Para muchos, Cervantes es simplemente el autor del



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OBRA


Miguel de Cervantes vive en los años de mayor fecundidad y plenitud de todos los géneros literarios. Nace en el Renacimiento, pero muere cuando las formas renacentistas ya habían evolucionado, apuntando al barroco, desde un humanismo universal y paganizante hacia un sentido nacional y católico. La producción de su obra se reparte entre los últimos tres lustros del s. XVI y los tres primeros del XVII. Esto le permite absorber y armonizar corrientes opuestas, fundiendo épocas que a la vez se contraponen y complementan. Así su gran obra, el Quijote , es una feliz síntesis de ideas, tendencias, géneros, sensibilidades, problemas y conceptos del mundo. Comparadas con Cervantes, las grandes creaciones de los Siglos de Oro parecen limitadas o fragmentarias: la novela picaresca está limitada por un marco cerradamente realista, la sentimental novela pastoril ignora las asperezas de la realidad, la quimera caballeresca ignora lo cotidiano, la sátira inconformista niega el perdón de las miserias y debilidades. Sólo Cervantes reúne todos estos aspectos armonizando lo cotidiano y lo quimérico.

Cultivó Cervantes los tres grandes géneros literarios (poesía, teatro y novela) con el mismo empeño, aunque con resultados bien distintos. La historia literaria ha respetado siempre la evaluación adelantada por sus contemporáneos: fue menospreciado como poeta, cuestionado como dramaturgo y admirado como novelista.

Para muchos, Cervantes es simplemente el autor del Quijote . Piensan que conociendo únicamente el resto de su obra sólo cabría reseñar el breve Rinconete y Cortadillo , el Coloquio de los perros y, quizá, El licenciado Vidriera , pero no podría imaginarse que junto esta obra figurara una novela con un tema y una calidad como la del Quijote . Y, sin embargo, hay que señalar que aunque el Quijote tuvo desde su primera edición un gran éxito de público, Cervantes no llegó a ser reconocido en vida como un gran literato por la crítica, es decir, por la opinión de los escritores establecidos. Esto explica que siguiera hasta el final de su vida obstinado en ser un escritor de calidad y prestigio, con escritos elaborados conforme a los cánones vigentes.

OBRA: Poesía


Cervantes centró sus primeros afanes literarios en la poesía y el teatro, géneros que nunca abandonaría aunque sintió siempre cierta frustración por no llegar a ser ni poeta ni dramaturgo de fama (la novela, género cervantino por excelencia, era considerada un género inferior y carecía entonces del prestigio de los géneros clásicos: la poesía y el teatro). La valoración de sus textos líricos se ha visto perjudicada por su publicación dispersa en otras obras, por la celebridad alcanzada por el autor en la novela e incluso por su propia confesión en este famoso terceto del Viaje del Parnaso : “Yo, que siempre trabajo y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo” . Aunque en otras ocasiones se enorgullece de sus versos, en su tiempo no logró ser aceptado como poeta.

Poeta docto y empapado de tradición clásica e italiana (aunque no siempre cuenta con la inspiración necesaria), su obra poética está integrada por numerosas composiciones sueltas, normalmente de circunstancias (conmemorativas, fúnebres, laudatorias o satírico-burlescas), aunque también escribió dos poemas mayores: “Canto de Calíope” (incluido en La Galatea) y Viaje del Parnaso , el único poema narrativo extenso de Cervantes. Se han perdido casi todos los versos que no estaban incluidos en sus novelas o en sus obras teatrales.

Al igual que otros grandes poetas como Lope de Vega, Luis de Góngora o Francisco Quevedo, Cervantes participa en la rehabilitación de los romances que se produce hacia 1580 y que dio origen al “Romancero nuevo”, así llamado frente al “Romancero viejo” tradicional del siglo XV, el cual era anónimo. Firmados por sus autores, estos romances desarrollan nuevos temas, y el público los adopta como canciones de moda. Cervantes confiesa haber compuesto “romances infinitos”, pero, por desgracia, sólo conocemos unos veinte, que lo acreditan como poeta de cualidades no vulgares, empapado de la tradición clásica e italiana.

Viaje del Parnaso (1614)

Extenso poema, en tercetos encadenados, donde el autor enjuicia a un largo catálogo de poetas españoles, satirizando a los menos y elogiando a los más de manera convencional y ceremoniosa. El interés del poema está en algún resquicio ocasional de experiencia propia o en algún desahogo expresivo.

Hecho, como declara el autor, a imagen y semejanza del “Viaggio di Parnaso" (1578), un más breve poema de Cesare Caporali di Perugia, se inscribe en la tradición satírico-alegórica menipea, de ascendiente clásico, medieval y erasmista. Narra autobiográficamente, en ocho capítulos, un viaje fantástico al monte Parnaso, a bordo de una galera capitaneada por Mercurio, emprendido por muchos poetas buenos con el fin de defenderlo contra los poetastros. Reunidos allí con Apolo, salen victoriosos de la batalla y el protagonista regresa mágicamente a su morada. La aventura se completa con la "Adjunta al Parnaso", donde Pancracio de Roncesvalles entrega a Miguel dos cartas de Apolo con las que se cierra el apéndice.

TITULOS:


- Poesías sueltas . Sonetos, canciones, églogas, romances, letrillas y otros poemas menores dispersos o incluidos en sus comedias y en sus novelas.

- Viaje del Parnaso . Extensa poesía en la que elogia y en ocasiones critica la poesía y a los poetas de la época.


OBRA: Teatro


La segunda mitad del siglo XVI fue el período de más auge para el teatro español. Se forman compañías, se crean corrales y los autores buscan fórmulas con que contentar a un público cada vez más numeroso, algo que resolvería Lope de Vega de forma definitiva. Cervantes, con una concepción clásica del teatro, tuvo que soportar el triunfo arrollador de Lope en la renovación de la escena española con su Arte nuevo de hacer comedias.

Miguel de Cervantes se sintió atraído desde joven por el teatro al igual que por la poesía, cultivando el género con asiduidad y empeño vocacional. Desde sus inicios literarios, tras volver del cautiverio, hasta sus últimos años, se dedica a escribir teatro: la cronología de sus piezas abarca desde comienzos de los 80 hasta 1615, dejando escasos períodos inactivos. Pero aunque su obra dramática es menos discutida que su poesía, tampoco logró tener una resonancia popular proporcionada a sus méritos (siempre ahogada también por el renombre de sus novelas). Hay que señalar, de todos modos, que al regreso del cautiverio llegó a estrenar con éxito varias comedias. La opinión de los estudiosos, por su parte, conviene generalmente en atribuirle un alto lugar: hasta la aparición de Lope es evidente que ningún escritor de teatro español puede, en conjunto, compararse con Cervantes.

De la primera época (1580-1587), anterior al triunfo de Lope de Vega y respetuosa todavía con las normas del dominante clasicismo, está representada por dos piezas sueltas, las tragedias Los tratos de Argel y La Numancia. A la segunda época pertenecen las Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados (1615). En el prólogo a esta obra dice haber compuesto, por la década de 1580, “veinte comedias o treinta, que todas se recitaron sin que se les ofreciese ofrenda de pepinos no de otra cosa arrojadiza”. En distintos lugares menciona algunos títulos de estas obras primitivas: La confusa, La Jerusalén, La amaranta, La Numancia, Los tratos de Argel, etc., en su mayoría probablemente rehechas para la publicación de 1615. Sin embargo, de todas ellas sólo nos son conocidas dos: en manuscritos se han conservado La Numancia y Los tratos de Argel. En fechas recientes ha aparecido La Jerusalén. Entre piezas sueltas, comedias y entremeses se conservan menos de veinte piezas, producción considerable en sí misma, pero que, como vemos, debió de ser mucho mayor.

 

Comedias


Además de las llamadas “comedias de cautivos” (Los tratos de Argel, El gallardo español, La gran sultana y Los baños de Argel ), Cervantes cultivó los tipos de comedia ya en boga en la “segunda época” de su obra. Son comedias de intriga La casa de los celos y selvas de Ardenia y El laberinto de amor; de capa y espada, La entretenida; “de santos”, El rufián dichoso; mientras que Pedro de Urdemalas se trata en realidad del mundo de la novela picaresca llevado a la escena. Son estas dos últimas, probablemente, las dos mejores comedias de Cervantes.

 

Tragedias


La obra dramática más famosa de Cervantes es la tragedia La Numancia, el intento más alto de crear en español una tragedia calcada todo lo cerca posible sobre los moldes clásicos. Compuesta hacia 1585, en ella se dramatiza el cerco que lleva a cabo el romano Escipión para la toma de la ciudad celtíbera, así como la defensa heroica de sus habitantes, que deciden matarse entre sí y suicidarse. Es obra de protagonistas colectivos y ejemplar en el sentido de presentar a sitiadores y sitiados como modelos de comportamiento militar. Hay que señalar que las comedias de cerco estaban de moda en aquellos años.

 

Entremeses


Los entremeses (piezas de un sólo acto de carácter cómico y popular procedentes de los pasos de Lope de Rueda ) escritos por Cervantes son excelentes. Los aborda en absoluta libertad, tanto formal como ideológica, desplegando por entero su genialidad creativa para ofrecernos auténticas joyitas escénicas, cuya calidad artística nadie les ha regateado. Logra ocho “juguetes cómicos”, protagonizados por los tipos ridículos de siempre (bobos, rufianes, vizcaínos, estudiantes, soldados, vejetes, etc.) y basados en las situaciones convencionales, pero enriquecidos y dignificados con lo más fino de su genio creativo (ironía, vida-literatura, apariencia-realidad...), de modo que salen potenciados hasta alcanzar cotas magistrales de trascendencia ilimitada. Entre burlas y veras, con la permisividad inherente al cuadro bufo, el manco de Lepanto no deja de poner en solfa los más sólidos prejuicios de la mentalidad áurea.

Entre los entremeses destacan La elección de los alcaldes de Daganzo y, sobre todo, El Retablo de las maravillas . Éste se alza como la pieza maestra de la serie por su interés tanto estético como ideológico: un puntal de la sociedad barroca, la pureza de sangre (la condición de cristiano viejo), se echa por tierra cuando de ella depende la contemplación de un fantástico retablo, fabricado por el sabio Tontonelo, donde no hay más espectáculo que el representado por los espectadores, víctimas estúpidas de sus prejuicios.

 

TITULOS


- Los tratos de Argel . Su más antigua pieza, es una tragicomedia de cautivos ambientada en un trasfondo histórico y costumbrista. De cuño autobiográfico, se anima con una doble intriga amorosa.

- La Numancia . Esta tragedia es acaso la mejor del género por aquellos años. En ella las fuentes históricas sobre el cerco se adoban con motivos literarios).

- Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados . Modelos del género por su sabor costumbrista y retrato admirable de las clases populares de la época.

 

Son las comedias:



- El gallardo español . Recoge recuerdos autobiográficos del cautiverio de Cervantes, sobre los que trenza noticias tomadas de la tradición heroica cristiano-morisca que proporcionan un acusado matiz caballeresco.

- La gran Sultana doña Catalina de Oviedo. Basada en un posible suceso histórico: los amores de un sultán con una cristiana presa que lo conquistó con su hermosura y llegó a ser su esposa.

- Los baños de Argel. Es la mejor de sus “comedia de cautivos”. La acción, variada y rápida, está desenvuelta con gran pericia y teñida de episodios de hondo dramatismo que se resuelven con la feliz liberación de las dos parejas protagonistas.

- La casa de los celos y selvas de Ardenia. La presencia de “figuras morales”, entre otros rasgos, hace pensar que se trata de un texto refundido de una comedia de la “primera época”, quizá El bosque amoroso .

- El laberinto de amo . También puede tratarse de una refundición de una pieza anterior: La confusa . Concede gran importancia a la parte espectacular.

- La entretenida. Aunque elaborada según el molde lopesco (cuyos rasgos parece parodiar), se separa de él al no aceptar el inevitable convencionalismo del final feliz, de modo que los esperados casamientos de los protagonistas no se realizan.

- El rufián dichoso. Dramatiza la historia real del sevillano Cristóbal de Lugo, que después de una vida de jaque y de tahúr se entrega a la penitencia y sacrificio hasta morir santamente en Méjico.

- Pedro de Urdemalas. Es por su tono como una ampliación del principio de El rufián dichoso . Tiene una trama parecida a La Gitanilla : un pícaro que conoció todos los oficios se va a vivir con un grupo de gitanos por amor a una joven.

 

Son los entremeses:



- La elección de los alcaldes de Daganzo. Cervantes se sirve del tipo de alcalde de pueblo, muy frecuente en el género, que también aflora en los episodios en que Sancho es gobernador de la Ínsula Barataria.

- Retablo de las maravillas. Utiliza el cuento de los embaucadores que presentan un objeto que sólo pueden ver los escogidos, en este caso, los cristianos viejos.

- El juez de los divorcios. Varios matrimonios se presentan ante un juez alegando las causas de su petición de divorcio.

- El rufián viudo. Trata con ironía y en tono cómico la muerte de la esposa de un personaje del hampa. Se cierra con la elección de una nueva esposa y un baile final.

- El viejo celoso. Cervantes acude a la tradición de las novelas italianas o cuentos folclóricos para presentar con gran libertad moral un caso de marido engañado.

- La cueva de Salamanca. Nuevamente acude a la tradición de las novelas italianas o cuentos folclóricos para presentar con gran libertad moral un caso de marido engañado.

- La guarda cuidadosa. Cervantes se acoge a la antiquísima disputa de las armas y letras, aquí un soldado y un ayudante de sacristán que pretenden a una criada.

- El vizcaíno fingido. La acción se centra en un timo de joyas que un caballero, que se finge vizcaíno, hace a una dama.



OBRA: Narrativa


El ingenioso literato don Miguel de Cervantes está considerado por todos como el creador de la novela moderna. En este campo logró cuajar sus títulos más grandiosos, bajo los cuales quedó ensombrecida su obra dramática y poética. Formado literariamente en la segunda mitad del siglo XVI, en pleno auge del Humanismo, cultivó los géneros narrativos vigentes entonces (novela pastoril, bizantina, sentimental, picaresca y morisca) con indudable genio creativo, abriendo caminos nuevos en terrenos conocidos y que, en general, parecían ya agotados. Renovó el género porque la novela se entendía por entonces a la italiana, como relato breve, y no estaba contemplada teóricamente en las retóricas.

La fórmula novelesca empleada hay que ir a buscarla a sus propias obras, y no pasa de unas cuantas claves que han sido inteligentemente sistematizadas por Riley: verismo poético de los hechos, admiración de los casos, verosimilitud de los planteamientos, ejemplaridad moral, decoro lingüístico, etc. Son los mismos principios, por otro lado, que rigen en el resto de sus creaciones, siempre situadas en esa franja mágica que queda a caballo entre la vida y la literatura, la verdad y la ficción, la moral y la libertad.

Su primera novela fue La Galatea (1685), de género pastoril. Veinte años más tarde (años de amargas experiencias de funcionario y de cárcel en Sevilla), en 1605, publica la primera parte de Don Quijote de la Mancha , con la que consigue un éxito notable, siendo ya definitiva su fama cuando, en 1613, reúne un volumen bajo el título de Novelas Ejemplares , que suelen dividirse en dos grupos: las de corte idealista y las que reflejan la realidad inmediata, de entre las cuales sobresalen: Rinconete y Cortadillo , El licenciado Vidriera y El coloquio de los perros . En 1615 aparece la Segunda parte del Quijote , y, ya en 1617, Los Trabajos de Persiles y Sigismunda , una novela bizantina donde se narran las peregrinaciones y aventuras extrañas de dos enamorados jóvenes por tierras más o menos imaginarias, que acaban con un feliz reencuentro. Se la considera síntesis de toda la obra del autor.

 

La Galatea (1585)

En la prosa narrativa Cervantes empezó escribiendo una novela pastoril (una “égloga en prosa”, como definía el genero su autor) que fue su primer libro publicado, con el título de Primera parte de La Galatea . Como en otras novelas de su género (novela pastoril al estilo de La Diana, de Jorge de Montemayor), los personajes son pastores idealizados que cuentan sus penas amorosas y expresan sus sentimientos en una naturaleza idílica de verdes prados y aguas cristalinas (locus amoenus). La Galatea revela que el autor no ha encontrado aún su camino como novelista. El propio autor definió las novelas pastoriles como “cosas soñadas y bien escritas, para entretenimiento de los ociosos y no verdad alguna” .

La Galatea se compone de seis libros en los cuales se desarrollan una historia principal y cuatro secundarias que se inician al amanecer y se cierran al ponerse el Sol (como en las églogas tradicionales). Contiene ingredientes diversos de acuerdo con el género: una narración amorosa; disquisiciones teóricas sobre esta pasión, una extensa antología poética, discusiones teóricas sobre poesía, crítica literaria... La acción principal refiere los amores de los pastores Elicio y Galatea, a la cual su padre quiere casar con el rico Erastro. Las acciones secundarias añaden otros tantos episodios amorosos protagonizados también por pastores.

Lo más importante reside en que ya en esta primera novela Cervantes aparece como un escritor renovador, y un maduro narrador de casos amorosos (algo evidente en la primera parte del Quijote ). Acepta las convenciones del género pastoril, pero a veces rompe el patrón idílico en las relaciones entre los pastores y en la geografía, convencional y real a un tiempo, del río Tajo. Lo más innovador es la integración de cuatro historias secundarias que acaban confluyendo en la acción principal y dejan abierta la posibilidad de una continuación. Esta segunda parte prometida fue a menudo recordada por Cervantes, hasta en la dedicatoria del Persiles (redactada en su lecho de muerte) pero no se publicó nunca.



Novelas ejemplares (1613)

Entre 1590 y 1612 Cervantes fue escribiendo una serie de novelas cortas que, después del reconocimiento obtenido con la primera parte del Quijote en 1605, acabaría reuniendo en 1613 en la colección de las Novelas ejemplares (en un principio se titulaban Novelas ejemplares de honestísimo entretenimiento ). Teniendo en cuenta las dos versiones conservadas de Rinconete y Cortadillo y de El celoso extremeño , se cree que Cervantes introdujo en ellas algunas variaciones encaminadas a la ejemplaridad social, moral y estética de estas novelas o narraciones cortas (de ahí el nombre de “ejemplares”), y después las ordenó de acuerdo con un criterio artístico que obedece a la visión orgánica del conjunto. Pero el Cervantes que las agrupa, retoca y completa, cuatro años antes de su muerte, es ya el autor del Quijote. Seguro de su talla como prosista de creación, despliega en ellos un muestreo novelesco de lo más variopinto que nos ofrece -no sin alardes- con aires de primicia desde su prólogo:

“Yo soy el primero que he novelado en lengua castellana, que las muchas novelas que en ella andan impresas todas son traducidas de lenguas estranjeras, y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró, y las parió mi pluma”.

En efecto, así fue, pues en la literatura española no había entonces tradición de novela corta: las que circulaban eran adaptaciones o traducciones de los novellieri italianos. Cervantes españolizó el género y lo ennobleció, creando la novela corta en la literatura castellana. Las diferencias entre la novela larga y la corta en Cervantes radican en las disgresiones y escenas de relleno de la primera y la supresión de todo lo superficial en la segunda. Los factores en los que reside la originalidad son: finalidad ética frente a la procacidad de Bocaccio, equilibrio entre seriedad y comicidad, estudio psicológico de los personajes, busca divertir y enseñar, presta importancia al diálogo y se da una aproximación al drama.

Puede distinguirse un primer grupo de novelas, llamadas de lances de amor y de fortuna, más próximas a la técnica italiana, caracterizadas por su idealismo, intriga compleja e inverosímil y aparición de personajes de la nobleza. Aquí estarían incluidas El amante liberal , Las dos doncellas , La española inglesa , La señora Cornelia y La fuerza de la sangre . Un segundo grupo de novelas, típicamente cervantinas, se caracteriza por su realismo, intriga verosímil, ambientes humildes, lenguaje familiar y mayor sentido del humor. Incluiría las novelas de cuadros satíricos de costumbres, como El casamiento engañoso , El celoso extremeño , Rinconete y Cortadillo y El coloquio de los perros , y las de proverbios en forma de novela, en donde se situaría El licenciado Vidriera . En un lugar intermedio entre ambos grupos, pero más próximas al primero, estarían La gitanilla y La ilustre fregona .

 

Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1517)



Esta obra bien pudiera ser empresa novelesca iniciada por Cervantes en la última década del XVI, pero es publicada póstumamente porque no cierra la novela hasta que está en el lecho de muerte. De hecho ya no tiene tiempo para hacer las últimas correcciones en un texto no del todo acabado (se puso a escribir el prólogo tres días antes de morir). Viejo y cansado de tanta experiencia amarga, Cervantes lo sublima todo refugiándose en el mundo fantástico inventado por él. No obstante, se sabe y autoestima como el primer novelista de su tiempo: ahora, sin duda, pretende desquitarse de la fama de novelista “cómico” que le había deparado el carácter risible del Quijote y se adentra en el “género bizantino” dispuesto a colmarlo de gravedad y trascendencia. Renueva sus técnicas con el fin de superar el género y crear una gran epopeya cristiana en prosa. De este modo, Cervantes ocupó hasta sus últimos días la vanguardia narrativa de su tiempo, acercando la novela a la poesía, a la vez que con esta idealizada novela de aventuras construye una hermosa ficción llena de modernidad y cosmopolitismo.

Es este un “romance” nítidamente cristiano, tridentino, basado en la figura central del peregrino que se purifica moralmente en su continuo deambular viajero; precisamente el modelo más próximo a la “novela ideal”. El resultado es la azarosa peregrinación llevada a cabo por Persiles y Sigismunda: dos príncipes nórdicos enamorados que, haciéndose pasar por hermanos bajo los nombres de Periandro y Auristela, emprenden un viaje desde el norte de Europa hasta Roma con el fin de perfeccionar su fe cristiana antes de contraer matrimonio. Como era de esperar, el viaje se enriquece con la diversidad de lugares recorridos, desde la geografía nórdica de la mítica isla Bárbara, Islandia, Noruega, Irlanda y Dinamarca, hasta las tierras ya conocidas de Portugal, España, Francia e Italia. El recorrido está entretejido de multitud de “trabajos” (arriesgadas navegaciones, naufragios, piraterías, desafíos, batallas, raptos, fugas, cautiverios, traiciones, accidentes, separaciones, reencuentros y aventuras de toda índole), enriquecidos y complicados hasta el delirio por la aparición de los personajes secundarios que van apareciendo en el trayecto (Policarpo, Sinforosa, Arnaldo, Clodio, Rosamunda, Antonio, Ricla, Mauricio, Soldino, etc.), por la interpolación de historias particulares en la peripecia de los amantes protagonistas y por las jugosas descripciones de los escenarios geográficos, particularmente de los nórdicos.

No obstante, el Persiles , tal vez el libro más querido de la fantasía de Cervantes, está perfectamente unificado tanto estructural como semánticamente. Por una parte, el viaje responde a un itinerario bien preciso que arranca de la Isla Bárbara y termina en Roma, pasando por Irlanda, Portugal y España; se nos ofrece distribuido en cuatro libros, claramente agrupables en dos grandes bloques, con la llegada a Lisboa como eje central: primero, las andanzas por los países nórdicos (I y II); después, las correrías por el centro (III y IV).

Por otra, el recorrido que conduce a los personajes desde la Isla Bárbara hasta Roma no es sólo geográfico, sino que está concebido simbólicamente como peregrinación purificadora, en lo humano y en lo amoroso, que pasa por distintos eslabones en la cadena del ser: desde el barbarismo salvaje de los nórdicos, hasta el pontífice romano; desde la lujuria brutal, hasta el matrimonio cristiano. En definitiva, todo se integra literariamente en un “camino de perfección” que no puede terminar sino en Dios.

 

TITULOS


- La Galatea. En esta primera obra imprime la huella de su formación renacentista. Se trata de una novela bucólica cuyos protagonistas, pastores idealizados, expresan sus sentimientos amorosos en una naturaleza armónica e irreal.

- Novelas ejemplares. Colección de doce narraciones cortas al estilo de las que escribían en Italia, en las que mantiene el ideal clásico del “enseñar deleitando”.

Son sus títulos:

- La gitanilla . Fantasía poética creada en torno a la figura de Preciosa y su relación con un joven capaz de renunciar a su alcurnia por amor. Al final, se descubre que ella también es de alto linaje, pero había sido raptada por una gitana al poco de nacer.

- El amante liberal . Novela bizantina de cautivos, amor y aventuras con final feliz gracias a la generosidad del protagonista, capaz de entregar su fortuna para liberar a su amada, enamorada, además, de un amigo suyo.

- Rinconete y Cortadillo . Historia de dos muchachos que viven haciendo trampas y engaños, e ingresan en un grupo de hampones que viven de la estafa, presididos por atemorizador Monipodio, cuyas riñas, trampas y diversiones presencian.

- La española inglesa . Narra el proceso amoroso entre una joven española que había sido raptada por los ingleses en el sitio de Cádiz y el hijo de sus padres adoptivos, católicos ocultos. Al final la joven vuelve con sus padres y los jóvenes amantes se reúnen.

- El licenciado Vidriera . Narra las extrañas peripecias de un estudiante, Tomás Rodaja, que, tras servir como soldado en Italia, regresa a proseguir sus estudios en Salamanca y enloquece creyéndose de vidrio, aunque conserva una extraña lucidez e ingenio.



- La fuerza de la sangre . Cuenta la violación de Leocadia por un joven de la nobleza toledana y cómo, pasado el tiempo y después de haber tenido un hijo fruto de esa situación, la joven termina casándose con el violador.

- El celoso extremeño. Desarrolla el desengaño de un viejo indiano que se casa con una joven de catorce años. Pese a que intenta guardarla en su casa-prisión por todos los medios, acaba siendo seducida por un muchacho.

- La ilustre fregona. Relata el proceso amoroso entre un joven noble y una bella fregona, la supuesta hija de un mesonero toledano, que es, en realidad, de noble cuna. De nuevo Cervantes se deja llevar aquí por su vena optimista, idealizadora y romántica.

- Las dos doncellas. Narra las aventuras de dos jóvenes que, bajo disfraz varonil (recurso muy utilizado en las novelas y el teatro de la época), van tras sus amores hasta que consiguen contraer matrimonio con ellos.

- La señora Cornelia. Cuenta las peripecias de dos nobles vizcaínos en Italia al hacerse cargo de una joven madre soltera. Ésta acaba casándose son su amado, que resulta ser el duque de Milán.

- El casamiento engañoso. Relata cómo un alférez pobre, que intenta engañar a una dama aparentemente rica, acaba abandonado por ella después de haber sido contagiado de sífilis. Desde la cama del hospital oye hablar a dos perros...

- El coloquio de los perros. Engastada dentro de la anterior novela, es la transcripción que el alférez hace de la conversación entre dos perros que, dotados de habla, cuentan los engaños y trapacerías que cometen los amos a quienes han servido.

- Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Novela bizantina que mezcla realismo e idealismo y cuenta las aventuras de dos enamorados que, tras un largo y accidentado viaje por varios países, llegan a Roma, donde se casan (los trabajos a que se refiere el título son los naufragios, peligros, secuestros, etc., por los que pasan los protagonistas).






- El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1ª parte). Obra cumbre en la que sus acciones, personajes, temas y conductas ha logrado la fama en todo el mundo. Es un libro claro, espontáneo, natural, lleno de aventuras y sucesos, divertido y profundo, capaz de hacernos reír, reflexionar sobre la condición humana y comprender la realidad de la sociedad española a un mismo tiempo. Recoge las dos primeras salidas de don Quijote.

- El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (2ª parte). Los personajes adquieren mayor entidad, más riqueza en su psiquismo y en sus conductas. Ahora don Quijote no es sólo un personaje cómico y burlesco, sufriendo un progresivo desengaño. Con el desengaño, vuelve la cordura y con ésta la muerte. También Sancho se transforma, teniendo que reanimar el espíritu y la fe de su amo a medida que éste se va desengañando. Recoge la tercera salida de don Quijote.

Orígenes del Quijote


Es posible que Cervantes empezara a escribir el Quijote en alguno de sus periodos carcelarios a finales del siglo XVI. Sin embargo, casi nada se sabe con certeza. En el verano de 1604 estaba terminada la primera parte, que apareció publicada a comienzos de 1605 con el título de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha . El éxito fue inmediato. En 1614 aparecía en Tarragona la continuación apócrifa escrita por alguien oculto en el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda, quien acumuló en el prólogo insultos contra Cervantes. Por entonces éste llevaba muy avanzada la segunda parte de su inmortal novela. La terminó muy pronto, acuciado por el robo literario y por las injurias recibidas. Por ello, a partir del capítulo 59, no perdió ocasión de ridiculizar al falso Quijote y de asegurar la autenticidad de los verdaderos don Quijote y Sancho. Esta segunda parte apareció en 1615 con el título de El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha . En 1617 las dos partes se publicaron juntas en Barcelona. Y desde entonces el Quijote se convirtió en uno de los libros más editados del mundo y, con el tiempo, traducido a todas las lenguas con tradición literaria.

Algunos cervantistas han defendido la tesis de que Cervantes se propuso inicialmente escribir una novela corta del tipo de las “ejemplares”. Esta idea se basa en la unidad de los seis primeros capítulos, en los que se lleva a cabo la primera salida de don Quijote, su regreso a casa descalabrado y el escrutinio de su biblioteca por el cura y el barbero. Otra razón es la estrecha relación sintáctica entre el comienzo de cada uno de estos capítulos y el final del anterior. Y también apoya esta tesis la semejanza entre los seis primeros capítulos y el anónimo “Entremés de los romances”, donde el labrador Bartolo, enloquecido por la lectura de romances, abandona su casa para imitar a los héroes del romancero, defiende a una pastora y resulta apaleado por el zagal que la pretendía, y cuando es hallado por su familia imagina que lo socorre el marqués de Mantua. Pero la tesis de la novelita ejemplar es rechazada por otros estudiosos que consideran que Cervantes concibió desde el principio una novela extensa. Éstos argumentan que la unidad de la primera salida de don Quijote —sin Sancho Panza, para que no pueda presenciar la grotesca ceremonia en que su amo es armado caballero— adelanta la composición circular que se repite, ampliada, en las otras dos salidas; la semejanza con el entremés de los romances puede ser una manifestación más de la presencia constante del romancero en el Quijote , y las relaciones sintácticas entre final y comienzo de capítulo no son exclusivas de la primera salida.




Propósitos de Cervantes con El Quijote


Lo que sí resulta seguro es que Cervantes escribió un libro divertido, rebosante de comicidad y humor, con el ideal clásico del instruir deleitando. Cervantes afirmó varias veces que su primera intención era mostrar a los lectores de la época los disparates de las novelas de caballerías. En efecto, el Quijote ofrece una parodia de las disparatadas invenciones de tales obras. Pero significa mucho más que una invectiva contra los libros de caballerías.

Por la riqueza y complejidad de su contenido y de su estructura y técnica narrativa, la más grande novela de todos los tiempos admite muchos niveles de lectura, e interpretaciones tan diversas como considerarla una obra de humor, una burla del idealismo humano, una destilación de amarga ironía, un canto a la libertad o muchas más. También constituye una asombrosa lección de teoría y práctica literarias. Porque, con frecuencia, se discute sobre libros existentes y acerca de cómo escribir otros futuros, ya desde la primera parte: escrutinio de la biblioteca de don Quijote, lectura de El curioso impertinente en la venta de Juan Palomeque y disputa sobre libros de caballerías y de historia, revisión crítica de la novela y el teatro de la época en la conversación entre el cura y el canónigo toledano. En la segunda parte de la novela algunos personajes han leído ya la primera y hacen la crítica de la misma. La primera parte será así el punto de referencia de las discusiones sobre teoría literaria incluidas en la segunda. Teoría y ficción se integran con perfecta armonía en el coloquio entre Sansón Carrasco, don Quijote y Sancho, en episodios como la cueva de Montesinos y el retablo de Maese Pedro; y la teoría se ilustra con la práctica en las narraciones intercaladas en el relato principal, las cuales constituyen otras tantas formas de novelar representativas de los géneros narrativos anteriores a Cervantes.

Entre otras aportaciones más, el Quijote ofrece asimismo un panorama de la sociedad española en su transición de los siglos XVI al XVII, con personajes de todas las clases sociales, representación de las más variadas profesiones y oficios, muestras de costumbres y creencias populares. Sus dos personajes centrales, don Quijote y Sancho, constituyen una síntesis poética del ser humano. Sancho representa el apego a los valores materiales, mientras que don Quijote ejemplifica la entrega a la defensa de un ideal libremente asumido. Mas no son dos figuras contrarias, sino complementarias, que muestran la complejidad de la persona, materialista e idealista a la vez.



Personalidad de don Quijote


Muchos episodios del Quijote ejemplifican otros tantos casos de amor. El de don Quijote representa una concepción del amor caballeresco sustentada en la tradición del amor cortés. Por eso, antes de cada aventura, don Quijote invoca siempre a su amada Dulcinea y pide su amparo, porque ella es su señora y por ella se fortalecen las virtudes del caballero.

Don Quijote es también un modelo de aspiración a un ideal ético y estético de vida. Se hace caballero andante para defender la justicia en el mundo y desde el principio aspira a ser personaje literario. En suma, quiere hacer el bien y vivir la vida como una obra de arte. Se propone acometer “todo aquello que pueda hacer perfecto y famoso a un andante caballero”. Por eso imita los modelos, entre los cuales el primero es Amadís de Gaula, a quien don Quijote emula en la penitencia de Sierra Morena. Como en la segunda parte don Quijote ya es personaje literario —protagonista de la primera—, en su tercera salida busca sobre todo el reconocimiento. Y lo encuentra en quienes han leído la primera parte: Sansón Carrasco, los duques... Ni siquiera cuando es vencido por el Caballero de la Blanca Luna y tiene que abandonar la caballería andante renuncia a su concepción de la vida como obra de arte: piensa en hacerse pastor, con lo cual el mito renacentista de la Arcadia pastoril sustituye al mito medieval de la caballería andante. De todo ello se desprende que el Quijote es una magna síntesis de vida y literatura, de vida vivida y vida soñada, como explica E. C. Riley; una genial integración de realismo y fantasía y una insuperable manifestación de las dificultades de novelar las complejas relaciones humanas desde múltiples perspectivas abarcadoras de la realidad siempre escurridiza. Todo lo humano es relativo. Ésta es la base de la generosa comprensión cervantina, que evita los dogmatismos y huye de simplificaciones. He aquí la agudeza del neologismo “baciyelmo”, creado por Sancho Panza para zanjar la disputa entre don Quijote, convencido de que se trata del yelmo de Mambrino, y los demás, que ven una bacía de barbero.


El

El Quijote como juego literario


Muchos componentes del Quijote obedecen a su condición de novela concebida como un juego. Su construcción se sustenta en el artificio narrativo del manuscrito encontrado. Este procedimiento es parodia del mismo recurso empleado en los libros de caballerías. Pero Cervantes va mucho más allá, adueñándose de la máxima libertad artística que un autor haya logrado jamás. Varios elementos sobresalen en tan fecundo proceso. En la ficción, el historiador moro Cide Hamete Benengeli aparece como primer autor del Quijote, un morisco toledano es su primer traductor y el mismo Cervantes aparece en la ficción como segundo autor que entrega a los lectores una historia sobre la cual podrá comentar lo que quiera por conocerla toda de antemano a través de la traducción del morisco. Este juego de autores, traductores, narradores y lectores produce una gran libertad creadora a la vez que siembra la ambigüedad y la duda en muchas páginas, por ejemplo en el relato de la cueva de Montesinos. Cualquier perspectiva es posible. Siempre se podrá acusar de los engaños al moro Cide Hamete, al morisco traductor y aun al impresor, a quien, en la segunda parte, se culpa de las incoherencias cometidas en torno al robo del rucio de Sancho en la primera.

El sistema lúdico abarca también la misma locura del protagonista. La locura era un motivo frecuente en la literatura del renacimiento, como prueban las obras de Ariosto y de Erasmo de Rotterdam. Don Quijote actúa como un paranoico enloquecido por los libros de caballerías. Unos lo consideran un loco rematado, otros creen que es un “loco entreverado”, con intervalos de lucidez. En general se admite que don Quijote actúa como loco en lo concerniente a la caballería andante y razona con sano juicio en lo demás. Pero los escritores españoles Arturo Serrano Plaja y Gonzalo Torrente Ballester interpretan la locura de don Quijote como un juego codificado en la ficción según unas reglas que el caballero respeta siempre. Entrega su vida a un ideal sublime y se estrella contra la realidad porque los demás no cumplen las reglas del juego. Don Quijote finge estar loco y decide jugar a caballero andante. Para ello acude a los libros de caballerías, transforma la realidad y la acomoda a su ficción caballeresca: imagina castillos donde hay ventas, ve gigantes en molinos de viento y, cuando se produce el descalabro, también lo explica según el código caballeresco: los malos encantadores le han escamoteado la realidad, envidiosos de su gloria.

Semejante juego narrativo resulta enriquecido por el perspectivismo y el relativismo, que se manifiestan en toda la novela, ya en la variedad de nombres que se atribuyen al hidalgo manchego: Quijada, Quesada, Quejana, Quijana y Alonso Quijano. Dentro de esa diversidad, es interesante señalar que la palabra “quijote” designa la parte de la armadura que cubre el muslo. El elemento paródico y la ironía actúan una vez más para caricaturizar la figura del caballero que, gracias a una sinécdoque aparece identificado con una parte (la privación, la pérdida) y no mediante un rasgo totalizador. También existe sinécdoque en el apellido con el que se identifica al escudero. Perspectivismo y relativismo aparecen también en la forma de muchos nombres comunes, como el neologismo “baciyelmo”, que resuelve una cuestión sin excluir ninguna perspectiva. En esto se revela la comprensión cervantina ante todo lo humano. Y la misma libertad que Cervantes reclamó para sí como creador se la concedió en idéntico grado a don Quijote. El comienzo de la novela es bien conocido: “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo vivía un hidalgo”. Con estas palabras Cervantes destaca que los hechos que va a contar no ocurrieron en tierras lejanas, como las historias de la caballería andante, sino muy cerca, en La Mancha, ni tampoco en tiempos remotos, sino ayer mismo. Se han dado muchas explicaciones a este comienzo de la novela: un octosílabo de un romance anónimo, negativa a decir el nombre del pueblo natal de don Quijote por deseo de incluir a toda La Mancha, comienzo característico de los cuentos populares, rechazo del autor al pueblo donde supuestamente estuvo preso y comenzó la novela. Sin negar estas razones Leo Spitzer y Avalle-Arce explican el comienzo del Quijote como una defensa de la libertad del creador y del personaje con repercusiones fundamentales en la evolución literaria. La literatura anterior a Cervantes se regía por unas convenciones restrictivas. En aquellos modelos tradicionales la cuna del héroe determinaba su vida futura. Amadís era hijo de reyes, nació en Gaula y estaba llamado a ser héroe. Lazarillo nació en el Tormes, era hijo de padres viles y será un antihéroe. En cambio Cervantes no especifica la cuna, ni la genealogía, ni el nombre exacto de don Quijote para que pueda caminar libre de todo determinismo, creando su propia realidad. Por eso a partir del Quijote la vida del personaje literario será más libre. Porque, como señala Carlos Fuentes, Cervantes ha puesto a dialogar a Amadís de Gaula con Lazarillo de Tormes y en el proceso ha disuelto para siempre la interpretación unívoca del mundo.





Las tres salidas de don Quijote

La locura de Don Quijote evoluciona en tres fases principales, correspondientes a sus tres salidas. La primera parte (1605) relata las dos primeras salidas por tierras de la Mancha y Andalucía. El peregrinaje por tierras de Aragón y Cataluña hasta Barcelona y su regreso a la Mancha ocupa toda la segunda parte (1615).

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha apareció en 1605 dividido en cuatro partes, distribuciones que las ediciones modernas no mantienen por prestarse a confusión con el segundo tomo, que, con el título de El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha , apareció en 1615.

Primera salida

Primera parte, capítulos 1 al 5. Don Quijote desfigura la realidad y la acomoda a sus fantasías

El hidalgo manchego Don Alonso Quijano, llamado por sus convecinos el Bueno, “se enfrascó tanto en su lectura” que, “rematado ya su juicio” concibe la peregrina idea de hacerse caballero andante, y de “ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama” con que mereciera el amor de su dama, Aldonza - Dulcinea, una aldeana idealizada por él.

Bajo el nombre de Don Quijote de la Mancha, con armas antiguas y su viejo caballo, Rocinante, se lanza al mundo haciéndose armar caballero en una venta que imagina ser castillo, entre las burlas del ventero y las de las mozas del mesón. Creyéndose ya un auténtico caballero, realiza su primera hazaña liberando a un joven pastor a quien su amo está azotando. Tras una discusión acalorada con unos mercaderes, de la que resulta malherido, un vecino lo auxilia y lo devuelve a su aldea.



Segunda salida

Primera parte, capítulos 7 al 52. Don Quijote desfigura la realidad y los demás le contradicen

Ama, sobrina, cura y barbero han pegado fuego a buena parte de los libros de Don Quijote y tapiado su biblioteca, mientras él se halla convaleciente en su lecho. Ya repuesto, convence a un rudo y ambicioso labrador vecino suyo, Sancho Panza, para que le acompañe en sus aventuras. Ya con su escudero, lucha contra unos gigantes que no son sino molinos de viento; se enfrenta con un vizcaíno, al que vence; da libertad a unos galeotes perseguidos por la Santa Hermandad, que, ingratos, le apedrean; hace penitencia en Sierra Morena, donde escribe una carta a Dulcinea; envía a Sancho al Toboso para que se la entregue; el canónigo y el barbero de su aldea han salido a buscarle; encuentran a Sancho y le impiden cumplir con el encargo de su amo; hallan a Don Quijote y lo devuelven, engañado, a su pueblo, metido en una jaula, dentro de la cual sufre pacientemente la burla de sus vecinos.

Tercera salida

Segunda parte. Don Quijote no es víctima de su fantasía: ahora le engañan los demás

Don Quijote y Sancho inician la tercera salida, encaminándose al Toboso, donde el escudero asegura a su amo que una rústica aldeana montada en un asno es Dulcinea, hecho extraordinario que Don Quijote atribuye a un mago enemigo suyo (el mismo que hizo desaparecer su biblioteca y transformó los molinos de viento en gigantes). Su obsesión será, a partir de ahora, encontrar el medio de desencantarla. Caminando por tierras de Aragón, ya famosos como personajes literarios, amo y escudero llegan a los dominios de unos duques que se burlan despiadadamente de la locura de ambos, hasta el punto de nombrar a Sancho gobernador de uno de sus estados (la ínsula Barataria), cargo que abandonará por razones extraordinariamente juiciosas.



Nuevamente juntos caballero y escudero, para desmentir al falso Quijote de Avellaneda, cambian de itinerario y se dirigen a Barcelona, donde el hidalgo sufre su derrota definitiva luchando en fiera y descomunal batalla contra el Caballero de la Blanca Luna, que no es otro que su vecino, el bachiller Sansón Carrasco, quien le impone como condición regresar a su aldea. Física y moralmente derrotado, Quijote vuelve a la Mancha, de donde partió y, después de haber recobrado la cordura, muere cristianamente en su lecho.


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