Monasterio de ntra. Sra. Del socorro, en güÍmar, de monjes contemplativos



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MONASTERIO DE NTRA. SRA. DEL SOCORRO,

EN GÜÍMAR,

DE MONJES CONTEMPLATIVOS
Con el Siglo XXI, el primer cenobio masculino en la historia de la Diócesis Nivariense



Índice

Página

— Advertencias del Coordinador 13



iSí Prólogo 15,

1. Los orígenes de una obra de fe......,, .,.-....*«.».>21

— La primera

— Benefactores y papeleos... . „ . 36

2. La “jaula” al ritmo adecuado... 41

— I homenajes de la Ciudad mwaaw«Mu.niuIOHH.MimunmiMiMflHlíi

— Camino del Monasterio:. ¡— ^

3. La espera por los “pájaros cantores” ¿....,.....55

— No faltó la correspondencia 60

— Aliento del Nuncio y traducciones ¿».,*¡«..^¡1; .68

4. “Tres días en Tenerife”

— Imágenes

— La Comunidad del Verbo Encarnado 91

5. La inauguración y la bendición

— Los decretos de Erección Canónica........... 100

— EÍ memorable día 1 de octubre....i»..^.««i.¿«i.iii¿..104

— Homilía del señor Obispo.........,v,..»„„..„......105

— Intervención de Don Hipólito Jorge >...• w.,117

— Discurso del Fundador y Padre General del Instituto del Verbo Encarnado ....... 122

6. Algunos ecos y horizontes ....,,..,...,4 29

— “Regalo muy grande de Dios a nuestra

IflfeÉteessás**. n.l——— „..„.tM,

— “Un Monasterio en Güímar”..¿...¿i.^..*...¿....^.;i,.¿>vl36

— “Trabajo y Oración” ¿.140

— Raíces de la vida contemplativa ....*...*...,,....142

— “La Palabra en el

7. Los Hermanos Sacerdotes Jorge Dorta 161

— La familia y el Obispo D. Domingo

Pérez Cáceres .....«4.í...^^...J^<.iiu;....¿..ií¿^i.vi'.v¿i.v....l6Í

— D. Hipólito junto a D. Domingo .^,„....167

— Semblanza y otros testimonios del M. I.

Sr. D. Hipólito Jorge Dorta 173

— Rvdo. D. Vicente Jorge Dorta, por Octavio Rodríguez Delgado. 186

— M. I. Sr. D. Juan Jorge Dorta, por Octavio Rodríguez Delgado

8. Anexos ¿...i«.....*

— Memoria descriptiva dèi Monasterio....... 197



Advertencias del Coordinador

En la presente síntesis sobre el alumbramiento del Monasterio de Nuestra Señora del Socorro, en Güímar, se ha seguido una estricta cronología, ateniéndonos a las reseñas publicadas en Letra impresa, desde 1992, y a la documentación disponible en el Archivo de los Hermanos Jorge Dorta, cuyo escrito inicial es de 1988. También hemos mantenido conversaciones con D. Hipólito.

Gomo consecuencia de haber seguido el anterior sistema, transparente en cualquier caso, algunas referencias y datos que aparecen en los primeros capítulos padecen inexactitudes o ciertos errores que, evidentemente, van enmendándose en los últimos.

En este compendio, con permiso del Fundador principal del Monasterio, M. I. Sr. D. Hipólito Jorge Dorta, se han introducido, en la segunda parte del Capítulo 6, determinadas aportaciones en torno a la vida contemplativa.

Para el último capítulo, el 7º, este coordinador preparó un amplio cuestionario, destinado a los primeros protagonistas de la iniciativa del primer cenobio de monjes varones en la Historia de la Diócesis de Tenerife desde la Evangelización de las Islas. He de agradecerle a don Domingo Navarro Mederos, Vicario General de la Diócesis Nivariense, su colaboración acerca del sometido a D. Hipólito. Igualmente, debo consignar que D. Octavio Rodríguez Delgado es el autor de los trabajos sobre D. Vicente y D. Juan Jorge Dorta.

El Prólogo le ha sido encomendado al M. I. Sr. D. Mauricio González y González por el propio D. Hipólito.

Ricardo Acirón Royo

Prólogo

La fundación del Monasterio de Ntra. Sra. del Socorro, en Güímar, puede considerarse como uno de los pasos especialmente significativos en la historia de nuestra diócesis Nivariense. Se trata del establecimiento en esta tierra de la primera comunidad contemplativa de varones.

Agradecemos a D. Ricardo Acirón, prestigioso profesional y maestro del periodismo, el que con el conocimiento y conocido cariño a los asuntos de nuestro pueblo, haya puesto en nuestras manos esta obra que nos da a conocer y nos recuerda la trayectoria de la fundación de este monasterio. Un trabajo que todos apreciamos, agradecemos y guardamos con interés.

Fue en sus comienzos una noticia gratamente sorprendente el gesto de los hermanos sacerdotes D. Hipólito, D. Vicente y D. Juan Jorge Dorta, donar una finca heredada de sus padres a favor de la Diócesis. Pero también sorprendente fue el objetivo de su donación: la construcción de un monasterio de vida contemplativa para varones en aquellos lugares marcados con las huellas de Ntra. Sra. de Candelaria, en los relatos de su aparición.

Empresa desconcertante. D. Hipólito, ejecutor de este proyecto, aparecía como un D. Quijote que, lanza en ristre, emprendía la operación mientras escuchaba las voces de Sancho, le avisaban de que su proyecto era molinos de viento y le invitaban a descender a unos objetivos más realistas, más concretos y apremiantes; tal vez alguna obra de carácter asistencial, docente, o apostólico.

D. Hipólito continuó con sus sueños. No eran molinos de viento. El actuaba atento a la voz y al espíritu de la Iglesia.

El Concilio Vaticano II, que se propuso mostrar al mundo el rostro de la Iglesia y su cercanía a los hombres de hoy, sin embargo, al hablar de la vida contemplativa, nos dejó dicho que estas comunidades “mantienen un puesto eminente en el Cuerpo Místico de Cristo” (P.Ch.7) y describe con palabras de encomio su papel en la Iglesia y en el mundo. Nos dice que “ofrecen a Dios un eximio sacrificio de alabanza”, que “ilustran al pueblo de Dios con ubérrimos frutos de santidad”, que “lo mueven con su ejemplo”, que “lo dilatan con misteriosa fecundidad apostólica” y que “son el honor de la Iglesia y fuente perenne de gracia celeste”.

Posteriormente el papa Juan Pablo II, en su primera visita a España en 1982, ante el encuentro, inusitado, con las comunidades de clausura venidas con esa ocasión de los distintos monasterios de España, en el Convento de la Encarnación de Ávila, reafirmó que “la vida contemplativa ha ocupado y seguirá ocupando un puesto de honor en la Iglesia y que el mundo necesita, más de lo que cree, su presencia y su testimonio” y concluía diciendo: “quiero hacer una llamada a las comunidades cristianas y a sus pastores recordándoles el lugar insustituible que ocupa la vida contemplativa en la Iglesia”.

Semejantes expresiones de encomio y de apremio las podemos encontrar en el permanente magisterio de la Iglesia, pero especialmente en nuestros tiempos actuales.

Ciertamente, ante la sociedad de hoy en el que todo lo religioso aparece como algo trasnochado, entorpecedor

y alienante, la vida contemplativa aparece como algo ab-surdo, desconcertante e inútil.

Tampoco faltan cristianos que se cuestionan e interrogan el papel y la actualidad de la vida contemplativa. Sin embargo la dialéctica entre silencio y testimonio; contemplación y acción; soledad y solidaridad; huida y compromiso; retiro y cercanía; lejos de ser conceptos enemigos están maravillosamente armonizados en el misterio de Cristo. Decimos en uno de nuestros himnos litúrgicos; “No vengo a la soledad cuando vengo a la oración, / pues sé que estando contigo, con mis hermanos estoy. / No he venido a refugiarme dentro de tu torreón, / como quien huye a un exilio de aristocracia interior/. Pues vine huyendo del ruido pero de los hombres no”.

D. Hipólito, en sus años de profesor de Historia de la Iglesia en el Seminario, habrá enseñado muchas veces la influencia que a lo largo de los siglos han tenido esos centros de vida contemplativa en el desarrollo, en la cultura y en la misma construcción de los pueblos, y habrá señalado, también a tantos monjes y anacoretas de vida contemplativa que, llegada la ocasión, no dudaron dejar temporalmente sus monasterios para ponerse al lado de los pueblos en momentos de crisis y peligros, con unos resultados tan satisfactorios a favor de la paz, la concordia y la dignidad como no lo hicieren otros, mandatarios de su tiempo.

Nuestra Diócesis, desde su fundación y desde el comienzo del cristianismo en las islas, ha contado con la presencia de comunidades de religiosos que han influido en los distintos aspectos de los pueblos y han cubierto necesidades urgentes en el orden de la enseñanza, de la sanidad, de la beneficencia..., y ha contado, también desde sus comienzos, con comunidades de mujeres de vida contemplativa. Pero tras el quinto siglo de historia era necesario que en nuestra comunidad diocesana surgiera un monasterio de varones. Un lugar de acogida y estímulo de posibles vocaciones y de realización de una espiritualidad peculiar a su condición de hombres consagrados y sacerdotes que dirijan las celebraciones litúrgicas y la dirección de tas almas.


Desde esta seguridad y firmeza de criterios, la obra hizo que surgiera el aprecio y la colaboración de instituciones, familias y personas. Y lo que parecía un sueño inaccesible resultó una gozosa y admirable realidad.
Concluida la construcción del edificio, comenzaba otra andadura no meaos costosa: la búsqueda de la comunidad adecuada de varones que le dieran vida. Cartas, llamadas, visitas, entrevistas.. .Se tocó a muchas puertas.
Hasta que al fin, una comunidad desde más allá de los mares dijo que sí: el Instituto del Verbo Encarnado.

Y el monasterio abrió sus puertas, y “el Verbo se hizo Carne y habitó entre nosotros”.


Fdo. Mauricio González González,

Párroco de Ntra. Sra. de La Concepción

de Santa Cruz de Tenerife.

I
Los orígenes

de una obra de fe

«Don Hipólito Jorge Dorta* él máximo promotor del Monasterio de Nuestra Señora del Socorro, escribe, en 1992, en un monográfico dedicado a su tío don Domingo Pérez Cáceres, obispo dé la Diócesis Nivariense:


“El Monasterio que actualmente se construye en Güímar para Religiosos Contemplativos, puedo decir que, en cierto sentido, está inspirado por su espíritu sacerdotal. Nosotros, los tres sacerdotes familiares suyos: Vicente, Juan (q. e. p. d.), y yo, contagiados de su espíritu, hemos querido ofrecer a la Iglesia Diocesana esta Obra como expresión del valor de la oración y del dogma de la Comunión de los Santos que él nos comunicó en nuestra alma sacerdotal.” Y continúa: “Creemos que, con ello, ofrecemos a nuestra comunidad diocesana el espacio de una necesidad vital en la misma. Recuerdo, al respecto, las palabras de Juan Pablo II en su visita a España en el año 1982; La vida contemplativa ha ocupado y seguirá ocupando un puesto de honor en la Iglesia. Es necesario mostrar con claridad ¡as valores auténticos y absolutos del Evangelio en un mundo que exalta frecuentemente lo relativo y corre el peligro de perder el sentido de lo divino, ahogado por la excesiva valoración de lo material, de lo pasajero, que ignora el gozo del espíritu.
Espero que él, que amó ardientemente a esta Diócesis, proteja esta obra y aliente la sensibilidad y la generosidad de los fieles para llevarla en breve a feliz término.” 1
En distintas ocasiones, don Hipólito enmarcó, también, la iniciativa, cual obra de fe, en la Providencia de Dios. De ahí que, sin doblegarse a la “malicia del desaliento”, afrontara las dificultades de la ejecución del proyecto —algunas, quizás como para asustarse— interpretando que Providencia no significaba cruzarse de brazos u holgazanería o indiferentismo, sino trabajo, “poniéndonos a disposición con todo lo que somos y podemos, lo demás ya lo hace Él.”

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(Foto 1)
D. Hipólito Jorge ha escrito que el Monasterio de Nuestra Señora del Socorro, de Güímar, en cierto sentido, está inspirado en el espíritu sacerdotal del Obispo D. Domingo Pérez Cáceres. Esta fotografía se hizo el día de La ordenación de Diácono de D. Hipólito.

La titular del monasterio es Nuestra Señora del Socorro, por ser ésta, con tal advocación, la Patrona de la ciudad de Güímar.2

Además de haber sido inspirado por el espíritu sacerdotal del obispo don Domingo, según relataba antes su sobrino, el propósito firme de construir el monasterio adquirió cuerpo con motivo del Año Santo Mariano, declarado por el papa Juan Pablo II y por la Encíclica de éste “Redentoris Mater”. Acerca de su ubicación: se halla emplazado en La Asomada, a la altura de la zona de Chinguaro, en una de cuyas cuevas fue venerada la Santísima Virgen por los guanches, antes de su traslado a la cueva de Achbinico, o de San Blas, en Candelaria. El lugar güimarero de La Asomada es donde despiden y reciben a la imagen de la Virgen los que no hacen todo el itinerario, cuando es trasladada todos los años en septiembre, desde la Parroquia de San Pedro al sitio de la Aparición. A ese respecto, don Hipólito ha distinguido un “triángulo mariano”, con un vértice donde apareció la Virgen, otro en Chinguaro —donde fue venerada por los guanches— y un tercero en La Asomada.



(Foto 2)


Ya como Obispo Emérito de la Diócesis Nivariense,

D. Damián Iguacen Borau recorrió el Monasterio, del que había firmado su primer Decreto en 1988.


Ya a principios de 1988, don Damián Iguacen Borau, entonces obispo tinerfeño, firma el primer nombra-miento en relación con las obras. Dice, literalmente, lo siguiente:
Damián Iguacen Borau, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Tenerife.
Por el presente tenemos a bien autorizar, delegar y nombrar Administrador de la construcción del Monasterio Nuestra Señora del Socorro, en Güímar, al M. I. Sr. D. Hipólito Jorge Dorta, Canónigo y Párroco de La Santa Iglesia Catedral de La Laguna, con todas las facultades que se requieren en Derecho para que pueda proceder a la construcción del mismo, y pueda contratar arquitecto, aparejador, y realizar las operaciones financieras necesarias para terminar dicha obra. La Laguna, 10 de Marzo de mil novecientos ochenta y ocho. Por mandato de su Excía. Rvdma.” 3

Habrán de transcurrir cuatro años, sin embargo, para que comience la construcción del edificio.


(Foto 3)
El 26 de marzo de 1992, el Obispo D. Felipe Fernández García estuvo en el solar del futuro cenobio. Le acompañan D. Hipólito Jorge,

D. Pedro Modesto Campos Rodríguez, D. José Estévez Méndez y el arquitecto técnico D. Ángel Estévez Díaz.
La primera piedra
La bendición de la primera piedra, a cargo del prelado nivariense don Felipe Fernández García, tuvo lugar el 6 de mayo de 1992. Fueron padrinos de la ceremonia don Pedro Modesto Campos Rodríguez, ilustre tinerfeño natural de Güímar, y su esposa, doña Antonia Domínguez.

En aquella ocasión, don Hipólito pronunció, entre otras, las frases que siguen:


"Con profundo gozo y confiada esperanza en el Señor, colocamos hoy la primera piedra de lo que será, con la ayuda de Dios, el Monasterio de religiosos contemplativos Nuestra Señora del Socorro.
Este acto significa para mí, y también para mis dos hermanos sacerdotes, un motivo de consuelo y profunda satisfacción.
Un día, en nuestra Ordenación Sacerdotal, abrimos al Señor las palmas de nuestras manos para que fueran ungidas con su óleo y consagradas al servicio de Dios y de nuestros hermanos; Hoy le presentamos, como las, palmas de nuestras manos abiertas, este solar heredado de nuestros mayores, para que, mediante la Bendición de nuestro Pastor, sea un día él lugar en que el Espíritu unja en el amor divino a sus moradores con la consagración religiosa y la actividad de su oración.”
Más adelante diría:

“Jugando con la imaginación y tal vez movido por el narcisismo a mi tierra natal, siempre me he imaginado a este pueblo de Güímar como un Vaticano en pequeño: en el templo parroquial me imaginaba a la Basílica de San Pedro ostentando como cúpula el pico de Cho—Marcial, flanqueada a ambos lados por esa columnata de Bernini que son las laderas que configuran este Valle; y al centro, como si fuera el Obelisco Vaticano, emerge la Montaña Grande. Echaba de menos la fuente. Y eso quiere ser este Monasterio. Una especie de surtidor que, desentrañando las ansias de perfección que anidan en el corazón de muchos hijos de esta tierra, las impulsen hacia el Cielo, en un gesto de perenne oblación al Señor, y caigan después sobre estas tierras volcánicas, refrescándolas con el agua de su donación fraternal, hecha hospitalidad y amor, qué alegren el ambiente con el murmullo de sus salmodias.

Es para mí también un motivo de alegría ofrecer a la Comunidad Diocesana un lugar para religiosos contemplativos, que sería el primero que se erige en esta Diócesis desde la Evangelización de las Islas. Que recoja y estimule las posibles vocaciones, tan necesarias en la Iglesia, de hombres contemplativos y que al mismo tiempo sea un lugar de sosiego e incluso de difusión de cultura religiosa, como suelen ser todos los Monasterios.”
Manifestó, finalmente:

“Agradezco al señor Obispo y a la Diócesis que haya acogido este profundo deseo mío, que considero del Señor. Que la santísima Virgen del Socorro, bajó cuya advocación colocamos este lugar, nos ayude a llevar a cabo esta obra que emprendemos, suscitando la generosidad de tantos fieles sensibles para con esta actividad importante y fundamental en la Iglesia, y nos proteja a todos, siempre bajo su manto Maternal.”

El prelado tuvo palabras de agradecimiento, de aliento y esperanza ante la nueva realidad espiritual, y bendijo la primera piedra.

De aquel acto emprendedor se hicieron eco distintas publicaciones especializadas. Entre otras, las revistas y 4


También en el seno de la Diócesis, y en el mismo año 1992, el obispo don Felipe, en uno de los escritos que publicaba con frecuencia los domingos, en los periódicos tinerfeños aludía al monasterio. Contaba ya con él. Fue a propósito del Día de los Conventos de Clausura y bajo el título “En el silencio...”
Comentaba monseñor Fernández García:

“Así reza el lema Día pro orantibus. Un Día en favor de quienes hacen de la oración parte consubstancial de su vida. Un Día en favor de religiosos y religiosas de vida contemplativa, de monjes y monjas que viven en monasterios.


En el silencio...

Vivimos rodeados de ruido: ruido de coches, máquinas, televisores, radios, casetes...Cada vez es más difícil encontrar un rincón de silencio exterior. Es ya casi un milagro poder parar a escuchar el silencio.

Pero hay un silencio más difícil de lograr: el silencio interior. En el propio corazón. Silencio de las pasiones, caprichos, vanidades, evasiones, turbaciones, desasosiegos... Mo es fácil hoy poder vivir, como cantaba San Juan de la Cruz, estando ya mi casa sosegada.

En el silencio...

Lo viven los monjes y las monjas. En los monasterios. Se respira. Pero lo necesitamos todos. Para coger hondura. Para madurar cualquier proyecto. Tal vez -escribía don Miguel de Unamuno- lo que haya en mis trabajos de puro, de limpio, de bueno, es lo poco que ha brotado del silencio, algo como aquel pasaje de mi novela en que la madre ruega a la Virgen por su hijo muerto en campaña, pasaje que lo maduré visitando la basílica de Santiago en silencio y solo.
En el silencio...

Lo necesitamos todos. Para encontrarnos con Dios. Para poder escuchar la música callada. Para orar. Necesitamos encontrar a Dios —afirma la Madre Teresa de Calcuta—y no podemos encontrarle en el ruido y en la inquietud. Dios es amigo del silencio.


En el silencio...

Los monasterios están ahí. Cuatro en nuestra Diócesis: Clarisas y Dominicas en La Laguna, el de las Concepcionistas en Garachico, el de las Cistercienses en La Palma. Dos más se están construyendo: de Dominicas en El Hierro v de monjes Benedictinos en Güímar. Otro parece despuntar en el horizonte: de Carmelitas Descalzas en Tacoronte.


Merecen un recuerdo, una oración, una ayuda. Aunque sólo fuere porque nos sensibilizan sobre la necesidad del silencio.

Los santos—escribía H. Bergson— sólo tienen que existir; su existencia es ya una llamada. ”


(Foto 4)


El prelado de la Diócesis, monseñor Fernández García, bendijo la primera piedra del Monasterio.

Concluía el Pastor diocesano:

“Los monasterios —me digo— sólo tienen que existir; su existencia es ya una llamada, un norte, un estímulo.

Y ahí están.. .En el silencio... Para todos nosotros.

¿Pensamos un poco en ellos este Domingo de la Santísima Trinidad, Día pro orantibus?”5
El solar, de unos 12 mil metros cuadrados, era propiedad de la familia Jorge Dorta. La superficie prevista para construir, un total de 2.233 metros cuadrados, abarcaría dos amplias plantas. Con. Estas dependencias iniciales: capilla, dé 400 metros cuadrados; claustro, sala capitular, biblioteca, talleres de trabajo, comedor, cocina, lavandería, habitaciones para recibir visitas, sala de conferencias y reuniones, garajes...Y 13 celdas, más una hospedería de 15 habitaciones, 2 de ellas para matrimonios. Además de huertas para paseos, mantenimiento de árboles frutales y cultivos variados.

El arquitecto don Antonino Jorge Bilbao redactaría los planos del edificio y la dirección de las obras estaría a cargo del aparejador don Ángel Estévez Díaz. El presupuesto global rondaba los 200 millones de pesetas.



Benefactores y papeleo
Desde que el alma del Monasterio, don Hipólito Jorge, se vio plenamente arropado por sus dos hermanos sacerdotes e inició sin demora la divulgación de la iniciativa, recibió inestimables colaboraciones. Entre los bene-factores, cita, los primeros, a los técnicos don Antonino y don Ángel.
También menciona a la familia de doña Rosa Elvira González Pérez. Y no olvida a un grupo de médicos y farmacéuticos: hasta uno de ellos obsequió al Monasterio con una finca colindante. Ni tampoco omite donativos, como el de 400 mil pesetas, que entregó el también sacerdote don Ramón Padilla Brito en nombre de su entonces parroquia de Tejina.


(Foto 5)


D. Ramón Padilla entrega a D. Hipólito el donativo de 400 mil pesetas que hablan reunido los feligreses- de la Parroquia de Tejina.

Las donaciones de personas particulares y los desembolsos del patrimonio de los hermanos Jorge Dorta cubrieron, finalmente, las estimaciones presupuestarias. Ha de precisarse que, salvo la devolución del importe de las tasas, por licencia de obras, por parte del Ayuntamiento de Güímar, las instalaciones del cenobio no han recibido subvención alguna de dinero público.

Del primer hecho, tenemos constancia documental, a través del borrador del escrito dirigido a doña Vicenta Díaz Sáenz, alcaldesa güimarera, el 8 de mayo 1998, en el que don Hipólito Jorge Dorta le dice:

“Distinguida señora: El objeto de estas líneas es expresar mi gratitud y acusar recibo de la devolución de lo que pagué por el permiso para construir el Monasterio de Nuestra Señora del Socorro de esta Ciudad de Güímar.

Reiterándole mi gratitud a esa Corporación y a su digna Presidencia, le saluda atentamente.” 6
En cuanto al quehacer burocrático, sin frutos conocidos, no es que don Hipólito anduviera remiso a formalizar instancias. Porque, en fin, alcanzó para el Monasterio:
1. La declaración gubernamental de “Obra de Interés Social y Cultural”, conforme resulta del expediente administrativo número 03/1825/89, tramitado en la Consejería de Política Territorial del Gobierno de Canarias.
2. El reconocimiento, de la Viceconsejería de Cultura y Deportes, “de su indudable interés social”, destacándose, además su “valor cultural”.

No obstante, ninguna petición resultaría atendida, por más que la apoyara en tales antecedentes. O que invocase el amparo dé lo dispuesto en el Decreto 18/1991, de 21 de febrero, del Ejecutivo autonómico, respecto al Régimen General de Ayudas y Subvenciones en la Comunidad Canaria a finalidades de interés público o social. Ni siquiera hallándose el Monasterio en supuestos protegibles del Patrimonio Histórico.



II
La “jaula”,

al ritmo adecuado

En septiembre de 1993, los cronistas de Güímar reflejaban que la estructura del monasterio estaba terminada y que por la parte sur ya habían comenzado a colocarse las primeras tejas del techo7 . La ilusión del artífice de la “jaula”, don Hipólito, era inconmovible, al igual que el trabajo desplegado. Aunque, en ocasiones, fallaran determinados apoyos económicos de las instituciones públicas civiles.



Homenajes de la Ciudad
Podría afirmarse que, junto a los sinsabores, también, entre 1994 y 1996, hubo exponentes de aprecio hacia el gran empeño espiritual, contemplativo, que nos ocupa y en abono de sus actores. De su protagonista principal.
Con un año de retraso, el Ayuntamiento de Güímar homenajeaba a varios de sus hijos predilectos, el 9 de junio de 1995. Entre los distinguidos se encontraban los hermanos sacerdotes Jorge Dorta, que recibieron la Medalla de Plata de la Ciudad. En aquella ocasión, don Hipólito, dirigiéndose a los miembros de la Corporación, otras autoridades y amigos, empezó diciéndoles:
“Un acto de este género viene a ser como una operación a corazón abierto, que deja descubiertos los sentimientos entrañables que, en este momento, palpitan dentro del alma.

Nuestro primer sentimiento es de gratitud. Gratitud en nombre propio y en el de mi hermano Vicente, y también con el recuerdo emocionado de nuestro hermano Juan.


Gracias al Excmo. Ayuntamiento de este, mi pueblo de Güímar por la concesión de esta honrosa distinción, y gracias también a cuantos se han adherido a la misma con su presencia y sus manifestaciones de afecto.” 

(Foto 6)


El alcalde en funciones de Güimar, D. Rigoberto González, y miembros de la Corporación en la entrega de las Medallas de Plata de la Ciudad a tos hermanos D. Hipólito y D. Vicente.

(Foto 7)


“El segundo sentimiento—continuó, con emoción sentida-^ es de gozo. Un gozo estimulante. Por muy convencido que un hijo se sienta del cariño de su madre, siempre experimenta interiormente algo nuevo cuando recibe de ella una palabra de afecto o un gesto significativo. Amo a mi pueblo de Güímar, con el amor filial y entrañable con que se ama a la patria chica. Su nombre y su tierra envuelven los tesoros más ricos de nuestro ser: la vida, la fe, los padres, la vocación, la amistad. Este gesto es, pues, como una caricia materna que estimula la alegría de vivir.
Y un tercer sentimiento: de perplejidad. ¿Qué hemos hecho nosotros de especial para merecer esta, tan delicada y honrosa distinción? La vista y el recuerdo me presentan a tantos paisanos ante los que, por la entrega incansable a sus responsabilidades, por su espíritu de servicio, sus arraigadas virtudes, su abierta amistad, me siento pequeño. Nosotros, los tres hermanos sacerdotes, únicamente hemos tratado de ser fieles a nuestra vocación de servicio a Dios y al prójimo, con el espíritu que marca nuestra condición sacerdotal y con el talante que hemos aprendido de la gente de nuestro pueblo, que tiene su paradigma en el siempre recordado Don Domingo Pérez Cáceres. Esta ha sido la pauta que hemos seguido en nuestro ministerio sacerdotal, ejercido en el Seminario, en las Parroquias, en la Catedral y en la Curia Diocesana, conscientes de que, tratando de vivir en fidelidad, se agrada a Dios, se sirve a los hombres y se honra al pueblo que nos vio nacer.”
Y en el tramo final de la intervención, llegó un más que esperado recuerdo:

“Ha sido este espíritu lo que nos impulsó a los tres hermanos sacerdotes a emprender la construcción de un Monasterio de varones, aquí en nuestro pueblo, sobre un terreno recibido de nuestros padres. Que ya puede contemplarse como una prometedora realidad.

Estos lugares vienen a ser en la geografía como focos de irradiación espiritual, cultural y artística, que benefician y prestigian a los pueblos y comarcas en que se encuentran. Esta ilusión abrigamos, con este Monasterio, para nuestro pueblo.

He querido que sea el corazón el que hable, y él tiene las últimas palabras: gracias y que Dios os lo pague.” 8


El veterano corresponsal don Domingo Chico resaltaría, pocos días después, el caso “ciertamente llamativo” y “simpático” de los tres hermanos sacerdotes. Y de cómo las expresiones de don Hipólito, “pronunciadas casi con ternura, calaron en el atento auditorio como una bendición: su condición de padre espiritual volvía a ponerse otra vez de manifiesto.” 9
Camino del Monasterio
Un quinquenio más tarde, en el año 2000, el Ayuntamiento de Güímar daba el nombre de los Hermanos Sacerdotes Jorge Dorta a la calle que conduce al Monasterio. El 8 de julio de aquel año don Hipólito y don Vicente dirigían al alcalde y al Consistorio de su Municipio este mensaje:

“Con el espíritu sobrecogido y la emoción abrumando nuestra natural modestia, queremos hacerle llegar a V. I. v Excma. Corporación la genuina

Expresión de nuestro sincero agradecimiento por el alto honor que se ha dignado dispensarnos el Ayuntamiento Pleno de esta nuestra Ciudad, en su sesión ordinaria del pasado día 25 de mayo último, acordando la nominación de < Hermanos Sacerdotes Jorge Dorta> para la vía de acceso al Monasterio de Nuestra Señora del Socorro.

(Foto 8)


Miembros del Consistorio güimarero y otros vecinos durante la dedicación de la vía por la que se accede al Monasterio a los “Hermanos Sacerdotes Jorge Dorta”.
La humildad, cimentada en nuestra sencillez familiar y bonhomía güimarera de siempre, nos impele a reconocernos sin merecimientos para tal distinción; pero a la vez nos anima a aceptarla por su procedencia —que no es otra que la generosa voluntad de todos los miembros de la Corporación— y por su significado, que interpretamos como un gesto reverencial hacia el Sacerdocio, que abrazamos desde la juventud los tres hermanos, con la cristiana orientación y apoyo de la honda fe de nuestros padres.

Nuevamente gracias, Sr. Alcalde, y el atento saludo que esperamos poder presentarle personalmente en breve”10


Y, en efecto, con motivo de la tradicional subida, la imagen de la Virgen del Socorro paró ese año 2000 en la entrada de la calle, en la que se descubrió la placa con el nombre mencionado. Don Hipólito Jorge, agradecido, describió de este modo la excepcionalidad del acto:

“Con toda la emoción que nos transmite este especial momento y esta singular escena, presidida por la entrañable imagen de Nuestra Señora del Socorro, quisiéramos poder expresar públicamente la gratitud, el reconocimiento y la deuda moral que nos hace sentir y asumir, a mi hermano Vicente y a mí, el alto honor que el Ayuntamiento,. en nombre de nuestra Ciudad, nos otorga en la dedicación de esta Vía a los

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