Número 5 Año 2003 Informaciones y análisis sobre el movimiento



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Los tres paradigmas dominantes en la última década en el Movimiento de Liberación Nacional (MLN)1


Con objeto de hacer más eficaces la estrategia y las tácticas del SACP, es necesario ir más allá de la simple mención de la diversidad de las corrientes ideológicas y de las tradiciones dentro de nuestro amplio MLN (y también en el SACP). Hemos de hacernos la siguiente pregunta: ¿cuáles han sido durante los diez últimos años los paradigmas ideológicamente dominantes en la Alianza dirigida por el ANC2?

Con riesgo de ser esquemáticos, sugerimos que existen tres paradigmas principales. Hay que insistir en que no se trata de facciones sino de corrientes de pensamiento presentes dentro del movimiento. Hacemos referencia a paradigmas como manera de razonar y analizar la realidad contemporánea. No se trata de etiquetas adjudicadas a individuos o grupos de individuos. Estas formas de pensar has surgido de tradiciones y herencias más antiguas. Estos tres paradigmas no constituyen compartimentos estanco sino que se fertilizan y se influencian mutua y permanentemente, y se presentan, en general correctamente, bajo formas híbridas. Y no empiezan ni terminan en las fronteras organizactivas de los tres componentes principales de la Alianza tripartita (ANC-SACP-COSATU). Estos paradigmas son los siguientes:



Aún siendo fluidos e híbridos, estos paradigmas son lo suficientemente reales como para manifestarse cada vez que el ANC, y más ampliamente el MLN, deben adoptar una posición sobre cualquier cuestión importante del momento (Zimbabwe, HIV/SIDA, por ejemplo). (...) Tenemos que ver estas diferencias, escuchar y aprender cada uno de los otros, por medio de la discusión y el debate, y evaluar siempre la pertinencia de la importancia dada por cada uno a diferentes aspectos de las cuestiones, a la luz de la práctica. (...) Cada una de estas corrientes tiene sus fuerzas, sus debilidades potenciales y su vulnerabilidad.

Las fuerzas y flaquezas del paradigma africanista

Este paradigma responde a lo que queda de la principal contradicción estructurante de nuestra sociedad: la persistente herencia de la opresión racial de la mayoría. Es un paradigma que también es potencialmente consciente del carácter agresivo del imperialismo. Igualmente se trata de una corriente que ha tomado ventaja de manera consecuente, y ha hecho un gran esfuerzo para colocar en el terreno internacional, la lucha contra la marginación de nuestro continente.

Sin embargo, si esta posición se aparta de una base de clase ideológicamente coherente y de un análisis científico marxista sistemático de las realidades nacionales, regionales y mundiales, este enfoque puede degenerar con facilidad en un voluntarismo subjetivista con las siguientes características:

Una tendencia a exagerar demasiado las posibilidades de un renacimiento del continente, o a asociar el renacimiento a acontecimientos superficiales. (...)

Cuando se hace patente el desfase entre las expectativas exageradas y/o la esperanza de un renacimiento africano a corto plazo, o un crecimiento y un desarrollo de África, por una parte y por otra, la realidad actual, este paradigma, dentro de nuestro movimiento, da muestras de evolucionar hacia la denegación (...), o a explicaciones subjetivistas –alegaciones de “complots”, de izquierda o de derecha, o explicaciones exageradamente psicológicas sobre las injusticias persistentes: racismo blanco, o afropesimismo global-.

Recientemente, esta corriente ha sido adoptada y adaptada por ciertos sectores de una capa de nuevos capitalistas negros o de aspirantes a serlo. Esto ha acarreado un debilitamiento de la corriente. Hay una tendencia a confundir los intereses subjetivos y la ascensión de una nueva elite negra con la totalidad del proceso de transformación.



Las fuerzas y flaquezas del paradigma pragmático

Debido a los enormes desafíos técnicos y profesionales que se ha visto obligado a afrontar el ANC una vez convertido en partido gobernante, en 1994, se ha puesto a la cabeza de nuestro movimiento un paradigma progresista, “modernizador”, más pragmático, como podemos suponer. La gran fuerza de esta corriente se encuentra precisamente en la gran atención que presta a los detalles técnicos y de gestión y a su preocupación por ser competente.

A mediados de los años 90, la corriente “pragmática”, muy apoyada por fuerzas poderosas de nuestro país y del exterior, jugó un papel dirigente, proponiendo soluciones (supuestamente “neutras”) “tecnocráticas”, a los desafíos de nuestra transición –infinitas restricciones para respetar “las mejores prácticas internacionales” y la necesidad de alinearnos en el “proceso global”. Al menos hasta hace uno o dos años, la globalización se presentaba de manera unilateral, más o menos como un desarrollo y una extensión de las fuerzas de producción totalmente benigna.

Muchas políticas y decisiones prácticas, elegidas por esta corriente, ahora son cada vez menos seguras, al mismo tiempo porque las premisas triunfalistas del neoliberalismo de principios de los años 90 se enfrentaron con fuertes resistencias internacionales y, sobre todo, porque aquí, en África del Sur hay ya una experiencia práctica de unos ocho años.

El principal punto débil de esta corriente es que sin un análisis sistemático del capitalismo global y de sus principales características y tendencias (...) el pragmatismo por sí mismo, es incapaz de superar la herencia histórica del “particular colonialismo” característico de África del Sur. Esto es más evidente tras ocho años de gobierno.

Las fuerzas y flaquezas del paradigma socialista

La corriente socialista de nuestro movimiento no se identifica únicamente con la organización SACP por dos razones: por una parte, existen fuerzas socialistas significativas fuera del SACP, en particular en la COSATU. Por otra parte, porque siendo el SACP una realidad indígena y arraigada, los otros dos paradigmas (africanista y pragmático), existen legítimamente también dentro de él, aún cuando su peso relativo sea diferente en el SACP y en el ANC.

Independientemente de estas observaciones, es importante señalar que el SACP constituye, en su gran mayoría, la fuerza política socialista más coherente y mejor enraizada de nuestra sociedad. Por lo tanto, para observar las fuerzas y debilidades de la corriente socialista en el MLN hay que concentrarse principalmente, pero no mecánicamente, en el SACP.

Se puede medir la raigambre, la legitimidad histórica, la capacidad estratégica, el dinamismo teórico y la relación con la práctica de miles de cuadros comunistas por el hecho de que el SACP es hoy más grande que nunca lo fue durante sus 80 años de existencia. El SACP sobrevivió a los desafíos de los años 90 como fuerza unificada y relativamente dinámica. El Partido ejerce una influencia significativa en nuestro movimiento, en nuestras instituciones clave y evidentemente, de manera más amplia, en nuestra sociedad.

Sin embargo, es justo añadir que mientras que la influencia del SACP en el movimiento sindical progresista es ahora más fuerte que nunca en décadas anteriores, la influencia del Partido en el ANC no es hegemónica como lo fue en el periodo de 1960 a mediados de los 80.

La hegemonía anterior se ejerció en el contexto de un bloque de poder alternativo, global, poderoso, basado en la existencia de la URSS, en el importante avance de las liberaciones nacionales en los países del sur, influenciadas por el marxismo-leninismo (Cuba, Vietnam, África Austral, etc.)

El SACP actúa hoy en otro contexto. No debemos sorprendernos ni desmoralizarnos injustamente si habiendo cambiado dramáticamente, las condiciones externas que favorecían nuestra hegemonía han tenido un impacto subjetivo considerable en nuestro movimiento. Ello se manifiesta de diferentes maneras:


  • Una parte significativa de la antigua dirección del Partido renunció a su pertenencia al mismo durante la primera mitad de los años 90.

  • Durante el mismo periodo existió una considerable fluidez en las orientaciones ideológicas internas del Partido.

  • Hubo intentos, procedentes de ciertos círculos de nuestro movimiento, para marginar al Partido o disminuir su influencia, en particular durante los tres últimos años.

Frente a estas incertidumbres y desafíos, incluidas algunas tendencias al liquidacionismo, incluso dentro de nuestro Partido, hay un peligro dominante evidente. Es una tendencia que se encuentra también en el COSATU y más generalmente en la izquierda. Se trata del aislacionismo socialista (o de izquierda) y se muestra de diferentes maneras.

Afirmando la independencia del Partido, o de la COSATU, tratando de diferenciar las acciones de cada uno de las del ANC, con objeto de mostrar que somos diferentes del ANC, sea cual sea el objeto (...)

Por una excesiva actividad mecánica, centrada en la construcción del SACP (o de el COSATU), por muy importante que sea su construcción, sin hacer un esfuerzo por comprender el papel y la importancia del SACP y de la COSATU en la construcción del ANC.

Renunciando a responsabilidades de gobierno, por “pureza” socialista. Esta variante adopta lo que, en última instancia, es un cinismo liberal frente al poder del estado, considerado, de manera inherente, como burocrático, venal, autoritario y hostil, y utilizando la movilización popular contra el gobierno en lugar de buscar la manera de unir al gobierno y al pueblo.



Las tareas estratégicas y tácticas a las que se deben enfrentar el SACP en el plano político e ideológico de nuestra alianza

El SACP tiene una responsabilidad histórica y la posibilidad de comprometerse activamente tanto con sus socios como con la base de masas de la Alianza. Debemos hacerlo de manera honesta, abierta y con un profundo compromiso por la unidad. Sería un grave error para el Partido, aislarnos nosotros mismos en una cápsula socialista (...) Pero al mismo tiempo, el SACP debe comprometerse como no menos “nacionalista” y no menos “práctico” que cualquier otra corriente de nuestro MLN. De hecho, el socialismo científico, por sí mismo tiene el potencial para:

Alumbrar un “nacionalismo” coherente, progresista y de largo alcance;

Desarrollar estrategias, tácticas, políticas y programas que son realmente prácticos, para realizar verdaderamente las tareas del MLN.

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