Índice de Forum 203



Descargar 286.76 Kb.
Página5/7
Fecha de conversión14.01.2019
Tamaño286.76 Kb.
1   2   3   4   5   6   7

Sara Lovera López

saralovera@yahoo.com.mx


Si fuera poeta iría de la mano con Fernando Pessoa doliéndome y vomitando en la aterradora vida. Acudiría a refugiarme en diálogo con los ojos de Rosario Castellanos por el mar de inmundicia en que se discrimina a los indios, buscaría incesantemente a una nodriza, como la de ella, para refrescarme.

Pero no soy poeta. Sin embargo estoy aturdida y me duele la piel. Me rebelo contra la humanidad que llevo a cuestas a pesar de todo y como Jaime Sabines siento que el diablo está en mi cabecera y se acomoda por las noches a los pies de mi cama.

Leí y releí azorada. Dice Marta Lamas que el cuerpo no garantiza. Sé es en cuerpo de mujer o en cuerpo de hombre, de cierta manera, deshuesando a las personas u ofreciendo ternura.

Así, ellas o ellos transcurren en el laberinto de la nada a la que acudió desesperado Pessoa, en noches larguísimas, como adivinando que sólo nos resta la tristeza y, sin embargo, nos puede salvar y salvarse al mundo con el canto a la vida como nos propone Pablo Neruda.

Cómo se puede ser testigo de la vida cotidiana y entrar en el bosque para conocerlo y hasta entonces escribir sobre el bosque, como decía Federico García Lorca. A mí me aturde el bosque, donde entramos todos los oficiantes del periodismo. La realidad es más cruel que el sentimiento de un amante abandonado o la pérdida infinita del ser más querido que se haya tenido en la vida.

No hay nada que apacigüe las tremendas profundidades del pozo de la crueldad, que conocimos durante décadas, como el Holocausto nazi: No hay forma de no sentir que se cae en el precipicio.

Mientras van y vienen las declaraciones, las reuniones de palacio que organiza el señor Felipe Calderón, van y vienen los recuentos de atrocidades como las del segundo fin de semana de agosto en Acapulco y Monterrey; van y vienen los nombres de los capos y se hacen llamados que nos mandan a una tapia o que nos limitan, como le pasa a Los amorosos de Sabines: solos, siempre solos intentando tatuar el humo o el agua para salvar al amor y no se salva.

De ida y vuelta se hacen balances estadísticos de la intemperie en que están la adolescencia y la juventud mexicana; se llevan los restos de los héroes a un museo o se dan golpes de pecho porque la juventud está perdida y las mujeres más, vulgares y efímeras noticias: lo cierto es que sucede en pleno siglo XXI, sucede, sucede la tortura.

Fue la nota principal del domingo 15 en La Jornada. ¿Es posible? me pregunté una y otra vez. Mientras caía ante mis ojos el relato, uno multiplicado a mil voces. María del Socorro Gaspar Rivera, directora del Penal de El Llano en Aguascalientes, se disfraza de noche, con un traje negro de cuero, pasamontañas y tal vez un fuete para recorrer los pasillos del penal, sólo de varones y escoger al azar a un preso, para luego llevárselo, para torturarlo.

Al hombre se le golpea, se le patea, se le coloca una bolsa de plástico en la cabeza para hacer el simulacro de asfixiarlo. Luego viene la amenaza de muerte y seguro gritos secos, se le tira de nuevo a una celda de aislamiento. La acción se repite, dos o tres veces por semana, dice la nota.

Esta mujer, que no sé cuántos años tiene ni cómo es su rostro, ni cuál su hoja curricular, ¿es una víctima? de la espiral de violencia en que vivimos a diario o es simplemente una mala persona, legitimada en una guerra civil inexplicable, la misma en la que hoy nos quiere involucrar a todos y todas el señor Calderón.

Pensé que estaba en otro planeta. Una mujer, funcionaria, elegida para dirigir una cárcel de alta seguridad efectivamente se trasmuta; pienso en la personificación de Cruela De Vil, el personaje estereotipado de la maldad que me asustó en la infancia, personaje popular contra el que me revelé cuando me hice feminista y me expliqué simplemente: “es el patriarcado el que inventó la maldad en femenino para oprimirnos”.

Pero ésta es real, tanto como la denuncia que llegó a la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH), documentada con la firma de 59 internos de El Llano, donde se asegura que esa larga y dura noche es cierta, tanto como los fantasmas que atosigaron a nuestros poetas, que puede angustiar nuestra humanidad hasta el tuétano de los huesos. Que hay un personaje que fríamente tortura, veja, desnuda, humilla, ofende, injuria, apalea, magulla, abofetea al escogido, con ese pretexto, fácil, de hacerlo hablar ¿quién vende la droga en el penal?

Pero la pesadilla se encarna. De la misma manera que se tortura a una mujer durante una violación individual o tumultuaria, en un escenario de tortura que se creía de los tiempos de la inquisición o el fascismo. En un terreno oculto como sucede el apresamiento de las mujeres de Guanajuato acusadas de aborto, con otro nombre, de esos engañosos que existen en nuestros códigos penales. Es lo mismo, me estremezco.

Además se informa que en El Llano, desde que María del Socorro Gaspar llegó a la dirección, en marzo pasado, se han disminuido todos esos derechos, esos humanos, elementales, mínimos, a que debe tener acceso el peor de los criminales.

Valientes, Tiberio Bravo, quien recibió puñetazos en las costillas, descargas eléctricas en sus genitales, que no teme mostrar las cicatrices, y Jhon Mario Villareal Santillana, con la misma historia, ambos colombianos, revelan lo que ahí está pasando.

La denuncia se hizo a la CMDPDH, cuya copia ya estudia la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT), ya tiene conocimiento Arturo Chávez Chávez, el procurador general de la República; el gobernador de Aguascalientes, Luis Armando Reynoso Femat y otros funcionarios. Y tienen conocimiento de los hechos desde el 14 de julio, es decir desde hace más de un mes. La OMTC sabe de ello desde marzo pasado, digo, de los malos tratos, de la tortura, de que se cancelaron las llamadas telefónicas para los presos, de que se limitó la visita familiar, de que se modificaron los horarios de la visita conyugal y se redujo su duración.

Que ahí también se redujo la cantidad y calidad de los alimentos y cómo para hostigar a la poesía y a la vida, de fondo y con tortura, a esta nueva Cruela de Vil se le ocurrió mandar a destruir todas las áreas verdes del penal, con el objeto, dicen quienes denuncian que la idea es que “que se jodan y vean gris”. Es posible que mande techar el penal, para evitar que también se vea el amanecer, la luz, el ocaso y la vida.

¿De qué está hecha la funcionaria que se llama paradójicamente Socorro? ¿Quién es? ¿Qué le pasa? ¿De dónde llegó a esa situación? ¿Cómo fue? Es probable que se trate de un daño colateral de la irracionalidad que se desató en Los Pinos; de los pendientes agudos en el sistema educativo nacional; de la pobreza económica y espiritual en la que nos debatimos, de ese tocar fondo en una sociedad desigual, donde el poder se yergue sin freno y ya no tendremos salida. Donde es imposible salvar el amor y la poesía.
Este país tan triste, desolado
Sergio Gómez Montero
País mío no existes
sólo eres una mala silueta mía
una palabra que le creí al enemigo
Roque Dalton: El gran despecho.
Recorrer el país es siempre una aventura impredecible: uno nunca sabe qué se va a encontrar a la vuelta de la esquina. Pero hoy, recorrerlo implica darse cuenta que existe un país desgarrado, incrédulo, cansado hasta de sí mismo; pero cansado también de que nada cambia y todo permanece, sin llegar a conocer las causas verdaderas de su desgracia. Aunque sí identifica al “gobierno” –así, genérico, y “gobierno” es todo lo que suena a política-- como el causante directo de sus tragedias. Y hoy, primero y antes que nada, “gobierno” es Calderón, un presidente al que todos quisieran nunca hubiera existido, pues sólo cosas malas para la población provienen de él. Pero “gobierno” es no sólo él, sino también el gobernador (los estados que acabo de visitar: Jalisco, Guanajuato, México, Michoacán y el Distrito Federal, y en ninguno de ellos el gobernador es bienquerido; ninguno hace nada que no sea proteger al crimen organizado, se dice), los presidentes municipales, los senadores, los diputados (federales y locales), los funcionarios públicos de todos los niveles son todos indeseables, pero siempre encuentran en las elecciones la manera de reelegirse para ocupar diferentes cargos públicos.

La política en México, cree la población del país, es como una rueda de la fortuna de la que nunca te bajas una vez que te subiste a ella.

Además, en la feria que es el país, el único juego que existe es precisamente la rueda de la fortuna, y todos quisieran subirse a ella para disfrutar de la diversión que ella provoca, por muy corrupta que esa diversión sea.

El país, así, se reproduce ampliadamente en la corrupción, pues subirse a la rueda de la fortuna conlleva el sacrificio de la honradez como principio: ser político es siempre ser corrupto: nadie escapa a ese maleficio.

¿Y en este país tan desolado cuáles son hoy los caminos que se vislumbran para huir de la tristeza? Lo triste es que ninguno, pues el único permitido –el electoral— nada garantiza, a no ser la reproducción continua del sistema, que fundado en la violencia, una violencia cuyo monopolio comparten indistintamente Estado y crimen organizado, nadie la puede enfrentar, pues ella, hoy, la violencia ha adquirido dimensiones impresionantes con el alimento que cotidianamente proporcionan por un lado el gobierno de Estados Unidos y por el otro los contrabandistas de armas, quienes sin ningún freno surten de todo tipo de armamento a los grupos del crimen organizado.

De aquí al 2012 el país, quizá, seguirá triste y desolado (cada elección intermedia será muestra patente de esas desolación y tristeza), pues será difícil que para entonces la vía electoral permita el surgimiento de nuevas formas de organización.

Hagan sus apuestas, por favor.
Sentido del diálogo
Edna Lorena Fuerte

ednafuerte@gmail.com


Ciudad Juárez, Chihuahua.— En materia de diálogo siempre hay responsabilidad en ambas partes, y en el caso de los diálogos abiertos, de interés público, responsables son todos, pero el sentido de responsabilidad va más allá de la materia discursiva, en muchas ocasiones y en ciertas cuestiones tal parece que el llamado al diálogo se ha vuelto más una forma de socializar, compartir la irresponsabilidad, que de generar retroalimentación propositiva.

¿Cuál es el sentido de los diálogos convocados por el gobierno federal en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico? ¿Hacia dónde va ese afán de llevar hacia afuera la situación de la violencia y la inseguridad con preguntas abiertas, sin aparente respuesta, y además arremeter en contra de todos los actores que no han querido sumarse de lleno a la iniciativa o que la han cuestionado y visto con reservas?

Se evidencia aún más la falta de soluciones, pero lo más peligroso de caer en el discurso de socialización de las responsabilidades, es que precisamente se pierde la perspectiva de los verdaderos encargados de dar solución a estas problemáticas, por poner todos las manos sobre la mesa, podemos dejar de señalar a quienes tienen el encargo de la toma de decisiones, más allá de que es importante la múltiple participación y el que todos asuman conciencia y contribuyan ante una problemática de estas dimensiones.

El jefe del Ejecutivo ha manifestado sobradamente su molestia con los partidos por no participar de estos diálogos, se ha congratulado con los gobernadores por asistir, mientras la discusión parece concentrarse en quiénes están de qué lado, en una guerra de palabras y declaraciones mediáticas; la guerra verdadera está en las calles, sigue incendiando cada vez más parte del territorio nacional y se extiende como un reguero de pólvora del que las altas llamas ya no nos dejan ver el origen de la catástrofe.

De nuevo, estamos ante un problema de perspectivas, claro que hay muchas aristas en esto, claro que se debe mirar la complejidad del fenómeno y no dejar cabos sueltos, pero lo peor es que, tal como ha estado pasando, terminemos por andarnos por las ramas todo el tiempo, por las discusiones mínimas, los dimes y diretes, y no se trascienda hacia las verdaderas soluciones, hacia la rendición de cuentas claras que haga sumatoria de acciones y señale yerros y responsabilidades.

Es una pena ver el circo mediático que tiene tan ocupado a nuestro presidente con la organización de estos “diálogos”, seguro pocos recuerdan ya, pero es el mismo presidente que vino a Juárez a “abrirse al diálogo” hace unos cuantos meses, a escuchar y ser escuchado, igual que ahora lo hace a nivel nacional. Creo que no hay que esforzarse mucho para ver los nulos resultados que este ejercicio tuvo en nuestra frontera. No mucho, o mejor dicho, demasiado poco se logró en materia de cambio de nuestra situación general, y en el tema de la inseguridad hemos ido a peor día a día, entonces qué se puede esperar de esta mesa en la que se invita a sentarse a los actores nacionales, cuál es el paso siguiente después de hablar y señalar a los que no hablaron o a los que hablaron “mal”, qué hay después de los discursos en una realidad que apremia acciones, concretas, reales, soluciones a pie de calle.


¿Legalizar las drogas?
Víctor Orozco

vorozco11@gmail.com


El 25 de agosto, en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, se organizó un panel para debatir acerca de esta única pregunta. Invitado a participar en el evento comencé por cuestionar por qué estamos ahora poniendo el tema en la agenda política. La respuesta parece obvia, pero es indispensable establecerla toda vez que es la premisa de la cual necesariamente partimos: los mexicanos estamos cogidos en una guerra (o como se le llame a este infierno), en la cual estamos perdiendo decenas de miles de vidas, sufriendo masivas emigraciones forzadas, arrojando en un pozo sin fondo incalculables riquezas y en el cual también se están hundiendo cientos de miles de negocios. Lo peor quizá es la imposibilidad de la convivencia pacífica, en la medida que se avanza hacia la desintegración de una sociedad organizada bajo reglas morales y jurídicas. Mirándolas muy lejanas a nuestro entorno, antaño siempre nos causaron asombro las matanzas interétnicas en otras zonas del planeta. Hoy, somos testigos de masacres cotidianas en buena parte del país. La última, de los setenta y dos emigrantes centro y sudamericanos indefensos, horroriza no sólo por la brutalidad, sino porque existen pruebas de la complicidad o participación de cuerpos oficiales.

El gobierno, las iglesias –ciertamente no todas en el mismo grado-- las escuelas y en general cada una de las instancias en donde se forma la conciencia personal o se educa para respetar la ley, son un fracaso. Al presidente de la República no se le ocurre otra cosa para explicarlo que salir con el bobo lugar común de que los jóvenes se han alejado de Dios como si con ello agregara algo a la eterna quejumbre de los administradores del culto religioso. No. Quien se ha alejado de los jóvenes es la sociedad, confinando a la mayoría en la pobreza y la desesperanza. No hay trabajo, no hay escuelas, no hay oportunidades: ésta es la realidad para millones. Al menos una de las caras de la realidad. La otra, es la puerta que abre la delincuencia, principalmente la derivada del narcotráfico. Es la entrada a un espacio de terror, enajenación y abdicación de la voluntad, paradójicamente ofrecido como la única opción a la insuperable condición de perdedores, de marginales en un mundo ajeno, patrimonio de unos cuantos dueños.

Los otros dueños son los jefes del mercado de estupefacientes. Cambian seguido, porque también se mueren seguido, pero siempre hay quien los releve y tome la estafeta. Por eso, suenan vacías y hasta ridículas las proclamas de triunfos que hacen los voceros del gobierno cuando las policías, el Ejército o la Marina eliminan a alguno de ellos. Cómo también han sido intrascendentes las quemas o destrucciones de plantío tras plantío de mariguana o depósitos de goma o polvos de heroína. Al parejo de las drogas deshechas, de los cientos o miles de armas, aviones, vehículos incautados, han crecido los números de narcoadictos y de asesinatos, entre ellos los de miles de inocentes sin ninguna conexión con actividades ilícitas.

Éstas son las poderosas e ineludibles razones por las cuales ahora se ha puesto en el tapete de las discusiones el tema de la legalización de las drogas. Su prohibición y el combate frontal con quienes las comercializan aparentemente han conducido al desastre en el que nos encontramos. Por allí no hay salida. Expongo a continuación algunas de las razones esgrimidas por quienes están plenamente convencidos de que la legalización sería un camino plausible de solución:

1. Disminuiría la violencia en las calles y la desintegración del tejido social. Ambos, se encuentran directamente ligados a la disputa por las plazas y el dominio de las rutas hacia los grandes centros de consumo, sobre todo a Estados Unidos.

2. Se cegaría una de las grandes fuentes de corrupción, derivada de la alianza entre narcotraficantes y agentes del gobierno, desde los altos funcionarios hasta los policías municipales.

3. Se reduciría dramáticamente el precio de las drogas y con ello la acumulación de riqueza por los capos de la droga.

4. Se vigilaría la calidad de las sustancias, evitando 80% de las muertes por consumo, originadas en los agregados artificiales a la droga.

5. Se dejarían de malgastar cientos de miles de millones de dólares en una lucha que carece de sentido y a la cual es imposible ponerle fin,

6. Se podrían instrumentar campañas de prevención y disuasión del consumo mucho más efectivas. El éxito alcanzado en la reducción sustancial del tabaquismo, es una muestra de ello.

7. Se acabaría con uno de los pretextos de los gobiernos para hinchar a los cuerpos militares y atropellar los derechos humanos.

8. Se eliminaría uno de los pretextos esgrimidos por agencias del gobierno norteamericano y por los grupos de EU que muestran una mayor agresividad hacia los países latinoamericanos para montar las acciones intervencionistas en los mismos.

Una pregunta me queda sin respuesta: ¿Disminuiría la legalización el consumo de las drogas? Quienes combaten la propuesta sostienen que aumentaría. No lo sabemos, pero tal vez lo que importe más a la gigantesca mayoría no adicta es evitar los males colaterales derivados del vicio. Los fumadores empedernidos por ejemplo, no perjudican a los otros si se toman unas mínimas precauciones, aunque claro, la sociedad pague el precio por las muertes prematuras y los costos de las enfermedades derivadas del tabaquismo.

Encontrar medicinas para una sociedad enferma como lo es hoy la mexicana, es desde luego una tarea ardua. A la vista de los resultados, sabemos que las medidas tomadas por el gobierno antes que al alivio, han conducido al agravamiento del mal. Estaremos en condiciones de cantar alguna victoria cuando las condiciones de vida y las oportunidades para la realización de los individuos o las comunidades hayan mejorado sustancialmente. Ello alzará sus miras, por encima de las miserias a las cuales son arrastrados cotidianamente.

Entre tanto deben buscarse remedios. En 1934, apenas tomó posesión de la presidencia de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt anunciaba que ensayaría una y otra vez las posibles soluciones a la crisis económica. Si falla un intento, sostenía, emprenderé un segundo, un tercero y así le seguiré, pero lo peor que puedo hacer es quedarme cruzado de brazos mientras millones de familias tienen apenas lo indispensable para sobrevivir. No vale la pena considerar aquí si triunfó o no en el empeño, pero si el ponderar esta actitud, tan necesaria en el México de nuestros días.
Tareas del movimiento popular
Napoléon Gómez Urrutia*

sotelocesar12@gmail.com


Primero que nada, reciban un saludo muy cordial de los miembros del Sindicato Nacional de Mineros, que me honro en dirigir. Mucho me gustaría compartir la mesa de una manera directa con todos ustedes, pero circunstancias conocidas lo impiden. Sin embargo, aquí estamos, para intercambiar opiniones sobre este crucial e importante tema.

Los sindicalistas democráticos e independientes somos parte medular del movimiento popular mexicano. Sin jactancia de ninguna especie, nuestra capacidad de organización y nuestra experiencia de lucha nos colocan de modo natural a la vanguardia de las fuerzas populares. De ello hay probadas muestras. Están la del Sindicato Mexicano de Electricistas; la de la Unión Nacional de Trabajadores y los telefonistas y universitarios; la del Frente de los Pueblos en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco; la de la Confederación Nacional Campesina; la del movimiento lopezobradorista, y la nuestra propia. De todas estas experiencias, muy valiosas cada una en su circunstancia y contexto, podemos sacar algunas conclusiones que nos sean útiles para este diálogo.

La primera tarea de nuestro tiempo es la demanda de convocar y lograr la unidad de todas las fuerzas populares que hoy están dispersas y atomizadas por obra de las fuerzas enemigas del progreso del pueblo. No se trata ilusamente de pretender una organización cerrada y única del pueblo, que sería además de irreal y fantasiosa, una tarea que excede las posibilidades de cualquier movimiento popular en cualquier parte del mundo, no sólo en México, y de cualquier época. Cada sector del pueblo tiene sus propios caminos especiales y sus propias metas particulares. Pero la lucha por la unidad de acción de las fuerzas populares se debe dar para superar las atomizaciones y las dispersiones.

En cuanto a las organizaciones de trabajadores, quienes nos hemos desenvuelto en el movimiento sindical independiente y democrático, tenemos muy claro que la unidad de acción de la clase trabajadora mexicana es la primera tarea importante que debemos afrontar. Una clase trabajadora a nivel nacional que está dividida, atomizada y dispersa, como hasta hoy la hemos tenido, es una fuerza latente pero no actuante, promisoria pero estéril. En el panorama sindical del México actual, somos contadas las organizaciones sindicales que luchamos por la unidad, la democracia y la independencia de nuestras agrupaciones. Por eso el Sindicato Nacional de Mineros ha convocado a la creación del Frente Nacional de Sindicatos Independientes y Democráticos, como inicio de este proceso de unidad. Y en eso hemos demostrado que la perversa persecución contra nosotros, no nos ha doblegado, sino que nos ha hecho más firmes y fuertes en esta lucha, en la que nunca nos doblegaremos ni seremos vencidos.

El conjunto de otras fuerzas sindicales está aún sumido en el letargo de los tiempos pasados, en que una excesiva dependencia política y social hacia los poderes público y privado las han llevado a sometimientos intolerables para sus agremiados, a traiciones verdaderamente escandalosas, y a desviaciones letales en la defensa de los derechos obreros fundamentales, entre los que se cuentan la autonomía y la libertad sindicales, y uno de los más importantes, el derecho a la huelga, que universalmente es reconocido como un instrumento legítimo de lucha por los intereses de los agremiados a los sindicatos.

Por ello hemos roto con el Congreso del Trabajo, del cual, entre otros organismos, el Sindicato Nacional de Mineros fue fundador. Renunciamos a él en cierto momento de nuestra lucha, por no representar ese organismo los intereses de la clase trabajadora mexicana. Nunca lo vimos acercarse a nosotros ni a otros gremios sindicales independientes agredidos, debido a una visión facciosa y cómplice con el poder, ni acompañar nuestra dura lucha en respuesta a la perversa persecución de la que hemos sido objeto durante más de cuatro años, de parte del actual gobierno de derecha y de las empresas antisociales a las cuales este gobierno protege de manera vergonzosa y servil. Por el contrario, el Congreso del Trabajo militó y milita en las filas de nuestros enemigos, y contra otros gremios independientes y democráticos.

Este organismo, anquilosado en el viejo esquema clientelar de la dependencia política y social, no le sirve a un movimiento popular, a diferencia de la CTM durante la presidencia del general Lázaro Cárdenas del Río, cuando jugó un papel aglutinador de las fuerzas populares, no sólo sindicales. La CTM de hoy y el Congreso del Trabajo son un remedo lamentable de la vigorosa e independiente CTM del cardenismo. En aquel tiempo se dio paso al principio postulado por aquella CTM, casi axiomático, de que cuando el pueblo organizado se une a un gobierno progresista, el país avanza. En cambio, cuando ambos se divorcian, el país se estanca y retrocede. Aquél era un gobierno que surgió del pueblo y que seguía una línea popular. El actual gobierno de derecha surgió de elecciones formales pero de dudosa autenticidad, y sin sustancia popular, y rápidamente sus dirigentes, Fox y Calderón, se consagraron a atacar y perseguir a las fuerzas populares, con saña inaudita. Entre un gobierno como este de derecha, empresarial y antisindical, y las fuerzas populares, no ha habido sino divorcio y enfrentamiento.

Pero no sólo eso, sino que la división entre las fuerzas del sindicalismo, y me refiero a todas ellas sin excepción, ha sido la causa en otros países y tiempos, del entronizamiento al poder de las fuerzas de la derecha galopante, específicamente del fascismo en Italia, en España, y últimamente en Chile, procesos que ya fueron superados por sus pueblos, pero al costo de décadas de baños de sangre y represiones brutales. El ascenso de la derecha antipopular al gobierno en México es obvio que también corresponde al debilitamiento y a la división del movimiento sindical. Donde la clase obrera se divide o no encuentra la unidad, se presenta la extrema derecha, sea en su forma fascista o en otra.

El divorcio entre las fuerzas populares organizadas, los sindicatos y uniones de campesinos y trabajadores de las clases medias, por una parte, y el gobierno de derecha actual, por la otra, no es sino una consecuencia de que no hay posibilidad de unión concertada entre un gobierno que se dice republicano pero que mira al pueblo sólo como carne de explotación, y unas agrupaciones sociales que en vez de recibir su apoyo y estímulo, son agredidas permanentemente en sus intereses básicos, pero que a pesar de ello se mantienen dispersas o poco unidas.

De ello, se produce en gran parte la debacle, la crisis económica y social de México, el fracaso escandaloso de la economía, así como la inseguridad galopante, como lo muestra el baño de sangre que hay con motivo de la mal llamada “guerra contra el narco”. El otro factor de quiebra y fracaso es la errática política económica y social del gobierno, inspirada a rajatabla en el molde neoliberal y empresarial, que se opone a la realidad específica de México, que es de trabajadores. El país hace más de 20 años que no crece ni avanza, y eso se puede advertir en todos los sectores de la actividad nacional. Mayores masas de mexicanos son expulsadas al desempleo y al precarismo, o a la emigración a Estados Unidos. Y ello es debido, centralmente, a que gobierno y fuerzas del pueblo organizadas están divorciadas y en conflicto permanente. Este conflicto lo asumen de distinta forma unos sindicatos y otros, pero la falta de unidad de acción de todas las organizaciones del pueblo para oponerse a esta situación, agudiza la crisis y ensombrece el futuro.

La unidad de propósitos y de acción es, para nosotros los mineros, metalúrgicos y siderúrgicos de México, la primera tarea que debe afrontar el movimiento popular mexicano. Las formas de acción deberán ser analizadas y desarrolladas en un diálogo intenso y leal entre las agrupaciones populares, sociales y sindicales.

Para el gremio minero, metalúrgico y siderúrgico de México, este es el último llamado, la última oportunidad que las agrupaciones independientes y democráticas nos podemos dar, para que las fuerzas democráticas y populares, la clase trabajadora y sus organizaciones, nos unifiquemos en torno a la defensa de los derechos de los trabajadores, para construir un futuro mejor. Proponemos auténticamente, con énfasis verdadero, que la unidad de acción sea nuestro objetivo mayor, para impedir el surgimiento de nuevos y más agresivos brotes fascistas en la vida nacional, y para que las fuerzas populares salgan adelante con una clara victoria que corrija las desviaciones y deformaciones que ha sufrido en estos lustros la vida de México.


* *Mensaje presentado en el foro, organizado por La Jornada, El movimiento popular mexicano y sus tareas actuales. México, DF, Casa Lamm, 16-VIII-10.
Seguridad social
1   2   3   4   5   6   7


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal