Original: español informe del relator de la conferencia especial sobre seguridad



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PALABRAS DEL SECRETARIO GENERAL
DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS
CÉSAR GAVIRIA
EN LA INSTALACIÓN DE LA CONFERENCIA ESPECIAL SOBRE SEGURIDAD





PALABRAS DEL SECRETARIO GENERAL
DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS
CÉSAR GAVIRIA
EN LA INSTALACIÓN DE LA CONFERENCIA ESPECIAL SOBRE SEGURIDAD



 

Sr. Secretario Derbez:
Gracias por la hospitalidad de su pueblo y su gobierno, siempre generosos y acogedores para todos los americanos y representantes de países observadores que hemos venido a esta Conferencia Especial de Seguridad. El hecho de que estemos reunidos aquí, en México, tiene un particular significado, ya que su país fue sede de debates seminales para el Hemisferio en materia de seguridad, como lo fueron la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de la Paz de 1945 así como de la firma del Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe de 1967.
Señores Cancilleres:
Es este un momento crucial de nuestra historia. El rico debate que nos ha traído hasta acá ha mostrado cómo la seguridad multidimensional, a la que todos nos hemos adherido, es una que está imbricada en la defensa de la democracia y la derrota del autoritarismo, la protección de los derechos humanos, la búsqueda de la paz social y la defensa del estado de derecho. Es precisamente la convergencia en torno a estos principios la que nos ha permitido coincidir en una visión común de la seguridad.
El debate nos ha mostrado también que hay más espacio para la acción diplomática, para la prevención de conflictos, con la cooperación como el elemento que crea sinergias y voluntades permanentes, indispensables para la preservación de la paz y la seguridad. Y si hemos sido un hemisferio relativamente más pacífico, es por la creación de instituciones jurídicas y políticas que han servido como instrumento de solución pacifica de controversias y ha evitado que muchas de éstas se conviertan en crisis internacionales. Creo que se puede decir que se ha cumplido con el mandato que nos asigna el artículo octavo de la Carta de Naciones Unidas.
La tarea de discusión política y su decantación para lograr los consensos que se están tratando el día de hoy, se deben en buena medida a la paciente e inteligente tarea del Embajador de México, Miguel Ruiz Cabañas y su rico don de persuasión y dedicación. Es meritoria también la tarea que realizó el Embajador de Paraguay, Luis Enrique Chase Plate.
Señoras y Señores Cancilleres:
Los que nos reunimos en esta casa sabemos ya como el final de la guerra fría nos dejó sin discurso en materia de la seguridad del hemisferio. La simpleza y la claridad con la que sabíamos cuál era la amenaza a nuestros Estados, así algunos como México no la compartieran, fueron atrofiando la capacidad de imaginarnos escenarios más allá de la seguridad nacional, y de pronto nos topamos con que las “hipótesis de conflicto” con que habían sido formados nuestros ejércitos y nuestras sociedades eran superadas por los dramáticos cambios en el escenario internacional.
La globalización ha sido como un movimiento sísmico que con la vertiginosa integración de los mercados y las comunicaciones, sepultó el aislacionismo, nos trajo las crisis de volatilidad de capitales con sus devastadoras consecuencias y la militancia internacional de las organizaciones no gubernamentales en aspectos relacionados con nuestros regímenes políticos para sólo citar dos de sus características. Las divisiones ideológicas dieron paso a una mayor universalidad en muchos aspectos sociales, políticos, y económicos y provocaron integración en el ámbito global, pero al mismo tiempo una búsqueda de identidad étnica, religiosa o histórica en lo local.
Es en este escenario de transición delitos como el terrorismo, el narcotráfico, el tráfico de armas, o la corrupción encontraron un ambiente propicio y favorable para su desarrollo. Los hizo delitos esencialmente transnacionales, enemigos comunes que no conocen fronteras y que nos obligaron a buscar respuestas colectivas muy diferentes de aquellas que generaron los desafíos militares del pasado.
Ya no se trata de buscar nuevos equilibrios políticos o militares, ni de usar la persuasión para contener la amenaza al uso de la fuerza sino de mejorar el sistema judicial o de asegurar para los estados el uso de la fuerza. Esto lo venimos haciendo desde Santiago en el 91 y hemos creado instituciones jurídicas y políticas respetuosas de nuestra carta y adecuadas a cada fenómeno o reto.
Por eso todos los que asistimos a esta conferencia estamos claros en la necesidad de revisar el concepto de seguridad hemisférica en su contenido, sus instituciones y sus alcances a la luz de las formidables transformaciones del mundo y nuestro hemisferio.
La discusión sobre medidas de seguridad y confianza comenzó en el 91, y tomó mayor fuerza con la Conferencia de Chile en el 1995, la de San Salvador en 1998, y el Consenso de Miami de este año.
Esta discusión se ha venido dando en un ambiente de dramática mejoría de las relaciones entre civiles y militares. Para las democracias americanas ya es común la notificación previa de ejercicios militares y la comunicación entre las autoridades civiles y militares en las zonas de frontera. A nadie sorprende el intercambio de información sobre políticas y doctrinas de defensa: modelos de libros blancos de la defensa ya son presentados en Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, y Uruguay.
Las reuniones de Ministros de Defensa, entre otras, se han convertido en un espacio para intercambiar ideas sobre metodologías comunes en medición de gastos de defensa, la presentación de informes de registro de armas convencionales de la ONU, todo lo cual aumenta los niveles de confianza, la predictibilidad y la transparencia.
Así mismo, la limitación y control de armas convencionales ya es un postulado común al Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica, al Sistema de Seguridad Regional del Caribe, a MERCOSUR, Bolivia y Chile y a la Carta Andina para la Paz y la Seguridad. Hay una general coincidencia en que los procesos de integración en marcha que estamos viviendo han disminuido las tensiones históricas entre estados.
La Convención contra la Fabricación y Tráfico de Armas de 1997 y la Convención de Transparencia en la Adquisición de Armas Convencionales de 1999, son hoy ejemplo dentro del Programa de Acción de las Naciones Unidas.
La OEA en particular ha sido líder regional y global en torno al grave problema de las minas terrestres antipersonales desde 1991. Hemos tenido en Centroamérica un programa que ha permitido avanzar en el desminado de Costa Rica, Honduras, Guatemala y Nicaragua, a través de proyectos de prevención, de rehabilitación, y de recuperación socioeconómica. Sólo en los últimos dos años, en cumplimiento con la Convención de Ottawa, se han destruido más de 500 mil minas en Ecuador, Honduras, Nicaragua y Perú. La Junta Interamericana de Defensa ha realizado una muy buena gestión no sólo administrando el proceso, sino asegurando supervisión militar y comprometiendo a los ejércitos de los países latinoamericanos en las tareas de desminado.
La cooperación en casos de desastres naturales también es hoy en día una expresión de la solidaridad continental, a través del Comité Interamericano para la Prevención de Desastres Naturales, luego de las trágicas experiencias del huracán Mitch en 1998 y el terremoto de El Salvador en el 2001.
Frente al flagelo del narcotráfico, hasta hace pocos años los países consumidores y productores se enfrentaban en un proceso desgastador de recriminaciones y de sanciones que menguaban las posibilidades de sinergias en la lucha contra la delincuencia organizada. A partir de un compromiso político indeclinable, hemos acordado unos principios y directrices de política común, plasmados en la estrategia hemisférica contra las drogas.
La creación de un mecanismo de evaluación multilateral en el 98, ha permitido evaluar los progresos individuales y colectivos y formular recomendaciones para mejorar su capacidad de controlar el tráfico y el abuso de drogas y reforzar la cooperación multilateral. Se han respetando los principios consagrados en la Carta de la OEA y además los consagrados en estrategia hemisférica: responsabilidad compartida, integralidad y equilibrio.
El Mecanismo de Evaluación Multilateral, diseñado en el seno de CICAD, con su detallada lista de indicadores y con la presencia de expertos provenientes de todos los estados, ha permitido establecer un diálogo constructivo y cooperativo, hemos avanzando en la confianza mutua y una visión colectiva bajo los principios de la transparencia, la imparcialidad, la equidad y la seriedad de la estrategia hemisférica.
En la reunión de Ministros de Justicia y Procuradores Generales, estamos avanzando en la definición de un Plan Hemisférico de cooperación jurídica y judicial para combatir la delincuencia trasnacional organizada, en la extensión de una red para consolidar la asistencia legal mutua, y en la lucha contra el delito cibernético. Se ha logrado un espacio de entendimiento mutuo de confianza y dialogo excepcionales.
Con la Convención Interamericana contra el Terrorismo, diseñada en el seno del CICTE, los gobiernos garantizan una amplia asistencia legal mutua y hace posible el enjuiciamiento de personas que participen en la planificación o comisión de actos de terrorismo, combate el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo. Actualmente se está trabajando en el intercambio de modelos de legislación en el combate al terrorismo y en asegurar el cumplimiento estricto de la resolución 1373 del Consejo de seguridad y en usar esta convención como modelo en el sistema de Naciones Unidas
Las Preocupaciones Especiales de Seguridad de los Pequeños Estados Insulares son hoy parte fundamental del análisis de las estrategias multilaterales del Hemisferio. Se trata de países territorialmente pequeños, altamente dependientes del comercio exterior y el turismo, especialmente vulnerables a los desastres naturales, y sensibles a los cambios ecológicos y climáticos. La Declaración de Bridgetown adopta el enfoque multidimensional de la seguridad que es hoy central a las tareas de discusión que hoy se inicia.
En todos estos procesos ha sido particularmente relevante la Carta Democrática Interamericana, adoptada el 11 de septiembre de 2001 en Lima Ella es una clara muestra de lo mucho que se ha logrado en la defensa y promoción de la democracia en nuestro hemisferio, y del camino que aun tenemos que recorrer. La Carta registra cómo los países americanos están unidos por una comunidad de valores e ideales. Es un manual de comportamiento democrático que define por primera vez lo que los nuestros países consideran los elementos esenciales de su sistema político, estableciendo claramente los instrumentos a los cuales están dispuestos a acudir para defenderla.
La carta es vasta inclusiva de las consideraciones sociales y los derechos de los trabajadores e incluye todas las formas de discriminación e intolerancia. Ha sido un instrumento esencial que reitera nuestra constante preocupación por asegurar la subordinación constitucional de todas las autoridades del Estado a la autoridad civil legítimamente constituida.
En todo caso, en la búsqueda de la paz y la seguridad, en la OEA y el Sistema Interamericano, hemos encontrado que hay mas espacio para la acción diplomática, para la prevención de conflictos. Hemos estado trabajando en tres etapas distintas: la diplomacia preventiva, el manejo de crisis y la gestión posterior al conflicto.
En la última década hemos procurado usar todos los mecanismos de solución pacifica de controversias que prevé la Carta de la OEA: la negociación directa, los buenos oficios y la facilitación, la mediación, la investigación y la conciliación, el procedimiento judicial, el arbitraje y los que acuerden las partes.
Con estos instrumentos le hemos hecho frente a problemas de distinta índole. Hemos trabajado en operaciones post conflicto en Guatemala, Nicaragua, Suriname. En la preservación del sistema democrático en Ecuador, Perú, Bolivia, Guatemala, Haití.
En tiempos más recientes, la OEA ha estado presente para coordinar medidas de confianza en la frontera de Honduras y Nicaragua, mientras su disputa territorial se resuelve en la corte de La Haya. Ha cumplido una función de facilitación en la búsqueda una solución del diferendo que tienen Guatemala y Belice. Está apoyando la demarcación entre Salvador y Honduras dispuesta por la Corte Internacional de Justicia. En Venezuela se logró un Acuerdo entre el Gobierno y la Oposición para buscar salidas a la crisis política que ha estado afectando al país. Sin embargo este es un frente donde hay un amplio espacio para la mejoría institucional de la Secretaria de la OEA.
Señoras y señores:
Quiero celebrar el amplio consenso que se ha logrado para que la Comisión de Seguridad hemisférica coordine la acción de organismos, órganos, entidades y mecanismos de la Organización en aspectos de seguridad y defensa en el hemisferio. Este ha sido hasta el presente un foro de ideas, de negociación, de construcción de consensos para avanzar en materias relacionadas con la seguridad hemisférica.
En primer lugar, para continuar el trabajo identificado en Miami sobre medidas de confianza y seguridad, todavía hay un espacio para las medidas de primera generación que se centran en la transmisión voluntaria de información. Tal espacio es mucho mayor en las de segunda generación que son vinculantes o de obligatorio cumplimiento como la de la Convención de transparencia de compras de armas convencionales o algunas de las estipulaciones del CIFTA. También podremos avanzar en algunas de las ideas enunciadas en el Consenso de Miami que contemplan medidas de tercera generación de limitación de armas convencionales, desarme, limitación de armamento y no-proliferación de armas de destrucción masiva.
En segundo lugar esperamos igualmente que se pueda adoptar una metodología común para la medición de gastos de defensa, pues su limitación empieza a constituir una seria posibilidad en algunas de las subregiones de las Américas. Sin duda será la Comisión el escenario adecuado para trabajar en lo que el Consenso de Miami señaló como las medidas de naturaleza militar como en aquellas denominadas como medidas generales que contienen un vasto conjunto de tareas por desarrollar.
En tercer lugar esperamos que en dicha Comisión sea posible encontrar en un futuro cercano un más claro vínculo de la Junta Interamericana de Defensa con los cuerpos políticos de nuestra organización. Esperamos también el estudio del Tratado Interamericano de Soluciones Pacificas o Pacto de Bogotá para asegurar su uso en mas de las controversias existentes. No obstante, en contraposición con apenas hace una década cuando asumí funciones como Secretario de la OEA, ha habido un gran aumento de intereses convergentes y una disminución de la polarización y las tensiones entre estados.
Lo que va a hacer esta Declaración es poner en evidencia los enormes intereses que tienen nuestras naciones en mantener la paz y la seguridad a través de la cooperación y la acción colectiva, y la gran tarea que hay por realizar para garantizar la paz, la paz social y la adhesión a mecanismos pacíficos de solución de controversias, y el respeto a los preceptos de la Carta Democrática y de la Carta de la OEA.
Soy, pues, un convencido de las posibilidades del Hemisferio para convivir pacíficamente. Nos necesitamos unos a otros, los países poderosos y los más débiles. En la fractura de la gobernabilidad que se da en varios de nuestros países hay un gran potencial de perturbación y en las crisis en el hemisferio, –económicas como en Argentina, políticas como en Venezuela, militares y de terrorismo como en Colombia o sociales como en Bolivia- tienen enormes y desafiantes repercusiones. En el pasado nuestra seguridad era una consecuencia de los acontecimientos mundiales. Ahora tenemos la oportunidad de continuar construyendo una agenda común de seguridad al servicio de nuestros propios valores y problemas.
Una agenda que cubra a todos los países con sus preocupaciones y problemas, donde no haya imposiciones, ni omisiones. Una agenda que surja del consenso, del diálogo democrático abierto y franco. Ese es el gran desafió que nos ha impuesto esta Cumbre de Seguridad que realizamos aquí en Tlatelolco.
Muchas gracias





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