Masarykova univerzita



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1.4. El blocao y el Oriente en el período entre 1940 - 1962


A base de los criterios definidos por López García, los dos fenómenos que marcan este período son el final de la guerra civil y la publicación en España de Tiempo de silencio (1962) de Martín Santos. La fecha inicial tiene una clara justificación ya que con el fin de la guerra civil los novelistas españoles empiezan a fijarse de nuevo en la costa africana. La segunda fecha ya no es tan obvia y quizás parecería más lógico concluir este período en el año 1956, cuando Marruecos consigue la independencia y se inicia el proceso de descolonización. Las relaciones entre España y Marruecos cambian a todos los niveles y empiezan a debilitarse los existentes lazos culturales entre los dos países. Sin embargo, como explica García López:

Ni la independencia ni el abandono de España marca el inicio de una renovación literaria o de un nuevo talante en la mirada del escritor hacia Marruecos; éstos vendrán a partir de los años sesenta, cuando el realismo dé paso a la búsqueda de nuevas técnicas y tendencias en la literatura.45

En los años 40 del siglo pasado, el tema de la guerra está siempre muy presente en la literatura española. Este hecho se refleja también en las obras relativas al tema marroquí.

Por su parte, el tópico oriental, junto con la búsqueda del paraíso perdido, va adaptándose a unos cambios radicales dentro de la doctrina sobre Oriente que comenzaron a gestarse en el período entre la primera y segunda guerra mundial y que, entre otros, contribuyeron posteriormente al replanteamiento de la cultura occidental. Como señala Fernando Gómez Redondo, al buscar zonas de encuentro entre los dos mundos, el oriental y el occidental, se vuelven “a analizar el simbolismo del arte islámico, las estructuras lógicas del pensamiento musulmán, la tradicional economía islámica”.46

Después de la Segunda Guerra Mundial y con el crecimiento del poder de los Estados Unidos, el orientalismo (tanto en su vertiente de disciplina académica como de ideología) empieza a desplazarse al otro lado del Atlántico donde entra en los servicios del estado y de las grandes compañías multinacionales. Como señala Redondo, otra vez “vuelve a construirse una visión de lo oriental adaptada a las necesidades políticas de cada momento, incrementada, en este caso, por los medios de la comunicación de masas”47.

Aquellos cambios y modulaciones en la representación del mundo oriental se reflejan muy poco en los autores españoles cuyas obras relativas a Marruecos se publican entre 1932 y 1962. La visión que éstos ofrecen y los temas que escogen suelen estar tamizados por el “cedazo” de la relación particular entre España y Marruecos y se alinean con los de la época anterior. Predomina el tema de la guerra, donde el distanciamiento temporal de los eventos ya permite adoptar nuevas perspectivas48, y continúa la búsqueda del mundo ideal49.

Aparecen personajes que encuentran en Marruecos su refugio estético y emocional, como los de la novela Tebib (1945) de Rosa María Aranda, y para los que la vuelta al “paraíso“ ya es imposible como. La desilusión y desarraigo marcan por ejemplo la novela La cabeza del cordero (1949) de Francisco Ayala.50

Al caracterizar la segunda época, López García señala que, a diferencia de la época anterior, tanto la calidad como la cantidad de las obras disminuyen, pero, por otro lado, se amplían los temas.

A partir de los años 40, el tema de la guerra en la literatura española ya está menos presente. Entre los nuevos temas, García menciona el encuentro con la naturaleza, temas históricos, el desarraigo o el espionaje. El escritor más prolífico de la época es el arabista Luis Antonio de Vega, autor de muchos libros de aventura y espionaje situados en Marruecos.51

En cuanto al marco histórico, lo que cobra importancia son los eventos en el Protectorado que llevan a la independencia de Marruecos en 1956. Para muchos residentes españoles, este hecho significa el fin de su antigua vida, tan cómoda y privilegiada a costa del resto de la población marroquí. No obstante, este gran cambio no se “digiere” literariamente hasta los años 60.



1.5.Las tendencias de la prosa marroquista desde 1962


El año 1962 es el año de la publicación del Tiempo de Silencio pero también de la novela Se enciende y se apaga una luz de Ángel Vázquez que marca un cambio importante en el tema marroquí.

La vida personal y literaria de Ángel Vázquez está estrechamente relacionada con Tánger, aquella ciudad “convencional, artificial y superficial” de la que él, como decía, era “todo lo contrario”52. Allí vivió desde su nacimiento en 1929 hasta sus treinta y seis años, cuando se marchó a España. Se fue con los recuerdos de los años de la prosperidad y esplendor del Tánger cosmopolita, seguidos por los cambios relacionados con el fin del Protectorado. En sus novelas transmite de una manera singular el sentimiento de la “pérdida del Paraíso” y de la angustia que sienten los residentes de origen europeo cuando su mundo se va derrumbando bajo el nuevo curso histórico.

La primera de sus dos novelas, Se enciende y se apaga una luz (1962), supone, en palabras de López García, “ya un paso adelante en la renovación de la novela, sobre todo en lo que a Marruecos se refiere”, aunque “todavía tiene mucho de novela social”53. Un verdadero cambio en la narrativa de Vázquez viene con La vida perra de Juanita Narboni (1976).

Además del escenario marroquí, es la experimentación con nuevas técnicas literarias y la atención que se le presta al idioma, con un destacado plurilingüismo y conciencia del peso histórico y cultural de las voces individuales, que es característica también para la novela Reivindicación del conde Julián publicada en 1970 y que establece un punto de contacto entre los autores tan diferentes como Vázquez y Goytisolo.

Uno de los objetivos del presente trabajo es definir en qué precisamente consiste la contribución de Juan Goytisolo al tema de Marruecos en las dos novelas estudiadas, Don Julián y Makbara.

Morales Lezcano es el primero en aludir a los cambios que se introducen con la obra de este autor. Su observación es muy específica y limitada al aspecto temático que más le ocupa. Se detiene en Don Julián con el que, como sugiere, “la novela «marroquista» adquiere en las letras españolas un rasgo cualitativo nuevo”54. Concretamente, el autor afirma que “Goytisolo, por su parte, lleva a un punto más de paroxismo – intelectualizando, desde luego - la reacción hispana en la tierra de ‘moros’“55.

Los autores marroquíes como Mohamed Abrighach, Driss Essounani o Ahmed Benremdane también coinciden en que se puede observar un cambio notable en el acercamiento literario a su país y con frecuencia comentan o mencionan en este contexto la obra de Juan Goytisolo. Desde su perspectiva, aquel cambio se produce especialmente a nivel ético.

Aunque el último período definido por López García se extiende desde 1962 hasta el presente, el autor sugiere que “tal vez haya que marcar la década de los ochenta como el principio de otra época”56. No entra en los detalles de tal propuesta y simplemente afirma que la generación de los escritores nacidos a mediados del siglo XX57 ofrece “una visión nueva no sólo de Marruecos sino también de la literatura en general (mayor finura, cultura, lirismo e intelectualismo)” y que “unas lecturas e influencias impensables en narradores como Goytisolo o Vázquez marcan una bastante profunda diferencia”58.

Es cierto que a finales de los años setenta y a principios de los ochenta, los intelectuales españoles dirigen su mirada otra vez al vecino africano y el tema de Marruecos de nuevo intensifica su presencia en la narrativa española.

Entre los factores decisivos en el aumento del interés cuentan los cambios políticos en el país iniciados con el fin de la dictadura de Franco, la afluencia de inmigrantes marroquíes en España, la apertura de los estudios de arabismo al mundo árabe y musulmán actual así como los atractivos turísticos de Marruecos y una voluntad política general de establecer unas relaciones pacíficas y económicamente provechosas. Por otro lado, se deben incluir algunos temas políticos espinosos como el del Polisario, el estatus de Ceuta y Melilla y la pesca española en el litoral sahariano.

Se debería considerar también el hecho de que, en el año 1978, se publica el Orientalismo de Edward Said, un estudio que señala el rol de la literatura y de los estudios orientales en la percepción del Oriente y del “Otro”. El libro ha creado una polémica inmediata y de dimensiones internacionales y aunque la primera traducción al español no sale hasta el año 1990, estamos convencidos de que el debate que propició y el crecido interés por el problematizado “Otro”, contribuyeron a la creciente curiosidad y nuevas miradas del escritor español hacia su vecino africano.

López García señala que, en esta época, la temática se diversifica considerablemente y surgen nuevos ángulos desde los que se presenta a Marruecos.

Como en las épocas anteriores, no puede faltar el tema de la guerra. Es especialmente la experiencia traumática del Rif que reaparecerá ya no como un testimonio directo sino como una revisión de lo pasado, permitida por el distanciamiento temporal.

El conflicto marroquí resuena en la novela Kábila (1980) de Fernando González, que es la primera en presentar la Guerra del Rif desde el punto de vista rifeño. En 1991, David López publica la novela El Raisuni y, últimamente, la vigencia del tema se constata en la novela El nombre de los nuestros (2008) de Lorenzo Silva 2008.

Como suele pasar con las revisiones de hechos históricos novelizados, la audacia literaria y la experimentación con técnicas narrativas no suelen ser la mayor preocupación de sus autores. Su valor reside, sobre todo, en la capacidad de ofrecer nuevos ángulos o detalles sobre la actuación militar de los españoles en Marruecos, aprovechándose, los autores, de los nuevos hallazgos e interpretaciones históricas.

La nueva literatura marroquista ha sido, de momento, muy poco estudiada. Se han distinguido, no obstante, ciertas tendencias. Aparte de las novelas históricas, aparecen representaciones muy personales del Marruecos contemporáneo.

Entre las constantes que atraviesan los temas individuales, López García nombra exotismo, evasión, búsqueda de las raíces, búsqueda de la identidad social e individual y el reencuentro con el pasado.

Quisiéramos precisar que la búsqueda de identidad tiende a expresarse a través de una tensión entre el “distanciamiento” del Otro (es decir, del marroquí) e “identificación” con él, un proceso iniciado ya en Aita Tettauen de Galdós pero que se intensifica a partir de los años 80.

La nueva prosa de tema marroquí se caracteriza por el afán de volverse “objetiva”, de evitar prejuicios e ideologías, de entender la realidad marroquí e inspirarse en su cultura. Suele estar escrita “desde dentro”, con el conocimiento más íntimo del país, ya que muchos autores tienen una experiencia del país de primera mano, sea a través de lazos familiares o sea por haber residido allí durante cierta temporada. Frecuentemente se reivindica el común pasado andalusí, para reafirmar las afinidades entre los dos pueblos.

Surge el tema del amor, del turismo y de la independencia, pero también historias y cuentos “atemporales” con el sabor de leyendas tradicionales inspiradas en la oralidad marroquí.

Mientras que la protagonista de Alá bendice Marruecos (1982) se acerca románticamente a un joven marroquí y se abre a la cultura y religión musulmana59, se destacan los elementos comunes a los dos lados del estrecho y se hace referencia a lo mudéjar como “el único arte realmente español”60.

En los relatos de Concha López Sarasúa aparecen campesinos, gente humilde, emigrantes marroquíes que vuelven a su tierra de vacaciones, y sobre todo, aparecen mujeres. Fuertes, tristes, violadas, que han perdido sus hijos o que se van a casar y que quieren que sea por el amor. Vemos también a los viajeros e inmigrantes europeos, enamorados del país y de su color local y deseando que su sueño oriental no cambie.

Una visión de Marruecos muy particular ofrece Rafael Chirbes en su novela Mimoun (1988). Pintado sobre un telón gris y lluvioso, Marruecos surge como un lugar hostil, desolado y lleno de personajes poco comprensibles.

Los cuentos de Cristina Fernández Cubas, reunidos en El vendedor de sombras (1982), destacan por su oralidad y visión mágica y costumbrista del país.

El tema del mestizaje cultural resuena en la novela El llano amarillo (1985) de González Deniz, mientras que Ricardo Crispo reivindica los derechos de los musulmanes en Melilla en Entre moros y cristianos (1985).

Impone la importancia de la palabra, del arte de narrar61 y de la Voz como la única arma en las manos de un niño ciego marroquí, en la novela Marruecos (1991) de Agustín Gómez-Arcos. Sorprende la historia del “loco amor” à la Makbara entre la protagonista de La Cazadora (1995) y su amante marroquí “sin oficio ni beneficio”62 y continúa el acercamiento cada vez más íntimo, en el que Marta y Nadira, el “Yo” y el “Otro” en El beso de Sáhara (2000) de Gonzalo Moure, literalmente intercambian su piel.



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