Original: español



Descargar 0.58 Mb.
Página2/13
Fecha de conversión11.12.2017
Tamaño0.58 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   13

Antecedentes Generales





De acuerdo al último Censo, practicado en el año 2000, aproximadamente el 45% de la población brasileña se autoclasifica como “parda” o como negra.5
Brasil fue el país del Continente Americano que trajo la mayor cantidad de esclavos. Esta práctica, iniciada durante el período colonial, se mantuvo una vez declarada la Independencia hasta la instauración de la República en 1888, lo que lo hace el país americano en que la esclavitud se mantuvo hasta la fecha más tardía. Durante ese período ya se produjo una mezcla entre personas de origen africano, con otras de pueblos originarios y de origen europeo.
Una vez abolida la esclavitud no fueron instauradas a nivel legal políticas oficiales de segregación racial. La mezcla racial, sumada a esta falta de regulación legal de la segregación racial hacen al caso brasileño diferente del más conocido en el Continente Americano, esto es, el de Estados Unidos, en el que, abolida la esclavitud en la segunda mitad del siglo XIX, se mantuvieron políticas oficiales de segregación racial hasta pasada la mitad del siglo XX.
Estas diferencias entre la situación brasileña y la estadounidense ha conducido a que en Brasil la visión por lejos predominante a nivel de la sociedad es que en dicho país no existen prácticas racistas, o de que estas, a lo sumo, constituyen prácticas aisladas, de influencia foránea, traídas por la introducción de una economía capitalista de influencia norteamericana. Esta visión social se ha reflejado también en la visión del estado sobre la materia, que hasta hace poco tiempo fue de casi completa prescindencia.
Esta visión predominante ha sido denominada como “democracia racial.” Conforme a esta teoría, la brasileña es una sociedad integrada racialmente, en la que, si bien existen prácticas discriminatorias, estas tienen su origen en diferencias sociales o de clase y no en consideraciones de carácter racial. Siguiendo este argumento, las personas negras pobres resultarían discriminadas por el hecho de ser pobres pero no propiamente por el hecho de ser negras.
Esta perspectiva también ha conducido a que aquellos que denuncian prácticas racistas sean a menudo, a su vez, calificados como racistas ellos mismos, por llamar la atención sobre una cuestión sobre la que nadie más lo hace (y que, se supone, no hacen por no ser racistas).

Además, dados los niveles de relación entre las distintas razas en Brasil, se suele invocar por aquellos acusados de racismo el argumento de que ellos mantienen vínculos con personas de raza negra, por lo que mal podrán ser calificadas de racistas.


Hasta hace pocas décadas, la concepción de la democracia racial era también la noción prácticamente unánime en los estudios emprendidos desde las Ciencias Sociales. Si bien el Movimiento Negro venía planteando los problemas de racismo existentes, su quehacer resultaba absolutamente marginal y prácticamente sin influencia en los demás actores públicos. Aunque en 1951 se dictó una ley contra la discriminación racial, en esa época esta práctica era vista básicamente como una cuestión aislada, que algunos cientistas sociales atribuían a la influencia del capitalismo foráneo en Brasil y no a un problema estructural de la sociedad brasilera. Por lo mismo, dicha legislación se dirigió a sancionar actos de segregación racial al estilo de los que por esos años existían en EE.UU. y no las manifestaciones de racismo más típicas de la sociedad brasilera.
En la década de los 60 comienzan a desarrollarse las primeras – aunque todavía aisladas- visiones innovadora al respecto en las Ciencias Sociales. Uno de los especialistas más renombrados en la actualidad en la materia, Antonio Sérgio Guimaraes, describe ese proceso en los siguientes términos: “Teóricamente, el surgimiento de tal problemática envolvió un proceso de larga maduración. Primero, precisó de conceptos que pensasen la estructura social brasilera como fundada en grupos más cerrados y de menor movilidad que las clases. Thales de Azevedo (1966[1956]) empleó, por ejemplo, el concepto de grupos de prestigio, de Tönnies, para referirse a los grupos de color, para cuya pertenencia el origen familiar y los atributos de nacimiento eran más importantes que las características adquiridas en conflictos o en competencia en mercados. Del mismo modo, al pensar la situación estructural de los negros como `metamorfosis del esclavo’, Florestan Fernandes (1965) y Otávio Ianni (1962) demostraron convincentemente que la división estructural entre blancos y negros correspondía a una reactualización de las distancias que separaban, en el Imperio, a la sociedad de la plebe, y, en la República, a la élite del pueblo.”6
A partir de la década de los setenta el llamado Movimiento Negro, formado por afrodescendientes, comienza a denunciar el carácter de mito que posee el concepto de democracia racial, que solo serviría para ocultar el racismo existente. Esta denuncia, sin embargo, tarda en adquirir eco a nivel social, tanto por lo arraigado que se encontraba en la sociedad brasileña la visión de la “democracia racial” como por el contexto de dictadura que regía en Brasil.7

Recién en la década de los ochenta se expande esta nueva visión del problema en las Ciencias Sociales en Brasil, sosteniéndose que la “democracia racial” no pasaría de ser un mito, apreciándose a la sociedad y Estado brasileros como altamente jerarquizados, con el elemento racial como un componente discriminatorio específico, adicional a las formas de discriminación económico-sociales existentes. No obstante, este proceso no ha ido acompañado por una transformación de la misma magnitud a nivel de las percepciones de la población brasilera en general.


En los años finales de esa década, ya concluida la dictadura, el cambio comienza a manifestarse en el sistema jurídico, proceso que adquiere un mayor a partir de la segunda mitad de la década de los noventa y recibe un impulso adicional con la Conferencia Mundial contra el Racismo. De todos modos, como se verá en los apartados siguientes, este proceso de cambios se encuentra todavía en una etapa inicial, tanto en lo que se refiere a su diseño cuanto a lo concerniente a su implementación.
Estudios estadísticos dan muestras de las graves desigualdades que afectan a la población afrodescendiente en Brasil. Por ejemplo, la renta media de los hogares de población negra alcanza a solo un 43% de la renta media de los hogares de personas blancas. La proporción de pobres entre la población afrodescendiente más que duplica a la existente entre la población blanca (46,8% versus 22,4%). En cuanto a las personas que viven en la indigencia, ellas corresponden al 21,8% de la población negra y al 8,4% de los blancos. La tasa de mortalidad infantil de los menores de 5 años es de un 76,1 por mil en el caso de los afrodescendientes y de un 45,7 por mil en la población blanca. El índice de analfabetismo de la población negra es de un 18,2%, lo que contrasta con un 7,7% de la población blanca. Mientras el tiempo medio de estudio es de 4,7 años en el primer caso, el mismo se eleva a 6,9% en el segundo. De las personas afrodescendientes mayores de 25 años, solo un 2,5% posee entre 15 y 17 años de estudios (lo cual revela su muy escaso acceso a la educación superior), en tanto que respecto de la población blanca un 10,2% se encuentra en esa situación. El acceso a servicios básicos, tales como electricidad, alcantarillado y otros, muestra similares disparidades.
Cabe hacer notar que al confrontar estas cifras con las de comienzo de la década anterior, se observan avances en todos los niveles. Sin embargo, ellas no dan cuenta de una disminución del nivel de desigualdad entre la población negra y la población blanca.8
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   13


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal