Masarykova univerzita



Descargar 0.93 Mb.
Página8/37
Fecha de conversión10.01.2017
Tamaño0.93 Mb.
1   ...   4   5   6   7   8   9   10   11   ...   37

3.2.Influencia occidental en la ciudad islámica


A finales del siglo XIX y a principios del XX, aumenta la influencia de la civilización occidental en el mundo musulmán y a partir de la introducción de cambios políticos, económicos y culturales, aparecen también nuevas formas de urbanismo.123 Aquel proceso llevó a una dualidad morfológica, como lo llama Shinaq, que se caracteriza por la parte tradicional constituida por los barrios antiguos de construcción “homogénea, aglomerada, densa, encerrada en sí misma y bien delimitada, con calles estrechas, laberínticas” y la parte moderna, con “una trama urbana más abierta y bien estructurada, con calles amplias y rectas para hacer frente al vehículo, símbolo del urbanismo moderno occidental”124. Es la ciudad de edificios altos, centros comerciales, de vidrio y acero, que busca una solución práctica y rápida al incesante crecimiento de la población urbana y sus nuevos hábitos consumistas.

Al construirse nuevos edificios, desaparecen los elementos típicos del urbanismo islámico, entre ellos los patios interiores. Se edifica verticalmente para poder albergar más habitantes y para poder dejar más espacio libre exterior. Con el uso masivo de los coches aparecen grandes y anchas carreteras que atraviesan antiguos zocos y bazares.

Surgen nuevos espacios que reflejan la influencia de la vida occidental y que no existían antes. Son espacios de ocio como cafés, restaurantes, cines, bares, etc. que hoy forman parte importante de la vida cotidiana en ciudades como Marrakech, Fez, Tánger o Casablanca.125

Gradualmente, la vida comercial y artesanal se desplaza fuera de los cascos antiguos a las zonas modernas.

El crecimiento de las ciudades del tercer mundo ha sido acompañado de una cada vez más creciente desigualdad económica. La homogeneidad e igualdad visual de la ciudad tradicional cede paso a la segregación de clases sociales en la ciudad moderna en la que se establecen habitualmente cuatro tipologías residenciales: las de clases sociales de bajos ingresos, las de nivel medio, las de nivel económico alto y las de nivel especial, representadas por hermosas casas con jardines y piscinas.126

El casco antiguo se convierte en el refugio de la población más pobre y marginada, que vive y trabaja en el mismo sitio. En su mayoría, son familias de artesanos o las que desempeñan oficios tradicionales. La parte moderna, por otro lado, está relacionada con la prosperidad. Mientras que los que pueden permitírselo, abandonan el casco histórico y se van a vivir a los grandes y altos edificios, las medinas quedan ocupadas por las familias más pobres o los que inmigran a la ciudad del campo.127 Gradualmente se produce una ruptura entre las dos partes y el casco histórico queda muchas veces abandonado, lo que lleva a su degradación y pérdida de identidad cultural.

Mientras que en la parte moderna se hacen valer normativas de planes generales dentro de un marco más amplio de planificación, la ciudad tradicional musulmana adquiere su carácter a través de acuerdos basados en el fikh, al-urf (sentido común) y relaciones individuales entre los habitantes.

De acuerdo con su ambiente, la vida de los habitantes en los barrios modernos se acerca más al estilo de vida occidental, mientras que en los barrios antiguos, la tradición permanece. Eso incluye factores como la natalidad más alta, el rol de la mujer dentro de la familia, las relaciones laborales y entre los vecinos, etc. 128



4.Ciudades marroquíes en la narrativa española


La ciudad marroquí aparece con frecuencia en la prosa española a partir de la Guerra de Marruecos (1859). Es por esto que el viajero/escritor del siglo XX ya se acerca a ella con ciertas ideas y expectativas creadas por las imágenes a las que ha sido expuesto con anterioridad a su viaje. Su interpretación del espacio que lo rodea pasa por el tamiz de lo que ya ha leído o visto, a lo que se ajusta y de alguna manera refleja.

Según López García, las ciudades más visibles y representadas en la narrativa española del tema marroquí son Tánger y Tetuán. Predominan ya en las dos primeras épocas delimitadas y estudiadas por López García, es decir, en el período entre 1912-1961. Por otro lado, otras ciudades como

Rabat, Fez, Mequinez, Marraqués, etc., serán solamente lugares aludidos, a veces evocados, sitios de paseo en los que los personajes se detienen brevemente y apenas les da tiempo a conocerlos. Habrá de venir la tercera época129 para que dichas ciudades sean visitadas, vividas, relatadas y asumidas.130

Este hecho se debe claramente a que los intereses nacionales se centraban en la zona del Protectorado español, con Tetuán como la ciudad principal de la región, y con Tánger geográficamente cercano, de inmensa importancia internacional y con una gran comunidad española allí establecida.

Hay muy pocos autores en la primera mitad del siglo XX que se interesen por la zona francesa y que aporten imágenes literarias e información de cierto interés acerca de su panorama urbano.

4.1. Los espacios de la medina


Desde el punto de vista urbanístico, la medina se divide tajantemente en la zona pública y la privada. La literatura ha claramente reflejado esta diferencia fundamental, ya que cada una de estas zonas confiere al autor/observador roles y posibilidades distintos.

En la zona pública se encuentran las calles comerciales, mercados, baños públicos y mezquitas. Es este medio urbano a donde acude la población para satisfacer todo tipo de necesidades. Aquí reina el caos, ruido, colores y olores. Aquí se instalan los artesanos como en un museo de labor preindustrial, aquí desfilan los saltimbanquis, cuentistas, mendigos y personajes estrafalarios, que parecen haber salido directamente de la Edad Media. El continuo acontecer, el continuo ir y venir de los indígenas, la arquitectura peculiar islámica y la vida regida por leyes tan diferentes a las que está acostumbrado, hacen del escritor un observador quien, desde la tranquilidad de su anonimato, se deja llevar por las incesantes escenas. El escritor/viajero tal vez muy pocas veces alcanza penetrar en la intimidad de la sociedad marroquí, pero la absorbente vida urbana le llena de la sensación de ser parte de ella.

Como en el teatro, el escritor se convierte en espectador. Por ejemplo, a Giménez Caballero el zoco de Tetuán le parece un espectáculo diario, “una pura fantasía (…), un gran trozo de un ballet ruso de una leyenda que iluminase un momento, como una bengala, la vida real y descolorida. (…) es como haber tomado una localidad en un ensueño hermoso”131.

En las zonas residenciales, el escenario cambia. Allí, las calles fueron concebidas para pasar y no para demorarse en ellas y su diseño responde a varias funciones que en su conjunto fomentan el pronunciado carácter laberíntico. Señalamos, entre otras, su función defensiva132 o la de proteger del sol y de la deslumbrante luminosidad.

Las calles estrechas e irregulares de la medina, con sus culs-de-sac, rincones y ángulos inesperados, y formadas por casas de aspecto homogéneo crean un verdadero laberinto, provocando la sensación en el transeúnte de haber penetrado en terrenos privados. En la literatura, esta parte de la medina se presenta por lo tanto como un espacio poco penetrado y misterioso. También aquí reina un caos, pero es un caos producido por el diseño “sin plan” y difícil de “leer” por el escritor-intruso.


1   ...   4   5   6   7   8   9   10   11   ...   37


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal