Noilá: el último habitante de las salas



Descargar 19.67 Kb.
Fecha de conversión21.03.2018
Tamaño19.67 Kb.

NOILÁ: EL ÚLTIMO HABITANTE DE LAS SALAS


Angel de la Peña Tejerina

Estamos en el año 2.164 y después de miles de años de existencia Las Salas ha cambiado bastante. Noilá es un hombre apacible y sereno que pasea por La Traviesa rememorando tantas y tantas cosas que han ocurrido a lo largo del tiempo. Esa mañana ha oído un nuevo crack pero esta vez con más fuerza, casi como un trueno pese a que el día está despejado. Los pájaros no se han asustado por la sencilla razón de que no los hay. La Traviesa va dejando poco a poco de ser una pradera para convertirse en un inmenso matorral. Hace años que las aulagas lo invaden todo a la misma velocidad que los árboles van desapareciendo. El sol penetra sin la protección del ozono en los hayedos secando la hojarasca y matando la vida del subsuelo. Otro tanto ocurre en robledales y pinares, ni siquiera las duras sabinas sobreviven a las lluvias ácidas que van lavando la escasa tierra hasta que aparecen las rocas calizas limpias y preocupantemente relucientes. Casi todo los insectos han desaparecido a excepción de las cucarachas que ya son plaga. Caminar por el monte se ha convertido en un continuo pisar cucarachas. El suave rumor de las botas sobre la hierba ha sido sustituido por el continuo crujido de los exoesqueletos cucarachiles quebrándose bajo los pies. Hace mucho que desaparecieron los jabalíes, los corzos, los rebecos, etc, etc. No hay aves, no hay moscas, no hay abejorros ni zumbidos de insecto alguno. El aire -más que limpio- está vacío y el silencio es brutal. Noilá pasea aprovechando que no llueve. Raro es el día que no llueve sea cual sea la época del año. Llueve sin pena ni gloria, llueve por llover, cae agua vacía de vida, agua triste y enferma que contribuye a descarnarlo todo.

Noilá contempla el pueblo desde la altura de La Traviesa sabiendo que lo hace por última vez. Allá abajo quedan en pie menos de la mitad de las casas que había no hace tantos años. María y Domnina, las dos últimas mujeres que mantenían abiertas sus casas todo el año en Las Salas, han decidido irse a vivir a la ciudad con sus hijos. Hace mucho tiempo que los ganaderos han desaparecido así como los bares y en general la poca actividad que subsistía. Desde que construyeron otra carretera ya nadie pasa por allí. Apenas en verano se ve algo de movimiento pero las lluvias contaminadas impiden beber agua que no sea embotellada; tampoco es aconsejable consumir alimentos que no hayan sido convenientemente esterilizados y envasados. Ya no hay perros ni gatos, por no haber no hay ni gusarapas entre las piedras del río, ni mosquitos que te piquen al atardecer. Viento y lluvia son el único sonido que trae la naturaleza, eso y el rumor de un canal de agua infectada que transcurre por donde antaño hubo un río pletórico de vida.

Noilá no padece de nostalgia pero de vez en cuando le gusta deleitarse abandonándose a como era la vida en otros tiempos. Se deja arrastrar por su imaginación y sus pensamientos y retrocede dos siglos yendo a parar a 1964. Él permanece en La Traviesa pero ahora oye ruiseñores revoloteando; la hierba verde y fresca domina toda la pradera donde las chinas pastan tranquilamente y donde de vez en cuando se oye tenue y lejano algún cencerro. Más abajo, abajo del todo, el pueblo bulle de actividad. De repente ve una nube de humo y piedras y un segundo después oye una explosión. Noilá se fija bien y observa sin preocuparse que se trata de la fuente del Hortezuelo. Los barrenos horadan la roca en el mismo manantial. Hace semanas que el pueblo cava zanjas para enterrar una larga tubería que por fin lleve el agua corriente a las casas. Y no sólo a las casas; si las cuadras disponen de un pilón con agua fresca ya no resultará imprescindible llevar las vacas a la fuente todos los días. Allí, entre tanta gente que trabaja sudorosa en la conducción del agua, hay una niña de unos ocho años. Se llama Ernestina y no le gusta jugar con las chiquillas de su edad así que prefiere ver trabajar a las personas mayores. Al principio no la dejaban andar por entre las obras pero desde que lleva un botijo con agua fresca de zanja en zanja ya no escucha gruñir a la gente sino más bien todo lo contrario. De todos modos Ernestina tiene fama de tener pájaros en la cabeza. Lo cierto es que en todo esto hay algo de verdad pues a veces se la ve charlando con dos gorriones como si tal cosa. De hecho, justo en ese momento, la niña deja aparcado el botijo y marcha hacia el pie de una enorme cerezal ya cerca de Las Regadas.

Pitín y Pirulo se llaman los amigos de Ernestina. Se trata de dos viejos gorriones que hablan sin dificultad para aquellas personas que estén dispuestas, no sólo a oír, sino a escuchar. Pitín y Pirulo hablan en el viejísimo idioma del corazón, en el idioma de quienes están dispuestos a tener curiosidad por las cosas que ocurren de verdad y que están más allá de lo evidente. Pitín y Pirulo cuentan a Ernestina que ese año ha habido buena cosecha de lentejas y de trigo, escaseando la de garbanzos. Las eras están a tope y no paran de llegar carros cargados con más gavillas para trillar. Hay tanto trabajo que la gente se lleva a la era un capazo cubierto con una rodea y bien cargado de comida con el fin de interrumpir lo menos posible la faena. Una olla de patatas con arroz, un poco de pan, queso, vino y gaseosa, y una pequeña siesta a la sombra fresca de las salgueras pegadas al río antes de volver a dar vueltas y vueltas en el trillo. Hay quien aventa lanzando la paja al alto para que el aire se la lleve y caiga sólo el grano. Otros tienen máquina limpiadora y venga a dar vueltas a la manivela mientras el grano limpio cae poco a poco para cargarlo después en los celemines y llenar los sacos camino del molino.

- “Ayer sin embargo” seguía contando Pitín “no hubo casi nadie en la era” - “¿Y por qué?” Pregunta intrigada Ernestina.

- “Pues muy sencillo. Ayer hubo hacendera de llevar un carro de hierba a la tenada del toril. Todos los veranos es lo mismo. Los vecinos llenan un carro de hierba y lo llevan al toril para que la tenada esté bien servida el resto del año”

En esto tercia Pirulo, más aficionado a revolotear por el río, para contar cómo unas vecinas habían bajado a la Huera con unos baldes llenos a rebosar de tripas.

- “¿De tripas? ¿Estás seguro que eran tripas?” pregunta Ernestina con los ojos como platos.

- “Que sí mujer, que sí, claro que eran tripas. Resulta que han matado una merina y después de que los hombres la han desollado hay que lavar y limpiar bien las tripas para poder hacer morcillas con la sangre que han guardado”

- “¡Con sangre! ¡Qué asco!” dice Ernestina y a continuación sentencia “¡Nunca más comeré morcilla!”

- “Mira que eres boba, claro que la seguirás comiendo, y chorizo, y cecina, y todo lo que te pongan por delante, pues menuda eres tú comiendo”

Muchas más cosas se contaron Ernestina, Pitín y Pirulo en aquella mañana de Agosto llena de sol, llena de vida, llena de animales, de pájaros, de insectos, de truchas y peces en el río, de guajes practicando aluche al atardecer delante del boquero, de árboles cargados de fruta verde esperando cada uno su época de madurar... Poco a poco toda aquella vitalidad se fue apagando, todo el rumor de ese rebullir de vida fue dejando paso a un silencio cada vez más sonoro que devolvió a Noilá a la realidad, no sólo de un pueblo vacío y abandonado, sino de toda una naturaleza tristemente moribunda. Se moría Las Salas, se moría el mundo entero...

Cuando el silencio se hizo total Noilá miró a su izquierda y supo que el momento había llegado. Un estampido seco y rotundo volvió a sonar desde lo más profundo del valle. Una especie de trueno subterráneo, algo así como si la tierra misma se resquebrajase haciendo retumbar los montes de alrededor. El muro del pantano acababa de estallar en mil pedazos. Al sonido seco inicial le siguió una avalancha ensordecedora de agua que con pasmosa rapidez apareció por el recodo del río arrasándolo todo. Una ola de barro, troncos, rocas y bloques de cemento pasó engullendo lo que se encontraba en su camino durante interminables minutos. El nivel de caos y destrucción subió más allá de la Siana arrojando chimeneas y tejados enteros que inmediatamente eran demolidos por el siguiente empellón del agua sucia que bajaba enfurecida atropellándose a sí misma una y otra vez. Una casa, la de madera y tejado de pizarra negra de la parte alta del pueblo, inicialmente se resistió hasta que fue literalmente arrancada de cuajo y durante unos segundos pareció flotar en la cresta de la ola rompiéndose a continuación en miles de astillas. A una embestida destructora le seguía otra más demoledora aún. Finalmente, cuando todo aquel horror terminó de pasar, un olor nauseabundo a lodo y barro secularmente podrido invadió el aire hasta convertirlo en irrespirable.

Noilá contempló impertérrito cómo aquel desastre borraba de un plumazo, en apenas cuestión de minutos, cualquier vestigio de todo lo que físicamente había sobrevivido en el pueblo después de tantos miles de años. Como sabiendo de antemano lo que tenía que hacer comenzó a caminar despacio pero con rumbo bien definido. Las cucarachas eran tan abundantes que el suelo parecía alfombrado de un insólito y hermoso color azabache brillante ajeno al desastre que acababa de suceder. Un extraño fenómeno ocurrió entonces: el suelo negro se abría al pasar Noilá. Levantaba éste el pie para dar un paso y los insectos se retiraban abriéndose en círculo para dejarle franco el camino y limpia la pisada. Era volver a levantar el pie y de nuevo, como si de agua contenida se tratara, los bichos volvían a ocupar el lugar inicial tapizándolo nuevamente con sus caparazones negros. Incluso se diría que se trataba de una actitud de respeto por parte de la comunidad cucarachil hacia aquel hombre sabio que caminaba quien sabe si por última vez por aquellas veredas.

Noilá llegó a la entrada de su cueva secreta. Tomó un cincel y una maceta y esculpió algo sobre la roca que servía de puerta a la gruta. Una vez terminó esta labor se giró y contempló durante largo rato el valle que le vio nacer. Por fin entró y arrastrando hacia sí la mole de piedra selló desde dentro la entrada. Se dirigió a la estancia principal y asió con ambas manos una copa de cristal azul con una pócima previamente preparada. Suspiró primero y bebió después de un solo trago hasta la última gota sin alterarse lo más mínimo. Paseó tranquilamente dando vueltas hasta que comenzó a notar que las piernas se le adormecían, acostándose entonces. Poco a poco fue sintiendo un cosquilleo agradable que le subía hasta el pecho y luego por el cuello, la cara y la cabeza. Cerró los ojos con un sentimiento de paz infinita, de libertad absoluta. Vio una luz blanca irresistible al final de la cueva y oyó la voz inconfundible de Yosuna que le llamaba. Noilá no se resistió, se dejó llevar y en escasos segundos formaba ya parte del cosmos, de las estrellas, de los planetas, de las galaxias...

En la parte exterior de la roca de entrada quedó lo que Noilá había esculpido antes de entrar por última vez.




noila final





F I N



ﺼ ﺼ ﺼ ﺼ ♣♣♣♣♣♣ ﺼ ﺼ ﺼ ﺼ
Catálogo: wp-content -> uploads -> 2018
2018 -> La segunda etapa incluye 5900 dispositivos. Se distribuyen en el Salón de Actos del Palacio 6 de Julio hasta el 22 de enero
2018 -> Incluye: Traslados de llegada y de salida Alojamiento según itinerario Desayuno diario Servicio de maleteros en los hoteles (1 pieza por persona) Compañía del guía Abreu bilingüe (español y portugués) durante todo el circuito itinerario
2018 -> Abrina es una niña muy charlatana que está en cuarto grado
2018 -> En el mes de La Mujer y la Memoria
2018 -> Las historias de marino marino González Camino del Samiguel
2018 -> Titulo: emig-6208 Administración y Liderazgo en la Iglesia
2018 -> Bosquejo de estudio para 1 y 2 Crónicas
2018 -> Convocatoria en el estado de veracruz para la solicitud y asignación de apoyos del componente VI. Plantaciones forestales comerciales del programa apoyos para el desarrollo forestal sustentable 2018
2018 -> Mesa docentes de ciencias naturales perfil de egreso


Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2019
enviar mensaje

    Página principal