Mi amigo Mozart Esther Suárez Durán personajes



Descargar 272.34 Kb.
Página1/3
Fecha de conversión31.01.2018
Tamaño272.34 Kb.
  1   2   3




Mi amigo Mozart

Esther Suárez Durán


PERSONAJES
Escritor

Tía


Tío

Maestro


Camarero
Mozart 1

Mozart 2


Mozart 3
Bastián

Bastiana


Colás
Fígaro

Susana


Conde

Condesa
Don Juan

Fantasma del comendador

La acción se desarrolla en el escenario de un teatro para niños. Transcurre en tres planos: el primero corresponde a los actores que trabajan “en vivo”; en el segundo

--compuesto por uno o más retablos de alturas distintas--, actúan los personajes representados por muñecos, mientras el tercero está demarcado por la pantalla de sombras.

Por la escena aparecen diseminados diversos elementos teatrales, entre ellos una percha, de donde cuelgan una espada y una manta. En otra zona del escenario está ubicada una mesa de tamaño mediano con cuatro pequeños bancos.
El escritor escribe afanosamente a máquina --puede elaborarse una banda sonora con el sonido de varias máquinas de escribir--. De vez en vez saca la cuartilla y la desecha, coloca otra en su lugar y escribe de nuevo.

Se escucha un tema que identifica la programación televisiva en tanto aparece un televisor en escena. De su pantalla emerge el locutor.
Locutor de TV. Buenas tardes, amables televidentes. Ahora, las noticias.

Este año el mundo entero conmemora el bicentenario de la muerte de Wolfgang Amadeo Mozart, un genio de la música. De ahí que exhortemos a todos los escritores del país a escribir una serie sobre la vida de Mozart para la televisión.


Escritor. (Al locutor.) Gracias, pero no puedo. Intento escribir una obra sobre Mozart… para el teatro.
Locutor de TV. (Asombrado.) ¡¿Para el teatro?! ¿Usted está loco? ¿Y por qué mejor no escribe para la televisión? El teatro jamás puede ser comparado con ella. Piense en el número de televidentes que disfrutará de su obra. ¡Millones!, en cambio, ¿cuántas personas caben en un teatro?
El Escritor opera el control remoto y apaga el televisor.

Aparece en escena un receptor de radio. Se escucha el sonido de estática propio de este medio de difusión. A continuación, la voz del locutor. El aparato de radio se anima.
Locutor de radio. (Con la dinámica propia del discurso radial.) ¡Buenas tardes, amables radioescuchas! De nuevo en su compañía, esta vez con una información especial para ustedes. Se trata de Mozart. Este año, los habitantes del planeta conmemoramos los doscientos años de la desaparición física de Wolfgang Amadeo Mozart, uno de los grandes de la música, y queremos comunicarnos por este medio con todos los escritores del país para solicitarles que escriban una radionovela sobre él.
Escritor. No puedo, gracias. Quiero escribir sobre Mozart, pero será una obra de teatro.
El receptor de radio se anima nuevamente.
Locutor de radio. ¡¿Teatro ha dicho?! Amigo, ¿por qué no escribe mejor para la radio? La radio entra en todas las casas. ¿Quién cree usted que va a ir al teatro a ver su obra?
El Escritor lo apaga de un golpe. Sigue escribiendo. Por la platea aparece un equipo de filmación con luces, micrófono, cámara y claqueta. El ayudante hace sonar la última. Iluminan a los espectadores, la cámara hace tomas de ellos.
Director de cine. ¿Qué tal? Somos del cine. Como ustedes ya saben este año se cumplen dos siglos de la muerte de Mozart. Estamos buscando un escritor que nos prepare el guion para hacer una película sobre él. ¿Saben ustedes si por aquí hay alguno?
Los niños del público deben señalar al Escritor que permanece en el escenario. El Escritor se cubre de las luces que caen ahora despiadadamente sobre él.
Director. ¿Cómo le va, amigo? (Le da la mano calurosamente.) Buscamos un escritor para una película sobre Mozart. ¿Qué nos dice?
Escritor. Lo siento. No quiero escribir para el cine, sino para el teatro. Quiero hacer con Mozart una maravillosa obra de teatro.
El ayudante hace sonar la claqueta.
Director. ¿Teatro, dices? (A los miembros del equipo y al público.) ¿Ustedes han oído? Dijo: ¡Teatro! (Al Escritor.) Pero, amigo, recapacite. El cine es el arte del siglo XX, del XXI, ¡del XXV! En el cine se puede hacer ¡todo! Y las imágenes se ven ¡así de grandes! (Se apoya con gestos.) Además, si hace una obra para el cine podrá ser vista en todas las provincias, en todos los países, ¡en todos los planetas!
El ayudante suena la claqueta.
Escritor. Yo amo el teatro.
El ayudante suena la claqueta.
Director. Ustedes, los del teatro, ¡son incorregibles! (Saliendo de la sala. Proyecta.) Si cambia de idea, sabe donde encontrarnos.
Mientras se retiran, el ayudante, suena repetidas veces la claqueta.
Escritor. (Al público.) Amo el teatro. Aquí los personajes aparecen y uno los ve, los oye, y hasta los podría tocar si quisiera porque están ahí mismo, muy cerquita de uno. Yo soy un escritor de teatro. Todo lo que tengo que hacer es concentrarme, imaginarme cómo serán mis personajes y ellos comienzan a moverse por el escenario. Así de lindo es mi oficio. Todo lo que imagino… (chasquea los dedos) aparece en escena. Claro que eso también es una cosa muy seria. Una gran responsabilidad. Y en el caso de Mozart tengo que estudiar mucho, investigar sobre él, para poder imaginarlo tal cual era, si no, corro el riesgo de presentar ante ustedes un Mozart que no existió. ¡Ay, y sobre Mozart hay tantas historias distintas y tanta confusión!… Porque, además, él vivió en Austria hace ¡dos siglos! Todos aquellos que lo conocieron ya no están. Solo quedan los libros que hablan sobre él. Y lo más importante: ¡su música!
Se escucha un fragmento de la Sinfonía nº 40, K. 550, o de la Pequeña serenata nocturna, K. 525.
Escritor. Su música poderosa, inmortal. Fue un gran músico, pero, ¿qué clase de hombre fue? ¿Ingenuo? ¿Triste? ¿Alegre? ¿Conoció el amor? ¿En qué pensaba cuando componía esa música? (Suspira.) Todavía no lo sé. (Pausa.) Si al menos tuviera alguien con quien hablar… Si al menos tuviera una tía… (En voz baja.) Porque, entre ustedes y yo, lo mejor de una familia son los tíos. Los tíos, sí, que te complacen siempre y te dejan hacer todo lo que deseas. ¿Que quieres comer dulces antes de la comida? Cómete un cake, si puedes. ¿Que te quieres bañar en el aguacero? ¡Arriba!, que el agua es vida. ¿Que no quieres acostarte temprano? Quédate con las estrellas toda la madrugada. (Transición.) ¡Eso es! ¡Me inventaré una Tía! Imaginaré una Tía para mí. Todo lo que tengo que hacer es cerrar los ojos y concentrarme. (Cierra los ojos.) Pensar en ella con todas mis fuerzas. (Pausa.) Quiero una Tía que sea… (Abre los ojos; a los niños.) Vamos a ver, ¿cómo la pido? ¿Pequeña o alta? (El actor estimula la intervención del público.) A mí me gusta pequeñita… (A los niños.) Y, ¿qué más? ¿Delgada o gruesa? (Los niños intervienen.) La prefiero delgada. Eso es. (Escribe.) Tía pequeña de estatura, delgada… (A los niños.) Y ¡dulce! ¡Que sea dulce y bondadosa! (Escribe. A los niños.) Y que se mueva… ¿cómo? ¿Rápido o despacio? (Los niños intervienen.) Mejor despacio y levemente. (Escribe.) Como si flotara en el aire… (Continúa escribiendo mientras habla.) Que me comprenda y no me prohíba nada… ¡Ah!, que sepa cocinar muy bien y prepare muchos postres y… ¡muy importante! que sepa mucho, muchísimo, acerca de Mozart. (Mira la cuartilla.) ¡Ya está!
Se escucha un fuerte acorde de música sinfónica. La luz parpadea.
Escritor. (Entusiasmado.) ¡Llegó!
Entra la Tía como una tromba. Es una mujer corpulenta. Viene con una maleta, una sombrilla y un pliego enrollado bajo el brazo.
Tía. (Con carácter.) ¿Dónde está eso que me ha tocado por sobrino? (Pasa por delante del Escritor sin reparar en él. Este la mira anhelante. La Tía se detiene y se vuelve. Entonces lo revisa con la mirada, de arriba a abajo.) ¿¡Tú!? (Transición.) Sí, debes ser tú porque… no hay otro. (Despliega el papel que trae. Lo mira. Compara.) Además, estás ¡igualito! (Le entrega el pliego al Escritor, quien lo mira atónito y lo muestra a los niños. Es un dibujo que no debe parecérsele en nada.) ¡Idéntico! A ver la uñas (revisa), y las orejas… ¡Y ese pelo! ¡Y esa ropa! Te pelaremos y te cambiarás de ropa, y cuidadito con comer nada antes de la hora de la comida, ni con salir a la calle (extiende el brazo en el gesto típico de comprobar si cae la lluvia) si llueve. Y… tempranito, ¡a la cama! (Transición. Para sí.) ¿Dónde pongo mis cosas?
Escritor. (Reacciona.) ¡Oiga! Espere, aquí debe haber un error, yo... (Transición.) Usted, ¿quién es?
Tía. ¿Quién crees tú? ¿La madrastra de Blancanieves? ¡Tu Tía, por supuesto!
Escritor. Pero es que yo no… Perdone, pero yo… siempre imaginé que mi Tía sería…
Tía. Sí, ya sé (saca la cuartilla de la máquina y lee con desdén): “pequeña de estatura, delgada, dulce y bondadosa… Se mueve como si flotara”… (Se mira a sí misma. Continúa.) “Comprende a su sobrino y no es capaz de prohibirle nada”. (Para sí.) Solo eso me faltaba. (Transición.) Pues, ¡no hay! ¡Se acabaron! Todas las tías así ya están repartidas en otras familias. Solo quedaba yo y me tocaste tú. (Transición.) Tienes suerte de que, al menos, sé preparar postres.
Escritor. (Resignado.) ¡Ah!
Tía. Hago unos helados de zanahoria y una natillas de pescado ¡deliciosas! Y lo más importante; conozco muy bien a Mozart. ¿Ya llegó?
Escritor. Todavía.
Tía. ¿Cómo que todavía? ¿Qué esperas?
Escritor. Necesito saber más sobre él. Por eso la traje a usted, para que me ayudara.
Tía. Así que me has imaginado a mí y no has sido capaz de imaginártelo a él.
Escritor. A usted era más fácil imaginársela, Tía. Y ya ve lo que pasó. Con él debo tener mucho cuidado. Esto es un teatro para niños. A ellos no puedo engañarlos, presentarles un Mozart que no es.
La Tía sube a una silla en actitud de quien ha visto un ratón.
Tía. ¿Teatro para quién has dicho?
Escritor. Para niños. Mírelos. (Señala al público.)
Tía. Teatro… ¿¡Para niños!? ¿Quieres decir… que además de soportarte a ti, tendré que lidiar con decenas… centenas… quizás ¡miles! de chiquillos todos los días? ¡No! ¡Ni hablar! (Desciende y va en busca de su equipaje.) ¡Me voy!
Escritor. ¡Espere! (Transición.) No puede irse.
Tía. ¿Ah, no? ¿Y eso por qué?
Escritor. Porque usted está aquí por mí. Porque yo la imaginé y la traje.
Tía. De acuerdo. Ve desimaginándome, porque me quiero ir. (Inicia la salida.)
Escritor. ¡No puedo!
Tía. ¿Cómo que no puedes?
Escritor. ¡No! Una vez que imagino algo después no lo puedo des…imaginar. Lo más que hago es... seguir imaginándome cosas.
Tía. ¿Más gente? ¡No! Ya entre tú y los chiquillos es más que suficiente. (Transición.) Ve a lavarte las orejas y empezarás tu trabajo sobre Mozart.
Escritor. Tal vez un Tío.
Tía. ¡¿Un Tío?! ¿Y eso para qué?
Se escucha de nuevo un fuerte acorde sinfónico. La luz parpadea nuevamente.
Escritor. Para que la ayude con los “chiquillos”, como usted les dice, y me ayude a mí… con usted. (Se dirige diligente hacia una de las entradas del escenario.) Pase, querido Tío.
Tío. (Trae la gorra en la mano. Se asoma con gran timidez.) ¿Se… se… puede?
Escritor. ¡Claro! (Mira a la Tía. Con intención.) Está usted en su casa.
Tío. Eres muy amable. (Sin decidirse a pasar.) Pero… ¿se... podrá?... ¿Seguro?
Escritor. Por supuesto, Tío. (Lo hala.) Acabe de pasar. (En voz baja.) Tiene que ayudarme.
Tía. Y el… señor… ¿quién es?
Tío. ¿Yo?... Eh… El… Tío. (Mira al Escritor.)
Escritor. (Presentándolo.) Un hombre honesto, noble, pero muy firme. De mucho carácter.
Tío. No… yo estoy bien, gracias.
Tía. (Da la vuelta alrededor del Tío revisándolo.) ¿También te lo imaginaste?
Escritor. (Asiente.) ¡Uhum! (Al Tío.) Póngase cómodo.
Tía. ¿No tiene frío?
Tío. ¿Frío?... No… No hace frío.
Tía. (Amenazante.) ¿Que no hace frío? ¿Está seguro?
Tío. Bueno,… sí…, sí…, tiene usted razón… hace un poco de frío. (Mira al Escritor.)
Tía. (Amenazante.) ¡¿Un poco?! Hace mucho frío ¡Mucho, mucho frío! Mire usted como está temblando.
Tío. ¿Yo? ¿Temblando? (Mira al Escritor.)
Tía. Sí, usted. ¡Mire eso, si se muere de frío!
El Tío comienza a temblar. Le castañean los dientes. La Tía toma la manta de la percha, envuelve en ella al Tío y le cala la gorra hasta los ojos.
Tía. Así está mejor. ¿No quisiera fumar ahora?
Tío. (Castañeándole los dientes.) ¿Fu…fu-mar? N-o… no, gracias… Y-o… yo… no fumo.
Tía. (Amenazadora.) ¿No fuma?
Tío. Bueno… yo…
Tía. (Enciende una pipa y la coloca en la boca del Tío.) Vamos, fume.
Escritor. Tío… Tío, usted dijo que no fumaba y, además, en el teatro no se fuma. (Le quita la pipa.)
Tío. ¿Yo dije que no fumaba?... ¿En el teatro no se fuma?... Ah, bueno, pues no fumo.
Tía. (Le pone de nuevo la pipa en la boca.) ¡Fume!
El Tío fuma.
Escritor. ¡No fume!
El Tío cesa de fumar.
Tía. ¡Fume!
Escritor. ¡No fume!
Tía. ¡Fume!
El Tío comienza a toser y a ahogarse.
Escritor. ¡No fume, Tío!
Tía. ¡Claro que sí! ¡Fume!
El tío sigue tosiendo, se ahoga, se marea.
Escritor. (Le quita la pipa.) ¡Basta ya, Tía! ¿Qué quiere? ¿Matarlo? (Toma al Tío en sus brazos, lo ayuda a sentarse, le quita la gorra y la manta.)
Tía. Solo estaba viendo cuan “firme” era ese Tío que te inventaste. (Transición.) Bien, ya todo sabido y comprobado, háganme el favor los dos, usted y su… “Tío” de recoger bien este escenario, limpiarlo, sacudirlo y después preparar a todos estos chiquillos que están aquí.
Tío. (Al Escritor.) ¡¿Los va a bañar?!
Escritor. ¡Tía!
Tía. (Terminante.) ¡A todos! (Va hacia la platea y toma a uno de los niños por el cuello de la camisa.) Empezaremos por este. (Lo arrastra hasta el escenario.)
El Escritor toma al niño por una mano y trata de alejarlo de la Tía, que lo tiene sujeto por la otra. El Tío hala al Escritor tratando de ayudarlo. Se aparenta un juego de fuerzas sobre el niño.
Escritor. Tío, tiene que hacer algo. ¡Imponga su carácter!
Tío. (Jadea por el esfuerzo.) Lo siento mucho, sobrino, pero… ya me ves… (Con intención.) Y la ves a ella.
Tía. (Forcejeando. Al niño.) De todos modos te bañaré.
Tío. Si al menos tuviera un apoyo… ¡Un amigo! Alguien entusiasta, alegre, decidido. ¿Puedes imaginarlo?
Escritor: ¿Uno solo le bastaría?
En ese momento parece que la Tía tiene ganada la partida.
Tío. Si pudieran ser dos…
Se escuchan de nuevo los acordes que antecedieron a la llegada de la Tía y el Tío. La luz parpadea y baja totalmente por unos segundos. Cuando sube, ya están en escena los dos amigos, colocados junto al Tío. Entre todos logran separar al niño de la Tía. Aquella cae al suelo. El Escritor acompaña al niño hasta su asiento.
Tía. Y estos, ¿quiénes son?
Maestro. (Altanero.) José María Canto Liso, maestro primario. He tenido muchos, muchos alumnos. (Transición.) Ay, pero no venían a la escuela por mí, sino porque querían ser médicos, pilotos, constructores, cuando fueran grandes. Yo no he olvidado una sola de sus caras, pero ellos no me recuerdan. Yo solo he sido un maestro más entre todos los maestros de todas sus escuelas.
Escritor. Tío…
Tía. (Al otro.) ¿Y usted?
Camarero: José Jacobo Recogido, camarero. Trabajo en un gran restaurante. Tengo muchos clientes (Transición.) Ay, pero, ¿sabe lo que es eso? Vivir como una sombra. Atender a todos, sin que a mí nadie me atienda. Todos los días cientos de personas celebran allí encuentros, cumpleaños, amistades, éxitos, amores, y yo me desvivo porque estén satisfechos, pero ellos ni me miran, solo ven sus copas y sus platos. El problema no es que ellos me olviden, sino que no me ven.
Tío. Sobrino…
Escritor. Son los… amigos del… Tío.
Maestro. (Sorprendido.) ¿Amigos? ¿De quién?
Camarero. Aquí no conocemos a nadie.
Escritor. Bueno…, no lo son, pero… lo serán. Serán sus amigos.
Tía. ¿Y qué hacen aquí? (Al Escritor.) No quiero pensar que…
El Tío tose tratando de salir del apuro.
Escritor. (Mira al Tío, se encoge de hombros.) Los traje… para que conocieran a Mozart.
Tía. ¿Y para qué quieres tú que estos señores conozcan a Mozart?
Escritor. Porque… Tal vez a partir de ahí sus vidas cambien. (Mira al Tío.)
Tía. Muy bien, pero tenemos un pequeño problema: y es que todavía Mozart no está aquí.
Escritor. Tía, quizás ellos puedan ayudarnos.
Maestro. Sí… este… yo tengo entendido que Mozart vivió en Austria, en el siglo dieciocho, y que fue un genio de la música.
Tía. Y las personas que viven en Austria son todas personas elegantes, y los individuos del siglo dieciocho son todos muy distinguidos, y los genios, pues… son geniales.
Maestro. Orgullosos, altivos, reservados…
Tía. ¡Eso es! ¡Todo un carácter! ¡Sobrino! ¿Qué haces que no escribes?
Escritor. (Consulta un libro.) Sí, aquí dice que Mozart se preocupaba mucho por su ropa, que le encantaban los encajes y los puños. También dice que contrajo muchas deudas.
Tía. ¿Qué dices? ¿Deudas? Vamos, escribe, imagínalo: altanero, elegante, confiado…
Escritor. Tía, es que… ese que ustedes dicen, ¿no será un hombre muy aburrido?
Tía. ¿Aburrido? ¡Qué ideas tienes!
Escritor. Pero es que cuando uno escucha la música de Mozart piensa…
Tío. ¡Eso! ¡Su música!
Tía. Vamos, vamos, haznos caso a mí y al señor profesor. Imagínalo, imagínalo. (Tararea de manera muy engolada algún pasaje de la Sinfonía Nº 40.)
Comienza a escucharse el pasaje introducido por la Tía. El Escritor escribe. La luz baja al máximo; cuando sube, está Mozart a los pies de la Tía besando su mano.
Camarero. ¿Y este quién es?
Mozart 1. (Se incorpora y hace una profunda reverencia.) Juan Crisóstomo Amadeo Wolfgang Teófilo Mozart, para servir a Dios y al Emperador.
Maestro y Camarero. ¡Mozart!
Tía. ¡Al fin!
Mozart 1. (Altanero.) Caballero de la Espuela de Plata (señala su condecoración), maestro concertante y organista de corte, director de orquesta y compositor de (petulante) aproximadamente más de seiscientas obras.
Tía. (Cada vez más emocionada.) ¡Oh!... ¡Oh!... ¡Oh!...
Mozart 1 recorre el escenario con empaque, se arregla continuamente los puños, el cuello, se alisa el traje y el pelo, revisa con los dedos el polvo, valora la calidad de la tela de las cortinas. Todos lo siguen, menos el Escritor que lo contempla a distancia. De vez en vez Mozart repara en ellos y les hace una reverencia, luego adopta alguna pose y prosigue su recorrido.
Tío. (Cansado, se separa del grupo y va hacia el Escritor. Se echa fresco con la gorra.) Ya no puedo más.
Tía. (En igual condición, a Mozart 1.) Maestro, ¿por qué mejor no nos sentamos un rato y descansamos? Venga. (Le indica la mesa y las sillas, comienza un juego interminable de reverencias alrededor de la mesa, hasta que por fin se sientan.)
Tío. (Al escritor.) ¿Qué pasa?
Escritor. (Busca en un libro.) Que no me parece que este sea el verdadero Mozart. No lo creo capaz de haber compuesto aquella ópera tan linda, Bastián y Bastiana. ¿La recuerda?
Tío. ¡Cómo olvidarla! Mozart hizo la música cuando solo tenía doce años.
Camarero. (Se ha escurrido hasta donde están el Escritor y el Tío.) ¿Bastián y Bastiana? ¿Qué es?
Escritor. Una ópera, una obra cantada con tres personajes: Bastián, que es un joven pastor enamorado de Bastiana…
En el retablo aparece el muñeco que representa a Bastián, saluda.
Tío. Bastiana, joven pastora enamorada de Bastián…
Aparece Bastiana en el retablo. Saluda.
Tía. (Que ha estado al tanto de la conversación, desde la mesa.) Y Colás, el hechicero.
Se produce una columna de humo en el retablo, aparece el muñeco que representará a Colás, ríe y saluda. La luz desciende en el primer plano del escenario y cobra intensidad en el plano del retablo. Se deja oír un fragmento de la obertura de Bastián y Bastiana. Durante el transcurso de la representación deberán escucharse fragmentos de esta ópera a discreción del Director.

Durante la obertura, Mozart 3 aparece en la escena. Se divertirá como un niño con la representación y cuando se escuche su música, la tarareará y solfeará con la mano. Nadie reparará en él. La música de la obertura pasa a plano de fondo hasta desaparecer.

En el retablo, Colás y Bastiana.
Bastiana. Oh, Colás, Colás, ¡qué desdichada soy! ¡Qué desdichada!
Colás. ¿Por qué se siente infeliz una joven tan bella como tú?
Bastiana. Oh, porque Bastián ya no me quiere, Colás. Se ha cansado de mi amor. Yo suspiro y él no suspira. Yo lo miro y el ingrato ni me mira. Yo desespero por verlo y él se ocupa de otras damas.
Colás. Hija mía, a veces al amor hay que añadirle una pizca de sal.
Bastiana. ¿Qué quieres decir?
Colás. Que si Bastián se comporta así contigo, bien podrías probar tú a hacerte la indiferente, hasta podrías fingir que te has enamorado de otro.
Bastiana. ¿Crees que dé resultado?
Colás. Si de verdad te ama, eso nunca falla.
Bastiana. Lo haré. Gracias, hechicero. (Sale de la escena.)
Entra Bastián.
Bastián. ¡Colás! ¡Oh, Colás! ¡Auxíliame! ¡Soy muy desgraciado!
Colás. ¿Qué sucede?
Bastián. Se trata de Bastiana. La he perdido. No me quiere. Antes ella suspiraba, me miraba, me hablaba. Ahora yo suspiro y ella no suspira. La miro, pero ella ¡ni me mira! Le hablo y… siempre está lejos, pensando en otra cosa. ¿Podrás hacer algo para ayudarme? ¿Algún sortilegio? ¿Alguna magia?
Colás. Mmmmm. Veamos. Siempre que hay amor todas las magias funcionan. (Saca un libro y hace toda clase de gestos mientras lee.)
Colás. Diggi, daggi, shurry, murry, forum, harem, lirum, larum. Raudi, maudi, giri, gari, posito, besti, asti. Saron froh, fatto, matto, quid pro quo. !Fatto, matto, quid pro quo !
Se produce una columna de humo.
Bastián. (Asustado.) ¿Terminó el conjuro?
  1   2   3


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal