Para actuar con fidelidad a la voluntad de Dios, hay que ser capaz y hacerse cada vez más capaz



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LA FORMACIÓN EN ACCIÓN CATÓLICA I

Para actuar con fidelidad a la



voluntad de Dios, hay que ser capaz

y hacerse cada vez más capaz”. (ChL, 58)

En Acción Católica entendemos la formación no como una simple adquisición de saberes, sino como el logro progresivo de un modo de ser, de pensar, de sentir, de actuar y de vivir –tanto personal como comunitario- profundamente cristiano.


El objetivo central es suscitar, promover y alimentar la comunión con Jesucristo, no solo poner a la persona en contacto sino en comunión con Jesucristo, mediante el encuentro personal con Él.
Esta formación se dirige a lo racional, pero también a lo vivencial. Pone la raíz en la experiencia de la fe cristiana que ha de ir configurando la reflexión y la acción para que de un modo gradual y progresivo lleguemos a:

  • Conocer en profundidad el contenido de la fe cristiana y su implicación.

  • Descubrir la vocación a través de los Sacramentos.

  • Vivir como cristianos maduros y comprometidos.

La clave de la metodología de la formación de AC está en la manera de entenderla. Se trata de una formación que parte de la vida y conduce de nuevo a la vida, después de haber sido iluminada por la mirada amorosa de Dios. Asume en sí misma la espiritualidad y la misión. Cada persona es protagonista de su propio proceso.


La formación no es algo que se tiene como quien posee un objeto por precioso que éste sea, sino el desarrollo de lo que la persona puede llegar a ser. No es una acumulación de conocimientos que ni se viven ni se practican. Es un proceso que conduce al despliegue de todas las posibilidades de la persona.
En AC la formación se caracteriza por la pedagogía activa, la pedagogía de la acción y esto implica:

  1. Un estilo de acercarse y situarse frente a la realidad y un estilo de educar en la fe que supone atender a la realidad y partir de la vida.

  2. Una conciencia de que la evangelización de las personas constituye un proceso en el que es básico el respeto al ritmo de cada persona.

La metodología se concreta fundamentalmente en la Revisión de vida y la Encuesta Sistemática y AC se apoya en las dos. Las características del proceso formativo son:



  1. Es permanente, dura toda la vida.

  2. Es un continuo proceso de conversión a Jesucristo, conseguido mediante un cambio interior, una transformación profunda.

  3. Es gradual, se revisa cómo se va viviendo y creciendo en cada una de las dimensiones de la identidad cristiana.

  4. Es creciente, la fe crece a la vez que la persona.

Es un proceso de formación para la acción, con un ciclo constante de acción-reflexión- acción- evaluación - celebración.

La formación de sus miembros ha sido siempre una característica de la AC. Hasta el punto que Pablo VI decía: "Otro principio constitutivo de la Acción Católica es la formación de sus miembros. No tema, pues, la Acción Católica exagerar en este punto, porque ésta es su ley, ésta es su fuerza".

Juan Pablo II lo llama "compromiso". "El modo de realizar el fin general de la Iglesia exige igualmente una formación para vivir la comunión, la comunidad eclesial y, en concreto, en el marco de pertenencia a la Iglesia particular. El viejo empeño formativo de la Acción Católica se inserta con fuerza en el compromiso de formar para lo asociativo y comunitario".

De todo lo expuesto podemos concluir que en la Acción Católica la formación es un compromiso para alcanzar la unidad de vida y servir mejor al Evangelio.



    Josefina Mira Satorre

    Directora del Secretariado Diocesano de Acción Católica


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