Mervin breneman



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El pacto con Abraham en perspectiva misionológica

MERVIN BRENEMAN

EN EL ÁMBITO POLÍTICO se habla mucho de los acuerdos o pactos que gobiernan (o deben gobernar) las relaciones entre naciones. Se habla del Pacto de Varsovia, el Acuerdo de Río de Janeiro y otros. También en el ámbito religioso se habla de pactos. En MISIÓN No. 1 apareció una reflexión sobre el Pacto de Lausana. Donde existen responsabilidades y relaciones entre personas o grupos, hacen falta acuerdos o pactos.

En el mundo del Antiguo Testamento los pactos eran de suma importancia. Los arqueólogos han encontrado varios pactos políticos escritos entre reyes y sus vasallos desde el tiempo de los patriarcas. Lo interesante es que la relación entre Dios y su pueblo toma el mismo modelo que estos pactos políticos. Aun más sorprendentes son las muchas similitudes de forma entre la presentación del pacto entre Dios y su pueblo (especialmente en Ex., Dt. y Jos.) y los pactos entre reyes (como el rey hitita) y sus vasallos. Estos últimos empiezan con un preámbulo y prólogo histórico, contienen leyes (o mandatos) y provisiones respecto a la conservación de copias en los santuarios de los reyes, e incluyen bendiciones o maldiciones según el cumplimiento del pacto, como se describe también en Éxodo, Deuteronomio y Josué. Con este antecedente, evidentemente los primeros recipientes de la revelación bíblica entendieron bien el significado y la seriedad de un pacto entre Dios y su pueblo.


1. Importancia de los pactos en la Biblia


El concepto del pacto es fundamental para entender el plan de Dios a través de la Biblia y el pacto con Abraham es básico en todo ese desarrollo. Los israelitas siempre recordaron el pacto con Abraham y se consideraron partícipes en él. Según el Nuevo Testamento, los cristianos somos hijos de Abraham (y partícipes en el pacto) por medio de la fe en Jesucristo.

En la historia de la salvación, a través de toda la Biblia se presentan otros pactos o subpactos. El pacto dado en Sinaí (Ex. 19-24) presenta las normas éticas para el pueblo de Dios y consagra a Israel como un reino de sacerdotes y gente santa. Más tarde Dios hace un pacto con David (2 S.7) en que le promete una dinastía duradera y un reino eterno que mira hacia el reino mesiánico. Después, por medio de los profetas, Dios promete un nuevo pacto (Jer. 31.31-34).

Los discípulos de Cristo se dieron cuenta que ya se estaba cumpliendo el Nuevo Pacto. Vieron una continuación con el pacto (o pactos) del Antiguo Testamento, pues entendieron que lo que era y lo que hacía Cristo era parte del pacto davídico (Lc. 1.32; Hch. 2.30); entendieron que los creyentes eran verdaderos hijos de Abraham. A la vez vieron que hay una discontinuidad entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Pacto (Hch. 7. 13), pues Cristo cumplió todos los sacrificios que los israelitas practicaban en el Antiguo Testamento. Algunas diferencias teológicas hoy día dependen del grado de énfasis que se pone en la continuidad del pacto, por un lado (Teología del pacto) o, por otro lado, en la discontinuidad entre las épocas (Teología dispensacional).

No debemos perder ninguno de los dos énfasis, pues con la venida, muerte y resurrección de Cristo entramos en una nueva era, estamos en los últimos tiempos. A la vez las Escrituras enseñan una continuidad en el pacto y enfatizan el mismo plan de redención y los mismos principios éticos, de modo que la historia del Antiguo Testamento viene a ser parte de nuestra historia. Somos injertos en el árbol que empieza con Abraham. Tan importante es la realidad del pacto que la Biblia se llama Antiguo Pacto (Testamento) y Nuevo Pacto (Testamento). (Se usa testamento porque la palabra berit, en hebreo, se traduce [al griego] en la Septuaginta por diatheke, que significa tanto pacto como testamento).


2. El pacto con Abraham


Sobresalen dos pactos en Génesis: el de Noé, en Génesis 9, y el de Abraham, en Génesis 12 y 15. La Biblia en su totalidad pone más énfasis en el segundo. Una profundización en el significado del pacto con Abraham y, a la vez, en su relación con el pacto de Noé nos ayudará a entender el mensaje misionero del Antiguo Testamento y las implicancias para la misión de la Iglesia hoy.

Es claro que el pacto con Abraham todavía tiene importancia para nosotros: "Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones... Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa" (Gá. 3.8, 29).

El pacto con Abraham se da en Génesis 12.2, 3,7 y se repite varias veces en Génesis (13.14-17; 15; 17; 18; 21.12; 22.16-18). Incluía la promesa de la "tierra" y una "descendencia" grande y duradera. Pero la parte que más nos interesa aquí es la frase en 12.3: "Serán benditas en ti todas las familias de la tierra". Dios escogió a un hombre, Abraham, con un propósito: formar un pueblo. Así también formó un pueblo con un propósito: traer la salvación de Dios a todo el mundo.

El pacto con Abraham y con Israel está en el centro mismo, entonces, del plan redentor de Dios, de la misión de Dios hacia la humanidad que se había alienado de Él. En este plan, Israel debía ser: (1) testigo del verdadero Dios a todas las naciones; (2) instrumento de la revelación divina (encargado de escribir y preservar las Escrituras; y (3) el medio por el cual Dios enviaría al Mesías y la redención a todas las familias de la tierra.


3. La revelación entre el pacto de Noé y el pacto de Abraham


Nos hemos detenido a considerar el pacto con Abraham porque casi toda la Biblia, desde Génesis 12 hasta la predicación del evangelio a los gentiles en el Nuevo Testamento, se ocupa de él. Pero, ¿qué de su relación con el pacto de Noé?

Lo importante en el pacto de Noé es que incluye a todas las gentes del mundo, todos los grupos étnicos, así como la señal de este pacto —el arco iris— incluye todos los colores. Por cierto, no hay referencia específica a la redención en este pacto (Gn. 8.22-9.18), pero participa en el enfoque universal que hemos visto en los primeros once capítulos de Génesis. Primero se presenta el interés de Dios en todo el mundo, y sólo entonces, a la luz de esta perspectiva global, se entiende el llamado de Abraham, Dios llama a Abraham y hace pacto con él con un propósito específico: "Serán benditas en ti todas las naciones de la tierra". El plan de Dios es que "los hijos de Abraham" alcancen a todos "los hijos de Noé". Hoy día también Dios quiere usar a "los hijos de Abraham" por la fe para llevar el mensaje de reconciliación a todos los hijos de Noé. ¿Estamos cumpliendo el propósito de Dios?

En este contexto, la elección de Abraham muestra la razón y la seriedad de la elección de Dios. ¿Por qué fue elegido Israel? ¿Porque era un pueblo mejor que otros? Deuteronomio 7.6-8 dice que no. La elección de Dios es por la gracia y para el servicio; lleva consigo privilegios, pero también responsabilidades, y la posibilidad de mayor castigo: "A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades" (Am. 3.2).

El Nuevo Testamento también enfatiza nuestra elección para el servicio. ¡Qué privilegio ser elegido, escogido para ser parte del pueblo de Dios! Pero también ¡qué responsabilidad!

Vimos que en Éxodo 19 Dios se propone hacer de Israel "un reino de sacerdotes y gente santa". Ser nación de sacerdotes no significaba que todos tenían que ser sacerdotes sino que el pueblo de Israel tenía un papel sacerdotal entre las naciones. Entre "los hijos de Noé" tenía que ser testimonio y dirigirles al verdadero Dios. Desgraciadamente en muchas épocas la fe de los hijos de Abraham se ensimismó, y la fe de los hijos de Noé desapareció. En nuestros tiempos, ¿cuántos hijos de Noé quedan esperando el mensaje de fe porque la iglesia se repliega sobre sí misma?

De modo que el propósito de Dios de alcanzar a todos los pueblos se ve en Génesis 1-11 y se nota en el pacto con Noé. Noé y sus hijos representan a todos los grupos étnicos del mundo. El pacto con Noé señala la meta general de Dios y el pacto con Abraham señala el método que Dios usa para lograrla. Aunque a menudo ha fallado Israel, Dios sigue cumpliendo su plan, puesto que formó un pueblo con una cosmovisión distinta, una ética elevada, un estilo de vida especial. A través de ese pueblo dio al mundo las Escrituras, revelación de Dios, y a través del mismo pueblo trajo al mundo al Mesías Salvador.


Conclusión


Las implicaciones de lo que hemos dicho para la misión de la iglesia son muchas. Como creyentes en Jesucristo somos parte del Nuevo Pacto, participamos del pacto con Abraham. Lo primero que hemos de hacer es exclamar con Pablo: "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!" (Ro. 11.33). ¡Qué privilegio ser parte de este plan de Dios!

En segundo lugar, hemos de recordar que la elección no es sólo para nuestro propio beneficio: es elección para servir. Dios eligió a Abraham con un propósito, y asimismo nos eligió a nosotros con un propósito. Como dice Pedro, somos "casa espiritual y sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo" (1 P. 2.5). La comunión con Dios y la adoración y alabanza como pueblo de Dios, cumplen un papel importante en el plan de Dios de sujetar todas las cosas a Cristo.



Además, Dios ha dado a los seguidores de Cristo a los "hijos de Abraham" por la fe la responsabilidad de traer a la redención a todos los hijos de Noé. Si la fe de los hijos de Noé se perdió porque la fe de los hijos de Abraham se ensimismó, el desafío a nosotros queda claro: la responsabilidad real y urgente es que la iglesia hoy no se repliegue sobre si misma, sino que redoble su esfuerzo para cumplir la misión que le ha sido dada por el Señor Jesucristo en la gran comisión.

Iglesia y Misión, no.4, 1982; nota 5 (edición impresa: vol.2; no.1)


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