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La rationalisation de la sexualité», Cahiers Internationaux de sociología, vol. LXII, 1977, págs. 105-125.

127 12. Parece que Reich fue el inventor de la expresión «orgasmoterapia». Véase La Fonction de l’orgasme, op. cit., pág. 143. (Trad. castellana: ibíd.)

128 13. Para un análisis sociológico de las nociones de «servicio» y «servicio personalizado» (personal service), véase, sobre todo: T. PARSONS, Eléments pour une sociologie de I’action, París, PIon, 1955, páginas 183-255; E. GOFFMAN, Asiles (1961), París, Edic. du Minuit, 1968, págs. 375-438.

129 14. S. FREUD. «Si se quiere obrar con acierto, conviene limitar la elección a personas que se encuentren en un estado normal (!) (...). La psicosis, los estados de confusión mental, las melancolías profundas—que yo calificaría de casi tóxicas— no son competencia del psicoanálisis, al menos tal y como se practica hasta ahora» («De la psychotérapie» (1904), en La Technique psychanalytique, París, PUF, 5. edic., 1975, pág. 17). W. H. MASTERS, V. E. JOHNsON: «La Fundación [sostenemos] acoge de buen grado a los pacientes afectados de neurosis. pero rechaza a los psicóticos» (Les Mésententes sexuelles (1970), París, R. Laffont, 1971, pág. 29).

130 15. Véase E. GLOVER, Technique de la psychanalyse (1955), París, PUF, 1958, pág. 484.

131 16. MASTERS y JOHNSON (Les Mésententes sexuelles, op. cit.) proponen la siguiente nosografía, a la que parece reconocérsele su «autoridad». Principales «disfunciones» masculinas tratadas: 1) eyaculación precoz («se considera eyaculación precoz el caso de un hombre que, en más del 50 % de sus relaciones sexuales, se retira antes de haber satisfecho a su pareja», pág. 95); 2) ausencia de eyaculación (perturbación relativamente rara); 3) impotencia primaria (falta de erección o experimentada sólo durante escaso tiempo de modo que «el impotente primario nunca en su vida (...) haya podido realizar el coito, ni con un hombre ni con una mujer», pág. 131); 4) impotencia secundaria («consideramos impotente secundario al hombre que en un 25 % de de los tratamientos a seguir, en la mayoría de los casos, son el resultado de un «libre acuerdo entre los terapeutas y sus pacientes. En general, los terapeutas son médicos aunque puede los casos no llega a la realización del coito», pág. 147); 5) dispareunia masculina. Principales «disf unciones» femeninas tratadas: 1) disfun cionamiento orgásmico primario («la mujer que nunca ha tenido un orgasmo», pág. 211); 2) disfuncionamiento orgásmico contingente (liga do o no a una o varias prácticas sexuales concretas, véase pág. 244); 3) vaginismo; 4) dispareunia femenina.

Hemos de subrayar que ambos sexólogos norteamericanos han sus tituido la denominación habitual de «frigidez» («permanente» versus «circunstancial», véase J. WOLPE, Pratique de la thérapie comportemen tale (1973), París, Masson, 1975, pág. 166) por la de «disfuncionamiento orgásniico» («primario» o «contingente»). Parece ser que por «pudor». Pero ¿por qué no han experimentado la misma necesidad de cambiar la denominación de las «impotencias»?



132 17. Freud justificaba esa retribución porque al igual que el cirujano (este tema se retorna en varias ocasiones a lo largo de sus escritos) el psiconalista proporciona un trabajo especializado, aportando un apreciable servicio a sus pacientes. Pero sobre todo él afirmaba que «un tratamiento gratuito provoca un enorme aumento de las resistencías» a causa de la intensificación de la transferencia erótica, de la «rebelión contra la obligación del reconocimiento» y de la disminución de los deseos de culminar la curación («Le début du traitement» (1913) en La Technique psychanalytique, op. cit,, págs. 90-93). Sin tantas con templaciones, los sexólogos consideran obvio que, en nuestra sociedad mercantil, se les retribuyan sus servicios. Subrayan, además, una ventaja en tal retribución: «la fuerte motivación de las parejas (sometidas a terapias de dos semanas con Masters y Johnson) que aceptan pagar 2.500 dólares, más los gastos de hotel y viaje, sin la posibilidad de obtener ingreso alguno durante ese tiempo» (W. PASINI en O. ABRAHAM, W. PASINS (ed., Introduction a la sexologie médicale, París, Payot, 1975, pág. 369).

Por otra parte, psicoanalistas y sexólogos, filántropos a horas fijas, también tienen sus «pobres». A tenor de un conjunto de datos dispersos y difícilmente controlables, se puede estimar la proporción de tratamientos «gratuitos» en relación al conjunto de tratamientos realizados, entre un 15 % y 20 % para Freud (véase La Technique psychanalytique, op. cit., págs. 62, 85, 91), entre un 20 % y un 25 % para Masters y Johnson (véase Les Mésentenles sexuelles, op. cit., pág. 324; W. PA SINI, en G. ABRAHAM, W. PÁ5INI (ed.), op. cit., pág. 369). Pero esas «obras de caridad» no son tau «gratuitas» como parecen, ya que suponen un triple interés para los terapeutas que las realizan al permitir:



1) perfilar nuevos métodos de tratamientos (véase W. H. MASTERS y Y. E. JOHNSON, op. cit., pág. 324); 2) tener acceso a casos atípicos y, por tanto, científicamente «interesantes»; 3) preparar la adaptación de las técnicas terapéuticas al «mercado» previsible en el futuro; es decir, a una clientela menos adinerada y menos instruida que algún día se «beneficiará» de la «democratización» de los tratamientos.

133 18. S. FREUD, Ma pie et la psychanalyse (1925), seguido de: Psychanalyse et Médicine (1926), París, Idées-Gallimard, 1975, págs. 87, 157 (véanse también, págs. l74 «No sólo estoy de acuerdo, sino que me parece una exigencia, que el médico, en cada caso que se someta a análisis, empiece por hacer un diagnóstico. La mayoría de las neurosis con las que nos encontramos son, afortunadamente claramente psicógenas... Una vez lo haya constatado el médico, puede, con toda tranquilidad, dejar que el tratamiento lo lleve a cabo el analista no médico.»)

134 19. W. H. MASTERS, V. E. JOHNSON, Les Mésententes sexuelles, op. cii., pág. 25.

135 20. S. Freud, La technique psychanalytique, op. cit., págs. 7, 17-18,90-93. Véase también, W. REIcH, La Foiwtion de l’orgasme, op cit., pág. 64. (Trad. cast.: ibid.)

136 21. W. H. MASTERS, V. E. JOHNSON, Les Mésentestes sexuelles, op. cit., pág. 29.

137 22. Sobre la importancia de la «fe expectante», de la «confianza», del reconocimiento de la «autoridad» del analista, véase: S. FREUD, La Technique psychanalytique, op. cit., págs. 10, 29-30.

138 23. «La regla fundamental del análisis (es): decirlo todo (...). En la confesión, el pecador dice lo que sabe; en el análisis, el neurótico debe decir aún más.» (S. FREUD, Psychanalyse et Médicine, op. cit., pág. 102.)

139 24. Para Freud, tales prohibiciones deben afectar a algunas satisfacciones sexuales del paciente que se sustituirán por sus síntomas («regla de la abstinencia»), a algunas lecturas (por ejemplo, de obras psicoanalíticas), y a algunas decisiones importantes de orden profesional o conyugal (S. FREUD, La Technique psychanalytique, op. cit., págs. 22, 71, 96, 112, 135). En. la terapia de Masters y Johnson, las prohibiciones afectan, fundamentalmente, a ciertas confidencias entre los cónyuges durante la cura, pero sobre todo a la búsqueda prematura, no gradual, del orgasmo, porque de ese modo podría reaparecer la angustia asociada a la perturbación que es objeto de tratamiento. Es en este sentido en el que los dos orgasmólogos hablan de un «régimen de libertad vigilada»...(W. H. MASTERS, V. E. JOHNSON, Les Mésententes sexuelles, op. cit., págs. 39, 109, 282.)

140 25. Para el psicoanálisis, véase S. FREUD, La Technique psychanalytique, op. cit., pero también: «Analyse terminée et analyse interminable» (1937), Revue française de psychanalyse, t. II, n. 1, 1939, páginas 3-38. Este artículo, escrito por Freud dos años antes de su muerte, es importante porque traduce, en función de los resultados del psicoanálisis, una desilusión que algunos han querido asociar a un sentimiento de fracaso. Véase, también: E. GLOVER, Techniques de la psychanalyse, op. cit. (sobre todo, las págs. 193-215 y 303-416); para algunas definiciones (por ejemplo, «atención fluctuante», «perlaboración», etc.), J. LAPLANCHE, J.-B. PONTALIS, Vocabulaire de la psychanalyse (1967), 3. cd., París, PUF, 1971, 525 págs. Para las terapias comportarnentales y sexológicas, véase: J. WOLPE, Pratique de la thérapie comportementale, op. cit.; el corto artículo, sintético y virulento, de H. J. EYSENCK, «La thérapeutique du comportement», La Recherche, o. 48, set. 1974, páginas 745-753; W. H. MASTERS, V. E. JOHNSON, Les Mésententes sexuelles, op. cit.,; W. PASINI en G. ABRAHAM, W. PASINI (ed.), Introduction la sexologie médicale, op. cit., págs. 364-382.

141 26. MASTERS y JOHNSON, por ejemplo, no lo han establecido formalmente. J. WOLPE, por su parte, les reprocha no ser «claramente conscientes de los principios de condicionamiento que ponen en juego» (Pratique de la thérapie comportementale, op. cit., pág. 163).

142 27. Ese atrevido circunloquio genealógico se inspira en WOLPE, op. cit., págs. IX, 2-8, 209.

143 28. H. J. EYSENCK, op. cit., pág. 745.

144 29. J. WOLPE, op. cit. pág. 9.

145 30. Recientemente, he reorganizado las taxinomias elaboradas por los propios terapeutas comportamentales, con el fin de hacer más comprensible la lógica de su práctica. Así pues, hemos de señalar que las terapias concretas, a menudo consisten en combinaciones eclécticas de los métodos aquí definidos.

146 31. La inmersión consiste en imponer de una manera brutal al paciente —en un medio natural o artificial, con la ayuda de evocaciones verbales, visuales, etc.— los estímulos ansiógenos. Véase J. WOLPE, op. cit., págs. 186-193; H. . EYSZNCK, op. cii., pág. 746. En el método de insensibilización, en primer lugar el terapeuta establece toda una jerarquía de estímulos (imaginarios o extraceptivos) que provocan en el paciente una ansiedad cada vez mayor, luego se los ofrece al paciente por ese orden, esforzándose por obtener cada vez un estado de relajación satisfactorio. Véase J. WOLPC, op. cit., págs. 91-155; H. J. Er SENK, op. cit., págs. 746-747. La «rectificación de las concepciones equivocadas», la «incitación a la afirmación del yo» (J. WOLPE, op. cit., págs. 51-90), en mi opinión, se semejan bastante a la técnica de insensibilización.

147 32. Esta terapia consiste en asociar sistemáticamente estímulos no ciceptiyos (shocks eléctricos, eméticos, etc.) a ciertas «respuestas» (muy frecuentemente, al alcoholismo, toxicomanía, homosexualidad, traves tismo, fetichismo...), de forma que esas «respuestas», que en un prin cipio son ansiógenas, acaban por debilitarse y, después, por desapa recer. Véase J. WOLPS, op. cit., págs. 207-218; H. J. EYSENCK, op. cit., págs. 747-748.

148 33. Véase J. WOLPE, op. cit., págs. 217-218, 226-228; H. J. EYSENCK, op. cit,, págs. 747-748.


149 34. Véanse las estadísticas, pero tambi6n las autocríticas (relativas a las tasas de recaídas en la «impotencia secundaria») de MASTERS y JOHNSON, op. cit., págs. 321-335. ¿Se han leído alguna vez páginas similares en los escritos psicoanalíticos más renombrados?


150 35. Véase: J. WOLPE, op. cit., págs. 94-103, 115-130; 136-140, 175-180.

151 36. Por una parte, Reich consideraba que la «rigidez muscular es el lado somático del proceso de repulsión y la base sobre la que se sustenta» (La Fonction de l’orgasme, op. cit., pág. 237); por otra, que «la rigidez muscular puede ocupar el lugar de la reacción de angustia vegetativa; en otras palabras, la misma excitación que en caso de parálisis provocada por el pánico se retira en el centro del organismo forma, en caso de rigidez, una coraza muscular superficial del organismo» (L’Analyse caractérielle, 1. ed., 1933; 3.’ cd., 1949; París, Payot, 1971, pág. 291). Uno de los principios fundamentales de su «vegetoterapia» era, en consecuencia, que, para «disolver» las resistencias y la angustia era absolutamente necesario destruir las «corazas musculares» que hacen las veces de bastiones, de boyas de amarre de aquéllas.

152 37. «No conviene negar el valor del método catártico alegando que se trata de un método sintomático, pero no causal. De hecho, una terapia causal es generalmente de orden profiláctico exclusivamente. Así, excluye cualquier proliferación ulterior de los perjuicios, sin que destruya, necesariamente, lo que los factores nocivos ya han causado. En general, hace falta una segunda intervención, para que esta última tarea se vea culminada.» (S. F en Études sur l’hystérie (1895), París, PUF, 4.’ cd., 1973, págs. 210-211.)

153 38 H. J. EYSENCK, op. cit., pág. 751.

154 39. «Podría decir que es necesaria una cierta agudeza de oído para entender el lenguaje del reprimido inconsciente (...). Hay que esperar el momento oportuno para comunicar la interpretación que de sus palabras se hace, al paciente, si se quiere ver la tarea rematada por el éxito. —es el momento propicio?— Eso es una cuestión de tacto.» (S. FREUD, Psychanalyse et Médecine, op. cit., págs. 143-144.) Pero no hay rastro de exigencia alguna de olfato. ¿Es necesario? Al fin y al cabo, el dinero no tiene olor.

155 40. W. Rzicn, La Fonction de l’orgasme, op. cit., págs. 47, 73. (Trad. cast.: ibíd.)

156 41. S. Fzaun, «Analyse termináe et analyse interminable», op. cit., págs. 32, 35, 14, 16.

157 42. A este respecto, véase 1-1. J. EYSENCK, op. cit., págs. 749, 753.

158 43. «A decir verdad, los analistas “salvajes” causan más perjuicios a la causa del psicoanálisis que a sus enfermos» (S. FREUD, La Technique psychanalytique, op. cit., pág. 42. Recuérdese lo que decía Freud de la eficacia del psicoanálisis y se comprenderá en qué medida el análisis «salvaje» puede perjudicar al análisis «cultivado».


159 44. W. PASINJ (en G. ABRAHAM, W. PASINI (ed.), op. cit., págs. 97, 101) ofrece, por ejemplo, los datos siguientes (difícilmente verificables):los médicos de la RFA consideran que el 25 % de sus pacientes sufren perturbaciones de tipo sexual; en los Estados Unidos de América, son las autoridades religiosas —y no los médicos— quienes son con mayor frecuencia (en el 60% de los casos) consultados en primer lugar en lo que atañe a los problemas sexuales

160 45. W. H. MASTERS, Y. E. JOHNSON, en su primera obra (Les Réactions sexuelles, 1966, París, R. Laffont, 1968, pág. 39) señalan que «el material para el coito artificial (que han utilizado) ha sido creado por radio-físicos. Los penes son de plástico y tienen las mismas propieda-des ópticas que el cristal. La proyección de luz fría permite la observación y la toma de datos sin distorsiones». Por su parte, los responsables de la edición francesa, encontrando demasiado escueta esta descripción, añadieron de su cosecha algunos comentarios líricos. «A algunas mujeres solitarias (MASTERS y JOHNSON) les han dado útiles de plástico que ellas introducían en sus vaginas. Gracias a la lupa del colposcopio, a través del cilindro transparente, aquéllos pudieron seguir los cambios de color en la mucosa y el proceso de secreción» (op. cit., prefacio, pág. 9). E incluso reprodujeron en la anteportada: «El centro donde trabaja el doctor Masters está equipado con un material ultramoderno. Para sus experimentos emplea ciertas técnicas de telemetría médica como las que se utilizan para el control a distancia de la salud de los astronautas.» ¡Hay que ver a dónde han «llegado» los programas espaciales!

161 46. Véase, sobre este aspecto: W. B. POMEROY, Dr Kinsey and the Institute for Sex Research (1972), Nueva York, Signet Books, New American Library, 1973, págs. 176-185.

162 47. Algunos terapeutas del período preorgasmológico ya tenían conciencia de la finalidad pedagógica de los tratamientos que preconizaban. Así, Albert Moil había establecido, para el tratamiento de las «perversiones sexuales», una «terapia de asociación» que tenía, como él mismo escribió, «una gran similitud con la pedagogía». Para designar ese método —que recurre, aunque de forma no sistemática, a las diferentes técnicas de la terapia comportamental—, A. Moil había concebido las expresiones «terapia pedagógica» y «ortopedia psíquica» (véase A. MOLL, en R. von KRAFFT-EBING, op. cit., págs. 763.781).

163 48. Sobre los principios de la «democracia sexual», y sobre todo sobre las múltiples aplicaciones de la «regla de la reciprocidad de gozo», véase A. BéJIN, M. POLLAK, «La rationalisation de la sexualité», op. cit., págs. 116-125.

164 49. Esta evolución podría muy bien conducir, en un futuro más o menos lejano, a una política de sectorialización de este tema. Por otra parte, una sociedad con una «sexología sectorializada», quizás estaría igualmente caracterizada por los rasgos siguientes: expresaría la producción orgásmica según un determinado número de indicadores sociales, contabilizaría de forma colectiva los orgasmos, pondría a disposición de sus miembros primas a la reconversión sexual, seguros con tra la impotencia y la frigidez..

165 50. La medicina consideraba tradicionalmente a la enfermedad y al dolor como su razón de ser; a la muerte, como el signo enigmático de sus límites; al placer, un mundo del que no era necesario que se ocupase. Pero esta situación se ha modificado durante el siglo xx. La muerte y el placer han sido progresivamente «medicalizados», integrados dentro del ámbito de competencia de la medicina, alcanzando, desde entonces, un status equiparable al que tenían la enfermedad y el dolor. En la actualidad, la muerte se considera, con frecuencia, como una de las grandes disfunciones de la que se pueden atenuar sus efectos negativos y que quizás algún día se podrá «curar». A su vez, el placer «incompleto» se asocia a una disfunción que conviene tratar médicamerite. Es interesante subrayar, por otro lado, que la medicalización de la muerte por los thanatólogos y la del placer sexual por los orgasmólogos son procesos casi coetáneos.

166 51. Véase, a propósito de las «virtudes terapéuticas» de las «mujeres sustitutas»: W. M. MASTERS, V. E. JOHNSON, Les Mésententes sexuelles, op. cit., págs. 138-146; W. PASINI, en G. ABRAHAM, W. PASSNS (ed.), op. cit., pág. 367. «Quizás algún día haya un pool de mujeres que vendan sus servicios a los hombres atosigados por problemas sexuales. Pero hoy por hoy, no parece que haya otro remedio que recurrir a una prostituta profesional...» (j. WOLPE, op. cit., pág. 164).

167 52. W. REICH, La Fonction de l’orgasme, op. cit., pág. 140.

168 53. D. COOPER, Mort de la famille (1971), París, Seuil, 1972, pág. 39.

169 54. Véase, entre otros: f. WOLPE, op. cit., págs. 56, 201; W. PASINI, en G. ABRAHAM, W. PASINI (ed.), op. cit., págs. 370-371. Por su parte, la obra de G. TORD1MAN (Le Dialogue sexuel, París, J.-J. Pauvert, 1976, págs. 40, 71-77) explica claramente la nueva vulgata sexológica sobre este tema. La masturbación se presenta, en dicha obra, como la vía privilegiada de la «maduración». Ahora bien, cabe preguntarse si la masturbación no pasará, cada vez en mayor medida, a ser experimentada e interpretada como el fundamento, como la infraestructura de toda la actividad sexual, que tendrá más posibilidades de ser «gratificante» cuanto más sólido sea su fundamento. De cualquier modo, diferentes encuestas de sociografía de la sexualidad ponen de manifiesto el reforzamiento generalizado de ese fundamento (sorprendente, sobre todo, en lo que concierne a las mujeres, ya que, en este aspecto, los hombres ya habían «tomado la delantera»). En todo caso, tal cir cunstancia iría en consonancia con el estilo de una civilización del self-service (auto-servicio).


170 55. W. H. MASTERS, V. E. JOHNSON, Les Mésententes sexuelles, op. ciT., pág. 335. La mención de una «miseria» que hay que erradicar, de un «azote» al que hay que combatir, es un leitmotiv igualmente caro a otros preconizadores de terapias. FREUD (La Technique psychanalytique, op. cii., pág. 40) evocaba la «inmensa miseria neurótica que se extendía por la Tierra». Según REICH (L’Analyse caractérielle, op. cii., pág. 457), «del mismo modo en que el bacteriólogo cifra la tarea de su vida en la erradicación de las enfermedades contagiosas, el orgonomista médico se esfuerza por penetrar la naturaleza de la peste emocional y por combatirla en todas sus manifestaciones. El mundo se acostumbrará a esta nueva disciplina médica. Los hombres aprenderán a reconocer la peste emocional en sí mismos y en el mundo exterior y recurrirán a los centros de investigación antes que a las comisarías, al juez de paz o a los líderes de los partidos», Este tipo de argumentación ha servido, a menudo, en el pasado, para justificar (véase la tradición «filantrópica») políticas de asistencia que se transformaron en una administración tutelar de diversas «indigencias»: materiales, psicológicas... ¿Qué será lo que le deparará el futuro a esa nueva «indigencia», ese «azote», durante tanto tiempo larvado, que es la ineptitud sexual?

171 56. P. L. BERGEX, «Towards a sociological understanding of psychoanalysis», Social Research, vol. 32, n.° 1, primavera 1965, págs. 26- 41 (y, sobre todo, págs. 35 y sigs.).


172 57. En torno a estos dos aspectos, véase: A. BÉJIN, «Les thérapies de l’identité, de la sexualité, de la communication et de la conscience corporelle», Cahiers internationaux de sociologie, vol. LXIII, 1977, págs. 363-370.

173 58. Véase W. PASINI, en G. ABRAHAM, W. PASSNI (ed.), op. cit., págs. 373-379.


174 1. He analizado las condiciones y las consecuencias de la contabilización sistemática de los orgasmos en diferentes trabajos a los que me permito remitir al lector: «Crises des valeurs, crises des mesures», Communications, n. 25, junio 1976, págs. 39-72 (en particular, páginas 43-56 y 64); «La rationalisation de la sexualité», Cahiers internationaux de sociologie, vol. LXII, 1977, págs. 105-125 (en colaboración con Micha POLLAK; así como el artículo del presente número de Communications, «Crepúsculo de los psicoanalistas, aurora de los sexólogos».

175 2. Dado que tomo como referencia, fundamentalmente, las teorías y los procedimientos terapéuticos de dos maestros de la sexología actual, como son los norteamericanos William H. MASTERS y Virginia E. JOHNSON, citaré, sobre todo, a trabajos de ambos autores y, particularmente, los siguientes: Les Mésententes sexuelles et leur traitement (1970), París, Rober Laffont, 1971; L’Union par le plaisir (en colaboración con Robert L. LEVIN) (1975). París, Robert Laffont, 1975: Les Perspectives sexuelles (1979), París, MEDSI, 1980; así como la obra destinada al gran público del sexólogo francés Gilbert TORDJMAN, Le Dialogue sexuel. Questions de Madeleine Chapsal, París, Jean-Jacques Pauvert, 1976.

Utilizaré para mencionar estos trabajos las abreviaturas siguientes: Mésententes, Union, Perspectives, Dialogue.




176 3. Union, págs. 45-46.


177 4. Perspectives, pág. 243 (subrayado por los autores).

178 5. Dialogue, pág. 123.

179 6. Dialogue, págs. 8 y 140.

180 7. Perspectivas, págs. 46 y 278.


181 8. Union, pág. 30.


182 9. Dialogue, págs. 148-150.

183 10. Dialogue, pág. 216.

184 11. Dialogue, pág. 164.


185 12. Union, pág. 35.

186 13. Union, pág. 35 (subrayado por el autor).

187 14. Mésententes, pág. 188.

188 15. Union, págs. 78-79.


189 16. Dialogue, pág. 71.

190 17. Dialogue, pág. 42.

191 * Juego de pálabras con el término francés «soinmation» que significa a la vez «adición», «acumulación» e «intimación» (N. del E.).

192 18. Dialogue, pág. 71.

193 19. Dialogue, pág. 40.


194 20. Dialogue, pág. 64.

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