Número 5 Año 2003 Informaciones y análisis sobre el movimiento



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DEBATES

La Asociación de Libre Comercio para las Américas (ALCA)
y la estrategia de los EEUU de dominación mundial


José Reinaldo Carvalho

Periodista, Vicepresidente del Partido Comunista de Brasil, encargado de las Relaciones Internacionales

La Asociación de Libre Comercio para las Américas (ALCA) que debe entrar en vigor dentro de tres años y cuyo proceso de implantación va a un ritmo acelerado, no es exactamente un plan de integración comercial, o la formación de un “mercado común” de las Américas. Se trata de algo mucho más profundo que una simple orientación económica coyuntural. En su esencia es un proyecto estratégico, elaborado por el imperialismo USA con el objetivo de extender su dominación sobre América Latina. Si se hace realidad, el proyecto ALCA significará un salto cualitativo en las tradicionales relaciones de dependencia económica y política entre la gigantesca potencia del hemisferio norte y los países de Centro y Sudamérica. De hecho se trata del más ambicioso y más amplio plan panamericano de integración subordinada que hayan concebido los EEUU desde su independencia a finales del siglo XVIII, y la famosa doctrina Monroe de 1823 que preconizaba una “América para los americanos”. El ALCA constituye un proyecto de dominación neocolonial y de avasallamiento por el cual, los países participantes se transformarán en dependencias y colonias de los Estados Unidos.



Contexto histórico

Comprender el contexto histórico, la coyuntura actual y el entorno geopolítico en el que se inscribe la ofensiva actual de implantación del ALCA es una condición indispensable para oponerle un combate político e ideológico semejante, de lo contrario la lucha contra el ALCA se reducirá a una serie de frases vacías y de acciones ineficaces.

Durante la segunda mitad del siglo XX, en el contexto de la reacción norteamericana a la Revolución cubana, de la Guerra Fría y de la histeria contra la “amenaza comunista”, los Estados Unidos elaboraron un Plan llamado “Alianza para el Progreso” que pusieron en vigor durante los años 60, presentándolo como un medio de integración y de promoción del desarrollo, pero que en realidad era también “la respuesta de los EEUU a los esfuerzos de los países sudamericanos por crear la Asociación Latinoamericana de Libre Cambio” (ALALC) en 1960, con la que sacudirse el yugo de la dependencia comercial y económica de los EEUU, pero que desgraciadamente no tuvo resultados positivos (véase la revista Paradigmas y Utopías, enero 2002, artículo de la Comisión Nacional Ejecutiva del Partido del Trabajo de México). Esta referencia es importante para comprender que los EEUU no toleran ningún intento de integración que no esté subordinado a su estrategia hegemónica y también para comprender las diferencias con la situación global actual.

El contexto histórico de la ofensiva de los EEUU para la implantación del ALCA se desarrolla en el cuadro de la ofensiva neoliberal a escala planetaria. Es parte integrante de los procesos objetivos en curso, en la actual etapa de desarrollo del capitalismo imperialista que hemos dado en llamar “globalización”. Es un producto del imperialismo neoliberal que conserva las características enunciadas por Lenin en su famosa obra “El Imperialismo, fase superior del Capitalismo”, con una serie de nuevas características. Los actuales procesos de avances tecnológicos y científicos, la internacionalización de los procesos productivos, de los mercados y de los flujos financieros favorecen la maximización de los beneficios y estimulan la concentración de la riqueza y la centralización del capital. Estos procesos exigen políticas de bloques, apertura de fronteras nacionales, desnacionalización de las economías, minimización o desaparición de los estados-nación -cuyo ejemplo extremo es el intento de sustituir al gobierno argentino por un Comité internacional de gestión económica-, la adopción de políticas neoliberales de libre circulación de capitales, toda clase de desregulaciones, reducción de los gastos públicos destinados a objetivos sociales y la brutal ofensiva contra los derechos de los trabajadores.

El mundo se encuentra ante la amenaza de creación de un estado totalitario de ámbito planetario. Las reglas generales para el funcionamiento económico son formuladas por organizaciones financieras internacionales: el FMI y el Banco Mundial, expresión de las necesidades de las grandes empresas transnacionales cuyos ingresos representan un tercio de toda la producción mundial, y de las potencias capitalistas mundiales. En la fase actual, que muestra signos evidentes de senilidad, el capitalismo-imperialismo se transforma inevitablemente al ritmo de la concentración del capital, de la riqueza y del poder político. El neoliberalismo, la acción transnacional del capital financiero, según la definición de Lenin, y la formación de inmensos bloques regionales de países encabezados por los principales países imperialistas, todo esto corresponde a una necesidad vital del capitalismo-imperialismo en esta etapa de su evolución.

En consecuencia, el ALCA se presenta en el contexto de una estrategia de anexión, no de territorios como en el pasado, sino de mercados y centros productivos, y lleva consigo todos los elementos conocidos de la orientación neoliberal del imperialismo.

La iniciativa imperialista que conduce al ALCA se inserta igualmente en el “Nuevo Orden Mundial” surgido tras la caída de la Unión Soviética y de los países que conformaban su zona de influencia. Es un fenómeno característico de los años 90 del siglo XX y que se prolonga hasta hoy. El nuevo orden no está completamente implantado porque existen fuerzas conflictivas, por ello sería apresurado decir que sus bases están asentadas conforme al deseo de la mayor potencia mundial, los EEUU.

No se puede ignorar que vivimos en un periodo de competencia global intensa. Objetivamente existen dos tendencias en los centros dominantes del poder económico y político mundial. La primera y –por el momento la principal- está en torno a la constitución de una superpotencia unipolar, encarnada en los EEUU y su objetivo es el establecimiento, incluso por medio de la fuerza bruta, de su dominación absoluta en el mundo. Existe también una tendencia a la multipolaridad que implica la formación de diferentes polos de poder económico y político en el mundo. Esta tendencia, contraria a los planes norteamericanos, está ligada a las rivalidades interimperialistas con Europa y Japón, a la permanente aspiración de Rusia de jugar un papel activo en el concierto mundial, a la existencia de países como Brasil que, según la orientación que adopte, se transformará igualmente en una fuerte influencia, al menos en América Latina, y a la tendencia de una China socialista a convertirse, en el mediano plazo, en una potencia económica y militar de primer orden. Todo esto puede conducir a coaliciones y alineamientos totalmente diferentes, incluso contrarios a los deseos del imperialismo de los EEUU, según la evolución de los acontecimientos y las soluciones que se den a los conflictos políticos.

Estos factores y tendencias del desarrollo histórico deben ser tomados en consideración para comprender el ALCA y los demás componentes de la política de los EEUU hacia el subcontinente americano. Debemos tener presente, pues se trata de un elemento fundamental para el análisis, que la potencia relativa de la economía de los EEUU ha disminuido en comparación con los años 50 del siglo XX. Otras fuerzas han entrado en escena durante los últimos treinta años, como Japón y Alemania que, aún cuando estos países no se encuentren en situación de hacer fracasar el poder de los EEUU, sí pretenden disputarle la dominación económica del mundo. Sería ingenuo obviar la evidencia de que el mundo está y estará siempre dividido en bloques económicos, formando una tendencia irreversible en el contexto de la economía capitalista globalizada. La Unión Europea ya es una entidad consolidada que disputará cada vez más la hegemonía económica y más tarde, política y militar al imperialismo norteamericano, evidentemente reflejando los intereses de los grupos monopolistas-imperialistas europeos. ¿Se encuentra Japón en una situación diferente, en la que pesa una prolongada crisis que puede impedir las iniciativas de crear un bloque asiático bajo su decisiva influencia?

Si se admiten como válidas estas consideraciones sobre el contexto histórico y geopolítico en el que se inserta el ALCA, llegamos a la conclusión de que los EEUU necesitan esta zona para el éxito de su estrategia de dominación planetaria.

No se puede comprender el ALCA sin una apreciación clara del momento histórico del sistema capitalista en la actualidad. Este sistema ¿se encuentra en vísperas de un nuevo estadio de desarrollo expansivo, un “siglo de oro” contemporáneo, o no será nada más que una vana ilusión, un elemento de propaganda elaborada para enmascarar la crisis global, sistémica del capitalismo? El desarrollo tecnológico no es capaz de regenerar el capitalismo ni de impulsar un nuevo ciclo de crecimiento expansivo. Otro factor a considerar, cuanto más se intensifica y acelera la revolución tecnológica y científica regida por las leyes del capitalismo, más se agravan las contradicciones antagónicas del mismo, en particular la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción.

Pasada la euforia de la era Clinton, se dibuja de nuevo el escenario de una crisis global y sincrónica que no es sólo una crisis financiera sino también de superproducción y que no sólo encontramos en los países de la periferia sino también en los países ricos, en particular los EEUU, su epicentro. La crisis de la globalización neoliberal es cada vez más claramente la crisis del sistema capitalista mismo.



La política del uso de la fuerza

El esfuerzo para la implantación del ALCA, producto de contradicciones objetivas del sistema capitalista-imperialista y parte integrante de la estrategia de dominación de los EEUU, no está exento de contradicciones y engendra inevitables divergencias y conflictos políticos. En consecuencia, hay que prestar atención al contexto actual en el que el imperialismo norteamericano intensifica su política de fuerza. La administración Bush, que representa una tendencia derechista, imperial, unilateral y militarista, ha aumentado considerablemente el presupuesto militar del país y en la actualidad, tras poner en marcha el tratado antimisiles de 1972, persigue una estrategia de superioridad nuclear. Tras los ataques del 11 de septiembre, la administración Bush ha creado una doctrina peligrosa que supone que “los que no están con nosotros, o bien apoyan a los terroristas, o son terroristas” y ha inventado un supuesto “eje del mal” contra el que es necesario luchar.

América Latina no está inmunizada contra estas amenazas reaccionarias y de militarización. La ofensiva contra el movimiento guerrillero colombiano, la conspiración contra el gobierno democrático y popular de Venezuela, la creación de bases militares en los países andinos y en el Caribe, el mantenimiento de cada vez más asesores militares, la práctica de ejercicios conjuntos de los ejércitos latinoamericanos con el de los EEUU, todo esto son signos de que los imperialistas EEUU están militarmente preparados y dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias para impedir cualquier cambio político en la región que ellos consideran su patio trasero. Al mismo tiempo que la intensificación de medidas preparatorias para la implantación del ALCA, hay en marcha un plan de intervención política y militar del imperialismo norteamericano para América Latina.

El ALCA contra la integración soberana de los pueblos

En razón de los intereses económicos que acabamos de enumerar, el combate contra el ALCA no será fácil. En un contexto mundial con una relación de fuerzas tan desfavorable para los pueblos, sólo se podrá salir victorioso de este combate –incluso parcialmente- si son las fuerzas progresistas las que lo encaran, con la convergencia de muchos otros elementos, entre los cuales la competencia entre los EEUU y Europa y algunas resistencias localizadas de sectores de la clase dominante y de las fuerzas armadas de los países latinoamericanos. En este contexto, la posición brasileña adquiere una importancia decisiva, y en consecuencia, la conducta de la diplomacia del nuevo gobierno brasileño. Esto dio importancia al debate sobre el ALCA en la pasada batalla electoral en Brasil.

El desafío de tener que afrontar el integracionismo forzoso del ALCA debe ser abordado primero basándose en una fuerte unidad interna del gobierno progresista con las numerosas fuerzas políticas y sociales que se oponen al neoliberalismo y a su expresión concreta hoy en América Latina. Estas fuerzas progresistas, portadoras de este consenso, deben tratar de formar una amplia unidad latinoamericana y caribeña a partir de la comprensión de las diferentes tendencias en curso en el mundo contemporáneo y de una orientación a favor del multilateralismo, con la posibilidad de abrir espacios de cooperación e integración entre países y pueblos soberanos, fuera del esquema de dominación hegemónica del imperialismo norteamericano. La única alternativa a la tendencia unipolar de homogeneización política, económica y cultural del mundo, de concentración del capital y de la riqueza, bajo la égida de la superpotencia imperialista norteamericana, es la concertación y la integración soberana de los pueblos, libres de toda anexión o sumisión y que aspiren a la democracia, la independencia verdadera y el progreso social.


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