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Antecedentes Generales


El racismo en República Dominicana tiene un componente que no se encuentra en relación con los afrodescendientes en los demás países estudiados, cual es, la xenofobia, dado que discriminación por raza se encuentra asociada a la procedencia haitiana. Es en perjuicio de los nacionales de Haití (o de dominicanos de rasgos supuestamente haitianos) que se ejercen las formas de discriminación racial. Así, aun cuando son pocas las personas que no tienen ascendencia africana, “lo negro”, en sentido discriminatorio, es en República Dominicana, todo lo que se vincula a lo haitiano.


La historia entre estas dos naciones presenta complejidades que es necesario, al menos, tener presente. Estos países tienen la particularidad de estar situados en la única isla dividida en dos Estados. Y, a diferencia del resto de los Estados de Latinoamérica, la República Dominicana anuncia su primera independencia no de la colonia española, sino de su vecino Haití, que en 1822 ocupó el territorio dominicano (hasta 1844), aprovechando que España se encargaba de las guerras independentistas que se libraban en el sur de América y del fervor que había causado en “el lado occidental de la isla” la Revolución de comienzos de siglo. Cuando los dominicanos logran salir del dominio del país fronterizo, proclaman la independencia al mismo tiempo que hacen nacer un fuerte sentimiento antihaitiano. Muchos consideran que la identidad nacional dominicana, que comienza a forjarse en ese momento, se ha erigido más en contra que a favor de algo, y, en esta lógica, el antihaitianismo ha sido la bandera para la formación de un ethos dominicano; una identidad formada por exclusión antes que por inclusión.
Desde allí, la negritud -expresión que no reviste un carácter peyorativo- ha estado asociada con lo haitiano, acentuándose el nacionalismo en la época del dictador Rafael Trujillo –principalmente por el aporte intelectual de Joaquín Balaguer (quien sería presidente de la República más adelante).118 Es en esta época cuando se produce una de las manifestaciones más cruentas del anti haitianismo: la matanza del ’37. La forma como la dictadura de Trujillo ideó la eliminación de los haitianos en el territorio de la República Dominicana fue exigiéndoles la pronunciación de palabras como “perejil”, lo cual, naturalmente, no era posible para los haitianos francófonos. De esta manera, miles de haitianos –no se sabe exactamente cuántos, pero se habla de hasta 35 mil- fueron ejecutados (entre otras atrocidades cometidas con ocasión de esta matanza, se reporta el lanzamiento de niños que caían en las bayonetas de los trujillistas).
Para el famoso dictador, la República Dominicana estaba compuesta únicamente por blancos, herederos de España, país al que se le debía todo lo bueno que podían tener los dominicanos, mientras que los “negros” (haitianos) eran vistos como personas salvajes, poco sociables, de extrañas costumbres, que profesaban ritos casi satánicos (el vudú) y que consecuentemente debían ser apartados del purismo dominicano.119
A pesar de este sentimiento más o menos extendido –para algunos está presente en todos los estamentos de la sociedad dominicana, mientras que otros la identifican preferentemente en la elite (intelectual, económica y política)-, las miserables condiciones de vida en Haití siguen empujando a miles de personas a migrar hacia el lado oriente de la isla. La amenaza a la soberanía, a la seguridad nacional, la falta de trabajo, sintetizadas en la idea de una verdadera “invasión pacífica”, constituyen las razones más recurrentes para erigir al haitiano como un extranjero no querido. En razón de lo barato de su mano de obra, logra conseguir empleos muy precarios –en la industria de la caña de azúcar, el café, arroz y otras actividades agrícolas, así como en áreas de servicios y construcción, en los sectores urbanos- que sólo le permiten sobrevivir sin poder integrarse plenamente a la sociedad en la que vive (con todo, en mejores condiciones económicas que en su país de origen). Los haitianos suelen ir y venir a la República Dominicana, no sólo por las mejores posibilidades de trabajo según las estaciones del año, sino porque, además, es el propio Estado dominicano el que, a requerimiento de mano de obra de bajo costo, de tiempo en tiempo relaja los controles que, al terminar las necesidades contingentes, renueva, produciéndose deportaciones masivas y sumarias, con golpes y malos tratos a las personas que son expulsadas del país, entre otros abusos.
No existen cifras uniformes en relación con el número de haitianos presentes en el territorio de la República Dominicana. De hecho, en el Censo realizado a fines de 2002, la variable de origen racial o étnico no fue considerada. Con todo, estimaciones de la sede dominicana de la Oficina Internacional para las Migraciones señalan que el número de haitianos con status migratorio irregular asciende a los 650 mil; aquellos regularizados, serían aproximadamente unos 60 mil, mientras que los “dominico-haitianos” (descendientes de haitianos nacidos en el territorio nacional) serían unos 10 mil. En total, proyectando estas cifras, puede decirse que la presencia haitiana, todos estos grupos considerados, es de más de 800 mil personas.120 Esto es, representan casi un 10 % del total nacional.
En este contexto, no es raro que las condiciones de vida de estas personas sean extremadamente malas. Desprovistos de necesidades básicas y expuestos, además de las deportaciones masivas y sumarias, a serios problemas de salud pública, vivienda y educación, los bateyes121 en los que suelen vivir estos grupos vulnerables, presentan adversas características para la calidad de vida de las personas. Muestra de ello es que en ningún batey existe un hospital; la mayor parte de quienes allí viven no sabe leer ni escribir; casi el 90% de las viviendas no dispone de agua potable122 y las enfermedades, como el VIH/SIDA, están alcanzando niveles muy graves, en una zona geográfica con alta población expuesta, como es el Caribe.123 Todas estas condiciones, como puede observarse, hacen que los haitianos (y/o dominicanos de ascendencia haitiana) estén en una situación muy vulnerable, lo cual, como se explicará, tiene manifestaciones también en el sistema judicial.


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