Índice de diapositivas 1 Rapto de Europa



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Índice de diapositivas

1 - Rapto de Europa.

Pintura pompeyana. Siglo I d. C. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
2 - Rapto de Europa.

Botero. Siglo XX. Plaza de Europa, Aeropuerto de Barajas – Madrid.


3 - Júpiter e Io.

Corregio. Siglo XVI. Kunsthistorisches Museum de Viena.


4 - Rapto de Ganimedes.

Escultura romana. Siglo II d. C. Museo del Prado – Madrid.


5 - Dánae recibiendo la lluvia de oro.

Tiziano. Siglo XVI. Museo del Prado - Madrid.


6 - Júpiter y Sémele.

P.P. Rubens. Siglos XVI –XVII. Museo de Bellas Artes – Bruselas.


7 - El juicio de Paris.

P.P. Rubens. Siglos XVI – XVII. Museo del Prado – Madrid.


8 - El nacimiento de la vía Láctea

P.P. Rubens; siglos XVI – XVII. Museo del Prado – Madrid.


9 - El nacimiento de Venus.

Boticelli. Siglo XV. Galería de los Ufizzi – Florencia.


10 – Marte.

Velásquez. Siglos XVI – XVII. Museo del Prado – Madrid.


11 - Venus y Marte.

Boticelli. Siglo XV. National Gallery – Londres.


12 - Nacimiento de Atenea.

Cerámica griega. Siglo VI. Museo del Louvre – París.


13 - Las hilanderas o la fábula de Aracne.

Velásquez. Siglos XVI – XVII. Museo del Prado – Madrid.


14 - Fuente de Neptuno.

Ventura Rodríguez. Siglo XVIII. Plaza de Neptuno – Madrid.


15 – Mercurio.

P.P. Rubens. Siglos XVI – XVII. Museo del Prado – Madrid.


16 - Juno y Argos.

P.P. Rubens. Siglos XVI – XVII. Museo Wallraf-Richartz – Colonia.


17 - Fuente de las Cuatro estaciones o de Apolo.

Ventura Rodríguez. Siglo XVIII. Paseo del Prado – Madrid.


18 - Apolo persiguiendo a Dafne.

Cornelio de Vos. Siglo XVI. Museo del Prado – Madrid.


19 - Diana de Versalles.

Copia romana de un original griego del siglo IV a.C. Museo del Louvre – París.


20- Baco.

Caravaggio. Siglos XVI – XVII. Galería de los Uffizi – Florencia.


21 - El rapto de Proserpina.

P.P. Rubens. Siglos XVI – XVII. Museo del Prado – Madrid.


22 - El rapto de Proserpina.

Bernini. Siglo XVII. Villa Borghese – Roma.


23 - La fragua de Vulcano.

Velásquez. Siglos XVI – XVII. Museo del Prado – Madrid.


24 - Venus en la fragua de Vulcano.

Le Nain. Siglos XVII – XVIII. Museo Saint-Denis – Reims.


25 – Laocoonte.

Atenodoro, Hagesandro y Polidoro. Siglo II a. C.. Museos vaticanos – Roma.


26 - Eneas huye de Troya.

F. Barocci. Siglo XVI. Galería Borghese – Roma.


27 - La conducción del caballo hacia Troya.

Tiepolo. Siglo XVIII. National Gallery – Londres.


28 - Eneas relata a Dido sus aventuras.

P. N. Guérin. Siglo XVIII. Museo del Louvre – París.


29 - Rómulo y Remo.

P.P. Rubens. Siglos XVI – XVII. Museos Capitolinos – Roma.


30 - El rapto de las Sabinas.

David. Siglos XVIII – XIX. Museo del Louvre – París.


31 - La muerte de Lucrecia.

Tiziano. Siglo XVI. Fitzwilliam Museum – Cambridge.




1 – RAPTO DE EUROPA.
Pintura pompeyana

Siglo I d. C.

Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.


Júpiter (Zeus) es un incansable conquistador y sus amores con diosas, ninfas y mortales llenan una amplia página de la mitología. En el mito que nos ocupa Júpiter ha puesto sus ojos en una bella joven asiática, hija de Agénor, rey de Tiro, en Fenicia, en la cuenca oriental del Mediterráneo (actual Líbano). El nombre de la muchacha es Europa. La etimología de su nombre (ευρυ- ‘ancho’ o ‘amplio’ + οπ- ‘ojo(s)’ o ‘cara’) se ha comparado con el epíteto γλαυκώπις glaukopis atribuido a Atenea.

Pide ayuda a su hijo Mercurio (Hermes) para la preparación del encuentro y posterior rapto que va a ser de los más historiados porque el dios ha decidido metamorfosearse en un bello toro. Mercurio va a ser el encargado de conducir al rebaño de bueyes del rey desde los altos prados hasta la playa cercana donde Júpiter (Zeus) sabía que Europa y otras doncellas de Tiro acudían a pasar la jornada de diversión y asueto.

Júpiter (Zeus) toma la forma de un toro blanquísimo, corpulento y de facciones nobles, que no infunde miedo y se aproxima saliendo del rebaño hasta el grupo de las jóvenes. Éstas se asustan al principio, pero poco a poco van cogiendo confianza con el manso toro que acepta sus caricias y las guirnaldas de flores que las muchachas trenzan para colocarlas entre los cuernos. Europa llega a sentarse encima del animal, tan confiada y ajena a lo que le espera. El toro besa los pies de la joven, mientras sus amigas la adornan, y se dispone a continuar su plan.

El animal se incorpora y sin demora se lanza al mar con la ansiada carga en su grupa. Las amigas se quedan en la costa, sorprendidas, levantando las manos en gesto de sorpresa, y el grupo se introduce en mar abierto donde los Vientos ayudan a avanzar y donde grupos de divinidades marinas surgirán como cortejo.

Llegan a las costas de la isla europea de Creta. Entonces el dios le revela su auténtica identidad. El acto amoroso tuvo lugar bajo un plátano, árbol que según la mitología debe el que sus hojas sean perennes a este acontecimiento. Europa se convirtió en la primera reina de Creta.

Europa dará a luz a tres hijos, Minos, Sarpedón y Radamantis dejando así la estirpe divina en la isla de Creta. Asterión, rey de Creta, se casó con ella y adoptó a sus hijos.

Y, para que quedara eterno testimonio de aquel amor, Júpiter (Zeus) colocó en el firmamento unas cuantas estrellas dispuestas en forma de toro: la constelación de Tauro.

La etimología de su nombre (ευρυ- ‘ancho’ o ‘amplio’ + οπ- ‘ojo(s)’ o ‘cara’) se ha comparado con el epíteto γλαυκώπις glaukopis atribuido a Atenea.

Europa terminaría dando su nombre al continente europeo. En el momento en que nace este mito, Europa era Grecia y poco más. Herodoto y Eratóstenes extendieron el nombre de Europa a todo el continente. El mundo se dividía en dos zonas: aquella donde nacía el sol (Asia), y aquella donde se ponía (Europa). Luego añadieron una tercera región, también ilimitada: Libia, a la que luego llamaron África. 




2 – RAPTO DE EUROPA.
Fernando Botero.

Siglo XX.

Plaza de Europa, Aeropuerto de Barajas. Madrid.


(El mismo comentario de la lámina anterior.)

3 – JÚPITER E ÍO.
Antonio Allegri da Correggio.

Siglo XVI.

Kunsthistorisches Museum. Viena.

En la mitología griega, Ío era la doncella de Argos, hija de Ínaco, sacerdotisa de Hera (Juno), que fue amada por Zeus (Júpiter).

El dios Júpiter se le presentaba en sueños incitándola a que le entregara su virginidad en el lago de Lerna[. . Cuando la joven le contó esto a su padre, Ínaco fue a consultar al oráculo, que le aconsejó que la expulsara de su casa o Júpiter aniquilaría con su rayo a toda su estirpe. Ínaco obedeció y fingió no saber nada de su hija, pero al poco tiempo se arrepintió y mandó sucesivamente a dos emisarios para que la buscaran, pero no la encontraron.

Mientras tanto, Ío se había entregado a Júpiter, pero fueron sorprendidos por Juno, que vigilaba a su marido carcomida por los celos. El dios, para salvar a la joven, la convirtió en una ternera blanca. Juno le exigió al esposo que se la entregase y ordenó al gigante de cien ojos Argos Panoptes que la vigilara.

Pero Júpiter encargó a Mercurio que rescatase a su amada. Lo guió transformado en pájaro hasta el árbol donde Argos la tenía atada y Mercurio durmió al guardián con su flauta, matándolo con una piedra afilada cuando se cerraron todos sus ojos. En recompensa por sus servicios Juno puso los ojos de su servidor en la cola del pavo real, su pájaro favorito, y clamó venganza. Ató a los cuernos de la ternera un tábano que la picaba sin cesar y que obligó a Ío a huir corriendo por el mundo sin rumbo fijo. Así atormentada atravesó el mar Jónico, que recibió de ella su nombre, recorrió Iliria, Tracia y el Cáucaso, donde encontró a Prometeo encadenado, y prosiguió por África, topándose con las grayas y las gorgonas.

El final del viaje fue Egipto, donde encontró descanso y fue devuelta a la condición de mujer por las caricias de Júpiter. De ambos nació Épafo, a orillas del Nilo. Entonces Juno ordenó a los curetes que le trajeran al recién nacido. Habiéndolo conseguido, fueron castigados por Júpiter, que los aniquiló por cumplir las crueles órdenes de su esposa. Entonces comenzó la segunda peregrinación de Ío, esta vez en busca de su hijo. Lo encontró por fin en Siria, donde lo amamantaba Astarté o Saosis, la esposa del rey Malcandro de Biblos.

Ya con su hijo en brazos, regresó a Egipto, donde se casó con Telégono, que gobernaba entonces esa región. Por esto Épafo llegó a heredar la corona del país del Nilo, siendo según el mito el fundador de la ciudad de Menfis y el ancestro común de los libios, los etíopes, y de gran parte de los reinos griegos.

También Ío era la ascendiente de la estirpe de los bizantinos, a través de Ceróesa, la hija que tuvo de Júpiter.

Ío construyó una estatua de la diosa Deméter, que en Egipto era llamada Isis. Con el tiempo ella misma recibió ese nombre, y terminó siendo deificada por su amante Júpiter. Se le atribuía un gran conocimiento de las hierbas medicinales, incluida la de la inmortalidad.

Correggio nos muestra a la joven y bella princesa desnuda, sobre un paño blanco que contrasta con los tonos grises de la niebla, que toma forma humana para abrazar y besar a Io. La figura de la joven resalta por sus atractivas proporciones, destacando gracias al potente foco de luz con el que ha sido bañada por el maestro.



4 – RAPTO DE GANIMEDES.
Escultura romana.

Siglo II d. C.

Museo del Prado. Madrid.

Ganimedes era un hermoso príncipe troyano, un héroe divino originario de la Tróade. Ganimedes fue secuestrado por Júpiter (Zeus) en el monte Ida de Frigia, lugar de más de una leyenda sobre la historia mítica de Troya. Ganimedes pasaba allí el tiempo de exilio al que muchos héroes se sometían en su juventud, cuidando un rebaño de ovejas. Júpiter le vio, se enamoró de él casi instantáneamente, y enviando un águila o transformándose él mismo en una lo llevó al monte Olimpo.

Ganimedes era de origen troyano y no griego. Platón opinaba en su Timeo que el mito de Ganimedes había sido inventado por los cretenses —la Creta minoica era un centro de poder de la cultura prehelénica— para justificar sus inclinaciones homosexuales, que más tarde fueron importadas por Grecia, en lo que coinciden los autores griegos. Homero no se preocupa por el aspecto erótico del rapto de Ganimedes, pero es ciertamente en un contexto erótico en el que la diosa se refiere a la rubia belleza del troyano en el Himno homérico a Afrodita, mencionando el amor de Zeus por el muchacho como parte de su atracción por el troyano Anquises.

El poeta romano Ovidio añade vívidos detalles y veladas ironías dirigidas contra los críticos del amor entre hombres: tutores maduros esforzándose por recuperarlo, y los perros de Ganimedes ladrando inútilmente al cielo.

En el Olimpo, Júpiter hizo a Ganimedes su amante y copero, suplantando a Hebe. Todos los dioses se llenaron de gozo al ver al joven, salvo Hera, la esposa de Júpiter, que lo despreció. Su odio por el muchacho fue usado por los mitógrafos para justificar su rencor por los troyanos (junto al hecho de no habérsele concedido el premio de belleza en el juicio de Paris y a la infidelidad de Júpiter con la pléyade Electra, de cuya unión nació Dárdano, ascendiente de los reyes troyanos).

El padre de Ganimedes echaba de menos a su hijo. Comprensivo, Júpiter envió a Mercurio con dos caballos tan veloces que podían correr sobre el agua. Mercurio también aseguró al padre de Ganimedes que el muchacho era ahora inmortal y que sería el copero de los dioses, un puesto de mucha distinción. El tema del padre se repite en muchos de los primeros mitos griegos de amor entre hombres, sugiriendo que las relaciones homosexuales simbolizadas por estas historias tenían lugar con el consentimiento del padre.

Más tarde Júpiter ascendió a Ganimedes al cielo como la constelación Aquarius, que todavía hoy está relacionada con Aquila, la del águila.

En la poesía, Ganimedes era un símbolo del joven idealmente bello y también del amor homosexual, a veces en contraste con Helena de Troya en el papel de símbolo del amor hacia las mujeres.

En Roma el objeto pasivo de deseo homosexual de un hombre era un catamitus. La palabra es una corrupción del griego ganymedes.

5 – DÁNAE RECIBIENDO LA LLUVIA DE ORO.
Tiziano.

Siglo XVI.

Museo del Prado. Madrid.

En la mitología griega, Dánae (en griego Δανάη, ‘sediento’) era una hija de Acrisio, rey de Argos, y Eurídice, hija de Lacedemón. Fue madre de Perseo con Zeus. A veces se le acreditaba la fundación de la ciudad de Ardea en el Lacio.

Decepcionado por carecer de herederos varones, Acrisio pidió un oráculo para saber si esto cambiaría. El oráculo le dijo Dánae tendría un hijo que le daría muerte. Para que esta no tuviese hijos, Acrisio la encerró en una prsión subterránea o en una torre de bronce. Pero Zeus la alcanzó transformado en ducha o lluvia de oro y la dejó embarazada. Poco después nació su hijo Perseo.

Enfadado pero sin querer provocar la ira de los dioses matando al descendiente de Zeus, Acrisio arrojó a Dánae y Perseo al mar en un cofre o arca de madera. El mar fue calmado por Poseidón a petición de Zeus y ambos sobrevivieron tras cuarenta días y cuarenta noches a merced del mar. Alcanzaron la costa de la isla de Serifos, donde fueron recogidos por Dictis, hermano del rey de la isla, Polidectes, quien crió a Perseo.

Más tarde, después de que Perseo matase a la Medusa y rescatase a Andrómeda, la profecía del oráculo se hizo realidad.

Partió hacia Argos, pero como conocía la profecía marchó antes a Larisa, donde se celebraban unos juegos atléticos. Acrisio estaba allí por casualidad, y Perseo le golpeó accidentalmente con su jabalina o su disco, cumpliendo la profecía. Demasiado avergonzado para regresar a Argos, dio entonces el reino a su sobrino Megapentes y conquistó el reino de Tirinto, fundando también Micenas y Midea allí.

6 – JÚPITER Y SÉMELE.
Pedro Pablo Rubens.

Siglos XVI –XVII.

Museo de Bellas Artes. Bruselas.

Sémele (en la mitología romana era la diosa Stimula) era hija de Cadmo, rey de Tebas y Harmonía; y se la conoce por ser la madre de Baco o Dioniso.

Sémele recibía a Júpiter secretamente en sus habitaciones. Recelosa, Juno, esposa de Júpiter, tomó forma de la vieja Béroe, nodriza de Sémele, y acudió junto a ella. Intentó convencerla de que abandonara su relación con Júpiter, pero al no conseguirlo decidió castigar a la atrevida amante de su esposo. Para ello empezó a decirle que su amante no era Júpiter, sino un hombre corriente que se aprovechaba de su ingenuidad, que le pidiera alguna prueba de su divinidad, que se uniera con toda la grandeza y todos los atributos con que solía unirse a su esposa Juno.

Convencida por fin, Sémele pidió a Júpiter que le demostrara su poder, y éste, encantado porque Sémele iba a darle un hijo, le prometió concederle cuanto le pidiera; Ella, aleccionada por Juno, le pidió que se le apareciera con todo su esplendor. Aunque Júpiter intentó convencerla de que pidiera otra cosa, ella no quiso y Júpiter tuvo que cumplir. Al aparecer en todo su esplendor de dios, los rayos que despedía abrasaron a Sémele.

Mercurio arrancó del vientre de Sémele al hijo nonato y lo cosió al muslo de Júpiter. Varios meses después nació el niño, llamado Dioniso (‘dos veces nacido’) y también Diméter (‘el de dos madres’). Es el dios Baco de la mitología romana.

Se dice que más tarde, Dioniso logró rescatarla del Hades, y la hizo inmortal dándole el nombre de Tione, (‘la ardiente’), hoy adorada como diosa del matrimonio. El nombre lo acordó Baco con Júpiter para evitar el enojo de Juno y los celos de otras almas. Una parte de la constelación llamada Corona Australis o Carcaj de Sagitario tiene el nombre de Trenza de Tione, en honor a la nueva diosa.



7 – EL JUICIO DE PARIS.
Pedro Pablo Rubens.

Siglos XVI – XVII.

Museo del Prado. Madrid.

El Juicio de Paris es una historia de la mitología griega en la cual se encuentra el origen legendario de la Guerra de Troya.

El mito comienza con las bodas de Tetis y Peleo.

Eris o Eride, la diosa de la Discordia, molesta por no haber sido invitada a las bodas de Peleo, a la que habían sido convidados todos los dioses, urdió un modo de vengarse sembrando la discordia entre los invitados: se presentó en el sitio donde estaba teniendo lugar el banquete, y arrojó sobre la mesa una manzana de oro, que habría de ser para la más hermosa de las damas presentes. Tres diosas (Atenea, Afrodita y Hera / Minerva, Venus y Juno) se disputaron la manzana produciéndose una gran confusión y disputa, que hubo de intervenir el padre de todos los dioses, Zeus (Júpiter en la mitología romana).

Zeus (Júpoiter) decidió encomendar la elección a un joven mortal llamado Paris, que era hijo del rey de Troya. El dios mensajero, Hermes (Mercurio), fue enviado a buscarlo con el encargo del Juicio que se le pedía; localizó al príncipe-pastor y le mostró la manzana de la que tendría que hacer entrega a la diosa que considerara más hermosa. Precisamente por eso lo había elegido Júpiter; por haber vivido alejado y separado del mundo y de las pasiones humanas. Así, se esperaba de él que su juicio fuera absolutamente imparcial.

Cada una de las diosas pretendió convencer al improvisado juez, intentando incluso sobornarlo. La diosa Juno, esposa de Júpiter, le ofreció todo el poder que pudiera desear, o, también, el título de Emperador de Asia; Minerva, diosa de la inteligencia, además de serlo de la guerra, le ofreció la sabiduría o, según otras versiones, la posibilidad de vencer todas las batallas a las que se presentase; Venus, le ofreció el amor de la más bella mujer del mundo. Se distinguen varias versiones sobre la desnudez o no de las diosas: una primera que indica que todas se desnudaron para mostrar así su belleza al mortal; una segunda que indica que únicamente lo realizó Venus para demostrar así su belleza y por ello ganó; y una última que niega esta posibilidad del desnudo de las diosas.

Paris se decidió finalmente por Venus, y su decisión hubo de traer graves consecuencias para su pueblo, ya que la hermosa mujer por la que Venus hizo crecer el amor en el pecho de Paris, era Helena, la esposa del rey de Esparta, Menelao; en ocasión del paso de Paris por las tierras de este rey, y después de haber estado una noche en su palacio, Paris raptó a la bella Helena y se la llevó a Troya.

Esto enfureció a Menelao y éste convocó a los reyes aqueos como Agamenón, su hermano, que fue nombrado comandante en jefe; Odiseo (Ulises), que, inspirado por Atenea / Minerva, fue el que ideó el caballo de madera con el que la expedición aquea pudo por fin tomar Troya y Aquiles, entre muchos otros, para ir a recuperar a Helena o, si fuese necesario, pelear por ella en Troya, hecho que glosa Homero en la “Ilíada”.



8 – EL NACIMIENTO DE LA VÍA LÁCTEA.
Pedro Pablo Rubens.

Siglos XVI – XVII.

Museo del Prado. Madrid.

Como muchas de las civilizaciones antiguas, los griegos fueron grandes astrónomos. Pasaban mucho tiempo estudiando el cielo, nombrando estrellas y constelaciones y relacionándolas con sus mitos y leyendas. Así le adjudicaron a la diosa Hera / Juno, esposa de Zeus / Júpiter, la creación de la Vía Láctea, la galaxia del Sistema Solar y nuestro planeta.

¿Pero por qué se la nombró Vía Láctea? El mito tiene dos versiones pero ambas están relacionadas con otro famoso personaje mitológico: Hércules (Heracles). Cuenta la leyenda que Zeus siempre tuvo muchas aventuras amorosas con otras divinidades y con mortales. Una de sus conquistas engañosas fue Alcmena, hija del rey Electrión de Mecenas y esposa de Anfitrión. Zeus aprovechó que su esposo estaba ausente para tomar su forma y así unirse a Alcmena.

Cuando Anfitrión regresó, también pasó la noche con ella y de esa forma, Alcmena quedó embarazada de ambos. De su unión con Zeus nació Heracles, y de Anfitrión, Ificles. Antes de nace, el poderoso dios se sentía orgulloso de su hijo y hasta lo consideró su favorito, lo que despertó una gran ira y recelo en su esposa Hera, quien, lógicamente, no soportaba que otra mujer (una simple mortal) fuera a dar a luz a un hijo de su esposo.



Hera quiso complicar el nacimiento de Heracles, quien permaneció diez meses en el vientre de su madre. Cuando Hécules era aún un bebé, la enfurecida diosa le envió dos terribles serpientes para asesinarlo mientras dormía en su cuna, pero el niño, al ser un semidios, estranguló una serpiente con cada mano gracias a su fuerza sobrenatural. Aún así, Hércules era mortal y sólo lograría la inmortalidad si mamaba del seno de Hera, lo cual era prácticamente imposible.

Aquí es donde aparecen las dos versiones sobre el origen de la Vía Láctea. La primera nos dice que el dios Mercurio (Hermes), mensajero de los dioses, llevó al niño a donde Hera mientras ella dormía y lo puso en su pecho para que se amamantara de su leche divina, pero al despertar y descubrió a Hércules, la diosa lo retiró bruscamente y la leche siguió manando, esparciéndose por el universo y dando origen así a la Vía Láctea.

La segunda versión cuenta que Hera y Atenea paseaban por el campo cuando vieron a un hermoso niño que descansaba sobre la fresca hierba. Enternecida, Atenea convenció a Hera de que lo amamantara y ésta accedió, si saber que se trataba de Hércules. El niño chupó la leche con tanta fuerza que hirió a la diosa y esta lo apartó vigorosamente, mientras la leche siguió fluyendo hasta formar la Vía Láctea.


9 – EL NACIMIENTO DE VENUS.

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