P. ÁNgel peña o. A. R. Vida de san millán y su influencia a través de los siglos lima – perú Vida de san millán y su influencia a través de los siglos



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P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.


VIDA DE SAN MILLÁN Y SU INFLUENCIA A TRAVÉS DE LOS SIGLOS


LIMA – PERÚ


VIDA DE SAN MILLÁN Y SU INFLUENCIA A TRAVÉS DE LOS SIGLOS

Nihil Obstat

P. Ricardo Rebolleda

Vicario provincial del Perú

Agustinos Recoletos

Imprimatur

Mons. José Carmelo Martínez

Obispo de Cajamarca (Perú)


LIMA – PERÚ



ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN

Situación política.



PARTE PRIMERA: VIDA DE SAN MILLÁN

El autor y su obra.

Lugar y año de nacimiento.

Pastor de ovejas. Discípulo de san Felices.

El ermitaño. Ordenado sacerdote.

Gran taumaturgo. Luchando contra el diablo.

El madero que creció. Multiplicación del vino.

La providencia de Dios. Dos monasterios en Suso.

Robo del caballo. Anuncio de su muerte. Profecía sobre Cantabria.

Su muerte y sus restos. Milagros después de su muerte.

Resurrección de una niña. Reflexiones.

SEGUNDA PARTE: SU INFLUENCIA A TRAVÉS DE LOS SIGLOS

Canonización de san Millán.

San Millán patrón de Castilla. Monasterio de Suso.

Las glosas emilianenses. Los marfiles.

El monasterio de Yuso.

Botica y hospital. Escuela y biblioteca.

La Virgen de Valvanera.

El monasterio actual de San Millán de la Cogolla.



Caminos de santidad.
CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN
La vida de san Millán o san Emiliano, como también se le llama, es una vida de gran trascendencia histórica. Su influencia llega hasta nuestros días principalmente a través del monasterio de san Millán de la Cogolla.
San Millán vivió en los siglos V y VI en La Rioja (España). Fundó el monasterio de Suso, que hacia el año 1030 aceptó la Regla de San Benito, quedando constituidos sus discípulos en monjes benedictinos. En el Escritorio de su monasterio, que ya existía en el siglo VII según testimonio de san Braulio, se copiaron códices hermosos, especialmente los llamados códices emilianenses. Allí también se escribieron las anotaciones o explicaciones en romance, denominadas glosas, del famoso códice 60, que actualmente se encuentra en la biblioteca de la Real Academia de la Historia de Madrid (España). Por su importancia en el origen de la lengua castellana es conocido como el códice de las glosas 1. Pero si importante fue su Escritorio, no lo fue menos el taller de marfil en el que se tallaron las bellísimas placas de este material en las que se grabaron escenas de la vida de nuestro santo.
A fines del siglo XI se construye el primer monasterio de Yuso y en el siglo XVI el actual edificio, llamado el Escorial de La Rioja. El primer monasterio se inauguró el 26 de septiembre del año 1067 con el traslado de las arquetas que contenían los restos de san Millán, que, mientras duró la construcción del nuevo monasterio, reposaron en la enfermería.
En la actualidad el monasterio es propiedad de los padres agustinos recoletos. Por ello es la vivienda de los religiosos de esta Orden que velan por su cuidado y mantenimiento. El monasterio de Suso, o de arriba, pertenece y es administrado por el Estado desde la desamortización de Mendizábal en el año 1835. Todos pueden visitar ambos monasterios y disfrutar de sus iglesias, instalaciones y museos, donde destacan las arquetas de los santos Millán y Felices. En el de Yuso, o de abajo, merecen atención especial los claustros, la iglesia, la sacristía, el refectorio, recientemente restaurado, y el salón de la lengua castellana. Desde hace unos años, en una de las instalaciones del monasterio funciona el Cilengua o centro de investigación de la lengua castellana.
En diciembre de 1997 la Unesco declaró en Nápoles a ambos monasterios de san Millán, el de Suso y el de Yuso, patrimonio cultural de la humanidad.
El nombre de san Millán se hizo famoso en España entera en la Edad Media. Las leyendas o tradiciones hablan de apariciones del santo en algunas batallas contra los moros junto a Santiago apóstol; y por ello se le nombró patrón de Castilla y copatrono de España. Muchos grandes personajes de la vida política y eclesiástica han visitado este lugar a lo largo de los siglos, al igual que lo hicieron los reyes de Navarra en el siglo XI. En estos lugares, santificados por la presencia del santo, han vivido otros santos y han surgido muchas vocaciones religiosas y sacerdotales.
Su vida, relatada por san Braulio, obispo de Zaragoza, tiene todas las garantías de la verdad, pues le fue contada por cuatro discípulos del santo, que convivieron con él por espacio de varios años.
Murió san Millán a los 101 años, dejando a la posteridad un legado de santidad que hasta ahora sigue atrayendo a muchos a visitar el monasterio para admirar las obras de sus discípulos y encontrar una luz en su camino espiritual. Los datos nos permiten calcular que los visitantes a ambos monasterios rondan los cien mil al año.

SITUACIÓN POLÍTICA
Durante el siglo V d. C. varias invasiones bárbaras precipitaron la caída del Imperio romano. El año 411 los romanos, no pudiendo defender Hispania (España), pidieron ayuda a los visigodos, que actuaron como sus colaboradores y sometieron a los alanos y a los vándalos. El año 476 cae el Imperio romano de Occidente y los lugares donde habitaban los pueblos bárbaros quedaron independientes. Los visigodos y los suevos dominaban España. Los visigodos lucharon para conseguir el poder y el año 574, que coincide con la muerte de san Millán, consiguen la unidad de España bajo el mando del rey Leovigildo, quien había derrotado a los suevos y había expulsado a los bizantinos que ocupaban el litoral levantino.
Los visigodos, según estimaciones recientes, serían entre 130.000 y 150.000; lo que representaría un 3 ó 4% de la población total de Hispania. Los hispano-romanos eran mayoritariamente católicos; y los visigodos, arrianos. Poco a poco fueron unificándose ambos pueblos, llegando a la unidad de fe con la conversión de Recaredo en el año 587.
La vida y mentalidad de san Millán era la de un romano. Nació y vivió en una región prácticamente independiente llamada Cantabria, que se regía por leyes romanas; la Iglesia también vivía con las leyes romanas como se ve en los textos jurídicos de aquel tiempo. La vida de san Millán se desarrolló en lo que hoy llamamos La Rioja. Nació y se santificó en el valle del Cárdenas, al pie del monte san Lorenzo, de donde salió apenas cinco veces: una hacia las Conchas de Haro para ser discípulo de san Felices, dos veces hasta Tarazona para ser ordenado sacerdote o depuesto de su cargo, otra hasta Parpalinas para ayudar a su amigo el senador Honorio y otra hasta la ciudad de Cantabria en vísperas de su muerte y de la toma de la fortaleza por Leovigildo.
Durante 40 años vivió solitario como ermitaño alejado de los hombres y de los problemas políticos, pero creciendo en amor a Dios y a los demás, llegando a ser el gran santo que hoy conocemos.

PRIMERA PARTE

VIDA DE SAN MILLÁN

EL AUTOR Y SU OBRA
La vida y milagros del gloriosísimo San Millán fue escrita hacia el año 636 por san Braulio, cuando ya era obispo de Zaragoza. San Braulio (c. 590-651) fue obispo de Zaragoza desde el año 626, aunque otros autores fijan los años de su episcopado entre los años 631 al 651. Perteneció a una familia numerosa: fue hermano de Juan, al que sucedería en la silla episcopal zaragozana; Fronimiano, que sería abad de Suso; de Pomponia y Basila. Estuvo en Sevilla y frecuentó la escuela de san Isidoro, con quien mantuvo siempre un trato amistoso y de cuya amistad presumió siempre. A ruegos suyos san Isidoro escribió las Etimologías. Se conservan numerosas cartas que dan idea de la fecunda comunicación que mantuvieron ambos santos.
San Braulio, a la muerte de san Isidoro de Sevilla, fue el principal representante de la cultura de la Iglesia visigótica española. Es de gran calidad su Epistolario. Se conservan unas 44 cartas, que ofrecen amplia documentación sobre la cultura de su tiempo y muestran su relación con el Papa Honorio I y con los reyes visigodos Chindasvinto y Recesvinto. También se le atribuyen las Actas de los mártires de Zaragoza. Acudió a los concilios V (636) y VI (638) de Toledo. Murió en Zaragoza el año 651 y fue sucedido en la diócesis episcopal de dicha ciudad por el obispo Tajón.
Antes de ser obispo, acudió al monasterio emilianense de Suso, donde vivía su hermano Fronimiano, para visitar el sepulcro del santo y venerar sus reliquias. En esta oportunidad pudo conversar y tomar notas de lo que le relataron cuatro discípulos del santo: Citonato, Geroncio, Sofronio y Potamia. Los tres monjes y Potamia habían vivido con el santo y habían sido testigos presenciales de su vida y milagros.
Al regreso de Braulio a Zaragoza, muerto su hermano Juan, es promovido a la dignidad de obispo y pastor. Quizá debido al traslado de domicilio se le extravían los apuntes que había tomado en san Millán, fruto de los relatos de los discípulos del santo. Es su queja ante las reiteradas peticiones de su hermano Fronimiano, miembro de la comunidad de ermitaños de Suso, que le urge a que escriba la vida del santo Emiliano.
Y de pronto un día, nos dice, queriendo ver un códice por cierta cosa que se me había ocurrido y habiendo mandado lo buscasen, revolviéndose para ello una gran multitud de libros, fueron halladas las notas sin que nadie las buscase; pues no habiendo esperanza de encontrarlas, ninguna intención había de buscarlas.
Con las notas en la mano se puso a escribir la vida de nuestro santo y se la envió a su hermano Fronimiano para que la revisase, diciéndole: Te mando el libro para que lo examines con objeto de que conocido por ti solo, si algo no te agradare, o lo enmiendes o lo repruebes; y si está bien, lo conserves, lo comuniques a quien quieras y des por mí gracias a nuestro Criador, de quien son todas las cosas buenas… Si encuentras en él algo que deba corregirse, lo enmiendes antes de que se publique, y no lo reprendas antes de que veas en él lo que da gusto. Y supuesto que viven todavía el varón santísimo Citonato, presbítero, y Geroncio, quiero que estos mismos reconozcan primero todo cuanto en él escribí para que, discutiéndolo entre ellos, si no me he equivocado en los nombres ni en las cosas, lo confirmen. Al fin del librito he añadido aquellos hechos milagrosos obrados en el mismo lugar, según me los contasteis el año pasado, y los refiero como de vosotros los oí… Los venerables sacerdotes de la Iglesia de Cristo, Citonato, Sofronio y Geroncio, presbíteros de santa y purísima vida, a quienes no da la Iglesia poco mérito, nos contaron fielmente lo que vieron. A estos fidelísimos testigos agrégase el testimonio de la muy religiosa Potamia, de santa memoria, que con la nobleza de su vida realzó la nobleza de su linaje. Estos cuatro escogí por testigos de los milagros que hizo en vida, además de los testimonios que pueblos y provincias dan de esto, como lo acredita casi toda España.
El diácono Eugenio que, por orden de Chindasvinto, sería luego el primer obispo primado de Toledo, es el portador de la vida de san Millán, de la carta de presentación de san Braulio y de unos cuantos dísticos en honor del santo para ser recitados en su Oficio el día de su fiesta.

LUGAR Y AÑO DE NACIMIENTO 2
Nace san Millán de la Cogolla o san Millán Abad en el 473 y muere en el año 574. Nace y muere en el mismo lugar, en el término del pueblo de Berceo, La Rioja. Así lo atestigua su biógrafo más autorizado, san Braulio, y luego lo repetirá Don Gonzalo de Berceo (1195-1264), el primer poeta de la lengua castellana.
Por cierta confusión con otro abad llamado también Millán, contemporáneo de san Braulio, con el que mantuvo alguna correspondencia, pero no llegaron a conocerse personalmente, en el siglo XV aparece la tesis de que el Millán riojano habría nacido en Verdejo, cerca de Torrelapaja, en la diócesis de Tarazona, en Aragón. El principal defensor de esta tesis fue el ilustre académico de la Historia, Vicente de la Fuente en su libro Historia sagrada, escrito hacia 1866. La tesis castellana de que san Millán nació en Berceo, que en aquel tiempo podía pertenecer a la diócesis de Tarazona y que está enclavado en La Rioja muy cerca del actual pueblo de San Millán, fue defendida con poderosas razones por el padre Toribio Minguella, agustino recoleto y Rector del monasterio de San Millán de la Cogolla. A partir de la publicación de su libro San Millán de la Cogolla, Estudio histórico-religioso acerca de la patria, estado y vida de san Millán, nadie se ha atrevido a defender la tesis aragonesa.
El testimonio de san Braulio no puede ser más claro. El santo nace en San Millán, en el lugar que hoy llamamos Suso, donde está el monasterio antiguo, que entonces pertenecía al municipio de Berceo. Es lo que dice san Braulio: Después que el ermitaño le instruyó muy bien en los caminos de la vida, copiosamente rico de reglas y tesoros de salvación, abundante en gracia de doctrina, volvió a su patria 3. Y así llegó no lejos de la villa de Berceo, al sitio donde ahora está su cuerpo glorioso.
Cuando san Braulio escribía esas palabras, el cuerpo de san Millán reposaba en el monasterio de Suso. Y, porque en Suso tenía su casa, a ella vuelve una vez que es privado del curato de Berceo.
San Braulio dice que vivió el santo 101 años. Asegura: Casi un año antes de su muerte, el centésimo de su vida. Pero ¿qué año nació? Hay documentos claros que indican que murió el 12 de noviembre del año 574. Esta fecha está consignada en diferentes códices del Escritorio emilianense. Gonzalo de Berceo, el famoso poeta castellano del siglo XIII, dice con seguridad: Quando finio Sant Millan, andados doce días del mes de noviembre, andava el año de la Encarnación en quinientos setenta y cuatro. Así lo señala también el historiador padre Plácido Romero en sus Memorias. Por este motivo, la fiesta del santo desde siempre se ha celebrado el 12 de noviembre, por ser el día de su muerte 4. Si murió el año 574 y tenía 101 años, nació en el año 473.
San Braulio comienza su vida desde que tenía 20 años. Dice: Comencemos nosotros por el principio de su conversión, describiendo su vida desde que tuvo casi veinte años de edad. Era hacia el año 493. Entonces era un joven curtido por los vientos de la sierra y su alma enriquecida por las reflexiones hechas en el silencio de los campos, guardando las ovejas. Vivía en lo que ahora se conoce como lugar o monte de Suso, muy cerca del pueblo de Berceo, un lugar de tradiciones romanas, ya cristianizado 5.

PASTOR DE OVEJAS
Hijo de familia humilde, muy pronto, sus padres le encomiendan el cuidado de un rebaño de ovejas que pastoreó hasta la edad de veinte años. Para entretener su ocio solía acompañarse de un rabel (especie de viola) o un caramillo (flauta de caña), o de otro instrumento musical, al que le arrancaba suaves melodías con las que rompía el silencio de aquellos paisajes silenciosos. Nos lo dice textualmente san Braulio: Mientras las ovejas pastaban o sesteaban, él iba mezclando su música con la música del viento, del río, de los pájaros y de los animales campestres. El que había de ser pastor de hombres era pastor de ovejas y guiábalas a lo más escondido de los montes. Y como es costumbre de pastores, llevaba consigo una cítara para que, asistiendo a la guarda de su ganado, el decaimiento no se apoderase del alma ociosa y no ocupada en algún ejercicio.
Alma mística y sencilla, a esa edad siente anhelos de vida más elevada y, después de un sueño celestial, en el que percibió la llamada a la perfección evangélica, dócil a la inspiración de lo alto, se dirige a los riscos de Bilibio, cerca de Haro (La Rioja), donde mora un santo anacoreta llamado Felices, famoso en toda la comarca por su santidad, y le pide le instruya en los secretos del evangelio y en la ciencia de los santos. Así lo dice san Braulio: Como llegase al lugar ordenado por Dios, le vino un sueño del cielo. En despertando trató de consagrarse a la vida celestial y dejando los campos caminó para el yermo.
Aquí se nos habla de una experiencia religiosa que le hizo dejarlo todo y dedicarse por entero al servicio y amor de Dios. No es el primer santo que apacentando las ovejas tuvo experiencias místicas que le hicieron cambiar y dedicarse a Dios. En la vida de san Pascual Bailón refiere el padre Juan Ximénez, que vivió con él y escribió su vida en 1601 a los nueve años de su muerte: Nuestro buen pastorcito se encomendaba al Señor con continuas oraciones para que le alumbrase y le enseñase el estado en que mejor le pudiese servir… Perseverando en pedir a Dios cosa a él tan agradable, se le aparecieron visiblemente un fraile y una monja en aquellos caminos desiertos, los cuales le declararon cuán agradable era a Dios el estado de los religiosos. Estos santos, según declara, fueron san Francisco y santa Clara 6.
En la vida de san Juan Macías refiere su confesor el padre Gonzalo García y el prior Blas de Acosta en un escrito del 14 de septiembre de 1645 lo que el mismo santo dijo en confesión: Estando yo guardando un poco de ganadillo de mi amo en una dehesa, llegó a mí un niño que me parecía sería de mi edad y me saludó diciendo: “Juan, estés enhorabuena… Yo soy san Juan evangelista, que vengo del cielo y me envía Dios para que te acompañe, porque miró tu humildad” 7.
A otros santos se les aparecía el mismo Niño Jesús como a la beata sor Ana de San Bartolomé, que dice en su Autobiografía: A los diez años murieron mis padres, y mis hermanos me enviaron a guardar el ganado al campo… y muchas veces venía el Niño Jesús y se me sentaba en las faldas… Algunas veces me tomaban las noches sin sentirlo, a media legua del lugar y, espantados mis hermanos, me buscaban y reñían. No me espanto que, como no sabían la compañía que yo tenía ni se lo dije jamás, podían pensar en otra cosa 8. Y no hace falta mencionar a los tres pastorcitos de Fátima, a quienes se les apareció la Virgen María el 13 de mayo de 1917.

DISCÍPULO DE SAN FELICES
Por fama que había, supo de cierto monje llamado Felices, varón santísimo, de quien ventajosamente podía ser discípulo y que moraba entonces en el castillo de Bilibio. Poniéndose en camino llegó a él y sujetándose con ánimo resuelto bajo su disciplina, aprendió de qué manera podía dirigirse con paso firme al reino de los cielos… Después que el ermitaño le instruyó muy bien en los caminos de la vida, copiosamente rico de reglas y tesoros de salvación, abundante en gracia de doctrina, volvió a su patria. Y así llegó no lejos de la villa de Berceo, al sitio donde ahora está su cuerpo glorioso, sin que allí permaneciese mucho tiempo, porque vio que le era gran embarazo la multitud de gente que allí acudía a él.
Parece ser que no estuvo mucho tiempo en compañía del ermitaño Felices, su maestro espiritual: ¿dos años, tres? Con el corto bagaje de unos pocos salmos aprendidos de memoria, pero muy rico en normas de sabiduría celestial, vuelve al lugar de su nacimiento dispuesto a poner en práctica las enseñanzas de su maestro. Pronto se da cuenta de que la permanencia entre los suyos y el trato con la gente no eran el mejor medio ni el ambiente adecuado para entregarse a la tarea de consagrarse a Dios. Esta es la razón por la que, según san Braulio, celsiora petit, se dirige a las alturas, se adentra en la espesura de los montes de la Cogolla, los montes Distercios, y se entrega a una vida asperísima y penitente, que dilata por espacio de muchos años.
Algo parecido le pasó al joven san Benito de Nursia (480-547), según narra en su vida el Papa san Gregorio Magno, escrita en 593, cuando todavía no habían pasado 50 años de la muerte del san Benito. Después de dejar los estudios que llevaba en Roma por la corrupción de costumbres que reinaba en la ciudad, se fue con su nodriza a un lugar llamado Effide, pero un día hizo componer milagrosamente una criba que la nodriza había roto y era prestada. Entonces la gente lo empezó a considerar un santo. Y él decidió huir solo a un lugar lejano y solitario y se fue al desierto de Subiaco, a 40 millas de Roma. Al llegar el varón de Dios a aquel lugar, se retiró a una cueva estrechísima y permaneció durante tres años ignorado de los hombres salvo del monje Román…, que en días convenidos llevaba a Benito el pan. Probablemente este monje Román, que era el único que conocía de su estancia en aquel lugar, le aconsejaría en el camino de la vida espiritual y le hablaría de la vida en comunidad, pues él era monje de un monasterio cercano 9.

EL ERMITAÑO
Caminó al sitio más elevado, dirigiendo alegre sus pasos por terrenos escabrosos… Y cuando llegó a lo más apartado y escondido del monte Distercio, y estuvo tan próximo a la cumbre cuanto lo permitían la temperatura y los bosques, hecho huésped de los collados, privado de la compañía de los hombres, solamente disfrutaba de los consuelos de los ángeles, habitando allí casi por espacio de cuarenta años. Las luchas visibles e invisibles, las varias y arteras tentaciones, y las asechanzas que de parte del antiguo engañador de las almas allí sufriera, sólo pueden conocerlo bien aquellos que, consagrándose a la virtud, la experimentan en sí mismos.
San Millán quiso alejarse de la gente y se internó en lo más fragoso y escondido del monte Distercio, viviendo 40 años alejado de los hombres y viviendo en oración y penitencia constantes. Cuarenta años sepultado en la soledad entre culebras y pájaros, lobos y jabalíes, bendiciendo aquellos lugares con su presencia, alejando al demonio y ofreciendo al Señor sus alabanzas en unión con todas las criaturas.
La ermita del santo, a la que todos los años suben en peregrinación los habitantes del valle de san Millán, nos sigue recordando el género de vida que llevaba nuestro santo. Es una ermita o cueva distante unos ocho kilómetros de los monasterios, valle adentro. La ascensión desde el nivel del río Cárdenas sigue siendo penosa, a pesar de la senda abierta por los monjes benedictinos hacia el año 1600 para facilitar la llegada de los devotos y romeros. En tiempo del santo no había senda ni la actual carretera que lleva hasta casi el pie de la cueva o de tan alto poyal, como decían en el siglo trece.
Pero en aquella soledad no le faltaron tentaciones del maligno espíritu. Algo muy frecuente en la vida de los anacoretas. En la Vita Antonii, escrita por san Atanasio en el siglo IV, manifiesta que en una ocasión se le apareció el diablo a san Antonio abad en forma de una hermosa mujer y lo tentó, pero él, con la gracia de Dios, pudo rechazarlo.
También a san Benito de Nursia le sucedió algo semejante. Dice su biógrafo san Gregorio Magno: Había visto antaño una mujer que ahora se la representó vivamente el maligno a los ojos de su alma. De tal modo inflamó su hermosura el ánimo del siervo de Dios que a duras penas cabía en su pecho la llama del amor y, vencido por la pasión, pensó casi ya en abandonar el desierto. Pero iluminado súbitamente por la gracia de lo alto, volvió en sí y, divisando un espeso matorral que allí crecía de zarzas y ortigas, se arrojó sobre aquellos aguijones de espinas y ardores de ortigas… De esta suerte venció el pecado. Desde entonces, según solía después contar él mismo a sus discípulos, de tal modo quedó en él amortiguada la tentación de la voluptuosidad, que jamás sintió en sí mismo nada semejante.
Muy cerca del monasterio de Suso hay una cruz de hierro que según la tradición recuerda el lugar donde el demonio atacó a san Millán visiblemente. Sea cierta o no esta tradición, sí es cierto que muchos santos han sufrido pruebas, permitidas por Dios, ya que el demonio en ocasiones los atacaba.
El padre Pío de Pietrelcina, en una carta que escribió al padre Agustín el 18 de enero de 1912, le dice: Barbazul (el diablo) no se quiere dar por vencido. Desde hace varios días me viene a visitar con sus otros satélites, armados de bastones y objetos de hierro. ¡Cuántas veces me ha tirado de la cama, arrastrándome por la celda! Pero ¡Paciencia! Jesús, la mamá celeste, el ángel custodio, san José y el padre san Francisco están casi siempre conmigo 10.
Y continúa san Braulio: El santo, aterido de frío, abandonado en soledad, impregnado por la inclemencia de las lluvias, atormentado por la fuerza de los vientos, soportaba, no sólo con paciencia, sino hasta con alegría y anhelo, el rigor de los fríos, la tristeza de la soledad, lo torrencial de las lluvias y la aspereza de los vientos, escudado con el amor de Dios, contemplando los sufrimientos de Jesucristo y fortalecido con la gracia del Espíritu Santo. Mas así como la ciudad situada en el monte no puede estar oculta mucho tiempo, así la fama de su santidad se extendió tanto que llegó a noticia de casi todos.
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