Paper La Renta Básica Universal y el hombre olvidado



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Objetivo: una renta perpetua


El argumento para instituir el fondo estaba lejos de pensar en la renta básica, aunque su propósito era crear un mecanismo de justicia con ánimo de perdurar en el tiempo, transformando los ingresos extraordinarios del boom petrolífero en una renta perpetua.

Tras registrar una inversión inicial de 735.000 dólares un año después de su creación, el Fondo Permanente de Alaska es ya un gigante cuyos activos se valoraban este verano en cerca 54.000 millones.



Y no deja de engordar: cada año, al menos el 25% de los ingresos que recibe Alaska en casi cualquier concepto por parte de las compañías petrolíferas se debe destinar, por Ley, al Fondo.

Pero el dinero no se queda quieto, y sus gestores se dedican a invertir miles de millones de dólares en todo tipo de proyectos a nivel mundial, con el objetivo de obtener rentabilidad 100% pública.

Pago anual


El mecanismo funciona así: cada ejercicio, el fondo hace recuento de los ingresos que obtiene con sus inversiones. Tras compensar la inflación y pagar sus facturas, transfiere sus beneficios al Estado.

El Legislativo -que en años especialmente boyantes decide reinvertir parte de las ganancias y devolverlas al fondo- divide la renta entre el número de habitantes conforme a una fórmula prestablecida... y la reparte.

No importa el número de hijos. Da lo mismo si el ciudadano tiene un sueldo abultado o está en paro. Es indiferente si se nació en Alaska o se es casi un recién llegado. Con sólo demostrar la residencia ininterrumpida durante un año, el alaskeño tiene derecho a cobrar su parte alícuota en el dividendo anual, y ni siquiera tiene que hacer nada para ello: basta con que se siente a esperar a que el Estado ingrese el dinero en su cuenta corriente.

En 2014 el fondo aportó a Alaska ingresos por valor de 6.800 millones de dólares, que permitieron repartir un cheque de 1.884 dólares a cada residente. Claro que la cantidad varía en función del año, en función no sólo del rendimiento del fondo, sino también de los ingresos petrolíferos.

En la última década el cheque más pequeño fue el de 2005 (846 dólares), y el más abultado se pagó paradójicamente en 2008. Entonces gobernaba el Estado la ultraliberal Sarah Pallin, que se encargó de añadir a los 2.069 dólares que correspondían conforme a la fórmula matemática oportuna a cada alaskeño, una inédita paga “extra” de 1.200 dólares.

Un experimento que funciona


Este peculiar fondo no sólo es motivo de alegría para cada uno de los residentes del estado, sino que también se utiliza como ejemplo por algunos de los académicos partidarios de la renta básica universal, aunque todavía sin demasiado éxito.

El premio Nobel de economía Vernon Smith definió en su día el programa de Alaska como “un modelo que los gobiernos de todo el mundo harían bien en imitar”, y estudios más recientes demuestran que ha servido para reducir la desigualdad.

Así, Alaska no es sólo uno de los estados más ricos en términos de renta per cápita de todo EEUU, algo poco sorprendente si se tienen en cuenta sus fabulosos ingresos y su reducida población. También es el segundo de todo el país en el que la desigualdad de renta es menor, según confirma en Motherboard Scott Goldsmith, profesor de la Universidad de Alaska.

El coeficiente de Gini en el estado es de 0,422, mientras que el del conjunto de EEUU es de 0,469. En los distritos más boyantes, la desigualdad sin embargo se dispara: 0,532 en la capital de la Unión; 0,499 en Nueva York; 0,471 en California.

La evolución de los últimos años parece apuntar a un papel crucial del Fondo en la reducción de la desigualdad, y de hecho entre 1980 y 2000 Alaska invirtió la tendencia general de Estados Unidos.

Mientras en otros territorios el 20% de la población más rica incrementó sus rentas mucho más rápido que el 20% más pobre, durante ese mismo periodo en Alaska ocurrió lo contrario: el 20% con menos ingresos vio cómo su renta se incrementaba a un ritmo del 25%, frente al 10% en que crecieron las rentas de la quinta parte de la población más rica.

Sin ser milagroso -hay otros factores que parecen haber influido también en el resultado-, el fondo parece haber atacado la desigualdad especialmente en las zonas rurales con menor actividad económica, al crear algo parecido a un suelo: una renta individual que es además universal, incondicional, regular y líquida.

A falta de un par de características para ser la renta básica perfecta, pues la cantidad fluctúa de año en año y es además proporcionalmente pequeña respecto a los ingresos totales anuales, y a pesar de que el caso de Alaska es proporcionalmente singular (muchos ingresos, poca población) y difícilmente extrapolable por lo que respecta al origen del dinero destinado al reparto, parece que no haya mejor ejemplo en el planeta para evaluar los efectos de una renta básica universal aplicada a gran escala, más allá de los modelos teóricos elaborados -con mayor o menor acierto- en los despachos de los economistas.

- “Las élites saben que la renta básica es necesaria porque no hay trabajo para todos” (El Confidencial - 30/9/15)

El libro afirma que hay razones poderosas para defender un ingreso mínimo, pero también para que los dirigentes y empresarios prefieran que no se plantee seriamente dicha posibilidad

(Por Héctor Barnés)

Aunque fue la ahora abandonada propuesta de Podemos lo que la ha vuelto a introducir en el panorama político español, el debate sobre la renta básica universal se remonta a décadas atrás, cuando no siglos. Ya el revolucionario estadounidense Thomas Paine señalaba, por ejemplo, que todo ciudadano debía percibir una renta como compensación por la explotación privada de los recursos naturales, que pertenecen a todos. Hoy en día, esta renta se entiende como un ingreso garantizado e incondicional no sujeto a condicionantes de trabajo ni de nivel de renta, lo que lo distingue de otras rentas de inserción y subsidios por desempleo.

Hay multitud de razones para defender dicha propuesta, de la erradicación de la pobreza al fin de la estigmatización del subsidiado, que debe cumplir unos requisitos determinados para recibirla, pasando por el fortalecimiento de la posición del trabajador en la negociación con su empresa. Cive Pérez, escritor y miembro del Observatorio de Renta Básica de Ciudadanía de Attac Madrid, sugiere en “Renta básica universal. La peor de las soluciones (a excepción de las demás)” (Clave Intelectual) una más: el mercado laboral no va a producir empleo, por lo que de algo tendrá que vivir toda esa creciente masa de ciudadanos que no tengan acceso a un puesto digno.



“Se suele defender la renta básica desde el punto de vista de la libertad personal, pero hay otro cambio radical en el sistema que conocen las élites dirigentes, pero no más abajo”, explica a El Confidencial. “Nos encaminamos hacia la sociedad 80/20, cuyo funcionamiento estaría garantizado por un 20% de la población, compuesto por trabajadores cualificados, y el resto serían desempleados o tendrían empleos de bajísima cualificación. Es obvio que las cúpulas dirigentes lo saben y que tarde o temprano deberán implantar un sistema de rentas garantizadas mucho más amplio”.

Basta con echar un vistazo al panorama español para comprobar cómo este sistema ya está aquí. En 2005, antes de la crisis, el 19,9% de la población vivía con ingresos por debajo del umbral de pobreza relativa. Actualmente, casi 13 millones de españoles se encuentran en riesgo de exclusión, 730.000 hogares no tienen ingresos y 2,5 millones de trabajadores son pobres a pesar de tener un sueldo, uno de los puntos más importantes de la argumentación de Pérez: “Desde el siglo XIX se dice que el virtuoso tiene ganas de trabajar y el vago no, y que no había nada mejor que el trabajo para salir de la pobreza. La paradoja es que hoy uno trabaja para ser pobre, para no poder emanciparse y no poder llegar a final de mes. Además de triste es del género tonto”.



Pros y contras de la renta básica

Pérez desmonta una por una todas las reservas que se han manifestado en contra de la renta básica universal, también conocida de manera despectiva como “paguita”. Por una parte, la de que proporcionar un dinero garantizado empujaría a la población a la holgazanería. “La gente mira dentro de sí y se pregunta “¿recibir dinero me convertiría en un vago? En absoluto””. Una buena comparación es con aquellos que han ganado un pequeño premio en la Lotería, equivalente a una renta mínima para toda la vida. “Seguirían trabajando, pero con ese dinero, podrían permitirse algún capricho”. Pérez recuerda que en España ya hay 9 millones de pensionistas que tienen su propia renta “garantizada”, y que ello no provoca que se limiten a sentarse viendo la vida pasar.

Otra de las críticas más habituales viene de aquellos que consideran que se trata de una medida inasumible. Pérez recuerda que, aparte de experimentos como el que se ha llevado a cabo en Dauphin (Canadá) o pronto en Utrecht, en España ya existen estudios que demuestra su viabilidad, ya sea a partir de una reforma fiscal bastante radical, como el de Arcarons, Raventós y Torrens, o a partir de la autofinanciación de la renta, como el del catedrático de la UNED Juan Gimeno Ullastres.

Algunas de las críticas provienen, paradójicamente, de aquellos que más se verían beneficiados por la medida, que son al mismo tiempo las clases con menos formación y más expuestas a “la propaganda más o menos encubierta de los núcleos dirigentes, que hacen que se sigan escribiendo artículos y libros contra la renta. Me habrían pagado más dinero por un libro contra la renta básica que el que puedo ganar con este”. Pérez recuerda que, en 1935, la implantación del proyecto de Seguridad Social de EEUU que daba forma a un sistema federal de pensiones, fue recibido con los mismos pronósticos apocalípticos, pero que su implantación no causó ninguno de los incidentes que vaticinó. Más bien, mejoró sensiblemente las condiciones de vida de sus ciudadanos.

Por lo general, las críticas más fuertes provienen de los estamentos de poder, a pesar de que, en muchos casos, la implantación de una renta básica tendría sentido desde un punto de vista liberal, e incluso gente tan poco sospechosa de pertenecer a la extrema izquierda como Richard Nixon o Milton Friedman han defendido propuestas similares: “En su caso, era un ingreso sustitutivo del resto de prestaciones del Estado, en plan “yo le doy 40 duros y viva como quiera”. Era un neoliberalismo llevado al extremo, pero la renta básica no sustituye ni la educación ni los hospitales”.

Sin embargo, se trata de una apuesta interesante desde el punto de vista del consumo: “El incentivo para seguir trabajando no es sólo consumista, sino también depende del sistema de producción actual, que ha hecho imprescindibles bienes como el automóvil o la vivienda, que no se pueden mantener sólo con una renta básica”. De esa manera, la renta básica fomentaría que se dedicase más dinero al consumo y a otras industrias: “Mucha gente diría “yo con esto puedo sobrevivir, ya no tengo que humillarme, pero es que quiero una moto, y trabajo por ella”. El sistema actual de mercado tiene suficientes señuelos para hacernos trabajar”. ¿Por qué, por lo tanto, tantas resistencias?

Para Pérez, la respuesta es ideológica: “Haría perder poder a los dueños del cotarro, por lo que prefieren no incentivar el consumo para que eso no ocurra”. Entre otras cosas, el poder de imponer sueldos, horarios y condiciones laborales a gusto del empresario, que ocupa una posición favorable en la negociación con el trabajador, que perdería si este tuviese su propio ingreso básico: “Si tuvieran este respaldo mínimo ya no tendrían que aceptar esas condiciones precarias”. Además, la renta garantizada tiene un sospechoso carácter emancipador: “Las actuales rentas de indigencia o los subsidios de desempleo suponen que la gente tenga que ir a pedirlos, y eso provoca que las instituciones tengan poder. Si esto se extendiera, significaría cierto empoderamiento de la mayoría social: lo que unos ganan, lo pierden otros. Ahí está el quid de la cuestión”.

El futuro de la renta básica



Pérez lo tiene claro: tarde o temprano, los distintos estados deberán adoptar medidas semejantes a la de la renta básica si quieren hacer frente a la desaparición del mercado laboral tal y como lo conocemos. La propuesta inicial de Podemos, por mucho que se haya desestimado posteriormente, ha provocado que el debate vuelva a estar en boca de todos. También ha dado lugar a que se propongan medidas semejantes, como la renta mínima vital del PSOE, destinada a las familias sin ningún tipo de ingreso, o la renta complementaria de Ciudadanos y Luis Garicano, que intenta ayudar a los trabajadores precarios. Algo que para el autor es un signo de que “las élites empiezan a reconocer que no hay trabajo para todo el mundo, salvo empleos residuales”, aunque en su caso sea una mera reforma (por lo tanto, revocable) y no el reconocimiento de un derecho universal.

Podemos tiene en sus manos llevar el debate al congreso, y Pérez cree que si no apuesta por dicha medida puede ser una oportunidad perdida: “Yo comprendo que un partido como el PSOE, que quiere atrapar votos en el centro, no quiera llevar una propuesta como esta porque es innovadora y la oposición los atacaría. Ahora, un partido que quiere romper con lo establecido debe correr ciertos riesgos”. Ignorar la renta “retrasará unos años la implantación y perpetuará estas situaciones de pobreza”.



Obviamente, ningún partido político puede llevar a cabo una medida así de la noche a la mañana. Pérez tiene claro que debería ser algo “gradual”, sobre todo porque implicaría una profunda reforma fiscal que no necesariamente pasa por plantear nuevos impuestos sino por repartir de otra manera lo recaudado, para no crear una inflación añadida. “Por ejemplo, podría plantearse por franjas de edad: nosotros en el Observatorio siempre hemos dicho que mayores y niños primero; es el caso de aquellos mayores que ya no van a encontrar trabajo”, añade.

Pero se trata de un escenario muy lejano. Por ahora, lo que está claro es que la renta básica universal vuelve a estar en boca de todos y a entrar en ciertas agendas políticas. Pérez, por su parte, tal y como señala en una entrada de su blog, se considera un firme defensor de un estatuto de autonomía personal, frente a otras reivindicaciones identitarias: “La política y la economía no serán actividades dignas mientras no sitúen a la persona como medida de todas las cosas. Representar a la persona por encima del territorio debería ser, por tanto, la gran prioridad de un Estado democrático, cuyos gobernantes son, no se olvide, elegidos por personas. Una Renta Básica de Ciudadanía, universal e incondicional, es el primer paso en la senda que conduce a un estatuto de Autonomía Personal para todos los habitantes de la España plural. Para ello, es preciso que los movimientos sociales que luchan contra la pobreza y contra la precariedad laboral exijan que los gobernantes aborden con valentía, sin complejos neoliberales ni gazmoñerías identitarias, la tarea civil de aumentar el grado de libertad real de las personas poniendo fin a las situaciones de pobreza dentro de su territorio”.

- La cara oculta de la renta básica: lo que revela el experimento finlandés (El Confidencial - 10/12/15)

(Por Héctor Barnés)

Finlandia es uno de los países de referencia para muchas de las economías del sur de Europa, y no sólo por su celebrado modelo educativo. Las prestaciones sociales que concede a sus nacionales, típicas del viejo Estado del bienestar, promueven un nivel de protección admirado y deseado por un buen número de ciudadanos europeos y mundiales. Sin embargo, el país está a la baja. El número de parados no es preocupante si lo comparamos, por ejemplo, con España, pero va en aumento, lo cual perturba especialmente a una población no acostumbrada a ello. Los ribetes xenófobos también crecen, producto de la vinculación entre población inmigrante y pérdida de oportunidades laborales para los locales que dio el éxito electoral al partido nacionalista Verdaderos Finlandeses, y la sensación de ser una sociedad en declive preocupa notablemente a sus habitantes. El primer ministro finlandés, Juha Sipilä, vencedor en las elecciones del pasado abril, ha iniciado una política de recortes que se vive con cierta angustia, porque parecía que nunca les iba a tocar a ellos.

Hace pocos días, Sipilä, un ingeniero millonario que se decidió a dar el salto a la política, hizo pública la posibilidad de implantar la renta básica universal en Finlandia, que tendría una cuantía de 800 euros mensuales, y que se concedería con independencia del nivel de ingresos. Gran parte de la población ve con simpatía esta medida, que la entiende no sólo como una forma de luchar contra la pobreza y de estabilizar la sociedad, sino como una posibilidad interesante para aumentar los niveles de consumo privado.

Sin embargo, como señala el diario “Libération”, esta medida podría implantarse no como una ayuda añadida a los beneficios sociales que ya se perciben, sino como sustitución de ellos. De momento, la idea se halla bajo estudio, y sus formas de aplicación concretas están aún por delimitarse. A finales de 2016, el gobierno finlandés se pronunciará sobre si la llevará a la práctica, con las reformas de la fiscalidad y de protección social que apareje, o si preferirá abandonarla. De momento, el gobierno llevará a cabo un experimento, similar a los de Utrecht y de Canadá, en el que un pequeño grupo de finlandeses recibirá 550 € al mes.

Una revolución radical en el empleo



La renta básica, una idea del siglo XVIII cuya paternidad pertenece a Thomas Paine, tiene como primer objetivo no sólo mejorar el nivel de vida de los hombres, sino proporcionarles un mínimo indispensable para subsistir. La mayoría de sus apologistas insisten en este punto, señalando que su puesta en práctica nos permitiría eludir la miseria y gobernar mejor nuestro tiempo de vida. La idea vuelve a estar presente en nuestras sociedades, y no sólo porque muchos teóricos hayan abogado recientemente por ella o porque Podemos amagara con incluirla en su programa, sino porque otras formaciones de signo contrario a la de Pablo Iglesias barajan también propuestas similares.

Sin embargo, su popularidad última proviene de una perspectiva de futuro: en la medida en que muchos expertos señalan que gran parte del trabajo desaparecerá en pocas décadas (se perderán el 47% de los empleos) y que las innovaciones en robótica, software e inteligencia artificial convertirán mucha mano de obra en prescindible, la renta básica universal se revela, desde esta perspectiva, como la mejor solución para que la revolución radical en el terreno laboral no acabe traspasándose a las sociedades: un mundo en el que sólo la mitad de la población tendría oportunidad de trabajar, y con ello de asegurarse la supervivencia, se antoja altamente explosivo.

Pero la versión finlandesa de la renta básica también puede ir en otra dirección. Si tal y como señala “Libération” la propuesta de Sipilä incluye la eliminación de otros mecanismos de protección institucionales a cambio de su percepción, supondría mucho más una forma de abaratar la factura estatal que de beneficiar a los ciudadanos. Quizá lo que se esté buscando es reducir los gastos que el Estado debe realizar y no proporcionar un salario de supervivencia al conjunto de la población. Si esto fuera así, además, incluiría en un plus de injusticia, ya que al concederla universalmente, sin tomar en cuenta el nivel de ingresos, podrían subir los precios, haciendo la vida más cara para los desfavorecidos, lo cual empeoraría su situación en lugar de mejorarla.

La versión liberal

Hay que tener en cuenta que la RB, defendida sobre todo desde posiciones progresistas, también puede ser bien vista desde el otro lado del espectro político. Como se aseguraba recientemente en “El Confidencial”, la implantación de esta medida “tendría sentido desde un punto de vista liberal, e incluso gente tan poco sospechosa de pertenecer a la extrema izquierda como Richard Nixon o Milton Friedman han defendido propuestas similares: En su caso, era un ingreso sustitutivo del resto de prestaciones del Estado, en plan “yo le doy 40 duros y viva como quiera”. Era neoliberalismo llevado al extremo”.

La idea de fondo que yace en estas posturas es la siguiente: en lugar de que exista educación, sanidad o paro estatales, cada cual recibe esos ingresos y los invierte como quiere. Puede optar por pagar un seguro sanitario, por un seguro de desempleo o por llevar a sus hijos a un buen colegio, o por no hacerlo y gastar íntegramente la prestación, porque cada uno escoge sus prioridades y elige su destino. En lugar de estar sometidos a la tutela del Estado, cada ciudadano optaría libremente por hacer aquello que más le conviene. El problema de estas posturas, sin embargo, es que evitan las condiciones materiales que hacen posible tomar decisiones: si es el único dinero que se recibe, es difícil destinarlo a otra cosa que la mera supervivencia.

La aplicación de la renta básica en Finlandia será muy relevante, tanto porque si finalmente se lleva a cabo puede ser un empujón a su implantación en otros países, como por la dirección que tome, y más en un contexto en que la crisis laboral parece sistémica y no producto de una recesión que pasará pronto.



- Finlandia, Países Bajos, Suiza…, la renta básica se extiende por el norte de Europa Inspiración Social - 15/1/16)

La renta básica ha sido oficialmente otorgada a los ciudadanos finlandeses para el años 2017, y está siendo objeto de debate en los diferentes países de la “zona norte” de Europa, ofreciendo una posible alternativa de solución a la crisis de nuestros modelos económicos y sociales.

Ya es oficial que Finlandia será el primer país europeo en la distribución de un ingreso universal a todos sus habitantes. Una asignación mensual a pagar por el gobierno en 2017 a todos los residentes en el país, sin condiciones, sin importar ni la edad ni los ingresos. En otras partes del mundo, países como Namibia, Alaska, y más recientemente la India y Brasil, ya han experimentado con varios tipos básicos de ingresos.

El primer país que concedió la renta básica en todo su territorio fue Alaska. Las primeras pruebas del estado número 49 de los Estados Unidos se remontan a 1976 con la creación del “Alaska Permanente Fund”, un fondo soberano financiado a través de los ingresos del petróleo. En 2014, cada habitante de Alaska ha recibido 1.884 dólares (aproximadamente 1.700 euros).

El ingreso incondicional ha sido teorizado por muchos escritores y economistas, desde Tomás Moro en Utopía hasta el activista británico Thomas Paine en el siglo XVII, y los objetivos que pretende son, la erradicación de la pobreza, reducir la desigualdad, la injusticia social y la emancipación de la persona. Más específicamente, la renta básica podría ayudar a remediar la crisis que afecta a nuestros modelos económicos y sociales. Durante los últimos años, debido a las crisis estructurales y del sistema financiero que estamos sufriendo, los trabajadores se han visto obligados a aceptar puestos mal remunerados, renunciando de paso a todos los beneficios sociales. Esto, según sus defensores, ayudaría a reducir el desempleo, al aumentar la renta disponible de los ciudadanos. Desde hace varios años, la idea de la renta básica está ganando terreno entre los gobiernos europeos.

En Finlandia, la renta inicial se establece en 550 euros al mes, más adelante se incrementará a 800 euros. Hasta que a principios de 2017 se generalice la renta universal para los finlandeses, el gobierno ha decidido experimentarlo con anterioridad en un grupo limitado de ciudadanos, que desde enero de 2016 recibirán 550 euros al mes. La propuesta final será presentada por el Gobierno en noviembre de 2016, después de analizar los resultados del estudio y las propuestas de reforma de los impuestos y la protección social a implementar. El objetivo final es reemplazar todo de subsidios pagados por el Estado a través de una renta básica de 800 euros. Esta medida ha sido defendida por un gobierno de centro-derecha y será la primera vez que esta medida sea implementada en Europa, en un país con una tasa de desempleo del 10% y tras cuatro años de recesión.

“La situación en Finlandia es tan grave que necesitamos experimentar nuevas soluciones”, explicó en 2014 el Primer Ministro de Finlandia, Juha Sipilä. Un comentario cuando menos sorprendente para los ciudadanos del sur de Europa, que sufrimos desde hace más de 8 años una profunda recesión y una tasa de desempleo superior al 20%, y que nunca hemos oído de nuestros gobiernos un planteamiento similar y no tendente a fomentar la austeridad exigida desde los poderes fácticos de la Unión Europea.



En los Países Bajos, una treintena de municipios llevarán a cabo a partir de enero de 2016, el proyecto piloto de renta básica. La ciudad de Utrecht ha sido la pionera y otras como Tilburg, Wageningen y Groningen también están estudiando la renta básica para sus ciudadanos. El experimento a realizar en Utrecht, una ciudad de 300.000 habitantes, tomará como base a 300 personas, todos ellos beneficiarios de prestaciones por desempleo o de bienestar, que conformarán seis grupos de al menos 50 personas. Uno de estos grupos seguirá estando bajo el actual sistema de seguridad social y servirá como grupo de comparación. De los cinco restantes, sólo uno recibirá una renta básica incondicional de 900 euros al mes para un solo adulto o de 1.300 euros por cada casa. Los otros tres grupos experimentarán con diferentes variantes, mientras que el grupo restante experimentará la ley vigente en materia de protección social. “La gente dice que los destinatarios no tratarán de encontrar un trabajo, lo vamos a comprobar”, señala el responsable de este proyecto, Nienke Horst.

Renta básica



En Suiza los ciudadanos han establecido un comité de “iniciativa popular federal para una renta básica incondicional”. Sus principales impulsores, Oswald Sigg, Götz Werner, Daniel Straub y Christian Müller, llevan desde abril de 2012 exigiendo el establecimiento la renta básica. Según ellos, los suizos deberían disfrutar de una “existencia más digna” y tener más oportunidades para “participar en público la vida”. Cada adulto obtendrá unos 2.300 euros al mes y cada niño unos 602 euros. Esta asignación pretende mejorar el bienestar social del país, dónde el 7% y el 8% de los ciudadanos vive por debajo del umbral de la pobreza (en España el 27,3%). El proyecto ha recogido 125.000 firmas. A finales de septiembre el Consejo Nacional de Suiza aprobó una recomendación en contra de la iniciativa popular para una renta básica incondicional. Sus principales argumentos: no sería financiable y promovería el desempleo. Argumentos contra la que sumaron el 49% de los suizos, según una reciente encuesta. A principios de 2016 los suizos tomarán la decisión en referéndum.

En Francia los diferentes grupos que apoyan la idea de la renta básica se han unido en el Movimiento Francés para una Renta Básica. Aunque hasta ahora la idea no ha llamado la atención del gobierno, algunos ex miembros del gobierno la apoyan. Entre ellos, se encuentran el ex ministro y diputado Arnaud Montebourg PS, el ex ministro de Relaciones Exteriores y del Interior, Dominique de Villepin (UMP), el ex presidente de PCD Christine Boutin. En cuanto a los Verdes, personalidades como José Bové, Eva Joly, Yves Cochet y Daniel Cohn-Bendit también apoyan la idea. Actualmente, sólo Europa Ecología Verdes proponía el “ingreso incondicional” en su programa electoral nacional. En julio de 2015 consiguieron aprobar una moción para permitir la financiación de un estudio de viabilidad para la renta básica universal en la sesión plenaria del Consejo Regional de Aquitania. Esta iniciativa ha sido la pionera en Francia y todavía está pendiente la especificación sus condiciones de adjudicación, el montante de los ingresos y su duración.

Parece que en España la renta básica es todavía una utopía, tendremos que seguir esperando y continuar sufriendo los recortes al estado del bienestar, de cuyos efectos se resienten los cada vez más empobrecidos trabajadores y la economía en general al carecer de empuje la demanda interna.

- Por qué en Silicon Valley se están planteando la renta básica (y por qué tiene sentido) (La Vanguardia - 17/4/16)

(Por Carlos Otto)



El concepto económico de renta básica lleva algunos siglos en debate. En la mayoría de países es una teoría descartada, pero la crisis económica y las posturas de partidos como Podemos han hecho que este debate se haya instalado de nuevo en España en los últimos años.

Sin embargo, ha surgido una zona geográfica en la que el discurso de la renta básica está empezando a coger un nivel de probabilidad y popularidad cada vez más alto. Se trata de Silicon Valley, la meca mundial de la tecnología y de empresas como Google, Facebook, Apple, Amazon o Twitter.

Pero, ¿cómo se explica ese resurgimiento del concepto? ¿Por qué un elemento económico aparentemente reservado a la izquierda y cuyo debate ha fracasado en medio mundo resurge ahora con fuerza en Silicon Valley, un territorio marcado por el liberalismo económico?

¿Te quitará tu empleo un robot?



El debate de la renta básica surge cuando aparece una de las preguntas que más se comenta en Silicon Valley y que más atemoriza a los teóricos laborales en los últimos años: ¿te quitará tu empleo un robot?

Lo cierto es que, aunque el debate viene de lejos, no parece que aún se haya llegado a una conclusión clara, ya que todos los cálculos sobre el verdadero impacto que puede tener la automatización del trabajo no dependen de datos reales y fidedignos, sino de las teorías particulares de cada cual.



En el debate sobre si los robots nos quitarán el empleo hay dos posturas: los apocalípticos y los entusiastas

1. Los apocalípticos.



Por un lado tenemos a los que consideran que la automatización de ciertas tareas laborales tendrá un impacto tremendamente negativo sobre el empleo, destruyendo puestos de trabajo que serán ocupados por robots y que dejarán a millones de personas sin oportunidades laborales.

Para defender esta teoría los más apocalípticos recurren a estudios como “The future of employment”, un análisis en el que varios investigadores de Oxford aseguran que el 47% de los empleos está en riesgo de desaparición.

El estudio “The future of employment” asegura que el 47% de los empleos está en riesgo de desaparición”

Por ello, aseguran que la automatización del trabajo no sólo va a afectar a los empleados de nivel bajo, sino también a los de un nivel de cualificación media.

Frente a anteriores revoluciones industriales, que acabaron con los empleos de nivel bajo existentes pero crearon otros nuevos y adaptados, los grupos que temen esta nueva automatización del empleo aseguran que, en este caso, los agentes disruptores (robots) no sólo dejarán sin ocupación al empleado que trabaja con su mano de obra, sino también al que lo hace con su cerebro.

2. Los entusiastas.

Por otro lado, sin embargo, se encuentran gran parte de los entusiastas de la tecnología y empleados de este tipo de empresas, que vaticinan la creación de empleos nuevos y diferentes.

Para ello recurren a anteriores revoluciones industriales: y es que en aquellos contextos se destruyeron puestos de trabajo, sí, pero los empleos destruidos fueron sustituidos por otros nuevos.

Para los defensores de esta teoría, por tanto, no hay motivo para el alarmismo. El operador de una fábrica podrá ser sustituido por un robot, pero seguramente luego pueda trabajar, por ejemplo, en el ensamblaje y fabricación de nuevos robots.

Como vemos, a menudo las posturas frente a esta pregunta no sólo dependen de los datos o previsiones, sino también de la voluntad ideológica de cada cual.



Si nos moviésemos en extremos, diríamos que los luditas tecnófobos están aterrados por la posibilidad de irse al paro, mientras que los tecnófilos que trabajan en internet están convencidos de que los robots generarán nuevos empleos que aún no somos capaces de imaginar.

En este punto, y ante el peligro de que personas desempleadas no puedan volver al mercado laboral, nos encontramos con tres tipos de defensores de la famosa renta básica. Algunos de ellos desde posturas ideológicas muy enfrentadas o incluso contradictorias, pero sus diferencias de criterio merecen que se les preste atención.

1. Paul Graham: “Una renta básica para el que sea sustituido por un robot”



Una de las voces más escuchadas es la de Paul Graham, un inversor de compañías tecnológicas en Silicon Valley y fundador de YCombinator, una de las aceleradoras de startups con más renombre de la zona.

Para Graham, la automatización del trabajo, efectivamente, representa un gran peligro para el empleado de baja cualificación, que no sólo será sustituido por un robot -más eficiente que él-, sino que además tendrá serias dificultades para volver al mercado laboral a menos que aumente su cualificación académica o técnica.

Por ello, el inversor apuesta por el establecimiento de una renta básica para todas aquellas personas que, de manera objetiva, hayan perdido su empleo a causa de la automatización y vean muy complicada su reinserción laboral. De hecho, la aceleradora de Graham ha creado un equipo específico que se va a encargar de estudiar y analizar el modelo de renta básica y si podría ser aplicada a ese tipo de personas.

Las teorías de Paul Graham sobre la renta básica no han pasado desapercibidas ni en Silicon Valley ni en todo Estados Unidos, donde sus ideas están recibiendo tantos elogios como críticas. Según una encuesta llevada a cabo por el matemático Greg Berenstein, la mayoría de los fundadores, accionistas y directivos de las grandes compañías tecnológicas están a favor de las teorías de Graham e incluso apoyan el establecimiento de la renta básica.

Pero, ¿cómo puede ser esto? ¿Por qué grandes fortunas apoyan las ideas de Graham? ¿Cómo puede explicarse que una teoría tradicionalmente de izquierdas como la renta básica sea respaldada por los mayores representantes del capitalismo liberal dentro del mundo tecnológico?

¿Es la renta básica una medida capitalista?

La respuesta es más sencilla de lo que parece: según los detractores de Graham, su propuesta de renta básica, en realidad, no es más que un complemento perfecto para el capitalismo y el liberalismo económico más agresivo que en ocasiones se defiende desde las grandes fortunas de Silicon Valley.

Y es que, según los críticos de Graham, si las personas de bajos o nulos ingresos acceden a una renta básica que les permita pagarse lo necesario para vivir, se generarán dos problemas.

En primer lugar, que esas personas quedarán condenadas a una precariedad casi eterna, ya que la renta básica los dejará anclados en un sistema económico en el que serán incapaces de ascender socialmente.

En segundo lugar, porque el sistema generado haría que las grandes compañías tecnológicas tuvieran aún más poder y que las grandes fortunas se incrementasen. Según estas teorías, la renta básica de Graham, como él mismo ha llegado a reconocer, busca acabar con la pobreza extrema, pero nunca con la desigualdad económica.



Para defender esta teoría, los que critican la renta básica desde la izquierda acuden a un gráfico demoledor: el que demuestra el progresivo distanciamiento entre la productividad laboral y los ingresos medios desde que los desarrollos tecnológicos empezaron a cobrar protagonismo en Estados Unidos.

Como vemos en el gráfico de arriba, la productividad laboral y los salarios comenzaron a avanzar a la par en Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, a partir de los años 80, y con la progresiva popularización de la tecnología, ambos índices comenzaron a separarse hasta la situación actual.

2. Federico Pistono: “Los robots te quitarán el empleo, pero no pasa nada”

En un extremo de pensamiento alejado del de Paul Graham se encuentra otro defensor de la renta básica. Se trata de Federico Pistono, un emprendedor y experto en automatización laboral que defiende la existencia de una renta básica universal e incondicional desde otra postura ideológica: el libertarismo económico prácticamente al margen del Estado.

Así lo explica:



Pistono tampoco tiene dudas respecto a los robots y asegura que, efectivamente, acabarán con un elevado porcentaje de los empleos de baja cualificación que existen ahora mismo. Sin embargo, eso no le parece mal. En su libro “Robots will steal your job, but that’s ok” (Los robots te quitarán el empleo, pero no pasa nada), Pistono asegura que la automatización del trabajo acabará con un sinfín de problemas y preocupaciones actuales.

Para Pistono, no tiene ningún sentido que gran parte de nuestras preocupaciones diarias estén centradas en nuestro trabajo, en nuestros ingresos o en si podremos pagar el alquiler el mes que viene. Por ello, defiende la existencia de una renta básica universal e incondicional (no vigilada por el Gobierno).

Por tanto, no es que Pistono defienda una serie de ingresos para los excluidos del sistema laboral, sino una renta universal para que cualquier ciudadano pueda vivir dignamente sin verse atado a un empleo que le haga pagar las facturas. En este contexto, según él, cada ciudadano podría dedicarse a lo que realmente le proporcionase una satisfacción y fuera útil para el resto de la sociedad.

¿Qué es más caro, pagar una renta básica o los programas de ayuda social?

Para Pistono, esta teoría no es ni utópica ni mucho menos cara. Según él, la existencia de la renta básica haría que los gobiernos estatales eliminasen el resto de programas de ayuda sociales (ayudas de desempleo, programas contra la exclusión social, etc.), que, según Pistono, son mucho más caros e ineficientes que la renta básica.

De hecho (y aquí es donde su propuesta evidencia su parte polémica), Pistono defiende que la existencia del Estado en la renta básica sea nula, más allá de dar el dinero de forma incondicional. Y es que, al no existir condiciones para recibir la renta básica, el Estado no tendrá que gastar dinero en controlar el cumplimiento de esas condiciones y su labor será prácticamente inútil.

3. Paul Mason: hacia un mundo sin trabajo (y más feliz)



¿Hay un punto intermedio entre el capitalismo agresivo de Paul Graham y el libertarismo de Federico Pistono? Sí lo hay, y está representado por el periodista británico Paul Mason.

Mason es el actual coordinador de economía de Channel 4 News y procede del marxismo más intelectual. De hecho, The Guardian lo califica como el digno sucesor de Karl Marx, aunque, en realidad, Mason incluye algunas ideas liberales entre sus teorías sobre el futuro del trabajo a nivel mundial.



En su libro Postcapitalism, el periodista defiende una llamativa teoría: en el contexto actual, el capitalismo está a punto de colapsar.

Para Mason, la sobreexplotación del trabajo (y sus trabajadores), el elevadísimo consumo de recursos naturales y el establecimiento de un sistema económico que maltrata a los trabajadores, entre otros factores, han provocado que el capitalismo haya llegado a un punto de no retorno que sólo puede terminar de una manera: con su destrucción.

Pero, ¿en qué consistirá el postcapitalismo? Según Mason, en la desaparición de todos los trabajos innecesarios que el neoliberalismo ha creado para tener a los ciudadanos atados a un empleo que a duras penas les dará un techo y una comida.

El periodista parte de teorías de izquierdas, pero es un entusiasta de la automatización del empleo como forma de liberar a los ciudadanos de la presión del trabajo, los ingresos y la necesidad de llegar a fin de mes.

Robots para acabar con el capitalismo



Los robots, según Mason, serán vitales para que abandonemos el capitalismo en favor de un sistema económico, a su juicio, más justo.

El periodista es uno de los mayores creyentes en The future of employment, mencionado al principio de este reportaje, y su teoría es la siguiente: efectivamente, la automatización del trabajo podría acabar con el 47% de los empleos actuales, pero eso no tiene por qué ser malo en absoluto, incluso si esos trabajadores en paro no consiguen un nuevo empleo.

Para Mason, la desaparición de puestos de trabajo es una estupenda noticia por un motivo claro: la tecnología no sólo está haciendo que los precios de los productos bajen, sino que también acaba consiguiendo que nuestras necesidades de consumo vayan bajando.

Un ejemplo: la automatización del empleo puede hacer que pierdan el trabajo muchas personas que se dediquen a fabricar coches, pero, en realidad, ¿no estamos yendo hacia un mundo en el que cada vez necesitamos menos coches?



Es ahí donde, para el periodista, podría tener sentido el concepto de la renta básica. Porque por mucho que reduzcamos nuestras necesidades económicas, estas nunca llegarán a cero, con lo que la renta básica ayudaría a que el ciudadano medio pudiese vivir de manera medianamente desahogada sin la preocupación de conseguir un trabajo asfixiante para llegar a final de mes de cualquier manera.

La visión de Paul Mason puede parecer utópica -y quizá lo sea-, pero en realidad se inserta dentro de las posturas del decrecentismo económico de la izquierda ecologista.

Una izquierda decrecentista, por cierto, que poco a poco va siendo más común en Silicon Valley, donde cada vez más ingenieros retoman y transforman ciertas ideas de los 60 para asegurar que, a día de hoy, la tecnología puede hacer que consumamos menos recursos, que se produzcan menos emisiones contaminantes, que la mayoría de bienes se fabriquen solos y que los precios de los productos bajen.

En definitiva, que la tecnología consiga que nuestra calidad de vida aumente y que nuestras necesidades de trabajo, poco a poco, vayan tendiendo a cero.

Al final son muchas las teorías, pero todas se reúnen en torno a un mismo precepto: si es verdad que los robots acabarán con parte de los empleos y que muchos de los parados no serán capaces de volver al mercado laboral, la implantación de una renta básica parece una opción, como poco, a tener en cuenta.

- La Europa rica se plantea un sueldo para sus ciudadanos (La Vanguardia - 5/6/16)

(Por Alicia Rodríguez de Paz)



¿Qué le parecería recibir una cantidad fija al mes de las arcas públicas con la que hacer frente a los gastos de vivienda, suministros, alimentación? En suma, un salario por ser ciudadano, que no esté sujeto a condición alguna como el nivel de renta o no tener trabajo remunerado. Lo que a primera vista puede resultar un modelo utópico de pensadores de hace décadas e incluso siglos, se ha acabado convirtiendo en el planteamiento de un debate que llama a las puertas de distintos gobiernos de Europa -eso sí, la Europa más rica-, preocupada por luchar contra las desigualdades y hacer frente a una revolución digital en el sistema productivo de consecuencias desconocidas para el empleo. Y que se dilucida hoy mismo en las urnas situadas en todos los rincones de Suiza.

Los suizos tienen que pronunciarse en referéndum sobre la implantación de una renta básica universal para todos sus ciudadanos. La propuesta, presentada por iniciativa popular, plantea un salario de 2.500 francos suizos al mes (unos 2.260 euros) para los adultos y un complemento para los menores de edad. En principio, según las encuestas, la nueva renta no saldrá adelante al contar apenas con el apoyo de un 30% de los votantes, pero pone el foco sobre una suerte de versión 4.0 de una idea de renta de ciudadanía que ya planteó Thomas Paine en el siglo XVIII y retomaron el siglo pasado economistas como Milton Friedman.



Raymond Torres, nuevo director de previsión y coyuntura de Funcas y residente durante años en Ginebra como alto responsable de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), remarca el papel de Suiza en su afán de “proyectar debates de futuro”. Además de Suiza, otros territorios del norte de Europa como Finlandia o un puñado de municipios holandeses también reflexionan sobre cómo adaptar la cobertura social a los vertiginosos cambios productivos a los que se enfrenta el mundo. Los actuales defensores de la renta universal la plantean como una respuesta a la escasez de empleo que puede provocar el proceso de digitalización y automatización de la economía. “Por primera vez, los incrementos de producción y del crecimiento económico no revierten con claridad en generación de empleo; los negocios disruptivos acaban beneficiando básicamente a sus impulsores y a los inversores”, resume Xavier Ferràs, decano de la facultad de Empresa y Comunicación de la Universitat de Vic. Esta misma semana, la OCDE advertía de que el crecimiento económico débil con el que se ha salido de la crisis está muy condicionado por el aumento de la desigualdad en el reparto de la riqueza y la ralentización de la productividad. Su secretario general, Ángel Gurría, alertó de que estos dos elementos “conducen a un círculo vicioso” donde no hay garantía de que las innovaciones redunden en mayor productividad laboral y, a la vez, amenaza con generar más desigualdad.

La renta básica universal se presenta así como una forma para garantizar un nivel de vida “decente” para todos los ciudadanos en las sociedades más avanzadas, tratando de desligarlo del trabajo ahora amenazado: hay dudas sobre la existencia en el futuro de suficiente trabajo para la mayoría de la población y se plantean sombras sobre la creciente fractura de la desigualdad. La figura del trabajador se diluye y crece el miedo a un crecimiento anémico. La fragilidad de los ocupados (con cada vez más autónomos y trabajadores independientes, con una erosión de la relación entre empresarios y asalariados) se traduce en un reparto más desigual de las rentas.

En todo caso, no existe un consenso sobre el impacto neto de la economía digital y la automatización, en términos de puestos de trabajo. El director de previsión y coyuntura de Funcas opina que la destrucción de puestos de empleo vendrá acompañada por la creación de empleo en otros sectores. La incertidumbre se centra pues en hasta qué punto se compensará la destrucción de puestos de trabajo.



Este sueldo de ciudadanía se concibe por sus impulsores también como una fórmula para dar una vuelta al actual estado del bienestar, para actualizar la cobertura social. En buena parte busca simplificar los beneficios sociales que reciben en mayor o menor medida los ciudadanos, por lo que la implantación de una renta universal implica la eliminación de otras ayudas. “El estado del bienestar tiene que adaptarse a los cambios estructurales que se dan en la economía y la sociedad, pero debe hacerlo de manera viable y sostenible, y sin introducir distorsiones que cuesten más de lo que reporta”, matiza José Antonio Herce, director asociado de Afi y profesor de la Universidad Complutense.

Ferràs, por su parte, pide huir de la idea de “cobrar por no hacer nada”. Los promotores de esta iniciativa consideran que es una oportunidad única de dejar atrás las interminables jornadas de trabajo y en general replantear el tiempo de dedicación al empleo en beneficio de la formación, las relaciones personales, el voluntariado o simplemente el ocio. La renta básica plantea incógnitas, por otra parte, sobre consecuencias indeseadas como desincentivar la permanencia en el mercado de trabajo o las expectativas de ascenso social de los más desfavorecidos. Por eso, no es de extrañar que el planteamiento de la mayoría de iniciativas de este tipo contenga pruebas piloto donde evaluar el impacto del giro copernicano que supone crear una renta sin condiciones. También hay críticas por el esperado incremento de la presión fiscal para poder hacer frente a la aplicación de la renta, que podría llevar a una deslocalización de empresas o al incremento del fraude fiscal y de la economía sumergida.

Sin embargo, los expertos consultados ponen el acento en la viabilidad de la financiación de una medida que Xavier Ferràs, experto en innovación y defensor de la necesidad de aplicarla a medio plazo, considera hija de un “cambio de paradigma”. Herce, por ejemplo, señala que aplicar una renta de 800 euros al mes en Finlandia puede costar, a pesar de suponer la eliminación de otras ayudas sociales, unos 47.000 millones de euros al año, el 17% de su PIB. Cuando en las elecciones europeas del 2014, Podemos defendió una renta básica universal, Abraham Zacuto en Nada es gratis calculó que, de implantarse, el gasto público de España se dispararía del 44% a nada menos que el 65%, después de descontar un ahorro de casi diez puntos del PIB en protección social. En cambio, la plataforma Red Renta Básica publicó un estudio, encabezado por su presidente, el economista Daniel Raventós, donde defendían que una ayuda universal de unos 625 euros al mes se podría financiar aumentando la carga impositiva del 10% de los más ricos.

Torres prefiere revisar el sistema para que la protección social no dependa tanto del asalariado y más, por ejemplo, de la imposición fiscal. En sintonía con Herce, es “partidario de una renta mínima no universal sino condicionado a los ingresos y vinculado a algunos requisitos como mantener la escolarización de los hijos; es una herramienta para reducir la pobreza que está creciendo en países como España. Y sobre todo, es perfectamente financiable”.

- “The Economist” arremete contra la renta básica universal (El Economista - 5/6/16)



La publicación asegura que se han subestimado sus efectos negativos y que sería “increíblemente costoso” y “destrozaría el Estado de bienestar”.

La revista británica “The Economist” advierte sobre los efectos negativos para la economía del establecimiento de una renta básica universal y acusa a quienes proponen su creación de haber “subestimado” las consecuencias.

En un artículo publicado en el último número de la revista en el que analiza el incremento de países en los que se propone la creación de una renta de este tipo, “The Economist” afirma tajante que “los promotores de un ingreso básico subestiman cómo de disruptivo sería”.

En primer lugar, la publicación advierte sobre el elevado gasto que conllevaría esta medida, que sería “increíblemente costosa”. En su opinión, el enorme salto en el gasto público que supondría el establecimiento de una renta básica universal, “incluso aunque se hiciera de forma muy eficiente”, provocaría “efectos impredecibles sobre el crecimiento económico y la creación de riqueza”.



Además, asegura que “destruiría la condicionalidad sobre la que se construyen los estados de bienestar modernos”, ya que esta medida erosionaría los incentivos a encontrar un empleo.

“Una gran proporción de la población podría caer en un estado de ociosidad alienada”, lo que crearía “fuertes tensiones entre los que siguen trabajando y pagan impuestos, y aquellos que optan por no hacerlo”. Esta situación “debilitaría el actual sistema” y podría “destrozar el Estado de bienestar”.

Por último, afirma que una renta básica afectaría a los flujos migratorios y haría “casi imposible” que los países que la implantaran mantuvieran sus fronteras abiertas.

“El derecho a una renta llevaría a los países ricos a cerrar las puertas a los inmigrantes o a establecer ciudadanos de segunda categoría sin acceso a la ayuda estatal”, sostiene “The Economist”.

Por esta razón, la revista insta a los gobiernos a, antes de establecer este tipo de rentas, “hacer un mejor uso de las herramientas que ya tienen disponibles” para hacer frente a las desigualdades y la pobreza.

En su opinión, “una renta básica podría tener sentido en un mundo de solapamiento tecnológico” en el que las máquinas han destruido una parte importante de los empleos que realizaban las personas. Sin embargo, afirma que esta “preocupación” sobre la pérdida de puestos de trabajo por el avance tecnológico es una “idea antigua” que hasta el momento “siempre se ha demostrado errónea”.

Así, reclama a los gobiernos que, “antes de que empiecen a planificar un mundo sin empleo, deberían esforzarse para hacer que el sistema actual funcione mejor”.

- Suiza rechaza el plan de renta básica garantizada para todos (El País - 6/6/16)

Un 77% de los votantes se oponen al pago universal de 2.250 euros para todos los adultos



Los votantes suizos han rechazado una propuesta para introducir una renta básica garantizada para todo aquel que viva en el rico país, mostraron el domingo proyecciones del grupo GFS para la cadena suiza SRF.

Los datos oficiales mostraron que un 76,9% de los votantes rechazó la incitativa del propietario de un café en Basilea, Daniel Haeni, y sus aliados en una votación bajo el sistema de democracia directa suizo, pero logró generar un incómodo debate sobre el futuro del trabajo en un momento de creciente automatización.



Los que apoyaban la medida dijeron que introducir una renta mensual de 2.500 francos suizos (unos 2.250 euros) por cada adulto y 625 francos por cada menor de 18 años promovería la dignidad humana y los servicios públicos en un momento de creciente automatización. Sus detractores, entre ellos el Gobierno, dijeron que costaría demasiado y que debilitaría la economía.

Victoria moral

“Como empresario soy realista y contaba con un apoyo del 15%, ahora parece que hay más de un 20%. Lo encuentro fabuloso y sensacional”, dijo Haeni a la SRF. “Cuando veo el interés de los medios, desde el extranjero también, entonces digo que estamos creando una tendencia”, dijo.

Suiza es el primer país que celebra un referéndum nacional sobre una renta básica incondicional, pero otros países, como Finlandia, estudian planes similares.



El Gobierno suizo había instado a los votantes a rechazar la campaña, diciendo que el plan costaría demasiado y minaría la cohesión de la sociedad. El plan incluía sustituir total o parcialmente lo que la gente obtiene como beneficios sociales.

La campaña a favor de la renta básica ha sido muy creativa, con un dibujo más grande que un campo de fútbol en el que preguntaban “¿Qué harías si tuvieras unos ingresos garantizados?”; con una manifestación de “robots” por el centro de Zúrich o repartiendo billetes de 10 francos.


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