Mayor libertad



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Provincia del Inmaculado Corazón de María

Encuentro de Superioras y Consejo Provincial

TONI CATALÁ, S.J.

Valencia, 29 de Octubre 2005


VIVIR EN POBREZA, CASTIDAD Y OBEDIENCIA

COMO POSIBILIDAD DE VIVIR EN “MAYOR LIBERTAD”

Nos dice J. B. Metz “porque en efecto, cuando con los votos no se arriesga nada, sino que sólo se evita algo, adquieren fácilmente rasgos masoquistas”.1 Los votos expresan en concreto nuestro modo de seguir al Señor en vida apostólica. El reto hoy es arriesgar para adquirir mayor libertad. Cuando los votos se viven desde el “status confessionis” y no desde el “status perfectionis” y se viven ante el Padre de Nuestro Señor Jesucristo y no ante un “dios amo” dejan de ser un “ideal” para ser nuestra herida realidad personal en el Seguimiento del crucificado.

Los votos nos hieren y nos duelen y esto no podemos ocultarlo y esto no es masoquismo porque esta herida nos lleva a sanar: porque vivimos la herida en nuestra tendencia a la posesión podemos sanar a los esclavizados por el dios dinero, porque estamos heridos en nuestra tendencia a la exclusividad en la ternura y en el cariño podemos crear espacios más amplios de ternura y de consuelo, porque estamos heridos en nuestra tendencia a dictar nuestra propia vida nos abrimos disponiblemente a otras posibilidades de vida por causa de la Buena Noticia. Las heridas si curan bien quedan en el cuerpo como recordatorios. Sólo cuando nuestro yo prepotente se siente herido puede empezar la historia de Seguimiento.

El hablar de “nuestra herida realidad personal y comunitaria” supone el plantearnos qué percepción antropológica tenemos, qué percepción de ser hombre y mujer tenemos más allá de nuestras formulaciones “idealistas”, “líricas”, “seudo-utópicas” y en el fondo profundamente “liberales” en el sentido teológico del término. Los votos sólo van a tener sentido, como hemos visto, desde el Crucificado, desde el Excluido con los excluidos. Si la Cruz como expresión ultima y radical del desvivirse de Jesús por las criaturas más amenazadas nos es el referente de los votos estos se convierten en un viaje a ninguna parte, o mejor dicho un viaje a la frustración, insatisfacción y al sinsentido. Vida de votos y abnegación es un todo. Por aquello que hemos visto que la Espiritualidad es un todo orgánico, vuelvo a la tradición Ignaciana para percibir como la abnegación es irrenunciable, aunque la palabra esté en muchos ambientes en el baúl de los recuerdos junto con elementos que bien guardados están, pero es que todo no es para guardar.

Esta vocación en pobreza, castidad y obediencia particular “a todo lo que nuestro Santo padre que hoy es y los que por tiempo fueren Pontífices romanos nos mandaren por el provecho de las almas y acrecentamiento de la fe” (FI, 4) supone “abnegación de nuestras voluntades”. La misión supone abnegación para ser “mas seguramente encaminados por el Espíritu Santo”.

El ser guiados por el Espíritu supone abnegación que consiste en “aborrecer todo y no en parte, cuanto el mundo ama y abraza”. Supone la confrontación con este mundo configurado por la soberbia, la riqueza y la banalidad, esta es la dimensión de prueba que hemos visto. Este punto es fundamental en la experiencia de Ignacio (dos banderas, binarios, grados de humildad). Sin abnegación no es posible el Seguimiento del Cristo pobre y humilde, y por tanto no es posible el fin de la espiritualidad que surge de los Ejercicios. Abnegación no será, ni principal ni fundamentalmente, un ejercicio de ascesis que autoafirme el yo (Ignacio no quiere imponer penitencias por regla) sino que abnegación es dar la vida con Cristo nuestro Señor. Ignacio no quiere hombres “orantes”, como hemos visto, sino hombres abnegados. La famosa regla 11 sigue siendo referencia básica e ineludible para crecer en libertad evangélica. El ser guiados por el Espíritu supone abnegación que consiste en "aborrecer todo y no en parte, quanto el mundo ama y abraza". Supone la confrontación con este mundo configurado por la soberbia, la riqueza y la banalidad. Este punto es fundamental en la experiencia de Ignacio (dos banderas, binarios, grados de humildad). Sin abnegación no es posible el seguimiento del Cristo pobre y humilde y por tanto no es posible el fin de la Compañía. Abnegación no será, ni principal ni fundamentalmente, un ejercicio de ascesis que autoafirme el yo (Ignacio no quiere imponer penitencias por regla) sino que abnegación es dar la vida con Cristo nuestro Señor. Ignacio no quiere hombres "orantes" sino hombres abnegados:


“44. Asimismo es mucho de advertir a los que se examinan (encareciendo y ponderándolo delante de nuestro Criador y Señor), en cuanto grado ayuda y aprovecha en la vida espiritual, aborrecer, en todo y no en parte, cuanto el mundo ama y abraza; y admitir y desear con todas las fuerzas posibles cuanto Cristo nuestro Señor ha amado y abrazado. Como los mundanos que siguen al mundo, aman y buscan con tanta diligencia honores, fama y estimación de mucho nombre en la tierra, como el mundo les enseña; así los que van en espíritu y siguen de veras a Cristo nuestro Señor, aman y desean intensamente lo contrario; es a saber, vestirse de la misma vestidura y librea de su Señor por su debido amor y reverencia; tanto que, donde a la su divina Majestad no le fuese ofensa alguna, ni al próximo imputado a pecado, desean pasar injurias, falsos testimonios, afrentas, y ser tenidos y estimados por locos (no dando ellos ocasión alguna de ello), por desear parecer e imitar en alguna manera a nuestro Criador y Señor Jesucristo, vistiéndose de su misma vestidura y librea; pues la vistió el por nuestro mayor provecho espiritual, dándonos ejemplo que en todas las cosas a nosotros posibles, mediante su divina gracia, le queramos imitar y seguir, como sea la vía que lleva a los hombres a la vida. Por tanto, sea interrogado si se halla en los tales deseos tanto saludables y fructíferos para la perfección de su ánima”. (Examen. 101)2
S. Ignacio pide al que se examina para entrar en la Compañía "admitir y desear" seguir al Señor en confrontación con los valores de un mundo configurado por el honor, la fama y la estimación, para vestirse de la misma "vestidura y librea" de Cristo: La vestidura de la pobreza, la humildad y la Misericordia. Esto supone mortificación y abnegación, es decir, des-vivirse con Cristo nuestro Señor para poder "ayudar a las almas" desde la libertad del Evangelio.

S. Ignacio sabe que "llevar el peso de esta vocación" (FI 4) sólo se puede hacer con el favor y ayuda del Espíritu. Pare ello necesita personas que sean capaces de abnegarse (de des-vivirse), "de estar de día y de noche aparejados para cumplir con su obligación" (FI 4). Ignacio no quiere sólo bondad y sabiduría. Ignacio no pretende tener gente “buena” y “docta” sino abnegada. Para “ayudar a las almas” con Cristo Crucificado, predicando y sirviendo desde la Gratuidad y la libertad del Evangelio la abnegación es indispensable:

“Tenemos que reconocer que palabras como penitencia, mortificación, abnegación son palabras que en nuestra cultura son feas y de un auténtico mal gusto pero es necesario volver sobre ellas. Sólo podemos volver sobre ellas si lo hacemos acompañados por Jesús de Nazaret el des-vivido por las criaturas más amenazadas. El intérprete de estas palabras sólo puede ser Jesús y su Buena Noticia si las interpretamos nosotros convertimos el Evangelio en mala noticia. La interpretación es la misma vida de Jesús. Desde lo acontecido en Jesús abnegarse es des-centrase para que las criaturas tengan vida. La mortificación de Jesús fue un morir a un mesianismo centrado en él (tentaciones) para vivir para los perdidos de la casa de Israel... La abnegación como auto conocimiento y como autodominio es santo y bueno, y habrá que hacerlo, pero sin olvidar que ‘eso también lo hacen los paganos”.3

El Seguimiento del Cristo pobre y humilde pide la totalidad de la persona. Persona que “seducida” (“elegida y recibida”) por la Misericordia siente pasión por el Crucificado y los crucificados. Esta pasión le lleva a des-vivirse (abnegación) para “ayudar a las almas” desde la Libertad que da el Espíritu, la Gratuidad del Padre y la pobreza y humildad del Crucificado.

Es urgente releer los votos, y esto es tarea de todos y todas y no sólo de teólogos y teólogas, desde el descentramiento, desde la abnegación y mortificación. Es urgente pasar del “ego-centrismo” y del “comunitari-centrismo” al “ptojo-centrismo”, pasar a que los pobres (ptojoi) de Jesucristo sean el referente normativo de nuestra vida religiosa. En este momento no se trata de lo que muchas veces más angustia a muchos y muchas, y ante estas angustias nos defendemos ideológicamente, que todos y todas tengamos que estar en la misma misión con ellos, de los que trata es de tener todos y todas el mismo referente común que no es ideológico sino radicalmente teológico.

No podemos seguir por más tiempo justificando los votos por su aparente funcionalidad: castidad igual a más solidaridad, puede ser que si puede ser que no; pobreza igual a más compromiso con los pobres y libertad ante los bienes y medios, puede ser que si puede ser que no; obediencia igual a más disponibilidad, puede ser que si puede ser que no... No hay mayor mentira que una media verdad. Los votos tienen que dejar de ser un “status” al que a priori le seguimos dando más valor, esto sigue pasando hoy, valor no basado en la perfección pero basado en el compromiso cristiano o en la solidaridad; qué más dan las palabras, qué más da el “color de la servilleta” si la “estructura del servilletero” sigue siendo la misma.

Los votos no se justifican desde la racionalidad instrumental: ¿para qué sirven? ¡No sirven para nada! Si que “sirven” en el sentido en que hacen de nuestra vida servicio para aliviar el sufrimiento de Dios en el mundo, porque nos reconcilian ante el “Cristo puesto en Cruz” con nosotros mismos. Los votos “sirven” en la medida que nos devuelven a nuestro lugar de criaturas.

Sólo desde la reconciliación experimentada ante la Cruz, volvemos al mundo con ojos limpios y como “cauces de misericordia” en bella y honda expresión de González Faus. La vida se convierta en cauce de misericordia (servicio) cuando los votos no nos “justifican” sino que en la justificación del Crucificado, precisamente porque nos encontramos existencialmente redimidos, podemos generar vida a nuestro alrededor.

Nuestra vida cotidiana y estilos de vida, muchas veces, falsan de hecho las afirmaciones funcionales, utópicas y en el fondo maximalistas. En los actuales estilos de vida religiosa no es verdad que los votos, por el hecho de profesarlos públicamente nos hagan mágicamente más solidarios, disponibles, comprometidos... Esto es pensamiento mágico.

En muchos contextos sigue introyectado, a pesar de las formulaciones que hacemos en sentido contrario, que somos de “otra pasta”, y que en el fondo, nosotros/as somos los que “más” hemos dado al Reino. En la vida cotidiana esto es evidente, es impresionante la cantidad de juicios hechos desde la falsa conciencia sobre “el otro”, podemos afirmar, por ejemplo, el papel del seglar y estar en un continuo reproche porque, en el fondo, no dedica las mismas horas que nosotros que estamos todo el día..., nosotros no somos una familia y por lo tanto nuestro modo económico de estar en la vida es otro y desde este modo juzgamos al seglar que exige más sueldo...

Normalmente se confunde el ideal con la situación de hecho. Se sigue escribiendo sobre el “ideal” y el “deber ser” de la VRA. En tantos años dando ejercicios me atrevo a afirmar que en el 80% de las entrevistas “el tema” ha sido la frustración y el desgaste comunitario ¿qué pasa? : nos medimos desde el deber ser y no desde lo que somos. O los votos tienen sentido en sí mismos como un modo de “estar en la vida” o no sirven para casi nada. Urge, por lo tanto, el redescubrir la dimensión existencial y carismática que los votos tienen en sí mismos para no andar compulsivamente buscando el sentido de ellos en la función. Sólo la misión no “justifica” los votos.

La misión de Cristo es una y en ella se participa desde la diversidad de carismas, es evidente que aunque los procesos de discernimiento son lentos hoy en la Iglesia estamos asistiendo a diversos modos carismáticos de servir la misión de Cristo. No se trata ya de clérigo, religioso/a, laico/a. La pluralidad es evidente y desde la VRA estamos alentando otros “modos de estar” en el mundo como seguidores de Jesús (para participar plenamente de la misión de la Compañía de Jesús en la educación no hacen falta votos, para ser solidarios y arriesgar la vida en contextos de tercer mundo y periferia no hacen falta votos...).

Es evidente que “justificar” lo votos únicamente en la misión no nos lleva a ningún parte, y lo que es más, sí que nos puede llevar a regresiones elitistas solapadas. Regresión porque en la medida que “avanzamos” en las formulación sobre lo que debe ser la VRA en la vida cotidiana podemos seguir en anclados/as de hecho en un estilo de vida “perfecto”. Si sólo la misión justificara los votos seguiríamos siendo, de hecho y a pesar de que en las formulaciones lo neguemos, un cuerpo de élite como si otros carismas no participaran en plenitud de la misión de Cristo. Los votos son un modo de vivir y compartir la misión de Jesús de Nazaret el Cristo. Se trata de un modo de “mística”.

VIVIR EN POBREZA: LA HERIDA EN LA TENDENCIA A LA POSESIÓN

Es realmente una incomodidad seguir hablando de pobreza y estilos de vida cotidiana. Son muchos años los que llevamos a vueltas con el tema y sigue creando desazón y sufrimiento, da la impresión que es un voto muy amenazado y que no sabemos cómo procesarlo. Por mucho que nos duela ya que de momento no sabemos dar otro nombre a este voto, me imagino que en futuro encontraremos otro nombre que no enmascaré nuestra realidad, nos tenemos que decir bien claro que los pobres no somos nosotros. Si no nos lo decimos nos mentimos y entonces las palabras no dicen nada.

La pobreza es la pobreza y no merece la pena que dediquemos más horas de reuniones y de capítulos a discutir qué es la pobreza, basta “aplicar” sentidos a nuestros barrios periféricos o a los centros históricos de nuestras ciudades, pasearlos, olerlos y sentirlos.

Creo sinceramente que no se trata de experimentar sentimientos de culpa, aunque sentirlos no va mal de vez en cuando, sino de caer vitalmente en la cuenta que nuestros estilos de vida, aunque no sepamos cómo se tienen que configurar en el futuro, normalmente no están en camino de evangelio. Da la impresión que queremos “estar en la procesión y repicando las campanas” y esto a la vez no puede ser: o estamos en la procesión o estamos repicando. Sólo asumiendo esta contradicción o esta imposibilidad actual, nos pondremos en camino.

Si la VRA tiene cada vez más vocaciones de medios populares y rurales el tema no es sólo que se adapten lentamente a la Institución, la institución tendrá que cuestionarse a su vez adquisiciones y valores que siempre “han sido así”. Si nos vienen gentes de estos ámbitos, porque al fin y al cabo, y con muchas contradicciones, a ellos nos hemos acercado, nuestros esquemas de formación, de lo que entendemos por estudios, vivienda, etc., tendrán que cambiar. Esto nos puede aterrar, pero en esas estamos. Aquí es donde se concreta lo anterior de la formación y probación: ¿qué queremos de los candidatos y candidatas en el Seguimiento del Señor en pobreza?. Me decía una compañera, muy lúcida, de un Equipo General de una Congregación de espiritualidad ignaciana y de implantación universal: “las pobres están “optando” por nosotras y ahora es cuando no sabemos muy bien que estilos de vida tenemos que tener y qué ofrecerles”

Queremos hombres y mujeres adiestrados en la sabiduría, en el conocimiento... o queremos otros estilos de vida más sencillos, más despojados de tantos planes, programas y proyectos en una pastoral burocratizada. Sé que no podemos ser simples ni ingenuos en este tema y que hay diversidad de carismas en cuanto a la pobreza dentro de la VRA, se que no se trata de despojarnos por despojarnos y que hacen falta un mínimo de medios, pero es urgente no quedarnos tan sólo en el tema de la austeridad. Es una salida fácil y que no va a ninguna parte.

La austeridad en sí misma no es igual a la pobreza que nos piden los pobres y el voto, que vamos a seguir llamando de pobreza, en el Seguimiento. No tenemos resuelta la relación con el dinero. Seguimos colando mosquitos y tragando camellos. La austeridad no entiende de gratuidad y de fiesta, los pobres sí que entienden y por eso se les reprocha que malgasten. Ya escribí una vez que “el derroche de los pobres es lo más denostado por aquellos que han hecho del dinero su dios” y muchas austeridades son un culto sacrificial al dios dinero:
Muchas de nuestras pobrezas y austeridades no son las del evangelio porque no están liberadas, es decir, no toman como referente dinamizador la Buena Noticia sino parece que sean un culto invertido al dios dinero. Sin negar el valor de la austeridad sí que conviene discernirlo. El Evangelio habla de fiesta, baile, ternero cebado, perfume de nardos... la austeridad de Jesús parece ser que no es la de Juan Bautista. Uno de los aspectos que más bloquea la experiencia de la fiesta gratuita es la incapacidad de muchos seguidores de Jesús para percibir la afirmación gratuita de la vida en los contextos marginales. El "derroche" de los pobres es lo más denostado por aquellos que han hecho del Dinero su dios. En el decir y hacer Reino nos pasa lo mismo: No se toma como referente el Espíritu de Vida que pone la muerte en su sitio, sino que se toma como referente el absoluto poder de la muerte que impide ver ya la Vida y así no se experimenta la liberación ("Por eso, como los suyos tienen todos la misma carne y sangre, también él asumió una como la de ellos... y liberar a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos" Hb 2,14-15)4.

Es evidente que también se dan situaciones en que da la impresión que el dinero como no se trabaja, decía muy bien A. Paoli que en la VR se entiende muy bien el dinero como valor de uso pero no como valor de cambio, llueve del cielo y para eso está, para gastar. Estas últimas situaciones no merecen comentario. Empieza a ser un auténtico problema la “voluntarización” de la VRA, gente en plenitud de facultades haciendo trabajos de “voluntariado”, en sí mismos muy loables, pero que pueden implicar una pérdida en aquello de que “nuestra pobreza es el trabajo”. ¿Qué hay detrás de muchas desautorizaciones del trabajo profesional y del no asumir una jornada completa sea en una obra propia o no? Sospecho que en muchos casos es una pérdida de realidad impresionante, y en el fondo otra vez el creer que la misión en la VRA es algo tan sublime que no puede entrar en las mediaciones que el común de los mortales tiene que asumir.

Lo que sí que nos tenemos que decir es cómo el confundir la pobreza con la austeridad, no pasada por la Buena Noticia, está generando muchos sufrimientos. Personas y comunidades agobiadas porque el control sobre lo que se gasta genera tensiones y humillaciones, gente que tiene que llamar en cabinas con tarjetas que manda la familia porque el administrador o administradora se dedica a controlar llamadas y “pasar factura”, es más fácil reprochar un gasto en teléfono que acompañar una soledad. Usar el dinero con culpabilidad porque, mira por dónde, las cosas cuestan dinero, y al pedirlo tener que pasar por el bochorno del reproche, todo esto está pasando, y no digamos cuando a la gente mayor y jubilada se les declara que son personas sin necesidades... El tema de la pobreza en la vida cotidiana es fuente de mucho malestar evitable con un poco de sentido común y un poco de libertad. Salimos del modelo de perfección pero los esquemas de funcionamiento son muchas veces infantiles y de sumisión, e incluso humillantes. Pobreza evangélica y vida cotidiana: uno de los retos mayores a sanear en la VRA

De momento los pasos que hay que seguir dando, tendrían que consistir en renunciar a algo que se puede percibir como “pecado de juventud”, como señalaba anteriormente en referencia a los años pasados, y es que el lugar de vida modifica la sensibilidad. Esto es evidente. No se trata ya de si estamos todos trabajando con los pobres cosa que no es posible ni puede ser, se trata de algo más hondo ¿estamos dispuestos a modificar la sensibilidad?, ¿estamos dispuestos a aplicar sentidos?.

Si el voto de pobreza sólo es funcional la respuesta es evidente: si mi misión no está con los pobres ¿para qué tengo que asumir ciertas incomodidades? Sin disposición del corazón entonces es verdad que el lugar de vida no modifica la sensibilidad. Se trata de conjugar disposiciones del corazón y modos de estar en la vida, las dos cosas se necesitan. Las ubicaciones me parecen decisivas en la configuración de la sensibilidad, La sensibilidad nos la modifica la gente y el lugar de vida, esto parece también algo de los años sesenta, en mi ciudad la mayoría de la gente sabe que los niños lloran de noche, las motos hacen ruido, los autobuses se demoran, ir al comprar el pan supone que la vecina te entretiene... tantas y tantas cosas de la vida cotidiana que la VRA se pierde con planteamientos totalmente fuera de la realidad cotidiana. Repito que el cambio de ubicación no modifica mágicamente nada, es más, un cambio forzado por proyectos teóricos es perjudicial, es dañar a una persona el obligarle después de años en un convento a vivir en 90 metros cuadrados, es inhumano, no me estoy refiriendo a eso, me estoy refiriendo a considerar las ubicaciones como algo irrelevante o pasado de moda. El tiempo medieval pide espacios medievales, la vida “contemplativa” pide un tipo de espacios, la VRA no tiene por qué pedir espacios distintos a los de la gente. Cuantas comodidades se enmascaran a cuenta de la necesidad de una buena “ecología comunitaria” o de espacios para poder llevar una vida espiritual correcta.

En este último sentido, disposición del corazón, el voto de pobreza es vivir el que no hace falta buscar razones y acciones para justificar nuestra pequeñez y precariedad. Es un proceso de pérdida de miedos. Este proceso supone en la VRA un discernimiento muy hondo para desembarazarse de todo aquello que impide expresarse en ella desde lo que uno/a es, sin estar en la continua lucha agotadora de mostrar y hacer lo que uno/a no es. Sería bueno caer en la cuenta lo que en una comunidad se puede decir o no se puede decir, lo que es socialmente aceptado y lo que no es aceptado y mejor callar, el prestigio social y el status familiar de origen.

Existen muchas competitividades tácitas, muchos esfuerzos por seguir dando la imagen. La imagen “perfecta” no es asunto de contenido sino de estructura, en un contexto puede ser el cumplimiento estricto de las reglas, en otro puede ser el compromiso por los pobres y la inserción, porque la imagen ideal no deja de ser una construcción social y no necesariamente “exigencia “ evangélica, normalmente la imagen a dar mata la búsqueda personal y libre (dentro del carisma y misión común) del justo lugar de criatura agraciada.

La pobreza es llegar a poder expresar lo que somos. Sólo en estilos de vida cercanos a los pobres y en “vecindad” con ellos podemos ponernos en camino de unir lo imposible: la pobreza evangélica como aceptación de la propia limitación y precariedad junto con la posibilidad de aliviar sufrimiento. No es nada fácil, la sensibilidad no se convierte como podemos convertir nuestro aparato ideológico, es un proceso lento pero que no nos vendrá sólo desde la interioridad sino fundamentalmente del ponerse a tiro de los pobres y excluidos, y si no estamos con ellos al menos el ser vecinos entre vecinos modifica más de lo que creemos la sensibilidad y la percepción de la realidad.

La pobreza en la VRA es evidente que hoy por hoy no está en el mismo plano que la pobreza sociológica. Necesitamos perder miedo a decirnos esto porque está causando estragos el querer estar por imperativo y por “imagen” en donde la sensibilidad y la propia psicología a muchos y muchas no les permite estar. Tenemos que decirnos que la “opción por los pobres” no lleva, mágicamente, a más libertad, más ternura, más acogida... más existencia evangélica. Pero en ningún momento tendríamos que negar que ellos son los preferidos del Padre, que directa o indirectamente son los que tienen que configurar nuestra misión.

En el mundo de la pobreza hay mucho sufrimiento, mucha ternura y mucha violencia, esto no lo podemos olvidar. No todo religioso y religiosa puede llevar adelante una misión directa con los pobres. Hemos visto que nuestro Dios no pide sacrificios pide misericordia y el que hombre viva. Es tremendo el “sacrificarse” por los otros. Tarde o temprano se pasará factura. Es necesario tomarse radicalmente en serio que Dios no quiere sacrificios. No podemos separar nuestra relación con Dios y nuestro modo de relacionarnos con “el otro” y con “lo otro”.




VIDA EN OBEDIENCIA: LA HERIDA EN LA TENDENCIA
A MANEJAR LA VIDA A NUESTRO ANTOJO

Porque el voto nos hiere en nuestra tendencia a dictar nuestra propia vida nos abrimos disponiblemente a otras posibilidades de vida por causa de la Buena Noticia. Una vez más la herida nos recuerda que la tendencia a dictar y planificar nuestra vida es una seducción de Satanás. Nuestra vida la hemos puesto al servicio del Reino, al servicio de la “misión de Cristo”.


El misal Romano cuando renunciamos a Satanás en el Bautismo, en nuestro caso en la renovación de las promesas del Bautismo en la noche de la Pascua, renunciamos a sus seducciones: “Renunciáis a todas sus seducciones, como puede ser: el quedarse en las cosas, medios, instituciones, métodos, reglamentos, y no ir a Dios?”. Es obvio que el voto de obediencia es otra profunda disposición del corazón: que Jesús y su Reino sean la causa y origen de nuestra disponibilidad, de nuestro caminar, de nuestro estar ágiles y vigilantes para vivir en la libertad del evangelio.

Da la impresión que cuando se nos burocratiza la VRA y perdemos a Jesús y su Buena Noticia de Dios como el referente de nuestro vivir no sabemos muy bien qué hacer con el voto de obediencia. Siempre he dicho que da la impresión que este voto no configura nuestra vida cotidiana. Es un voto que normalmente está encerrado en un armario de la habitación, que un par de meses antes de que venga la época de los destinos o de los cambios lo sacamos del armario y le quitamos el polvo, con más o menos ganas lo ponemos junto al mapa de la provincia o distrito calculando por dónde nos va a venir “el jefe o la jefa de personal de la empresa”, es decir, los superiores mayores. En muchos casos ya ni se saca del armario porque no se encuentra.



La obediencia se nutre evangélicamente cuando hay un profundo aprecio por la propia vocación y carisma. El absoluto es el Señor y después el carisma fundacional, en la Fórmula del Instituto del Compañía de Jesús (regla) se dice: “Y procure tener ante los ojos siempre primero a Dios, y luego el modo de ser de su Instituto, que es camino hacia Él” (FI1 1:2). Sin una honda persuasión de “que el modo de ser del Instituto” es el camino de Seguimiento, no hay modo de hablar de obediencia de un modo coherente y evangélico. En este profundo aprecio nos estamos jugando el ser o no ser de nuestras Congregaciones. La vuelta a las fuentes trajo auténticas sorpresas y algunas muy dolorosas y puede ser que la mayor haya sido el descubrir “carismas” muy coyunturales. Por duro que pueda sonar da que pensar el análisis de Elizabeth Mc Donough, OP:
“Los auténticos carismas de vida religiosa están fundados sobre estructuras sólidas pero flexibles; están protegidos, como por un cerco, por costumbres probadas y formativas; están nutridos por una espiritualidad saludable y de honda raigambre; se manifiestan en servicios eclesiales valiosos y duraderos y son - sobre todo - expresiones de un modo significativo y atrayente de seguir a Jesús. Los carismas no consisten meramente en una forma apostólica particular ni en una determinada obra de misericordia corporal o espiritual, por más necesarios y valiosos que semejantes empeños puedan ser. Ni es posible humanamente construir un carisma “refundándolo”, ni fabricarlo personalmente “retejiéndolo”. O bien son dones, recibidos, abrazados y vividos - con elementos de acatamiento o aceptación y de respuesta, esenciales para su configuración básica - o no son carismas para nada.

Desafortunadamente, cuando los institutos religiosos femeninos salieron en búsqueda de sus raíces en ocasión de la renovación mandada después del Vaticano II, muchos se vieron confrontados con la carencia de un carisma genuino propio. Y muchos institutos femeninos no pudieron o no quisieron reconocer esta carencia en lo que ella realmente significaba, a saber: que, de hecho, no tenían ni estructuras sólidas, ni costumbres probadas y formativas, ni una saludable y arraigada espiritualidad, ni un servicio eclesial a largo plazo, ni un modo de vida significativo y atrayente que pudiesen llamar propios. En pocas palabras: que no tenían un patrimonio espiritual o una herencia religiosa, a las que pudiesen volverse y desde donde pudiesen avanzar hacia el futuro.5

Sinceramente creo que aquí radica el auténtico problema de la obediencia en muchas Congregaciones: no se sabe a quién obedecer, qué obedecer, ni en virtud de qué. Cuando no hay núcleo carismático consistente hay que hacer muchas “piruetas” para que un proyecto de seguimiento sea sólido y profundamente motivador. Creo que el riesgo de “refundar” es claro:
”Ni es posible humanamente construir un carisma “refundándolo”, ni fabricarlo personalmente “retejiéndolo”. O bien son dones, recibidos, abrazados y vividos - con elementos de acatamiento o aceptación y de respuesta, esenciales para su configuración básica - o no son carismas para nada”

Refundar puede llevar, y esta llevando, ha tener que recrear algo que no existe y entonces, lo que es peor, querer consensuar el Carisma y las Constituciones, lo que antes vimos de “carismas de diseño”. Estas situaciones generan mucha desazón, ambigüedad y sobre todo dificultades muy serias para percibir el voto de obediencia como fuente de libertad evangélica. La libertad que surge de percibir que la obediencia es la vinculación leal a un modo de proceder como camino legítimo de evangelio. Cuando la Iglesia reconoce un carisma, cuando aprueba una congregación, no sólo se está dando un acto jurídico sino teologal: ese carisma es un camino válido de evangelio. Con los años uno aprende la libertad que da que una Congregación no va a pedir nada que esté contra las Constituciones, aceptadas, rezadas y sobre todo queridas “como camino hacia Él”.

Estamos en un momento eclesial y cultural en que la VRA se está recolocando en el conjunto de la Iglesia, nuevos movimientos, comunidades de varios tipos, etc. Muchas Congregaciones religiosas que están incorporando laicado asociado derivarán, me imagino, dejando aparte fórmulas jurídicas, en pías uniones o institutos seculares, formas de vida que quizá respondan mejor al intento de los fundadores y fundadoras sin la “carga” de vida común y bolsa común. Vida, bolsa y misión compartida sólo es posible desde la total lealtad y aprecio al carisma fundante y a la institución fundada. Esta lealtad es una lealtad libre y adulta, esto supone total claridad en las motivaciones apostólicas y en el ser escuchados y escuchadas hondamente. En ningún caso me estoy refiriendo a que primen las necesidades de “obras” sin que las personas sean escuchadas. No es tolerable destinos por teléfono y correo electrónico, como se sigue dando en muchos ambientes.

El voto de obediencia se desvirtúa cuando se dan situaciones, y se siguen dando, de patrimonialización de la congregación por parte de algunos y algunas. La figura de los superiores y superioras locales está en crisis en muchos contextos porque todos perdemos la referencia común: “según constituciones” y modo de proceder según ellas. Cuando no hay garantes del carisma sino “amos” y “amas” de obras e instituciones es imposible pedir obediencia a nadie. ¿Cómo nos convertimos en “dueños y dueñas? La respuesta es clara: el día que encerramos el voto en el armario. Veremos que los tres votos son inseparables, cuando me convierto en “amo” y “ama” no estoy faltando sólo a la obediencia estoy faltando a la castidad porque me “caso” con lo que no debo casarme. Cuando se olvida que el voto es “según constituciones” entramos en situaciones sin salida. El voto nos vincula al carisma y misión de la congregación. No es un voto indiscriminado de obedecer arbitrariedades o “manías” de superiores y superioras. Se siguen dando muchas tensiones e infantilismos por olvidar esto tan evidente: ni “padre superior” ni “madre superiora”, hermanos y hermanas en una búsqueda común en la que unos tienen la misión de recordar el carisma.

El voto de obediencia, si el referente es el Señor Jesús y el carisma fundacional, nos tiene que hacer sensibles por lo tanto a no patrimonializar ni a fomentar clientelismo. Esto es experiencia del Señor. Jesús es itinerante porque su referencia es el Padre y el dolor de los excluidos de su pueblo (Mt 4,23), cuando lo quieren retener en un lugar o hay riesgo de fomentar clientelismo, dependencias insanas que matan la libertad, se marcha a otra aldea. Jesús cura a los enfermos, pone a la gente en pie, los manda en paz a sus casas y él se marcha a otro lugar. Jesús no quiere clientes.

El voto de obediencia será un voto enfermo si lo seguimos pensando de arriba a abajo. Tiene que ser al contrario: de abajo arriba. Sólo en la medida en que no se pierda la libertad y la agilidad en el Seguimiento el voto dirá algo. Cuando en un trabajo hemos hecho lo que teníamos que hacer, cuando ya vamos de “sabidillos” y “sabidillas”, ya controlamos la realidad, lo sabemos casi todo de la obra o del barrio... entonces a otra cosa. Cuando todo va bien es cuando normalmente caemos en la tentación, bajo especie de bien, de creer que tenemos que seguir y es al contrario, los que hemos hecho voto de obediencia nos tenemos que poner en marcha hacia otras misiones. Es dramático ver en la VRA las “instalaciones” que se dan en todos los lugares de misión. La famosa instalación se puede dar en cualquier misión porque siempre esta arraigada en el propio yo.

Precisamente en este momento en que el laicado entra de lleno en nuestra misión y obras podemos caer en la cuenta que es un tiempo de gracia. Caemos en la cuenta que ellos tienen que ser los estables y nosotros y nosotras, que hemos hecho el voto de obediencia, estar disponibles para ir a donde más falta hagamos. Se están terminando los tiempos de patrimonialización y de vivirnos como imprescindibles. Este punto me parece importante, cuando se trabaja codo con codo con los laicos y laicas parece que se entra en competencia o en una cierta crisis de identidad que nos lleva a plantearnos la eterna pregunta por lo específico de la VR, sinceramente creo que lo “específico” está en la mayor disponibilidad, en la agilidad para dinamizar procesos y cuando estén en marcha a otra cosa.

Es evidente, también, que no se trata de la movilidad por la movilidad. Se puede estar en una misión mucho tiempo sin clientelismos y viviendo una profunda libertad y disponibilidad, todos hemos visto hermanos y hermanas que lo han vivido así. Como también hemos visto que la movilidad a veces es indicador que uno o una no sabe qué hacer en ningún lado.

El futuro está en recuperar agilidad, lo profético no está en lo estrambótico sino en la no adecuación al mundo presente, el voto de obediencia nos lleva a salir de la tierra y sin saber a donde somos llevados, nos toca saludar desde lejos la ciudad “cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Heb 11). Repito que el tiempo del laicado es un tiempo privilegiado para recuperar lo carismático de la VRA, no podemos perder la ocasión.

VIVIR EN CASTIDAD: LA HERIDA EN NUESTRA TENDENCIA

A LA EXCLUSIVIDAD EN EL AMOR Y LA TERNURA
Al hablar de pobreza y obediencia hemos estado a vueltas también con el voto de castidad. Los separamos para entendernos pero lo tres votos son tres modos de considerar la misma dimensión: el crecimiento en libertad evangélica

Este voto toca lo más específico y nuclear de nuestros carismas en VRA, es el que le da de un modo especial la especificidad carismática. Somos hombres y mujeres heridos porque hemos experimentado que el Señor Jesús y su Buena Noticia no sólo no piden la capacidad de trabajo sino la totalidad de nuestra persona. Este voto toca de lleno nuestra capacidad afectiva, nuestra capacidad de ternura y nuestras relaciones de alteridad, cuya expresión más honda y sacramental, por cierto, es el matrimonio que expresa la unión de Cristo con su Iglesia, la VRA parece que estará siempre descolocada, llamada a ser “memoria evangélica” en medio de la Iglesia, esta memoria le llevará a estar en el centro o el margen, arriba o abajo, apreciada o despreciada, dependerá de contextos eclesiales y culturales y en cualquier caso siempre pendiente de la mayor libertad. Este voto nos descoloca y nos coloca en modos culturales de vivir “atípicos”.

No nos podemos engañar en cuanto a la dificultad del voto. Dificultad que no viene fundamentalmente de la abstinencia sexual aunque también, estamos mejor que en otros momentos de la historia desde ese aspecto, sino del duro aprendizaje que supone orientar los afectos y la capacidad de ternura en dinámica de Buena Noticia: Querer de verdad a la gente y sobre todo a los pequeños y no perder la libertad ante nuestras tendencia posesivas es proceso, es toda una vida, el voto no es sólo un asunto de sexto mandamiento, es una configuración personal dinámica, con muchos avances y retrocesos, con luces y sombras, con cañadas oscuras y momentos de plenitud al experimentar que Él es el “tesoro escondido y las perla preciosa”, si esto no se experimenta cordialmente esta vida ni se sostiene ni tiene sentido y acaba siendo muy insana.

Es un aprendizaje lento porque está lleno de trampas, necesitamos acompañantes en este camino para poder llegar a vivir des-centrados. En esta vida hay que tragarse mucha soledad, no pedir a la comunidad que me dé lo que no puede ni debe darme, no estar continuamente sufriendo por no ser el centro (nos sigue encantando poder ser, como cantaba Cecilia “el muerto y la muerta en el entierro, el novio y la novia en la boda y el niño y la niña en el bautizo”) es un proceso, posiblemente toda una vida. En este aprendizaje necesitamos “hermanos y hermanas mayores” que hayan pasado por donde uno pasa, que de entrada escuchen y acojan y no estén ya con el teléfono del psicólogo o psiquiatra preparado ante cualquier dificultad.

Debemos acompañar y no proteger. Durante el noviciado precisamente porque la gente rompe con lo anterior se dan riesgos auténticos de regresiones a etapas anteriores de la evolución personal: necesidades de afecto por inseguridad, nostalgias, celotipias, necesidad de llamar la atención... Sólo en la medida que los adultos referenciales sean capaces de entrar en diálogo sobre el mundo afectivo y sexual, no para proteger ni para hurgar sino para acompañar nos podremos orientar en este voto. Es una constante en juniores y junioras el que digan que no es nada fácil en el noviciado poder expresarse en los temas afectivos con libertad y espontaneidad, se convierte normalmente en tema de interrogatorio pseudoterapéutico con el “gurú” o la “gurú” de turno.

Las heridas familiares en la medida de lo posible tendrían que “ventilarse” en el postulantado. La gente está cada vez más herida, los modelos familiares están cambiando y se arrastran mucho dolor, esto debe llevar a que las etapas previas al noviciado se alarguen lo conveniente. La VRA supone el dejar padre, madre y hermanos, en este modo de vida la familia no puede ser el referente afectivo cotidiano, no es posible vivir esta vida desde las dependencias familiares, esto hoy se hace muy difícil en nuestro contexto de prolongación de la dependencia familiar. El tema es complicado y se presta a cosas muy raras, pero tenemos que abordar por lo menos que lo que caracteriza la vida religiosa es otro modo afectivo de estar en la vida.


Es curioso cómo en muchos contextos está feo hablar de las amistades con el otro sexo o con “gente de fuera”, y se acepta como normal estar pendiente de la familia hasta la cuarta generación. Este estar demasiado presente el mundo familiar no ayuda a sanar heridas ni en el noviciado ni en ninguna otra comunidad. En el modelo de perfección el tema de la familia era discriminatorio. No se consideraban igual las procedencias de origen y sobre todo era imposible expresar algunas heridas familiares, me contaba un religioso, por ejemplo, que tuvo que ocultar el suicidio de su padre durante treinta años por “real decreto”, su padre murió de infarto - con las siguientes consecuencias cuando tenían que hacerle un chequeo y ocultar datos - y podría seguir contando... No cabía lo imperfecto. Hoy aún pasa algo de eso, parece que sólo se puedan contar éxitos familiares pero no desgracias... Cuánto sufrimiento he visto por no poder expresar “imperfecciones”, una drogadicción en la familia, una separación, etc., porque enseguida la mirada juzgadora te crucifica. Esto genera sufrimiento inútil en la gente que no puede expresar lo que ha vivido y viven los suyos porque otros narran “excesivas historias de lo bien que va su familia”. Este análisis es muy discutible pero es un tema que está presente y que afecta lo nuclear de la vida religiosa.

El resituarse afectivamente de “otra manera” en la vida no es sólo cuestión del noviciado sino que es procesual. Es un proceso lento el aprender a estar en la vida de tal modo que la familia no siga siendo el referente afectivo. Esto nos lo tenemos que decir porque en ello va el ser o no ser de la VRA. El dejar padre, madre y hermanos es dejar padre, madre y hermanos. No se trata de fundamentalismos, todos somos conscientes del daño que ha causado hasta tiempos recientes una lectura de ese tipo, profundamente inhumana y que ha generado sufrimiento inútil, desarraigos incurables, etc. Pero el no hacer una lectura fundamentalista no implica el dejar de vivir la radicalidad evangélica de este tipo de Seguimiento carismático.

Si hemos dejado lo que más queríamos es porque hemos encontrado el tesoro escondido y la perla preciosa. Si en nuestras vidas no hay tesoro escondido ni perla preciosa, Jesús y su Misericordia entrañable para con los cansados y agobiados de su pueblo, no hay posibilidad de vivir esta vida de castidad. Sólo desde la Misericordia, como personas heridas por ella, nos pondremos en camino de ternura y de búsqueda de los más carentes de nuestra gente. Es perder tiempo y energías a estas alturas, querer mantener lo que no se puede mantener: mi trabajo en la misión del instituto y mis afectos en la familia. Perdemos agilidad si este tema no nos lo decimos crudamente.

Este tema de al familia tiene su reverso, gente mayor que tiene que recurrir a la familia para vacaciones, etc., porque la VRA apostólica da la impresión que funciona cuando funciona el “curso escolar” y la soledad que arrastran es muy fuerte, a veces las comunidades son frías y los que tienen destrezas y recursos espabilan y los demás ahí se quedan. Este tema no está resuelto y genera mucho sufrimiento

Habrá que discernir en serio el tema familiar. La ubicación en el mundo de la familia si que es territorio de discernimiento y no las pérdidas de tiempo en discernir cosas de sentido común. Este caso es claro que no se soluciona con ningún criterio común para todo el mundo, hay casos y casos, situaciones y situaciones, esto es evidente como evidente es que en este tema nos jugamos el futuro de este carisma de la VRA, ni mejor ni peor que los otros pero sí de esa vida en pobreza, castidad y obediencia. Las personas de discernimiento este tema lo “ven”, las personas que no disciernen sobre este tema hacen casuística o no aceptan ningún cuestionamiento.
Tomar al Señor Jesús y las criaturas abatidas como referencia vital, los preferidos del Padre y Creador, no es una huida hacia adelante. Sé que los pobres no nos curan de nuestras carencias afectivas ni nos “solucionan” nada, sería utilizarlos y se siguen dando discursos sobre los pobres que no tienen absolutamente nada que ver con ellos, más bien nos “complican” la vida, de lo que se trata es de crecer en Compasión en el sentido más noble de la expresión, en no estar mirándonos continuamente, en ir más allá de nuestros raquíticos mundos que construimos cuando la pasión por el Señor y sus criaturas se rutiniza. La castidad sí que nos lleva a canalizar nuestras energías compasivas y de ternura con aquellos que el mundo les niega el pan y la sal, hay mucha soledad en nuestra cultura

Sólo en la medida que tejemos relaciones de cariño y amistad con gentes que comparten este modo de Seguimiento vamos adelante. En la medida que aprendemos a compartir las heridas, a no ocultar nuestros retrocesos y desenfoques en este vivir en castidad, en la medida que encontramos palabras de aliento y oramos nuestra soledad, crecemos en el Seguimiento. Los primeros jesuitas, Ignacio y compañeros, deciden constituirse en Compañía “para tener cuidado y preocupación unos de otros”. El cuidado y preocupación es saber que cuentas con auténticos hermanos en el Seguimiento. Este saber y saborear es una fuente de gozo inmenso.

No nos podemos permitir ante tanta soledad y abandono, ante tanta criatura del Padre bloqueada y paralizada, quedarnos los y las que hemos profesado castidad colando mosquitos y tragando camellos. Colamos el mosquito de una película, por ejemplo, por un asunto de centímetros de vestido y nos tragamos el camello de vivir blindados ante tanta demanda de una palabra de acogida, de un beso de cariño o de un gesto de ternura. En este sentido aún se dan muchos miedos en la VRA, por ejemplo, a que la gente salga al cine, a cenar, a compartir el tiempo con compañeros y compañeras de trabajo, vecinos os simplemente amigos o amigas, siempre hay salir “para algo”, cuando no los miedos se enmascaran a costa de la “pobreza”, no hay que gastar, etc. La gente corriente nos sigue percibiendo lejanos y distantes, y cuando hay cercanía siempre queda un no se qué de “rareza”, que no es la “rareza” de encontrase en esta cultura hombres y mujeres libres sino “rarezas” extrañas, una vez me decía una vecina por qué los “curas y monjas siempre vamos a los entierros y damos excusas para las bodas”, me parece una apreciación genial y reveladora que mejor no analizar.

En estos modos de estar en la vida, más espontáneos y fluidos en cuanto a los modos de vivir la vida cotidiana se dan auténticos problemas de género, he visto salir a gente de Congregaciones femeninas que en un estilo de vida “masculino” no hubieran salido, esto es dramático pero es así. Cuántas compañeras de VRA me han manifestado su dolor porque se sienten que como mujeres no pueden canalizar sus energías evangélicas. Gracias a Dios que la mujer cada vez más toma la palabra en la teología y muchísimo más que la debe tomar, y en la VRA no digamos.

Pobreza, obediencia y castidad: un camino lleno de emboscadas pero apasionante en el Seguimiento del Señor Jesús. Sinceramente no creo que tengamos que refundar mucho, si que creo en el reto de no olvidar en la VRA que no hemos sido llamados y llamadas personas de un barro distinto al común de los mortales, que no vamos a vivir ninguna perfección, pero que si que podemos por pura gracia y fortaleza del Espíritu hacer un poco más visible que lo único que importa en esta historia es ser cauces de Misericordia y que las criaturas de Dios, especialmente las más pequeñas y abatidas, encuentren respiro y un poco más de ternura y compañía, que las criaturas puedan barruntar que vivimos porque el Dios de la Vida. El futuro de la VRA sólo en manos de Dios está.


1

.- Tengo presente Johann Baptist Metz, Pasión de Dios. La existencia de órdenes religiosas hoy, Barcelona 1992



2

.- Ignacio de Loyola. Obras Completas. BAC 86



3

.- Toni Catalá, Discernimiento en tiempos desolados. Sal Terrae. Octubre 1993.



4

.- Toni Catalá, Salgamos a buscarlo. Notas para un a teología y espiritualidad desde el cuarto mundo, Santander 1992.



5

.- Elizabeth Mc Donough, OP., La vida religiosa femenina mas allá del modelo liberal:¿quo vadis? Review for Religious 50(1991)2, pp.171-178





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