Mayores y medioambiente ¿MÁs acá de los valores postmaterialistas? Autora: Manuela Caballero Guisado



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Título: MAYORES Y MEDIOAMBIENTE ¿MÁS ACÁ DE LOS VALORES POSTMATERIALISTAS?

Autora: Manuela Caballero Guisado

Correos electrónicos:


  • manuelacaballero@unex.es

  • manuelacaballeroguisado@gmail.com

Abstract

Los mayores que han vivido épocas de escasez durante su infancia y adolescencia suelen mantener, en èpocas de opulencia, los hábitos de ahorro y consumo aprendidos. La explicación de este hecho viene en parte argumentada por las tesis de los valores postmaterialistas desarrollada por Ronald Inglehart, según la cual en las sociedades desarrolladas se produce un cambio cultural que implica el paso desde los valores materialistas, asociados a la defensa de la seguridad económica y personal, hacia los valores postmaterialistas entre los que predominan los valores de emancipación y autoexpresivos. El interés por el medio ambiente está considerado como un valor postmaterialista. En este trabajo queremos conocer cuáles son los valores ambientales de los mayores y si lo reproducen y transmiten a sus hijos y nietos.



Palabras claves: valores postmaterialistas, generación, medioambiente, mayores, nietos

1.- HIPÓTESIS

La hipótesis de nuestro trabajo es la siguiente: los hábitos, prácticas aprendidas por los mayores durante su infancia y adolescencia en épocas de escasez se siguen manteniendo en la vejez a pesar de vivir en épocas de opulencia

Esta hipótesis nos lleva a plantearnos las siguientes preguntas, a las que intentamos dar respuesta con la investigación:


  • ¿Cambian los valores de los mayores a medida que cambia su situación económica?

  • ¿Los mayores socializados durante su infancia y adolescencia en épocas de escasez reproducen los hábitos, actitudes y prácticas de ahorro en hijos y nietos?

Estas preguntas vamos a tratar de responderlas primero caracterizando a los mayores extremeños; segundo, conociendo el diferencial de bienestar económico entre su infancia y adolescencia y la época actual; tercero, comprobando si sus valores han ido cambiando a medida que mejoraba su situación económica y cuarto, comprobando la influencia que los mayores tienen en el desarrollo de actitudes proambientales en sus hijos y nietos

2.- MARCO TEÓRICO

La hipótesis central de la teoría de Inglehart, formulada en The silent revolution (1977), es sencilla: los sistemas de valores en las sociedades occidentales están cambiando desde los valores (materialistas) que buscan la seguridad económica y personal hacia valores (postmaterialistas) que priorizan la calidad de vida.

Según el autor, los cambios en los sistemas de valores podrían visualizarse sobre dos ejes: el primero de los ejes vendría definido por un continuum en uno de cuyos polos se encuentran los valores materialistas (propios de sociedades de escasez donde la supervivencia y la seguridad económica y personal son prioritarias), y en el polo opuesto los valores post-materialistas (propios de sociedades desarrolladas y opulentas, donde los valores de emancipación y auto-expresivos son mayoritarios). Mientras que el otro eje estaría definido por el continuum desde los valores tradicionales hasta los valores secular-racionales. Según el modelo teórico de Inglehart, los valores secular-racionales y los post-materialistas son más frecuentes en las sociedades más desarrolladas y entre las clases sociales mejor posicionadas.

2.1.- Teoría del cambio intergeneracional de valores


Esta teoría, desarrollada en (Inglehart 1977,1990,1998), incluye dos hipótesis: la hipótesis de la escasez y la hipótesis de la socialización.

Según la primera, la hipótesis de la escasez, “las prioridades de un individuo reflejan el entorno socioecómico: damos mayor valor subjetivo a las cosas de las que existe una oferta relativamente escasa” (Inglehart,1998:42). Esta hipótesis funciona de manera similar al principio de utilidad marginal decreciente utilizado en la teoría económica para explicar el comportamiento del consumidor. A medida que un individuo consume unidades adicionales de un bien, la satisfacción o utilidad total que obtiene aumentará, pero en una proporción cada vez menor, hasta llegar un momento en que consumir más unidades de dicho bien no le ocasionará ninguna satisfacción e incluso le generará desutilidad. A partir de un determinado momento, cuanto mayor es el consumo que hacemos de un bien menor es la satisfacción que nos genera una unidad más de consumo de dicho bien. En suma: valoramos más aquello que no poseemos, o de lo que en menor cantidad o calidad poseemos.

Esta actitud intrínsecamente humana, la podemos complementar con las teorías elaboradas por el psicólogo social Abraham Harold Maslow (1908-1970), en su obra Theory of Human Motivation (1943). El autor define una jerarquía de necesidades humanas a modo de pirámide, dividida en cinco niveles, en cuya base y primeros peldaños se sitúan las necesidades más básicas (la fisiológicas y de seguridad) y a medida que se asciende aparecen otras necesidades como la filiación y el reconocimiento, para llegar al vértice en el que encontraríamos las necesidades de autorrealización. La idea básica de esta jerarquía es sencilla: sólo una vez satisfechas las necesidades situadas en los primeros escalones (necesidades materiales de sustento y seguridad) podremos satisfacer las que aparecen en el vértice de la pirámide (necesidades basadas en la estima, autoexpresión, satisfacción estética, etc.).

En cuanto a la teoría clásica de la socialización, considera la socialización como un proceso que va de lo social a lo individual moldeando la subjetividad, preferencias, valores e intereses de los individuos. Esa interiorización de lo exterior se lleva a cabo a lo largo de toda la vida pero es especialmente significativa durante la infancia, periodo en que los aprendizajes y experiencias vividas formarán parte de la estructura de la personalidad del individuo, cristalizando con tal fuerza, que resistirán, en general, toda intención de cambio. De producirse, estos cambios supondrían alteraciones profundas en la organización cognitiva del adulto. En otras palabras, “El aprendizaje temprano condiciona el aprendizaje posterior haciendo que el primero sea más difícil de olvidar” (Inglehart, 1998:23), por lo que cualquier intento de abandono de los aprendizajes y valores inoculados por el proceso de socialización durante la niñez son rechazados y vividos con incertidumbre y ansiedad.

Si unimos ambas hipótesis (escasez y socialización) para explicar las diferencias generacionales podríamos concluir que en las generaciones socializadas en economías de escasez predominan valores asociados a los primeros escalones de la pirámide (materialistas, en búsqueda de la seguridad económica y personal); mientras que las generaciones socializadas en contextos de alto desarrollo económico los valores predominantes serán los que aparecen en los últimos escalones de la pirámide (postmaterialistas o autoexpresivos).

2.2.- Teoría de la modernización


La tesis central de esta teoría propone que la industrialización implica profundos cambios económicos, sociales y políticos en las sociedades en las que se produce, y que esos cambios son predecibles a grandes rasgos en forma de tendencias. “Aunque las sociedades preindustriales varíen enormemente, tiene sentido hablar de un modelo de sociedad moderna o industrial hacia el que todas las sociedades tienden a dirigirse si se implican en la industrialización” (Inglehart 1998:9).

Así, es esperable que la industrialización de una sociedad lleve aparejada una mayor urbanización, especialización productiva y ocupacional, educación de masas, burocratización, etc., todo lo cual combinado dará lugar a su vez a cambios en la esfera cultura, social y política aún más generales. Homogeneidad, uniformidad, jerarquía, autoridad, ciencia, racionalidad instrumental y adquisitiva, afán de logro, etc., serán sus señas de identidad

¿Pero cuáles serían los valores materialistas propios de sociedades modernas? En general, todos aquellos que priorizan la seguridad económica y personal sobre los demás. Dentro de ellos encontraríamos la importancia del salario, la preocupación por la subida de precios; la importancia del crecimiento económico, la necesidad de una economía estable, el mantenimiento del orden, la lucha contra la delincuencia o disponer de unas fuerzas armadas poderosas, etc.

2.3.- Teoría de la post-modernización


Fruto de la crítica a la modernidad y a sus efectos no deseados aparece en las últimas décadas del pasado siglo un nuevo modelo de pensamiento que rompe con el paradigma modernizador: el pensamiento post-moderno.

Originalmente designa a un amplio número de corrientes artísticas, culturales, filosóficas, etc., definidas por su oposición a la modernidad. A pesar de las evoluciones de este pensamiento y del paso del tiempo transcurrido sigue siendo complicado definir exactamente qué es el pensamiento postmoderno. Sin embargo, si bien es cierto que resulta difícil definir lo que es, genera muchos menos problemas identificar los elementos que tienen en común tan diversos enfoques y escuelas: todos coinciden en reconocer el fracaso del proceso modernizador.

El giro postmoderno se construye, por tanto, en oposición y rechazo a la modernidad cuestionando los pilares sobre los que se han levantado las sociedades occidentales más avanzadas de la historia de la humanidad. Si en la modernidad encontramos valores asociados a las necesidades materiales, en la postmodernidad encontramos valores asociados con las necesidades más auto-expresivas: autoestima, espontaneidad, creatividad, mayor participación en la toma de decisiones políticas, mayor implicación de los ciudadanos con su comunidad, mayor preocupación por el medio ambiente, mayor presencia en la defensa de las libertades cívicas y personales y en general mayor interés por los aspectos sociales, políticos, intelectuales y estéticos de la vida (Díez Nicolás en Inglehart 1998:X).

La traducción social de estos valores auto-expresivos se manifiesta en sociedades más abiertas, plurales y diversas. Son “sociedades en las que predomina la idea de que el individuo tiene derecho a decidir sobre todo aquello que le atañe, desde el derecho a elegir lo que consume y elegir a sus representantes, hasta el derecho a participar en las decisiones que afectan a su trabajo, a decidir o no sobre la continuidad de sus relaciones de pareja, a decidir sobre abortar o no, a decidir sobre su orientación sexual, a decidir incluso sobre su sexo biológico y más recientemente, a decidir cuándo y cómo morir”(Díez Nicolás, 2007:142).

Estos valores se desarrollan no en oposición a los valores materiales, sino gracias precisamente a haberlos alcanzado, es decir, gracias a que la gran mayoría de los miembros de la sociedades avanzadas tienen garantizada (objetiva pero también subjetivamente gracias al Estado del Bienestar) su seguridad económica y personal. La figura gráfica que con mayor ajuste representaría el cambio desde los valores materialistas a post-materialistas, así entendido, sería una línea continua (un continuum o sucesión de puntos) en la que sólo después de haber alcanzado y consolidado un determinada posición podemos acceder a la siguiente. Lo cual nos conecta nuevamente con la pirámide de necesidades de Maslow.

3.- METODOLOGÍA

3.1.- Enfoque cuantitativo


La aproximación cuantitativa de este trabajo ha sido posible gracias a que el Grupo de Investigación Análisis de la Realidad Social (ARS) de la Universidad de Extremadura nos ha dado pleno acceso a los base de datos de su Encuesta Omnibus 2011.

Realizada a una muestra estratificada y polietápica de 1.100 familias extremeñas de los entornos rural y urbano, la denominación de encuesta ómnibus le viene dada del hecho de que recolecta datos relacionados con diversas temáticas relacionadas con las diversas líneas de investigación del grupo. Al incluirse entre éstas temáticas la cuestión ambiental, y dada la estructura de la encuesta, se ha visto la posibilidad de reciclar muchas de las variables para nuestra investigación.

Por otra parte, dadas las características de la encuesta, de tipo censal (esto es, se entrevista como casos individuales a todos los miembros del hogar), compleja de diseño, realización y explotación, nos es muy útil para los objetivos de nuestra investigación. Pues nos permite distinguir tres generaciones, abuelos, progenitores e hijos. El análisis de los datos se ha realizado a través del programa especializado en diseño y análisis de encuestas DYANE.

4.- MAYORES EXTREMEÑOS Y MEDIOAMBIENTE

En este apartado procederemos a la explotación de los datos de la Encuesta Ómnibus, buscando desentrañar tanto las actitudes y hábitos pro-ambientales de los mayores, como las de las generaciones siguientes que pudieran estar siendo influidos por aquellos; especialmente en el caso de los más jóvenes.


4.1.- Caracterización de los mayores de 65 años


Extremadura es una región en acelerado proceso envejecimiento. Como podemos ver en el gráfico siguiente, según el Censo de Población y Vivienda de 2011, cuyo avance de datos acaba de ser publicado por el Instituto Nacional de Estadística, la edad media de la población de la región está por encima de la media de la población española, siendo la octava comunidad autónoma en ese ranking del envejecimiento, con una edad media de 42,3 años.

Pero la situación es más grave que la que refleja el ranking, pues a ello hay que añadir que el envejecimiento de la región es mucho más acelerado que en el resto de las regiones. Como podemos ver en la tabla siguiente, Extremadura es la cuarta región española en cuanto a velocidad del envejecimiento. Mientras la edad media a nivel nacional se incrementó en 1,5 años entre el Censo de 2001 y el de 2011, en el caso de Extremadura este incremento fue de 2,3 años, cifra sólo superada por Asturias, Galicia y Canarias.

Evidentemente, no se trata de que la población extremeña envejezca más rápidamente que la de otras regiones. Lo que los datos reflejan es que no se ha producido una suficiente renovación del stock demográfico de la región. Por un lado la inmigración apenas ha beneficiado a Extremadura durante el ciclo expansivo de la economía, durante el que más de cinco millones de extranjeros han repoblado (y rejuvenecido) algunos territorios españoles; por otra parte el repunte de la natalidad ha sido insuficiente para moderar el proceso de envejecimiento de la población, y se ha frenado con la crisis; y finalmente en los últimos años hemos asistido a la reaparición del fenómeno de la emigración, que lógicamente afecta en mayor medida a los efectivos más jóvenes de la región, que al no encontrar aquí trabajo emigran a otras regiones, y aún a otros países.

El resultado es una pirámide de población con una base cada vez más estrecha (podemos observar cómo el leve ensanchamiento iniciado en el lustro anterior se frena entre los menores de 5 años). Esa población cada vez más envejecida tiene otra característica esencial: su creciente feminización. A pesar de la escala, la simple observación de la forma de la pirámide basta para darse cuenta del creciente peso de las mujeres entre los grupos de edad más elevada. Pero el siguiente gráfico, elaborado también a partir de los datos del Censo 2011, nos permite visualizar mejor ese proceso.

En el gráfico podemos comprobar cómo el número de hombres es mayor al de mujeres prácticamente en todas las cohortes de edad, hasta los 60 años. A partir de esa esta hay un breve periodo en el que hombres y mujeres se encuentran en cifras similares, hasta los 65 años, para a partir de ahí empezar a descender la proporción de hombres en relación al de mujeres, con lo que se produce una tendencia clara a la feminización del envejecimiento en nuestra Comunidad Autónoma. Tendencia que se agudiza a partir de los 70 años en adelante.

¿Cómo son esos mayores?. Si bien los datos desagregados del Censo de Población tardarán bastante tiempo en estar disponibles, los de la Encuesta Ómnibus del ARS-UEX nos permiten conocer de forma aproximada algunos aspectos, si bien hay que tomar los datos con suma precaución, por cuanto vamos a trabajar con sólo una submuestra que, lógicamente, multiplica el margen de error de la encuesta1.

Uno de los aspectos que refleja la encuesta es el impacto de los procesos migratorios en la región: un 37,05% de 65 y más años han estado residiendo fuera de la región, alcanzado en el caso de los hombres al 42,42 %, entre las mujeres al 32,47 %.

En cuanto al nivel de estudios completados, la siguiente tabla expresa cómo la casi totalidad de los mayores o no tiene estudios o como máximo alcanza el nivel de estudios primarios. Los estudios secundarios entre la población de 65 y más años son prácticamente simbólicos, y aún se reducen más los universitarios, alcanzando solamente el 3,90% de la submuestra. El cruce de la variables con el sexo de la población encuestada nos pone de manifiesto las mayores dificultades que en el siglo XX tuvieron las mujeres para acceder a la educación: el porcentaje de sin estudios o con primarios entre la población femenina es dos puntos superior al de la población masculina. Pero destaca especialmente el reducido porcentaje de mujeres universitarias, con una proporción de uno a tres respecto a los hombres.



Nivel de estudios completado

 

Total muestra

Hombre

Mujer

Primarios o sin estudios

91,36

90,30

92,27

Secundarios

4,74

3,64

5,67

universitarios

3,90

6,06

2,06

TOTAL

100,00

100,00

100,00

Fuente: Encuesta Ómnibus ARS-UEX y elaboración propia

Una variable que tiene una fuerte relación con los niveles educativos es la que hace referencia a la práctica de la lectura, variable también recogida por la encuesta. Atendiendo al número de libros leídos, entendido como un indicador de status sociocultural, vemos que la inmensa mayoría (65,74%) no han leído ningún libro. De aquellos que sí han leído, el 19,78% han leído entre 1 y 3 libros y el 9,47% entre 3 y 10 libros. En el análisis por sexos podemos observar como las mujeres leen más que los hombres; aunque el 60,31 % de las mujeres no ha leído ninguno frente al 72,12% de los hombres, en cambio el 26,29% ha leído entre uno y tres libros frente al 12,12 % de los hombres

Nº de libros leídos




Total

Hombre

Mujer

Ninguno

65,74

72,12

60,31

Entre 1 y 3

19,78

12,12

26,29

Entre 3 y 10

9,47

10,3

8,76

Entre 10 y 20

5,01

5,45

4,64

TOTAL

100

100

100

Según su situación socioprofesional, la mayoría son jubilados y pensionistas (61,84%) y le siguen aquellas que se dedican a las labores domésticas con un 20,89%. El resto de profesiones que desempeñan quienes aún no están jubilados son agricultores (5,01%) y pequeños empresarios (3,62%), siendo simbólicos los directivos y profesionales (0,56%) y los técnicos y cuadros medios (0,28%). Dentro del cuadro destaca el nulo porcentaje de mujeres directivas y obreras cualificadas y no cualificadas, el escasísimo número de mujeres agricultoras, técnicos medios y pequeñas empresarias y el mayor porcentaje de mujeres que se dedican a las labores domésticas.

Situación socioprofesional




Total

Hombre

Mujer

Directivos y profesionales

0,56

1,21

0,00

Técnicos y cuadros medios

0,28

0,00

0,52

Pequeños empresarios

3,62

6,67

1,03

Agricultores

5,01

10,30

0,52

Empleados de oficina y servicios

1,39

0,61

2,06

Obreros cualificados

0,56

1,21

0,00

Obreros no cualificados

0,28

0,61

0,00

Jubilados y pensionistas

61,84

64,24

59,79

Parados

2,79

6,06

0,00

Labores domésticas

20,89

4,24

35,05

No clasificables

2,79

4,85

1,03

TOTAL

100,00

100,00

100,00

Fuertemente correlacionados, lógicamente, con los bajos niveles formativos, culturales y socioprofesionales, la relación de los mayores con las nuevas tecnologías es muy escasa. Así, el 94,15 % no utiliza el ordenador, porcentaje que sin embargo en el caso de las mujeres es, aunque sólo levemente, inferior: un 93,81 % frente a un 94,55 % en el caso de los hombres. Pudiera parecer por tanto que las mujeres están algo más dispuestas a incorporarse a las TIC.

Los mayores extremeños, según la encuesta, además de niveles de formación bajos son en la actualidad más bien conservadores. Cuando se les pregunta por su posición ideológica y se les hace ubicarse dentro de las categorías izquierda-derecha en una escala de 1 (extrema izquierda) á 10 (extrema derecha), tienden a ubicarse en las posiciones centrales del continuum ideológico, aunque con ligero sesgo hacia la derecha. La media de las posiciones de quienes se definen es de 7,07, esto es de centro-derecha.



Ubicación ideológica




Total

Hombre

Mujer

1 Extrema izquierda

1,12

1,21

1,04

2

0,84

1,21

0,52

3

9,22

15,15

4,15

4

8,38

10,91

6,22

5

8,1

7,27

8,81

6

13,13

10,91

15,03

7

18,44

19,39

17,62

8

10,06

13,33

7,25

9

4,19

5,45

3,11

10 Extrema derecha

1,96

3,03

1,04

No sabe

12,29

4,24

19,17

No contesta

12,29

7,88

16,06

TOTAL

100

100

100

El análisis por sexo ofrece diferencias importantes. En primer lugar respecto al propio compromiso ideológico/político: las mujeres evitan en mucha mayor medida definirse ideológicamente. Así, las respuestas de No Sabe y No Contesta alcanzan a un 35% de las mujeres, porcentaje que más que triplica al de los hombres, que es de un 12%. Pero también hay diferencias entre quienes se definen: las posiciones medias en las que se ubican dentro de la escala, están ligeramente más a la derecha que los hombres: la posición media en la escala de las mujeres que se definen está en un 6,07 mientras que las de los hombres se queda ligeramente más hacia el centro, en 5,87.

Presentan, por otra parte, niveles de asociacionismo muy bajos. Sea cualesquiera el sector, en todos el nivel de participación es además muy bajo. Como promedio, el 91,5% no participa en asociaciones, y de entre quienes están asociados, una parte importante no son miembros activos.



Pertenencia a asociaciones y organizaciones




Miembro activo

Miembro no activo

No miembro

Religiosas

21,27

13,33

65,40

Deportivas y de ocio

13,13

4,19

82,68

Artisitas, musicales y educativas

6,70

1,96

91,34

Sindicatos

0,00

1,40

98,60

Partidos

3,35

4,19

92,46

Organizaciones ecologistas

0,00

0,56

99,44

Organizaciones Profesionales

0,00

0,28

99,72

Organizaciones Humanitarias o de Caridad

8,10

5,31

86,59

Asociaciones de Consumidores

0,00

0,00

100,00

AMPAS

0,28

0,56

99,16

Promedio

5,28

3,18

91,54

Aunque en promedio los niveles de participación de hombres y mujeres son prácticamente idénticos, encontramos diferencias muy marcadas entre el tipo de asociaciones y organizaciones en las que se participa. Así, en el caso de las asociaciones y organizaciones religiosas la tasa de asociación entre las mujeres alcanza casi a la mitad, un 43,64%, mientras entre los hombres se reduce a un 24,67%. También destacan las mujeres sobre los hombres en el asociacionismo cultural, y en el relacionado con la caridad y la solidaridad. Por el contrario, en asociacionismo deportivo y de ocio en general, y sobre todo en la presencia en los partidos (aun siendo en todo casi casi insignificante) dominan claramente los hombres. Incluidas, curiosamente, las AMPAS, en las que en términos generales están mucho más presentes las mujeres: la causa es que mientras es posible encontrar, aunque sean muy escasos, hombres de 65 años con hijos pequeños, en el caso de las mujeres es una situación inexistente.

Pertenecen a asociaciones y organizaciones




Hombres

Mujeres

Religiosas

24,67

43,64

Deportivas y de ocio

27,27

8,81

Artisticas, musicales y educativas

3,64

12,95

Sindicatos

2,42

0,52

Partidos

15,15

1,04

Organizaciones ecologistas

1,21

0,00

Organizaciones Profesionales

0,61

0,00

Organizaciones Humanitarias o de Caridad

4,84

20,73

Asociaciones de Consumidores

0,00

0,00

AMPAS

1,84

0,00

Promedio

8,17

8,77


4.2.- Las condiciones de vida de antes y las de ahora


Una vez conocido en líneas general el perfil de los mayores de 65 años en nuestra región vamos a seguir profundizando en sus características, si bien en las siguientes variables nos ceñiremos estrictamente a quienes tienen el rol de abuelos.

Dada la finalidad originaria de la encuesta sobre la que trabajamos, disponemos de datos sobre las condiciones de vida de los abuelos obtenidos de forma indirecta a través de sus hijos (progenitores en la encuesta, ya que se trata de una encuesta tri-generacional). En nuestro caso reciclaremos esos datos para contrastar ambas épocas y conocer el diferencial cualitativo entre una y otra.




La comparación de ambos gráficos no deja lugar a dudas: a lo largo de los años se ha producido un cambio económico significativo que ha permitido a los mayores vivir en mejores condiciones que durante su infancia y juventud. Si el 46,72% de los abuelos vivió en su infancia y juventud en condiciones de escasez ahora es sólo el 13,72% el que mantiene esa situación, por lo que podemos afirmar que efectivamente se ha producido un cambio económico importante que según la teoría de los valores postmaterialistas debería llevar aparejado un cambio en el sistema de valores pasando desde los valores materiales basados en la seguridad económica y personal, a los valores postmateriales donde predominan los valores de emancipación y autoexpresivos.


4.3.- ¿Qué valores expresan los abuelos?


Una vez contrastada la mejora en sus condiciones de vida, vamos a tratar de conocer si en correspondencia con todo ello sus valores actuales se ajustan a las teorías postmaterialistas.

Para ello utilizaremos un tipo de variable en la que se le pregunta, respecto de una batería de posibles “cualidades” importantes para la educación de los niños, cuáles serían a su juicio las más importantes. Entendemos que es una forma de conocer las actitudes de los abuelos en relación al sistema de valores. El nivel de ajuste de estas cualidades a los valores postmaterialistas nos permitirá deducir si efectivamente, tras el cambio económico producido, su sistema de valores actual se acomoda al postmaterialista.




El gráfico nos permite explicar la presencia de valores materialistas dentro del sistema de valores de aquellos abuelos y abuelas que siguen pensando en educar a los niños en cualidades como el “trabajo duro” (29%), la “obediencia” (27%), la “responsabilidad” (35%), “ahorrar dinero y cosas” (19%) o “creencias religiosas” (18%). Sin embargo, otra cualidad materialista como es la “determinación y perseverancia” sólo alcanza el 15%.

No obstante también podemos observar otras cualidades que podríamos ubicar dentro del espectro postmaterialista, como la “imaginación” que obtiene la cifra más baja de todo el sistema alcanzando un 14 %; también la “independencia” está presente reflejando un valor bastante alto alcanzando un 22%

Esta mezcla de valores materialistas y postmaterialistas en el conjunto de valores actuales que expresan los abuelos y abuelas, a nuestro juicio es producto de las distintas velocidades con que se implanta el sistema de valores postmaterialistas al par que desaparecen los valores materialistas; procesos ambos que cursan con lentitud, lo que explicaría la coincidencia de cualidades opuestas y contradictorias. Con todo, están más presentes los valores materialistas; de acuerdo con la teoría de la socialización los aprendizajes que se realizaron durante la infancia y adolescencia condicionan los aprendizajes posteriores y en este sentido es de esperar mayor presencia en los mayores de aquellos valores que aprendieron en su infancia que aquellos otros aprendidos en etapas posteriores de sus vidas


4.4.- ¿De quién aprenden los progenitores e hijos?


En este epígrafe vamos a tratar de dar respuesta a la segunda de nuestras preguntas de investigación: ¿los mayores socializados durante su infancia y adolescencia en épocas de escasez, reproducen los hábitos, actitudes y prácticas de ahorro en hijos y nietos? Para ello vamos a preguntar a padres (progenitores) y nietos (hijos) de quiénes han recibido mayor influencia a la hora de economizar agua y electricidad, seleccionar residuos o reciclar productos y objetos, distinguiendo entre las familias en las que los abuelos viven en casa, es decir, aquellas familias que conviven tres generaciones, del conjunto de familias de la muestra.

En el gráfico superior podemos realizar varias observaciones; por un lado tanto en las familias en las que conviven abuelos como en el conjunto de familias los agentes que más influencia ejercen en el hábito de la separación de residuos son los padres, seguidos de los medios de comunicación y de otros agentes. Por otro lado, la escuela, los amigos y otros agentes influyen más en el hábito de separar residuos en aquellas familias en las que conviven los abuelos; y por último, las familias en las que conviven los abuelos tienen una mayor proporción de ejercicio de este hábito, es decir, el roce con los abuelos parece ser un elemento positivo en el desarrollo del hábito de separar los residuos domésticos.

En el gráfico siguiente se puede apreciar cómo son los padres los que lideran el ejercicio de influir en sus hijos sobre el hábito de ahorrar agua, seguido a gran distancia de los medios de comunicación. También en este gráfico, al igual que en el anterior, se observa cómo las familias en las que conviven los abuelos la influencia de éstos es significativa (13,25%) a la hora de influir en el desarrollo del hábito de ahorro de agua.



En cuanto al hábito de ahorrar electricidad, siguen siendo los padres, seguidos a gran distancia de los medios de comunicación, quienes en mayor medida ejercen influencia en el desarrollo del hábito de ahorro de electricidad. No obstante si observamos el gráfico detenidamente veremos cómo, a diferencia del ahorro de agua, en las familias en las que conviven los abuelos las influencias de padres y abuelos se retroalimentan, para llegar entre ambos a alcanzar el 72,85% de los casos. Curiosamente también la influencia de la escuela se ve ligeramente reforzada en el hábito de ahorrar electricidad en aquellas familias en las que conviven los abuelos, por alguna razón para la que habrá que buscar explicación.

En la misma línea, siguen siendo los padres los agentes que más influyen en el hábito de reciclar materiales y objetos, siendo de nuevo mayor el porcentaje en aquellas familias en las que conviven los abuelos. Así como también es mayor el porcentaje de la influencia de la escuela o los amigos, en este hábito, si en las familias conviven los abuelos.

En general, y a tenor de los datos, podemos afirmar que los abuelos no son elementos significativos en el desarrollo de hábitos y actitudes ambientales, pero que la convivencia en la familia facilita que este tipo de actitudes cale en mayor medida que si no estuvieran presentes, facilitando la labor educativa y formativa que otros agentes de socialización puedan realizar en este sentido como la escuela o los amigos.

Otro de los aspectos a destacar es el peso que los medios de comunicación tienen en el desarrollo de hábitos de ahorro de reciclaje y reutilización. Los medios de comunicación difunden la cultura dominante, y en ese sentido se comportan junto con los progenitores como agentes de socialización fundamentales del nuevo sistema de valores postmaterialistas, dentro del cual las cuestiones ambientales ocupan un lugar preminente.

4.5.- Prosumo y valores


Alvin Toffler, en su libro “La Tercera Ola”, advirtió hace tres décadas de que la sociedad postindustrial incorporaba, entre otros muchos fenómenos, el del prosumo, esto es la fusión entre productor y consumidor.

Entre las actividades que entran dentro de esa categoría están muchas de las producciones tradicionales que formaban parte del proceso de autoconsumo en las sociedades rurales, y que con el desarrollo industrial se fueron perdiendo en beneficio de la producción de masas y el consumo dirigido.

La recuperación de los valores ambientalistas a que nos venimos refiriendo dentro del paquete postmaterialista incluye precisamente este tipo de actividades que, si bien no responden exactamente a una rentabilidad económica (a menudo la producción doméstica resulta a unos costes muy superiores que los productos del mercado), generan un tipo de satisfacción de tipo moral, estético, saludable o de trascendencia.

La encuesta permite también analizar los hábitos de prosumo de las familias, y analizar además el peso de los abuelos en la misma, diferenciando además por sexo.




Los gráficos nos permiten observar, en primer lugar, que el prosumo es, hoy por hoy, una actividad poco significativa en Extremadura, mucho menos de lo que el imaginario colectivo puede hacernos pensar. En la inmensa mayoría de los casos no se consumen productos elaborados en casa, ni productos de la huerta, ni de la matanza, ni conservas caseras ni otro tipo de productos, es decir, es muy poca la influencia que en este aspecto tienen los abuelos y progenitores.

Cuando lo hacen, los productos de la huerta y la matanza son fruto del trabajo abuelo y del padre, mientras que los textiles y las conservas son productos elaborados por abuelas y madres. Se observa pues un reparto claro de roles en estas cuestiones según el modelo tradicional, siendo las que exigen mayor fuerza y actividad física, y sobre todo las que se realizan fuera de la vivienda, desempeñadas por los hombres, mientras que las que requieren mayor precisión son desempeñadas por mujeres.

5.- CONCLUSIONES

A lo largo de los años se ha producido un cambio económico significativo que ha permitido a los mayores vivir en mejores condiciones que durante su infancia y juventud

Esta mejora de las condiciones de vida no lleva aparejada en su totalidad un cambio de valores desde los materialistas a los postmaterialistas. La mezcla de valores materialistas y postmaterialistas en el conjunto de valores actuales que expresan los abuelos y abuelas, a nuestro juicio es producto de las distintas velocidades con que se implanta el sistema de valores postmaterialistas al par que desaparecen los valores materialistas; procesos ambos que cursan con lentitud, lo que explicaría la coincidencia de cualidades opuestas y contradictorias

Los resultados de la encuesta nos permiten afirmar que en las actitudes ambientales de los niños influyen fundamentalmente sus padres si bien en aquellas viviendas en las que conviven tres generaciones la presencia de los abuelos influye positivamente en la consolidación de estas actitudes

En cuanto a las actividades de prosumo los resultados de la encuesta son minoritarios, es decir, son muy pocas las familias que realizan este tipo de actividades y es muy poco el peso de los mayores en la realización de las mismas. Lo que sí se pone de manifiesto es la diferenciación por sexos, los productos de la huerta y la matanza son fruto del trabajo abuelo y del padre, mientras que los textiles y las conservas son productos elaborados por abuelas y madres

6.- REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y WEBGRÁFICAS

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http://www.imserso.es/imserso_01/index.htm



1 Aunque la encuesta recoge otras muchas variables socioeconómicas, tanto de status, como de otros aspectos, del conjunto familiar, aquí sólo se han manejado aquellas variables directamente relacionadas con el objeto de la investigación, o que pueden aportar carga explicativa.


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