Paper La Renta Básica Universal y el hombre olvidado



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- 6 ventajas de la Renta Básica frente a la Renta Mínima (Economistas sin fronteras - 20/1/15)


(Por Juan A. Gimeno)  

Los sistemas de rentas mínimas que intentan paliar las situaciones más angustiosas de necesidad son complejos, heterogéneos y escasamente eficaces.

Con los datos de 2010, sería viable una renta básica de 4.755,80 euros anuales (396,32 euros mensuales). Obsérvese que para una familia de dos adultos y dos menores, la renta básica supondría 12.365,18 euros al año.

La desigualdad y los índices de pobreza vienen creciendo de forma alarmante, y muy especialmente en nuestro país por las políticas aplicadas bajo el pretexto del control del déficit presupuestario.



La mayor parte de las prestaciones actuales implican el reconocimiento público de situaciones de marginación.

Los sistemas de rentas mínimas que intentan paliar las situaciones más angustiosas de necesidad son complejos, heterogéneos y escasamente eficaces. Buena parte de los posibles beneficiarios no acceden a las ayudas, los costes administrativos de gestión son muy altos, tanto para la administración pública correspondiente como para el propio sujeto beneficiario, sometido a farragosos controles y trámites administrativos. Es sangrante el importante retraso que se sufre desde el momento en que se inician los trámites de solicitud y el efectivo disfrute de la prestación, con el consiguiente efecto de desprotección temporal.

El hecho de que las prestaciones estén condicionadas al cumplimiento de determinadas circunstancias y que sean habitualmente incompatibles con la obtención de empleo u otros ingresos, suponen un desincentivo al empleo y un estímulo a la economía sumergida (trampa de la pobreza). La mayor parte de las prestaciones implican el reconocimiento público de situaciones de marginación, con lo que ello supone de estigmatización social.

La propuesta de una renta básica viene a ser una respuesta adecuada a todos estos inconvenientes, que se convierten así en sus grandes ventajas:

  1. Es una medida directa y eficaz contra la pobreza.

  2. Es de muy sencilla aplicación y gestión, por lo que es relativamente fácil asegurar el acceso universal y la equidad en su recepción.

  3. Se reducen drásticamente los costes de gestión relacionados, con lo que ello implica de ahorro de recursos para las administraciones y para los ciudadanos.

  4. La prestación es previa y automática, por lo que se evitan retrasos indebidos en su disfrute.

  5. La compatibilidad explícita con cualquier otro ingreso permite obviar la trampa de la pobreza, así como eliminar incentivos al fraude y las barreras para aceptar ofertas de empleo.

  6. Desaparece cualquier atisbo de estigmatización social o vergüenza. Es un derecho universal por el mero hecho de ser ciudadano y miembro de una colectividad.

La renta básica sería percibida por todo ciudadano mayor de edad con residencia permanente. Los menores de edad tendrían derecho, en su caso, a una prestación menor.

Dos grandes críticas se hacen a la propuesta de renta básica: el desincentivo al trabajo y su inviabilidad financiera.

Pero la renta básica elimina la trampa de la pobreza pues los ciudadanos saben que los posibles nuevos ingresos de un trabajo no hacen perder el subsidio que perciben. Ello hace más atractivo todo nuevo ingreso puesto que es adicional y no alternativo. No cabe esperar un efecto grave sobre la oferta de trabajo. Quizás se avanzaría hacia un mejor reparto del trabajo existente por cuanto que una pequeña parte de los trabajadores podrían desear horarios más reducidos.

¿Vamos a estar pagando con nuestro trabajo a los vagos? Sabiendo que ese supuesto afectaría a una pequeña minoría, la primera reflexión es que en situaciones de pleno empleo quizás pudiera discutirse; pero existiendo altos índices de desempleo, posibilitar una “selección natural” de los parados supondría previsiblemente un incremento de la productividad. Por otra parte, probablemente gastamos más en intentar dejar fuera de subsidios al vago (con dudoso éxito) que lo que nos costaría pagarles directamente una renta básica.

Un comentario común entre los críticos es que resulta rechazable entregar un subsidio de igual cuantía al pobre que al millonario. Ya en el IRPF existe un mínimo personal y familiar que implica de hecho una reducción para todos. De hecho, la situación actual implica que se entrega un subsidio de mayor cuantía al millonario que al pobre.

Los números de la Renta Básica

En todo caso, para hacer viable financieramente la propuesta, a partir de un cierto nivel de renta y de forma progresiva se reduciría la cuantía percibida en concepto de renta básica hasta llegar a anularse para los ciudadanos situados en el extremo superior de la escala de ingresos, a través de un recargo en el IRPF.

Si consideramos que:


  • la renta básica absorbería la casi totalidad de las prestaciones asistenciales actuales y la parte correspondiente de las contributivas.

  • se suprimirían deducciones y prestaciones familiares actualmente existentes.

  • habría un pequeño ahorro de gestión.

  • el aumento de renta que supondría para los niveles inferiores de renta propiciaría un relanzamiento del consumo y de la recaudación tributaria… estimamos que deberíamos recuperar en el IRPF poco más del 40% del programa. O lo que es lo mismo, que se autofinanciaría el 60% del coste total (v. cuadro).

http://www.elsalmoncontracorriente.es/img/png/renta_basica.png

Ello permitiría una renta básica de 4.755,80 euros anuales (396,32 euros mensuales). Obsérvese que para una familia de dos adultos y dos menores, la renta básica supondría 12.365,18 euros al año, 1.030,43 al mes. Y la mayoría de las rentas mínimas actuales suponen, para situaciones familiares, importes menores al citado.

En todo caso, la propuesta de una renta básica es viable y conveniente por lo que supondría de simplificación, automatismo, reducción de la pobreza y la economía sumergida, y mejora en la equidad de nuestro sistema de protección social.

- Finlandia, Suiza y Utrecht inician el camino (El Salmón Contracorriente - 19/7/15)

(Por Juan Gimeno - Economistas sin fronteras)

Europa pierde el miedo a la renta básica para la ciudadanía



El viejo continente parece poco a poco romper el tabú de la renta básica y ya son varias las administraciones locales y nacionales, las que comienzan a apostar por una figura económica que fuera de las fronteras europeas ya ha registrado experiencias de éxito en la reducción de la pobreza y las desigualdades.

¿Qué tienen en común dos países como Suiza y Finlandia? ¿Y estos dos con la ciudad holandesa de Utrecht? Seguramente, más de lo que se podría pensar. Un ejemplo de ello son las noticias que se han conocido en las últimas semanas en relación con la implantación de una renta básica para sus ciudadanos.

En Suiza, un comité popular ha conseguido más de las 100.000 firmas necesarias para convocar el referendo con el que los suizos decidirán si se aprueba o no que cada ciudadano cobre una renta de 2.500 francos suizos al mes de forma incondicional y con independencia de que trabajen o no.

La ciudad de Utrecht va a poner en marcha, a finales de verano, un experimento para determinar si la sociedad puede funcionar introduciendo una renta básica universal.

El pasado 16 de junio, el gobierno finlandés de centro derecha ratificó formalmente su compromiso, que figuraba en su programa electoral, de “implementar una renta básica experimental”.



Aunque en los dos últimos casos está presente el carácter “experimental” de la medida económica, la coincidencia de las tres noticias demuestra que se está perdiendo el miedo a plantear en serio la implantación de esa figura.

En el caso de la ciudad holandesa, la cuarta más poblada de los Países Bajos con más de 330.000 habitantes, el experimento consistirá en el seguimiento de tres grupos: uno de control, que no tendrá cambio respecto a las normas actuales; otro con una renta básica sin requisitos y un tercero en el que sí se controlará esa renta.

Según las autoridades utrechtenses, menos del 1,5% abusan de los servicios sociales y debe estudiarse si no funcionará mejor un sistema basado en la confianza. En la actualidad, reconocen, los posibles beneficiarios se enfrentan a un bosque de sistemas de control y de normas burocráticas de dudoso resultado.

El gobierno de Finlandia recién elegido promete que todas las personas tendrán derecho a percibir una cantidad periódica que cubra las necesidades vitales sin que por ello deban realizar contraprestación alguna. Según los sondeos, el 79% de la población finlandesa apoya esta renta básica universal.

Es obvio que no cabe caer en la euforia. En el caso suizo se trata de una propuesta que no es fácil que resulte vencedora cuando se someta a votación. El carácter conservador y de coalición del gobierno finlandés aconseja ser precavidos hasta ver en qué acaba la propuesta y ver si no supone un detrimento del estado de bienestar. Y el experimento holandés puede quedar en un simple estudio universitario más, que venga a añadirse a las experiencias exitosas anteriores, sin que por ello los políticos se atrevan a dar el paso decisivo.

La renta básica en el resto del mundo

Entre 1974 y 1979, el pueblo canadiense de Dauphin experimentó la renta básica universal. Cada familia recibía una renta mínima mensual. La cantidad variaba entre unos casi simbólicos 100 dólares mensuales a unos 5.800 anuales para los que carecían de otros ingresos.

Se constató que la motivación para buscar y rendir del principal trabajador de la familia no disminuía. Las investigaciones también mostraron que los ciudadanos elegían con mayor libertad el trabajo que podían llevar a cabo. Sí hubo un pequeño descenso en la ocupación de los adolescentes y las madres de niños pequeños. Los primeros se veían liberados de la necesidad de apoyar económicamente a sus familias con lo que un mayor número de adolescentes terminó sus estudios. Entre otros efectos, se constató que se redujeron las visitas al médico, la salud mental de los ciudadanos mejoró y descendieron la violencia doméstica, los accidentes de coche y las hospitalizaciones psiquiátricas.

Por lo tanto, la medida no sólo no perjudicó el mercado laboral, sino que incrementó notoriamente el bienestar general de la población.



Conocemos también un experimento de puesta en marcha de una renta básica en la región Otjivero-Omitara de Namibia. En julio de 2007 se entregó una renta básica mensual de 100 dólares namibios a cada residente menor de 60 años. A finales de 2008, algunos de los resultados observados fueron los siguientes:

La pobreza se redujo del 76% al 16%.

La población (mayor de 15 años) involucrada en actividades económicas pasó del 44% al 55%, sobre todo por el inicio de pequeños negocios gracias al subsidio recibido.

La malnutrición infantil descendió del 42% al 10%.

Las tasas de absentismo escolar pasaron del 40% a prácticamente cero.

La delincuencia se redujo en tasas del orden del 42%, de acuerdo con datos de la policía local.

Se redujo la deuda media de los hogares en un 36%.

En Alaska, existe desde hace años un fondo procedente del capital que genera la explotación de minerales y petróleo en el Estado. Toda persona que reside legalmente en el estado durante un mínimo de 6 meses recibe un ingreso en función del rendimiento del fondo, del orden de los 2.000 euros anuales. Ninguna autoridad ha cuestionado sus virtudes, ni siquiera la conservadora gobernadora Sarah Palin. Nadie habla de efectos perversos de tal renta y Alaska es el segundo estado con menor desigualdad en los Estados Unidos, solo superado por Utah.

La renta básica supera los inconvenientes de los programas tradicionales de rentas mínimas: porque es incondicionada y automática, sin necesidad de solicitud ni aprobación previa; se recibe antes incluso de que aparezca la necesidad, evitando los retrasos de los sistemas vigentes que llegan a una media de doce meses; exige una gestión mínima frente al actual laberinto burocrático; es compatible con otros ingresos, por lo que elimina la trampa de la pobreza y los posibles incentivos a la economía sumergida; evita la estigmatización de la pobreza; y puede graduarse fácilmente, a posteriori, en función del nivel de renta (lo que permite también garantizar su viabilidad financiera).

Las noticias reseñadas al inicio parecen mostrar que el avance hacia la implantación de una renta básica es consistente. Con las ventajas descritas y las experiencias de aplicación disponibles tan favorables, la pregunta es ¿por qué no abandonamos los experimentos para pasar ya a su puesta en marcha? ¿Aparecerán políticos valientes, con capacidad de liderazgo para atreverse definitivamente a hacerlo?

- Unos 40 municipios holandeses planean experimentar con renta básica universal (La Vanguardia - 1/8/15)

(Por María López Fontanals)



Unos 40 municipios holandeses examinan la viabilidad de proyectos piloto que investiguen sobre la renta básica universal y ofrezcan soluciones alternativas al actual sistema de subsidios sociales, reflejando un creciente interés en Holanda por este tipo de ingreso ciudadano.

Se trata de una popularidad que además ha alcanzado niveles internacionales desde que medios como el británico “The Independent” se hicieran eco de los planes de la ciudad de Utrecht en poner en marcha un proyecto piloto basado en esta renta básica universal.

El concejal de Trabajo de Utrecht y uno de los responsables de que se lleve a cabo el proyecto, Victor Everhardt, explicó a Efe que la ciudad está “todavía trabajando en el diseño de nuestro plan” y “probablemente no empezaremos hasta el próximo año”.

Utrecht tiene ya definido “el esquema básico del experimento”, que “durará un año”, y al que invitarán a participar “a todas las personas con prestación social en Utrecht” y para el que necesitan “al menos 250 personas para llevarlo a cabo”, indicó.

Estas personas, que serán elegidas al azar entre los solicitantes, “se dividirán en cinco grupos”.

Uno que estaría “controlado”, siguiendo las normas actuales, “otros tres que se administrarán con normas más flexibles” y “uno que se establecerá sin reglas ni ningún requerimiento y que será el “más parecido a la renta básica universal””, concretó el técnico.

Para Everhardt, la idea de este experimento “surge de la voluntad de simplificar las normas y los requisitos actuales en materia de bienestar”, porque “muchas no contribuyen a nuestro objetivo común de ayudar a la gente a encontrar trabajo”, entre otros.

En Utrecht creen que “las normas y regulaciones en materia de bienestar actuales deben y pueden simplificarse” y ahora se trata de investigar “cuál es la combinación que mejor funciona”, añadió.

Pero es más, en toda Holanda otras “40 poblaciones están poniendo en marcha experimentos vinculados a la renta básica”, señaló en declaraciones a Efe el econometrista holandés especializado en renta básica, Sjir Hoeijmakers.

La cifra es aproximada porque cada una se encuentra en un estadio diferente y algunas “son tan incipientes que no podemos saber hasta dónde llegarán”, afirmó.

Este joven experto, que finalizó sus estudios el año pasado, ha terminado dedicándose a tiempo completo a la renta básica universal desde que concluyera con éxito su propia campaña de micromecenazgo a través de la que cobrará 1.000 euros mensuales durante dos años.

“Creo que ahora es el momento para dedicarse a investigar, escribir o crear sinergias alrededor de la renta básica en Holanda porque están teniendo lugar muchas iniciativas muy interesantes”, comentó el experto.

Iniciativas que, según Hoeijmakers, “son muy diversas e interesantes” porque “en algunos casos son ciudadanos corrientes quienes las están poniendo en marcha o políticos”, y a veces incluso “académicos o técnicos de los servicios sociales”.

Además, “están despolitizadas” porque “incluyen miembros de todos los partidos políticos en Holanda”, concreta.



De entre los proyectos pilotos, “ocho son bastante prometedores y están en proceso de concretarse”, explicó este joven de 24 años.

Entre ellas, Utrecht, Tilburg, Wageningen y Groningen ya están trabajando en un plan más concreto, recalcó, y algunos ya se han puesto en marcha.

Existe otro segundo grupo que incluye las poblaciones de Nijmegen, Maastricht, Amsterdam y Geldrop-Mierlo que están investigando para ver qué experimento llevar a cabo, especificó.

En general, todos son experimentos alrededor de la renta básica, pero no todos experimentan al mismo nivel y, según Hoeijmakers, “existen dos direcciones claras”.

Por un lado están “los experimentos que trabajan en exigir menos condiciones para acceder a la prestación social” y por otro lado “aquellos dirigidos a eliminar la denominada trampa de la pobreza”

Esta última tendencia en la que encontramos iniciativas como la de MIES en Groningen o la de “Ons basis inkomen” (nuestra renta básica en español) a nivel de país, “es en realidad la que más se acerca a la renta básica universal que consiste en la asignación de una cantidad monetaria incondicional para toda la población”, puntualizó Hoeijmakers.

Ambas iniciativas, siguiendo el modelo iniciado por Michael Bohmeyer en Berlín “promocionan campañas de financiación colectiva para ofrecer rentas básicas a personas sin condiciones” con el objetivo o bien de “permitir a la gente que sus prestaciones duren más tiempo” o simplemente puedan “ganar dinero extra”, indicó.

Aunque para este experto holandés “la renta básica universal es un sistema de redistribución de la riqueza más equitativo que el actual”, independientemente del nivel de pureza de las iniciativas, “el reto ahora es trabajar con estos experimentos, que nos muestren los fallos y aquello que realmente funciona para hacernos las preguntas correctas y crear debate y sentar las bases”.

- ¿Cuánto debemos temer a los robots? (El Confidencial - 6/9/15)



Numerosos trabajos pueden desaparecer en el futuro. El remedio está en aumentar la formación y apostar por una renta complementaria que ayude a quienes perciben los salarios más bajos

(Por Luis Garicano)



¿Recuerdan la leyenda del inventor del ajedrez? El rey, encantado con el invento, ofreció al inventor una recompensa. El inventor le pidió cobrar 1 granito de trigo por el primer cuadrado, 2 por el segundo, 4 por el tercero, y así sucesivamente. El rey, con escasa habilidad aritmética, dijo sí. Desgraciadamente para él, la suma de granitos es fácil de calcular aritméticamente, pero inimaginable para nuestras mentes. El resultado del cálculo es aproximadamente 1.8 con 19 ceros detrás. Escríbanlo: el número de granitos tiene 19 ceros. Hagan un poco de aritmética mental y se convencerán. Los granitos de la casilla 10 son 1.024, y los de la 11 son 2.048: en cada casilla hay más granos que en la suma de todas las casillas anteriores. Multiplicar por 1.000 lleva diez casillas, luego en 60 habremos multiplicado por 1.000 6 veces, y esto tiene 18 ceros. Wikipedia nos informa de que este número de granitos es la producción global de trigo de… ¡21.000 años!

Pues bien, la progresión de las tecnologías de la información que utilizamos para leer nuestro WhatsApp o El Confidencial es como la de los granitos de trigo en el tablero. La ley que ha guiado esta evolución, la Ley de Moore, formulada por el co-fundador de Intel (el fabricante de microchips) en 1965, dice que el número de transistores en un circuito integrado se dobla cada 20 meses, y como consecuencia, la capacidad de los ordenadores se dobla cada 18 meses. Es decir, como los granitos de arroz del cuento, entre hoy y el 6 marzo del 2017, la capacidad de los ordenadores crecerá lo mismo que desde 1941 hasta hoy. Los ejemplos de esta progresión son muchos: el ordenador del Cohete Apollo que llegó a la luna (el Apollo Guidance Computer) tenía 64 kbytes de memoria, que es menos de lo que tiene el tostador de su casa.

Y esta progresión explosiva de las tecnologías de la información determinará la respuesta a la pregunta clave para el destino de la economía, y de nuestras vidas laborales, en las próximas décadas: ¿cómo cambiarán los robots el empleo? Hay una cosa segura, espero, tras nuestro pequeño ejercicio de aritmética: los ordenadores y la automatización avanzarán mucho. ¿Pero cuánto? ¿A qué empleos afectarán?

Empecemos por lo más sencillo. El principio clave es fácil de entender: las ocupaciones más en peligro son aquellas que consisten en tareas rutinarias, es decir, tareas que pueden ser descritas por procedimientos definidos por unos pasos concretos, predecibles, y que por tanto pueden ser descritas por un algoritmo. Por ejemplo, casi todas las tareas en la cadena de montaje de una fábrica de coches son procedimientos rutinarios (“torcer la tuerca A y meter el tornillo B; luego apretar”) que ahora hacen robots. O las tareas de muchos empleados en banca o en seguros, que se dedicaban a rellenar papeles a bolígrafo, copiarlos y archivarlos.

Los trabajos que, por el contrario, mejor resisten a esta evolución de la tecnología de la información son de dos tipos: los trabajos manuales del sector servicios y los trabajos intelectuales más abstractos. Los primeros, “manuales en servicios”, como cuidar un bebé, hacer las camas del hotel, cuidar un jardín, proteger la seguridad de un banco, han visto enormes crecimientos recientes de demanda, con incrementos tanto del número de empleados como de su sueldo. También los segundos, cognitivos abstractos, como escribir un programa de ordenador o imaginar el guion de una serie de televisión, han visto estos aumentos de demanda, con aún mayores crecimientos de sueldos y empleos.

La consecuencia de estos cambios es la “polarización” del mercado de trabajo, su concentración en los extremos alto y bajo: la tecnología ocasiona la destrucción de muchos de los empleos “de clase media” que proporcionaban a enormes segmentos de la población una existencia tranquila, productiva, y bien remunerada, sin mayores cambios pero también sin mayor inseguridad. En su lugar vemos más empleos con baja remuneración (el empleo manual en servicios) y más empleos con elevados salarios (el empleo abstracto cognitivo).

El problema al aplicar esta sencilla hipótesis es que, dada la progresión geométrica con la que comenzábamos, el número de tareas que los ordenadores son capaces de hacer se expande continuamente. En cierto modo lo que hoy consideramos que no es nada rutinario (escribir un artículo en el periódico) mañana puede ser rutinario y hecho por el ordenador. En un reciente libro, los economistas Brynjolffson y McAfee ilustran este problema con un ejemplo fabuloso. En 2004, dos economistas ilustres habían usado la conducción como ejemplo de tarea difícilmente rutinizable. Escribían: “Girar a la izquierda con tráfico requiere tantos factores que es difícil imaginar que se puedan descubrir las reglas que imiten el comportamiento de un conductor”. Pues bien: en 2010, solo 6 años después de que a estos economistas les pareciera imposible que los robots pudieran conducir, Google anunciaba un coche que se conducía sólo. Mirando hacia adelante parece claro que ocupaciones que parecían imposibles de reemplazar, como conductor de camiones o buses, pueden no existir en 30 años. Lo mismo puede suceder con los radiólogos (los Rayos X los puede diagnosticar un buen sistema experto), los traductores (Google translate ya es un buen punto de partida) o, por qué no, los periodistas.

Por otro lado, no cabe asustarse en exceso: la preocupación por lo que el progreso tecnológico puede hacer al empleo ha existido desde hace mucho tiempo. La mecanización de la agricultura expulsó a millones del campo, que encontraron trabajo en la industria. Luego los robots desplazaron a los trabajadores de la industria, que encontraron empleo en el sector servicios, en empleos que hace 40 años eran en muchos casos inimaginables, desde profesores de zumba en el gimnasio a “coaches de mindfulness”. Lo más probable es que esto siga sucediendo, es decir que la economía dinámicamente genere nuevos empleos y nuevas necesidades a medida que hay exceso de trabajadores en algunos segmentos. Además, muchos empleos simplemente nunca se automatizarán: bomberos, fisioterapeutas, ortodoncistas.

¿Qué debemos hacer ante esta evolución del trabajo? Dos medidas me parecen necesarias: tenemos que incrementar la formación, para asegurar que los trabajadores pueden adaptarse a los cambios que vengan. Pero la formación que ahora adquieren nuestros estudiantes debe cambiar. Se trata, más que de enseñar conocimientos concretos que se harán deprisa obsoletos, de enseñar a los estudiantes a aprender. Deben aprender a aprender.

Pero la educación no es suficiente en un mundo con el rápido cambio tecnológico que experimentamos. Muchos se encuentran en callejones sin salida con bajos salarios, en empleos de servicios que no generan los ingresos suficientes para salir adelante. Aquí mi opinión es que la sociedad debe complementar estos bajos ingresos, que serán cada vez más frecuentes, para que alcancen un salario digno que haga que el trabajo pague suficiente para vivir la vida que uno desea. Las dos alternativas posibles que hay parecen crear nuevos problemas: primero, introducir en vez de un complemento salarial un salario mínimo más alto parece de todo punto contraproducente, porque acelerará la tendencia de sustituir trabajadores por máquinas que se quiere combatir. En segundo lugar, introducir una renta mínima básica para todos es una medida aparentemente satisfactoria, pero puede crear una enorme “subclase” marginada en las afueras del mercado de trabajo. Nuestra solución garantiza la participación laboral de los trabajadores y la dignidad que eso conlleva para ellos.

Por tanto mejorar la Educación para facilitar a los jóvenes, y no tan jóvenes, el acceso a los nuevos empleos e introducir una medida de complemento de las rentas para los empleos que crecerán de servicios manuales, tales como el cuidado de niños y ancianos, de protección, etc. son dos ejes clave que responden a los retos de este cambio tecnológico.

- Alaska: el experimento de la renta básica que sí que funciona (El Economista - 7/9/15)

(Por Fernando Puente)

El debate sobre la oportunidad de implantar una renta básica universal como método no sólo de reducir la desigualdad, sino también de garantizar un crecimiento económico sólido, tiene incontables defensores y detractores en todo el mundo, pero apenas ejemplos prácticos de su puesta en uso.

Investigadores estadounidenses recuerdan sin embargo que basta con mirar al círculo polar ártico, sin salir de las fronteras de la Unión, para encontrar el mayor experimento realizado jamás con algo parecido a un sueldo público a cambio de nada: Alaska.

Este remoto Estado instituyó en 1976 un fondo de inversión destinado a que las compañías petrolíferas dejasen en su territorio parte de los beneficios obtenidos por la extracción del mineral líquido, como manera de compensar a sus habitantes en dos conceptos: por llevarse para siempre un recurso no renovable, y por hacerse con un material que era propiedad, pro indiviso, de los alaskeños.

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