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MI DICCIONARIO-


Accio

“La señora Weasley apuntó con la varita al bolsillo de George y dijo:



  • ¡Accio!

Varios objetos pequeños de colores brillantes salieron zumbando del bolsillo de George, quien en vano intentó agarrar algunos: se fueron todos volando hasta la mano extendida de la señora Weasley” (CF, 67)

“Harry apuntó con la varita a la rana toro que iba dando saltos hacia el otro extremo de la mesa ¡Accio!, exclamó, y la rana, resignada, volvió a saltarle a la mano” (OF, 389)

“Intentó emitir algún sonido, aunque sólo fuera un débil gruñido, pero fue en vano. Entonces recordó que algunos magos, como Dumbledore, podían realizar hechizos sin hablar, de modo que intentó hacerle un encantamiento convocador a su varita que se le había caído de la mano diciendo mentalmente ¡Accio, varita! Una y otra vez pero no ocurrió nada.” (PM, 152)

“En ese momento el muchacho se dio cuenta de que tenía la nariz casi pegada al botón del fuego de dragón: lo apretó con una mano y la motocicleta volvió a lanzar llamas hacia atrás y se precipitó derecha hacia el suelo.



  • ¡Hagrid! – chilló Harry, sujetándose desesperadamente-. ¡Hagrid! ¡Accio, Hagrid!” (RM, 62)

Agrandador, encantamiento

“El maleficio Cruciatus precisa una araña un poco más grande para que puedan apreciarlo bien- explicó Moody, que apuntó con la varita mágica a la araña y dijo:



  • ¡Engorgio!

La araña creció hasta hacerse más grande que una tarántula. Abandonando todo disimulo, Ron apartó su silla para atrás, lo más lejos posible del escritorio del profesor” (CF, 194)

“En las zarzas junto a las que se hallaban, en medio de una telaraña congelada, había una araña enorme. Harry le apuntó con la varita que Ron le había dado la noche anterior (Hermione había accedido a examinarla y dictaminó que era de endrino)”



  • ¡Engorgio!

La araña se estremeció un poco y rebotó ligeramente en la telaraña. Harry volvió a intentarlo. Esta vez la araña aumentó un poco de tamaño.” (RM, 335)

Aguamenti

“- ¡Esta mañana se hacen las pruebas de selección de quidditch! – objetó Ron. ¡Y tenemos que practicar ese encantamiento Aguamenti para el profesor Flitwick!” (PM, 210)

“Pero al parecer éste no podía controlar lo que había hecho. Unas llamas de tamaño descomunal los perseguían, acariciando las paredes de objetos, que en contacto con el fuego se convertían en cenizas.

¡Aguamenti! – bramó Harry, pero el chorro de agua que saló de la punta de su varita se evaporó en seguida” (RM, 532)



Alarte ascenderé

“Hubo un estallido en el extremo de su varita. Harry vio, aterrorizado, cómo salía de ella una larga serpiente negra, caía al suelo entre los dos y se erguía, lista para atacar. Todos se echaron atrás gritando, despejando el lugar.



  • No te muevas, Potter – dijo Snape sin hacer nada, disfrutando claramente la visión de Harry, que se había quedado inmóvil, mirando a los ojos a la furiosa serpiente- Me encargaré de ella…

- ¡Permítame! – gritó Lockhart. Blandió su varita apuntando a la serpiente, y se oyó un ruido de disparo: la serpiente, en vez de desvanecerse, voló por el aire unos tres metros, y volvió a caer al suelo con un chasquido. “(CS, 171)

Aliento de pimienta, hechizo

“Pero lo único que ocurrió cuando Hermione se calló fue que el cerebro de Harry se llenó de una especie de zumbido que tampoco lo dejaba concentrarse. Recorrió sin esperanzas el índice del libro Maleficios básicos para el hombre ocupado y fastidiado: arranque de cabellera instantáneo – pero los dragones ni siquiera tienen pelo, se dijo-, aliento de pimienta – eso seguramente sería echar más leña al fuego-, lengua de cuerno – precisamente lo que necesitaba: darle al dragón una nueva arma…” (CF, 301)



Alohomora

Pasaron debajo de Peeves y corrieron a más no poder, derecho hasta el final del corredor, donde chocaron contra una puerta... y estaba cerrada.

— ¡Estamos listos!—gimió Ron, mientras empujaban inútilmente la puerta—. ¡Esto es el final!

Podían oír las pisadas: Filch corriendo lo más rápido que podía, hacia los gritos de Peeves.

—Oh, muévete —ordenó Hermione. Tomó la varita de Harry, golpeó la cerradura y susurró—: ¡Alohomora!

El pestillo hizo un clic y la puerta se abrió. Pasaron todos, la cerraron rápidamente y se quedaron escuchando.(PF, 9) (PF, 136)

— ¿Puedes oír algo? —susurró Ron.

Harry escuchó. Un suave tintineo y un crujido, que parecían venir desde arriba.

— ¿Crees que será un fantasma?

—No lo sé... a mí me parecen alas.

Llegaron hasta el final del corredor y vieron ante ellos una habitación brillantemente iluminada, con el techo curvándose sobre ellos. Estaba llena de pajaritos brillantes que volaban por toda la habitación. En el lado opuesto, había una pesada puerta de madera.

— ¿Te parece que nos atacarán si cruzamos la habitación? —preguntó Ron.

—Es probable —contestó Harry—. No parecen muy malos, pero supongo que si se tiran todos juntos... Bueno, no hay nada que hacer... voy a correr.

Respiró profundamente, se cubrió la cara con los brazos y cruzó corriendo la habitación. Esperaba sentir picos agudos y garras desgarrantes en su cuerpo, pero no sucedió nada. Alcanzó la puerta sin que lo tocaran. Movió la manija, pero estaba cerrada con llave.

Los otros dos lo imitaron. Tiraron y empujaron, pero la puerta no se movía, ni siquiera cuando Hermione probó con su hechizo de Alohomora.

— ¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Ron.

—Esos pájaros... no pueden estar sólo por decoración —dijo Hermione.

Observaron los pájaros, que volaban sobre sus cabezas, brillando... ¿Brillando?

— ¡No son pájaros!—dijo de pronto Harry—. ¡Son llaves! Llaves aladas, miren bien. Entonces eso debe significar... —Miró alrededor de la cámara, mientras los otros observaban la bandada de llaves—. Sí... miren. ¡Escobas! ¡Tenemos que atrapar la llave de la puerta! (PF, 231)

Buckbeak redujo la velocidad y se detuvieron. Pasando por alto el hecho de que subían y bajaban casi un metro cada vez que Buckbeak batía las alas, podía decirse que estaban inmóviles.

— ¡Ahí está! —dijo Harry, localizando a Sirius mientras ascendían junto a la ventana. Sacó la mano y en el momento en que Buckbeak bajaba las alas, golpeó en el vidrio.

Black levantó la mirada. Harry vio que se quedaba boquiabierto. Saltó de la silla, fue aprisa hacia la ventana y trató de abrirla, pero estaba cerrada con llave.

— ¡Échate hacia atrás! —le gritó Hermione, y sacó su varita, sin dejar de sujetarse con la mano izquierda a la túnica de Harry.

¡Alohomora!

La ventana se abrió de golpe.

— ¿Cómo... cómo...? —preguntó Black casi sin voz, mirando al hipogrifo.

—Monta, no hay mucho tiempo —dijo Harry, abrazándose al cuello liso y brillante de Buckbeak, para impedir que se moviera—. Tienes que huir, los dementores están a punto de llegar. Macnair ha ido a buscarlos.” (PA, 334)

“La sanadora apuntó con la varita a la puerta de la Sala Janus Thickey y murmuró: ¡Alohomora!. La puerta se abrió y la sanadora entró en la sala.” (OF, 529)

“Harry, que siempre había hecho ese trayecto en carruaje, nunca había apreciado lo lejos que se hallaba Hogwarts de la estación de Hogsmeade. Finalmente, con gran alivio, vio los altos pilares que flanqueaban la verja, coronados con sendos cerdos alados. Tenía frío y hambre y estaba deseando separarse de esa nueva y deprimente Tonks. Pero cuando estiró el brazo para abrir la verja, comprobó que estaba cerrada con una cadena.



  • ¡Alohomora! – dijo entonces, y apuntó al candado con su varita, pero no sucedió nada (PM, 154)

“El muchacho apareció resoplando un minuto después, empuñando su varita mágica.

  • ¿Qué sucede? Si se trata otra vez de esas arañas gigantes, quiero desayunar antes de…- Arrugó la frente al ver el letrero de la puerta que Hermione le señalaba.

  • ¿Quién? ¿Ese era el hermano de Sirius, verdad? Regulus…Arcturus ¡RAB! ¡El relicario! ¿Creen que…?

  • Vamos a averiguarlo – decidió Harry. Empujó la puerta pero estaba cerrada con llave.

Hermione apuntó la manija con la varita y dijo: ¡Alohomora! Se oyó un chasquido y la puerta se abrió. (RM, 164, 165)

Amortiguador, encantamiento

“Harry nunca había llegado a unos niveles tan profundos de Gringotts; tanto era así que, al tomar abruptamente una curva muy cerrada, vio ante ellos una cascada que caía sobre las vías, imposible de esquivar. Oyó como Griphook gritaba, pero no había forma de frenar y la atravesaron a una velocidad vertiginosa. A Harry le entró agua en los ojos y la boca; no veía nada ni podía respirar. Acto seguido, el carro dio un violento sacudón, volcó y todos salieron despedidos. El muchacho oyó como el vehículo se hacía añicos contra la pared y el chillido de Hermione, mientras él planeaba como si fuera ingrávido hasta posarse suavemente en el suelo rocoso del pasillo.



  • Encantamiento amortiguador – farfulló Hermione mientras Ron la ayudaba a levantarse” (RM, 451)

Ampliación, encantamiento de

Encantamiento que permite ampliar cosas, como portadas de libros o revistas. Los gemelos Weasley amplían una portada de El Quisquilloso (OF).



  • Tenemos la capa invisible – dijo Harry- No será tan difícil. ..creo que la capa es lo bastante grande como para cubrir a Norbert y a dos de nosotros” (PF, 198)

  • A Harry no le entraba en la cabeza que ocho personas, seis baúles grandes, dos lechuzas y una rata pudieran caber en un pequeño Ford Anglia. Claro que no había contado con las prestaciones especiales que le había añadido el señor Weasley.

  • —No le digas a Molly ni media palabra —susurró a Harry al abrir el maletero y enseñarle cómo lo había ensanchado mágicamente para que pudieran caber los baúles con toda facilidad.

  • Cuando por fin estuvieron todos en el coche, la señora Weasley echó un vistazo al asiento trasero, en el que Harry, Ron, Fred, George y Percy estaban confortablemente sentados, unos al lado de otros, y dijo:

  • —Los muggles saben más de lo que parece, ¿verdad?

  • —Ella y Ginny iban en el asiento delantero, que había sido alargado hasta tal punto que parecía un banco del parque—. Quiero decir que desde fuera uno nunca diría que el coche es tan espacioso, ¿verdad?

  • El señor Weasley arrancó el coche y salieron del patio. Harry se volvió para echar una última mirada a la casa. Apenas le había dado tiempo a preguntarse cuándo volvería a verla, cuando tuvieron que dar la vuelta, porque a George se le había olvidado su caja de bengalas del doctor Filibuster. Cinco minutos después, el coche tuvo que detenerse en el corral para que Fred pudiera entrar a coger su escoba. Y cuando ya estaban en la autopista, Ginny gritó que se había olvidado su diario y tuvieron que retroceder otra vez. Cuando Ginny subió al coche, después de recoger el diario, llevaban muchísimo retraso y los ánimos estaban alterados.

  • El señor Weasley miró primero su reloj y luego a su mujer.

  • —Molly, querida...

  • —No, Arthur.

  • —Nadie nos vería. Este botón de aquí es un accionador de invisibilidad que he instalado. Ascenderíamos en el aire, luego volaríamos por encima de las nubes y llegaríamos en diez minutos. Nadie se daría cuenta...

  • —He dicho que no, Arthur, no a plena luz del día.

  • Llegaron a Kings Cross a las once menos cuarto. El señor Weasley cruzó la calle a toda pastilla para hacerse con unos carritos para cargar los baúles, y entraron todos corriendo en la estación.” (CS, 63)

  • “Mundungus había realizado un hechizo en el coche para agrandarlo, (Harry dudaba mucho que se lo hubiera llevado con el consentimiento de su propietario), igual que había hecho con el Ford Anglia de los Weasley. Aunque por fuera tenía las proporciones normales, adentro cabían cómodamente diez personas, incluido Mundungus, que iba al volante.” (OF, 524)

“Hagrid estaba provocando un gran alboroto: el guardabosques había entendido mal las indicaciones de Fred, y en lugar de instalarse en el asiento reforzado y agrandado mediante magia que le habían preparado en la última fila, se había en cinco sillas normales que se habían convertido en un gran montón de palitos dorados” (RM, 125)

Anapneo

“Por desgracia Belby acababa de llevarse a la boca un gran bocado de faisán y, en el apuro por contestar a Slughorn, intentó tragárselo entero. Se puso morado y empezó a asfixiarse



  • ¡Anapneo! – dijo Slughorn sin perder la calma y apuntando con su varita a Belby, que pudo tragar y cuyas vías respiratorias se despejaron al instante” (PM, 142)

Anillos de humo

El señor Ollivander hizo salir hizo salir de la varita de Cedric una serie de anillos de humo plateado, se declaró satisfecho” (CF, 276)



Anti desaparición

  • Si baja al departamento de Misterios, Cornelius, encontrará a unos cuantos mortífagos fugados retenidos en la Cámara de la Muerte, inmovilizados mediante un embrujo anti desaparición, que esperan a que decida qué va a hacer con ellos.” (OF, 841)

Antídotos

“Para tu información, Potter, asfódelo y ajenjo producen una poción para dormir tan poderosa que es conocida como pócima de muertos vivientes. Un bezoar es una piedra sacada del estómago de una cabra y sirve para salvarse de la mayoría de los venenos. En cuanto a acónito y luparia, es la misma planta. ¿Por qué no están anotando todo?” (PF, 118)



  • —Hoy nos vamos a dedicar a replantar mandrágoras. Veamos, ¿quién me puede decir qué propiedades tiene la mandrágora?

  • Sin que nadie se sorprendiera, Hermione fue la primera en alzar la mano.

  • —La mandrágora, o mandrágula, es un reconstituyente muy eficaz —dijo Hermione en un tono que daba la impresión, como de costumbre, de que se había tragado el libro de texto—. Se utiliza para volver a su estado original a la gente que ha sido transformada o encantada.

  • —Excelente, diez puntos para Gryffindor —dijo la profesora Sprout—. La mandrágora es un ingrediente esencial en muchos antídotos. Pero, sin embargo, también es peligrosa. ¿Quién me puede decir por qué?

  • Al levantar de nuevo velozmente la mano, Hermione casi se lleva por delante las gafas de Harry.

  • —El llanto de la mandrágora es fatal para quien lo oye —dijo Hermione instantáneamente.

  • —Exacto. Otros diez puntos —dijo la profesora Sprout—. Bueno, las mandrágoras que tenemos aquí son todavía muy jóvenes.

  • Mientras hablaba, señalaba una fila de bandejas hondas, y todos se echaron hacia delante para ver mejor. Un centenar de pequeñas plantas con sus hojas de color verde violáceo crecían en fila. A Harry, que no tenía ni idea de lo que Hermione había querido decir con lo de «el llanto de la mandrágora», le parecían completamente vulgares.

  • —Poneos unas orejeras cada uno —dijo la profesora Sprout.

  • Hubo un forcejeo porque todos querían coger las únicas que no eran ni de peluche ni de color rosa.

  • —Cuando os diga que os las pongáis, aseguraos de que vuestros oídos quedan completamente tapados —dijo la profesora Sprout—. Cuando os las podáis quitar, levantaré el pulgar. De acuerdo, poneos las orejeras.

  • Harry se las puso rápidamente. Insonorizaban completamente los oídos. La profesora Sprout se puso unas de color rosa, se remangó, cogió firmemente una de las plantas y tiró de ella con fuerza.

  • Harry dejó escapar un grito de sorpresa que nadie pudo oír.” (CS, 85)

  • Cuando todo el mundo se hubo tomado un trago de antídoto y las diversas hinchazones remitieron, Snape se fue hasta el caldero de Goyle y extrajo los restos negros y retorcidos de la bengala. Se produjo un silencio repentino.

  • —Si averiguo quién ha arrojado esto —susurró Snape—, me aseguraré de que lo expulsen.

  • Harry puso una cara que esperaba que fuera de perplejidad. Snape lo miraba a él, y la campana que sonó al cabo de diez minutos no pudo ser mejor bienvenida.

  • —Sabe que fui yo —dijo Harry a Ron y Hermione, mientras iban deprisa a los aseos de Myrtle la Llorona—. Podría jurarlo.

  • Hermione echó al caldero los nuevos ingredientes y removió con brío.

  • —Estará lista dentro de dos semanas —dijo contenta.

  • —Snape no tiene ninguna prueba de que hayas sido tú —dijo Ron a Harry, tranquilizándolo—. ¿Qué puede hacer?

  • —Conociendo a Snape, algo terrible —dijo Harry, mientras la poción levantaba borbotones y espuma.

  • Una semana más tarde, Harry, Ron y Hermione cruzaban el vestíbulo cuando vieron a un puñado de gente que se agolpaba delante del tablón de anuncios para leer un pergamino que acababan de colgar. Seamus Finnigan y Dean Thomas les hacían señas, entusiasmados.

  • — ¡Van a abrir un club de duelo! —dijo Seamus—. ¡La primera sesión será esta noche! No me importaría recibir unas clases de duelo, podrían ser útiles en estos días...

  • — ¿Por qué? ¿Acaso piensas que se va a batir el monstruo de Slytherin? —preguntó Ron, pero lo cierto es que también él leía con interés el cartel.

  • —Podría ser útil —les dijo a Harry y Hermione cuando se dirigían a cenar—. ¿Vamos?

  • Harry y Hermione se mostraron completamente a favor, así que aquella noche, a las ocho, se dirigieron deprisa al Gran Comedor. Las grandes mesas de comedor habían desaparecido, y adosada a lo largo de una de las paredes había una tarima dorada, iluminada por miles de velas que flotaban en el aire. El techo volvía a ser negro, y la mayor parte de los alumnos parecían haberse reunido debajo de él, portando sus varitas mágicas y aparentemente entusiasmadas. “(CS, 166)

  • La mandrágora, o mandrágula, es un reconstituyente muy potente – dijo Hermione, en un tono de voz que daba la impresión, como de costumbre, de que se había tragado el libro de texto-. Se utiliza para volver a su estado original a la gente que ha sido transformada o encantada.

Excelente, diez puntos para Gryffindor – dijo la profesora Sprout- La mandrágora es una parte esencial en muchos antídotos.(CS, 83)

—Venid todos y poneos en corro —dijo Snape. Los ojos negros le brillaban—. Y ved lo que le sucede al sapo de Longbottom. Si ha conseguido fabricar una solución para encoger, el sapo se quedará como un renacuajo. Si lo ha hecho mal (de lo que no tengo ninguna duda), el sapo probablemente morirá envenenado.

Los de Gryffindor observaban con aprensión y los de Slytherin con entusiasmo. Snape se puso el sapo Trevor en la palma de la mano izquierda e introdujo una cucharilla en la poción de Neville, que había recuperado el color verde. Echó unas gotas en la garganta de Trevor.

Se hizo un silencio total, mientras Trevor tragaba. Luego se oyó un ligero «¡plop!» y el renacuajo Trevor serpenteó en la palma de la mano de Snape. Los de Gryffindor prorrumpieron en aplausos. Snape, irritado, sacó una pequeña botella del bolsillo de su toga, echó unas gotas sobre Trevor y éste recobró su tamaño normal.

—Cinco puntos menos para Gryffindor —dijo Snape, borrando la sonrisa de todas las caras—. Le dije que no lo ayudara, señorita Granger. Podéis retiraraos.” (PA, 108)

“El profesor Binns, el fantasma que enseñaba Historia de la Magia, les mandaba redacciones todas las semanas sobre las rebeliones de los duendes en el siglo XVIII; el profesor Snape los obligaba a descubrir antídotos, y se lo tomaron muy en serio porque había dado a entender que envenenaría a uno de ellos antes de Navidad para ver si el antídoto funcionaba.” (CF, 211)



Bueno, muchachos, deben tener cuidado porque las Doxys muerden y sus dientes son venenosos. Aquí tengo una botella de antídoto, pero preferiría no tener que utilizarlo.” (OF, 114)

  • No lo entiendo, señor. – dijo con el tono más respetuoso que fue capaz de lograr-. Usted no me necesita. Podría utilizar la Legeremancia o el Veritaserum

  • El profesor Slughorn es un mago extremadamente hábil y estará preparado para ambas cosas – replicó Dumbledore-. Es mucho más consumado en Oclumancia que el pobre Morfin Gaunt, y me sorprendería mucho que no llevara encima un antídoto de Veritaserum desde el día que le sonsaqué ese falso recuerdo.” (PM, 347)

No tiene que ser necesariamente un colmillo de basilisco- replicó Hermione sin impacientarse -. Pero sí algo tan destructivo que el horrocrux no pueda repararse por sí mismo. El veneno del basilisco sólo tiene un antídoto y es increíblemente escaso.” (RM, 96)

Antigrasa

  • Tú sabes por qué Snape está de tan mal humor, ¿verdad? – preguntó Ron a Harry mientras observaban cómo Hermione enseñaba a Neville a llevar a cabo el encantamiento antigrasa, para quitarse de las uñas los restos de tripas del sapo.” (CF, 190)

Anti intrusos

  • Y sin embargo debes de haberte movido con gran agilidad para prepararnos semejante bienvenida en tan poco tiempo. No creo que hayas tenido más de tres minutos desde el aviso.

  • Dos – replicó Slughorn con una mezcla de fastidio y orgullo – no oí el encantamiento anti intrusos cuando sonó porque estaba dándome un baño. “(PM, 71)

Anti trampas

  • “Hacía mucho calor, en especial en el aula grande, donde daban los exámenes escritos. Les habían entregado plumas nuevas, especiales, que habían sido hechizadas con un encantamiento contra la posibilidad de copiarse (PF, 218)

  • Como verán – explicó la Profesora McGonagall a la clase mientras los alumnos copiaban del pizarrón las fechas y las horas de sus exámenes -, , sus exámenes están repartidos en dos semanas consecutivas. Harán los teóricos por la mañana y los prácticos por la tarde. El examen práctico de Astronomía lo harán por la noche, como es lógico.

  • Debo advertirles que hemos aplicado los más estrictos encantamientos antitrampa a las hojas de examen. Las plumas autorrespuesta están prohibidas en la sala de exámenes, igual que las recordadoras, los puños desmontables para copiarse y la tinta autocorrectora. Lamento tener que decir que cada año hay al menos un alumno que cree que puede burlar las normas impuestas por el Tribunal de Exámenes Mágicos. Espero que este año no sea nadie de Gryffindor. Nuestra nueva…directora… - al pronunciar esa palabra, la profesora McGonagall puso la misma cara que ponía tía Petunia cuando contemplaba una mancha particularmente tenaz- ha pedido a los jefes de las casas que adviertan a sus alumnos que si hacen trampas serán severamente castigados porque, como es lógico, los resultados de sus exámenes dirán mucho de la eficacia del nuevo régimen que la directora ha impuesto en el colegio… - La profesora McGonagall soltó un pequeño suspiro y Harry vio cómo se le inflaban las aletas de la afilada nariz. – Aun así, ése no es motivo para que no los hagan lo mejor que puedan. Tienen que pensar en su futuro.

  • Por favor, Profesora - dijo Hermione, que había levantado la mano-, ¿cuándo sabremos los resultados?

  • Les enviarán una lechuza en el mes de julio – contestó la profesora McGonagall.

Estupendo – comentó Dean Thomas en voz baja pero audible -. Asi no tendremos que preocuparnos hasta las vacaciones. (OF, 730)
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