México, D. F., 14 de mayo de 2009. Versión estenográfica de la Mesa 8: Cultura y vida cotidiana de la Revolución y posrevolución, durante los trabajos de las Jornadas de Historia “Iglesia, Independencia y Revolución”



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México, D.F., 14 de mayo de 2009.
Versión estenográfica de la Mesa 8: Cultura y vida cotidiana de la Revolución y posrevolución, durante los trabajos de las Jornadas de Historia “Iglesia, Independencia y Revolución”, organizado por la Universidad Pontificia de México y llevado a cabo en el auditorio de dicha Universidad, en esta ciudad.
Presentador: En esta cuarta mesa, se abordará el tema “Cultura y vida cotidiana de la Revolución y post Revolución”.
Dicha mesa será moderada por el maestro Xavier Guzmán Urbiola de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México a quien cedo la palabra.
Sr. Xavier Guzmán Urbiola: Buenas tardes ya. Bueno, vamos a dar inicio a la última mesa, la mesa que tiene como tema “La cultura católica en el México de la Revolución y las postrevolución”.
Y en primer lugar, yo les voy a presentar al doctor Aurelio de los Reyes. Bueno, él obtuvo su título en el Colegio de México, estudió el doctorado en letras en la UNAM, en donde también obtuvo su licenciatura.
Ha sido catedrático en la Escuela de Historia de la Universidad Veracruzana, en la Facultad de Filosofía y Letras y fue coordinador del Departamento de Historia del Arte de la misma UNAM.
Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 3, entre sus libros que son muchísimo, sólo voy a mencionar algunos: “Los orígenes del cine en México”, “80 años de cine en México”, “Cine y sociedad en México”, “El cine en México 1896-1931”, “Filmografía del Cine Mudo Mexicana”, “Manuel Gamio y el cine” publicado éste por la UNAM, “Los Caminos de la plata” y “Programas de espectáculos públicos ilustrados” por José Guadalupe Posada. Esto es un resumen de sus libros, no está aquí uno excelente que yo recuerdo que se llama “No queda huella en mi memoria”, publicado por el Instituto de Investigaciones Estéticas.
En materia de investigación iconográfica, es muy reconocido su trabajo tanto en los libros de texto gratuito como en las biografías del poder que todo mundo conocemos, además, ha obtenido, ha curado una serie de exposiciones y ha obtenido una Diosa de Plata por la película “Una ciudad conocida”, recibió un Ariel de la Academia de Ciencias y Arte Cinematográficas en 1992, y un reconocimiento de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas también en el año 97.
Desde 1977 se desempeña como investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM y actualmente es investigador titular C de tiempo completo. Le cedo la palabra.
Sr. Aurelio de los Reyes García Rojas: Creo que hubo, primero una disculpa porque aparentemente hay una falta de claridad entre comunicación, básicamente, porque no preparé el tema por la cultura católica, sino la cultura en los 20 en términos generales.
Entonces, en ese sentido sí, no correspondería, digamos, al enunciado que se acaba de hacer con lo que voy a exponer. Si hubiéramos precisado que se trataba de la cultura católica, entonces, desarrollo ese tema, porque sí, los 20, precisamente acabo de terminar mi tercer volumen de “Cine y sociedad” que cubre los años de 1924 a 28, entonces, sí lo hubiera podido como preparar, pero, pues pido una disculpa. Tampoco lo voy a improvisar, voy a leer lo que tengo preparado.
Entonces, respecto a una de las preguntas en la sesión anterior que dónde, ¿cuándo termina la Revolución? Y la respuesta que dio Valentina Torres que me parecía acertada, que todo dependía de lo que uno estudiaba, pues así también de la cultura.
Entonces, yo creo que, desde el punto de vista de la cultura, la Revolución termina con el triunfo de Venustiano Carranza en agosto de 1915, porque empieza a hacer toda una serie de propuesta en su política de reconstrucción nacional y de buscar una serie de canales expresivos sobre qué camino debería tomar el arte, reorganizar la escuela de Bellas Artes, en fin hay toda una propuesta de una cultura como producto de la Revolución.
Entonces eso va a dominar los años 20 y la literatura inmediatamente va a tener ese impacto, se va a iniciar una búsqueda de una literatura mexicana, que expresara a la Revolución.
Y aquí sí voy a aclarar, que lo que entendemos como “Novela de la Revolución” para mí es el epilogo de la novela del siglo XIX, verdad de la novela realista del siglo XIX con “Los de abajo” de Mariano Azuela que, incluso, por eso los contemporáneos criticaron a Azuela, diciendo que era su prosa ya era vieja, era superada y que no sabía hacer novela de vanguardia a lo cual replicó Azuela que no, que sabía muy bien novela de vanguardia y escribe unos cuentitos que publica en contemporánea.
Pero entonces se inicia pues esa búsqueda de una literatura, es muy conciente lo que están diciendo, no nomás literatura, sino una cultura que expresará la nueva situación, digamos, había sido la revolución que había afectado a la sociedad, entonces cómo debía ser ese arte de la posrevolución.
Entonces, por eso para mí la revolución termina en 1915 cuando empieza la búsqueda de esas expresiones de los nuevos tiempos, no sé si ha quedado claro.
Entonces, lo voy a leer, aunque algunas características de la cultura mexicana de aquellos años se inicia con la política de la reconstrucción nacional de Venustiano Carranza, la literatura, o antes la pintura, todos los pintores van a tener formación del porfirismo, entonces toda su formación viene de atrás y van a cuajar con el muralismo de pintura de caballete, pero empieza desde antes, verdad.
Pero olvidarnos un poco de esta dicotomías cronológicas, entonces, todo depende como decía Valentina de lo que uno esté estudiando para ver los procesos, incluso me voy a extender hasta los años 60, con la cuestión de la literatura para mí que es cuando cuajan las inquietudes de la búsqueda de una literatura de la revolución, no la de Mariano Azuela que para mí es el epílogo de la novela del Siglo XIX.
Entonces, empiezan estas características de la pintura para su estudio en la cultura en los años 20, puede ubicarse entre el primero de junio de 1920 y marzo de 1932, como me dijeron que me centrara en el periodo de 20 a 30 por eso hago esta acotación, fechas que marcan el inicio del gobierno interino de Adolfo de la Huerta y la salida de México del Director Soviético Sergeño Hainsestain, quien dejara un notable impacto en la cultura mexicana, particularmente en la fotografía y el cine.
Periodo marcado por el triunvirato sonorense Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. El primero era afable, sencillo, aficionado a la ópera y a la buena música; el segundo dicharachero, gustaba de la música común y corriente, prefería que una banda militar le tocara la música de gusto; el tercero adusto y seco, de vez en cuando una sonrisa rompía la rigidez de su rostro.
Mencionaré a la pintura tangencialmente por haber sido estudiada con mayor profundidad que otras manifestaciones culturales, destacaré fotografía, música, teatro, literatura y cine, porque del muralismo se habla mucho que las escuelas al aire libre, pues también de los contemporáneos se habla mucho, entonces son como lugares comunes, entonces prefiero evitar estos temas y abordar otros ángulos. Mis referencias eran tangenciales.
El movimiento cultural de estos años se inserta en el nacionalismo, el cual, a grandes rasgos, tenía dos tendencias: un nacionalismo tradicional, chovinista y otro abierto, las corrientes del pensamiento universal. Coexistían, convivían, compartían asiento en un mismo espacio, vemos una pugna, un conflicto por convivir y coexistir la búsqueda experimental y la tradición, no todo era nacionalismo expresado por el folclor, el colorido, el pintoresquismo, las calles empedradas en perspectiva, limitadas por casas de arquitectura tradicional o vallas de cactus, transitadas por hombres en burro o carretas, no todo es huarache y rebozo, metate en nixtamal y tortillas, calzón blanco y sombrero de tres pedradas con los volcanes al fondo o mujeres con el cántaro al hombro al regreso de la noria. Soplaban en la cultura mexicana vientos de ruptura.
El conflicto entre tradición y renovación lo percibimos claramente en la fotografía. En septiembre de 1925 el fotógrafo Eduard Westorn, introductor de la fotografía moderna, abría una exposición con imágenes de Wall Street y objetos cotidianos un juego de tornillos, una cortadora de pan, antenas de telegrafía inalámbrica, el conjunto arquitectónico de una fábrica, los mástiles de los buques anclados en los muelles, muy de acuerdo con la propuesta de los futuristas italianos de rendir culto a la contemporaneidad de la sociedad industrial.
Anita Brener expresó: la cortadora de pan fue creada con propósitos muy distintos de los de producir éxtasis estéticos, esa cortadora no es sujeto de lecturas en escuelas de arte, pero es, sin embargo, una síntesis tanto como un tractor o un aeroplano, de esa belleza desnuda que sólo Euclides vio y es quizá la única producción artística vital que nos pertenece.
Pura belleza, porque carece de lo superfluo, creación artística porque obedece a las mismas leyes que rigieron la producción de los griegos o de los renacentistas italianos.
Otro ejemplo de modernidad lo encontramos en la inauguración en 1926 en Paseo de la Reforma, de lo que se consideró la Primera Galería de Arte para el Comercio del Arte, al decir de Javier Villaurrutia, nada de Salón de Otoño o de Invierno, ni de las acostumbradas exposiciones anuales de la Academia en las que se exhibían solamente temas mexicanos, ya era tiempo, estoy parafraseando a Villaurrutia, de que la gente de México adquiriera el gusto, la necesidad y la pose de rodearse de cosas bellas y, sobre todo, únicas.
La galería ofrecía la oportunidad de tener como mejor adorno de un estudio, de una sala o de una alcoba un Diego Rivera, con el mismo orgullo que debe experimentarlo un francés dueño de un Matiz o del un Devane, un doctor Atl, un Jean Charlot, un Gabriel Fernández, un Pablo Ohiggins, una fotografía de Tina Modoti.
En mayo de 1925 en el Palacio de Minería, la primera exposición de más de 60 dibujantes agrupados en sindicatos, mostró que no todo era mexicanismo, numerosos autores habían sido publicados en New York, París, Londres, Buenos Aires, como Bolaños Cacho, Roberto Montenegro, Ernesto García Cabral, Salvador Pruneda, Gabriel Fernández Ledezma, muestra extraordinariamente importante por ilustrar el estado del dibujo en México, el primer año de gobierno del General Calles.
La publicidad de la cartelera cinematográfica tal vez era uno de los vínculos más sólidos del dibujo con el mundo exterior, fuente de experimentación y renovación que a la fecha no se ha estudiado ni yo mismo, pero es un tema apasionante el estudio de la cartelera cinematográfica y su renovación permanente en el dibujo, porque ahí colaboran extraordinarios dibujantes mexicanos.
La llegada a la presidencia de Adolfo de la Huerta, cuyo interinato debía preparar las elecciones presidenciales, después de la interrupción de las mismas por la rebelión de Agua Prieta que él encabezara y del suicidio de Venustiano Carranza, se caracteriza por una etapa de optimismo y actividad, su educación musical marcó su gestión, fundó la Academia de Música en Hermosillo y fomentó la creación de la Orquesta Sinfónica Nacional, la que en una temporada interpretó las nueve sinfonías de Bethoven.
El Anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria resultó insuficiente para el público deseoso de asistir a un concierto dirigido por Julián Carrillo, al participar del optimismo por la creencia de que la violencia de las armas había sido superada, se dijo que el público estaba habido de escuchar la interpretación de las grandes ideas de los genios musicales.
De la Huerta patrocinó una temporada de Opera con la representación de Aída, Tosca, Rigoleto, Payasos, La Traviata de predilección más generalizada, lo cual habla de un gesto conservador del público mexicano por el melodrama clásico que eso va a ser toda una constante, llega casi hasta nuestros días este gusto mexicano tan apegado al melodrama clásico, La Traviata y Bellas Artes se llena de personas.
La educación musical de De la Huerta no era excepcional en un mexicano, por el contrario, era un lugar común, él mismo aprendió a disfrutar la música en Guaymas, su lugar de origen y en la ciudad de México donde estudió la preparatoria, no es de extrañar que a pesar de la violencia la continuó la rebelión de él mismo en las elecciones del siguiente cuatrienio, la Guerra Cristera durante el gobierno del General Calles y la violencia cotidiana secuela del período armado de la revolución, cuando casi cada ciudadano y no pocas mujeres portaban pistola y la muerte violenta estaba a la orden del día, la música continuó en el gusto popular, entendiendo popular como un gusto generalizado en la sociedad, sorprende la tradicional y extraordinaria educación musical de los mexicanos, que hunde sus raíces en el Siglo XIX que la novela clemencia de Ignacio Manuel Altamirano y México Insurgente de John Reed, prueban además de los numerosos y constantes conciertos en múltiples espacios y con cualquier pretexto, una conferencia de la CROM, un onomástico, una conferencia en un barrio popular o en el paraninfo de la universidad, en las numerosas academias de música y salas de concierto, sí cuando uno hurga en los periódicos todos estos temas, se da uno cuenta que todo está para estudiar, todo esto de la música es una riquísima veta que permanece sin tocar prácticamente.
La música no conocía ideologías ni fronteras, ajena al bien y al mal, ejecutantes y cantantes de una variedad infinita de música clásica de Higinio Rubalcaba, tocó en la Asociación Cristiana de Jóvenes, programa de un festival de alumnos, aquí transcribo un programa de un festival de alumnos del colegio militar, con motivo de la inauguración de un círculo de estudios, es uno entre miles y miles de programas, es todo un estudio bien interesante el de la música.
En los cines pues los festivales de Colonia, en el cine Majestic, en el Royal, se juntaban los vecinos y hacían sus festivalitos ahí con música y declamaciones, muchas cosas que se han perdido como es la declamación por ejemplo, ahora quien recita o quien nadie.
Entonces se pasó de moda pero antes era una cualidad o era una virtud el ser una recitadora.
Entonces el programa, Marcha Húngara de Kovalsky, piano por el señor Julio Ledezma, discurso de inauguración. Me faltó una hoja.
Entonces ya me quedé a la mitad del programa que les estaba transcribiendo.
Pero también para ver cómo cualquier persona de clase media tiene una magnífica educación musical, porque había señoritas que cantaban, que cantaban arias de ópera, no nada más música popular.
Entonces en la música podríamos decir que había la música de salón, la culta, en la cual destacan Carlos Chávez, Julián Carrillo, fundamentalmente y Silvestre Revueltas empieza a despuntar. Julián Carrillo causaba impacto con su sonido 13 en Europa.
Y Carlos Chávez con su Sinfonía India de 1925 y alguna composición que en este momento se me va de la cabeza, no traigo mi papelito, de 1921, donde él se propuso rescatar la música indígena, como siguiendo las propuestas de la época de valorar las raíces indígenas.
Entonces Carlos Chávez se va a los pueblos y empieza a escuchar los sones y a tomar nota y hace sus composiciones, para rescatar todo un testimonio que tiene mucho carácter de antropológico.
Entonces tenía una cita de Salvador Novo, que nada más me quedó el final, donde empezaba muy bien la época y el tipo de música que estaba llegando también a México. Por eso digo que es un nacionalismo también muy abierto, porque llegaban los últimos adelantos en la música de vanguardia.
Mandan a Manuel M. Ponce a un viaje al exterior, el gobierno lo financia para que vaya a estudiar la música en Europa, que era lo más novedoso.
Entonces ahí está también un México abierto, frente a un México tradicional. Entonces si el aperturismo del gobierno lo mostró al enviarle a Manuel M. Ponce en un viaje de estudio a Europa, para saber cómo era la música de salón más reciente.
En cuanto a la música popular destacaban las audiencias en sitios públicos, alameda de Santa María, Alameda Central, Bosque de Chapultepec de tres orquestas, la de Miguel Lerdo de Tejada, la Torre Blanca y la Típica de la Ciudad de México, dirigida por Ignacio Fernández Esperot, Tata Nacho. Tocaban composiciones de autores conocidos desde el siglo XIX: Juventino Rosas, Ricardo Castro, Ernesto Elordouy, Felipe Villanueva. Además de autores contemporáneos Mario Talavera, Felipe Llera, el propio Fernández Esperot, Alfonso Esparza Oteo, Guty Cárdenas, Jesús Corona, Carlos del Castillo, Alberto Valdés.
Llevaron a cabo exitosas giras internacionales esas tres orquestas. Las canciones más gustadas: Adolorido, Qué chulos ojos, La madre, Dónde estás corazón, Amapola del camino, La barca de oro, Canción Mixteca, Allá en el rancho grande, El chilpayate, La mula, Ese tiempo ya pasó, El novillo despuntado, entre muchas.
Expresión de un México rural que convivía con la onda modernizadora propagada por el cine. En las salas cinematográficas se tocaba lo mismo música mexicana, marimba que fox trot, jazz, infernal música de los africanos, dijo un periodista. Charleston en los dancing de los lobies de los cines, o música clásica o adaptaciones musicales escritas para la película de un, expresamente para unas películas.
Los años 20’s son una época dorada para el teatro de revista, cuyos argumentos comentaban festivamente asuntos de actualidad, dominan las parodias interpretadas por María Conesa y Roberto Soto. La primera con libretos de Antonio Guzmán Aguilera, “Guz Águila”, que era el argumentista de “Allá en el rancho grande”, es que aquí me interesa mucho hacer los nexos del teatro frívolo con el cine mexicano.
Entonces, el segundo con obras de su creación “El soto”; “La huerta de don Adolfo” inicio la serie, digamos, de estos años, vaya nombrecito, él solo ya es un éxito, dijo un periodista, porque está parodiando el nombre de Adolfo de la Huerta.
Entonces, Adolfo de la Huerta, pues “La huerta de don Adolfo”.
Entonces, mostraba una huerta de don Adolfo cuidado por dos hortelanos: Pablo González y Juan Sánchez Ascona, que visitan al general Obregón; “El pueblo mexicano y la Presidencia”, son otros visitantes.
Don Pablo mostraba a los visitantes los productos de la huerta, comienza con los frutos antillanos, sigue con los aguacates, número en el que María Coneza cantaba unos cuplés que le fueron muy aplaudidos, aparecen después unas chinas poblanas y unas charros cantando “soy de Coahuila”, el estado natal del general González. En seguida, mostraba las granadas de China.
Terminando el desfile de las frutas, había una escena en la Cámara de Diputados en la que se mostraba la astuta y hábil iconoclasia de Guzmán Aguilera, pues la convertía en un recinto donde se dirimían asuntos baladíes.
La obra ensalzaba al general Obregón por las pícaras dudas, por si salía de Presidente y satirizaba al general González, siguiente “Chifladuras nacionales”, “Peluquería nacional”, “Elecciones presidenciales”, “El jardín de Obregón” por el problema con el reconocimiento de Estados Unidos The Jardin. Entonces, por eso se llama “El jardín de Obregón”, para hacer juego cacofónico con el nombre del presidente norteamericano.
Adolfo de la Huerta y Obregón solían presenciar la representación de las obras que los satirizaban y aún sugería líneas argumentales contra sus enemigos, casi todas las obras se anunciaban de palpitante actualidad. De ahí el título de revista, porque sus argumentos se tejían a partir de los acontecimientos que cimbraban a la sociedad.
Uno de los mayores éxitos de Soto “Mexican rataplán”, satirizo el espectáculo del bataclan mexicano de madame Rasini, en el que las actrices posaban desnudas en cuadros artísticos a base de efectos de luz y escenográficos. Madame Rasini convirtió la pasarela en lugar común.
Por su parte, la obra de Soto “Mexican rataplán”, era un desfile de actrices vestidas con trajes regionales, de los que se despojaban en la primera oportunidad.
La obra “Las cuatro milpas”, basada en la canción de mismo nombre, convertida en himno del candidato presidencial Arnulfo R. Gómez, que competía con el general Obregón en la reelección de 1927, prometía rehacer el campo para remedio de un política de cultivos y protección al campesino para convertir las cuatro milpas en granero nacional.
El sentido paródico de las obras lo reflejan con claridad los títulos. “La concha madre”, por la madre Conchita; “El desmoramiento de Morones”, “Mucho Sonora”, “No más caudillos”, “Quién será presidente”, “La resurrección de Lázaro”, entre muchos.
Este sentido paródico, pues lo hereda el cine mexicano, porque acuérdense del hombre del carrito, de Tochiro Mirron y Clavillazo hace el joven del carrito o “La violetera” con Sara Montiel y Tin tán hace “El violetero” que vende flores en Xochimilco. Entonces, hay toda una continuidad, tanto en el teatro dramático como en la literatura los autores se preguntaban, cómo debe ser el teatro y la literatura de la post-revolución que expresan los cambios que el movimiento armado llevó a la sociedad. Ambos se fijaron en el cine y la literatura dramática, específicamente, en el teatro sintético, de Pirandelo, convertido en paradigma.
Se estaba en un teatro y una literatura de contenido social, de compromiso que reflejara problemas sociales, el teatro además debía ser educativo, línea inaugurada por el teatro campismo, estimulado por Manuel Gamio, en Teotihuacán con obras como, “La cruza”.
José Vasconcelos tuvo algunas reticencias para patrocinarlo, no así su sucesor en la Secretaría de Educación, José María Puy y Casaurán, que publicara en folletos de gran circulación, 30 mil ejemplares, las obras sintéticas de números autores.
Hugo el experimento de teatro sintético mexicanista, “El murciélago”, de Rafael N. Saavedra y Luis Quintanilla.
Teatro educativo diverso al género chico tradicional aunque en el…
En septiembre de 1924, realizaron una noche mexicana en el teatro “Olimpia”, el objetivo no mostrar a la China Poblana, ni al charro, ni al pelado, sino a un México desconocido y espléndido, un género nuevo especial del teatro de hoy, una característica diferente en canto, la danza, la mímica y la pintura. El teatro sintético no escapaba al impacto del cine claramente perceptible en la obra sintética de Salvador Nuevo Divorse.
Esa fase de búsqueda sin haberla encontrado todavía en la obra madura culmina con el experimento del teatro “Ulises”, que en enero de 1928 iniciara en una vecindad sombría y vieja. La mitad de una estancia escenario, de la otra mitad, 50 sillas para el público.
Literatura.
1915 es un parte aguas en la literatura mexicana como en otros campos de la vida nacional, porque comienza una etapa de búsqueda literaria de acuerdo con los cambios que la revolución operaba en la sociedad.
En agosto el diario El Mexicano, convocó a un concurso de cuentos para ser publicados en el suplemento dominical, sorprendió la redacción la gran cantidad de escritores, novelas y consagrados, estableció un símil del diario con el cine ambulante, al considerar al periódico como si fuese una pantalla y a los concursantes como la película.
El diario iría de pueblo en pueblo, de aldea en aldea como Lumiere con su caja portátil, su lámpara eléctrica, su tela blanca y algunos rollos de la flexible tira, que serían los cuentos.
En pocas horas el concurso fue reóstato de fuerza en los sombríos cerebros penetró la luz y confuso destello rojo iluminó los antros de la ideación.
La fecha, agosto de 1915, clave por ser dos semanas después de la entrada del General Pablo González a la Ciudad de México, lo que significó la derrota de la convención y el triunfo de la fracción liderada por Venustiano Carranza, quien propondría una política de reconstrucción nacional, se veía como una nueva etapa de la historia nacional que debía encontrar sus propios medios expresivos en el cine, la literatura, la música.
Alfonso Rodríguez del Campo sentenció premonitoriamente, las revoluciones traen relevaciones, brillante Pléyades se anuncia y ello me complace porque el cuento prepara el drama y tiempo vendrá de consagrarnos a ese género irresistible, algunos de los miembros del jurado decía antes todo era Nervo, urbina, tablada; tablada, urbina, Nervo; urbina, Nervo, tablada, y los demás a oscuras.
Ganó El Cerrillo, de Manuel Gamio, en el que el cine formaba parte de la trama y de la narrativa de la misma manera que sirvió a la redacción para establecer el símil con Lumiere, porque un noviazgo se originó durante una función de cine. La prosa de Gamio economizaba descripciones y es visual con sentido cinematográfico.
Con el impacto del cine la literatura superaría el modernismo trasnochado presente en los cuentos, como lo atestigua el segundo lugar y las noveles de Julio Sexto, best seller de aquellos años.
De la influencia del cine a la narrativa literaria de aquellos años, que por lo demás no es un movimiento exclusivamente mexicano, sino que empieza también en Francia, con André Gide, España también con Garnese y con Valle Inclán, entonces pasa a México, pero en México sí en lo particular tiene más desarrollo y es un punto de partida para crear lo que viene después.
También es un fenómeno que llega a Argentina y Brasil, pero es menos el impacto en la literatura de esos países que en la literatura mexicana.
Después de la influencia del cine en la narrativa literaria de aquellos años Alfonso Reyes, en 1920 al referirse al cuento de Jules Romain, concebido entre guión y cuento con unas instrucciones al operador en el prefacio.
Entonces, es de los primeros ensayos de esta búsqueda, porque es muy conciente esa búsqueda que están haciendo de una literatura nacional, el universal ilustrado promovió un cuento que se llamó La novela semanal, donde hacía ese llamado tenemos que encontrar una literatura de posrevolución, una nueva literatura mexicana.
Están muy concientes de eso. Entonces, está la señorita etcétera, el café de nade y el crimen provisional de Arquéeles Vela, que son digamos las obras que más han llegado a nosotros, son como las más logradas, es una fase totalmente experimental, son los cuentos de Carlos Noriega Job, la inútil curiosidad, las aventuras de Mitmatsi, el honor del ridículo, el joven de Salvador Novo, un bellísimo cuento que salió publicado y Salvador Novo lo tituló el joven, novela histórica en la que no pasa nada y no es más que un recorrido por la Ciudad de México a base de imágenes cinematográficas como equivaliendo como lo que estaban haciendo en Estados Unidos con documentales como Manhattan, que es de 1919, 20, 21, yo no entiendo, se ven que eran personas muy, muy informadas, entonces Salvador Novo traslada toda esta idea de la vida de una ciudad a un cuento, Salvador Novo es fuente de muchas sorpresas.
Luis G. Urbina criticó la literatura de esos años, cuando en junio de 1928 se quejó porque los nuevos literatos sustituían los procedimientos verbales por los visuales, concluyó que se trataba de una adaptación del cine, al gusto y a los hábitos reinantes, consecuencia de su impacto en la ciencia, el arte y la historia.
Y luego digamos en qué consistía la nueva literatura, Carlos Noriega, Director de El Universal Ilustrado habla de las características muy específicas al comentar Octubre, la película Octubre de Ainsestain, sugerencia, he ahí la palabra exacta, sugerencia, la nueva literatura está hecha de ello, el cinema en su afán de escalar la cúspide de las artes superiores ya paralelamente a la literatura, recuerdo ahora la frase de mi amigo John Dos Pasos, uno de los nuevos literatos de yanquilandia, hace años para iniciar una novela teníamos que decir: bajo una luna llena en el lomo de una cabalgadura, iba un caballero de 50 años, de ceño adusto, de largo bigote sumido en una honda meditación.
Hoy en cambio, el escritor presenta de golpe el estado psíquico del caballero sin hablar de la luna, de la hora, de la cabalgadura, las obras maduras tardarían en llegar y esas serán Al Filo del Agua, de Agustín Yáñez; Pedro Páramo de Juan Rulfo; La Región Más Transparente de Carlos Fuentes, entonces esto es lo que yo le llamo propiamente la novela de la revolución como producto de todo un proceso de búsqueda de unas nuevas expresiones de una nueva, nueva, nueva estética.
Por lo demás John Dos Pasos estuvo aquí en México y en sus memorias dice que estuvo en contacto con Javier Guerrero, dice era una persona muy inquieta y me llenó la cabeza de ideas y me fui de México con mi cabeza bulléndome de ideas y a partir de ahí escribí mi trilogía, trilogía sobre la situación norteamericana que la concibe además como una proyección de noticiarios cinematográficos porque también luego se dice que John Dos Pasos es uno de los que también asimilan el impacto del cine en la narrativa como Hemingway, también era otro de ellos.
Entonces del cine, a pesar de que querían hacer siempre como un Hollywood pero acaba aplastado por el cine de Hollywood y algunas películas que se filmaron durante Plutarco Elías Calles, yo las titulé patria, religión y películas, porque algunas estaban arropadas en la leyenda colonial, que escondían una crítica al gobierno por el conflicto religioso, conllevaron la esperanza de que la situación cambiante durante la Guerra Cristera de un momento a otro, de que ocurriese el milagro de que Guadalupe convirtiese al catolicismo a Calles, entonces que era como uno de los imposibles, pero como la represión era muy dura pues tenían que ver como soslayaban la censura y fue a través de los argumentos de las películas con temas religiosos que todos hablan de un milagro al final de un hereje que se convierte al catolicismo, pues obviamente que están pensando en Calles.
Entonces para concluir cada expresión artística tiene su propio tiempo, en los años 20 encontraron rápidamente la madurez, la pintura, con el muralismo y la pintura de caballete; la escultura con Bracho Azúnzolo; en la poesía Javier Villaurrutía, destacó en 1924 a un grupo de jóvenes que sin ponerse de acuerdo llegó cada uno por su lado a la madurez, por lo tanto era un grupo sin grupo, es que eso le da mucho sentido bastante equívocos a las palabras de Villaurrutia, pero entonces él hace un recuento de la poesía, del estado de la poesía en 1924 y ve que hay una serie de jóvenes que están escribiendo cada uno por su lado, que tienen coincidencias muy similares y por eso dice un grupo sin grupo y después van a ser los contemporáneos, Torres Bodet es un grupo de soledades así como medio melodramático, pero ahí están los contemporáneos que llegó muy pronto pues a la madurez expresiva, por lo tanto era un grupo sin grupo que después bautizarán con el nombre de contemporáneos.
La música con obras de Julián Carrillo y Carlos Chávez; la fotografía al asimilar los aportes de la fotografía de vanguardia introducida por Weston en 1922, en la obra de Manuel Álvarez Bravo y Agustín Jiménez sin subestimar la de Hugo Breme Mantel, Luis Marx, insisto enriquecería el medio intelectual por su profunda y variada cultura respaldada por su prestigio internacional.
La madurez tardaría en llegar a la literatura, el teatro y el cine, como ya lo he dicho, en 1947 con al Filo del Agua de Agustín Yáñez, Pedro Páramo, 1955 de Juan Rulfo; la Región Más Transparente de Carlos Fuentes; en teatro con la obra de Julio Jiménez Rueda, Rodolfo Usigli, el Gesticulador de 37, Álvaro Custodio, Sánchez Mayan, Sergio Magaña; y en el cine con María Candelaria de Emilio Fernández, todo ello en su conjunto es para mí la cultura de la revolución, quizá esté diciendo disparates pero lo veo así como en un proceso.
Entonces que diga yo que Sergio Magaña o Sánchez Mayan son la expresión de la cultura de la revolución yo creo que ellos me matarían, pero yo lo veo como un proceso, yo creo que ellos están todavía sumidos en el proceso, pero sí yo veo que toda esta búsqueda se inicia en los 20’s con muchos fracasos se van consolidando y es hasta los 50’s, 60’s que cuajan esa nueva búsqueda de una nueva inquietud.
Pues eso es todo. Muchas gracias.
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