Paper United Kingdom: ‘come back home’ (Europe: ‘go to hell’) ¿Última traición de la City a Bruselas?



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Paper - United Kingdom: ‘come back home’ (Europe: ‘go to hell’) ¿Última traición de la City a Bruselas? (algunos comentarios sobre la permanente deslealtad y la reiterativa insolidaridad de los ‘mercaderes’ británicos con la Unión Europea)

1 - Un referéndum para retirarse de la Unión Europea (¿la hora de la verdad?)

Un grupo de manifestantes protesta junto al Parlamento británico para pedir un referéndum sobre la salida de la Unión Europea / Suzanne Plunkett (Reuters)



Primero las “noticas”, luego la “interpretación”…

El “pasteleo” de David: donde dije digo, digo Diego (Shakespeare in Love)

- Cameron afronta su primera gran rebelión de diputados antieuropeos (El País - 25/10/11)

Unos 80 conservadores votan a favor de celebrar una consulta para abandonar la UE

(Por Walter Oppenheimer - Londres)



David Cameron ha vivido hoy su primera revuelta euroescéptica cuando en torno a 80 diputados conservadores han votado a favor de una moción parlamentaria pidiendo que los británicos decidan en referéndum si Reino Unido ha de seguir en la Unión Europea. Como se esperaba, la moción fue rechazada por amplísima mayoría (111 votos a favor y 483 en contra), pero nunca antes un Gobierno británico había sufrido una rebelión de tales proporciones en una votación sobre asuntos de la UE.

La votación de anoche, tras casi seis horas de debate, significa que los conservadores ven resucitar las viejas divisiones que carcomieron las entrañas del partido en los primeros años noventa, cuando tuvo que sudar voto a voto de sus propios diputados para que los Comunes ratificaran el Tratado de Maastricht en 1993.

Más de 70 diputados conservadores pueden acabar votando a favor del referéndum

Para Cameron constituye un revolcón mayúsculo porque en lugar de dar libertad de voto quiso enviar una señal de firmeza al afrontar el desafío con el mayor vigor posible: ordenando lo que se llama “una línea de tres látigos”. Es decir, apelando a la máxima disciplina de voto en los Comunes. Dos ayudantes ministeriales, incluido el secretario privado del secretario de Estado para Europa, han dimitido porque decidieron votar en contra del Gobierno.

Con todo, hay que situar la rebelión en su contexto: aunque la rebelión contra Cameron probablemente haya doblado los 41 rebeldes que tuvo John Major en una de las votaciones sobre Maastricht, en aquellos tiempos se trataba de ratificar o no un Tratado europeo y hacer caer o no al Gobierno del propio partido. Ayer, la rebeldía salía gratis: el voto no era vinculante y el Gobierno tenía la victoria más que asegurada. Lo que ya sabe el primer ministro es que uno de cada cuatro diputados de su grupo parlamentario no tiene inconveniente en dejarle en evidencia.

El debate y votación de anoche es consecuencia de una petición popular impulsada por la diputada europea Nikki Sinclair, que ha reunido las 100.000 firmas requeridas para llevar el tema al parlamento. El diputado conservador David Nuttall se hizo eco de ella y la semana pasada presentó una moción en los Comunes para convocar un referéndum con tres opciones: retirada de la UE, renegociación de las actuales condiciones o dejar las cosas como están. El solo hecho de que se celebrara el debate y el tono en el que transcurrió ha reabierto las viejas divisiones sobre Europa en el Partido Conservador.

El ardoroso antieuropeísmo de Cameron se ha suavizado al llegar al Gobierno



Tras el debate de ayer, los tories han reabierto sus heridas europeas. En casi tres lustros en la oposición, transformaron sus divisiones de los años noventa en un euroescepticismo visceral y casi unánime que ha saltado por los aires en tan solo 18 meses en el Gobierno. Como tantas veces, el pragmatismo se impone a los sentimientos y tres euroescépticos de corazón como Cameron, el jefe del Foreign Office, William Hague, y el canciller del Exchequer, George Osborne, se han visto obligados en las últimas semanas a defender una mayor integración fiscal en la zona euro.

No es que se hayan vuelto europeístas: han comprendido que lo mejor para Gran Bretaña es estar dentro para intentar poner el freno sin dejar de disfrutar de la ventaja de ser socio. Algo incomprensible para los diputados tories que ayer defendieron con rabia y cierto fanatismo el referéndum apelando a la voluntad popular y presentando Europa como un diablo corrupto e ineficaz que traba el crecimiento denunciando la corrupción y la ineficacia de Europa. El diputado Nuttall llegó a afirmar que el referéndum es necesario porque muchos de los que votaron a favor de Europa en el referéndum de 1975 han muerto y eso significa que cada vez hay más gente que nunca ha votado a favor de Europa.

Aunque no intervino directamente en el debate, en su comparecencia anterior para dar cuenta de la cumbre europea de este fin de semana, Cameron se opuso a la convocatoria del referéndum con el argumento de que “es el momento de reformar la UE”, no de abandonarla, y quesería absurdo convocar un referéndum en plena crisis del euro. El primer ministro subrayó que nunca prometió un referéndum sobre Europa sino la convocatoria por ley de referendos para ratificar cualquier reforma de los tratados que implicara nuevas cesiones de soberanía. Su política sobre la UE pasa por repatriar poderes a los Estados-nación -es decir, debilitarla-, no por abandonarla, recordó.



Algunos antecedentes que precedieron a la rebelión… (¿Cameron o “camaleón”?)

La “culpa” es del empedrado (malditos europeos “spoilsport”…)

- Londres invoca la crisis del euro para legitimar el ajuste (El País - 24/5/10)

(Por Walter Oppenheimer - Londres)

La coalición de conservadores y liberal-demócratas que gobierna el Reino Unido desde hace menos de dos semanas ha anunciado un recorte presupuestario de 6.250 millones de libras (cerca de 7.300 millones de euros) para el actual ejercicio fiscal 2010-11. Aunque el Gobierno que encabeza David Cameron no hace así más que cumplir el más debatido compromiso electoral de los conservadores en la reciente campaña electoral, la legitimidad del recorte ha acabado apoyándose en la crisis desatada en la zona euro por la deuda pública de los países de la UE, que ha llevado a países como España, Grecia y Portugal a aprobar drásticos recortes de gasto público.

Aunque Gran Bretaña no forma parte del euro, es el país con el déficit público más elevado de la UE y el ajuste presupuestario ha de servir para prevenir que los mercados acaben cebándose en su deuda como lo han hecho con la zona euro. “Los países se están despertando ante los peligros de una crisis de deuda soberana y tomando medidas para vivir con sus propios medios”, ha subrayado el nuevo ministro del Tesoro, George Osborne, al presentar el recorte.

Al sentarme en aquella mesa de 27 ministros de Finanzas no podía dejar de ser consciente de que representaba al país con el mayor déficit de todos”, ha comentado al evocar sus dos primeras reuniones, la semana pasada, con sus colegas europeos. “Gran Bretaña es ahora una voz líder en Europa por la responsabilidad fiscal”, ha añadido.

Al coincidir con la crisis de la deuda soberana, el recorte presupuestario liderado por los conservadores ha permitido eludir el que hace unas semanas era el eje del argumento de los laboristas: el peligro de que lleve al país de nuevo a la recesión. El temor a una crisis de la deuda soberana ha permitido a los liberal-demócratas defender ahora unas medidas a las que se oponían durante la campaña y lo ha hecho también más digerible para la opinión pública.

El problema es que, como subrayaron tanto Osborne como su número dos en el Tesoro, el liberal-demócrata David Laws, estos son sólo “los primeros pasos” de un ajuste mucho más duro que empezará a trazarse en otoño, cuando el nuevo Gobierno presente sus prioridades de gasto público a tres años con la vista puesta en reducir el déficit (actualmente del 13%) y empezar a dominar la deuda pública.

Osborne y Laws han explicado cuanto deberá recortar el gasto cada departamento ministerial este año y a qué áreas de gasto afectará, pero no se sabe aún qué programas concretos serán afeitados. Han anunciado la congelación de hecho de la contratación de nuevos funcionarios, pero no han explicado cuántos perderán su empleo. El Instituto para Personal y Desarrollo estimó que serán unos 50.000 en este ejercicio presupuestario. Del ahorro final, 580 millones de euros serán reinvertidos en gasto público productivo.

Los detalles más sabrosos desde el punto de vista mediático son más simbólicos que reales. Por ejemplo, el Estado ahorrará 5,8 millones de euros al suprimir los coches oficiales asignados personalmente a los miembros del Gobierno (incluyendo lo que en España se conoce como secretarios de Estado), que a partir de ahora deberán compartir coche o utilizar transporte público cuando sea posible. La orden de prohibir a todos los funcionarios públicos viajar en primera clase permitirá recortar gastos por 11,6 millones de euros.

Más enjundia tienen los 700 millones de euros en que se ha de reducir el gasto de los llamados “quangos”, una suerte de organismos casi autónomos creados por el Gobierno para las tareas más insospechadas, desde el medio ambiente al desarrollo regional, el deporte, las artes o el control del funcionamiento de las prisiones. Aunque desde hace decenios los “quangos” están en el ojo del huracán de todos los ajustes presupuestarios, oficialmente hay todavía cerca de 800 y oficiosamente casi 1.200.

El Gobierno espera ahorrar 2.000 millones de euros retrasando, suspendiendo o renegociando contratos y proyectos ya firmados y otros 1.350 millones en consultoría y gastos de viaje. Las distintas medidas propuestas significan que los Gobiernos locales deberán reducir el gasto en 1.350 millones de euros, pero tendrán libertad para decidir cómo gastan un total de casi 2.000 millones de euros cuyo destino estaba hasta ahora previamente decidido por el Gobierno central.

También los Ejecutivos autónomos de Escocia, Irlanda del Norte y Gales se ven afectados por las reducciones (820 millones de euros) pero si lo desean podrán retrasar el ajuste al año que viene. Entre los recortes que pueden ser más polémicos están la supresión los llamados Child Trust Funds, unas cartillas de ahorro con dinero público para los recién nacidos (370 millones de euros).

Por departamentos ministeriales, los más afectados son los de Negocios (972 millones de euros), Comunidades y Gobierno Local (Empresas (1.126), Transporte (794), Educación (779) y Trabajo y Pensiones (772 millones).

Un sombrío panorama económico

- El déficit público. Se situó en el 11,5% del PIB en 2009. La Comisión Europea prevé que el déficit público alcance el 12% en 2010 (el Fondo Monetario Internacional lo sitúa en el 13%). Los tories prometieron durante la campaña adoptar en junio un ajuste fiscal para este año de 6.000 millones de libras, equivalente al 0,5% del PIB.

- El PIB. Retrocedió un 4,3% en 2009. El primer trimestre de 2010 marcó un avance del 0,2% con respecto al trimestre anterior, pero cayó tres décimas en comparación con el mismo trimestre de 2009.

- La deuda pública. Al cierre del año pasado se situó en el 68% del PIB. El FMI calcula que, a finales de 2010, podría escalar hasta el 81% del PIB por el coste de financiación que supone el elevado déficit público del país y el estancamiento de la economía.

- La tasa de paro. Se mantiene situada alrededor del 8% y se prevé que superará el 9% a finales de este año.

- El déficit exterior. Se situó en el 2% del PIB en 2009. Las previsiones apuntan a que permanecerá estable en 2010.



Aprovechando que el Sena pasa por Londres… (juntos pero no revueltos)

- La crisis del euro reaviva las tensiones sobre Europa en Reino Unido (El País - 29/9/11)

(Por Walter Oppenheimer - Londres)

La crisis del euro afecta a los británicos más de lo que parece. Desde el punto de vista económico la conexión es obvia porque, aunque la libra está fuera del euro, la economía británica está demasiado ligada a la europea como para no sentir en propias carnes los vaivenes de la eurozona, sin contar con el impacto que esos vaivenes tienen sobre la demanda mundial y la estabilidad de los mercados financieros internacionales.

Pero la crisis del euro también afecta políticamente porque ha despertado a ese longevo enfermo crónico de las islas: el debate sobre los límites y la profundidad del vínculo entre Gran Bretaña y la Unión Europea. Un debate especialmente delicado en un país gobernado en este momento por el más antieuropeo y el más proeuropeo de los grandes partidos: el Conservador y el de los liberales-demócratas.

Cada vez parece más claro que la zona euro está abocada a una de dos opciones: o romper el euro o profundizar los vínculos de Gobierno económico de los países que lo componen. Una mayor coordinación de las políticas económicas y fiscales que en la práctica significa una mayor integración política. Agua fría de la que huyen los escaldados euroescépticos.

Que la zona euro ha de intensificar sus vínculos fiscales es algo ya asumido por los conservadores británicos. Lo proclamaba hace apenas dos semanas el canciller del Exchequer y ministro del Tesoro, George Osborne, en unas jornadas económicas en Londres, horas antes de volar a Polonia para asistir a una reunión con sus homólogos europeos.

Gran Bretaña no está en el euro y yo y otros hemos luchado arduamente para mantenernos fuera”, se vanaglorió. Pero añadió de inmediato: “No nos deleitemos por sus problemas; no disfrutemos con las desgracias ajenas. El éxito del euro tiene una importancia capital para nosotros”. “Es crucial que nuestros colegas europeos acepten la lógica implacable de la unión monetaria de que una moneda única lleva a una mayor integración fiscal”, añadió.

Integración fiscal



El problema para los políticos británicos son las posibles consecuencias de esa mayor integración fiscal. Los conservadores jamás aceptarán que esa mayor integración fiscal les incluya a ellos. ¿Significa eso que el Gobierno británico acepta reforzar el modelo de una Europa con distintos grados de integración? Es ahí donde más peligro hay de una reapertura del debate europeísta en la política británica. Dos pesos pesados de la coalición parecen defender posiciones no exactamente gemelas.

En una entrevista publicada hoy en la revista política The Spectator, el jefe del Foreign Office y furibundo euroescéptico, William Hague, se vanagloria de que él tenía razón cuando en los años 90 denunció que el euro iba a ser un edificio en llamas sin salidas de emergencia. “Fue un disparate crear ese sistema y durante siglos va a ser citado como una especie de monumento histórico de disparate colectivo. Pero ahí está y tenemos que aceptarlo”, se explaya. A su juicio, la UE “tiene demasiado poder, no he cambiado de opinión desde que estoy en el Gobierno. De hecho, el estar en el Gobierno no ha hecho más que reforzar mi visión de que hay poderes que han de ser devueltos a este país”.

Una conclusión que no parece concordar con las reflexiones que la crisis suscita al líder de los liberales-demócratas y número dos del Gobierno, Nick Clegg. “Europa está claramente embarcada en un periodo de cambio. El peligro que afrontamos es que ese cambio nos lleve a la fragmentación. De que acabemos más divididos, dándonos la espalda unos a otros, tanto dentro de la Unión Europea como con nuestros socios que no son, o aún no son, miembros de ella”, ha advertido también hoy en un debate en Varsovia.

Clegg ha recordado que ya ahora hay distintos grados de integración y que no es ese el problema. “El problema es que la crisis económica profundice las líneas divisorias entre nuestras naciones y nos acabe enfrentando. Es muy posible que, durante un tiempo, los países de la zona euro se encierren en sí mismos. Está claro que para resolver sus actuales problemas sus miembros necesitan una mayor integración. Hay varias ideas al respecto, fundamentalmente en torno a una mayor integración fiscal para apoyar la unión monetaria. (…) Pero está claro que ningún cambio en las estructuras de Gobierno ha de llevar a una Europa más débil o dividida en la que los objetivos de los que están dentro del euro se opongan a los de los que están fuera”, ha advertido.

Referéndum

El renacimiento del debate sobre Europa en la política británica se ha plasmado en la fuerza que vuelven a tener los movimientos a favor de convocar un referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea. Una opción descartada de forma tajante por el primer ministro, David Cameron, en una reciente comparecencia en una comisión parlamentaria y también a preguntas de un diputado tory en el pleno de los Comunes.

Pero se percibe también en movimientos menos directos, como el puesto en marcha por diputados euroescépticos como George Eustice, que hace dos semanas reunió a 120 colegas del grupo parlamentario conservador para promover la repatriación de poderes de Bruselas a Londres. Algunos ven en debates como ese el germen de una aspiración más alta: repatriar todos los poderes delegados a Europa. Quizás la crisis del euro acabe siendo la primera piedra de esa carretera.

Cameron: con mi dinero “no” (el único cheque conformado es el “cheque verde”)

- Cameron dice que no habrá cheques en blanco para la Eurozona (BBCMundo - 5/10/11)

El primer ministro británico, David Cameron, señaló en el congreso anual del gobernante Partido Conservador que no dejará que Reino Unido sea arrastrado hacia el pago de interminables rescates de países de la Eurozona agobiados por las deudas.

Cameron indicó que la amenaza a la economía mundial es tan grave actualmente como lo fue durante los peores momentos de la crisis bancaria en 2008.



Agregó que los gobiernos tienen que reducir sus gastos y vivir dentro de sus posibilidades reales.

Cameron “mea” más lejos que Thatcher (“never ever”)

- Reino Unido no entrará en el euro mientras Cameron sea primer ministro (Gaceta.es - 5/10/11)

El primer ministro británico afirma que en esta “época de nerviosismo en la que los precios y las facturas suben, hay pérdida de empleo, recortes y cierres”, el Ejecutivo de coalición entre los conservadores y liberaldemócratas puede ayudar a los ciudadanos.

El primer ministro británico, David Cameron, prometió hoy ante el congreso del Partido Conservador en Manchester (norte de Inglaterra) que el Reino Unido no se unirá al euro mientras él esté al frente del Gobierno.

Cameron dijo además que el Reino Unido no se dejará “absorber” por los “interminables” rescates a países de la zona euro.

La economía centró hoy el esperado discurso de clausura del congreso anual del Partido Conservador, en el que el líder tory hizo una apuesta por el “liderazgo” para sacar al país del “desastre económico”, objetivo que, según Cameron, su Gobierno podrá acometer “a su manera y en sus propios términos”.

Cameron reconoció que la amenaza a la economía mundial y al Reino Unido es tan grave hoy “como lo era en 2008, cuando comenzó la recesión mundial con la zona euro en crisis, las economías de Francia y Alemania ralentizadas hasta un punto muerto e incluso con EEUU cuestionado por sus deudas”.

Señaló que en esta “época de nerviosismo en la que los precios y las facturas suben, hay pérdida de empleo, recortes y cierres”, el Ejecutivo de coalición entre los conservadores y liberaldemócratas puede ayudar a los ciudadanos.

Cameron alertó de que la crisis actual “no es una recesión normal”: “Nos encontramos en una crisis de deuda ocasionada por un excesivo endeudamiento de individuos, negocios, bancos y, sobre todo, gobiernos”, indicó.

Ante la gravedad de esta situación, el dirigente conservador dijo que la coalición de Gobierno cuenta con un plan “adecuado” para atajar la crisis.

El primer ministro consideró una ventaja no formar parte del euro, ya que el Reino Unido puede establecer a su manera la forma de mejorar la economía.

Déjenme decir esto: mientras yo sea primer ministro nunca nos uniremos al euro. Y tampoco dejaré que se nos absorba en los interminables rescates de países que están en el euro”, manifestó.

Fin del matrimonio de conveniencia (justo cuando la “teta” europea deja de dar leche)

- Uno de cada dos británicos apoyaría en un referéndum la salida de la Unión Europea (Intereconomia - 25/10/11)



La animadversión de los británicos hacia la Unión Europea ha aumentado en los últimos meses, hasta el punto de que uno de cada dos ciudadanos se posicionaría a favor de que Reino Unido se saliese del bloque comunitario en caso de que se celebrase un referéndum sobre esta cuestión.

Una encuesta de “The Guardian” muestra que el 70 por ciento de los ciudadanos reclama que se convoque esta consulta, mientras que un reducido 23 por ciento se opone. El sondeo, realizado en base a 1.003 entrevistas entre el 21 y el 23 de octubre, concluye que el 49 por ciento de los británicos apostaría por desmarcarse de la Unión Europea, frente al 40 por ciento que defiende la integración.

El euroescepticismo impera entre los simpatizantes del Partido Conservador del “premier” David Cameron. Un 71 por ciento de quienes se ha confesado votante “tory” reclama el referéndum y un 56 por ciento votaría por la salida de Reino Unido. En cuanto a los laboristas, un 65 por ciento quiere el plebiscito y un 44 por ciento no quiere formar parte de los Veintisiete.

En este escenario, son los seguidores del Partido Liberaldemócrata, integrado en la coalición de Gobierno, los más, pro europeos, ya que sólo un 38 por ciento quiere que Londres ponga fin a su integración comunitaria.

Por sexos, apenas hay diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a posicionamientos, pero por edades los porcentajes varían ampliamente. Así, mientras sólo un 28 por ciento de los votantes de entre 18 y 24 años votaría por una salida de la UE, el 63 por ciento de los mayores de 65 años sí se posicionaría en este sentido.

Los datos reflejan un euroescepticismo inédito en Reino Unido al menos en la última década. Una encuesta elaborada por la misma empresa, ICM, en mayo de 2001, recogía que el 68 por ciento estaba a favor de la permanencia en la Unión Europea y un 19 por ciento opinaba lo contrario.

El Maestro Ciruela (Cameron) “quiere enseñar y no tiene escuela” (se empeña en dar a todos lecciones sobre asuntos que conoce poco y mal)

- La prioridad de Europa es solucionar la crisis de deuda, dice Cameron (The Wall Street Journal - 25/10/11)

(Por Nicholas Winning)

El primer ministro británico, David Cameron, dijo el martes que la principal prioridad de Europa es solucionar la crisis de deuda de la eurozona, un día después de que numerosos parlamentarios de su partido se rebelaran en un debate sobre si celebrar un referéndum sobre la pertenencia de Reino Unido a la Unión Europea.

“Esto ha sido siempre un asunto difícil para mi partido, siempre lo será, pero lo importante es hacer lo correcto para el país y no sería adecuado para el país tener un gran referéndum en este momento”, dijo Cameron a la BBC.

Reiteró que el Reino Unido tiene la garantía de que habría un referéndum si se produce un trasvase de poder desde el Reino Unido a las instituciones europeas. En repetidas ocasiones ha dicho que el gobierno está comprometido con la UE pero que su intención es recuperar algunos poderes de Bruselas.

Sin embargo, el punto de atención real para Europa en este momento tiene que ser solucionar la crisis de la eurozona que está teniendo un efecto escalofriante en nuestra economía, esa es la prioridad número uno. La prioridad número dos es hacer avanzar a nuestra economía, conseguir crecer y eso significa hacer que el mercado funcione”, afirmó Cameron.

Interpretación” de las noticias… (el Reino Unido, ¿a favor de la separación?)



Un problema incómodo para Cameron (el dilema de David)

Cuando le eligieron líder del Partido Conservador, prometió a los suyos “recuperar los poderes que habían sido transferidos a Bruselas”. Cuando formó un gobierno de coalición con los Liberal Demócratas acordó “examinar el balance de las actuales competencias de la UE”. Ahora, David Cameron no puede cumplir ninguna de las dos promesas.

El asunto europeo siempre ha sido un hueso atragantado para los “tories”, un tema molesto y en el que sus líderes, sólo cuando no les quedaba más remedio, dejaban su firma en aquellos tratados a los que siempre miraron con especial atención la letra pequeña. John Major lo hizo con Maastricht aunque esta señalaba recientemente (octubre 2011) que todas las condiciones y guías que se habían establecido de forma sabia se ignoraron luego cuando se presentó el euro en 1999.

El Reino Unido siempre ha visto grietas en la construcción de la moneda única y jamás ha mostrado su deseo por unirse a ella. Ya lo había dejado claro Margaret Thatcher en los 80. Sus biógrafos explican que al haber negociado el Acta Única Europea en 1985 parecía como si en algún momento a partir de entonces se hubiera dado cuenta de lo que aquello significaba. Nunca se reconcilió con lo que había firmado y, por consiguiente, nunca modificó la furia con la que defendía lo que escogió para describir como verdades eternas británicas, que ningún europeo tendría la posibilidad de violar: en particular la soberanía parlamentaria y la libra esterlina.

Claro que por aquel entonces había otras prioridades. Ahora no es el caso. La cuestión europea ha acampado en el número 10 de Downing Street, de igual manera que los indignados lo han hecho a las puertas de la Catedral de San Paul, y Cameron se cruza con ella cada vez que entra o sale de casa. Es un “ocupa” desagradable que le recuerda cada día que tiene un problema. Lo que ocurre es que el “premier” está atado de pies y manos y no sabe ni cómo ni cuándo puede afrontarlo.

A sus filas les ha prometido una “reforma fundamental”, pero no ha explicado lo que eso significa, cómo va a hacerlo y sobre todo cuándo va a dar el paso. Y el tiempo apremia porque los “rebeldes” ya se están preparando para otra batalla.

La primera la ganaron el 25 de octubre (2011): 81 diputados conservadores desafiaron las órdenes del “premier” y votaron a favor de que se llevara a cabo un referéndum para preguntar a los británicos si querían permanecer en la UE, si querían retirarse o si querían valorar las condiciones de la permanencia. La moción no salió adelante por los votos en contra de los Laboristas y Liberal Demócratas, pero los insurgentes protagonizaron la mayor rebelión conservadora en Westminster desde 1986 y la más importante en la historia contra un “premier” en materia europea.

Significativo además es el hecho de que más de la mitad de los insurgentes había entrado en el Parlamento en las elecciones del año pasado. Si Cameron no hubiera impuesto castigo, mucho más diputados habrían apoyado a sus compañeros, entre otras cosas porque reconocen que es lo que la gente le pide en sus circunscripciones.

Está claro que Cameron tiene razones por las que preocuparse. Además, la guerra no ha hecho nada más que empezar. El grupo de “tories” rebeldes se ha reunido de nuevo para empezar a trabajar en un borrador que quieren presentar en julio del año que viene, para presentar la reforma que su líder promete pero no lleva a cabo. La cuestión de confianza en el líder determina ahora el presente de la formación.

En el pasado, en el Partido Conservador estaban, los pro-europeístas y los euroescépticos. Ahora simplemente la formación se divide entre los que creen en Cameron y los que no.

El panorama es más que nuevo para el de Eton. El “premier” es un hombre de éxito acostumbrado a conseguir todo y de forma rápida. El hecho ahora de que su liderazgo haya quedado en entredicho y que Sarkozy le mande callar en los debates que analizan el euro le sobrepasa. Nunca antes se había encontrado un escenario tan hostil. Siempre había sido todo lo contrario. Entró en los Comunes en 2001, cuatro años después se convirtió en el líder del partido y en 2010 ya tenía en su poder las llaves de Downing Street. Es normal que tenga fama de arrogante.

De hecho en los mentideros se dice que Cameron se rodea sólo de los llamados “Cameronistas”, igual que Blair sólo se rodeaba de los “Blaristas”. Aunque existe una gran diferencia. El que fuera líder laborista gozaba de gran popularidad y la victoria de 1997 la ratificó luego otras dos veces más con mayoría absoluta. Blair podía ignorar a su partido. Cameron no. El “tory” no puede olvidar que su mudanza al número 10 vino de la mano de los Liberal Demócratas, el partido más europeísta de Reino Unido. Nick Clegg no sólo quiere permanecer en Europa, quiere liderarla.

La solución para solventar sus diferencias podría pasar por romper la coalición y convocar elecciones generales anticipadas. Pero a ninguno de los dos les parece una opción atractiva. Los sondeos le dan a Clegg tan sólo el 10 por ciento de los votos y Cameron acaba de poner en marcha los recortes más draconianos desde la II Guerra Mundial para sacar al país de la crisis. Y he aquí la paradoja de la vida, el “premier” más euroescéptico que ha tenido Reino Unido está más atado que ningún otro con sus vínculos a Bruselas.


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