¡Nuestra ancla permanece!



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¡Nuestra ancla permanece!

Los múltiples cambios nos convienen porque nos acercan al Señor.

«Todo cambia pero Jesús nunca. Los cambios y el deterioro me rodean por doquier, ¡pero Tú que nunca cambias, permanece en mí, Señor!»1 Todo cambia todo el tiempo. Todo menos el Señor. Nadie más permanece constante.

Podemos adaptarnos a los cambios porque un Ancla firme y segura nos sostiene. La nuestra es Roca sólida en la que siempre podemos confiar. Tenemos un Ancla firme que nos sostiene con seguridad, no importa cómo sean las olas, el mar o nuestra vida que cambia sin cesar.

Tenemos a Alguien sobre quien podemos reposar eternamente seguros, pues sabemos que de nada nos tenemos que preocupar. Nos resuelve todo problema y grande o chica, satisface toda necesidad. Estaremos a salvo donde sea, hagamos lo que hagamos.

Da igual lo que suceda, dónde vayamos, dónde vivamos o cuáles sean las circunstancias; el Señor a nuestro lado permanecerá. Completa y permanente es nuestra seguridad.

¡Es la maravilla de confiar en el Señor! Cuando ignoramos lo que habrá de acontecer, lo que sí sabemos es que el Señor de alguna forma hará que todo resulte conforme a Su plan. ¡Siempre es así!

Diálogo:

1ª escena:

Texto del cartel: Cuadro evolutivo del Homo-Cristus

Etiquetas: 4000 a.C / 500 a.C / 1800 d.C / 2010 d.C
2ª escena:

Hombre: ¿Por qué llegó retrasado el diario? ¡¿Por qué?!



1. «Permanece en Mí», de Henry Francis Lyte
Autor: David Berg. Publicado por primera vez en diciembre de 1988.

Ilustraciones: Mike Krome. Diseño: Yoko Matsuoka. Traducción: Luis Azcuénaga y Antonia López.

© La Familia Internacional, 2011
Categorías: el cambio, confianza


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