer autor español que se emociona con la atmósfera única de la plaza. Pero si consideramos la poca importancia y el olvido en el que sus precursores han caído, podemos afirmar que es él quien descubre Xemaá-el-Fná para el lector español contemporáneo.

De hecho, cuando compara la atmósfera y el ambiente actual de la plaza con su imagen histórica, no se acuerda de ninguno de los autores españoles, sino que consulta antiguas fotografías del comienzo del Protectorado y textos de autores extranjeros, los hermanos franceses Tharaud y el literato suizo Canetti en particular. “Las diferencias son escasas”, confiesa. “Inmuebles más sólidos, pero discretos; aumento del tráfico rodado; proliferación vertiginosa de bicicletas; idénticos, remolones, coches de punto”. Y lo importante, el paisaje humano de la plaza parece haber sufrido muy pocos cambios: “sus juglares, artistas, saltimbanquis, cómicos y cuentistas son, de modo aproximativo, iguales en número y calidad”.573 Es un mundo de antaño milagrosamente conservado, que parece resistir a los cambios sociales, económicos e ideológicos. De hecho, las fotografías que acompañan al texto, en la edición de Makbara utilizada para esta tesis574, y que alternan entre imágenes antiguas y recientemente tomadas, apoyan dicha idea.

Durante su lectura del propio espacio de la plaza, el autor se encuentra con la “proverbial dificultad de enumerar lo que el espacio engendra”575 y acude a una enumeración extensa de varias páginas, recurso tan aprovechado tradicionalmente para describir el ambiente recargado, exótico y caótico del zoco. Con las observaciones de Said de fondo, el texto y la realidad se demuestran inseparables, impregnándose el uno del otro: “aprehensión del universo a través de las imágenes de Sherezada o Aladino : la plaza entera abreviada en un libro, cuya lectura suplanta la realidad”576. “Corte esplendente de un reino de locos y charlatanes (…), mendigos reptantes, recitadores coránicos, posesos, energúmenos (…), borricos cargados de cestos”577, curanderos, encantadores de serpientes, clichés confesados.

Parémonos un momento con el texto-poema de Canetti, Stimmen von Marrakesch (1967), con el que la novela Makbara parece tener una filiación muy cercana. Aunque no logramos averiguar si el autor catalán había leído el texto de Canetti antes de escribir Makbara, (la traducción al español de Las voces de Marrakesh578 no se publica hasta 1981), podemos suponer que estaba familiarizado con sus traducciones a otros idiomas. Por ejemplo, la traducción inglesa se publica en el año 1978. En cualquier caso, Goytisolo se pronuncia con gran admiración sobre el libro y hasta existen estudios que relacionan la obra de los dos autores desde varios puntos de vista, sea por sus técnicas literarias o sea por el escenario escogido.579

Ideas y motivos comunes aparte, el libro de Canetti resuena en Makbara ya por su sugerente título. En cuanto al zoco marrakchí, tanto Canetti como Goytisolo lo entienden, principalmente, como el espacio de la voz. Para los dos, la importancia y autoridad del zoco emana de la halca, el círculo creado por el público que se deja llevar por la destreza verbal de los halaiquís.

Pero hay también otro punto de contacto. En el capítulo 3.1.2. dejamos dicho que en los zocos se concentra la actividad comercial y artesanal. Para Goytisolo, los mercados de las ciudades marroquíes representan un antídoto contra los shopping malls y el comercio impersonalizado de la economía global. Como en Canetti, las imágenes preindustriales del zoco inspiran en Goytisolo la crítica de la sociedad moderna mecanizada y los dos autores aprecian la autenticidad de la realidad observada y cruda, sin embalajes, anuncios ni escaparates580.

En Makbara, la plaza de Xemaá-el-Fná, situada en la periferia (Marrakech) y alejada “del orden molecular, irreductible de la gran urbe europea industrializada”581, representa los valores contrarios a los encarnados por el “centro”.

Como ya tuvimos ocasión de mencionar, el protagonista de la novela, abatido por la denigrante vida en la periferia, sueña constantemente con el espacio liberador del mercado y la halca. Es un lugar idealizado, del “olvido de las coacciones sociales, identificación en la plegaria y risa, suspensión temporal de jerarquías, gozosa igualdad de los cuerpos”582. Es un “espacio neutral de caótica, delirante estereofonía”583, “desquite de lo espontáneo, abigarrado, prolífero contra la universal regulación clasista”584.

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