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Número y título de la mesa: Mesa 68 “El peronismo político y la política durante el peronismo (1943-1955)

Nombre del autor: Mas, Rodrigo (UBA/IDAES-UNSAM)

Para ser publicado en las actas del congreso

Título de la ponencia: “Tradición e identidad en la UCR Junta Renovadora: un análisis a través del debate de la Ley 12.839”

Introducción
Las nuevas perspectivas en el análisis del período clásico del peronismo se han apartado de la caracterización que sostenía una visión monolítica del movimiento, desarrollando una preocupación por rescatar los múltiples matices existentes al interior del mismo.

En consonancia con el camino trazado por estos nuevos abordajes, la presente investigación busca adentrarse en un espacio político que ha sido poco trabajado, la UCR Junta Renovadora.

El radicalismo renovador comienza a gestarse entre 1944 y 1945 en base a un grupo de dirigentes de segunda y tercera línea de la UCR que deciden colaborar con el entonces gobierno de facto ocupando cargos en el gobierno nacional y en el de varias provincias. Hacia fines de 1945, cuando la mayoría de ellos ya había sido expulsado del partido radical, deciden conformar una nueva agrupación política, la UCR Junta Renovadora, que pasará a integrar la coalición que apoyó a Perón en las elecciones de febrero de 1946. Su ocaso llegaría en el período 1948-1949, de la mano de la consolidación del proceso de unificación del peronismo y las redefiniciones de espacios políticos e identidades que este generó.

El siguiente trabajo se propone analizar cómo operó políticamente la identidad y la tradición radical, a través de la reivindicación de la figura de Hipólito Yrigoyen, en los dirigentes renovadores durante los primeros años del gobierno peronista. Siendo este un contexto de alta conflictividad política, tanto por el enfrentamiento con los partidos opositores como hacia el interior del partido gobernante, el cual se encontraba afrontando un complejo proceso de unidad partidaria.

Para ello nos centraremos en el análisis de los debates en torno a la Ley 12.839, de alto contenido simbólico, que establecía una serie de homenajes a la figura de Hipólito Yrigoyen. Dichos debates, que se extendieron entre junio y septiembre de 1946, nos permiten ver la postura asumida por diferentes figuras políticas del radicalismo renovador respecto del viejo caudillo radical, y como desde esta construcción, se afirman en el escenario político frente a la UCR del Comité Nacional, las otras fuerzas que integraban la coalición peronista y del mismo Perón.

El primer capítulo está dedicado a reconstruir de forma breve los principales conflictos que atravesó la UCR durante las décadas de 1930 y 1940, lo cual ayudará a comprender en qué situación interna se encontraba el partido en los momentos previos al surgimiento del peronismo; el segundo capítulo ahonda en la conformación de la coalición peronista que afrontará las elecciones de febrero de 1946, haciendo especial hincapié en el radicalismo renovador. Finalmente, el tercer capítulo, está enteramente dedicado a los debates en el Congreso sobre la ley que luego sería sancionada bajo el número 12.839, aquí intentaremos reconstruir la forma en que cada fuerza política caracteriza a Yrigoyen, resaltando las diferencias entre las mismas, y como se la relacionó con la de Perón.



Las transformaciones de la UCR: reorganización y conflictos internos (1930-1943)
El golpe de estado de septiembre de 1930 encabezado por el general Uriburu cayó sobre un gobierno radical golpeado por los efectos de la crisis económica y políticamente desorientado, atravesado por disputas internas a nivel provincial y nacional, con un gabinete quebrado por las intrigas y las luchas facciosas para suceder al viejo caudillo, aun al frente del gobierno1.

Inmediatamente desalojado del poder el radicalismo comienza un lento y conflictivo proceso de reorganización partidaria con miras a superar las profundas divisiones que atravesaban al partido. El complejo esfuerzo por lograr la unidad requería trabajar en la fusión del yrigoyenismo, el antipersonalismo y los diversos sectores provinciales, los cuales a su vez estaban divididos internamente.

Alvear, llegado de Europa, se pone al frente de la unificación partidaria. El sector que acepta su liderazgo se agrupa en torno a lo que se conocerá como Junta del Hotel City. De aquí surge en 1931 la Junta Reorganizadora de la UCR, presidida por Alvear. Por fuera quedó el sector más duro del antipersonalismo nucleado en la Junta del Hotel Castelar, quienes posteriormente darán su apoyo a Justo y formarán parte de la Concordancia.2

En abril de 1931 se realizan elecciones en la provincia de Buenos Aires, donde la fórmula radical triunfa ampliamente sobre las fuerzas políticas que habían apoyado el golpe de septiembre. Esta derrota produce una grave crisis en el gobierno nacional, debilitando al presidente y a su entorno más cercano. En este contexto Uriburu abandona todo tipo de intento de reformas de corte corporativista y dicta un decreto reglamentando el funcionamiento de los partidos políticos. Para poder acudir a las próximas elecciones, el radicalismo debía entonces cumplir con el nuevo marco normativo que implicaba contar con una carta orgánica, plataforma electoral, registros contables y elección de autoridades por medio del voto directo de los afiliados3.

El radicalismo, que ya se encontraba en pleno proceso reorganizativo, acepta las nuevas condiciones exigidas por el gobierno en vistas de estar preparados para poder participar del próximo acto eleccionario.

En este marco de importantes transformaciones partidarias la Convención Nacional elige la fórmula Alvear-Güemes para competir en las elecciones presidenciales de 1931, pero la fórmula es vetada por el gobierno, y la UCR termina decidiéndose por la abstención. Esas elecciones dieron ganador a Agustín P. Justo, quien gobernó el país entre 1932 y 1938 con el apoyo de la Concordancia, alianza conformada por el Partido Socialista Independiente, el Partido Demócrata Nacional y la UCR antipersonalista.

En abril de 1932, con la estructura partidaria ajustada a la nueva carta orgánica, se realizan elecciones internas tras las cuales Alvear, Güemes y Mosca asumen la dirección del Comité Nacional. Dos años después, las internas de 1934 vuelven a favorecer a la conducción alvearista, lo que permite, en diciembre de ese mismo año, levantar la bandera del concurrencismo y derrotar al sector abstencionista.

El regreso a la lucha electoral exigió alistar a la máquina partidaria para cumplir con las nuevas tareas electorales en un marco caracterizado por el fraude y la represión avalados por el gobierno. Pero la vuelta al ruedo electoral también abrió focos internos de conflicto producto de la lucha por las candidaturas, a pesar de ello en la mayoría de las provincias se competía con lista única, no solo como consecuencia de la aceptación a los mecanismos internos de selección y de la capacidad de las máximas autoridades nacionales del partido de imponer sus directivas, sino que el fraude instrumentado por el gobierno hacía difícil la victoria, aun concurriendo unidos.4

El levantamiento de la abstención generó un doble movimiento al interior del partido: por un lado se sumaron grupos de radicales antipersonalistas que se habían mantenido fuera del proceso de unificación, por otro, como síntoma de rechazo a la conducción alvearista surge FORJA, que si bien no abandonaron el partido hasta 1940, se abstuvieron de participar en elecciones internas y de ocupar cargos partidarios5.

En 1937 tras rechazar una alianza con el socialismo, la UCR presenta la fórmula presidencial Alvear-Mosca, que es derrotada por el binomio oficialista Ortiz-Castillo, consumando un nuevo fracaso electoral producto del alevoso fraude instrumentado por el gobierno. Los intentos de normalizar el funcionamiento del sistema democrático por parte del presidente Ortiz quedan truncos cuando este, debido a una grave enfermedad, debe dejar el cargo en manos de su vicepresidente Castillo. Las esperanzas de un regreso a la normalidad electoral se desvanecieron y la ebullición interna del radicalismo comenzó a potenciar cada vez más a los sectores enfrentados a Alvear.

En este escenario de creciente conflicto interno, entre los años 1938 y 1940 se consolida a nivel nacional el sector conocido como “intransigencia”. Los intransigentes mantenían varios puntos de enfrentamiento con los unionistas6: siempre se manifestaron en contra del levantamiento de la abstención electoral motorizada por el alvearismo en 1934, acusaron a la conducción nacional de tener una actitud contemporizadora con Justo y Ortiz que desdibujó la línea opositora del partido a cambio de las “migajas del régimen” y rechazaban la postura negociadora que mantenía la bancada de diputados radicales. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial se abrió otra línea de conflicto ya que este sector proponía retomar la línea yrigoyenista de la Primera Guerra y sostener la neutralidad argentina en lo que consideraban una guerra entre diferentes imperialismos. La búsqueda por volver a la línea yrigoyenista, también hacía que los intransigentes rechazaran todo intento de conformar una alianza electoral con el Partido Socialista y los demo-progresistas.7

En 1942 se debían renovar las autoridades de los órganos partidarios, seleccionar los candidatos que participarían en las próximas elecciones legislativas y en las presidenciales programadas para septiembre de 1943, pero el crudo enfrentamiento entre las líneas internas del partido, tanto a nivel nacional como provincial, vuelven sumamente compleja y conflictiva la tarea. Los múltiples proyectos de reorganización partidaria y de recambio de autoridades que promovía el ascendente sector intransigente quedan truncos con el golpe militar de junio8.



La construcción política de Perón
El golpe del 4 junio de 1943 altera completamente el escenario político, ya que a partir de esa fecha asume el poder un heterogéneo conjunto de militares. A fines de ese año el gobierno de facto decretó la disolución de los partidos políticos. Esto impidió que continuara el normal proceso de reorganización interna del radicalismo y permitió conservar al unionismo la cúpula partidaria, aunque el conflicto entre las diferentes facciones se mantuvo presente9.

Para 1944 el entonces coronel Perón comienza a ganar espacios de poder en el seno del gobierno militar y da los primeros pasos para conformar una base de sustentación política que permitiera impulsar su candidatura ante una posible salida electoral.

En esta etapa intenta lograr un vuelco del partido radical, pero sus intentos de acercamiento son rechazados por el Comité Nacional, presidido por Gabriel Oddone, del unionismo.10 Posteriormente Perón busca llegar a un acuerdo con el caudillo cordobés Amadeo Sabattini, con el que supuestamente existía cierta afinidad ideológica. Las tratativas incluyeron una reunión entre ambos líderes, pero el acuerdo fracasa, al igual que otras negociaciones mantenidas con miembros del sector intransigente del radicalismo.11

La estrategia de Perón también incluía tratar de estructurar el apoyo de los sectores populares, a los cuales se comenzó a movilizar políticamente. Para ello la política social implementada desde la Secretaria de Trabajo y Previsión jugó un rol clave. En este proceso muchos dirigentes sindicales comenzaron a transferir su apoyo político al peronismo. En el marco de esta estrategia nacerá para fines de octubre de 1945 el Partido Laborista, que constituirá la corriente más numerosa de la coalición peronista. En él confluyeron distintos grupos de trabajadores, provenientes de diversas tradiciones ideológicas, que le darían el carácter distintivo al nuevo movimiento político.12

Paralelamente a esta construcción política basada en la estructura sindical, y más allá del fracaso en intentar generar un vuelco masivo del radicalismo hacia el gobierno, se logró seducir a algunos dirigentes radicales, principalmente del interior, los cuales fueron inmediatamente expulsados de la UCR bajo el mote de “colaboracionistas”. Este conjunto de dirigentes que decidieron apoyar a Perón formaron a fines de 1945 la UCR Junta Renovadora. Otro grupo disidente de origen radical fueron los hombres de FORJA, pero estos se sumaron al gobierno de forma independiente a los dirigentes renovadores.13

En el momento previo a las elecciones de febrero de 1946 queda conformada la organización del peronismo en torno a dos núcleos principales: las organizaciones gremiales que conformaron el Partido Laborista y las distintas corrientes del radicalismo disidente cuyo principal núcleo estaba en la UCR-Junta Renovadora. Además otros grupos de importancia secundaria apoyaban a Perón, como la Alianza Libertadora Nacionalista, el Partido Independiente, los Centros Cívicos Coronel Perón, partidos provinciales y otras pequeñas agrupaciones, sectores de la Iglesia, el Ejército y pequeños empresarios.

Las decisiones políticas adoptadas por Perón dieron como resultado la conformación de una coalición sumamente heterogénea, en cuanto a los orígenes políticos, sociales e intereses perseguidos por los diversos grupos que la integraban. La convivencia entre ellos no fue nada fácil.

La UCR Junta Renovadora
Los dirigentes radicales que se sumaron al peronismo no provenían del círculo políticamente más importante de la UCR. En su mayoría eran políticos de las segundas y terceras líneas del partido, provenientes del interior del país y con significación política a nivel local pero sin proyección nacional. Ningún referente radical de envergadura dio su apoyo a la coalición peronista.

En este esfuerzo por sumar a políticos radicales jugaron un rol importante los distintos interventores provinciales designados por el gobierno de facto. Ellos fueron en gran parte los encargados de ganar el apoyo de estos grupos disidentes mediante el ofrecimiento de cargos y puestos políticos. Un claro ejemplo de esto fue el rol de Bramuglia como interventor de la provincia de Buenos Aires, encargado no solo de gobernar sino también de afianzar el apoyo de los radicales revisionistas14, sector enfrentado a la conducción bonaerense de la UCR y que terminaría siendo una pieza fundamental en la construcción renovadora.15

Liderados por Quijano los dirigentes ya definitivamente escindidos del partido radical constituyeron la UCR Junta Reorganizadora. La primera idea había sido “copar” la UCR y volcarla al apoyo de Perón, pero esta táctica fue rápidamente abandonada por la dura actitud antiperonista de las autoridades oficiales del partido y por el férreo control que estas tenían sobre la estructura partidaria. La opción más viable ante ese escenario fue organizar un radicalismo paralelo y formar una estructura nacional con los dirigentes que pudieran atraer.

La UCR Junta Reorganizadora, prontamente rebautizada como UCR Renovadora se nutrió de personajes que a lo largo de los años habían participado de diferentes líneas internas del radicalismo, pudiendo encontrar entre sus filas tanto a dirigentes de pasado yrigoyenista como a alvearistas y a otros ligados al ala más conservadora del partido que provenían de la “Concordancia” y del antipersonalismo.16

Entre ellos estaban los yrigoyenistas Miguel Tanco, Armando Antille, Diego Luis Molinari, Ricardo Guardo, Emilio Siri, Oscar Albrieu, Raúl Bustos Fierro, Gregorio Martínez, Alejandro Leloir y Salvador Cetrá y los alvearistas Hortensio Quijano, Juan Cooke y Alberto Rearte.17

Las razones por las cuales diferentes grupos del radicalismo pasaron a formar parte de la coalición peronista no estuvieron ligadas solamente al enfrentamiento que estos pudieran tener con la conducción nacional o provincial del partido, o a la reivindicación de la figura de Yrigoyen que realizaba Perón. Un factor determinante para permanecer o alejarse del partido parece haber sido el “cálculo político” de que espacio partidario ofrecía mayores posibilidades de acceder al poder político.

Los radicales renovadores sostenían la idea de una organización partidaria clásica, basada en comités, oponiéndose al intento de los Laboristas de crear un partido al estilo del laborismo inglés. Este sector contaba con la capacidad de atraer el voto de la clase media al proyecto peronista, así como aportar experiencia en el manejo “comiteril” y en “mañas electorales”. En algunas provincias se caracterizaban por ser el sector más tradicional, conservador y nacionalista de la coalición peronista.18

En la estrategia política desplegada por Perón de cara a las elecciones de 1946, el sector renovador también aparecía como un espacio capaz de generar un contrapeso interno al Partido Laborista y a los sectores sindicales. Así, durante los primeros tiempos Perón forjó una alianza interna con ellos, la cual se tradujo en una sobredimensión de los cargos ocupados por los renovadores en las diversas listas a cargos nacionales y provinciales en detrimento de los laboristas.

Previstas para el mes de abril de 1946, las elecciones nacionales fueron adelantadas para febrero por el presidente Farrell, obligando a las heterogéneas agrupaciones a zanjar sus diferencias en un plazo demasiado breve, haciendo aún más difícil el arduo trabajo que demandaba la construcción de la coalición. Las tratativas de unidad y la elección de candidaturas estuvieron plagadas de objeciones y dificultades a causa de la oposición del laborismo respecto del lugar que Perón pretendía asignarle en el frente electoral a los renovadores. Estas disputas se trasladaron no sólo a la competencia por los cargos nacionales sino también a las provincias. Esta lucha entre las agrupaciones llevo, en seis de los quince distritos electorales, al abandono de la coalición por parte de algunos de sus componentes.19

Finalmente, el 24 de febrero de 1946 se realizaron las elecciones nacionales, las cuales venían a restablecer el orden democrático que había sido alterado por el golpe militar del 4 de junio de 1943. En estos comicios se enfrentaron la fórmula Perón-Quijano contra Tamborini-Mosca, apoyados por la UCR, el Partido Socialista, el Partido Comunista y el Partido Demócrata Progresista, los cuales conformaban la Unión Democrática20.

El resultado final arrojó el triunfo de Perón con el 52% de los votos contra el 42% de Tamborini. El sistema electoral vigente determinó que el peronismo pasará a contar con ciento nueve bancas de diputados nacionales contra cuarenta y nueve de la oposición, mientras que en la cámara de senadores quedó en su totalidad en manos del peronismo, salvo las dos bancas de la provincia de Corrientes, las cuales quedaron vacantes.

La situación interna en la coalición peronista (1946-1947)
Los conflictos al interior de la coalición peronista, especialmente entre los sectores del laborismo y el radicalismo renovador, que ya venían sucediendo desde la campaña electoral, se desatan con toda su fuerza en los meses previos a la fecha de asunción del gobierno el 4 de junio de 1946.

En este contexto de profunda crisis interna, que amenazaba con disolver la coalición con la que había triunfado en las elecciones, Perón y su círculo más cercano deciden avanzar en un proceso de unificación de las heterogéneas fuerzas políticas que lo apoyaban. El primer paso en este sentido lo da en mayo de 1946 con el anuncio de la creación del Partido Único de la Revolución Nacional (PURN), que implicaba la caducidad de todas las autoridades de los espacios políticos que conformaban la coalición peronista, como paso necesario para la reorganización y unificación de todos los sectores.

Pero esta decisión de Perón generó fuertes resistencias entre los diferentes sectores partidarios. La complejidad del proceso de unificación radicaba en las enormes diferencias existentes entre los proyectos de los laboristas y de los radicales renovadores, espacios que divergen en sus experiencias políticas previas, en clase social de la cual provenían y en las formas de representación que sostenían para el nuevo partido. Estas diferencias estructurales eran las que subyacían en las peleas que entre si tenían por controlar los espacios de poder dentro del PURN.21

La dificultad de avanzar en el proceso de unificación también radicaba en que durante esta etapa el poder de la figura de Perón aún no era el suficiente como para permitirle encarar un proceso organizativo de forma unilateral. Por el contrario, en esta primera etapa de la experiencia peronista, el líder del movimiento debía acordar y respetar a los diferentes espacios que integraban la coalición ya que estos controlaban factores de poder organizativo, mientras que Perón aún no había consolidado un nivel de poder tal que le permitiera controlar a las bases y a todos los dirigentes del país que lo apoyaban.22

El primer paso en el proceso de unificación lo dieron los radicales renovadores, que en virtud de la ya mencionada alianza interna con Perón, sería el sector más beneficiado con espacios en la conducción del nuevo partido. A pesar de esto, un grupo de dirigentes renovadores, liderado por Antille y Bustos Fierro, se mostraron más reacios a abandonar definitivamente su identidad radical, aunque finalmente se incorporaron al partido.

El avance en el proceso de unidad fue mucho más conflictivo en el caso del Partido Laborista, ya que para avanzar en la disolución de su partido e ingresar al PURN exigían ciertas garantías por parte de Perón, entre ellas que se garantice la preeminencia de los sindicatos en la estructura del nuevo partido y que se les otorgue espacios en la conducción del mismo teniendo en cuenta el caudal electoral que habían aportado en febrero de 194623. Si bien finalmente los laboristas ingresaron al PURN, un sector liderado por Cipriano Reyes decidió continuar de forma independiente con la experiencia del laborismo, que rápidamente lo ubicaría en un rol opositor al gobierno.24

Pero a pesar de estos avances, el proceso de unificación pronto se volvió a estancar ante las peleas, cada vez más fuertes, entre los dos sectores principales de la coalición. Ante ese escenario, las distintas fuerzas procuraron ganar influencia y poder en la disputa interna con una estrategia de reagrupamiento y fortalecimiento de sus identidades políticas previas. Así seis meses después del llamado a la unidad hecho por Perón, eran pocos los avances concretos dados en esa dirección.

“En estas circunstancias inciertas, se destaca el intento de relanzar el Partido Laborista, procurando rearticular viejas lealtades, en una organización independiente promovida por legisladores obreros en varias provincias. A su vez, la Junta Renovadora, buscando convertir a los radicales que se habían quedado en el radicalismo, movilizaba a sus seguidores del interior del país, haciendo demostraciones de fuerza en actos y convocatorias a congresos, recreando órganos que habían sucumbido meses atrás. Es tal la fragmentación que hasta reaparecen diez Centros Cívicos Coronel Perón en Capital Federal”.25

Es este contexto de indefinición sobre el futuro de la unidad partidaria y alto enfrentamiento interno que los renovadores deciden reforzar su identidad radical como forma de mantenerse unidos, tanto en las negociaciones por ocupar puestos de poder dentro del PURN y de imponerse sobre los laboristas como contra los radicales del Comité Nacional. Es a este marco al que debemos asociar la iniciativa promovida por los diputados y senadores renovadores de realizar una serie de homenajes a Hipólito Yrigoyen.

Los renovadores y la Ley 12.839: identidad y tradición radical “contra los de adentro y los de afuera”
Tras las elecciones de 1946 el Senado de la Nación quedó integrado en su totalidad por el oficialismo. Del total, quince senadores provenían del radicalismo renovador y trece del Partido Laborista. Aún permanecían vacantes dos bancas correspondientes a la provincia de Corrientes.

Fue en esta Cámara del Congreso que el 3 de julio de 1946 comenzó el tratamiento del proyecto de ley denominado “erección de un monumento a la memoria del ex presidente de la Nación, doctor Hipólito Yrigoyen” de autoría del senador Antille y que llevaba la firma de todos los demás senadores renovadores26.

El articulado del proyecto de ley establecía, en sus puntos más importantes: la construcción de una estatua de Hipólito Yrigoyen de tamaño “ciclópeo”, la cual debía contener un mausoleo. Sería levantada en el lugar ocupado por el Obelisco de la ciudad de Buenos Aires, el cual sería demolido. Dicho monumento debía ser inaugurado en un aniversario del nacimiento de Yrigoyen y el financiamiento del mismo sería por medio de una colecta popular. Otro de los puntos establecidos en el proyecto era el cambio de nombre de la calle Paseo Colón de Buenos Aires, por el de “Hipólito Yrigoyen”. En defensa del proyecto hicieron uso de la palabra en el recinto los senadores renovadores Antille y Molinari.

Antille comenzó su intervención recordando que fue abogado de Yrigoyen después de que este fuese derrocado y que por ello le tocó defender al líder radical en sus momento más difíciles, cuando fue preso y perseguido por el gobierno de facto de Uriburu. La imagen que a través de su discurso el senador por Santa Fe construye de Yrigoyen es la de un líder de rasgos carismáticos que enfrentó a la oligarquía para instaurar una verdadera democracia y un régimen de igualación social, que “elevó la calidad de vida de los obreros y de la clase media”27. Elabora a su vez una imagen nacionalista del ex presidente en base a la postura asumida por éste en la Primera Guerra Mundial y luego en el ámbito de la Liga de las Naciones. Traza, así un paralelo de continuidad entre la figura de Yrigoyen y Perón. El senador cierra su discurso con las siguientes palabras: "Nosotros que hemos llegado a estas bancas traídos por un movimiento político y social, que es en el tiempo la continuación del que promoviera Hipólito Yrigoyen; nosotros que reconocemos como líder a un ciudadano que llegó a la presidencia imitándole en sus virtudes, en su amor a los humildes y en su fe en la grandeza de la Nación, tenemos el deber de perpetuar la memoria del precursor, haciendo que su figura se destaque en el bronce al lado de las estatuas de San Martín y de Belgrano”.28

Luego es el turno del senador Molinari, quien comienza diciendo "Pero es que existimos en este cuerpo, señor presidente, algunos senadores cuya vida, se puede decir, fue moldeada dentro de las filas del gran movimiento de reparación nacional, que encabezara don Hipólito Yrigoyen"29. Un punto interesante de este discurso es la defensa del lugar que el proyecto propone para el emplazamiento del monumento: el mismo debe ubicarse sobre las ruinas del obelisco porteño, “símbolo de un pasado de fraude y violencia”, el senador retoma así un claro tópico de la identidad radical de las décadas previas, con la lucha de este partido contra el régimen fraudulento. Luego de una extensa defensa de la figura política del ex presidente termina con la siguiente afirmación: "Llegamos al 4 de junio de 1943, y el movimiento revolucionario pone al país otra vez sobre el cauce de su verdadera historia. Grande movimiento de opinión este, que nosotros integramos ahora, que no se aparta del hilo límpido de aquel cauce torrentoso que fuera el movimiento radical del pasado y que se perpetúa".30

Finalizados los discursos de estos senadores, el cuerpo vota el proyecto por unanimidad. Vale destacar que en esta instancia, si bien los senadores que provenían del laborismo acompañan la iniciativa con su voto, ninguno de ellos hace uso de la palabra. Para continuar con el trámite legislativo, el proyecto es enviado a la Cámara de Diputados.

El tratamiento del proyecto en diputados se realiza el 22 de agosto de 1946. Junto con el proyecto remitido por la Cámara de Senadores, que ya contaba con media sanción, se ponen en discusión otros cuatro proyectos sobre el mismo tema: dos elaborados por la bancada de la UCR CN, uno de los cuales corresponde a los diputados Ravignani y Pomar y el otro al diputado Liceaga, y también otros dos correspondientes a los oficialistas Obeid y Díaz de Vivar, ambos de la UCR Junta Renovadora.

La dinámica política en esta instancia se diferencia de lo ocurrido en el Senado. La principal diferencia es la presencia de una bancada de más de cuarenta diputados de la UCR Comité Nacional (UCR CN), quienes verán la necesidad de defender la historia y la identidad radical ante sus antiguos correligionarios de la UCR Junta Renovadora. También harán uso de la palabra diputados del bloque del Partido Laborista, a diferencia del silencio asumido por los senadores de ese partido unos meses atrás.

Antes de comenzar el análisis de los discursos pronunciados en el momento del debate del en diputados, es necesario detenerse en el fundamento del proyecto presentado por Ravignani y Pomar. En el podemos leer una caracterización de la figura de Yrigoyen que rescata su posición de líder carismático y de defensor de las condiciones de vida de los obreros, al igual que sucede en la imagen construida por los renovadores. Pero a diferencia de estos, podemos ver que en los fundamentos de este proyecto se hace especial hincapié en las cualidades personales del ex presidente: se lo presenta como una figura formada en filosofía y política, cuya honradez no pudo ser negada ni por sus más acérrimos enemigos y poseedor de un carácter sereno. En este sentido los autores afirman: “Como dijera alguien en una oportunidad, Yrigoyen, desde el silencio y la soledad y no el barullo callejero, se adueñó de jóvenes y viejos, de débiles y poderosos”31. Otro punto importante en la caracterización de Ravignani y Pomar es como asocian a Yrigoyen con la lucha por los derechos cívicos, las prácticas democráticas y el cumplimiento estricto de la Constitución. En una clara diferenciación con la figura que los radicales construían de Perón, afirman: “Se vivió el máximo de tranquilidad. Durante los gobiernos de Yrigoyen y del doctor Alvear, que es también un auténtico estadista identificado con los intereses de su patria, gozó de la vida al amparo de las instituciones; la dignidad humana fue lo más preciado; se respetó la libre emisión de pensamiento; no se encarceló a nadie, no se mató, ni se infamó por ideas políticas”.32

Por su parte, los fundamentos del proyecto de Liceaga son muy similares a los de Ravignani y Pomar. Se rescata una vez más la figura de líder carismático de Yrigoyen y de su obra de "amparo y protección a la clase obrera”. Se resaltan sus cualidades personales y su respeto por los derechos individuales, por la defensa de la libertad de opinión y el afianzamiento de la democracia en el país, Así afirma el diputado: “Concentrado y taciturno por natural temperamento, era a la vez enemigo de los halagos fáciles, de la popularidad y de la gloria efímera, porque la rigidez de su conciencia le imponía la religión austera del deber y le instaba a cumplir la gran aspiración de toda su vida”. Una vez más, al igual que en el proyecto de sus correligionarios, la principal diferencia entre Yrigoyen y Perón pasa por el respeto que el primero habría realizado de los valores básicos del sistema democrático, así como también por sus características personales.

Los dos proyectos del oficialismo, a cargo de los renovadores Obeid y Díaz de Vivar tienen en común en sus fundamentos la centralidad que se le da a la defensa de los intereses nacionales que según estos diputados Yrigoyen habría realizado durante su gobierno. Más allá de esto vale la pena destacar dos frase del proyecto de Díaz de Vivar, que sirven para retratar las horas que vivía la lucha interna del peronismo: “Los hombres de la UCR que accionan solidarios con el jefe de la revolución coronel Perón, se sienten movidos a este homenaje, porque la mejor forma de honrar esa jornada histórica que el 24 de febrero, un hito en el acontecer de este país, en simbolizarla en el hombre que fuera su precursor”.33 En otro apartado podemos ver la disputa que desde los renovadores se llevaba a cabo con la UCR CN respecto de la figura del ex presidente: “No creo que Hipólito Yrigoyen pertenezca ya a ningún partido, porque su figura prócer ha trascendido la minúscula disciplina de una política, para confundirse en la Historia con los grandes hombres forjadores del país”.34

Una vez presentado todos los proyectos, comienza su tratamiento formal. En esta instancia tomaron la palabra por la bancada de la UCR CN los diputados Absalón Rojas, Liceaga y López Serrot. En este caso las alocuciones de los diputados opositores están más centradas en disputar con los renovadores la “apropiación” de la figura de Yrigoyen para la UCR CN, que incluso pasa por plantear a quien le corresponde el honor de haber sido el primero en presentar un proyecto de ley que recuerde la memoria del ex presidente radical. En la intervención de estos diputados, si bien podemos encontrar constantes reivindicaciones de la figura de Yrigoyen y de diferentes hechos de la historia radical como la revolución del Parque o el accionar político de Alem, el eje está puesto en discusiones más concretas respecto al articulado del proyecto35.

A diferencia de lo ocurrido en el Senado, harán uso de la palabra dos representantes del Partido Laborista: los diputados Tesorieri y Visca. Ambos resaltan la figura de Yrigoyen y acompañan el proyecto, y lo hacen posicionándose como representantes de un nuevo espacio político pero que reconoce lazos en común con la figura política del homenajeado, Dice Tesorieri: “los que constituimos en este momento un sector mayoritario, los diputados que pertenecemos a un nuevo partido que vio recientemente la luz de la vida política, no podremos nunca renegar de lo que está metido tan adentro de cada uno de nosotros”36. Luego, dirá el diputado Visca: “Quiero fundar mi voto como diputado peronista y como representante de la provincia de Buenos Aires”37

Por la bancada de la UCR Junta Renovadora intervienen los diputados Obeid, Bustos Fierro y Guillot. En sus discursos podemos ver que uno de los puntos fundamentales es la disputa con la UCR CN por apropiarse de la figura de Yrigoyen y de vincular a la misma con Perón y su movimiento. La reconstrucción que hacen del ex presidente radical no varía demasiado de la que realizaron los senadores renovadores: se destaca su figura de caudillo, su nacionalismo y antiimperialismo, su lucha por establecer una verdadera democracia en base a la mejora de las condiciones sociales de los diferentes sectores de la población y la reivindicación de acciones en favor de los trabajadores.

Dice el diputado Obeid: “Yrigoyen no pertenece hoy a ningún partido político: pertenece al país y a su historia”38 y luego continua: “La coincidencia de los distintos sectores que constituyen esta Cámara, revela en forma inequívoca que el juicio de la posteridad y de la historia sobre Yrigoyen se ha hecho ya definitivo”39. El mismo diputado, también plantea: “Ese día (6 de septiembre de 1930) los intereses coaligados de las fuerzas antiargentinas al servicio de intereses coloniales, precipitaron la caída de este presidente argentino que, desde el gobierno, realizó la acción democrática más extraordinaria que hasta hace poco ha vivido el país”40, después afirma que “Algún escritor de origen extranjero, al referirse a esta fecha, que considero nefasta para la República, ha dicho que ese día los oligarcas criollos con los petroleros yanquis bebieron champaña de sus mejores vendimias. Había caído la figura que simbolizaba auténticamente al pueblo argentino”41.

Su compañero de bancada, Bustos Fierro afirma: “Pero yo creo, como lo dijo antes el señor diputado Obeid, que la figura de Yrigoyen, ya no pertenece a un partido sino a la Nación, a la gloria de la Nación, a las glorias más puras de la Nación. Y lo está diciendo, señor, un hombre que se jacta de haber militado permanentemente dentro del ejército cívico que tuvo por conductor a Yrigoyen”42

Cerramos con parte del discurso de Guillot: “Creo también que este homenaje debe votarse por unanimidad, que no puede retacearse en manera alguna. Tiene que ser así, en esta Cámara integrada por verdaderos representantes del pueblo. Nadie puede tener inconveniente en votarlo. No lo pueden tener los diputados que son expresión de las masas trabajadoras (…) No lo pueden tener los estudiantes (…) Las mujeres y los niños tampoco pueden tener inconveniente (…) Y no podemos tenerlo nosotros, los diputados que integramos el bloque peronista, porque algunos, si no todos, hemos llegado a él precisamente porque intuimos que el actual jefe de la Republica era el continuador, a través de la futura acción de gobierno, de aquel gran conductor argentino, ya que si alguna virtud tuvo la acción institucional de Yrigoyen, fue su preocupación constante por jerarquizar las masas, y el actual presidente demuestra que tampoco tiene otra más fundamental en sus designios de gobernante para el futuro. En prueba de ello, recordaré palabras del actual presidente de la República, cuando, en uno de sus discursos de la avenida Nueve de Julio, dijo, no hace mucho tiempo, que habría de recoger en el gobierno la tradición yrigoyeniana para la acción misma”43

El articulado del proyecto, que sufrió varios cambios del que fuera remitido por el Senado, quedó redactado de la siguiente manera: el monumento a Hipólito Yrigoyen ya no incluirá el mausoleo y tampoco será levantado en lugar del Obelisco ya que se designó un nuevo lugar de emplazamiento, la intersección de la Av. Nueve de Julio y Av. De Mayo; se establece la creación de una Comisión encargada del concurso y elegir el proyecto ganador, la misma estará compuesta entre otros, por un obrero designado por la CGT; se decidió el cambio de nombre de la calle Victoria, ya no Paseo Colón, por el de Hipólito Yrigoyen, también se va a cambiar el nombre de la estación ferroviaria “Barracas” por el del ex presidente; finalmente se contempla la publicación de un compendio con todas las obras de Yrigoyen.

De esta forma el proyecto es sometido a votación, siendo aprobado por unanimidad y remitido nuevamente al Senado, donde recibirá aprobación definitiva. El 6 de septiembre de 1946 es puesto en consideración en la Cámara de Senadores el nuevo proyecto. Esto habilita a nuevos discursos de los senadores renovadores.

Por su parte el senador Antille dirá: “ Es un ejemplo el de Yrigoyen que los hombres que nos sentamos en las bancas del Congreso, representando al pueblo que triunfara el 24 de febrero de 1946, tenemos que seguir, porque él cimentó los principios de un partido democrático; porque él previó la justicia social para los humildes y desheredados de la fortuna; porque él fue el primero que se acercó al pueblo para tratar de levantarlo a un nivel superior, tal como lo ha hecho después el general Perón, actual presidente de la República, en su campaña por la justicia social. El líder de nuestro movimiento peronista no es el precursor del mismo. El doctor Hipólito Yrigoyen sembró la primera semilla. Por eso es explicable cuando los oradores del radicalismo y del laborismo hacemos conocer nuestros principios y sentimientos al pueblo, que este vibre cuando le hablamos de Perón, jefe del movimiento peronista; pero vibra más todavía cuando mencionamos el nombre de Hipólito Yrigoyen”.44

Dice el senador Bavio: “La gente humilde de mi provincia, allí, en las montañas y en los valles del Norte, es muy común que, al lado de la imagen de Cristo o del santo de su predilección, tengan la imagen de Hipólito Yrigoyen, a quien consideran, más que un gobernante, un benefactor y el primer iniciador en la Argentina, de la verdadera obra social de dignificación del trabajo. Ese aspecto es fundamental, señor presidente, y como muy bien lo ha destacado el señor senador Antille, en nuestra patria, comenzó con Yrigoyen; con él nos iniciamos en esa lucha por la elevación del trabajador y la recuperación de la República. Con el actual presidente, general Perón, continuaremos esa obra”45

El proyecto es votado por unanimidad de la Cámara y se convierte definitivamente en la Ley 12.839.



Similitudes y diferencias respecto a la figura de Yrigoyen
Más allá de la particularidad de cada uno de los discursos que cada senador y diputado renovador realizó, podemos trazar una caracterización general de la figura de Yrigoyen hecha por este sector: a) se ve al líder radical como un líder carismático, el primero de la historia argentina moderna; b) realiza un gobierno que debe enfrentar a la oligarquía, tanto a nivel político (por ejemplo, en las reformas políticas en torno al voto), pero también a nivel social y económico (mejora de las condiciones de vida de los trabajadores y de la clase media); c) reivindicación de una posición “nacionalista” respecto de la Primera Guerra Mundial y luego en el ámbito de la Liga de las Naciones; d) buscó establecer una verdadera democracia, no solo cumpliendo procedimientos institucionales formales sino elevando la calidad de vida de las masas; e) respecto de la continuidad Yrigoyen-Perón, según este sector la misma parece ser clara, aunque podemos detectar el reparo en mencionar que fue el peludo el primero en marcar el camino que luego Perón continuará.

La reconstrucción hecha por los radicales del Comité Nacional es muy similar a la de sus ex correligionarios, ya que también destacan al ex presidente como líder carismático, defensor de los intereses argentinos en el ámbito internacional y como una figura preocupada por elevar la calidad de vida del pueblo. Las principales diferencias radican en que estos a) resaltan las virtudes personales del ex presidente (austeridad, honradez, etc.) las cuales son puestas, indirectamente, en contraposición a las características personales de Perón; b) ligan fuertemente la figura de Yrigoyen con la defensa de los valores democráticos, no solamente respecto al voto, también en cuanto a la libertad de expresión y el respeto de las libertades individuales.

Los diputados laboristas que tomaron la palabra lo hicieron también rescatando a la figura de Yrigoyen, y si bien podemos ver que resaltan una continuidad de esa línea por el gobierno peronista, dejan entrever que ellos defienden esa “continuidad” pero desde un nuevo espacio político.

Conclusiones
Con el presente trabajo hemos pretendido contribuir a la escasa bibliografía dedicada al estudio de la UCR Junta Renovadora. Para ello tomamos un caso puntual, las discusiones que se dieron en el Congreso en el marco del tratamiento del proyecto de Ley, elaborado por el radicalismo renovador, que estipulaba una serie de homenajes a la figura de Yrigoyen, siendo el punto principal la construcción de una estatua de la figura del ex presidente radical. Dicha discusión se dio en el contexto del proceso de unificación de las fuerzas de la coalición peronista, proceso sumamente conflictivo, en el que abundaron las peleas internas entre los dos partidos más importantes que habían apoyado la candidatura de Perón: el Partido Laborista y la UCR Junta Renovadora.

Ese proceso de unificación iniciado en mayo de 1946 y que daría lugar a la creación del PURN tendría varias idas y vueltas. Justamente este escenario de indefinición y crisis prolongada es el que origina que las diferentes fuerzas que estaban involucradas en este proceso de reorganización decidan volver hacia atrás y comenzar un proceso de reivindicación de sus identidades políticas previas como forma de aglutinarse y ganar poder de negociación hacia el interior de la coalición peronista y el PURN.

Pero para los renovadores esta táctica tenía la particularidad de que además de defender su identidad radical con los otros espacios peronistas, fundamentalmente los laboristas, también debían hacerlo con los radicales del Comité Nacional.

Así el debate respecto de la figura de Yrigoyen cumple un rol central, porque acercar la figura de éste con la de Perón cumplía el doble objetivo político de, por un lado, arrebatar una figura central, que seguía contando con un alto afecto popular, a la UCR CN y seguir disputándole a ésta espacios de poder en base a la apropiación de la tradición partidaria. En el contexto de la interna peronista con el laborismo, reconstruir un continuo Yrigoyen-Perón les daba a los renovadores un halo de coherencia que permitía revalorizar toda su anterior trayectoria política.



Bibliografía

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Luna, Félix (1984) El cuarenta y cinco. Crónica de un año decisivo (Buenos Aires: Ed. Sudamericana)

Luna, Félix (1991) Perón y su tiempo. La Argentina era una fiesta 1946-1949 (Buenos Aires: Ed. Sudamericana) Tomo 1

Mackinnon, Moira (2002) Los años formativos del Partido Peronista 1946-1950 (Buenos Aires: Instituto Di Tella/Siglo XXI Editores)

Marcor, Dario y Tcach, Cesar (eds.) (2014) La invención del peronismo en el interior del país (Santa Fe: UNL)

Mora y Araujo, Manuel y Llorente, Ignacio (comps.) (1980) El voto peronista (Buenos Aires: Ed. Sudamericana)

Persello, Virginia (2004) El partido radical, gobierno y oposición 1916-1943 (Buenos Aires: Siglo XXI)

Persello, Virginia (2007) Historia del radicalismo (Buenos Aires: Edhasa)

Rein, Raanan (2006) Juan Atilio Bramuglia. Bajo la sombra del líder (Buenos Aires: Lumiere Ediciones)


Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación, 1946
Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores de la Nación, 1946


1 Persello, Virginia (2004) El partido radical, gobierno y oposición 1916-1943 (Buenos Aires: Siglo XXI): 131

2 Persello, El partido radical, gobierno y oposición 1916-1943, 138-139

3 Ibíd., 150

4 Persello, Virginia (2007) Historia del radicalismo (Buenos Aires: Edhasa), 109-112

5 Ibíd., 105-106

6 Con este nombre eran designados aquellos dirigentes que respondían políticamente a la conducción de Alvear

7 Ibíd., 120-121

8 Ibíd., 121-123

9 Ibíd., 125

10 Ibíd., 135

11 Rein, Raanan (2006) Juan Atilio Bramuglia. Bajo la sombra del líder (Buenos Aires: Lumiere Ediciones) 132-133

12 Mackinnon, Moira (2002) Los años formativos del Partido Peronista 1946-1950 (Buenos Aires: Instituto Di Tella/Siglo XXI Editores) 35

13 Rein, Juan Atilio Bramuglia. Bajo la sombra del líder , 132-133

14 El revisionismo bonaerense era una corriente interna opuesta a la conducción unionista de la UCR de la Provincia de Buenos Aires. Surge a principios de la década de 1940 liderada por Balbín, Cetrá y Leloir. A nivel nacional están cercanos al sector intransigente.

15 Ibíd., 113-119

16 Mackinnon, Los años formativos del Partido Peronista 1946-1950, 36-37

17 Persello, Historia del radicalismo, 137

18 Mackinnon, Los años formativos del Partido Peronista 1946-1950, 54-58

19 Ibíd., 36-38

20 Este acuerdo entre partidos se restringió a la fórmula presidencial, mientras que cada fuerza acudió de forma autónoma para los otros cargos.


21 Ibíd., 58-63

22 Ibíd., 28-29

23 El Partido Laborista sostenía haber aportado el 70% de los votos que recibió el peronismo en dichas elecciones.

24 Ibíd., 50-65

25 Ibíd., 71-72

26 Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores, año 1946, 136

27 Ibíd., 136-138

28 Ibíd., 138

29 Ibíd., 139

30 Ibíd., 140

31 Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1946, 157

32 Ibíd., 157-158

33 Ibíd., 111

34 Ibídem.

35 Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1946, 255-276

36 Ibíd., 257258

37 Ibíd., 265

38 Ibíd., 259

39 Ibídem.

40 Ibídem

41 Ibídem

42 Ibíd., 260-261

43 Ibíd., 264-265

44 Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores, 1946 285

45 Ibíd., 286



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