México, D. F., 13 de mayo de 2009. Versión estenográfica de la Mesa 1: Iglesia, Estado y sociedad. Marco jurídico y libertad religiosa, durante los trabajos de las Jornadas de Historia “Iglesia, Independencia y Revolución”



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México, D.F., 13 de mayo de 2009.
Versión estenográfica de la Mesa 1: Iglesia, Estado y sociedad. Marco jurídico y libertad religiosa, durante los trabajos de las Jornadas de Historia “Iglesia, Independencia y Revolución”, organizado por la Universidad Pontificia de México y llevado a cabo en el auditorio de dicha Universidad, en esta ciudad.
Presentador: Vamos a dar inicio a esta mesa. Cabe señalar que iniciamos con la segunda parte de nuestras Jornadas de Historia. En la anterior reflexionábamos sobre la presencia de la iglesia en el movimiento de Independencia y en este segunda parte la línea temática que se nos propone es ver la Revolución Mexicana y su relación con la iglesia.
Esta primer mesa lleva por título “Iglesia, Estado y Sociedad. Marco Jurídico y libertad religiosa”.
Es moderada por el doctor Mario Ángel Flores Ramos, profesor de la Universidad Pontificia de México, del Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos y Director de la Comisión de Cultura de la Arquidiócesis Primada de México, a quien le cedo la palabra.
Sr. Mario Ángel Flores Ramos: Muchas gracias. Me da mucho gusto compartir esta mesa con especialistas del prestigio y amplio conocimiento académico en los temas de derechos humanos, de libertad religiosa y conocedores de la historia y la jurisprudencia mexicana.
Debo decir además que tengo el privilegio de contar con la amistad de ellos y de mi parte cuentan con el mi más amplia consideración por sus trabajos e investigaciones en los temas que nos ocupan.
El marco de fondo de nuestra reflexión es la Revolución Mexicana. Uno de los capítulos más controvertidos y significativos de nuestra conciencia y de nuestra historia. Por una parte están los hechos que la motivaron, la Dictadura Porfirista y la injusticia social imperante.
Por otra parte están los acontecimientos en los que se desenvuelve, que pone al desnudo el alma mexicana: Violencia, traiciones, falta de proyectos, inconsistencias, movimientos populares con una enorme carga de generosidad y de entrega, la presencia siempre importante de la mujer mexicana y su carácter invencible, idealismos utopías, líderes mesiánicos, políticos corruptos, héroes y villanos envueltos en los mitos y leyendas al más puro estilo del surrealismo mexicano.
A esto debemos añadir el apéndice revolucionario, constituido por el movimiento popular en defensa de la religiosidad mexicana, no siempre apoyado y comprendido en su momento por la jerarquía eclesiástica.
Finalmente, está la interpretación de todos estos acontecimientos a partir del Estado revolucionario y sus distintos caudillos, hasta llegar al agotamiento del esquema hacia la última década del siglo XX.
Muchos son los aspectos positivos que podemos destacar de la implementación de la ideología postrevolucionaria tanto en la cultura como en la política y el desarrollo económico del México del siglo XX: Los muralistas, los escritores, los poetas, los grandes diplomáticos, la cinematografía, los empresarios exitosos. Pero queda pendiente la motivación fundamental de tal revolución: La democracia y la justicia social.
Muchos son también los aspectos negativos que podemos señalar de toda esta época del régimen mexicano autoritario: La corrupción, el paternalismo, el corporativismo sindical, la manipulación social, la falta de libertad de expresión, la dobles ante las leyes vigentes y las prácticas imperantes.
Hemos tenido que llegar hasta la agonía del régimen revolucionario para vislumbrar la democracia, y no hemos visto todavía una salida fácil para alcanzar la justicia social.
Uno de los temas pendientes de la democracia y la participación social ha sido el de la libertad religiosa, junto a ello con otros derechos fundamentales. Desconocidos de facto por la Constitución liberal del siglo XIX y ratificadas sin más por el Constituyente del 17. Aquí queremos centrar la reflexión de esta mesa en el marco de tantos otros temas de la llamada Revolución Social de México.
Esta mesa “Iglesia, Estado y Sociedad, Marco Jurídico y Libertad Religiosa”. Escucharemos, en primer lugar, la reflexión del maestro Raúl González Schmal, “La regulación del fenómeno religioso en la Constitución del 17”.
Tiene la licenciatura en derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, la maestría en derecho otorgada por la Universidad Iberoamericana y una maestría en derecho constitucional, que obtuvo en la UNET de España.
Es candidato a doctor en derecho por la UNET España y doctorando en derecho eclesiástico del estado por la Universidad Pontificia de México.
Ha sido director del Departamento de Derecho de la Universidad Iberoamericana, miembro del Capítulo Mexicano de la Academia Iberoamericana de Derecho Constitucional.
Es miembro del Consejo Directivo del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, participa en el Consejo Editorial de las Revisas Cuestiones Constitucionales de la UNAM, Jurídica de la Ibero, Cuestión Social y Signo de los Tiempos del Indosop, Revista Iberoamericana del Derecho Eclesiástico, del Consorcio Iberoamericano de Libertad Religiosa.
Entre sus publicaciones destacan Derecho Eclesiástico del Estado Mexicano, editado por Porrúa, Programa de Derecho Constitucional del sello Noriega Editores y de la Iberoamericana, la libertad religiosa en el convenio europeo de derechos humanos, Porrúa.
Además, autor de números artículos y capítulos de libros en obras colectivas, nacionales e internacionales.
Ponente en números congresos, conferencista en muchas instituciones, se desempeña actualmente como profesor numerario de derecho constitucional y derecho eclesiástico del Estado Mexicano, en la Universidad Iberoamericana.
Doy la palabra al maestro Raúl González Schmal.
Sr. Raúl González Schmal: Agradezco en primer término, muy cumplidamente a la Universidad Pontificia de México y a todas las instituciones que se unieron para convocar y organizar estas jornadas de historia, en especial, al director de la Facultad de Historia, al doctor Juan Carlos Casas García, quien ha hecho una magnifica labor de organización y de coordinación.
Agradezco también, la presentación del doctor Mario Ángel Flores y pues, simplemente aclarar que cuando él mencionó que era yo doctorando de la Universidad Pontificia de México, pues más bien diría yo que soy fosilando de la Universidad, pues porque ya ha pasado mucho tiempo y nada de que concluyo.
Le decía yo en alguna ocasión, al doctor Jaramillo, que como no me den el doctorado ya muy próximamente y como sigan pasando los años y siga bajando yo de peso, pues me lo darán ya ante la presencia de San Pedro.
Bueno, también me siento muy alagado y muy honrado de alternar con dos, eso sí auténticos historiadores, amigos, la doctora García Ugarte y el doctor Jorge Adame Godar.
En el tema que pretendo desarrollar, “La regulación del fenómeno religioso en la Constitución de 1917” se ponen dos términos en relación con el enunciado de mi tema, por una parte el fenómeno religioso y por la otra, la Constitución Mexicana vigente.
A partir de estos dos datos, mi objeto sería intentar explicar el cómo, el qué, el por qué y para qué, el Estado por medio de su ley fundamental establece determinadas normas jurídicas que van a regular tales o cuales aspectos del hecho religioso.
Sobre esto hay una pregunta previa que es preciso responder, tiene competencia el estado para regular el fenómeno religioso y suponiendo que la respuesta fuera afirmativa, la siguiente pregunta sería: la competencia del estado es ilimitada para regular el ejercicio de la religión o en otros términos, en función del ejercicio de su soberanía, solamente el estado podría autolimitarse en materia religiosa o bien el propio estado y hablamos del estado de derecho obviamente, está limitado en forma inmanente en su competencia.
Para legitimar su función debe sujetarse a valores y principios supra constitucionales incontrovertibles, hay que empezar por establecer como lúcidamente lo hace Javier Almada, el supuesto teórico de que la regulación del fenómeno religioso por parte del ordenamiento constitucional del estado no se legitima porque el estado tenga competencia directa o interna en materia religiosa.
En línea de principio el estado carece de esa competencia directa o interna en materia religiosa, dónde puede estar entonces la competencia del estado en esta materia religiosa, la competencia aparece cuando el fenómeno religioso da lugar a relaciones jurídicas o son propias de la comunidad política y civil o tienen relevancia en ella, de ahí que el derecho constitucional de la religión, no tenga por objeto el fenómeno religioso en sí, sino la proyección civil, la proyección externa, la proyección social del fenómeno religioso.
Nos encontramos entonces con que lo religioso en su vestimenta social es objeto de normas propias y autóctonas por parte de las confesiones religiosas entre las que destaca la iglesia católica, normas que reciben en este caso el nombre tradicional de derecho canónico, pero el fenómeno religioso puede también puede ser objeto del derecho del estado en cuanto a que tiene relevancia civil, que es aspecto propio de la competencia del estado y entonces estamos en presencia del derecho eclesiástico del estado, cuya única doctorado en América Latina está aquí en la Universidad Pontificia.
El factor religioso entonces tiene una especificidad propia que lo diferencia de los otros fenómenos sociales, es autónomo y previo al estado y exige un estudio y tratamiento jurídico desde perspectivas formales propias que es lo que justifica la autonomía de toda disciplina jurídica.
Pues bien, de lo que se trata ahora es de analizar ese hecho religioso, ese hecho social religioso desde la perspectiva jurídica, la tendencia natural asociativa del sentimiento religioso es un principio antropológico y sociológico que se encuentra expresado por ejemplo, no solo en la sociología general, en la sociología religiosa, sino concretamente por ejemplo en un documento del Concilio Vaticano II, la dictates humane que dice: las comunidades religiosas son exigidas por la naturaleza social, tanto del hombre como de la religión misma.
Recapitulando diríamos que la relevancia jurídica del hecho religioso va inscrita en la relevancia social, hay un antiguo aforismo que lo conoce por supuesto el doctor Adame Codar como gran romanista y latinista que es que dice: hube societas ibijus, donde está la sociedad es un principio, jurídico y sociológico, donde está la sociedad está el derecho, porque el derecho es el que estructura al grupo social y lo organiza.
La teoría de los ordenamientos jurídicos primarios de Santi romano, produjo la obsolescencia de los planteamientos liberales decimonónicos, en el modo de plantear las relaciones entre la iglesia y el estado, teoría y autor que por cierto es poco conocido en México, ni siquiera se ha publicado, no obstante que es de principios del siglo pasado, su obra en México ni en América Latina, me parece.
Conforme a dicha doctrina, los ordenamientos jurídicos primarios, el derecho canónico, lo propio cabe decir del ordenamiento de otras confesiones religiosas, no puede considerarse derecho estatal, ni siquiera a títulos de estatutos de una asociación privada, sino un derecho distinto del estado.
Con arreglo a esta doctrina el derecho canónigo, por decirlo de alguna forma, sube de categoría, pasar a ser considerado, independiente, soberano, pero precisamente por tener esas características, por ser un derecho no estatal el Estado no tiene por qué aplicarlo del mismo modo que el Estado no aplica las normas de un país extranjero.
Si bien se habla de la soberanía del Estado y de la soberanía de la iglesia, esta expresión tan a veces polémica, ambigua, polivalente que es el de la soberanía, los norteamericanos son tan prácticos que no la utilizan en su Constitución y en su Derecho Constitucional, pero nosotros estamos dentro de este esquema y esta tradición, yo recuerdo, perdóneme la digresión, que estaba yo estudiando derecho cuando anunciaron una conferencia del maestro Manuel Herrera Hilazo, en mi opinión pues es el más grande constitucionalista que ha habido en México en el Siglo XX, junto con Francisco Pena Ramírez, en mi modesta opinión y además un gran expositor, un gran orador. Y entonces se anunció la conferencia de él como: La Soberanía del Estado o el Estado y la soberanía.
No creo exagerar si les digo que me impactó tanto y por otra razón que ustedes en un momento van a saber, que casi les puedo repetir la conferencia, llegó el maestro, ya estaba en sus últimos años, se fue a la tribuna, al podium y entonces después de desparramar la vista, de crear esa sensación que creaba él, ese hálito de gran orador dijo: me han pedido que desarrolle el tema del Estado y la soberanía y yo les digo que hablar de soberanía del Estado es una verdadera estupidez, porque el único que tiene la atribución de la soberanía es Dios.
El Estado, señoras y señores, no es más que la sociedad dividida entre gobernantes y gobernados.
Muchas gracias.
Se acabó la conferencia, eso fue todo cuando pensamos que iba a empezar, y entonces yo puedo decir que asistí a un record Guiness de la micro-conferencia más breve que se ha hecho en la historia.
Entonces, tengo que saltar y saltar, yo mismo me metí un gol.
Entonces, a la luz de todas estas consideraciones y otras que les ruego que las intuyan porque no las puedo explicitar, a todas las anteriores consideraciones teóricas entorno al factor religioso y la ciencia jurídica o más sencillamente entre la religión y el derecho, procede ahora abordar el estudio de cómo se vincularon ambas realidades sociales en el ordenamiento jurídico constitucional de 1917, reexaminar la forma en que Constitución de 1917 ha regulado el hecho social de la religión en sus dos épocas atingentes a la materia, la del texto original de 1917 y las reformas de 1992, que no van a ser objeto del estudio de su contenido; pero entonces hay que aclarar esto: es la misma Constitución formal, con dos esquemas, con dos modelos, con dos marcos jurídicos respecto a la regulación de la materia religiosa.
¿Cuál fue la visión sobre esta materia del Constituyente de Querétaro que se plasmó en la Constitución que emanó de él y específicamente de la religión católica y de la iglesia católica? No sería empero adecuado metodológicamente abordar de lleno el texto original de la ley fundamental de 1917, sin conocer los antecedentes históricos inmediatos que la condicionaron.
El estudio del derecho constitucional debe hacerse conjugando el método sistemático con el histórico, ningún derecho está tan necesitado de la visión histórica como el derecho constitucional y especialmente el derecho constitucional de la religión o derecho eclesiástico del Estado.
Nadie ignora que la Constitución de 1917 es un producto histórico de la denominada Revolución Mexicana.
Paradójicamente hablando del preámbulo del Constituyente de Querétaro, las celebraciones del Centenario de la Independencia marcaron el inicio del desplome del Porfiriato y el proceso que marcaría su descenso en unos años más.
El primero de julio, en la ciudad de San Luis Missouri, los opositores integrados en el Partido Liberal Mexicano, lanzan su programa del manifiesto del Partido Liberal Mexicano en el que además de los puntos en materia de reivindicaciones sociales, que ese no es un tema en el que me tenga que meter se proponía, entre otros puntos atingentes a la cuestión religiosa, la multiplicación, cito, de escuelas primarias y la clausura de las que pertenezcan al clero.
Viene después el Plan de San Luis con dos Francisco I. Madero, que prácticamente no menciona, para nada, la cuestión religiosa. Pero ya en su libro de “La sucesión presidencial”, encomia la figura y la actuación de Porfirio Díaz por los gestos de reconciliación de cierta tolerancia, modus vivendi entre la iglesia y le Estado durante la época del Porfiriato.
José Miguel Romero de Solís señala que Madero manifestó a algunos prelados que estaba personalmente convencido de la inviabilidad de las Leyes de Reforma. Lo mismo expresó, agrega dicho historiador en su campaña electoral por Durango, cuando se pronunció en contra de dichas leyes, rompiendo así con la tradición del liberalismo mexicano que las tenía por sagradas e intangibles.
Quirarte, a su vez comenta que durante le régimen maderista la iglesia y los católicos gozaron de mayor cantidad de libertades, pues Madero quiso lograr para México un régimen político digno de un país civilizado. A Martín Quirarte me estoy refiriendo en el problema religioso y que también los trata en su libro “La visión de la historia de México”.
Madero, por su parte, dice Jean Meyer, había alentado a los católicos mucho antes de llegar al poder. El 10 de diciembre escribía: La unión de ustedes con nosotros aumentará la fuerza y el prestigio de ambos partidos.
Viene entonces al triunfo de Madero, y con esta actitud positiva hacia los católicos la fundación en 1911 el Partido Católico Nacional. Por primera vez los católicos se asocian, se reúnen en un partido político formal y en las primeras elecciones en las que participan obtienen un éxito realmente inesperado, porque obtienen o ganan tres o cuatro gubernaturas, varias senadurías, varias diputaciones federales y locales.
Vendría después, abrevio muy rápidamente, desgraciadamente la usurpación de Victoriano Huerta, que trató de cobijarla bajo formalismos constitucionales desde un punto de vista de la técnica constitucional, pues fue perfecta, no les digo por qué, porque también me agotaría ya el tiempo. Pero todas las formalidades que establecía la Constitución se siguieron, y entonces llegó como un Presidente desde el punto de vista estrictamente jurídico constitucional, como un Presidente legítimo. Desde el punto de vista de la moral y de la ética política, naturalmente fue un usurpador que se valió de toda una serie de elementos para consumar su traición, no se le puede llamar de otra forma.
Viene entonces la usurpación de Victoriano Huerta y va a derivar en una división del Partido Católico, no me voy a meter en esto, además porque mañana, tengo entendido, que uno de las políticas va a desarrollar el tema del Partido Católico. El hecho es que el Partido Católico se dividió. La mayor parte estuvieron en favor de Madero, la mayor parte de los obispos inclusive el golpe de Huerta, aunque la carta que recupera Meyer, la carta de los obispos, que creo aquí el doctor Adame me corregirá se dictó se expidió en la dieta de Zamora, que estaba celebrándose por esos días. Otra parte estuvieron en favor de Huerta.
El hecho es que la percepción más generalizada fue en el sentido de que sin hacer distinciones los católicos estaban en favor de Huerta. Dice, precisamente, Adame Goddard, la mayoría de los políticos maderistas, pero el apoyo dice Adame, que estos católicos prestaron al gobierno de Huerta no puede concluirse, que todos los católicos en bloque simpatizaron con el huertismo.
La mayoría de los políticos maderistas –sigue diciendo Adame-, pensaban como Luis Cabrera, nada menos que como Luis Cabrera el mayo ideólogo de la Revolución y desde luego, ideólogo del carrancismo lo traslada, hasta le da la declaración a su libro el doctor Adame, el 5 de marzo de 1913 publicada en “El Imparcial” dice:
“Creo que si el gobierno provisional –o sea, el gobierno de Huerta- salva al país de complicaciones internacionales y adopta de lleno una política de reformas, hará la paz y podrán perdonarse de los hechos. Esto decía Luis Cabrera y por otro lado, todos los poderes federales: el Poder Judicial, el Poder Legislativo, el Ejército, los gobernadores de los estados con excepción del de Coahuila, todos apoyaron a Huerta, todos aceptaron las renuncias que habían obtenido mediante la violencia respecto de Madero y Pino Suárez.
Triunfa en un momento dado, la facción carrancista. Como sabemos, una vez que Huerta se apodera del gobierno, Venustiano Carranza lo desconoce, se levanta en armas y se constituye el Ejército Constitucionalista y entonces, en este momento, va a empezar a tener triunfos, pero también va a fraccionarse los grupos revolucionarios,
Y entonces, están por un lado, los carrancistas, los villistas, los zapatistas, los orozquistas, los gonzalistas –que no era pariente mío- y otros muchos, al grado de que cuenta este historiador José Valadez, que en alguna ocasión él le pregunta a un cabo del Ejército Villista, ¿Qué por qué estaba ahí?, ¿Qué por qué pertenecía a las huestes villistas si él lo había conocido en las huestes carrancistas?
Y le dice: “mire, patrón. Todos somos de los mesmos, na'más que andamos un poco devedidos”.
Bueno, entonces, esta fue la situación real, la fractura de las fuerzas revolucionarias, el millón de muertos que dicen que costó la Revolución fue después, paradójicamente, de que había triunfado la Revolución, el millón de muertos fue de 14 a 16.
Antes había habido 25 mil muertos, que son muchos muertos, pero no tienen nada que ver con el millón que vinieron después entre las propias facciones revolucionarias.
Para beneficio de ustedes, voy a referirme nada más al último tramo previo, inmediatamente, a las reformas del Constituyente de 1992, Constituyente Permanente que le llaman, constituyente originario es el que hace la Constitución, del que emana la Constitución y el que reforma la constitución, como saben, se le denomina “Constituyente Permanente” o “constituyente derivado” o “constituyente instituido”, de muchas formas, pero al fin y al cabo constituyente.
Algunos, para mí, de los hechos más relevantes sobre la cuestión religiosa que desembocaron en las reformas constitucionales de 1992 son los siguientes:
En primer lugar creo, en 1970, que por primera vez un Presidente de México, en este caso, don Luis Echeverría va al Vaticano a ver, a visitar al Papa. No había relaciones, por supuesto, no había reconocimiento de la iglesia, pero Echeverría, pues, toma la decisión de ver al Papa, inclusive, se contaba y se sigue contando una anécdota que, naturalmente, no es real, pero que por otro lado, como que refleja muy bien la mentalidad y la fama de Echeverría de Presidente folklórico, dicen que cuando llegó a ver a su santidad, estaba así el piso muy bien encerado, y entonces el Papa le dijo: Bonasera señore Presidente, y que Echeverría le contestó: sí, muy buenas su Santidad, pero muy resbalosa.
El 21 de diciembre del 79 otra fecha crucial se confirma la primera visita del Papa, me interesó este dato, el Presidente López Portillo anota en su diario, López Portillo escribía un diario que después lo publica como sus memorias.
Bueno en este diario dice, hablando del 21 de diciembre de 79: se confirma que viene el Papa, en unos minutos recibo a Monseñor Prigione, la situación es complicada, la ley de cultos, la devoción del pueblo, los masones, unos grupos de izquierda se oponen, los comunistas lo quieren, cual debe ser mi posición, cuales los actos que se autorizan, todo delicado y en gran caja de resonancia, se ve que estaba angustiado el presidente ante ese acontecimiento que le iba a tocar vivir.
El 26 de enero llega el Papa y López Portillo escribe en su diario: llegó hace unas horas el Papa, resolví recibirlo, pues era una gran cosa para quien dice que había perdido la fe a los 14 años por sus profundas lecturas Hegel, eso lo llegó a decir don José.
Llegó hace horas el Papa, resolví recibirlo, me llevé a Monsi, brevemente le di la bienvenida, le desee que su misión de paz, concordia y esfuerzo por la justicia tuviera éxito y lo dejé en manos de las jerarquías y de los fieles de su iglesia, parece que ha sido tremendo el recibimiento, en una hora el Papa llegará a Los Pinos, la mamacita del señor presidente le había pedido que llevara al Papa a Los Pinos y el presidente como era el 10 de mayo, día de la madre, le concedió esa petición.
Primero de diciembre de 1988, es la famosa toma de posesión de Carlos Salinas de Gortari, habían concluido las elecciones pues hasta ese entonces más competidas en la historia del país y una buena parte de los ciudadanos quizá la mayoría, percibían que no había ganado Salinas sino Cuauhtémoc Cárdenas y había pues algunas razones para esta conclusión, entre otras, es que por primera vez en la historia post revolucionaria en la historia del partido oficial, un candidato del PRI como fue Salinas, perdió en su ciudad, en México, perdió en su distrito y horror, perdió en su propia casilla.
Entonces como era posible que si en su propia casilla perdió, los chontales de Tabasco, abrumadoramente iban a votar por él; y entonces qué hace Salinas, invita a la jerarquía de la iglesia católica a presenciar su toma de posesión, se especuló que en realidad lo que necesitaba él, que lo hizo en función de dos razones, dos motivos primero que necesitaba legitimar su presidencia tan cuestionada y en segundo, como ahora se sabe, él tenía la decisión dentro de su esquema de la modernidad, como lo entendía él, de establecer relaciones diplomáticas con la Santa Sede sin modificar la Constitución Mexicana y eso lo hubiera podido hacer perfectamente en función de la personalidad jurídica de la iglesia.
El Papa le dijo: nones, o se reforma previamente la Constitución o no hay relaciones.
Llegamos al final del proceso y al final de mi perorata, el 28 de febrero de 1992, como saben, se expiden las reformas constitucionales, se reforman los artículos tabúes que veían sobre la cuestión religiosa que trataban la cultura religiosa, el artículo tercero, el artículo quinto, el artículo 24, el articulo 27, fracción II y IIII y el artículo 130 de la Constitución.
Varios meses después, en junio, se emite la ley de asociaciones religiosas y culto público, que es la ley reglamentaria de los artículos, no del tercero, porque el tercero tiene su propia ley reglamentaria, no del quinto, porque el quinto ya no tiene nada que ver con la materia religiosa, pero sí reglamentaria del artículo 24, del artículo 27, fracción II y del artículo 130. Concluye pues así el proceso que desarrolla a lo largo de 85 años para que surja un nuevo marco sobre la materia constitucional.
Indudablemente hay un cambio sustancial en la Constitución, indudablemente hay una modificación en el proceso histórico, como me parece que lo leí en la propia doctora García Ugarte, que ella enfatiza mucho en que efectivamente fue un cambio histórico en el país de mucha más relevancia de lo que en principio se puede pensar.
Ahora bien, de cualquier manera, no obstante el cambio, no se puedo o no se quiso llegar a la protección del derecho a la libertad religiosa que es todo el sentido que tiene el derecho constitucional de la religión, es decir, el derecho pleno a la libertad religiosa, esa inmunidad de conciencia de que habla el Vaticano Segundo, para que nadie pueda ser obligado a actuar conforme a su conciencia y nadie pueda ser obligado a actuar en contra de su conciencia.
Y termino diciendo que es muy necesario que tengamos en consideración que este derecho a la libertad religiosa no es únicamente derecho a la libertad religiosa de los católicos, como a veces se percibe, sino de todos. Es un derecho humano que está fundamentado en la naturaleza humana, esto lo dice el propio concilio Vaticano Segundo y que, por lo tanto, corresponde desde luego a los católicos, pero también corresponde a los cristianos no católicos, corresponde a los creyentes no cristianos y corresponde también a los no creyentes.
Gracias.
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