Notable reacción europea ante otro intento laicista. El crucifijo en las escuelas italianas y la Corte de Estrasburgo



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Notable reacción europea ante otro intento laicista.

El crucifijo en las escuelas italianas y la Corte de Estrasburgo

(a propósito de la sentencia “Lautsi c. Italy”)1

Débora Ranieri de Cechini2
¨La déchristianisation de l´Europe s´est faite peu à peu. L´Europe s´est déchristianisée comme un organisme se dévitaminise. Un homme qui se dévitaminise peut garder longtemps les apparences d´une santé normale. Puis il manifeste tout à coup les symptômes les plus graves, les plus impressionnants…Si l´on me demande que l’est le symptôme le plus général de cette anémie spiritualle, je répondrai certainement: l´indifférence à la vérité et au mensonge…Oh! sans doute, cette indifférence masque plutôt une fatigue, et comme un écoeurement de la faculté de jugement…”

BERNANOS, Georges, La liberté, pour quoi faire?, 1953.




Resumen: Del mismo modo como hace no muchos años la ciudadanía europea se conmovió frente al planteo sobre las raíces cristianas en el momento de redactar la Constitución de la Unión Europea, dando lugar a numerosos discursos sobre la necesidad de no olvidar la verdadera cultura y enseñanza que había ennoblecido al Viejo Mundo, hace casi un año una sentencia proveniente de la Corte de Estrasburgo aplicable al Estado italiano, el caso “Lautsi c. Italy”, ha generado numerosas reacciones en diferentes sectores intelectuales permitiendo el desarrollo de notables argumentos que han intentado desenmascarar los verdaderos rostros que se encontraban velados detrás de los lugares comunes de la argumentación jurídico-política de los últimos dos siglos, especialmente los de laicidad, neutralidad, igualdad y libertad. De este modo la radicalización y desarrollo llevado al extremo de las premisas de la Ilustración ha mostrado su real fisonomía y consecuencia. Para tal propósito el análisis se concentra en la apelación a la Grande Chambre presentada por el Estado italiano y los sucesivos aportes provenientes de la doctrina europea, especialmente a través de valiosos Congresos y Jornadas dedicados a la problemática.
Abstract: In the same way as not many years ago the European citizenship was overwhelm in front of the outline on the Christian roots in the moment to edit the Constitution of the European Union, giving place to many speeches about the need of not forgetting the true culture and teaching that had ennobled to the Old-World, almost one year ago a sentence of the Court of Strasbourg applicable to the Italian State, the case “Lautsi vs Italy”, has produced many reactions in different intellectual sectors allowing developing of remarkable arguments that have tried to expose the true faces that were veiled behind the common places of the juridical-political argumentation of the last two centuries, especially those of laicism, neutrality, equality and freedom. By this way the radicalization and development taken to an extreme of the premises of the Illustration have shown their real appearance and result. For such a purpose the analysis concentrates on the appeal to Grand Chambre presented by the Italian State and the successive contributions coming from the European doctrine, especially through valuable Congresses and special sessions dedicated to the problem.
Palabras clave: Laicismo – Neutralidad- Crucifijo en lugares públicos – Tradición católica.

Keywords: Laicism – Neutrality State – Crucifix in state school -Catholic Tradition.

Planteo de la cuestión3
A partir de la sentencia ¨Lautsi c. Italy¨ de la Corte Internacional de Derechos Humanos del Consejo de Europa con sede en Estrasburgo -todavía no definitiva- y la sucesiva apelación por parte del Estado italiano a la Grande Chambre, nos proponemos analizar desde los principios de la filosofía política y desde la mirada del realismo jurídico, una cuestión que ha sido debatida en las últimas décadas tanto por parte de la doctrina como por la jurisprudencia nacional e internacional que consiste en el problemático concepto de ¨laicidad y neutralidad estatal¨ esgrimido como estandarte tanto del liberalismo constitucional como de los Estados comunistas, concepto que la doctrina ha venido replanteando y criticando, atento a las consecuencias jurídicas y políticas que ha generado.

Un recorrido sobre los argumentos esgrimidos por diferentes juristas que en Congresos o Conferencias se han dedicado a estudiar la cuestión, nos muestra un reiterado planteamiento de los pseudo-principios4 que han sido casi dogmatizados desde el iluminismo y que han desencadenado consecuencias que no habían sido avizoradas hasta hace pocas décadas.

Para tal fin, tomaremos como punto de partida la reacción suscitada en Italia frente a la sentencia del Tribunal Europeo “Lautsi c. Italy” notando el desarrollo de varios argumentos jurídico-políticos que han sido expuestos en la doctrina, tanto dentro como fuera de Italia. Luego de un breve recorrido sobre los hechos del caso y los argumentos de los tribunales, nos detendremos en el análisis doctrinal más relevante.


  1. El caso ¨Lautsi c. Italy¨5




    1. Los hechos que originaron la causa.

El 22 de abril del año 2002 un médico italiano, Massimo Albertin y su esposa de origen finlandés, Soile Tuulinki Lautsi, miembros de la Unione degli atei e degli agnostici razionalisti6 y residentes en Padua7, solicitaron al Director del colegio público Vittorino da Feltre8, en ocasión de una reunión en el establecimiento donde cursan sus dos hijos llamados Dataico y Sami Albertin de 11 y 13 años9, que retirase los crucifijos de las aulas escolares ¨en nombre de la laicidad del Estado¨10.

La señora Lautsi alegó que ¨la exposición de la cruz en las salas de clases de la escuela frecuentada por sus hijos sería una injerencia incompatible con la libertad de pensamiento y de religión como también contra el derecho a una educación y enseñanza conforme a sus convicciones religiosas y filosóficas¨11. Un mes después, el 27 de mayo de 2002, la Dirección de la escuela decidió continuar con la exposición del crucifijo en las aulas en base a la reglamentación vigente. Nos detendremos brevemente en tales normativas.

En 1860, un año antes de la unificación italiana, el Reino de Piamonte -Cerdeña a través de un decreto real12 había establecido que ¨cada escuela debía ser provista de crucifijos¨13 y al año siguiente al transformarse su estatuto en la carta constitucional de la República se incorporó el precepto que establecía que ¨la religión católica apostólica y romana era la única religión del Estado¨.

Cuatro décadas después, en 1922, una circular del Ministerio de Instrucción Pública estableció que “dado que en los últimos años, especialmente en las escuelas primarias del Reino la imagen de Cristo y el retrato del Rey han sido retirados, intimamos a todas las administraciones municipales del Reino la orden de restablecer en las escuelas los dos símbolos sagrados de la fe y del sentimiento nacional”14.

El artículo 118 del decreto real nro. 965 del 20 de abril de 1924 (Reglamento interior de los establecimientos secundarios del reino) asimismo determinó que ¨cada establecimiento escolar debe poseer la bandera nacional y cada sala de clase la imagen del Crucifijo y el retrato del Rey¨. El artículo 119 del decreto real nro. 1297 del 26 de abril de 1928 consideró al crucifijo como ¨un equipamiento y material necesario en las aulas de clase de las escuelas¨.

De este modo, frente a la negativa del Colegio y tras una Circular del Ministerio de Instrucción del 3 de octubre de 2002 en la cual se aconsejó a los dirigentes escolares a asegurar la exposición del crucifijo en las aulas, la señora Lautsi en representación de sus hijos15, decidió recurrir al Tribunal Administrativo de Véneto16 alegando que tal decisión y las normas reglamentarias citadas, contrariaban un supuesto “principio” de laicidad del Estado17. De este modo se inició el recorrido de la causa hasta llegar al Tribunal de Estrasburgo.


    1. Los diferentes peldaños por los que atravesó el caso.




      1. Los pronunciamientos del Tribunal Administrativo de Véneto, la Corte Constitucional y el Consejo de Estado.

El Tribunal Administrativo de Véneto a través de dos decisiones, 2004 y 2005, tras haber enviado la causa a la Corte Constitucional de acuerdo al planteo de inconstitucionalidad de las normas reglamentarias, sentenció a favor de la Escuela. En la decisión expedida el 14 de enero del 200418 el Tribunal Administrativo consideró que las normas reglamentarias que establecen la obligatoriedad de la exhibición de los crucifijos no han sido derogadas, ni expresa ni implícitamente, por norma de grado legal superior, pero ante la duda sobre su compatibilidad con la laicidad, reenvió la causa a la Corte Constitucional, tribunal que emitió la ordenanza nro. 389 a través de la cual, sin expedirse sobre el fondo de la cuestión, se declaró incompetente atento al carácter reglamentario de las leyes en discusión19.

La doctrina interpretó esta decisión puramente técnica como un medio indirecto de colocarse a favor de la subsistencia del crucifijo20 respetando la línea trazada por anteriores juristas de la Corte Constitucional, como por ejemplo el Prof. Francesco Paolo Casavola quien había afirmado que “prohibir la presencia del crucifijo en la escuela equivale a negar que la nación italiana sea identificable culturalmente”21.

Por ello, al tener que volver a expedirse el Tribunal Administrativo de Véneto, el 17 de marzo de 2005 en la decisión nro. 111022, consideró que las normas reglamentarias de 1924 y 1928 se encuentran totalmente vigentes y que la cuestión residía en dilucidar si el significado que tal símbolo particular evoca es o no compatible con las normas de rango constitucional vigente23. De este modo, concluyó categóricamente que “el crucifijo como símbolo de una particular historia, cultura e identidad nacional –elemento inmediatamente perceptible a diferencia de otras expresiones laicas de la comunidad que requieren de un esfuerzo interpretativo-, puede ser legítimamente colocado en las aulas de las escuelas públicas, siendo por tanto compatible con un Estado republicano”24.

Tras esta sentencia la señora Lautsi recurrió al Consejo de Estado el cual el 13 de febrero de 200625, el cual luego de aclarar que el término “laicitá” ha sido confinado a las disputas ideológicas por lo que difícilmente pueda ser utilizado en sede jurídica, consideró que el mejor modo de interpretarlo jurídicamente es teniendo en cuenta la tradición cultural y las costumbres nacionales. De allí afirmó que en el ordenamiento italiano la Cruz ha devenido uno de los valores representativos de la Constitución italiana y de la vida civil26 por lo que debe respetarse la decisión de la autoridad escolar al ejecutar la norma reglamentaria de exponer el crucifijo en las aulas escolares, considerando que tal decisión no contradice la laicidad propia del Estado italiano.

Aquí encontramos uno de los argumentos que más tarde repetirá la doctrina y el gobierno italiano consistente en la interpretación que el Estado italiano realiza sobre la laicidad, interpretación que reclaman debería ser respetada por las instituciones europeas27, conforme al principio de “subsidiariedad” -que se encuadra en la problemática sobre la relación entre el derecho internacional y el derecho nacional- y que consiste en afirmar que la competencia de los tribunales internacionales debe ser subsidiaria o complementaria de las decisiones nacionales, especialmente en aquellas cuestiones en las que son los Estados los verdaderos intérpretes de sus constituciones. Volveremos más adelante sobre esta cuestión.

De este modo, tras la negativa del tribunal italiano se apeló al Tribunal del Consejo de Europa el cual sentenció, provisoriamente hasta la fecha, el 3 de noviembre de 2009 con los argumentos que detallamos a continuación.



      1. La Corte Europea de los Derechos Humanos de Estrasburgo contra el crucifijo en las escuelas públicas de Italia28.

El 3 de noviembre de 2009 la Corte Europea de Derechos Humanos del Consejo de Europa condenó al Estado italiano a indemnizar en concepto de daño moral a la Sra. Lautsi por 5 mil euros29. La fundamentación de la sentencia se dividió en dos partes, enunciando unos supuestos principios generales y luego la aplicación concreta de los mismos.

En cuanto a los pseudo-principios generales, la Corte delineó aquellos que considera deben existir en todo Estado miembro del Consejo de Europa, siendo principalmente dos en relación con el caso en cuestión.

En primer lugar, que “para preservar una sociedad democrática se hace necesario el respeto del pluralismo educativo, siendo la enseñanza pública el principal lugar donde el Estado puede alcanzar tal objetivo”30. Esto la Corte lo dedujo de la denominada “libertad religiosa” definida en la sentencia como que “toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; tal derecho implica la libertad de cambiar de religión y de convicción, como también la libertad de manifestar su religión o su convicción individualmente o colectivamente, en público o en privado, para el culto, la enseñanza, las prácticas religiosas o de culto”31.

La doctrina ha señalado respecto a la formulación de este supuesto primer principio el peligro “que constituye la lógica de la libertad religiosa cuando se lleva al extremo, en cuanto que llega a negar la religión en nombre de la libertad de religión”32. Se describe a esta situación como paradojal ya que, al pretender suprimir el símbolo de la cruz en nombre de la “libertad religiosa” se ha realizado un verdadero vuelco conceptual, “puesto que en la posguerra se quiso la libertad religiosa como instrumento de defensa de la trascendencia del hombre ante el nihilismo del Estado”33.

De este modo, la doctrina advierte que la misma arma conceptual originada para defenderse del ateísmo y la irreligiosidad como ha sido la ‘libertad religiosa”, se ha vuelto el principal instrumento contra el cristianismo, hecho que ha llevado al replanteamiento doctrinario de esa libertad34.

Además conviene destacar y no dejar pasar por alto que en este caso concreto se está equiparando la religión al ateísmo, declarada posición de la demandante, es decir, se defiende el ateísmo como derecho dentro de la libertad religiosa e, indirectamente, se considera que el Estado debe ser sí o sí defensor del ateísmo, conceptualizado como doctrina filosófica por la misma Corte.

Por otro lado, también se ha señalado que, desde el punto de vista político en esta imposición de un concepto monopólico de Estado, se parte de un supuesto: que toda comunidad política para ser democrática, debería renunciar a su identidad religiosa. Por lo tanto, la identidad religiosa de la sociedad ya no tendría por sí legitimidad. Incluso se plantea desde el punto de vista del derecho internacional la cuestión sobre si las naciones que son titulares de derechos, como el derecho de proteger su identidad cultural, tal derecho no abarcaría a su identidad religiosa35.

De allí entonces deduce el Tribunal el segundo supuesto “principio”: el deber de neutralidad e imparcialidad del Estado, es decir, la obligatoriedad del “Estado aconfesional”. Se ha señalado respecto a este argumento que la neutralización de la identidad religiosa de la sociedad, es una neutralidad “profundamente ilusoria” ya que sería afirmar que “el Estado debería actuar como si la sociedad y la cultura italianas no tuvieran nada de religioso36.

Respecto a esta afirmación, la doctrina ha puesto en tela de juicio dos cuestiones que la Corte ha defendido dogmáticamente: la neutralidad estatal y, no menos problemática, la de si una entidad supranacional puede modificar con imperio la dimensión religiosa de la identidad de un país. Sobre estas dos cuestiones volveremos al analizar en el próximo apartado la apelación del Estado italiano.

Luego la Corte analizó, en cuanto a sus aplicaciones al caso concreto, las consecuencias que se seguirían de la “libertad religiosa” y de la “neutralidad estatal en religión”.

En primer lugar, la obligación del Estado de abstenerse de otorgar privilegio a una religión en los lugares públicos. Al evaluar si la exposición obligatoria del crucifijo es compatible o no con el deber de educar de manera objetiva, crítica y pluralista y si respeta las convicciones de los padres, afirmó que la naturaleza del símbolo religioso y su impacto en los menores debe ser considerado como una presión para los que no creen o para los que profesan otra religión.

Aquí se ha planteado una cuestión jurídica consistente en delimitar de manera objetiva el daño real que se alega, siendo esta cuestión esencial para la configuración jurídica del caso, hecho que ha originado una fuerte crítica por su “ilusoria” entidad que situaría la causa fuera de la discusión jurídica. Analizaremos este argumento en el apartado siguiente.

De allí concluyó que los Estados nacionales tendrían la “obligación”37 de asumir una “neutralidad confesional”. De este modo, el Tribunal creó una nueva obligación: la “neutralidad confesional en el campo de la educación pública” por lo que “los Estados europeos deberían ser “arreligiosos” para servir al pluralismo, que sería la causa constitutiva de una sociedad democrática”38.

La publicidad de la sentencia en casi todos los medios europeos produjo numerosas reacciones sociales, políticas y jurídicas sin precedentes en la historia del Consejo de Europa39. Veinte países europeos han manifestado su apoyo oficial a Italia defendiendo públicamente la legitimidad de la presencia de símbolos cristianos en la sociedad40. En tal sentido, Carlo Cardia, profesor de Derecho Eclesiástico de la Universidad de Roma y quien participó en la reforma del Concordato entre la Santa Sede e Italia, publicó en mayo de 2010 una síntesis sobre los principales argumentos en contra de la sentencia. Allí describe también las múltiples reacciones que se han producido en Europa41.

Países católicos como Austria, Polonia, Portugal, Lituania, Croacia y Malta, y países ortodoxos como Rusia, Grecia y Rumania han expresado un total rechazo frente a la sentencia advirtiendo sobre el riesgo de una fuerza expansiva en los ordenamientos jurídicos europeos42. Entre tales reacciones se ha destacado el tono especialmente categórico que ha adoptado la cultura ortodoxa. Así, por ejemplo, el Arzobispo de Atenas Ieronymos, cabeza de la Iglesia ortodoxa de Grecia, se ha mostrado disponible a convocar un sínodo extraordinario con el temor que la sentencia pueda sentar un precedente aún para Grecia43.

Del mismo modo, el patriarca de Rusia, Kirill, ha afirmado que “la tradición cristiana de Italia y de otros Estados europeos no puede ser objeto de examen por parte de las instituciones europeas de derechos humanos…ya que los símbolos religiosos cristianos presentes en los espacios públicos de Europa, son parte de la identidad común del continente”44. Concluyó entonces que “con el pretexto de garantizar el carácter laico del Estado, no se puede imponer una ideología anti-religiosa, que en modo claro lesiona la paz de la sociedad y fomenta una ‘cristanofobia’ a la manera como lo hicieron regímenes ateos en el pasado”45.


  1. Los argumentos principales de la apelación del Estado italiano a la sentencia de Estrasburgo.

El 28 de enero de 2010 la República de Italia apeló la sentencia del Tribunal europeo46 analizando principalmente dos cuestiones: en primer lugar, la atinente a la relación entre Iglesia y Estado, especialmente en el caso de Estado italiano; en segundo lugar, la supuesta “neutralidad estatal” en el aspecto religioso. Pero antes de detenernos en el desarrollo de ambos temas, la apelación italiana menciona otros argumentos de no menor importancia.




    1. Respeto de la legislación nacional en cuestiones religiosas: el margen de apreciación y el principio de subsidiariedad.

En primer lugar, que existe una contradicción manifiesta con la jurisprudencia de la misma Corte en materia de cuestiones religiosas: el principio establecido consistía que atento a la existencia de diferentes modos de relacionarse los Estados europeos con la religión, debe respetarse la reglamentación a nivel nacional47. La apelación destaca el carácter pretoriano de la jurisprudencia de la Corte basado en el sistema de casos, que produciría una efecto vinculante de sus precedentes48.

En segundo lugar, que no existe un único modelo de laicidad ya que sus aplicaciones concretas dependen de las autoridades nacionales quienes poseen el denominado “margen de apreciación” para cuestiones complejas y delicadas, unidas a la cultura y a la historia de un país. Tal margen de apreciación parece no sólo haber sido ignorado sino incluso ni mencionado en la sentencia de la Corte. Aquí también la doctrina ha reconocido a los Estados un “amplio margen de apreciación en cuestiones religiosas”49.

Este principio jurisprudencial y doctrinal se ha relacionado con el de “subsidiariedad” que se resiste a la aplicación de una única interpretación sobre el concepto de laicidad por lo que requiere la solución caso por caso. En el estudio realizado por Carlo Cardia se muestra cómo incluso la Corte en varias sentencias anteriores se encargó de precisar en qué consiste ese respeto a la decisión nacional50.

En la sentencia “Otto Preminger-Institut c. Austria51 la Corte consideró legítima la censura y el sucesivo secuestro del film Das Liebeskonzil ateniéndose al margen de apreciación de Austria respecto a lo que considera legítimo un Estado “como límite al ejercicio de la libertad de expresión cuando lesiona a la fe católica apostólica y romana, la cual constituye la religión de la gran mayoría de los tiroleses”52.

En el mismo sentido El Centro Europeo por la Ley y la Justicia (CELJ), autorizado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos para ser “amicus curiae”, es decir, tercera parte, en el caso Lautsi, presentó sus observaciones por escrito a la Grande Chambre el pasado 26 de mayo y en sus observaciones demostró que “la presencia del crucifijo en las escuelas italianas es legítima en sí, ya que no hay nada en la Convención Europea de Derechos Humanos que se interprete como un imponer el laicismo en el contexto de la educación pública”53, y argumentó principalmente a través del denominado “margen de apreciación”54 que la misma Corte reafirmó en el caso “Folguero and Others v. Norway”55 donde al plantearse la cuestión sobre la educación cristiana en las escuelas públicas se estableció que, teniendo en cuenta el lugar que ocupa el cristianismo en la historia y tradición del Estado, se encuentra dentro del margen de apreciación la decisión del Estado de continuar con tales enseñanzas y de ningún modo ello implica contrariar el artículo 9 y 2 del Protocolo de Derechos Humanos del Consejo de Europa.

Por ello, afirma el mismo memorándum, como Italia ha incluido vestigios de su religión histórica y tradicional en su educación pública, la Corte en la sentencia Lautsi se ha olvidado de tal margen de apreciación al imponer la neutralidad en los espacios públicos56. Además las leyes y educación italianas fundacionales han sido histórica y tradicionalmente alimentadas por la Iglesia Católica de tal modo que, llega aún más lejos y afirma que la “filosofía del derecho en Italia no proviene de la autoridad del Estado ya que los derechos fundamentales se arraigan en el derecho natural y la dignidad humana”57.


    1. La cuestión sobre la sanción punitiva sin prueba del daño moral.

En tercer lugar, la apelación italiana afirma que la sentencia implicaría extender de manera considerable el campo de aplicación de los derechos al establecer que el solo riesgo potencial de ser “perturbado emocionalmente” sería suficiente para constituir una violación a la libertad religiosa y a la libertad de educación. De este modo, “tal criterio altamente subjetivo e impreciso, si llegase a ser confirmado por la Grande Chambre, será fuente de gran inseguridad jurídica e instalará un derecho a la protección de la emotividad”58.

Nos detendremos brevemente en este argumento siguiendo a un jurista que, con ocasión de un Congreso realizado en torno a la sentencia59, desde la perspectiva del derecho civil respecto a la indemnización por daño moral y en torno a la posibilidad que un organismo internacional imponga una sanción punitiva a un Estado nacional sin prueba del daño, advierte sobre la peligrosa estructura del razonamiento de la Corte en este tema.

Lorenzo Maratea señaló una especial preocupación sobre el rol que poseería la posición subjetiva de un individuo que -en el marco de tutela delineado por la Convención de los Derechos Humanos- pudiese solicitar que se condene a un Estado, aún cuando no exista un daño real y en la única fundamentación de sentirse herido en su emotividad.

De allí que, si se condena a una Estado por lesionar un derecho subjetivo sobre la base de la emotividad, la Corte no puede prescindir de una evaluación de la concreta actitud de la conducta que es pasible de sufrir un daño a un bien jurídico individual o personal. Se advierte así un juicio de “sabor silogístico”60: partiendo de la premisa mayor según la cual la exposición de un símbolo religioso en la escuela pública, posee aptitud lesiva del interés tanto del menor como de sus padres y sin constatar objetivamente tal afirmación se concluye que tal exposición lesiona el supuesto derecho inculcado. Aquí podemos preguntarnos cuál sería la actitud lesiva del símbolo en cuanto tal respecto a la posición subjetiva del accionante, actitud lesiva que, como afirma Maratea, es objetivamente dudosa61.

Pero además de ser dudosa la lesión, no podemos dejar de notar que la primera premisa parte de un prejuicio: que el símbolo de la cruz es en sí mismo algo que puede dañar62. En tal sentido hace más de cincuenta años Piero Calamandrei, un jurista italiano de tendencia laica, sostuvo que “debería respetarse el crucifijo en las salas de los tribunales porque representa el símbolo del error jurídico más doloroso de la historia de la humanidad”63.

La apelación italiana también señaló que el riesgo de ser perturbado emocionalmente, sólo es una conjetura de la madre, difícil de probar y que obligar a un Estado a quitar el símbolo implica un juicio negativo sobre el valor que ese símbolo representa. Por ello, la apelación se pregunta si es la simple presencia del crucifijo lo que perturba la conciencia del no creyente o es más bien la pretensión de eliminarlo la manifestación de una intolerancia a la dimensión religiosa64.

Luego, la apelación italiana afirma que “no parece razonable sostener que la sola presencia del símbolo en el aula reduce substancialmente la posibilidad de sus padres de educar a sus hijos de acuerdo a sus convicciones…extender tal idea ¿implicaría tener que reformar toda la arquitectura de las ciudades italianas, con una presencia extraordinaria de símbolos cristianos, en aras de no perturbar emocionalmente a un joven?”65.

Ahora bien, frente a la carencia de fundamento y el único recurso al estado emotivo66, la imposición de la indemnización se fundamentaría en la no voluntad del Estado en adecuar la legislación según el criterio del demandante. Este es un elemento crucial –afirma Maratea- que hace permite ser calificada de incoherente la jurisprudencia de la Corte67.

De allí que la doctrina ha señalado que la sentencia incidirá en la jurisprudencia interna de Italia, la cual podría encontrarse en el futuro con idénticas acciones similares a la propuesta por Lautsi. Además la indemnización del daño moral ha tenido una función sancionatoria en el derecho internacional que consiste en la inducción al trasgresor del respeto a una supuesta pretensión subjetiva. En otras palabras, podría adquirir la naturaleza de leading case dado que la Corte habría encontrado un medio a través del cual puede inducir al Estado, supuesto autor del ilícito, a la remoción de la causa estructural, aquí normativa. Concluye Maratea por lo tanto que ha quedado una cuestión sin resolver: el problema de la individualización del fundamento jurídico de la demanda de remoción.

Frente a la irrazonabilidad de la pretensión, nos viene a la memoria aquella descripción que Giuseppe Graneris realizó hace más de medio siglo sobre los efectos destructivos del subjetivismo jurídico cuando afirmó que “el subjetivismo está siempre al borde del abismo excavado por la dirección antropocéntrica del pensamiento occidental en estos últimos siglos. Y cuando cae en tal abismo, consagra el imperio de la prepotencia, diviniza la libertad de Hegel y de Hobbes, acaricia toda arbitrariedad, permite y promete saciar todas las insaciables voracidades individuales y colectivas, avala con el sugestivo nombre de derecho los más desenfrenados deseos del hombre vanidoso y de las masas inconscientes, fomenta sueños, ilusiones, desilusiones, abre la puerta a la discordia y a la ruina”68.

En cuanto al intento de explicación de lo ilógico se ha señalado que “sólo en la cultura que durante mucho tiempo se ha intentado secularizar el pensamiento puede prevalecer en un estrado judicial la sensibilidad de un individuo frente a la presencia de alguna institución “no negociable”, o de alguna representación o ícono de la Verdad fundante...la exclusiva tutela de la sensibilidad individual proviene de la máquina secularizante”69.




    1. La controvertida obligatoriedad de la laicidad y el cuestionamiento a su interpretación por parte de la Corte.

La apelación italiana consideró que no hay un único modelo de laicidad estatal en Europa ya que, por ejemplo, según la Constitución griega la religión dominante es la “Iglesia ortodoxa oriental de Cristo”70, para los daneses “la Iglesia evangélica luterana es la Iglesia nacional sostenida por el Estado”71, en Noruega “la religión evangélica luterana es la religión oficial del Estado72, y en el Reino Unido el jefe de Estado es el jefe de la Iglesia e incluso ciertos cargos en la Cámara de los Lores son reservados a eclesiásticos de la Iglesia anglicana y no por ello son acusados estos Estados de contradecir las leyes del Consejo de Europa.

Además las constituciones que enuncian la laicidad como Albania, Francia y Rusia, utilizan fórmulas ambiguas que dan lugar a varias interpretaciones; otros como España, Italia, Hungría y Portugal tienen tratados internacionales con la Santa Sede (Concordatos). Por otro lado, el Tratado de la Unión Europea establece73 el principio de respeto a la identidad nacional de los Estados miembros.

De allí la apelación afirma que otorgar un tratamiento privilegiado a cierta religión no es contrario al principio de laicidad74, hay varios modos de concebir las relaciones entre Iglesia y Estado por lo que sólo le compete al Estado decidir sobre tales conflictos y aunque la República italiana se considere laica ello no implica que no pueda privilegiar a la religión católica de acuerdo a su historia e identidad. Reitera nuevamente que es el Estado el que debe evaluar las circunstancias.

En la compleja relación Estado moderno e Iglesia la doctrina ha distinguido con claridad que la laicidad no implica imponer un único modelo de Estado sino que admite diferencias de acuerdo a la tradición histórica. Por ello incluso se ha llegado a clasificar a los diferentes sistemas en cuatro clases de Estados75: en primer lugar el Estado sacral, como el sistema imperante en Irán donde los intereses políticos se subordinan a los religiosos; luego el Estado confesional, donde los fines políticos y temporales del Estado priorizan una religión teniendo en cuenta la historia y la tradición de la Nación76. En tercer lugar, el Estado laico, que propone una postura neutral y agnóstica. El estado no tiene religión oficial alguna ni privilegia en su tratamiento a alguna confesión en particular. Por último el Estado anti-religioso que parte de presupuesto según el cual la religión constituye un obstáculo para el normal desarrollo de los fines políticos del Estado. La Constitución rusa de 1936, que es claro exponente de esta posición establecía en su art. 124 que "con el fin de asegurar a los ciudadanos la libertad de conciencia, la Iglesia está separa de la U. R. S. S. y la enseñanza de la Iglesia. Se reconoce la libertad de religión y la libertad de propaganda anti-religiosa para todos los ciudadanos" y como ha señalado Ziulu, “adviértase que no se reconoce la libertad de expresión o propaganda religiosa”77.

Justamente el Estado italiano ha criticado a la Corte de Estrasburgo por imponer en la causa la obligación de instaurar un Estado anti-religioso, nada más lejos que la tradición italiana78.

En cuanto a la historia del Estado laicista, Rouco Varela distingue el proveniente del liberalismo –en su forma más radical el que se intentó implementar en Francia al tiempo de la III República- que intentó excluir por completo de la esfera pública a la actividad de la Iglesia y otra forma aún más radical que se encontró en los Estados totalitarios de sello comunista-soviético que, inspirados en el ateísmo, persiguieron a la Iglesia”79.

En torno al problema de la laicidad, varios juristas italianos se reunieron en el pasado mes de junio para aclarar la doctrina aplicable al Estado italiano80 con afirmaciones que no admiten confusión ni ambigüedad81. Así, por ejemplo, Julián Herranz82 acusó a la sentencia de buscar imponer de manera unilateral un fundamentalismo laicista que relega la religión al ámbito privado de la conciencia y que la laicidad se ha convertido en un instrumento ideológico que busca hacer del ateísmo una religión de Estado83.

En el mismo sentido Gianni Alemanno84 agregó que la globalización laicista porta en sí misma una ideología totalitaria, y Maurizio Sacconi85 destacó que Europa no puede basarse en una ausencia de verdad y que el símbolo del crucifijo implica la cultura del “don”, de la entrega por antonomasia y, citando al Papa, destacó que el mundo sin crucifijo se hace menos humano.

Giovanni Giacobbe86 indicó que el “prejuicio laicista” busca desconocer o hacer olvidar que la Constitución italiana no es ajena a los valores del cristianismo y para tal fin, realizó una minuciosa comparación entre cada uno de los artículos constitucionales y las parábolas del Evangelio, es decir, que el mensaje de la cruz ha atravesado todo el tejido constitucional. Concluyó entonces preguntando de manera retórica si esta ideología de eliminar el crucifijo de la realidad de las instituciones constitucionales no sería más bien una tendencia creciente por sustituir los valores del ser, de la verdad y del bien.

Por ello se ha afirmado que “la laicidad se ha convertido en una especie de religión que se ha afirmado contra el cristianismo como su superación”87.



    1. La posibilidad de la “neutralidad estatal”: una situación paradojal.

Otro tópico análogo al de la laicidad ha sido el de la “neutralidad estatal”, expresión que se aplicó en el lenguaje del derecho internacional público cuando un Estado se mantenía imparcial frente a otros dos que se encontraban en guerra, concepto que al ser trasladado dentro de un mismo Estado, ha generado no pocas contradicciones.

De allí que la apelación del Estado italiano refutó en varios apartados al argumento de Estrasburgo sobre la neutralidad que debería tener el Estado frente a la religión. Así destacó que quitar los crucifijos de las escuelas públicas con fundamento en la neutralidad implicaría una asimetría entre creyentes y no creyentes ya que si la neutralidad implica la obligación del Estado de no estar a favor ni de una religión ni de una filosofía, esta postura debería distanciarse tanto del Estado confesional como del laicismo militante que promueve el ateísmo o agnosticismo. Así, por ejemplo, la Constitución de Albania de 1976 establece en su artículo 37 que el Estado sostiene la propaganda atea en vista de inclucar una visión del mundo fundada en el materialismo histórico”, expresión de un Estado que abiertamente promueve la irreligiosidad y que por tanto, no es neutro88. Por lo que al obligar al Estado a la “aconfesionalidad” estaría optando por la cultura no creyente.

En tal sentido abundante doctrina ha mostrado a través de numerosos trabajos que la figura de la neutralidad es una especie de “quimera’, de sofisma, de razonamiento engañoso que atenta contra toda lógica seria y, en última instancia, es una más de las tantas ideologías89 .

Sintetizaremos a continuación las principales críticas doctrinales realizadas sobre el tópico de “neutralidad estatal”.

En el 2007 se realizó en Atenas un Congreso Internacional dedicado a la cuestión y, entre las ponencias presentadas, un jurista polaco, Krzysztof Wojtyczek90 argumentó sobre la falacia de la neutralidad estatal y sus contradicciones destacando que afirmar que lo religioso no debería influir en la esfera pública y que sólo debería reservarse a la esfera privada es dar privilegio a las posiciones arreligiosas o antirreligiosas, ya que éstas exceden los límites de la esfera privada y guían las relaciones políticas y marcan la concepción sobre cuestiones morales y jurídicas91..

Por otro lado afirmó que la idea del Estado neutro fue promocionada por la filosofía política liberal que buscaba sustraer al Estado de las cuestiones éticas92, pero luego ha derivado en defender la neutralidad para negar muchas libertades defendidas por los liberales (como la libertad religiosa). Por ello existe abundante bibliografía por parte de autores del liberalismo que cuestionan ciertas consecuencias no queridas y paradojalmente sostienen que no todo es discutible en el Estado liberal93.

De allí que se ha venido repitiendo que sostener una posible neutralidad axiológica del Estado y del derecho es “imposible” ya que toda legislación y toda medida política es por esencia una toma de posisión respecto a valores. A pesar que muchos claman que los gobiernos no deberían basar sus decisiones en ninguna controvertida concepción del bien, “la neutralidad es considerada una denominación “vaga”, “insubstancial” ya que ha servido como slogan en muchos contextos en los que ha sido imposible desarrollar argumentos razonables”94.

Por otro lado, también se ha señalado que el Estado neutral es un “mito” ya que “en los últimas demandas judiciales ha servido para otros propósitos por lo que si se desea seguir manteniendo el tópico debería reformularse o darle otra forma ya que así como se ha presentado en la argumentación jurídica se ha hecho lógicamente insostenible”95.
A modo de conclusión: la importancia de la defensa de la verdadera tradición.
Por último debemos indicar que la supuesta neutralidad del Estado en el ámbito religioso se ha asociado a otros dos presupuestos que se encuentran en la base de la argumentación: la libertad religiosa y la igualdad de todas las religiones.

En cuanto a la libertad religiosa, además de lo ya indicado en los apartados precedentes sobre la advertencia de cómo esta libertad se ha convertido en un instrumento para fomentar el ateísmo, conviene señalar que no ha sido un tema del todo pacífico en la doctrina. El problema es que la defensa de la libertad religiosa ha derivado y se ha unido casi indisolublemente a la libertad de conciencia y ha servido de argumento para los reclamos judiciales de los no creyentes que se han instalado en ciudades cristianas como las europeas.

Por otro lado, la defensa de la libertad religiosa ha ido desdibujando la importancia de la tradición de un pueblo, tradición milenaria que ha subsistido más allá de los avatares históricos. Resulta paradójico que a pesar del progresismo reinante en los intelectuales europeos, haya sido la apelación a la tradición el modo de reacción de Europa, argumento de la tradición tan caro a los conservadores.

Sin embargo, también aquí debemos señalar que el recurso al tópico “tradición” no alcanza si la misma no se arraiga en la verdad, ya que la defensa de una tradición por la tradición en sí misma ha sido también la base para los multiculturalismos, relativismos y tradicionalismos contemporáneos.

Un valioso estudio sobre el tema realizado por el Dr. Félix Lamas96 señala que la tradición, siendo el “proceso social continuo de constitución de un patrimonio objetivo de bienes, creencias, relaciones y situaciones”, se coloca en las antípodas no tanto de la revolución sino de la crisis entendida como “ruptura y disolución que, aplicado al ambito social, es separación...o momento negativo, que deshace un estado de cosas vigente –tradiciones, costumbres, instituciones, identidad histórica, etc.- o que amenaza deshacerlo por significar un juicio condenatorio de la validez de ese mismo estado de cosas”.

De allí que conviene detenerse a meditar sobre qué significa defender la tradición frente a un cambio que atenta contra su médula, razón de ser, sentido y núcleo constitutivo como es el símbolo del crucifijo. La tradición es susceptible de ser valorada como verdadera y se juzga negativa o positivamente en relación con la doctrina divina97. Por ello no puede negarse la existencia de una tradición “divina por su fuente y sobrenatural por su objeto, que tiene un origen histórico en los testigos y documentos de su acontecimiento y que en el caso de la revelación de Cristo se remonta a los apóstoles y a los evangelistas...La Iglesia es, según la fe católica, la depositaria y la transmisora de la revelación cristiana y de su tradición”98.

Como describe seguidamente el Dr. F. Lamas “la fe divino-apostólica informó la civilización clásica y bárbara, dando lugar a la civilización cristiana....civilización que se expresaba a través de símbolos gigantescos que manifestaban, cada uno a su modo, un espíritu integrado y universal, cuyo punto de unidad estaba en lo alto y que reconocía como fin último a Dios y a su encuentro con el hombre”99.

Por eso, si indagásemos sobre las causas o el momento histórico en que comenzó a entrar en crisis esa tradición cristiana y católica, posiblemente nos toparíamos con el enarbolamiento del derecho a la libertad religiosa que descansaba en un supuesto implícito: la igualdad de todas las creencias y, por ende, la disolución de la verdadero. En el año de la beatificación del Cardenal Henry Newman, nos resulta ilustrativo su discurso dado en el momento de recibir el biglietto cardenalicio100, cuando expresamente advertía:

“...me he opuesto desde el comienzo a un gran mal. Durante treinta, cuarenta, cincuenta años, he resistido con lo mejor de mis fuerzas al espíritu del liberalismo en religión. ¡Nunca la Santa Iglesia necesitó defensores contra él con más urgencia que ahora, cuando desafortunadamente es un error que se expande como una trampa por toda la tierra!...El liberalismo religioso es la doctrina que afirma que no hay ninguna verdad positiva en religión, que un credo es tan bueno como otro, y esta es la enseñanza que va ganando solidez y fuerza diariamente. Es incongruente con cualquier reconocimiento de cualquier religión como verdadera. Enseña que todas deben ser toleradas, pues todas son materia de opinión. La religión revelada no es una verdad, sino un sentimiento o gusto; no es un hecho objetivo ni milagroso, y está en el derecho de cada individuo hacerle decir tan sólo lo que impresiona a su fantasía”101. Piénsese en la lucidez de Newman al poder advertir allá lejos las consecuencias que se avecinaban. Las promesas del igualitarismo102 han conducido a las sociedades a desintegrarse hacia adentro, ya que la neutralidad no distingue entre conductas buenas o perniciosas, entre virtudes o vicios; los espejismos de los laicismos le han hecho olvidar al hombre la oferta gratuita recibida de lo alto de acceder al cielo gracias al sacrificio de Cristo, recordado y transmitido sin cansancio por la santa Iglesia103, y las quimeras jurídicas de libertad sin Dios, constructivismo consensual democrático e individualismo feroz bajo el paradigma de la “autonomía de la voluntad” han desarticulado todo sano realismo y actitud contemplativa, creyendo el hombre, a la manera adámica, que todo puede ser construido por sus manos.

De allí que se hace hoy más que nunca necesario el testimonio de la Cruz y por ello concluimos con las palabras pronunciadas en una homilía por el Papa Benedicto XVI en su viaje a Chipre, justo durante la semana en que el Estado italiano presentaba su apelación, quien en la Iglesia de la Santa Cruz expresó:



el mundo necesita la cruz. No es simplemente un símbolo privado de devoción, no es un distintivo de pertenencia a un grupo dentro de la sociedad, y su significado más profundo no tiene nada que ver con la imposición forzada de un credo o de una filosofía. Habla de esperanza, habla de amor, habla de la victoria de la no violencia sobre la opresión, habla de Dios que ensalza a los humildes, da fuerza a los débiles, logra superar las divisiones y vencer el odio con el amor. Un mundo sin cruz sería un mundo sin esperanza, un mundo en el que la tortura y la brutalidad no tendrían límite, donde el débil sería subyugado y la codicia tendría la última palabra. La inhumanidad del hombre hacia el hombre se manifestaría de modo todavía más horrible, y el círculo vicioso de la violencia no tendría fin. Sólo la cruz puede poner fin a todo ello. Mientras que ningún poder terreno puede salvarnos de las consecuencias de nuestro pecado, y ninguna potencia terrena puede derrotar la injusticia en su origen, la intervención redentora de Dios Amor puede transformar radicalmente la realidad del pecado y la muerte. Esto es lo que celebramos cuando nos gloriamos en la cruz del Redentor104.


1 Publicado en Revista Prudentia Iuris, Nros. 68/69, 2010.

2 Abogada (UCA), Profesora de Historia de la Cultura, Formación del Pensamiento Jurídico-Político, Introducción al Derecho e Historia del Derecho en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica Argentina; Miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas (Instituto de Bioética); Miembro de la Corporación de Abogados Católicos.

3 Ponencia presentada en el V Congreso Argentino y III Iberoamericano de Filosofía del Derecho, Política y Bioética, realizado por la Universidad de FASTA, Mar del Plata, 1al 3 de octubre de 2010.

4 Denominamos “pseudo-principios” a aquellos que, sin ser principios en sí mismos, han sido puestos como principios tanto por la doctrina como por la jurisprudencia, sin fundamento en la realidad. En tal sentido ubicamos a la “laicidad”, cada vez más difícil de definir y que ha generado múltiples confusiones encerrando casi siempre un laicismo, a la “neutralidad estatal”, que ha sido caracterizada como una “falacia argumentativa”, y a la “igualdad” devenida en un igualitarismo que busca borrar las diferencias que se encuentran en la realidad creando “quimeras” irresolubles. La aplicación de tales pseudo-principios ha generado contradicciones que vienen siendo advertidas por la doctrina en varios casos. Agradecemos especialmente las sugerencias dadas por el Dr. Héctor H. Hernández.

5 ¨Lautsi c. Italie¨, Cour Européenne des droits de l´homme, Strasbourg, 3 novembre 2009, nro. 30814/06 (Sect. 2).

6 La ¨Unión de ateos y racionalistas agnósticos¨ fue fundada en 1991 en Roma y de acuerdo a su estatuto constitutivo persigue tres metas concretas: 1. tutelar los derechos de los ciudadanos que no pertenecen a ninguna religión especialmente de la visión del mundo difundida por la religión católica; 2. defender y afirmar la laicidad del Estado: principio constitucional puesto seriamente en riesgo por la injerencia eclesiástica y que no posee oposición alguna por parte del mundo político; 3. promover la valorización social y cultural de la concepción no religiosa del mundo, cfr. http://www.uaar.it/uaar/ (último acceso 4-03-10). Hace tiempo que diferentes asociaciones de ateos, agnósticos, racionalistas organizados en Italia promueven, con claridad de objetivos como lo muestra el estatuto, la erradicación del cristianismo católico en cualquier espacio público de la península itálica. Un ejemplo de ello ha sido la batalla librada para colocar a las materias de religión católica fuera del curriculum escolar, pedido que provino además de organizaciones hebreas, musulmanas y protestantes, cfr. el comentario al respecto realizado en RANIERI DE CECHINI, Débora, “Notas en torno a una sentencia del Tribunal Administrativo Regional del Lazio: la neutralidad del Estado como argumento en contra de las enseñanzas de la Iglesia Católica y en aras de la laicidad estatal”, ED, 6 de enero de 2010, p. 1-3.

7 La doctrina ha señalado que no debe pasarse por alto la situación de extranjera de la parte actora, devenida ciudadana italiana por matrimonio, ya que este caso se encuadra en la problemática europea de una inmigración que reclama un pluralismo religioso que, sirviéndose de la “libertad religiosa” o de los supuestos “derechos de las minorías” se ha dedicado lentamente a cuestionar las bases de la cultura occidental europea, cuestionamiento que fue ingenuamente aceptado por la doctrina bajo la “tolerancia religiosa” pero que a partir de este causa ha mostrado las reales consecuencias, cfr. CHIZZONITI, Antonio, ¨Identità culturale e religiosa degli italiani ed esposizione del crocifisso nelle aule scolastiche. La Corte costituzionale si interroga, ma non si espone¨, diciembre de 2004, disponible en http://www.olir.it (último acceso 3-07-10).

8 El ¨Istituto comprensivo statale Vittorino da Feltre¨ se encuentra en Abano Terme, ciudad de la provincia de Padua, en la región del Véneto, cfr. http://www.icsabano.it/. Tal escuela se fundó en honor al humanista y educador Vittorino Ramboldini (1378 -1446), quien fundó en 1423 una escuela bajo los ideales cristianos unidos a los del humanismo.

9 Un diario español ha publicado una fotografía de estos jóvenes en la actualidad, cuya imagen –sin dejar de notar que tales jóvenes han sido objeto del interés de su madre y de la ONG de ateos- puede resultar representativa de la situación cultural occidental en el siglo XXI y de las consecuencias que se siguen en jóvenes educados en el desprecio a la cultura cristiana, cfr. “Una familia italiana desafía el poder del Vaticano. Los Albertin Lautsi explican su lucha para retirar los crucifijos en las aulas públicas”, 7 de noviembre de 2009, en http://www.publico.es/espana/267728/familia/italiana/desafia/vaticano/version-imprimible (último acceso 10-12-09).

10 Cfr. OUTCHIK, Karim,
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