Masarykova univerzita



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2.Juan Goytisolo y sus aproximaciones a Marruecos


El acercamiento de Juan Goytisolo a Marruecos se va desarrollando a varios niveles, todos profundamente reflejados tanto en su obra como en su vida.

La primera de las aproximaciones es de carácter esencialmente físico y, a la vez, político. Al sumergirse en la vida del barrio de Sentier en Paris, Goytisolo entra en contacto con la comunidad musulmana, compuesta, mayoritariamente, por turcos y magrebíes. En sus escritos autobiográficos, abiertamente reconoce la fuerte atracción que despiertan en él aquellos hombres morenos, macizos y simples, con los que establece relaciones personales.63 Al mismo tiempo, hacia los años 60, en la medida en que disminuye su compromiso con la política española, Goytisolo dirige su interés hacia el África del Norte y el Oriente Próximo, a la lucha por la independencia de los argelinos y a la causa palestina en particular. Este cambio de orientación política lo comenta por ejemplo en su novelada autobiografía En los reinos de taifa:

la España que emergió hacia 1960 del despegue ocasionado por una favorable coyuntura europea y la pacífica invasión de millones de turistas, no podía suscitar ya la llama amorosa de sus intelectuales ni la mística ardiente de compromiso: “ello no quiere decir en absoluto”, escribí, “que aquéllos dejen de interesarse de un modo razonable y práctico en el destino de su país: lo que digo es que su pasión, cuando exista, se proyectará en otros ámbitos”.64

El giro político y el fervor revolucionario inspirado en los acontecimientos en el Tercer Mundo llevan a Goytisolo a enfocar la realidad española desde un ángulo nuevo y darle un nuevo significado a la famosa frase “África empieza en Pirineos”65.

La curiosidad y fascinación de Goytisolo por el mundo árabe y musulmán en sí nace de una mezcla de aquella atracción física y este compromiso social y político.66 Al describir los eventos en París relacionados con la lucha de los argelinos por la independencia de su país, Goytisolo confiesa:

Toque de queda, detenciones, asesinatos camuflados, torturas, amenazas, tropelías no habían conseguido arredrar a decenas de millares de inmigrados milagrosamente surgidos a medianoche de las bocas de metro de Saint-Michel, Opéra o Concorde, en una actitud de provocación serena y grave, luminosa y tranquila (…). Los sentimientos de inmediatez y apoderamiento no respondían tan sólo a tu simpatía natural por los marginados ni a motivos exclusivamente políticos. Un factor soterrado e íntimo – tu deslumbramiento ante la belleza física de los inmigrados – se entreveraba de manera inextricable con ellos.67

Más adelante en el texto, Goytisolo recuerda el momento del encuentro con Mohamed, un inmigrante marroquí y su primer amigo y amante proveniente del mundo que tanto le atraía:

El desconocimiento recíproco de quiénes éramos no parecía importarle gran cosa; pero la dimensión recóndita y singular de su mundo, solapada por el magnetismo que irradiaba, me imponía un reto de la necesidad de esclarecer y ahondar en las razones de mi apoderamiento. Mi afán posterior de saber, explorar paso a paso el ámbito en el que se desenvolvía su vida, embeberme de su lengua y cultura, acotar la imprecisa extensión de lo exótico, nacieron entonces. La tardía vocación de lingüista y etnólogo, que me ha hecho consagrar en los últimos años un tiempo y esfuerzos aparentemente absurdos primero al estudio del árabe magrebí y luego del turco, fue resultado de una porfiada voluntad de acercamiento a un modelo físico y cultural del cuerpo cuyo fulgor e incandescencia me guiaban como un faro.68

En cuanto al propio Marruecos, Goytisolo entra en el país por primera vez en 1965. A partir de su curiosidad e intereses personales, despertados por los inmigrados parisienses, Goytisolo sigue también los pasos de su querido amigo y escritor francés Jean Genet. Éste descubrió Marruecos ya años antes durante sus interminables viajes y, de hecho, es allí donde está, por su propia voluntad, enterrado.69

Al recorrer Goytisolo ciudades como Fez, Marrakech y Tánger y al aproximarse al paisaje marroquí, tanto geográfico como humano, revive la fascinación que sintió cuando conoció la región almeriense, su querida “patria chica”70.

Junto con otros autores españoles, Goytisolo es muy consciente de las afinidades de la geografía marroquí con algunas regiones de España. En concreto, el caso que él destaca y una de las razones por las que se enamora de Marruecos tan fácilmente, son las correspondencias con los elementos paisajísticos de su querida Almería. En una de sus entrevistas lo comenta de la siguiente manera:

Creo que hay dos puntos de partida. Uno se sitúa en un tiempo muy anterior al de mi interés directo por el mundo árabe y al del conocimiento de su realidad. Para empezar, no deja de ser significativo que la región de España que despertara en mí un interés mayor fuese la provincia de Almería. De hecho, ese temprano interés mío por Andalucía constituía ya la búsqueda de algo que tal vez entonces no lograba percibir ni definir con claridad. La pasión sentida ante el paisaje de Almería, un paisaje ignorado por escritores y viajeros, pude ver que se prolongaba intensamente cuando luego, más tarde, conocí al norte de África. En ese instante, sí, adquirió todo su sentido mi fascinación inicial por un determinado paisaje, incluyendo aquí no sólo una parcela geográfica, sino también un clima mental, un contexto, unas costumbres. Hablo, en definitiva, de un paisaje humano.71

Hay que señalar que en las novelas estudiadas del autor, el campo y la naturaleza están muy poco presentes. Como afirma él mismo, se desvela la realidad marroquí principalmente a través del paisaje “humano”, es decir, a través de las expresiones culturales de índole material y textual y con referencias a hechos tanto rituales como cotidianos, situadas en un contexto urbano.

Goytisolo hace sus visitas a Marruecos cada vez más frecuentes y a partir del año 1996 ya reside habitualmente en su antigua capital, Marrakech.

Gradualmente, descubre en el ambiente marroquí un mudejarismo vigente, un reflejo vivo del mudejarismo olvidado y suprimido de la vida peninsular hace siglos. En una entrevista con Joaquín Mayordomo, al hablar sobre el uso de la forma árabe dialectal, dice Goytisolo al respecto de dicha hibridez cultural: “Cuando hablo dariya percibo continuamente esos signos del mestizaje existente entre la cultura española y la musulmana. Ésta es una de las razones por las que me interesa este país”.72

El mudejarismo palpable en el ambiente que rodea al escritor durante sus estancias en Marruecos, va infiltrándose en su expresión literaria y es desvelado y analizado por estudiosos como Bernard Loupias73, Sylvia Truxa74 o Luce López-Baralt75. El conocimiento íntimo del dialecto árabe enriquece el lenguaje literario de Goytisolo de maneras inesperadas y, por ejemplo, un tipo peculiar de derivación, propio del árabe, le sirve al autor para crear nuevos contenidos semánticos y funciones gramaticales76.

Ya el primer contacto con Marruecos en el año 1965 es apreciado por Goytisolo como “fecundo“ e “impregnador“.77 El autor se inspira en varias fuentes, siendo la tradición oral y la cuentística popular las más destacadas entre ellas. Son los halaiquís de la plaza de Xemaá-el-Fná en Marrakech quienes se convierten en su inspiración diaria e inagotable.

A lo largo de su vida, Goytisolo siempre ha buscado y apreciado lo marginal, lo no oficial, lo rebelde y todo lo que sea libre de una tradición anquilosada78. No sorprende entonces que, de nuevo, al escoger los halaiquís, opte por los “parias” de la literatura marroquí oficialmente reconocida y les otorgue la dignidad que merecen. De hecho, gracias a su intervención, la plaza de Xemaá-el-Fná fue designada en 2001 como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Unesco. Aunque esto en sí no garantice la sobrevivencia de la tradición halaiquí, el hecho seguramente ayuda a prolongar su existencia, mantener el carácter particular de la plaza de Xemaá-el-Fná y, sobre todo, a otorgarle a la tradición oral de los halaiquís un reconocimiento internacional.

Últimamente, se ha notado también una aproximación espiritual por parte de Goytisolo hacia el mundo islámico. En numerosas ensayos, el autor ha demostrado su interés por las expresiones religiosas y místicas del mundo árabe. Para mencionar algunos ejemplos, recordemos los documentales televisivos Alquibla I y II o libros de ensayos como De la Ceca a la Meca y Aproximaciones a Gaudí en Capadocia. Allí se presenta, por ejemplo, el precepto religioso de Ramadán, la espiritualidad iraní o la religiosidad popular en Marruecos. A nivel literario, las preocupaciones espirituales se hacen patentes especialmente en las novelas La Cuarentena y Las virtudes del pájaro solitario, la primera inspirada en la tradición islámica de la cuarentena, barzaj79, y la segunda en la mística súfí. A diferencia de la religión católica, tan criticada y parodiada por el autor80, los temas de carácter religioso y espiritual propios del mundo musulmán están representados desde una posición de profundo respeto. Por otro lado, el encuentro con la espiritualidad islámica le hace a Goytisolo volver la mirada a los grandes místicos españoles de la talla de San Juan de la Cruz o redescubrir arabistas como Miguel Asín Palacios, quien interpreta al gran poeta de Ávila en relación con algunos místicos musulmanes.81 El resultado de aquel “mudejarismo” religioso percibido por Goytisolo es su novela Las virtudes del pájaro solitario (1988)82.

En este contexto, no es baladí una observación de Pedro Martínez Montávez acerca de la literatura árabe moderna. Como señala, los autores árabes que tratan de salir de los esquemas rígidos e indiscutibles impuestos por la casi sacralizada “literatura culta” buscan su inspiración en

la herencia mística, el legado popular, y las ”formas intermedias”, ésas que con tanto acierto Américo Castro calificó de culti-vulgares, y en las que, genéricamente, el genio creativo árabe-islámico se ha mostrado tan fecundo y regular.83

Es decir, al sumergirse en el mundo árabe, Goytisolo llega a apreciar y destacar precisamente aquellas formas, en las que se inspiran y que van redescubriendo los autores árabes en su proceso de renovación de las literaturas de sus países.

Al final de este capítulo, y como forma de resumen, quisiéramos repasar los factores más decisivos en el acercamiento de Juan Goytisolo a Marruecos:


  1. atracción sexual despertada por los hombres de la comunidad magrebí en París

  2. compromiso con la lucha política en los países del tercer mundo y, en especial, en los de origen de los inmigrantes árabes parisienses

  3. el paisaje geográfico y humano marroquí en el que el autor detecta afinidades con Almería, su “patria chica”

  4. redescubrimiento del mudejarismo de la cultura española a través del mudejarismo vivido en la cultura marroquí

  5. inspiración en la literatura oral, en el ambiente de la halca y en el arte de los halaiquís con su fusión de lo vanguardista y tradicional

  6. y el interés por la religiosidad popular magrebí y la tradición mística islámica.



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