Número 5 Año 2003 Informaciones y análisis sobre el movimiento



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CHINA

Debate ideológico: clases, partido y estrategia


El discurso del 1º de julio de 2002

Con motivo del 80 aniversario1 de la creación del Partido Comunista Chino, su Secretario General Yiang Zemin, ante la perspectiva de la convocatoria del XVI Congreso2. pronunció un discurso que se convirtió en el texto más comentado en China, Este discurso fue rápidamente catalogado como el exponente de la teoría de la “Triple Representatividad”, que plantea la propuesta de admitir a capitalistas en las filas del Partido Comunista Chino.

Con todo rigor, la tesis expuesta en este discurso que dice que “la Triple Representatividad”, según la cual el PCCh debe representar a la vez “las exigencias del desarrollo de las fuerzas productivas de vanguardia, la cultura china de vanguardia y los intereses fundamentales del pueblo”, era anterior3, pero con este discurso esta tesis adquiere una importancia sin precedentes, confiriéndosele un estatus teórico4 que se refuerza después con la propuesta de que fuese inscrito en los estatutos del PCCh. La teoría, tal y como se expone, (publicamos en anexo amplios extractos) no se reduciría a esta única propuesta relativa a la pertenencia al Partido, propuesta que apunta a toda una serie de capas nuevas entre las que los capitalistas son un componente más. Pero hay que reconocer que este componente es, con mucho, el más delicado, sobre todo si, de una u otra manera, alcanzara el rango de principio estatutario. Y es lógico que haya suscitado un verdadero debate en China, debate del que aportamos aquí elementos de referencia e incluso un fondo contextual aún cuando todavía no son bien conocidos todos sus aspectos.



¿Capitalistas en el PCCh?

Para ser precisos, la cuestión de la admisión de capitalistas al PCCh se plantea en la actualidad más en el plano teórico y cualitativo que en el práctico y cuantitativo. Teniendo en cuenta la evolución de la China contemporánea y de la pertenencia de la élite china al PCCh, ya hay miembros capitalistas en el mismo, esencialmente porque ya estaban antes de cambiar de estatus social5. Pero la definición china es diferente de la del mundo capitalista. En China se trata de “empresarios” que dirigen principalmente sociedades de capital mixto, muchas veces empresas públicas con aporte de capital privado. Además, no son muchos, comparados con su número total6.

Pero la cuestión debatida es de otro carácter, se refiere a la naturaleza fundamental del Partido. La propuesta del Presidente Yiang Zemin no se limita a constatar y legitimar la pertenencia individual de los capitalistas al PCCh, sino a reconocer el lugar de este sector de la población en el Partido y, en consecuencia, a modificar los estatutos del Partido que, hasta ahora, estipulaban que “el Partido Comunista Chino es la vanguardia de la clase obrera”.

La cuestión que se plantea es saber si esta proposición modifica la naturaleza comunista, de clase, del Partido o si se trata de una simple adaptación a la evolución de la sociedad china contemporánea en pleno desarrollo. Dicho de otro modo, al hacer esto ¿se está basculando hacia el capitalismo o simplemente es una adaptación a su etapa actual de “socialismo de mercado1”?

Este debate continuará a medida que vaya evolucionando la economía de China en la que el sector privado ha crecido considerablemente, representando un 30% del PIB en 2001 frente al 70% de los sectores públicos (37% Estado, 33% cooperativas). En el año 2002 había dos millones de empresas privadas que ocupaban a 27,13 millones de trabajadores2, es decir el 3,7% de los 730 millones de trabajadores chinos3.

¿Ruptura o continuismo?

La tesis oficial, destacada constantemente por los medios de comunicación chinos, es categórica: fidelidad y adaptación y no ruptura, ni siquiera principio de ruptura. Esta interpretación es coincide, al menos, con la letra del discurso. Así, el teórico Li Zhongjie, expresándose sobre la teoría en su conjunto llama a: “mantener firme el nudo que ata el pensamiento de la Triple Representatividad con el marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao Zedong y la Teoría de Deng Xiaoping y a prevenir cualquier tendencia que trate de separar estos dos estratos o a oponerlos entre sí. En cuanto al enfoque marxista científico, Deng Xiaoping ha utilizado dos formulas: la de los viejos antepasados, por una parte y el aporte de cosas nuevas, por otra. Esto quiere decir que no debemos abandonar a los viejos antepasados marxistas pero que debemos proporcionar algo nuevo a la luz del desarrollo histórico”. Después de muchas citas para explicar su enfoque de la “línea de continuidad” del PCCh, identificando los elementos nuevos del contexto, afirma: “Debemos oponernos a las ideas equivocadas de “izquierda” que, por un enfoque rígido y dogmático sin relación con los cambios de las condiciones históricas objetivas, niegan la importancia del pensamiento de la “Triple Representatividad” y debemos oponernos a las tendencias erróneas de derecha que niegan las bases del marxismo y los cuatro principios fundamentales en nombre de su apoyo a la bandera de la “Triple Representatividad”1:

En el mismo sentido, sobre la cuestión de la admisión de nuevos miembros, Li Liangdong, jefe del departamento político y legal del la Escuela Central del Partido, puntualiza: “la esencia de un partido político, vanguardia de una clase, está determinada por sus principios guía, por sus metas en la lucha y por sus valores. No está determinada simplemente por el origen de sus miembros. No hay razón para excluir de antemano a elementos avanzados, procedentes de otras capas sociales de la pertenencia a nuestro Partido, ni siquiera los elementos avanzados del sector privado. Pensamos que hay que aceptar la adhesión al Partido de elementos avanzados procedentes de otras capas sociales, no de todos, si no son avanzados no serán admitidos en el Partido. En consecuencia, no podemos contentarnos con afirmar que el Partido se está convirtiendo en “el Partido de todo el pueblo”. Un considerable número de entre los principales dirigentes de nuestro Partido en la época de la Revolución procedían de familias de las clases explotadoras. Y no podemos decir que el PCCh de aquella época no fuera la vanguardia de la clase obrera. El origen de una persona no puede ser utilizado para juzgar la calidad intrínseca de la misma”2

Críticas internas

Esta posición suscita, esquemáticamente dos tipos de críticas, una, la de la derecha, que ve en esta posición un camino abierto para una posterior ruptura con el socialismo, mientras que la otra, la de la izquierda, es hostil a arriesgarse lo más mínimo en esta dirección.

Por eso, “algunos investigadores sostienen la idea de cambiar los estatutos y el nombre del Partido con objeto de cimentar la nueva identidad. El profesor Chen Yingyuan, de la Universidad de Pekín, recomendó incluso que las Tres representatividades de Yiang sustituyeran en los estatutos los Cuatro Principios Fundamentales de Deng Xiaoping. Eso dispensaría formalmente de tener que adherirse al marxismo, al leninismo y al pensamiento de Mao Zedong, a la vía socialista y a la dictadura del proletariado1”.

Pero de hecho, por aquel entonces fue más bien la otra crítica de izquierda la que dio que hablar y la que más pesó en el debate, esencialmente porque reflejaba y, en parte podía canalizar los descontentos sociales generados por los cambios (rechazo de los nuevos ricos y de la corrupción, desempleo... ) coincidiendo en los medios intelectuales y entre la juventud con el crecimiento en potencia de una “nueva izquierda” antiglobalización, “muy roja” e impregnada de experiencias de los países capitalistas2.

Por ejemplo, Monthly Review, una prestigiosa revista de la izquierda norteamericana, dedicó un dossier a sus tesis3. La revista publica la carta de 14 antiguos dirigentes que cuestionan en términos duros la legitimidad democrática interna de la teoría de Yiang Zemin y su orientación, a la que acusan de preceder a un abandono similar al que se produjo en la Unión Soviética y en los países del Este.

Esta corriente ha atraído la atención internacional: “el ala izquierda y ultra conservadora desde el comienzo del verano hizo circular una nueva petición de 10.000 caracteres, con referencia a un panfleto neomaoista que criticaba a la dirección del Partido por seguir una vía capitalista. Este panfleto afirmaba que la corrupción era el resultado inevitable del abandono del socialismo ortodoxo por Pekín y de su acuerdo para permitir prosperar al capital privado y extranjero. Los partidarios de la izquierda llamaban a la lucha política para salvar al Partido de las garras del capitalismo”4. Muchos periódicos pequeños en China se hicieron eco de estas posiciones.

Es difícil apreciar el impacto de esta crítica, no sólo como oposición abierta sino más que nada por la influencia que ejerce en los sectores integrados a la línea oficial, hasta la dirigencia. Sin embargo parece lo suficientemente fuerte como para que a un dirigente comunista extranjero, Guenadi Ziuganov, presidente del Partido Comunista de la Federación rusa, se le formularan dos preguntas al respecto para que se pronunciase sobre la cuestión5. Las dos preguntas planteaban, por una parte: “en el Partido debemos enfrentarnos a una dificultad debida a la resistencia de las fuerzas de izquierda que, por ejemplo, se pronuncian contra la entrada en el Partido de nuevas capas sociales, empezando por los capitalistas y los grandes empresarios”; y por otra parte que “nuestros viejos militantes “de izquierda”, del Partido hablan de traición a la política anterior y hacen duras críticas”. Reconocimiento de un debate que no es totalmente nuevo.

Se distinguen tres grandes corrientes en el PCCh. Al Sargis que ha dibujado un detallado panorama, situa estas corrientes en la continuidad de los “reformadores” posMao: “de izquierda (conservadores), de derecha (liberales) y de centro (moderados) Se diferencian, primero por la amplitud, la profundidad, el espacio y la dirección de la reforma económica y política. De manera esquemática, la izquierda quiere que las reformas económicas privilegien la planificación sobre el mercado pero rechaza las reformas políticas porque las considera una liberalización burguesa. La derecha quiere que las reformas económicas privilegien el mercado, dejando para el Estado sólo un papel suplementario y apoya una reforma política que dé al poder legislativo el papel principal. El centro opta por una reforma económica según la cual el mercado y el Estado ocuparían una posición equilibrada como mecanismos reguladores, y estaría de acuerdo con el status quo de la estructura política”6



¿Un compromiso?

Este debate parece haber tenido repercusiones en la dirección del PCCh y habría dado lugar a un compromiso con cierta crítica de izquierda. Por ejemplo, algunas fuentes afirman que durante la reunión del Comité Central del 24-26 de septiembre de 2001 hubo fuertes protestas en cuanto a la admisión de los capitalistas, incluso rechazo parcial, sobre la base de un consenso que se habría establecido en Minzhu Shenghuohui, donde, a comienzos de septiembre se habrían reunido la mayoría de los miembros del Buró político además de “tres viejos mentores, Qiao Shi, Song Ping y Liu Huaqing”1. Y cuando el presidente Yang Zemin, en junio de 2002, pronunció en la Escuela de Cuadros2 el tradicional discurso que precede a la celebración de cada congreso, el texto distribuido no hacía ninguna referencia a las cuestiones delicadas, los observadores vieron en ello la confirmación de un nuevo equilibrio interno.

Durante el primer semestre de 2002 en que se efectuó la elección de 2.120 delegados al congreso, algunos especialistas trataron de seguir atentamente los movimientos de la elección. Según una fuente norteamericana, por ejemplo, “el presidente Yiang Zemin hizo un llamamiento a la unidad en el Partido Comunista, permitiendo que muchos dirigentes “conservadores” mantuvieran sus posiciones. La recomposición de la dirección en 31 provincias y ciudades de administración directa, que comenzó el pasado año, llega a su fin. La mayoría de los dignatarios del Partido en estas provincias y ciudades han sido reelegidos o se les han atribuido puestos similares en otras regiones. Muchos miembros de la izquierda o cuadros cuasi maoístas que se oponían a los esfuerzos de Yiang para permitir la adhesión de los hombres de negocios al Partido, fueron reconfirmados en sus cargos”3

Más allá del debate teórico y de las diferentes orientaciones políticas concretas que se podrían desprender, cierta prensa internacional ha preferido ver en todo esto querellas entre dirigentes por la sucesión y por prestigio, con análisis políticos heredados de la “kremlinología”, y esto sobre dos registros: por una parte la sucesión entre el número uno, Yiang Zemin y Hu Yintao, el futuro número uno, ambos vislumbrados desde la época de Deng Xiao Ping como los líderes de la tercera y cuarta generación4 respectivamente; y por otra parte la cuestión del prestigio, ligado a la formalización o no del aporte teórico de tal o tal dirigente a los Estatutos del Partido5



El XVI Congreso

Para tratar todas estas cuestiones y muchas otras se fijo la fecha del 8 al 14 de noviembre de 2002 para celebrar el Congreso. La víspera se precisó la orientación elegida por medio de un artículo teórico oficial. El debate sobre la admisión en el Partido de los empresarios, a los que algunos calificaron de “trabajadores” y otros de “explotadores”, se remontanba a 1999, en un debate que planteó diferentes interpretaciones de la “teoría marxista del valor”. La primera interpretación fue la que se mantuvo6.

Con el informe introductorio de Yang Zemin se confirmó el lugar que ocuparía la teoría de la “Triple Representatividad”. Se le reserva un amplio espacio al comienzo y al final del informe. El comienzo está dedicado a la experiencia pasada y a la orientación ideológica trazada: “el tema de este Congreso se define como sigue: levantar bien alta la bandera de la teoría de Deng Siaoping y aplicar íntegramente el importante pensamiento de la Triple Representatividad”. La tesis se presenta como un aporte fiel y creativo al marxismo, en un contexto internacional marcado por la decisión china de continuar, bajo formas específicas, la construcción del socialismo tras el hundimiento de la ex URSS y los países del este de Europa.

En este contexto, la cuestión de los empresarios es considerada como un enriquecimiento social, sin referencia a la pertenencia al Partido1. Los principios invocados son el del respeto a la diversidad de las formas de trabajo y la garantía de las diferentes formas de contribución personal, y el fortalecimiento de la unidad nacional2.

Hacia el final del discurso se establece la pertenencia al Partido de la manera siguiente: Según Yiang Zemin, “el Partido tiene que asegurarse de seguir siendo siempre la vanguardia, no sólo de la clase obrera china sino también del pueblo chino y de la nación china (...) y de que siempre representará las exigencias de las fuerzas del desarrollo, de las fuerzas productivas avanzadas de China, la orientación del progreso de la cultura china avanzada y los intereses fundamentales de la aplastante mayoría de la población de China”. Después de un repaso de los grandes principios comunistas, Yiang Zemin concluye: “habrá que admitir también en el Partido a los elementos avanzados de otras capas sociales, siempre que aprueben el programa y los estatutos del Partido, que estén dispuestos a seguir su línea y a luchar para la ejecución del programa y que, tras una larga prueba, se verifique que reúnen las condiciones requeridas para ser admitidos en el Partido. Esto contribuirá a reforzar la influencia y la fuerza de cohesión del Partido en toda la sociedad3.

Las puertas están abiertas, pero tal vez no tanto como algunos esperaban. La práctica irá marcando la importancia que habrá de concederse a la insistencia sobre los requisitos políticos e ideológicos para la admisión y “el largo periodo de prueba”4 ¿Será esto resultado del compromiso?

Como siempre, en el congreso, la atención se centró en la elección de las personas, para anticipar las tendencias de la puesta en práctica. Lo esencial se sabe. El núcleo de dirección (Comité permanente del Buró político) está formado por nueve dirigentes, ocho de ellos nuevos, en torno al Secretario General Hu Yintao, todos con una formación de ingenieros. Yiang Zemin sigue siendo, como lo fue Deng Xiaoping, presidente de la Comisión Militar Central5.

En el periodo anterior, el congreso fue la ocasión para especulaciones de los expertos internacionales. Uno de ellos anunció6, la víspera de la elección del Comité Central, la concretización de la era de los capitalistas, con la designación de dos de ellos entre los 350 miembros y suplentes del Comité Central, Zhang Ruimin y Liu Chanzi, añadiendo que “no son exactamente empresarios privados puesto que dirigen sociedades que en parte son propiedad del estado que posee la mayoría de las acciones”. De los mencionados sólo el primero fue elegido como suplente7. Otros predecían8 el ascenso de Li Ruihan, considerado líder del ala moderada del PCCh y hasta entonces número 4, al número 2. Éste ni siquiera ha sido elegido para el Comité Central ¿tal vez por el mismo compromiso? El experto de la CNN anunció el nombramiento, al día siguiente del Congreso, de Zhang Deyiang a la cabeza del Partido en la provincia de Guangdong (Cantón). Esta provincia de más de 70 millones de habitantes (menos del 5% del total) cuenta con el 10% en el PIB chino, y es el símbolo de la nueva economía china, con el 30% de las inversiones extranjeras realizadas en el país. Zhang Deyiang, miembro del Buró político, es presentado como “un cuadro relativamente conservador” que se destacó a comienzos de 2001 con “un artículo aparecido en un periódico teórico conservador, suscitando dudas sobre la rectitud moral y política de los empresarios privados”.

La decisión de admitir empresarios, capitalistas o no, tomada actualmente al más alto nivel, continuará alimentando debates de interpretaciones que no podemos citar exhaustivamente. Partiendo de los debates internos chinos1, la mayoría están de acuerdo en un doble punto común: la prioridad acordada al desarrollo económico centra la atención sobre los empresarios con una doble búsqueda de cohesión social y cohesión nacional. La primera está destinada a legitimar plenamente el aporte de estos trabajadores/explotadores que deben acompañar de forma duradera la construcción de la primera fase del socialismo. Representan un aporte y un peligro. El peligro no está sólo en el conflicto social sino también en la hegemonía de China. Si el aporte es dominante, los comunistas chinos tendrán la elección entre dos respuestas posibles, esquemáticamente opuestas: incluir a los empresarios para “controlarlos” o excluirlos para evitar que ellos “controlen” el Partido. La primera sería a la vez la tesis oficiosa (en positivo): “La idea es extender la base de apoyo del Partido para incluir entre ella a los empresarios privados para que el Partido pueda mantenerlos bajo su control”2; y la de ciertos opositores (en negativo): Bao Tong, un disidente expulsado en 1989, previene a Occidente contra esperanzas demasiado fáciles: “colocados bajo la tutela del poder absoluto, los capitalistas rojos no pueden convertirse en una fuerza motora a favor de la reforma política”3.

La segunda tesis sería la de un control a la larga de los capitalistas sobre el PCCh. Aquí también podemos exponer dos puntos de vista diferentes en cuanto a los objetivos, pero cercanos en el análisis. Por una parte es la crítica de la izquierda del Partido que (en negativo) propone dirigir a los capitalistas hacia pequeños partido mantenidos en la esfera del poder, en armonía con el PCCh4, para evitar que lo “contaminen”. Igualmente la mayoría de la prensa occidental saluda el giro chino como verificando y anunciando la total integración progresiva de China, mensaje más bien destinado a la opinión pública mundial para convencerla de que ya no hay lugar para el socialismo sobre la tierra bajo ninguna forma, más que a los cenáculos de los que toman las decisiones económicas y políticas.

Para otros comentaristas extranjeros menos sensacionalistas, la misma serie de análisis sitúa la apuesta política de las nuevas capas, no tanto en la llegada de algunos capitalistas como en la irrupción política de las capas medias5. Esta idea es controvertida. ¿Es suficiente el criterio de los ingresos para definir a esta clase?¿tienen una autonomía política? Este conjunto representaría el 1% de la población, unos 200 millones de individuos. Pero ahí hay materia prima para reforzar los temores o las esperanzas de las diferentes tesis sobre la evolución socio política de China6.

La otra dimensión es nacional. Los llamamientos a los empresarios están también destinados a todos los chinos, incluida la diáspora, a todas las comunidades chinas, incluidas las que se han probado en el capitalismo. Es la teoría de la doble vanguardia: “el Partido Comunista Chino es la vanguardia de la nación china y de la clase obrera”. Refuerza en el extranjero, particularmente en los EEUU, el espectro del advenimiento de una gran potencia asiática, la competencia de mañana. Es el objetivo chino, que después de haber multiplicado por ocho el PIB desde 1978, pretende cuadruplicarlo de aquí al 2020.



Un desafío internacional

Tratándose del futuro del Partido Comunista Chino (PCCh), fuerza dirigente1 de la segunda potencia mundial, el más serio candidato susceptible, por ahora, de cuestionar la hegemonía de los EEUU en el siglo XXI, ninguna elección de idea o de personas enmascararía el desafío fundamental que es solo chino. Juzgadas ya caducas las formas de la guerra fría del siglo XX, China se inscribe en una perspectiva de paz duradera pero prudente2. La competición a corto y mediano plazo ha sido sustituida por una lucha a largo plazo en la que cada uno actúa a partir de ahora. En el presente reviste formas específicas, dejando de lado el enfrentamiento directo por una y otra parte y prefiriendo una forma de co-opetiction3.

¿Cuál es la estrategia a largo plazo de los EEUU? Según Zbigniew Brzezinski, autoridad mundial: “para EEUU, el desafío estratégico principal es Eurasia” o “el ritmo del crecimiento económico y el monto de las inversiones extranjeras - los dos, los más elevados del mundo- han permitido establecer que de aquí a alrededor de veinte años, China será una potencia mundial de la misma envergadura o casi que los EEUU o Europa (...) Asistiremos a la emergencia de una gran China reforzada por la devolución de Hong Kong, de Macao y de Taiwan si éstas se someten políticamente. No sólo será el Estado dominante en el Extremo Oriente sino también una potencia global de primer orden4”.

Un especialista francés en geopolítica, encargado de la formación de los cuadros militares, explica: “está claro que China es ahora el objeto principal de su obsesión. Recomponiendo el conjunto se puede constatar que la estrategia global emprendida por los EEUU es oponerse a la emergencia de este gigante5”. “China, -escribe- son 1.400 millones de personas. Esta enorme masa se encuentra todavía al abrigo del capitalismo mundial. Los EEUU quieren desamurallar China como lo hicieron en 1945 con Europa occidental, estableciendo allí todos los instrumentos del libre cambio”. Y, relacionándolo con los recientes acontecimientos en Afganistán e Iraq, añade: “¿Cuáles son los principales ejes de esta estrategia norteamericana? El primero es controlar el aprovisionamiento energético del crecimiento asiático (...) Para los EEUU dominar esta región es poseer la gasolinera de Asia y, en consecuencia poder controlar la demanda energética de China. El segundo eje norteamericano reside en la formación de una serie de alianzas para acorralar a China, de la misma manera que lo hicieron con la URSS durante la guerra fría”.

Efectivamente, desde el punto de vista nacional, esta China, por su envergadura y su cultura, es percibida como un peligro, porque no es dirigible desde Occidente. Desde el punto de vista político e ideológico, este Partido, que once años después de la caída de la URSS, a pesar de sus notables evoluciones no ha renunciado a su identidad, es el ejemplo más flagrante de la no desaparición de los comunistas del planeta, y no de un comunismo estancado como el que mantuvo un conflicto durante 70 años con el capitalismo, sino una nueva versión interpenetrada con el mundo dominante.

Es cierto que la interpenetración entre los dos mundos es percibida, a finales del siglo XX, a la luz de la concomitancia de los avances de cierto capitalismo en China con el retroceso de los valores de inspiración socialista en los países capitalistas (estado providencia), concomitancia que ha reforzado en el mundo el sentimiento de homogeneización y el sentido único, muy favorecido por la tesis de la “globalización”. ¿Qué sucederá en una fase contraria, con un movimiento anticapitalista/antiglobalización que rompa, aunque sólo sea parcialmente el equilibrio en el mundo capitalista? ¿Qué sistema resultará, a escala mundial, si los aspectos socialistas presentes en los dos mundos se encuentran? ¿Quién, en la actualidad, en un contexto semejante, puede medir el impacto político e ideológico que tendrá, principalmente, aunque no sólo, en el Tercer Mundo, una China que simbolizaría la salida del subdesarrollo por medio del socialismo de mercado, dirigida por un Partido que se reclama de un comunismo derrotado en el siglo XX y para el que muchos ideólogos no encontraban ningún lugar en el siglo siguiente?



Patrick Theuret

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