Paper La Renta Básica Universal y el hombre olvidado



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Las ocupaciones menos “computarizables”

Para saberlo, un buen punto de partida es identificar a aquellos trabajos que no son tan fácilmente replicables por las máquinas. Y, según Frey y Osbornela originalidad y la inteligencia social son las dos facultades humanas más difíciles de automatizar.










Las 10 ocupaciones menos amenazadas

1.

Terapeutas recreacionales

2.

Supervisores de trabajos mecánicos, de instalación y reparación

3.

Directores de manejo de emergencias

4.

Trabajadores sociales en salud mental y abuso de sustancias

5.

Audiólogos

6.

Terapistas ocupacionales

7.

Expertos en órtesis y prótesis

8.

Trabajadores sociales en salud

9.

Cirujanos maxilofaciales

10.

Supervisores de bomberos y trabajos de prevención

Fuente: Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne, El futuro del empleo: ¿qué tan susceptibles son nuestros trabajos a la computarización?

Por ello no debe sorprender que las profesiones menos amenazadas por la computarización sean aquellas que demandan una combinación de estas habilidades.


“La mayoría de los puestos administrativos, negocios y finanzas en los que abundan las tareas generalistas que requieren inteligencia social están por lo general confinados a la categoría de bajo riesgo", explican los investigadores en su reporte original "El futuro del empleo”. “Y lo mismo ocurre con la mayoría de ocupaciones en el sector salud, educación, el arte y los medios de comunicación”, se lee en el informe.
Con ocupaciones como terapeutas ocupacionales, doctores, cirujanos, nutricionistas, dentistas, podiatras y psicólogos, el sector salud domina la lista de aquellas con un factor de riesgo de nada más el 1% o menos. Esto ciertamente parece lógico en un contexto en el que los avances tecnológicos también están extendiendo la esperanza de vida. Los científicos e ingenieros también parecen bastante protegidos por los altos niveles de inteligencia creativa requeridos para sus tareas.
Lo que sorprende son datos arrojados en el análisis de países como Reino Unido, en los cuales ocupaciones de la clase media clasificaron como de riesgo “medio” de extinción de aquí a 2025. Se trata de profesionales como jueces y magistrados (40%), economistas (43%), historiadores (44%), programadores (48%), pilotos comerciales (55%) y asesores financieros (58% de riesgo).

Las más amenazadas

Los investigadores de Oxford anticipan que la mayor parte de las personas que trabajan en transporte y logística eventualmente serán remplazadas por la tecnología. Y lo mismo pasará con los empleados dedicados a trabajos de apoyo administrativo y la mano de obra productiva del sector manufacturero.










Las 10 ocupaciones más amenazadas

1.

Vendedores a distancia

2.

Examinadores, analistas y gestores de búsqueda de títulos

3.

Costureros

4.

Técnicos en matemáticas

5.

Aseguradores

6.

Relojeros

7.

Agentes de transporte y carga

8.

Operadores de maquinaria de procesamiento y de revelado fotográfico

9.

Responsables de nuevas cuentas

10.

Técnicos en bibliotecología

Otro dato sorprendente es que numerosos trabajadores “de cuello blanco” también están amenazados. Efectivamente, según Frey y Osborne, “un porcentaje sustancial de los empleos en servicios, ventas y construcción exhibe altas probabilidades de computarización”. Para explicar esto, los investigadores hacen notar que el mercado de los robots domésticos ya está creciendo un 20% anualmente.

“En la medida en que la ventaja comparativa de la movilidad y desteridad humana se vaya reduciendo, el ritmo de sustitución de mano de obra en las ocupaciones de servicio irá creciendo”, afirman en el informe. Y también destacan que muchas de las tareas vinculadas a ventas -como las que desarrollan cajeros, dependientes y vendedores telefónicos- que en realidad no requieren de niveles elevados de inteligencia social.


Los profesores de Oxford, que en total analizaron las posibilidades de más de 700 ocupaciones, reconocen sin embargo las dificultades de predecir el futuro. “El alcance y el ritmo de la computarización dependerá de numerosos otros factores”, subrayan. Pero su estudio sugiere unas tendencias que quizás vale la pena tener en tomar en cuenta a la hora de decidir tu próximo paso.

- Los salarios en el mundo: último Global Wage Report 2016/17 de la Organización Internacional del Trabajo (Fedea - 15/2/17)

1. Desde el momento inicial de la crisis, los salarios reales cayeron en Alemania y no recuperaron su nivel pre-crisis hasta tres años después (Gráfico 1). En España los grajos no nos avisaron y los salarios estuvieron por encima de su nivel pre-crisis hasta el año 2012 (Gráfico 2).

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Gráfico 1. Índice de salario real para algunos países desarrollados. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017

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Gráfico 2. Índice de salario real para algunos países europeos. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017

2. El crecimiento de los salarios en China recuerda mucho las líneas trazadas con escuadra y cartabón en las escuelas de Mao (Gráfico 3). En cambio, los salarios en México han estado cayendo sostenidamente desde el año 2006.


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Gráfico 3. Índice de salario real para algunos países emergentes. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017

3. En media, la productividad aparente del trabajo ha crecido más rápidamente que los salarios en los países desarrollados (Gráfico 4). Sin embargo, en los dos años posteriores al inicio de la crisis, las rentas del capital sufrieron más en términos relativos que los salarios, para recuperarse luego rápidamente. Esta tendencia apuntaría a un aumento en la desigualdad por un cambio en la distribución de la renta del trabajo hacia el capital. El Gráfico 5 indica que esto no es así en todas las grandes áreas. Pregunta: “¿Qué impulsa realmente la reducción en la participación de las rentas del trabajo?



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Gráfico 4. Tendencia en el salario y la productividad del trabajo. Media ponderada para 36 economías. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017

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Gráfico 5. Cambio en la participación del trabajo y desigualdad del ingreso, 1995-2012. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017

4. Más sobre la misma idea: en términos globales la desigualdad de la renta intra-país ha aumentado en los últimos veinte años (Gráfico 6). Sin embargo, este aumento en la desigualdad de la renta ha sido compatible con una reducción de la desigualdad de los salarios en muchos países, incluida España (Gráfico 7).



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Gráfico 6. Evolución de la desigualdad en renta entre 1995 y 2012. Función construida a partir de 71 países. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017

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Gráfico 7. Evolución de la desigualdad en salarios. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
5. Los trabajadores mejor pagados en Europa, aquéllos en el percentil superior de la distribución, son los que más han ajustado su salario a la baja desde el año 2002 (Gráfico 8). Pese a ello, en el año 2010 el salario-hora en España del uno por cien de los asalariados mejor pagados era, aproximadamente, 13 veces superior al percibido por los trabajadores del percentil más bajo. Esta cifra se puede comparar con las 10 veces de Noruega, las 22 veces de Francia, o las 32 veces del Reino Unido. En los países emergentes, la ratio entre el último y el primer percentil es incluso mayor. Bajo la amenaza que suponen los populismos para la estabilidad democrática y económica, mejorar la información sobre las causas que subyacen a estas grandes diferencias y, en su caso, la corrección de las deficiencias en los mecanismos de fijación de los salarios de determinados colectivos resulta imperativo.

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Gráfico 8. Salario por hora en Europa por deciles. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
6. Cuando buceamos dentro de las características del uno por cien de los asalariados más ricos en Europa encontramos, por ejemplo, que casi el 70 por cien tiene estudios universitarios o de postgrado, un 40 por cien son consejeros o directivos de grandes corporaciones (Gráfico 9), y sólo un 20 por cien son mujeres. Utilizando un modelo log lineal para explicar el salario en función de la experiencia, la antigüedad y el nivel de educación, se obtiene un residuo medio en el percentil de los asalariados muy ricos de 1,5, muy superior al resto de percentiles. Esta cifra significa que el salario-hora observado en este colectivo es 4,5 veces superior al predicho por las características observadas.

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Gráfico 9. Descomposición de los deciles de salarios por categorías ocupacionales. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017


  1. La brecha salarial por género entre el colectivo de consejeros y directivos de grandes empresas alcanza la cuota más elevada, con una diferencia del 50%.


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Gráfico 10. Brecha salarial por género entre categorías ocupacionales. Fuente: ILO. Global Wage Report 2016/2017
La Unión Europea ha abierto el gran debate político de las próximas décadas: ¿cómo legislar la relación entre humanos y robots?, ¿pagarán las máquinas nuestras pensiones?”… Robots que cotizan y pagan multas de tráfico: Europa esboza ya leyes para las máquinas (El Confidencial - 18/2/17)

Rachel contempla sus limpios y delicados dedos, sus uñas cuidadosamente pintadas. “Son las manos de una auténtica granjera”, reflexiona, “perfectas para el trabajo”. Está sola, en su sala de control, rodeada de pantallas holográficas en tres dimensiones con gráficos y estadísticas, manejando una explotación situada a decenas de kilómetros de su oficina. Al otro lado de sus pantallas viven cientos de vacas a las que un enjambre acompasado de robots ordeñan, alimentan e incluso inseminan con una selección de esperma escogido entre tubos de ensayo.

Rachel, que estudió “agricultura de precisión”, posee además cientos de cerdos y varias hectáreas de cultivo. Los animales se han acostumbrado a relacionarse con las máquinas, que son capaces de aprender de sus propios errores y adaptar su actividad a las emociones de los seres vivos. Los clientes, cada vez más preocupados por el bienestar del ganado del que se alimentan, pueden consultar por internet incluso las constantes vitales. Las asociaciones de consumidores exigen más y ahora proponen nuevas leyes para tener acceso, 24 horas al día, a las cámaras que graban cada esquina de la finca.

Las aves de campiña sobrevuelan el cultivo y esto es motivo de alegría para Rachel. Estuvieron a punto de extinguirse cuando se introdujeron los drones que se ocupan de sembrar y recolectar, pero están de vuelta gracias a una nueva generación de sensores. El mayor peligro ahora para el ganado y los animales son los virus y enfermedades humanas, además de los accidentes causados por turistas y domingueros que ocasionalmente aparecen por la finca. Para evitarlo, todo está debidamente vallado y aislado.

La imagen no proviene de una novela futurista, sino de uno de los tres escenarios ficticios que el Parlamento Europeo plantea en un informe que sirvió para documentar a sus eurodiputados esta semana. El objetivo era hacerles reflexionar sobre un tema con el que no están familiarizados y sobre el que estaban llamados a pronunciarse.

Finalmente, el hemiciclo aprobó el jueves una resolución en la que se urge a la Comisión Europea a ir adaptando la legislación a un mundo donde las máquinas ganarán protagonismo hasta convertirse en el centro de gravedad del proceso productivo. “Es un llamado para la creación inmediata de un instrumento legislativo para gobernar la robótica y la inteligencia artificial y anticipar los desarrollos científicos a medio plazo para atender a las grandes cuestiones éticas que enfrenta la humanidad”, resume la jerga técnica del prólogo.

“Tardamos dos años en hacer el informe y se concibió, en parte, como reacción al gran temor de la población sobre la posibilidad de que los robots se puedan convertir en un peligro para nuestra seguridad y/o nos acaben quitando el trabajo”, explica la ponente principal, la socialista luxemburguesa Mady Delvaux. “Lo primero ha sido lanzar el debate, que nos acostumbremos a pensar en un futuro que cada vez está más cerca”, reflexiona.

“Tras pasar 24 meses escuchando y leyendo a los científicos, ya no le queda la menor duda de que fue un acierto poner esto en marcha. Los robots y la inteligencia artificial van a estar presentes en todos los ámbitos de la vida. Y los legisladores no podemos dejar los asuntos morales y éticos en manos de científicos y empresas. Estamos obligados a pensar en los seres humanos, en su bienestar”.

No es frecuente que la Unión Europea incluya relatos de ficción en sus materiales de trabajo, ni tampoco que sus resoluciones empiecen citando a Frankenstein, al gólem de Praga o las tres leyes de la robótica de Isaac Asimov. Muchos de los pasajes del informe son familiares para cualquier amante de la ciencia ficción. Los autores se preguntan cosas como si sigue siendo humano en su totalidad alguien que ha incorporado implantes cibernéticos para alterar sus capacidades motrices y psíquicas; si sería necesario regular las relaciones emocionales entre seres humanos y máquinas; o si los robots tienen que ser considerados personas jurídicas.

Se parte en todo el texto de una premisa que la comunidad científica ya no discute: que la inteligencia artificial protagonizará la próxima gran revolución tecnológica, destruyendo a su paso millones de puestos de trabajo y creando otros nuevos, aunque quizá no suficientes. Y se plantean dos mundos posibles y contrapuestos: uno distópico en el que el capital consigue controlar el factor productivo definitivo (el trabajo), el desempleo se dispara en un entorno envejecido y las desigualdades se acentúan. Y otro, utópico, en el que robots que producen la misma energía que consumen hacen los trabajos más pesados, sucios y repetitivos, cuidan de nuestros ancianos y nuestros hijos, pagan nuestras pensiones, producen nuestros alimentos, mientras las personas disfrutamos de una renta básica, con jornadas laborales mucho más creativas, cortas y placenteras.

En el relato de Rachel tiende más hacia la segunda versión, la utópica, aunque solo toca por encima la parte más polémica del debate. Porque si una sola granjera de precisión es capaz de manejar por sí misma una explotación de estas características, ¿cuántos puestos de trabajo generará el sector agrícola?, ¿dónde trabajarán los demás?, ¿qué ingresos tendrán las personas que consuman sus productos?, ¿con qué dinero pagarán la leche de sus vacas y el jamón de sus cerdos?

Delvaux cree que los políticos tendrán que ir acostumbrándose a discutir sobre el impacto de la robótica en la fiscalidad y el Estado de bienestar. Un debate que será acalorado y que ya cobró protagonismo durante la votación de las enmiendas al texto.

El eurodiputado del PSOE Sergio Gutiérrez comparte aspiraciones con el grupo de socialistas centroeuropeos que han trasladado el debate desde el mundo de la ciencia ficción al de la política. “Es evidente que habrá que reinventar la fiscalidad. Lo que nosotros proponemos no es que los robots paguen impuestos en sentido estricto, sino que a las empresas cuyos beneficios tengan relación directa y probada con la actividad robótica se les grave con un porcentaje un poco más alto sobre sus beneficios. A la hora de desarrollar sus estados contables, las empresas tendrán que explicar el peso de la robótica y la maquinaria”, resume.

En una primera fase, ese nuevo impuesto serviría para una “reconversión digital” similar a la reconversión industrial que se vivió hace casi medio siglo. “Lo primero es gestionar esa transición para compensar a los trabajadores que se quedan fuera. Introduciendo por ejemplo rentas mínimas, ayudas sociales para los que pierden sus puestos de trabajo de manera definitiva. Algunos sectores, como el transporte, van a verse golpeados muy pronto. Muchos podrán reinventarse y acceder a nuevos trabajos. Otros, por su edad, por su formación o por su localización geográfica, lo tendrán más complicado”, dice.

En una segunda fase, los socialistas plantean crear una renta mínima universal ante la posibilidad de que esta nueva revolución tecnológica destruya muchos más trabajos de los que va a generar, una tesis compartida en muchos pronósticos. “Los beneficios de la era digital son tales que compensará cualquier tipo de impuesto. Los costes de producción en muchos casos van a tender hacia cero. Las empresas tienen que ser conscientes de que hay que mantener un Estado de bienestar. Aunque solo sea porque es algo que la mayoría de los ciudadanos y los partidos políticos europeos desean mantener”, dice.

Las enmiendas presentadas por el Partido Popular Europeo y el bloque liberal dejaron estas recomendaciones fuera del informe aprobado esta semana, postergando un debate que antes o después se convertirá en el centro de la pugna política. En palabras de Delvaux, “la coalición derechista formada por ALDE, PPE y ECR rehusó incluir en el texto las posibles consecuencias negativas de la robótica en el mercado laboral”.

La diputada checa Dita Charanzova, del Grupo de Liberales por Europa, detalla el otro punto de vista. “No estamos de acuerdo con que debamos tratar con un régimen fiscal distinto a los robots. Son un producto más y no tiene sentido que las empresas paguen más impuestos por ellos. Como otras tecnologías, son simplemente un producto. Y, como hemos visto en el pasado, las ventajas de una revolución tecnológica superan a los riesgos”.

En su opinión, desaparecerán viejos trabajos y aparecerán otros nuevos, como ha pasado siempre. “De lo que tenemos que preocuparnos es de formar a la gente para que pueda competir mejor en el mercado laboral del futuro. Y de las normas concretas y realistas para regular los vacíos legales sobre seguridad y responsabilidad civil en casos como los accidentes con drones o coches autónomos. El resto es ciencia ficción”. El propio informe calcula que antes de 2020 Europa demandará 850.000 nuevos trabajos cualificados relacionados con la nueva revolución tecnológica.

Charanzova dice que poner trabas y regulaciones a la robótica frenará su desarrollo en Europa y dará ventaja competitiva a las potencias asiáticas y a Estados Unidos. “Veo más riesgo en que haya mano de obra barata en China a que haya robots. Nosotros lo vemos con optimismo. Los robots nos dan valor añadido e incluso servirán para recuperar industrias que se marcharon a otros continentes por la mano de obra barata”. Con la robótica, incide, podríamos incluso reindustrializar nuestros países. “No comparto la visión catastrofista que se plantea el informe”, dice.

Aunque el debate a medio plazo es apasionante, ya hay urgencias legislativas que atender. Gutiérrez recuerda que “con la promoción del 5G, que se pretende implantar ya en 2020-2022, el futuro que pinta el informe está a la vuelta de la esquina. Y hay una necesidad de regular estas nuevas circunstancias. Empezando por la responsabilidad civil de los robots, por ejemplo, con vehículos autónomos. Si se produce un accidente que cuesta vidas humanas, ¿quién es el responsable?, ¿el robot?, ¿el fabricante?, ¿el propietario? ¿Y quién paga el seguro? ¿Tendremos que crear fondos de compensación para accidentes con máquinas? ¿Hay que crear un instituto europeo de robótica”, se pregunta.

En asuntos como la responsabilidad civil, la seguridad o la necesidad de un código ético aplicado a la robótica, no hay discrepancias significativas entre grupos políticos. “Asegurar la privacidad de los usuarios y la seguridad ante ataques cibernéticos es algo vital. No solo con los robots, sino con el internet de las cosas. Cuando nuestra casa entera esté conectada a internet, las nubes almacenarán una cantidad de datos sobre nuestra vida que hay que regular y proteger. En caso de accidente con un coche autónomo es necesario que tener claras las responsabilidades”, dice Charanzova.

Ramón López de Mantaras, director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC, cree que es “muy positivo” que los políticos empiecen a introducir la robótica en sus agendas. “Entre la clase política española hay generalmente un analfabetismo científico y tecnológico. Tienen grandes carencias y la robótica suena como algo de largo plazo de lo que no hay que preocuparse. En algunos países de Europa y en EEUU hay mucho más interés por estos temas. Me alegra que la Unión Europea introduzca un debate que es muy necesario, aunque algunas de las cosas que plantea (este informe de la UE) son escenarios a muy largo plazo todavía”.

Mantaras es de los que creen que la revolución de la robótica desencadenará una destrucción de puestos de trabajo como no se había visto antes. “Es verdad que las nuevas tecnologías disruptivas, como la informática, han acabado con unos puestos de trabajo pero han creado otros. Pero en el caso de la robótica y la inteligencia artificial, no está nada claro que vayan a crear más puestos de los que destruyen”. El científico destaca que los robots cada vez son “más especializados y más intelectuales” y se irán encargando de trabajos cada vez más evolucionados.

“Hasta ahora se han perdido trabajos de un tipo repetitivo, pero ahora van a desaparecer también los puestos cualificados. En consecuencia, veo muy lógico redistribuir toda la riqueza que se va a generar en las próximas décadas mediante impuestos a las máquinas y los robots. No me cabe ninguna duda de que tendrán que cotizar a la seguridad social para pagar una renta mínima, básica y universal, para todos los ciudadanos. No es una utopía de cuatro iluminados, sino algo muy real”, sostiene.

El científico valora de manera muy positiva la creación de un código ético para regular lo que se puede desarrollar en robótica. “Lo más claro a mi juicio sería prohibir las armas autónomas, igual que se ha prohibido el uso de armas químicas. Esto habría que regularlo ya porque tiene mucho peligro. La cuestión central es la autonomía. Hay situaciones críticas en las que no es posible sacar al ser humano del proceso de decisión. Otro ejemplo son los robots que compran y venden en bolsa, algo que ya está ocurriendo. Las finanzas están en manos de una competición entre modelos de “software”, que toman decisiones cien por cien autónomas que afectan a millones de personas. Debería regularse, e incluso prohibirse”, considera.

El futuro que imagina Mantaras se parece mucho al de la granja de Rachel. “Viviremos en un mundo de personas trabajando con máquinas, en equipo”. En hospitales, en asilos, en restaurantes, bancos, administraciones públicas, en redes de transporte, supermercados..., unas pocas personas trabajarán con muchas máquinas. “Si lo sabemos gestionar”, concluye, “saldremos ganando”.

Mientras algunos todavía muestran escepticismo sobre la posibilidad de que exista vida inteligente en nuestro planeta, los más osados se atreven a hablar de inteligencia artificial (IA), una versión ortopédica de la humana. Los ordenadores ya nos han dado una paliza en matemáticas, ajedrez y traducción, y preparan un nuevo asalto para convertirnos en copilotos eternos de nuestros coches. En un futuro más lejano y difuso, quizá sustituyan a soldados y, por desgracia para el que escribe, periodistas. Para intentar que el desarrollo de estas tecnologías beneficie al mundo en lugar de destruirlo, más de 2.000 expertos han firmado 23 pautas a tener en cuenta durante los próximos años”... Los 23 mandamientos para evitar que la inteligencia artificial nos domine (El Confidencial - 2/2/17)

Los 23 principios de Asilomar reciben este nombre por el lugar de California (EEUU) en el que tuvo lugar a finales de enero una conferencia organizada por el “Future of Life Institute” con el objetivo de dar a luz a la lista de recomendaciones. Han sido apoyados por más de 1.200 figuras relacionadas con la innovación tecnológica y científica como Stephen Hawking y Elon Musk, junto a más de 800 investigadores especializados en inteligencia artificial. Uno de los firmantes es el director del Instituto de Investigación de Inteligencia Artificial del CSIC, Ramón López de Mantaras, pionero de este campo en España.

“No soy de los que cree que a corto o medio plazo vaya a haber superinteligencias, pero no hay que esperar a ese momento para reaccionar. Además, el estado actual de la IA ya nos plantea una serie de problemas en cuanto a ética”, explica López de Mantaras. El investigador se refiere a las cuestiones de seguridad, privacidad e incluso pérdida de puestos de trabajo que despiertan tecnologías como los drones y los coches autónomos.

López destaca el punto 18 entre el resto: el ser humano debe desistir en la creación de armas autónomas. “El día en que las guerras se luchen entre máquinas será mucho más fácil que se produzcan, ya que hoy son las pérdidas humanas las que frenan a los países. Esto es terrible porque cada conflicto produce bajas civiles y efectos colaterales. Y aunque sean robots no creo que peleen en medio del desierto”. Por esa razón, el investigador dice que él votó por cambiar el “should” (debería) de esta pauta por un más rotundo “must” (debe).

Otro problema importante es la cautela a la hora de dar autonomía absoluta a las máquinas (punto 16): “Hay que pensárselo no una vez sino varias”. López asegura que no le convence que una máquina decida sin intervención humana alguna. Pone el ejemplo de un consejo financiero o médico sugerido por una IA: “A un experto humano se le preguntaría por qué, lo mismo debería pasar con los ordenadores. Si no son capaces de dar explicaciones son cajas negras”. Esta transparencia (punto 8), inexistente en los sistemas actuales, debe ser implementada.

La lista incluye temas actuales, como la responsabilidad de los creadores de sistemas de IA sobre su uso (punto 9). Si el coche autónomo falla, ¿de quién es la culpa del accidente? “El día que sean cien por cien autónomos no podremos hablar de fallo humano a menos que sea de los desarrolladores del “software”, a lo mejor deberán llevar cajas negras como los aviones para investigar las causas”. También otros más a largo plazo, como la inclusión de valores humanos (punto 11): “Dependen de las personas y las culturas, ¿cuáles pones? Habría que hacer una lista aprobada a nivel internacional por algún organismo”.

Más utópica parece la redistribución de la riqueza y beneficios generados por los sistemas de IA (puntos 14 y 15). “No debe suponer una ganancia sólo para algunas personas y empresas, sino para toda la sociedad”, defiende López de Mantaras. El investigador defiende que, si la automatización quita puestos de trabajo humanos pero aumenta la productividad y riqueza del país, habría que redistribuir estas ganancias: “Si los robots cotizaran en la Seguridad Social se podría establecer una renta básica universal para todo el mundo”.

López de Mantaras es consciente de que la lista puede parecer un brindis al sol, y que empresas y gobiernos dificultarán muchos de los 23 mandamientos. “Son principios de buenas intenciones. Es bueno que el tema esté encima de la mesa”.



Los principios de Asilomar

1) Meta de la investigación: el objetivo de la investigación de la IA no debería ser crear inteligencia sin dirigir, sino inteligencia beneficiosa.

2) Financiación de la investigación: la inversión en IA debería ir acompañada de fondos para investigar en asegurar su uso beneficioso, incluyendo cuestiones espinosas sobre ciencias de la computación, economía, legislación, ética y estudios sociales.

3) Enlace entre ciencia y política: debería haber un intercambio constructivo y sano entre los investigadores de IA y los legisladores.

4) Cultura de la investigación: una cultura de cooperación, confianza y transparencia debería ser fomentada entre los investigadores y desarrolladores de IA.

5) Evitar las carreras: los equipos que estén desarrollando sistemas de IA deberían cooperar activamente para evitar chapuzas en los estándares de seguridad.

6) Seguridad: los sistemas de IA deberían ser seguros a lo largo de su vida operativa, y verificables donde sea aplicable y posible.

7) Transparencia en los fallos: si un sistema de IA causa daño debería ser posible determinar por qué.

8) Transparencia judicial: cualquier intervención de un sistema autónomo en una decisión debería ir acompañada de una explicación satisfactoria y auditable por parte de una autoridad humana competente.

9) Responsabilidad: los diseñadores y desarrolladores de sistemas avanzados de IA son depositarios de las implicaciones morales de su uso, mal uso y acciones, con la responsabilidad y oportunidad de dar forma a dichas implicaciones.

10) Alineación de valores: los sistemas de IA altamente autónomos deberían ser diseñados para que sus metas y comportamientos puedan alinearse con los valores humanos a lo largo de sus operaciones.

11) Valores humanos: los sistemas de IA deberían ser diseñados y operados para que sean compatibles con los ideales de dignidad humana, derechos, libertades y diversidad cultural.

12) Privacidad personal: la gente debería tener el derecho de acceder, gestionar y controlar los datos que generan, dando a los sistemas de IA el poder de analizar y utilizar esa información.

13) Libertad y privacidad: la aplicación de la IA a los datos personales no puede restringir de forma poco razonable la libertad, real o sentida, de las personas.

14) Beneficio compartido: las tecnologías de IA deberían beneficiar y fortalecer a tanta gente como sea posible.

15) Prosperidad compartida: la prosperidad económica creada por la IA debería ser compartida ampliamente, para el beneficio de toda la Humanidad.

16) Control humano: los seres humanos deberían escoger cómo y si delegan decisiones a los sistemas de IA para completar objetivos escogidos previamente.

17) Sin subversión: el poder conferido por el control de sistemas de IA altamente avanzados debería respetar y mejorar, más que subvertir, los procesos sociales y cívicos de los que depende la salud de la sociedad.

18) Carrera armamentística: debería ser evitada cualquier carrera armamentística de armas autónomas letales.

19) Capacidad de precaución: al no haber consenso, deberíamos evitar las asunciones sobre los límites superiores de las futuras capacidades de la IA.

20) Importancia: la IA avanzada podría representar un profundo cambio en la historia de la vida en la Tierra, y debería ser planificada y gestionada con el cuidado y los recursos adecuados.

21) Riesgos: los riesgos asociados a los sistemas de IA, especialmente los catastróficos o existenciales, deben estar sujetos a planificación y esfuerzos de mitigación equiparables a su impacto esperado.

22) Automejora recursiva: los sistemas de IA diseñados para automejorarse recursivamente o autorreplicarse de una forma que pudiera llevar al rápido incremento en su calidad o cantidad deben estar sujetos a unas estrictas medidas de control y seguridad.

23) Bien común: la superinteligencia debería ser desarrollada sólo en servicio de unos ideales éticos ampliamente compartidos y para beneficio de toda la Humanidad, más que para un Estado u organización.

El fundador de Microsoft defiende que los robots deberían compensar fiscalmente los puestos de trabajo que reemplazan. Gates propone que esa recaudación se destine a los colectivos más vulnerables y a la creación de puestos de trabajo de carácter social”... Bill Gates: los robots deberían pagar impuestos (Expansión -18/2/17)

¿Deben los robots pagar impuestos? ¿En concepto de qué, si no reciben a cambio servicios de salud, educación, pensiones...? Gravar fiscalmente el desarrollo tecnológico para frenar la destrucción de empleo, ¿será beneficioso o perjudicial para la sociedad a largo plazo? Este debate está ahora sobre la mesa, ante la rapidez con la que evoluciona el mundo digital.

El propio Parlamento Europeo estudia una propuesta, conocida como Informe sobre Personas Electrónicas, que pretende que las máquinas inteligentes paguen impuestos y coticen a la Seguridad Social. Esta idea, que cuenta tanto con apoyos incondicionales como con detractores, propone “la creación de un estatuto jurídico específico para los robots, para que al menos los que sean autónomos y más sofisticados tengan la condición de personas electrónicas, con derechos y obligaciones específicas”.

Y hace aproximadamente un año, un grupo de 400 científicos, académicos y otros expertos, entre ellos Stephen Hawking y Elon Musk (fundador de PayPal y Tesla), firmaron una carta en la que reclamaban un desarrollo tecnológico “responsable”, y proponían estudiar si la implantación de una renta universal (de algún tipo) podría contribuir a una transición menos dolorosa hacia la aclamada “era del conocimiento”.

Ambas propuestas barajan, en definitiva, elevar la recaudación de impuestos de los países para garantizar un nivel de prosperidad mínimo para toda la sociedad.

Ahora, es Bill Gates, cofundador y expresidente de Microsoft, y el hombre más rico del mundo, el que aboga por gravar a los robots. En su opinión, los gobiernos deberían cobrar un tributo a las empresas que los compran. Desde su punto de vista, estos ingresos podrían destinarse a la creación de empleo en otras áreas donde la empatía y la sensibilidad humana es más difícil de sustituir por una máquina, como por ejemplo el cuidado de niños y ancianos.

En una entrevista con Quarz, Gates señala que los gobiernos deben ser quienes supervisen y recauden estos impuestos, pues son éstos quienes tienen en su mano redirigir fondos a los colectivos más vulnerables de la sociedad.

Gates insiste en que, en los próximos años, muchos puestos de trabajo desaparecerán a causa de la automatización. La OCDE calcula que el 9% de las profesiones desaparecerán en los próximos años (en España, el 12%). Otras investigaciones en EEUU elevan la cifra hasta el 47%. El problema, según este empresario, es la rapidez con la que está teniendo lugar este cambio.

“Si usted adopta una máquina que es capaz de realizar las tareas que antes hacía un trabajador, y a través de la financiación y formación correctas poner a esa persona a hacer otras cosas, entonces usted irá un paso por delante. Pero ese empleado pagaba impuestos a los que no puede renunciar, porque ésa es precisamente una de las maneras de financiar esa formación”, señala el fundador de Microsoft.

“Existen muchas maneras de gravar ese extra en productividad. Es hora de empezar a hablar de cómo hacerlo y medirlo. Parte del tributo puede proceder de los beneficios generados por el incremento de eficiencia alcanzado. Otra parte puede venir directamente de algún tipo de impuesto sobre los robots”, propone.

Gates urge a las autoridades a diseñar “programas de transición” cuando antes, especialmente para los colectivos más vulnerables. “Es realmente malo que la gente en general sienta más miedo que entusiasmo con respecto a la innovación”. En este sentido, concluye Gates, “los impuestos son sin duda una mejor manera de manejar el desarrollo tecnológico que la prohibición de algunos elementos del mismo”.

¿Cómo será la vida cuando los robots sustituyan a una buena parte de los trabajadores?

El temor ante el veloz desarrollo de la inteligencia artificial y la mejora en las funcionalidades de los robots ha ocupado el estudio y la observación de economistas, políticos y expertos en tecnología.

No les hablo de ciencia ficción: un estudio del Foro Económico Mundial augura que se destruirán siete millones de empleos en los 15 países más desarrollados en los próximos cinco años. En España, la OCDE estima que el 12% de los puestos de trabajo son susceptibles de automatizarse. El futuro ya ha llegado y desde algunas instituciones ya se trabaja en los próximos escenarios que crearán los androides dentro de las sociedades desarrolladas.

En este punto ha surgido la propuesta de la eurodiputada de Luxemburgo Mady Delvaux, quien ha presentado un informe teniendo en cuenta desde soluciones económicas hasta las implicaciones éticas y en materia de responsabilidad civil que conllevará la integración masiva de los robots en los puestos de trabajo. Una de las sugerencias más sobresalientes consiste en la imposición de una tasa a estas máquinas, que equivalga a una cotización que nutra la Seguridad Social y garantice el mantenimiento del Estado del bienestar. Es decir, que las empresas aporten una cotización por robot destinada a pagar nuestras pensiones.

Pese a que algunos economistas no tardaron en tachar esta propuesta de disparate, auténticos visionarios como Bill Gates se han mostrado alineados con el razonamiento de la luxemburguesa. El fundador de Microsoft concibe que las máquinas puedan sustituir a gran parte de los trabajadores en 2030, por lo que este es el momento de aportar ideas y soluciones para enfrentarse al nuevo desafío laboral.

Lejos de todo pesimismo, Gates no cree que el pago de un impuesto por los robots desincentive la innovación tecnológica. En cambio, considera que la automatización de muchos trabajos arduos y de gran coste para la salud dejará a más empleados disponibles para tareas de mayor exigencia de empatía y humanidad, como los cuidados a personas mayores o la educación.

Otro de los grandes cerebros de la innovación tecnológica actual, Elon Musk, director de Tesla y Space X no se ha pronunciado al respecto de la idoneidad de un gravamen para los robots, aunque sí ha apostado por la fusión de los humanos con las máquinas como única solución. Musk argumenta que esta integración entre el pensamiento humano y el digital resultará imprescindible para que los primeros sigan siendo relevantes ante el incuestionable triunfo de la inteligencia artificial en el futuro próximo.

En cualquier caso, estos líderes de la innovación mundial coinciden en que la cuestión no puede esperar mucho más tiempo. Las autoridades políticas y científicas de los países desarrollados tienen que estar preparadas antes de que los robots les saluden, interrogantes, desde el otro lado de la mesa.

McKinsey ha avisado del tipo de puestos que peligran -transporte, hostelería, fábricas y trabajos administrativos- y de que el tamaño del mercado robotizado a nivel mundial podría suponer 16 billones de dólares de ahorro en sueldos y salarios”... España robotizada: una tasa de paro del 57% (Vozpópuli - 28/2/17)

Si un robot sustituye a un trabajador con un sueldo de 50.000 dólares, ¿por qué no debería la empresa contribuyente pagar impuestos parecidos a Hacienda?

McKinsey ha avisado del tipo de puestos que peligran -transporte, hostelería, fábricas y trabajos administrativos- y de que el tamaño del mercado robotizado a nivel mundial podría ser 16 billones de dólares de ahorro en sueldos y salarios. 16.000.000.000.000. 16 millones de millones. No muy lejos del PIB o la deuda de EEUU, o el 22% del PIB mundial, según las últimas cifras del Banco Mundial. La consultora sitúa a la mayoría de los empleos automatizables en el segmento salarial de menos de 20 dólares la hora, que de paso es dónde se concentra el grueso de la fuerza laboral en EEUU.

Otra información muestra la relación por países, tanto en la cantidad de empleados que serán afectados como en el ahorro que supondrá para las empresas. Entre el 41% (Kuwait, Sudáfrica) y el 54% (Tailandia) o el 56% (Japón) de los puestos en cada país podrían estar en peligro. En términos absolutos, las tres principales naciones afectadas serán China, India y EEUU, que se enfrentan a un desafío de 395, 235 y 60 millones de empleados, respectivamente, o un potencial ahorro de 3,6, 1,1 y 2,3 billones de dólares en cada país. España está entre los países analizados.

En España, según McKinsey, peligran nada menos que 8,7 millones de puestos de trabajo, con un potencial ahorro de 217.200 millones de euros en sueldos y salarios, o alrededor de la quinta parte del PIB. Hay un desglose por sectores. El que peor parado sale aquí es el sector manufacturero, con un 64% de los puestos -1,5 millones-susceptibles de ser robotizados. Luego el 64% del transporte y el 62% de la hostelería -1,3 millones de puestos en total- y el 50%, u otros 1,1 millones de empleados del comercio; 954,000 puestos administrativos o funcionarios, 833.000 en agricultura, bosques y pesca, y otro millón más entre la construcción y la sanidad.

Según la última Encuesta de Población Activa, hay 18,5 millones de ocupados en España. En el peor momento de la larga crisis económica de la última década, en el primer trimestre de 2014, se llegó a bajar a los 16,95 millones. Restando los 8,7 millones de McKinsey de los 18,5 millones de ocupados actuales del INE nos dejaría con 9,8 millones de ocupados y 12,9 millones de parados: una tasa de paro del 57%.

Para la empresa, un robot no pide días libres, no se pone enfermo, no se queda embarazada, no hace huelga, no exige más pasta y no se queja si el jefe no está contento con la calidad de la pieza. Y salvo periodos de mantenimiento, puede trabajar 24 horas al día, 7 días a la semana, todo el año. Si un robot rinde así el triple o el quíntuple o más que un ser humano, ¿por qué se lo va a pensar dos veces el empresario? Lo que está diciendo Gates es que esa posibilidad tecnológica está a la vuelta de la esquina y cuando ocurra va a suponer una redistribución de riqueza absolutamente histórica por todo el planeta. Si los gobiernos no legislan, si no le ponen coto, toda esa riqueza irá a parar a las cuentas de las empresas dueñas de los robots y de los procesos de automatización.

A nivel macroeconómico, las consecuencias serían mayores, tanto para la demanda -un 57% de paro no sería muy ventajoso para el comercio- como para la recaudación (IRPF, Seguridad Social) y por ende la deuda y el déficit (¿quién pagaría todas las prestaciones llegados a ese mundo?), en un entorno demográfico español pesimista a largo plazo en un mundo que estará llegando a los 9.000 millones de habitantes: se habrá triplicado en menos de un siglo. Cuando el hombre más rico del planeta se ofrece voluntario a pagar más impuestos, deberían sonar todas las alarmas. Tal engendro no se solucionará con más abrazos para el abuelo y escuchar mejor al vecino.


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