Número 5 Año 2003 Informaciones y análisis sobre el movimiento



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REFERENCIAS

Entrevista a Blade Nzimande

Secretario General del Partido Comunista Sudafricano (SACP)1

Afirmar positivamente quienes somos”


¿Cuáles son las principales cuestiones a las que se enfrenta en la actualidad África del Sur?

Con esta pregunta entramos en la esencia misma de la actual fase de la revolución democrática nacional (NDR) y se refiere principalmente a los fundamentos estructurales del África del Sur contemporánea y a los actuales desafíos. La ruptura democrática de abril de 1994 significó una derrota estratégica para el gobierno de la minoría blanca que había emprendido una vía específica de acumulación capitalista durante todo el siglo pasado. La ruptura de 1994 fue un avance considerable para el bloque de las fuerzas socialistas, dirigidas por el Congreso Nacional Africano (ANC) cuya base son las masas de mayoría negra históricamente oprimidas que constituyen la aplastante mayoría de la clase obrera.

A partir de ese momento, el gobierno del ANC tomó medidas significativas a favor de la clase obrera entre las que se puede citar la restauración y la consolidación de un entorno político y constitucional estable, una legislación muy progresista para el mercado de trabajo y medidas en el terreno económico y social, que han sentado las bases para la extensión de la protección social a la mayoría del pueblo. Estas medidas sociales comprenden programas de salud, educación, electrificación, saneamiento de aguas e higiene públicas, telecomunicaciones, vivienda y un inicio de restitución de tierras y reforma agraria. Estos logros son notables para un periodo de tiempo tan corto. Pero a pesar de todo, las desigualdades y la situación de crisis estructural, que son los fundamentos del sistema heredado del apartheid, siguen apareciendo como tremendamente resistentes. La raza, la clase y el género continúan jugando un papel determinante.

En cuanto a los problemas de la pobreza y la desigualdad, seguimos siendo una de las sociedades más desiguales del mundo y, a pesar de la desaparición formal de la discriminación racial en 1994, la desigualdad racial sigue siendo una realidad evidente. Mientras que la desigualdad entre las razas disminuye de forma marginal, la desigualdad intra-racial aumenta y es el criterio de clase lo que se convierte en el factor más determinante de la pobreza y de aumento de la desigualdad. Esto significa que la división racial de la época del apartheid se convierte cada vez más como una profunda división de clases a partir de 1994.

La economía se caracteriza por un crecimiento blando, por la constante desaparición de empleos en el sector formal y el aumento de la pobreza, en un contexto en el que persisten grandes desigualdades, con insuficientes inversiones directas extranjeras, significativas fugas de capital nacional e internacional y vulnerabilidad frente a los movimientos especulativos de la moneda y de los mercados de capitales.

El nivel de desempleo ha aumentado casi sin cesar a lo largo de la última década. En el año 2001 la cifra oficial de parados era de 6,96 millones, el 37% de la población potencialmente activa. El desempleo se agrava por el hecho de que la población activa aumenta cada año en medio millón. El paro afecta con particular dureza a los jóvenes. En 1999 había 2,5 millones de jóvenes sin empleo. La dramática pérdida de empleo ha producido al autoempleo de subsistencia en el sector informal que ha pasado de 1 a 2,7 millones de personas entre 1996 y 2001.

El informe del comité Taylor (Comité de investigación del sistema general de Seguridad Social de África del Sur, creado por el gobierno), publicado en marzo de 2002, estima que un 45% de la población, es decir 18 millones de personas, viven con menos de 2 dólares por día; el 25% de los niños de origen africano muestran signos de crecimiento incompleto; el 10% de los niños están desnutridos y el 60% de los pobres no reciben ayudas de la seguridad social. En 1996, el 61% de los africanos de origen vivían en la pobreza, contra el 1% de los blancos.

La pandemia HIV/SIDA tiene un importante impacto en la pobreza, la desigualdad y la vulnerabilidad general de amplios sectores de nuestro pueblo. La esperanza de vida al nacer ha retrocedido en África del Sur de 63 a 56 años en 1999.

La herencia de la opresión nacional y de la explotación de clase se encuentra profundamente mezclada con la opresión de género. La vía de la acumulación capitalista sudafricana se ha basado en una triple y muy dura opresión para la mayoría de las mujeres. En general las mujeres negras y las africanas en particular han jugado un papel central en la reproducción de la clase obrera, una clase barata para los capitalistas, no solamente porque sufría la coerción directa sino también porque la carga de su reproducción era soportada por el trabajo no remunerado de las mujeres. Las mujeres negras africanas son las primeras víctimas de la precariedad y de la subcontratación porque tienden a ocupar empleos marginales y precarios. Pero las mujeres no sólo son vulnerables en el mercado de trabajo, también tienen que soportar el peso del trabajo no remunerado: ocuparse de los enfermos, de las personas ancianas y de los parados. Por estas razones todo proyecto de crecimiento y de desarrollo sostenible debe tener en cuenta la situación de la mujer sudafricana.

Dicho de otro modo, a pesar de la derrota del Estado del apartheid y los avances logrados por las fuerzas progresistas desde 1994, con el tipo de crecimiento y el modelo de acumulación predominantes no se podrá resolver la crisis estructural del sistema de subdesarrollo que soporta la sociedad. Esta alarmante realidad en parte es el lastre del pasado, pero en parte también está ligada a las nuevas dinámicas y a los nuevos desafíos como la masiva reestructuración de la clase obrera, la exposición a la inestabilidad capitalista globalizada y la pandemia del HIV/SIDA.

Todo esto significa que la clase obrera no sólo se ve afectada negativamente por el régimen de acumulación en vigor sino también por la ausencia de mecanismos que garanticen los medios de subsistencia de los trabajadores. La estructura del sector financiero en nuestro país –que es, dicho sea de paso uno de los temas principales de la campaña del SACP- ilustra de manera muy clara esta realidad.

Las subvenciones gubernamentales para alojamiento se destinan principalmente a los sectores más bajos del mercado (cuyos ingresos son inferiores a 3.000 rands al mes). Una parte significativa de la clase obrera organizada gana entre 2.500 y 5.000 rands. Al mismo tiempo, los bancos son muy reticentes a conceder créditos a las personas que pertenecen a este sector del mercado. Esto significa que la clase obrera, en general los africanos negros, se encuentran excluidos de las subvenciones gubernamentales y de los préstamos bancarios. Pero el sector más desfavorecido de la clase obrera es el sector informal que no tiene acceso ni a los servicios bancarios ni al crédito. Se estima que el número de sudafricanos sin cuenta bancaria es de unos 10 millones.

En consecuencia, como muestra el análisis anterior, sería estúpido desestimar el carácter contradictorio y desigual de la realidad capitalista predominante en nuestro país. Por ejemplo, las reformas progresistas del mercado de trabajo entran en contradicción o amenazan con ser vaciadas por la sangría de las pérdidas de empleo porque cada vez más trabajadores se encuentran fuera de este mercado. También las impresionantes mejoras de las ofertas de servicios básicos son un contraste asombroso pero son anuladas por la imposibilidad de pagar, por la indigencia.

Esto refuerza la necesidad que tenemos de afrontar esta realidad capitalista y de analizarla conscientemente para saber cómo enfrentarla. El régimen de acumulación implantado en nuestro país ha puesto de relieve el hecho de que la acumulación emergente no sólo amenaza con destruir todos los progresos realizados sino que también tiende a minar, a medio y largo plazo, las cuestiones nacionales y de género, y a apartarse de nuestro objetivo de una vida mejor para todos.

Esta alarmante realidad ha suscitado, en el periodo reciente, luchas de clases generalizadas e intensas. Luchas que reflejan la evolución de las contradicciones de clase en el periodo de transición. Este fortalecimiento de la militancia y esta cólera de clase entre los trabajadores se enraíza –como venimos diciendo desde hace años- al tomar conciencia de que, a pesar de los importantes progresos realizados desde 1994, la clase obrera ha pagado por la reestructuración de los sectores público y privado durante la última década. Esta es sólo una de las dificultades a las que nos enfrentamos, en el marco capitalista, para la transformación de la sociedad. El SACP ha prestado atención a la problemática de la prolongación de nuestra revolución en el contexto del capitalismo pero sin haber analizado lo suficiente las contradicciones del capitalismo contemporáneo. Constantemente hemos mantenido que este enfoque presenta el riesgo de un proceso de reestructuración que dejaría intactas las desigualdades fundamentales de nuestra sociedad.

El SACP forma parte del gobierno de África del Sur desde 1994. ¿Cómo evalúa usted su participación y su influencia en el mismo? ¿Qué dificultades encuentra?

Durante la historia reciente, el SACP ha contribuido a la formación del ámbito democrático existente en África del Sur, con nuestra relegalización en 1990, la movilización de masas, las negociaciones con el régimen del apartheid, la muerte de Chris Hani1, la movilización para las elecciones de 1994 y la elaboración colectiva del programa electoral de reconstrucción y desarrollo. Esta participación condujo a un error de interpretación consistente en considerar que el SACP constituye formalmente un componente del gobierno de África del Sur del que nosotros somos parte sin formar parte.

Hay que saber en primer lugar que hay miembros del SACP que son miembros del gobierno, de los parlamentos provinciales y nacional, de los consejos municipales, han sido designados y elegidos en estos cargos a título personal, como miembros y dirigentes del ANC. Es coherente con nuestra elección estratégica según la cual el ANC, como amplia alianza de clase con tradiciones revolucionarias y una orientación hacia la clase obrera, es la fuerza mejor situada para dirigir la transformación de la sociedad sudafricana. Esto significa que los miembros del SACP en el gobierno, tanto a nivel nacional como provincial y local actúan como representantes del ANC, en el marco del mandato del ANC. Esta situación ha planteado cuestiones concretas y estratégicas para nosotros.

Mientras que de manera general hemos reafirmado que los comunistas deben respetar fielmente todas las decisiones de las estructuras a las que pertenecen y que nosotros nos comprometemos a defender a esos comunistas, incluso si alguna de las políticas que practican en el marco del mandato del ANC entran en contradicción con ciertas posiciones del Partido, mantenemos que el SACP debe señalar la existencia de tales diferencias en las instancias correspondientes. Además esperamos que todos los miembros de nuestro Partido defiendan su unidad y su integridad y que pongan por delante su programa, lo que significa, entre otras cosas, que informen al Partido y se mantengan permanentemente en relación con él, y todavía más en los casos en que pudiera haber diferencias entre las posiciones de las estructuras en las que se encuentran los comunistas y las posiciones del Partido. En la práctica eso significa que los comunistas que están en el gobierno, más allá de sus obligaciones gubernamentales y ministeriales, deben ser capaces de comprometerse en el Partido con las posiciones políticas del SACP. También de acuerdo con el ANC, en el Parlamento Nacional hemos creado un foro de discusión del Partido (PDF) para que los diputados, miembros del SACP puedan debatir los problemas y apoyar al SACP cuando sea necesario. Esto ha permitido a los diputados del ANC, miembros del SACP hacer su trabajo como comunistas sin perjudicar su mandato como representantes del ANC.

Por encima de todo, todos los miembros del SACP son miembros activos del ANC y como miembros del ANC también contribuyen al desarrollo de la política y de los programas gubernamentales. El ejemplo más reciente ha sido el proceso muy completo, abierto y democrático que ha conducido a alternativas políticas y a decisiones tomadas durante la 51 Conferencia Nacional del ANC, en diciembre de 2002. Este proceso se ha caracterizado por discusiones y resoluciones que se debatieron en más de 3000 secciones, -mediante reuniones en las secciones y talleres- de 53 consejos regionales del ANC, de 9 consejos provinciales y en la Conferencia Política nacional del ANC. Además de los miembros del SACP que participaban como miembros del ANC en estos debates, el SACP, la central sindical COSATU y el movimiento democrático de masas fueron también invitados y participaron en los consejos regionales, en las conferencias provinciales, en la conferencia política nacional y en la 51 Conferencia nacional. Es un ejemplo de cómo el SACP contribuye indirectamente a las políticas y a los programas del gobierno.

Todo esto implica que, en cierto modo, el SACP es con toda justicia parte del gobierno dirigido por el ANC. Pensamos que hemos contribuido a las decisiones gubernamentales que, a partir del año 2000, han hecho que el gobierno tomara medidas para garantizar a todos los sudafricanos un servicio mínimo gratuito sanitario, de agua y de electricidad. Según informes gubernamentales, el 50% de este objetivo ya se ha alcanzado. Pero esto no significa que nuestros puntos de vista y nuestras posiciones estén automáticamente de acuerdo con las del gobierno. Por ejemplo, el SACP discrepa de las políticas macroeconómicas del gobierno que comportan una liberalización del comercio, una política fiscal restrictiva y la privatización. Por otra parte, este ejemplo particular muestra que el SACP no participa en el gobierno ni en su administración.

Como se puede constatar, nuestra participación o no participación es una cuestión difícil de gestionar y conceptuar. Nuestro análisis es que hemos contribuido y que el impacto de nuestra existencia se ha dejado sentir. Pero este efecto ha sido limitado debido a las diferencias existentes en la Alianza entre el ANC, el SACP y la COSATU.

Al mismo tiempo que participan en el gobierno, los comunistas, por medio del Partido y los sindicatos, han contribuido activamente a luchas muy importantes contra las medidas neoliberales, en particular las privatizaciones. ¿No existe contradicción entre estos dos modos de intervención?

Como SACP, nuestro análisis de clase precisamente ha tratado de garantizar que permanezcamos vigilantes en la Alianza con respecto a las repercusiones de clase de las políticas económicas, pero es más importante todavía subrayar las intenciones y los comportamientos de la burguesía en el periodo actual. Es esencial saber que la realidad es que nos enfrentamos a un capitalismo y a un régimen actual de acumulación que es un grave obstáculo para la aceleración de los cambios para una vida mejor de nuestro pueblo. De ahí la importancia de integrar estas consideraciones de clase en la NDR. La independencia del SACP y de la COSATU han sido esenciales a este respecto porque hemos podido plantear estos problemas en la Alianza y presentar nuestras posiciones.

El hecho de que subrayemos la contradicción de clase en las luchas actuales no significa situar al ANC en un lado de la barrera y al SACP y la COSATU en el otro. Eso sería un análisis superficial y objetivamente no de acuerdo con la realidad. Pero por otra parte, la situación exige que en la Alianza se debatan y evalúen nuestras propias políticas para saber en qué medida, institucionalmente o no, se estimula un particular tipo de régimen de acumulación que favorece a la clase capitalista. En este terreno, el SACP ha buscado diferenciar las intenciones subjetivas de las consecuencias objetivas (no intencionales), de las políticas gubernamentales. Por ejemplo, esta es la razón por la que el SACP ha solicitado que se haga un análisis completo de nuestras políticas económicas, incluyendo la identificación de sus principales beneficiarios.

Esto nos ha exigido una reflexión franca sobre ciertas experiencias recientes para que el gobierno no se convierta, sin saberlo, en un tapón entre los estrechos intereses de la clase capitalista y las legítimas luchas de la clase obrera. La cuestión esencial que hemos suscitado es saber si el gobierno no debería ser mucho más prudente en sus relaciones tanto con el capital como con la clase obrera de nuestro país.

El SACP ha tratado también de subrayar la importancia de que el ANC, como gobierno, mantenga un contacto dinámico con las masas populares y sus legítimas luchas sociales y conserve así el liderazgo. Nosotros creemos que la movilización de masas va a la par con el acceso y el ejercicio del poder del estado. Y como tal, el poder del estado puede ser objeto de presiones del neoliberalismo, de la burocracia y otras. Además de movilizar al pueblo y construir su poder, la movilización de masas podría ser la barrera ante estas presiones y una clave en el camino de las transformaciones.

No encontramos contradicción sino complementariedad dialéctica entre las luchas de masas (y de clase) y el poder del estado.



¿Cómo ve usted el papel de África del Sur en la escena internacional y particularmente en África? ¿Cuál es su papel en la SADC1 y en el proyecto NEPAD2? ¿Existen las condiciones para crear un frente antiimperialista de los No Alineados contra las políticas de los EEUU?

La victoria relativa de las fuerzas democráticas en África del Sur, aunque no totalmente, pero sí en parte, ha desplazado el interés estratégico de occidente en la región de la SADC. La ruptura de 1994 también ha permitido al capital sudafricano extenderse en África. Ello se debe a la historia del desarrollo económico en la SADC, donde África del Sur se proveía de mano de obra barata y con quien mantenía un comercio desigual con la mayoría de los países africanos.

Recientemente el papel de África del Sur en el escenario internacional se ha caracterizado por la iniciativa del NEPAD, la transformación de las instituciones multilaterales y la promoción de la paz en el mundo. Esto ha contribuido al desarrollo de un nuevo consenso, diferente en los asuntos internacionales y que constituye un potencial desafío al proceso imperialista.

Desde nuestro punto de vista, la iniciativa del NEPAD y la visión general que se desprende de ella marca un giro importante en el continente en relación al paradigma dominante de relaciones internacionales que prevaleció en el gobierno después de 1994.

En potencia, el NEPAD permite un acercamiento a los problemas de nuestro país y de nuestro continente, que reconocen el hecho de que el mundo no funciona normalmente y que la marginación de África es debida al subdesarrollo, consecuencia de una integración en una particular forma de sistema capitalista globalizado. En el NEPAD, los africanos plantean estrategias para salir del subdesarrollo. Pero la iniciativa del NEPAD comporta muchas debilidades y muchos peligros potencialmente graves. Entre ellos, la falta de participación democrática y de implicación de las masas; la poca importancia que se da a la relación establecida entre subdesarrollo y cuestión de género; la subestimación del papel esencial que puede jugar un sector progresista y estratégico, público y paraestatal; el desafío que representa una tentativa de hegemonización neoliberal del NEPAD y también el concepto de asociación con Occidente y no entre los pueblos de África, de los diferentes países con sus gobiernos.

El NEPAD crea un espacio para luchar contra el subdesarrollo. El papel de las masas en toda política de desarrollo debe ser participativo. No se debe transformar a las masas en receptores pasivos de las políticas decididas por estados benefactores. El SACP apoya un NEPAD dirigido por las masas y volcado a los intereses del campesinado y de los trabajadores.



¿Qué piensa usted de la evolución del vecino Zimbabwe cuya lucha anticolonial y antiapartheid ha estado tan cercana a la de ustedes?

La superación de la herencia colonial, el hacerse cargo de las cuestiones nacionales y de género y la transformación económica, en el centro de la cual se encuentra el problema de la tierra, son hoy los temas clave a los que se enfrenta la revolución de Zimbabwe y su pueblo. Es un desafío urgente atajar estas cuestiones para reconstruir un movimiento de liberación arraigado entre las masas del pueblo de Zimbabwe.

Todos los medios de comunicación sudafricanos e imperialistas del mundo abordan esta cuestión demonizando a Mugabe como un dictador y partiendo del principio de que el principal desafío es la democracia, comprendida esta como la necesidad de tener una fuerte oposición. Y ahí aparece el MDC3 al que se celebra, sin crítica alguna, como el salvador de la democracia y del pueblo de Zimbabwe. Para estos medios de comunicación, la cuestión de la tierra no constituye un sujeto pertinente y simplemente lo han reducido a un truco electoral del ZANU-PF (Unión Africana Nacional de Zimbabwe – Frente Patriótico) mientras que la cuestión de la pobreza y de la miseria económica a que se enfrenta el pueblo ni siquiera se menciona. Estos puntos de vista no merecerían ninguna atención si no fuera por la triste realidad de la gran amplitud de la dominación de esos medios neoliberales y racistas en el análisis de la situación de Zimbabwe.

El enfoque opuesto en cuanto al análisis de Zimbabwe, consiste en no ver en los hechos recientes más que una simple expresión de la contrarrevolución infiltrada por todas partes, en las capitales occidentales, en los medios no gubernamentales y en las oficinas de las fuerzas de la oposición en Zimbabwe. Sin despreciar la presencia de actividades contrarrevolucionarias, sería un enfoque totalmente erróneo abordar esta cuestión basándose sobre ese único punto de vista. Es como si no hubiéramos sido testigos del doloroso hundimiento de los países del bloque del Este como resultado de una contrarrevolución apoyada por el imperialismo, pero también de debilidades internas y de graves errores cometidos por los partidos en el poder. La posición simplista ignora totalmente que las políticas del ZANU-PF dañaron a la clase obrera y a los pobres durante muchos años, la burocratización del Partido y, en consecuencia, su distanciamiento cada vez mayor del pueblo.

La evolución actual de Zimbabwe, en particular los resultados electorales son la expresión de tres realidades ligadas entre sí: la herencia colonial y su expresión política contemporánea; los efectos del programa de ajuste estructural aplicados en la década de los 90 y la burocratización del ZANU-PF. La naturaleza vivaz de la herencia colonial se expresa principalmente a través de una combinación de persistentes desigualdades económicas y de un reparto de la tierra groseramente desigual. Esta herencia continúa teniendo su expresión entre las capas de población blanca de Zimbabwe que se oponen a la redistribución de las tierras y buscan la vuelta atrás, eliminando los modestos logros realizados tras la independencia.

Este bloque de elementos esencialmente contrarrevolucionarios “rhodesianos”, están apoyados por el imperialismo, principalmente del Reino Unido, y los elementos ligados a ellos en algunos sectores de la oposición blanca sudafricana. La herencia colonial se traduce también en el arrogante rechazo, manifestado durante años por el Reino Unido -el viejo poder colonial- de honrar uno de los principales puntos de los Acuerdos de Lancaster House1: el financiamiento de la redistribución de la tierra. Por el contrario, todo muestra que el gobierno británico ha elegido apoyar cualquier forma de oposición, incluido el MDC, sin que se sepa muy bien las consecuencias que ello puede acarrear.

El segundo factor importante en la situación actual en Zimbabwe, completamente ignorado en todos los comentarios más importantes, son los efectos del programa de ajuste estructural impuesto por el banco Mundial a partir de 1991 y puesto en práctica por el ZANU-FP que, hasta ahora, sólo ha opuesto una débil resistencia al mismo. Esta adopción acrítica del programa de ajuste estructural ha sido consecuencia de la consolidación en el poder de una pequeña burguesía arrivista, indígena, capitalista y burocrática, dependiente del estado poscolonial y que se ha creado la expectativa de beneficiarse de las privatizaciones de los bienes del estado, en el marco de este programa. Bajo la hegemonía de esta clase, los efectos del programa de ajuste estructural, sin duda son la mejor explicación de la erosión del poder y la influencia de la ZANU-FP entre el pueblo. En consecuencia ello exige un examen detallado.

Durante la primera década de independencia de Zimbabwe (1980-1990) hubo algunos avances importantes y mejoras en las condiciones sociales de la mayoría de los trabajadores y los pobres. Por ejemplo, hubo una extensión generalizada de los servicios sociales, particularmente en salud y educación. La lección más importante de todo ello es que la imposición del programa de ajuste estructural procedió principalmente del Banco Mundial pero cuando sus efectos destructores se hicieron sentir estas instituciones y los medios de comunicación imperialistas acusaron a Mugabe y al gobierno de ser responsables de la crisis. Según ellos el problema no era herencia del colonialismo o del programa de ajuste estructural, el problema era la ausencia de una oposición viable en Zimbabwe.

Otra lección importante a retener es que la reestructuración económica neoliberal no modifica el equilibrio económico a favor de los trabajadores y de los pobres sino que beneficia a las mismas fuerzas que se beneficiaron del colonialismo y a una pequeña capa minoritaria de negros. A pesar de semejante reestructuración económica, la reivindicación nacional del pueblo de Zimbabwe, la tierra, se ha mantenido.

Pero la principal causa del aislamiento del ZANU-PF y del gobierno ha sido el creciente empobrecimiento del pueblo de Zimbabwe, lo que desencadenó los disturbios del hambre y las huelgas organizadas por el movimiento sindical desde mediados y hasta finales de los años 90. Es evidente que la contrarrevolución explota estas reivindicaciones populares, pero la creación de estas condiciones no debe verse sólo como un factor exterior sino también a partir del comportamiento político y del programa económico del movimiento de liberación mismo.

Tras su victoria electoral en todo el país, en 1980, el ZANU de Mugabe perdió rápidamente su carácter original. Sus escalones superiores formaron la elite política de los gobiernos que se sucedieron después de la independencia. El segundo nivel de dirección formó a los oficiales y al NCO1 del nuevo ejército. Miles de combatientes de base fueron desmovilizados y regresaron a sus lejanas granjas. Desde allí, difícilmente podían influir en el curso de los acontecimientos de después de la independencia. En las ciudades, los estudiantes y los sindicatos han sido el apoyo de su lucha, pero fueron marginados. Durante los primeros años de la independencia se los organizó como apéndices del partido dirigente.

Desgraciadamente esta evolución es semejante a la de muchos otros movimientos de liberación de nuestro continente. Una vez en el poder político, las alianzas de clase de los movimientos de liberación cambian, de la alianza anterior a la independencia entre la clase obrera, el campesinado y los sectores progresistas de la pequeña burguesía, hacia una nueva alianza entre estos antiguos elementos progresistas de la pequeña burguesía y los sectores del capital local e internacional. Generalmente eso se logra marginando a la clase obrera y campesina de los programas de reconstrucción adoptados tras la independencia. Sin la participación de las masas, la pequeña burguesía, que ahora controla las instituciones del estado, y en el contexto de dominación del imperialismo, trata de defender sus intereses por la acumulación, en el marco de una alianza con sectores del capital local e internacional. El resultado final de esta evolución siempre es el mismo: la prolongación de la estructura económica heredada del periodo colonial, ahora en condiciones modernas, sacrificando los intereses de la clase obrera, del campesinado y de los pobres.

La progresiva burocratización del ZANU-PF, le ha hecho vulnerable incluso a la presión exterior. A finales de los años 80 y durante los 90 Mugabe ha sido incapaz de resistir a las presiones del Banco Mundial y del FMI y se ha visto obligado a implantar brutales programas de ajuste estructural. Las cada vez peores condiciones de vida entre las masas urbanas llevaron al congreso de los sindicatos de Zimbabwe ( ZCTU), hasta entonces domesticados, a hacerse más combativos durante la década de los 90. Los resultados electorales muestran que el ZANU-PF ha perdido el apoyo de la clase obrera organizada, de las masas urbanas y de las viejas bases de apoyo de la Unión Popular Africana de Zimbabwe (ZAPU) en Matebeleland2.

Los resultados electorales del MDC no la convierten en una organización progresista capaz de hacer avanzar los objetivos históricos del Movimiento de Liberación Nacional. Sin embargo, sería insensato ignorar el hecho de que en las filas del MDC se encuentran obreros progresistas, viejos combatientes de la liberación y una masa sinceramente decepcionada. Pero al mismo tiempo, el MDC también es apoyado por fuerzas conservadoras cuya misión es dar marcha atrás a los logros del movimiento de liberación nacional y que podrían situarse de manera que les fuera más fácil que al ZANU-PF la aplicación del programa del Banco Mundial. Esto se puede ilustrar en parte por el hecho de que el MDC no tiene ningún programa claro sobre las cuestiones clave a las que se enfrenta la revolución de Zimbabwe.

Para el pueblo de Zimbabwe, el desafío consiste en reconstruir el Movimiento de Liberación, en arraigarlo entre las masas populares y en retomar el camino que conduce a la realización de las reivindicaciones propias del pueblo: la tierra, la transformación de la economía y la lucha por el socialismo. Un programa de este tipo es lo que el SACP y, de hecho todo nuestro movimiento, debe apoyar y tratar de reforzar.

La lucha de liberación en África del Sur y en toda el África Austral durante mucho tiempo estuvo ligada a la Unión Soviética ¿cómo valora usted, retrospectivamente, esta relación?

Como nos recuerda con frecuencia el compañero Nelson Mandela, fue el bloque socialista quien primero y con más vigor expresó su solidaridad con nosotros y apoyó nuestra justa lucha contra el apartheid. Eso fue resultado de políticas desinteresadas por parte de la Unión Soviética y del resto del bloque socialista. Ello se tradujo en ayuda financiera, educación política, becas, asistencia militar y muchas otras formas de ayuda. No podemos ni olvidar, ni subestimar esta contribución y este ejemplo de solidaridad internacional. También contribuyó a radicalizar al ANC y a muchos otros movimientos de liberación del Tercer Mundo. Pero reconocemos también el patente fracaso de la experiencia socialista en la Unión Soviética y en Europa Oriental, muy influenciada por los errores cometidos por los partidos comunistas, lo que condujo a la caída de gobiernos dirigidos por partidos comunistas y al rechazo de la visión socialista en estas sociedades. Esto ha provocado un enorme retraso en el movimiento socialista mundial.

Algunas de las prácticas negativas de la Unión Soviética fueron también practicadas por muchos partidos comunistas, incluido el nuestro. De la experiencia soviética hemos aprendido lecciones reales y muy importantes que nos son útiles a la hora de reconstruir nuestro partido.

Pero, debido a que la lucha por el socialismo es producto de la existencia del capitalismo, esta experiencia negativa ha sido sustituida en lo cotidiano por un aumento de la confianza cada vez mayor y las luchas contra los efectos de la globalización capitalista. Observamos también algunos intentos para reagrupar el movimiento socialista internacional. Todos estos cambios son esenciales para recuperar el proyecto socialista, a pesar de la historia y de la experiencia de la Unión Soviética.



¿Cuál ha sido la evolución de los miembros y de la organización del SACP a partir de su re-legalización?

En 1990, cuando fuimos legalizados, no éramos más de 3.000 miembros. Nuestra primera reunión legal reunió a más de 50.000 personas en Johannesburgo, en julio de 1991. Durante los dieciocho primeros meses de vida legal recibimos más de 80.000 demandas de adhesión.

Durante nuestro primer Congreso tras la vuelta al país (el VII Congreso, celebrado en diciembre de 1991) teníamos más de 7.000 miembros. Este número fue creciendo constantemente, en el VIII Congreso, en 1995, éramos 12,000 miembros; en el IX éramos 16.000 miembros y hoy, después del XI Congreso, celebrado en julio del 2002, somos 23.000 miembros. Es una base enorme para el presente y el futuro de nuestro partido. Y más importante, la mayoría de los miembros de nuestro partido son activos en el ANC, la administración, el gobierno nacional, los parlamentos nacional y provinciales, las municipalidades, los sindicatos, las organizaciones cívicas, las entidades de gestión de las escuelas, los foros políticos comunitarios, los comités de salud comunitaria, las organizaciones de la juventud y de los estudiantes, las iglesias, ONG y universidades.

La decisión de nuestro XI Congreso de reconstituir la Liga de la Juventud Comunista probablemente va a contribuir al crecimiento, desarrollo y consolidación del papel y del impacto de nuestros simpatizantes en todos los sectores de la sociedad.



Todos los militantes comunistas son también miembros del ANC. Al mismo tiempo el ANC como tal es líder y miembro de una alianza formada por el SACP y los sindicatos (COSATU) donde los comunistas ejercen también un papel esencial. Estas relaciones son únicas en el mundo. ¿Cómo es esto posible?¿Cuál es el grado de independencia del SACP en este contexto?

Algunos elementos de la respuesta a esta pregunta se encuentran ya en la respuesta a la pregunta 3, pero voy a añadir algunos puntos. Cada miembro del SACP es miembro del ANC. No se puede ser militante del Partido Comunista sin ser miembro del ANC. Pero al mismo tiempo no todos los miembros del ANC son miembros del SACP. De muchas formas, el Partido sigue siendo una escuela política para la Alianza, proporcionándole elementos de análisis y teorías de las luchas nacionales y sociales. Kgalema Motlhanthe, secretario general del ANC dice: “el ANC es un organismo nacional revolucionario que utiliza los instrumentos marxista-leninistas de análisis”. Es un reconocimiento muy merecido de la contribución del SACP al ANC y a la Alianza en su conjunto.

Siempre hemos considerado al ANC como una organización multiclasista, nacional democrática, radical. El hecho de su carácter multiclasista, cada vez más esencial, y que otras fuerzas, distintas de la clase obrera, estén cada vez mejor organizadas e influyentes, no es razón para que el SACP se muestre tímido o escéptico frente al ANC. Esto significa que estamos conscientemente comprometidos con y en el ANC, con el claro objetivo de reunir un abanico de fuerzas de clases diversas pero potencialmente progresistas, en torno al ANC, conducidas por la clase obrera. El SACP no ha tratado de suprimir o distanciar a las diferentes orientaciones de clase en el ANC, pero hemos ayudado a poner en evidencia las diferencias y hemos argumentado que un NDR dirigido y orientado por la clase obrera es la única vía estratégica duradera para nuestro país y, por lo tanto, para una serie de fuerzas de clases diferentes. Concretamente esto significa que:


  • En la Alianza, las relaciones informales e interpersonales, la mejor comprensión mutua, etc. deben estimularse, pero el proyecto socialista en África del Sur no puede ser llevado adelante prioritariamente de esta manera.

  • La fuerza del Partido no debe sustentarse en las relaciones personales sino en nuestro arraigo entre las masas y en la formación de las mismas.

  • Los miembros de la Alianza deben actuar los unos con los otros, sin excusas y a todos los niveles, en primera instancia sobre la base de nuestras estructuras formales y de nuestros programas debidamente encomendados.

La afirmación, sin apología, de nuestros objetivos socialistas, de nuestra orientación de clase obrera y de la independencia de nuestro partido, a menudo se presenta como una “evolución hacia la ruptura de la Alianza”. En realidad es lo contrario. En las actuales circunstancias, las condiciones de buena salud de la Alianza son, para el SACP, estar dispuesto a expresarse con confianza, de manera coherente pero constructiva, desde un punto de vista independiente, socialista y de la clase obrera. El desafío para el SACP consiste en ligarse a nuestras perspectivas, hacerlas totalmente pertinentes para el proyecto multiclasista del NDR, en lugar de aislarnos nosotros mismos.

El proceso de preparación de la mencionada 52 Conferencia Nacional del ANC es un ejemplo del que puede resultar un compromiso fuerte dentro de la Alianza. Actualmente nos hemos comprometido en otro proceso similar para la preparación de la Cumbre para un Crecimiento Nacional y el Desarrollo, que esperamos que desemboque en acuerdos estratégicos entre el gobierno, el trabajo, el capital y la comunidad, sobre la crisis económica sistemática a la que nos enfrentamos. Este proceso puede sentar las bases para la unidad y la fuerza de la Alianza.



En el terreno internacional. el ANC es miembro de la Internacional Socialista, así pues, indirectamente participan en ella los comunistas sudafricanos. ¿Cuál es su impresión?

Antes de que el ANC se integrara a la Internacional Socialista no había relaciones formales pero sí cooperación y solidaridad, a través de los países escandinavos y otros estados-providencia que aportaron su apoyo al ANC. Los partidos afiliados a la Internacional Socialista, aunque de tendencia socialdemócrata, han jugado un importante papel en las luchas antiapartheid. Pero con la ideología de la “tercera vía”, predominante entre los partidos dirigentes de la IS, no se puede hacer frente a los desafíos de la lucha contra la globalización capitalista. El ANC, junto con los demás partidos progresistas del Tercer Mundo, debe trabajar por un programa progresista en la IS y construir espacios y foros para la acción desde la IS.



Al final del pasado siglo, debido al hundimiento de la URSS, muchos partidos comunistas se han planteado revisiones ideológicas y durante los debates han sufrido pérdidas importantes ¿Qué ha sucedido en su partido?

La experiencia de nuestro partido a este respecto se expresó en el XI Congreso, en julio de 2002. Su significación, en parte, se relata en la trayectoria de los doce últimos años del SACP. El VIII (1991) y el IX (1995) Congresos se celebraron en medio de cierta agitación e incluso incertidumbre. Había una considerable inestabilidad en la dirección del Partido (muchos camaradas, dirigentes del Partido en 1991 y 1995 se marcharon). Internacionalmente -y en consecuencia nacionalmente-, tras el hundimiento de la URSS estábamos a la defensiva. En el Partido había una considerable agitación ideológica. Había divisiones sobre qué tipo de partido debíamos construir, si de masas o de vanguardia y no teníamos un verdadero programa de acción en el SACP aunque de vez en cuando lanzábamos campañas. Para mantenernos unidos fue muy importante la popularidad y la personalidad de camaradas clave de la dirección, particularmente el camarada Chris Hani. En resumen, hubo un acuerdo bastante limitado sobre el carácter del partido que reconstruiríamos, el papel y la función del partido y el grado de independencia que sería más conveniente.

En el X Congreso (1998) empezaron a anunciarse algunos cambios: se dio más contenido al eslogan estratégico lanzado por vez primera en 1995, “El Socialismo es el futuro, construyámoslo ahora”. Después de 1998 había que explorar las potencialidades de este eslogan estratégico en la acción programática. Como socialistas, eso nos permitió comprometernos activamente y con confianza en el terreno del NDR y proporcionó una orientación estratégica unificadora a lo que eran, y todavía siguen siendo, diferentes corrientes legítimas dentro del SACP. El fortalecimiento de los medios y los recursos para la sede central y las provincias, además de la atención dada a la formación de cuadros, la estrategia en curso y el desarrollo político, incluidas dos conferencias estratégicas nacionales, la profundización de los lazos orgánicos con el movimiento sindical, la capitalización más efectiva de la experiencia gubernamental, con centenares de cuadros dirigentes del Partido implicados en los consejos locales, legislativos, ejecutivos y el aparato del estado (aportando esta experiencia y estas problemáticas al Partido) y muchos programas de acción coherentes, particularmente la campaña del sector financiero, son puntos que han ejercido un impacto cualitativo tangible en el Partido. La manifestación y la confirmación de estos progresos acumulados sin duda constituyen la principal característica del XI Congreso.

Una de las pruebas es el alto nivel de participación efectiva de los delegados al XI Congreso; los niveles relativamente elevados de unidad, particularmente ideológica y estratégica; una mayor confianza en el Partido, aún cuando algunos camaradas puedan cuestionarlo; una predisposición a afirmar con fuerza la identidad y el papel independiente del SACP en el marco de una alianza más amplia.

Es cierto que el XI Congreso fue un momento de la historia del Partido en el que comenzamos a afirmar más positivamente y de manera más coherente quienes somos, en lugar de preocuparnos de mirar hacia atrás y explicar lo que no somos, en actitud defensiva frente al contexto del hundimiento del sistema soviético, o definiéndonos nosotros mismos, por contraste marginal frente al ANC, es decir, preguntándonos que piensan los demás de nosotros.

Estas realidades tuvieron una resonancia nacional más allá del Congreso, más allá de nuestras propias filas, o incluso más allá de las filas de nuestro amplio movimiento. Los siguientes extractos están sacados del Sunday Times, el periódico capitalista más importante de África del Sur, de su editorial del 28 de julio, titulada “Una voz de conciencia”:

Alrededor de 1000 personas asistieron esta semana en Rustenburg, Noroeste, al Congreso del SACP. Allí había un discordante grupo formado por ministros, parlamentarios, consejeros, sindicalistas y hasta militantes rurales. Lo que los ha reunido ha sido la creencia en algo llamado Socialismo, una filosofía que muchos creen probada, ensayada y rechazada por millones de personas en el mundo en el último siglo. A continuación se desarrolló la convención, según la cual, si durante mucho tiempo ignoramos a nuestros comunistas, la historia los tratará como trató a los que presidieron la Unión Soviética ... Pero estamos en África del Sur y aquí las cosas no son tan simples. El SACP fue parte integrante del movimiento antiapartheid y produjo a algunos de sus líderes más respetados en esa lucha. En consecuencia, el Partido es respetado entre la población y una parte esencial de la Alianza tripartita dirigida por el ANC ... Y ha mostrado que, a pesar de su pérdida de estatura, sigue siendo una voz crítica independiente cuando muchos eligieron seguir la ortodoxia. En 1996, cuando el presidente Nelson Mandela declaró cerrado el debate económico y que todo el mundo debía unirse a la estrategia GEAR1 hubo un consenso general para calificar de retrasados a los que hicieran objeciones. La posterior evolución demostró que un debate más abierto habría podido producir opciones políticas mejores. De hecho, la GEAR ha logrado algunos éxitos, principalmente la estabilidad económica y la protección de África del Sur frente a los desórdenes del mercado internacional. Pero no ha alcanzado todos sus objetivos. El crecimiento sigue siendo débil, el desempleo no se ha reducido y la redistribución de la riqueza tiene como resultado una distancia cada vez mayor entre pobres y ricos. Para muchos, en el ANC ha sido fácil enfrentar a la oposición de derecha. Los partidos blancos tradicionales son tachados de reaccionarios y acusados de resistir a la transformación. Ha resultado mucho más difícil enfrentar a la oposición que pretende hablar en nombre de los pobres y critica a los políticos que pueden tener algún impacto sobre la efectividad del respeto a los compromisos. Junto con la COSATU, el SACP ha tratado de ser la voz que recuerde al ANC y al gobierno los objetivos declarados de mejora de la vida de los sudafricanos. Puede ser que sus declaraciones económicas no siempre sean escuchadas pero si el SACP sirve para recordar a la elite en el poder sus obligaciones con los pobres, entonces se tratará de una voz que debe ser escuchada y tomada en serio”.

Bien entendido, este editorial no está desprovisto de escepticismo con respecto al socialismo y tampoco está totalmente despojado de cierta hipocresía para señalar algunos puntos contra el gobierno del ANC pero, evidentemente es algo más reflexivo que un simple golpe fácil contra el ANC. Hemos citado el editorial del Sunday Times pero puntos de vista muy similares han sido expresados por un amplio abanico de medios sudafricanos, los que están esencialmente destinados a los blancos (en ingles y en africaner) y los que son esencialmente leídos o escuchados por los negros, cada periódico radio o cadena de televisión, añadiendo su propia interpretación.

Hay muchas razones para ello, por ejemplo:


  • El evidente compromiso, por principio, del partido por el no-racismo y nuestro rechazo a jugar de manera demagógica la “carta racial”. La seriedad teórica del Partido, los documentos esenciales del congreso, el informe político y el evidente estímulo al debate abierto.

  • Una cada vez mayor preocupación, bien expresada en el editorial del Sunday Times y recogida por muchas otras publicaciones, incluidos los principales medios financieros (Business Day y Financial Mail) por que las políticas establecidas, inspiradas en el GEAR, no funcionen y que los pobres en particular sean marginados poco a poco, creándose una distancia cada vez mayor entre ricos y pobres.

  • Esta preocupación se acentúa tras el resultado de dos sondeos esenciales que muestran que mientras que “las clases medias” (blancas y negras) van teniendo mejor predisposición hacia el gobierno, los sentimientos favorables entre los más pobres están decayendo significativamente. Estos cambios de actitud con respecto al gobierno no se traducen automáticamente en cambios en las intenciones de voto, pero son significativos y confirman los argumentos del Partido desde hace algún tiempo.

Una preocupación cada vez mayor para impedir la estrategia capitalista de cooptación, que acoge y favorece a una nueva elite para embotar las aspiraciones populares, y que era abiertamente publicitada hace poco por periódicos como el Sunday Times, para abrir la vía a un régimen de acumulación enormemente problemático.

La SACP llama a la construcción de un futuro socialismo desde ahora ¿qué entiende usted con esto?

SACP piensa que los objetivos estratégicos de la NDR como tales son objetivos cruciales, pero en las condiciones sudafricanas y a partir de nuestra perspectiva estratégica, nuestro eslogan “El Socialismo es el futuro, construyámoslo ahora” subraya que la ruptura de 1994 ha creado una situación en la que el impulso, aptitudes e incluso elementos de socialismo pueden y deben alcanzarse por las luchas del presente, como parte integrante del avance, la profundización y la defensa del NDR. Esto se refuerza cada vez más por la imposibilidad de continuar la NDR dentro del terreno del capitalismo, como analizaba en mi respuesta a la primera pregunta.

En nuestras condiciones sudafricanas, la ruptura de 1994 proporcionó un espacio para lanzar una educación socialista de masas y una propaganda entre la clase obrera y la inmensa mayoría de nuestro pueblo que son los que deben aprovechar del Socialismo.

Nuestra tarea es construir la conciencia política y la confianza de la clase obrera, no en términos abstractos sino basándose en las luchas concretas, sobre las cuestiones que afectan a la vida cotidiana de la clase obrera. Todas nuestras campañas tratan de estimular la crítica del capitalismo y educar sobre sus males. La preocupación inmediata del SACP son las transformaciones socioeconómicas: construcción de cooperativas, seguridad social completa, crecimiento y estrategia de desarrollo dirigidos por el estado, transformación y diversificación del sector financiero y una sistemática atención en la transformación del gobierno local y la transformación de la economía local.

Es una condición para el objetivo de búsqueda de consolidación del poder popular dirigido por los trabajadores, rechazando el mercado capitalista, transformando (socializando) el mercado, socializando la función de la propiedad, una renovación moral de nuestra sociedad basada en la solidaridad para y con los trabajadores y los pobres.


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