Paper La Renta Básica Universal y el hombre olvidado



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De dónde vengo… (lo que la crisis nos dejó: el paro de larga duración)

El gráfico 1 muestra las tasas de paro de larga duración (PLD) de la mayoría de los países miembros de la OCDE en 2007 y 2015. Se observa un aumento pronunciado, de 3,5 puntos porcentuales (pp) o más, en cuatro de los países rescatados, España, Grecia, Irlanda y Portugal, y en Italia; lo que es muy alto comparado con el promedio de 1,6 pp en la UE y de 0,7 pp entre los países de la OCDE. Por el contrario, hubo un aumento relativamente modesto en la mayoría de los países anglosajones. Y en Alemania y en algunos otros países la tasa de PLD ha caído. Al mismo tiempo, la incidencia del PLD también varía enormemente entre diferentes grupos de trabajadores.



Gráfico 1 Tasa de paro de larga duración en los países de la OCDE, 2007 y 2015 (proporción de la población activa, %)
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Fuente: OECD.Stat (Estadísticas Anuales de Fuerza de Trabajo).

El PLD provoca un considerable estrés mental y material en las personas afectadas y sus familiares, y hay abundante evidencia de que la probabilidad de encontrar empleo de los parados tiende a caer con la duración del mismo. Por tanto, muchos parados de larga duración pueden encontrarse pronto en el margen del mercado de trabajo, con escasas opciones de volver a trabajar. A nivel agregado esta situación puede traducirse en bajas tasas de crecimiento y alto paro estructural.

Fuente: Fedea 15/11/16

y a dónde voy (lo que la robotización nos puede dejar: el paro eterno)

Sin entrar en cuestiones morales, éticas, jurídicas, distribución del ingreso, incremento de demanda, aprovechamiento del recurso humano, formación, o creatividad… me voy a centrar en dos aspectos que creo pueden “sonar” muy bien a las mentes liberales (por la suerte que les trae -a los ricos y poderosos- y porque permitiría alcanzar su “paradigma” de privatización y desregulación de la economía.

La Renta Básica reducirá la criminalidad (al menos la de baja intensidad). Al permitir vivir por encima del umbral de la pobreza se evita la delincuencia de “necesidad” y de “reacción” social.

Una gran parte de la inseguridad ciudadana está vinculada a robos domiciliarios, robo en los cajeros automáticos, tirones, atropellos, o raptos exprés. Ese tipo de violencia cotidiana es la principal causa de alarma social y percepción de criminalidad.

La Renta Básica permitirá reducir (o eliminar) los principales servicios del estado de bienestar: educación, sanidad, desempleo, renta de subsistencia, prestaciones sociales, pensiones…

Al otorgar a la población unos ingresos mínimos garantizados (suficientes) ya no queda justificativo (de equidad), para que el estado se haga cargo de las prestaciones sociales para los sectores de menores recursos.

Todos los que reciban la Renta Básica estarán en condiciones (y posibilidades) de contratar privadamente la educación de sus hijos, el servicio de salud familiar, podrán decidir sus planes de pensiones privados o el ahorro voluntario para la vejez.

Finalmente, mirado del lado de la “seguridad personal” (supervivencia) de los “ricos y poderosos”, la Renta Básica es una “póliza” que cubre una gran parte los riesgos robo, hurto, violencia, violación, raptos, reacción social, huelgas y sabotajes. Hasta por razones de “egoísmo personal” deberían estar de acuerdo con un ingreso garantizado que permita resolver la situación de degradación de las condiciones de vida y de trabajo de una parte importante de la población (evitando mayores envidias y resentimientos).

Mirado desde el lado del “dogma” liberal de la “privatización y la desregularización” de la economía, la Renta Básica, permitiría reducir el aparato del estado, los servicios sociales, la burocracia, los reglamentos, prestaciones y controles públicos. Dejaría en manos de los ciudadanos la decisión y contrataciones de la educación, sanidad, pensiones. Ya no serían necesarias las prestaciones por desempleo, el sistema público de educación, sanidad y pensiones (o en su caso, competirían con los privados).

Todo ello a cambio, tal vez, que los robots paguen impuestos y cargas sociales (como propone Bill Gates y otros) y/o de un dividendo básico universal (DBU), financiado con los rendimientos de todo el capital (como propone Yanis Varoufakis y otros).

Varoufakis propone que una parte fija de las ofertas públicas iniciales (OPI) de venta de acciones vaya a un fideicomiso público que, a su vez, genere una corriente de ingresos a partir de la cual se paguen los DBU. En los hechos, la sociedad se convierte en accionista en cada corporación, y los dividendos se distribuyen uniformemente a todos los ciudadanos. En la medida en que la automatización mejore la productividad y la rentabilidad empresarial, la sociedad en su conjunto comenzará a compartir los beneficios. No habrá necesidad de ningún nuevo impuesto, de ninguna complicación en el código tributario. A medida que se perciban mayores ganancias y las mismas se redistribuyan automáticamente a través de los ingresos aumentados por los DBU, se tendrían más fondos disponibles para ser usados en la Renta Básica…

Los europeos y los estadounidenses sienten un estancamiento en la economía y la política occidental. Están frustrados con la situación inmutable y ven el orden establecido como corrupto, paralizado y sin contacto con la realidad. Está claro para todo el mundo que estamos asistiendo al auge de fuerzas radicales en la izquierda y la derecha en todo el mundo. Populistas de ambos signos, que comparten un desdén por la globalización, se sienten fuertes, seguros de que el futuro va a favor suyo.

La máquina y el hombre: Hay que implantar la RB, primero condicionada y luego, universal. Si no lo hacen por “justicia y equidad” (con los pobres y los expulsados del sistema de producción), háganlo, al menos, por “seguridad” (supervivencia), de los ricos y poderosos. No todos llegarán a ser Michelángelo, Mozart o Dostoyevski, pero vale la pena intentarlo. A ver si logran hacer funcionar la “máquina de pensar” que alimenta el “paradigma” liberal. Hay que evitar “amplificar” el malestar social.

Coda (no comment): Cuando tenía terminado el Paper (3/3/17), me “tropiezo” con los siguientes artículos (suele ocurrir, cuando uno lee 12 periódicos por día…), que pueden servir como “post data”. A partir de estas dos versiones distintas sobre el incierto porvenir del capitalismo actual, podrán ustedes dar o quitar razones para el optimismo o el pesimismo.

La guerra que está por llegar (y que no digan que no les avisé)

(Nota: la foto que ilustra el artículo ya fue utilizada por mí, en un Paper anterior para destacar el choque entre la pobreza y la riqueza. “Mira tú por donde”…)



foto de qué aterroriza a los ricos después de los papeles de panamá

No se puede dormir tranquilo cuando millones de personas te odian. (iStock)

- Esto es lo que aterroriza a los ricos después de la publicación de los papeles de Panamá (El Confidencial - 3/3/17)

El “Wealth Report” de este año abre una ventana a las ansiedades de los poderosos: la brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor y esto puede tener consecuencias

(Por Héctor Barnés)

A comienzos de abril de 2016, diversos medios internacionales entre los que se encontraba El Confidencial publicaron los “Papeles de Panamá”, una investigación que puso al descubierto la evasión fiscal realizada a través del despacho panameño Mossack Fonseca. Es posible que la revelación no haya provocado el desmantelamiento de los paraísos fiscales del mundo uno a uno, pero sus efectos se están dejando notar, al menos en las pesadillas del porcentaje más privilegiado de la población.



Lo desvela uno de los capítulos de la edición de 2017 de “The Wealth Report”, el informe anual que aborda los hábitos, inversiones, miedos y perspectivas de los más ricos y que es editado por la consultora Knight Frank. Si el año pasado ya anunciaba que la desigualdad económica era un grave problema para el capitalismo, este año traduce esa sensación a una amenaza muy tangible para los súper ricos, aquellos que tienen un patrimonio superior a los 30 millones de dólares (algo más de 28 millones de euros).

“A medida que la desigualdad aumenta, los muros se hacen cada vez más altos y las personas muy ricas son el objetivo”, explica en el informe Ian Bremmer, el fundador y presidente de Eurasia Group al editor Andrew Shirley. Su compañía publica anualmente un informe con los riesgos geopolíticos para la economía global (este año Trump, China y la débil Merkel se encuentran en los primeros puestos), por lo que conoce bien la tramoya global. Y se está fraguando una hipotética guerra entre la población empobrecida y las élites adineradas.

Uno de los hitos fue, precisamente, la publicación de los “Papeles de Panamá”, que puso de relieve cómo los privilegiados no solo disponen de muchos más recursos que el resto de la sociedad, sino también que harán todo lo posible por no pagar impuestos que beneficien al Estado de Bienestar. “Los Papeles de Panamá no hablaban de la clase media, sino de los ricos”, explica Bremmer. “Ahora su mayor preocupación no es su dinero, sino su seguridad personal”.

La supervivencia a través de la igualdad

Ocurría en los pasados informes de Knight Frank y vuelve a reaparecer este año: si el capitalismo en general y los más ricos del mundo en particular quieren sobrevivir, deben empezar a solucionar el problema de la creciente desigualdad económica. Hace apenas dos meses, un informe de Oxfam Intermón presentado en el Foro Económico Mundial desvelaba que los ocho hombres más ricos del mundo acumulan tanto capital como la mitad más pobre de la población global; en España, tres personas (Amancio Ortega, fundador de Inditex, su hija Sandra y Juan Roig, primer accionista de Mercadona) amasan riqueza equivalente al 30% más pobre de España.

“A medida que, por ejemplo, el riesgo de ser secuestrados se dispara, necesitarán empezar a pensar cómo quieren vivir sus vidas, cómo interactúan con el resto del mundo, y cómo se sienten consigo mismos como seres humanos”, añade el autor de “Superpower” y “Every Nation for Itself”. “¿Qué clase de futuro quieren para sus hijos? ¿En qué sociedad quieren vivir? Necesitan pensar más sobre ello. Debería ser su principal preocupación”. En los últimos años, diversas familias de multimillonarios han sido objeto de secuestros con rescate en países como Rusia, México o Brasil. Aunque no se trate de una amenaza común, sí ha dado lugar a un nuevo miedo en las capas superiores de la sociedad.

El consultor promueve un pacto más o menos justo: ceder parte de la riqueza a cambio de una seguridad personal que cada día se encuentra más en entredicho, y que obliga a que los multimillonarios destinen gran cantidad de recursos a este concepto. Aunque probablemente la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca beneficie a las élites estadounidenses (“cuando tienes un multimillonario liderando el país, es probable que los ricos salgan ganando”), la mayor parte de países no disponen de los recursos necesarios para hacer frente a estos problemas debido a la pérdida de poder de los distintos gobiernos.

El problema es que, como asegura el propio Brenner, no es posible solucionar la situación; tan solo suavizarla. Algunas fórmulas funcionarán, otras no; pero las que salgan adelante no lo harán a nivel nacional, señala el consultor, sino tan solo a una escala municipal o local. En términos generales, la desigualdad económica en países como EEUU aumentará, en parte porque no sabemos cómo medirla. “El pleno empleo, por ejemplo, ya no es una métrica útil porque habrá mucha gente empleada en la “gig economy” en la que el trabajo se realizará por demanda”, explica.

El movimiento del Capitalismo Inclusivo



No es la primera vez que las élites ven las barbas del vecino cortar, y no, no nos referimos a viejas revoluciones. En el informe del pasado año, Lady Lynn Forester De Rothschild (de los Rothschild de toda la vida) explicaba en qué consistía la Coalición del Capitalismo Inclusivo, comisionada por el Ayuntamiento de Londres y que tiene como objetivo “restaurar la confianza” en dicho sistema económico.

“Una sociedad dividida no puede mantenerse y no importa si formas parte del 1% o del 0,0001%”, explicaba en “The Wealth Report”. “Si la sociedad que te rodea se derrumba, lo vas a pasar mal”. Todos los indicadores señalan a una creciente desconfianza por parte de la sociedad hacia los políticos y las empresas, que ha dado lugar a movimientos como Occupy Wall Street en EEUU, pero también a otros de corte más populista. “Que los negocios no gocen de la confianza de la sociedad, muchas veces con razón, no es bueno para el capitalismo”, añadía Rothschild.

Resulta sintomático que la descendiente de una de las familias más poderosas de los últimos siglos adopte en consonancia con otros discursos populares: “No creo que el capitalismo practicado de la manera adecuada tenga que disculparse”, aclara. “El capitalismo de amiguetes está fatal, porque subsidia a los ricos mientras devoramos a la clase media: los gobiernos no deberían existir para proteger a los ricos”. Las guerras del futuro no solo se librarán en el panorama internacional sino también, como si de una novela de J.G. Ballard se tratase, entre los estratos de una misma sociedad. Los más ricos están buscando soluciones para agotar todas las vías antes de que su seguridad se ponga a prueba, aunque quizá sea demasiado tarde.

¿Quién debe pagar la Renta Básica? ¿Warren Buffet, Silicon Valley o Robocop?

- Donde los robots pagan impuestos (Vozpópuli - 3/3/17)



fotograma de la película

Fotograma de la película "Blade Runner" (1982) - Youtube

(Por Manuel Alejandro Hidalgo)

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de… pagar impuestos”. ¿Se imaginan? ¿Imaginan que el replicante Roy Batty terminara su escena culmen afirmando que debe pagar sus impuestos? ¿Se imaginan a un programador insertando en el sistema operativo de un droide de protocolo que pagar impuestos es bueno y deseable?



Ciertamente he caricaturizado un debate que sin embargo, y a pesar de lo extraño del mismo, tiene a grandes defensores entre gentes influyentes. Algunos consideran que la propuesta es original. Otros, por el contrario, aberrante. Para una minoría, simplemente imposible. Cuando menos sí debemos reconocer que es acorde con los nuevos tiempos. Sin embargo, en mi humilde opinión y que cambia conforme voy conociendo más datos y evidencias, es que tal posibilidad simplemente no sería útil. En este post voy a explicarles por qué creo que no es una gran idea gravar con nuevos impuestos a los robots. Y al menos tengo dos razones para ello.

Desde hace al menos tres décadas el peso que las rentas salariales representan sobre el total del VAB no ha parado de caer. En el siguiente gráfico les muestro la evolución (hasta 2007 ya que es la base de datos que hasta este momento tengo codificada en mis ficheros, aunque nos sirva igualmente). La tendencia decreciente es clara en las principales economías. Desde la Gran Recesión los datos nos indican que no solo se mantiene esta tendencia decreciente sino que incluso se ha acelerado en algunos países. Como ya he comentado en otras ocasiones, existen varias posibles explicaciones para esta evolución y que han ganado cierta reputación en la academia: cambio tecnológico, peso de las rentas inmobiliarias o mayor peso de las amortizaciones en el conjunto de las rentas.

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Fuente: EU-Klems y elaboración propia



Esta tendencia tiene consecuencias a tener en cuenta. En primer lugar, el menor peso de las remuneraciones de los trabajadores está en el epicentro del aumento de la desigualdad. En segundo lugar, es obvio el efecto sobre los ingresos fiscales, especialmente en aquellos países donde un importante porcentaje de estos ingresos se originan en la renta de los trabajadores. Si el peso de estas rentas mantiene en el futuro el derrotero seguido en las últimas décadas, será imperativo transferir parte de la carga impositiva desde el trabajo al capital. Sería justo pues, según este razonamiento, que el factor “beneficiado” por el cambio tecnológico deba pagar más impuestos. Como la robotización intensificará dicha transferencia, son estos los que deberán ser tratados como sujetos pasivos de los impuestos.

Pero este supuesto razonamiento parte de la base de que la transferencia de peso en la renta total va desde los trabajadores hacia el capital. Sin embargo, no parece que esto sea tan evidente. En un reciente trabajo, un alumno de la Universidad de Chicago, Simcha Barkai, nos enseña una realidad muy diferente. Lo que este estudiante ha encontrado es que, para los Estados Unidos, el menor peso de las rentas salariales no ha sido transferido a las rentas del capital. Al parecer, el destino de esa porción de tarta ha sido en realidad las rentas empresariales, es decir, el excedente bruto empresarial (EBE).

El valor añadido bruto, es decir, la renta (riqueza) generada en un año se distribuye por las fuerzas del mercado entre los diferentes factores de producción que participan en ella: trabajadores, capital y factor empresarial. Mientras es fácil identificar las rentas del trabajo, aunque últimamente no lo es tanto, separar las del capital con el EBE es más complejo. Sin embargo, esta es la principal aportación del trabajo de Barkai: identificar las rentas del capital frente al resto para los Estados Unidos desde los años ochenta. Y lo que este economista encuentra es que, por los motivos que en esta misma columna exponíamos la semana pasada, las corporaciones han elevado su poder de mercado en las últimas décadas consiguiendo apropiarse de una mayor parte de la renta total. De hecho, y contrariamente a lo que se creía, no solo los trabajadores han perdido peso en el VAB, sino que también lo ha hecho el capital.

Si uno lo piensa con tranquilidad tiene sentido. El precio del capital, su coste, se ha visto reducido en las últimas décadas gracias al cambio tecnológico. Por este motivo, los “propietarios” del capital no obtienen necesariamente una mayor rentabilidad por el uso del mismo, por lo que su renta no ha aumentado particularmente durante estos últimos años. En consecuencia, si los trabajadores ya no poseen el trozo de tarta de antaño y este no ha sido absorbido por el capital, solo nos queda un tercero en discordia: el EBE.

Para España se observa además un aumento del EBE durante los últimos 16 años. Así, según los datos de la Contabilidad Anual del INE, si en 1999 el EBE representaba en nuestro país el 29 % del VAB descontados impuestos netos, en 2015 este peso era del 37,3 %. Cierto es que gran parte de esta renta se dedica a la amortización. Mientras en 1999 el 12 % del VAB se usaba para amortizar el capital disponible, en 2015 es el 16 % del mismo el necesario para contabilizar la depreciación del capital. Aun así, el peso del Excedente neto en el valor añadido neto pasó del 16,4 % al 20,4 %.



De ser cierto, este razonamiento nos lleva inexorablemente a propuestas de política económica (y fiscal) que no deben ser necesariamente la imposición del capital. Es por esta razón pragmática por la que creo que no tiene mucho sentido discutir sobre la imposición de robots: no obtendríamos los recursos deseados.

Se podría argumentar, sin embargo, que aun así obtendríamos unos ingresos deseables por bajos que fueran. Sin embargo, la eficiencia de estos impuestos es posiblemente muy limitada. Podríamos argumentar que los robots son una gran amenaza para el empleo y el bienestar de los trabajadores. Pero como también se ha explicado más de una vez, el cambio tecnológico, como el comercio, a pesar de crear ganadores y perdedores, tiene un efecto final global positivo, canalizado principalmente por el aumento de la productividad.

También es cierto que este aumento de la productividad pueda no estar repartiéndose equitativamente, por lo que el crecimiento está siendo menos inclusivo que en otras ocasiones. Pero no es menos cierto que la solución no es gravar (dificultar) el cambio tecnológico y por ello el crecimiento económico, sino corregir mediante transferencias sus efectos.

Así pues, quizás la mejor estrategia fiscal futura, a largo plazo, sea racionalizar los impuestos como el de sociedades para elevar su capacidad recaudatoria, así como el de hacer más protagonista impuestos finalistas, de uso de la renta, como son el consumo. Es cierto que cualquier diseño fiscal a largo plazo debe adelantarse pues al cambio tecnológico, solo así estaremos libres de sufrir ciertas sorpresas, pero estos cambios deben ser, ante todo razonables y razonados. Exigir a los robots que coticen a la seguridad social parece más propio de una película de Mel Brooks que de una obra maestra de la ciencia ficción.

¿Viejas preguntas, nuevas respuestas?

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Cuando los hechos cambian, cambio de opinión. ¿Usted qué hace, señor?” Se dice que ésta es la manera en que Keynes respondió a las críticas de que había cambiado su posición respecto de las políticas para responder a la Gran Depresión. El pragmatismo de este tipo ya no es tan común: las opiniones políticas suelen caracterizarse por una considerable inercia. Con demasiada frecuencia, las perspectivas de hoy siguen moldeadas por los hechos de ayer.



A partir de estos hechos “relevantes”… que cada uno se suicide como le dé la gana.
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