Osicionamiento de la asamblea nacional de afectados ambientales con respecto a la central nucleoelectrica de laguna verde



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OSICIONAMIENTO DE LA ASAMBLEA NACIONAL

DE AFECTADOS AMBIENTALES CON RESPECTO A

LA CENTRAL NUCLEOELECTRICA DE LAGUNA VERDE

26 de Abril de 2011


Frente a la catástrofe ocurrida en Japón por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo del presente año, que afectó a la planta nuclear en Fukushima provocando la fuga persistente de material radioactivo que se dispersa ya por todo el mundo en distintos niveles y por lo que países como Alemania y España han cancelado la opción nuclear y otros más están en proceso de hacerlo, es importante revisar la historia de la planta nucleoeléctrica de Laguna Verde y valorar la pertinencia de su mantenimiento o su cierre.

NO ES ENERGÍA BARATA

Los promotores de la energía nuclear en nuestro país afirman que es una energía barata, limpia y segura; sin embargo, la observación de la planta nuclear de Laguna Verde nos confirma que es todo lo contrario: se calcula que la inversión para construir un planta nucleoeléctrica, tan sólo en México, es de un millón 300 mil dólares por megawatt, en cambio las plantas solares y eólicas son muchísimo más baratas. Además el lamentable episodio de Chernóbil puso en evidencia los costos económicos que tiene su uso. Tan sólo la limpieza del lugar, después del accidente, alcanzó los 190 mil millones de dólares, sin contar los costos por las enfermedades y muertes que provocó la explosión. Los expertos creen que una vez superado el impase de la liberación de radiación y que los reactores se enfríen, el costo de restablecer la seguridad del lugar y remover el equipo arruinado ascenderá a costar varios cientos de millones de dólares y tomaría décadas. En el caso más reciente de Fukushima, los expertos creen que una vez superado el impase de la liberación de radiación y que los reactores se enfríen, el costo de restablecer la seguridad del lugar y remover el equipo arruinado ascenderá a varios cientos de millones de dólares y tomaría décadas hacerlo.

Por otra parte, la central de Laguna Verde aporta sólo un 3.6% de la energía producida en el paísi y el tiempo ha demostrado que la vida media de operación de un reactor nuclear es inferior a los 18 años, muy alejada de los 40 años prevista por las empresas constructoras, tiempo que no compensa el gasto de su instalación y funcionamiento, ni el manejo y confinamiento de los residuos tóxicos que genera, así como el costo de enfrentar eventualmente las consecuencias que traería un evento de fuga de material radioactivo.
NO ES ENERGÍA LIMPIA

El argumento de que es una energía limpia también es cuestionable. Es cierto que los reactores nucleares no emiten gases con efecto invernadero o cenizas durante su funcionamiento normal; sin embargo, el proceso de extracción y enriquecimiento del uranio (elemento que se requiere para la producción de energía nuclear) sí implica emisiones de ese tipo. Además, una “pequeña” fuga de gases radioactivos puede tener consecuencias desastrosas en la salud del planeta y del ser humano. Chernóbil y otros accidentes en plantas nucleares así lo han mostrado. Por otra parte, los reactores nucleares y otros tipos de plantas de energía elevan la temperatura de los ríos y mares que se utilizan para refrigerarlos, lo que supone un peligro para los peces en determinados ecosistemas.


NO ES ENERGÍA SEGURA

La energía nuclear no es un proceso seguro sobre todo cuando las plantas se encuentran en lugares de alta vulnerabilidad (de riesgo sísmico o frente a costas donde pueden presentarse huracanes) y tampoco están exentas de errores humanos. Las catástrofes en plantas de Windscale, Reino Unido, 1957; Tres Millas EE UU, 1979; Chernóbil, Ucrania, 1986 y la más reciente de Fukushima, Japón (calificado con 7 y el cual podría superar al accidente de Chernóbil) así nos lo demuestran.


La planta nucleoeléctrica de Laguna Verde inició sus operaciones en 1989, aun con la oposición de grupos ambientalistas, científicos y de la población. El proceso de esta planta ha estado plagado de anomalías, desde su instalación, en una zona sísmica, con un alto grado de densidad poblacional y su tecnología es además obsoleta.

Las autoridades federales y estatales, y la Comisión Federal de Electricidad han desoído sistemáticamente las protestas de los grupos ambientalistas, han desatendido los informes de científicos nacionales y de organismos internacionales como la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO, por sus siglas en inglés) que advierten de las irregularidades en el funcionamiento de la planta y de la necesidad del cierre de la misma para evitar una catástrofe. Han ocultado o malversado información cuando se han presentado situaciones de alarma. Nunca ha existido transparencia y veracidad en la información oficial con respecto a Laguna Verde. Son declaraciones políticas que pretenden minimizar el riesgo que supone una planta que no debe existir tal y como sucedió en Japón:



Hay cinco “nuncas” que ya se rompieron ahora en Japón: Que nunca un terremoto iba a estropear una central nucleoeléctrica y que nunca un tsunami lo iba a afectar, falso; que nunca iba a salir material radioactivo, falso; que nunca se iba a volar el segundo contenedor y se rompieron los cuatro reactores en Japón. Lo mismo, que no habría radiación de las barras de combustibles nuclear en operación que salieran a la atmósfera, y ya salieron”ii
Por otra parte, no existen estrategias de protección a la población en caso de un evento de fuga radioactiva. Las vías de evacuación son un sinfín de curvas peligrosas, carreteras en mal estado y no hay información suficiente entre la población sobre qué hacer en caso de un accidente en la planta.
Cabe destacar, que actividades humanas promovidas por los dueños del dinero aumentan la vulnerabilidad de esta planta nuclear, tal es el caso de las actividades de la compañía canadiense Gold Group, la cual pretende instalar una mina a cielo abierto para extraer oro de la cabeza de cuenca que alimenta de agua a la propia laguna que rodea a la planta nuclear del mismo nombre, la Laguna Verde; efectivamente, esta minera se pretende ubicar a sólo tres kilómetros de dicha central nucleoeléctrica, poniendo en riesgo las disposiciones de seguridad de la misma central que establecen medidas restrictivas para realizar ciertas actividades peligrosas en un radio no menor de 16 kilómetros. En el caso de la minería se utiliza una gran cantidad de explosivos, que causan sismicidad, para extraer la tierra luego, mediante un proceso llamado lixiviación, separa el metal utilizando cianuro, lo que genera sedimentos tóxicos cuyo desahogo pueden contaminar la tierra, el mar y los mantos freáticos de la región en un proceso de destrucción ambiental irreversible y fatal que agrava el riesgo que representan por sí solos los reactores nucleares que alberga la planta nucleoeléctrica de Laguna Verde; y por absurdo que parezca, la concesión minera incluye en su polígono (Concesión Caballo Blanco IX fracción 3) a la propia planta nucleoeléctrica, lo que es inadmisible desde el punto de vista de seguridad y soberanía nacional.
Es tiempo de pensar en otros tipos de energías más amables con el medio ambiente y que emplean recursos renovables, como el sol y el viento. Por todo lo anterior, la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales, que agrupa a organizaciones defensoras del ambiente en todo el país que luchan por una vida digna para las actuales y las nuevas generaciones se pronuncia por: EL CIERRE INMEDIATO Y PERMANENTE DE LA CENTRAL NUCLEOELÉCTRICA DE LAGUNA VERDE Y LA CANCELACIÓN DEL PROGRAMA NUCLEOELÉCTRICO DEL PAÍS Y SE OPONE TERMINANTEMENTE A LA INSTALACIÓN DE LA MINA A CIELO ABIERTO, PROYECTO DENOMINADO CABALLO BLANCO, EN LOS MUNICIPIOS DE ALTO LUCERO Y ACTOPAN EN VERACRUZ, MÉXICO, AMBAS INDUSTRIAS COMPROMETEN EL FUTURO DE MÉXICO Y LA SEGURIDAD DE LAS PRESENTES Y FUTURAS GENERACIONES DE MEXICANOS.

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Información basada en el documento La amenaza nuclear: el caso de México.

Declaraciones de Manuel Martínez, ex director del Centro de Investigación en Energía (CIE)




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