Part Linguistics



Descargar 338.65 Kb.
Página1/5
Fecha de conversión19.01.2017
Tamaño338.65 Kb.
  1   2   3   4   5
Part 1.

Linguistics

Chapter One

La mediación lingüística e ideológica
a través de los anglicismos:
España entre dos siglos

Javier Barbero Andrés


Universidad de Cantabria

“Newspeak was not only to provide a medium of expression for

the world-view and mental habits proper to the devotees of Ingsoc,

but to make all other modes of thought impossible1

(1984, George Orwell)


  1. Introducción

A través del presente trabajo queremos constatar un ámbito más de la evidencia de la creación de un nuevo concepto de ciudadanía española definitivamente asociada a los ámbitos de decisión europeos e internacionales en las últimas décadas. Efectivamente, desde la perspectiva histórica, ideológica, filológica y sociológica no podemos sino confirmar
“el solapamiento en muchos ciudadanos (españoles) de tres identidades superpuestas, que coexisten o se excluyen. Se es, desde luego, ciudadano de Europa pero, además, se es vasco, catalán, gallego, andaluz… y/o español en proporciones distintas, según las nacionalidades o regiones. Entre la identidad europea y las étnico-locales, una gama de posibilidades se abre que pone de manifiesto la persistencia de la cuestión nacional, abierta con la crisis moral de fines del siglo XIX y no cerrada cuando comienza el XXI”. (S. Juliá, 1996: 35)
Todo lo que sigue habrá que verlo a la luz de esa triple vinculación, y ahora, además, bajo el prisma de una nueva, pero innegable, identidad como ciudadanos globales, afrontando la creciente identificación de la lengua inglesa como world English y asumiendo la carga ideológica que todo ello supone.

Así, los usos y costumbres de una sociedad española cada vez más integrada en Europa y más subsidiaria de las corrientes económicas mundiales dominadas por el gigante norteamericano, albergan cierta condescendencia con muchos elementos sustanciales de la lengua inglesa que entran a formar parte de nuestro “paisaje comunicativo” (en la feliz expresión de Kress y Van Leeuwen) nacional, dejando de constituir una realidad ajena, para ser asumida y naturalizada en la vida cotidiana: “the place of visual communication in a given society can only be understood in the context of, on the one hand, the range of forms or modes of public communication available in that society, and, on the other hand, their uses and valuations2” (Kress y Van Leeuwen, 1996: 33).

Por todo ello, resulta ineludible contemplar algunas causas (políticas, históricas y sociales), modos (formales e informales, planificados y no planificados, culturales y subculturales, etc.) y consecuencias (de acercamiento y distanciamiento social, de orden ideológico, de homogeneización en la “aldea global”, de enriquecimiento y empobrecimiento cultural, de abolición y establecimiento de fronteras en la redefinición del espacio cultural mundial) de la presencia de la lengua inglesa en la sociedad española.

En este sentido, hemos adoptado un enfoque “ecolingüístico” multi e interdisciplinar, que se justifica no solo por la naturaleza del estudio, sino por el papel de la lengua inglesa en un mundo globalizado que transita entre dos siglos y dos milenios:


“English is deeply involved in ongoing processes of globalisation and localisation. Yet if the role of English, globally and locally, is to be addressed adequately, scholarship in this branch of applied linguistics needs to be informed by work in economics, political science, and political sociology, communications, cultural studies, history, discourse analysis, and sign languages…we ought also to be familiar with work in peace and conflict studies, development studies, multilingual education, ideology, human rights, and the relationship between biodiversity and linguistic and cultural diversity. A useful umbrella term for addressing the language dimension of such concerns is “language ecology…It is clear then that a major multidisciplinary effort is needed, if we are to understand the roles played by English and other languages in the contemporary global linguistic ecology3” (Phillipson y Skutnabb-Kangas, 1999: 20)
La masiva penetración de anglicismos en la lengua española en las últimas cuatro décadas da cuenta de procesos significativos de impregnación sociocultural e ideológica. Así, partiendo de los trabajos de Emilio Lorenzo, Fernando Lázaro, Christian Pratt o Javier Medina, hemos observado la presencia de nódulos o vectores sociales tan centrales que configuran en sí mismos trazas reveladoras de las influencias ideológicas que todo ello ha tenido en nuestro país como miembro y, cada vez más, partícipe de las dinámicas sociopolíticas e históricas internacionales.

El estudio de los, aproximadamente, setecientos anglicismos recogidos por décadas y ámbitos temáticos nos permite ver que las tendencias sociales predominantes en cada momento corresponden habitualmente a esferas específicas de influencia de los países de la órbita anglonorteamericana. Confiamos en que el lector obtenga, de ese modo, evidencia suficiente tanto de la presencia de la lengua inglesa en la sociedad española como factor determinante de modernidad a partir de los años 70, como de su creciente protagonismo como elemento crucial de mediación en los procesos ideológicos propios de la globalización.



  1. Lenguaje e ideología

Partiendo del contexto social, no se puede definir el devenir de las cuatro últimas décadas de evolución en el mundo sin aludir directamente al término globalización:
“a process in which basic social arrangements (like power, culture, markets, politics, rights, values, norms, ideology, identity, citizenship, solidarity) become disembedded from their spatial context (mainly the nation-state) due to the acceleration, massification, flexibilisation, diffusion and expansion of transnational flows of people, products, finance, images and information4” (Beerkens, 2004: 13).
De este modo, todos los procesos inherentes a las dinámicas sociales (incluidos los lingüísticos y los ideológicos) se solapan en mayor o menor medida. Es decir, los recientes procesos de cambio social en el marco de las distintas nacionalidades se inscriben en gigantescas transformaciones globales que han alterado por completo la faz de nuestro planeta. Si tomamos como ejemplo significativo el contexto británico, Nikolas Coupland propone
“increasing mediation of culture and greater cultural reflexivity; the proliferation and speeding up of communication technologies; a shift towards multi-modal textual representations; a shift from manufacturing to service sector work; the decline of the Establishment; failing trust in professional authority; the growth of the middle class but the accentuation of the rich/poor divide; greater subservience to market economics, in the face of its demerits; an upsurge in consumer culture and new forms of commodification; a shift from group-based to individual-based rights and obligations; some blurring of the distinction between private and public spheres; a reduction of the grosser inequalities by gender and sexual orientation; the pursuit of body projects and a stronger economy of personal appearance; developing ethnic pluralism, especially in urban settings; the development of a post-retirement life-stage; the slow dawning of a more liberal politics of ageing; massively increasing geographical mobility; national boundaries becoming in different ways more permeable; reframing and rescaling of local-global relationships5” (Coupland, 2010: 85).

Analizar con detenimiento los rasgos definidos por Coupland nos lleva automáticamente a extrapolar todos ellos al ámbito español sin miedo a equivocarnos. Los efectos de la globalización tienen, pues, efectos sociales más que evidentes.

Entre los vectores que menciona Beerken, la ideología constituye un ámbito clave que determina la evolución personal y colectiva de las sociedades, en tanto en cuanto orienta a los miembros de una sociedad hacia la naturalización de determinados parámetros de actuación. No es fácil definir el concepto de ideología. En los numerosos volúmenes dedicados a ello podemos encontrar tantas definiciones como autores que se han aproximado al mismo. No obstante, incluiremos en este trabajo la que propone Nohlen en su Lexikon der Politik, donde se mezcla la herencia aportada por Mannheim y Habermas: “(ideology is made of) perceptions and opinions about the social and political realities of societies, which aim at truths and generalizations, although they contain untruths, half truths or unfinished systems of thoughts and beliefs6” (Nohlen, 1995: 390).

Precisamente en la parte final de su definición, Nohlen enfatiza lo profundamente subjetivo, inexacto e incompleto del término ideología por definición. Efectivamente, hay una parte del inmenso número de vectores sociales que engloba el concepto que viene determinada por asunciones interesadas, tergiversadas y orientadas hacia determinados intereses. Para ello, la ideología se sirve de numerosas plataformas de difusión y diversión (en la acepción militar del término) de las que el lenguaje es, quizá, una de las más eficaces.



Las frecuentes interrelaciones que encontramos entre la ideología y el lenguaje se resumen, a juicio de Holborow, en tres grandes reflexiones que surgen de su actividad como docente y de su observación de un mundo cada vez más globalizado:
“Firstly, we are in the crossfire of conflicting ideologies. We are symbolic globalisers through teaching a world language but also instinctive multiculturalists through our contacts with international students and our international teaching situations…Secondly, ideology and language overlap in so many ways that it is difficult to say where one ends and the other begins. For us this is doubly the case. Ideology is the stuff of what we teach, in so far that the material we use, and the culture we are assumed to represent, make statements implicitly or explicitly about the world in which we live. But also, at one removed, elements of ideology persistently form the backdrop to our teaching: it is taking place so extensively only because of US power in the world. Thirdly…interconnections between language and ideology are not given or even predictable. They are in a constant state of flux since speakers can select, interpret, and contest the ideological underpinnings of any specific uses of language7” (Holborow, 2006: 4).
La consideración de la lengua como manifestación intrínsecamente humana apunta a la selección inherente a su producción; es ahí donde Hasan establece las ineludibles relaciones que existen entre lenguaje e ideología:
“If language is viewed as a system of systems of choices then, in a manner of speaking, all its use has to be seen as ideological; in the final analysis, the actual choice, albeit unconscious lies with speakers who in the nature of things are socially-positioned and thus ideology-specific8” (Hasan, 2003: 440).
Por lo tanto, si asumimos los lazos que existen entre lenguaje e ideología, no podemos abstraernos de la generalización de la lengua inglesa como lingua franca en las últimas décadas y, por ello, destacar la potente carga ideológica que ha conllevado. Asociado a un modelo social, económico y político concreto, el idioma inglés ha servido de plataforma de expansión ideológica privilegiada, con un alcance inusitado y con una eficacia nunca vista hasta ahora, al servicio de la sociedad de mercado:
“English as a language has absorbed some of the dominant ideology of neo-liberalism–in the ‘re-semanticisation’ of business and market terms by their use other fields and also through certain speaking styles which have been codified for the business of selling9” (Holborow, 2006: 30).
Los lazos que existen entre lenguaje e ideología nos capacitan para asumir nuestra hipótesis de partida, es decir, que la penetración de anglicismos en nuestro idioma ha tenido ámbitos de influencia ideológica que determinan determinadas creencias, asunciones y puntos de vista extendidos entre nosotros. Todo ello orienta a los ciudadanos a observar la realidad circundante en claves concretas que no necesariamente provienen de sus contextos más inmediatos sino que, gracias a la expansión vertiginosa de los medios de comunicación de masas en primera instancia y de las TIC en segunda, son heredados de ámbitos de dominio socioeconómico internacional, y más concretamente del ámbito norteamericano. No cabe duda de que la presencia ubicua de la lengua inglesa como idioma global opera sobre las estructuras de sentimiento, pensamiento y acción de los ciudadanos en todo el mundo y también en nuestro contexto más inmediato:
“Structures of feeling (are) affective elements of consciousness and relationships; not feelings against thought, but thought as felt and feeling as thought: practical consciousness of a present kind, in a living and interrelating continuity…, a social experience which is still in process often indeed not yet recognized as social but taken to be private, idiosyncratic, and even isolating, but which in analysis (though rarely otherwise) has its emergent, converting, and dominant characteristics, indeed its specific hierarchies. These are often more recognizable at a later stage, when they have been (as often happens) formalized, classified, and in many cases built into institutions and formalisms10” (Williams, 1977: 132).

Lejos de constituir un caso peculiar, España se suma a los procesos globalizadores como país del primer mundo y con un código de expresión que trasciende las lenguas nacionales para mediar en todo tipo de relaciones humanas, desde las comerciales hasta las científicas. Este código viene avalado por la supremacía social, económica y política de los Estados Unidos de Norteamérica.

De hecho, no es desconocida la vinculación que se establece entre lengua y política en cuanto reflejo de las estructuras de poder y en cuanto a su potencialidad para llegar a cambiar dichas estructuras, de ahí nace nuestra preocupación, en tanto en cuanto nos preguntamos hasta qué punto la asunción natural de determinada carga semántica en según qué términos novedosos y foráneos ayuda a comprender e interpretar la realidad de una forma determinada y nunca inocente. En este sentido, Ruth Wodak señala:
“…language reflects power structures—and language has an impact on power structures. Language can be seen as an indicator of social and therefore political situations—and language can also be seen as a driving force directed at changing politics and society. Language is an input as well as an output factor of political systems: it influences politics—and is influenced by politics…Language can be an instrument for or against enlightenment, for or against emancipation, for or against democracy, for or against human rights11” (Wodak, 2007: 1).

De la doble potencialidad que señala Wodak, parece que el imprescindible linguistic imperialism, de Robert Phillipson, apuesta por resaltar los valores que el inglés ha potenciado como entidad dominante más allá de lo estrictamente lingüístico para ampliar su influencia en ámbitos sociales, políticos, culturales e ideológicos. Nace, así, el neologismo “linguicismo”:


“Linguicism involves representation of the dominant language, to which desirable characteristics are attributed, for purposes of inclusion and the opposite for dominated languages, for purposes of exclusion…English linguistic imperialism is one sub-type of linguicism…the dominance of English is asserted and maintained by the establishment and continuous reconstitution of structural and cultural inequalities between English and other languages12” (Phillipson, 1992: 42).
Parece que los argumentos de Phillipson se centran en los aspectos más negativos de la omnipresencia de este nuevo esperanto práctico, sin embargo hay quien sostiene que las ventajas superan a los inconvenientes en el ámbito internacional actual; desde el contexto indio, Sridhar sostiene: “the more roles a language can open up for the speaker, the higher its position. Students and professionals in Karnataka feel that English equips them for the largest number of socially valued roles; next comes the mother tongue13” (Sridhar, 1982: 151). Phillipson, sin embargo, parece aludir a consideraciones mucho más profundas, mucho más ideológicas que la practicidad que, por sentido común, atribuyen no pocos autores a la expansión de este código compartido:
“The arguments in favour of English are intuitively commonsensical (international and often national communication, access to scientific, medical and technical ideas and training, above all modernising) but only in the Gramscian sense of being based on beliefs which reflect the dominant ideology. Hegemonic ideas tend to be internalized by thet dominated, even though they are not objectively in their interest14” (Phillipson, 1992: 8).
En este contexto de opiniones encontradas, lo cierto es que la presencia del inglés es abrumadora, no solo como mediador lingüístico, sino como fuente de impregnación léxica y sintáctica en las más diversas lenguas.

  1. Enfoque diacrónico de la cuestión:
    mediación ideológica y anglicismos en la lengua española (desde 1970 hasta la actualidad)


Contemplar la presencia de anglicismos en la lengua española en las últimas décadas nos lleva necesariamente a una reflexión cuantitativa (en cuanto a la inmensa cantidad de ejemplos que nos encontramos) y cualitativa (respecto a los campos semánticos en los que estos términos aparecen). Desde una perspectiva tan oficial como la que nos proporciona el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), y una perspectiva oficiosa, pero no por ello menos realista y contrastada, como la que nos ofrecen los trabajos de los autores ya aludidos, podemos observar la penetración de anglicismos en la lengua española a la luz de las implicaciones socioculturales que inevitablemente lleva asociada y a la carga ideológica que acarrea. Por ello, no podemos prescindir de los acontecimientos sociohistóricos fundamentales de aquellos años, circunstancias que también dibujan, matizan y guían la deriva de nuestra lengua, especialmente en lo relativo a la incorporación de términos procedentes del ámbito anglosajón.

En la década de los setenta, España asiste al tardofranquismo decadente, caracterizado por el abandono progresivo del autarquismo hacia el desarrollismo. Como consecuencia directa de este devenir histórico-político y económico del país, España experimenta una serie de cambios sociales que resumiremos en cuatro ámbitos fundamentales:

El primero tiene que ver con los procesos de urbanización, fenómeno que se acompasa con la progresiva generalización de esta deriva a escala mundial.


Los términos en negrita entraron por primera vez en el DRAE en la edición de 1970. Además, se registra en esta década el uso de otros términos y expresiones que también incluimos: apartamento, autoservicio, ciudad jardín, living, supermercado.

El segundo de estos cambios sociales tiene que ver con la paradójica apatía política de los españoles que observan la realidad en clave fundamentalmente económica y productiva.




Los términos en negrita entraron por primera vez en el DRAE en la edición de 1970. Además, se registra en esta década el uso de otros términos y expresiones que también incluimos: boicot, contactar, contemplar (poner atención), craquear, devaluación, enfatizar, ignorar (desoír), implemento, planta (fábrica),

Como tercer cambio social más relevante, se produce un interés y atención por el ámbito educativo desconocidos hasta el momento. La vinculación de todas las derivas sociales al ámbito económico; el ascenso de los tecnócratas del gobierno de Franco a la primera línea de la legislación y actuación en el sistema educativo; y el diseño de este como subsidiario del sistema productivo (tras el baby boom de los 60/70 y la promulgación de la Ley General de Educación) definitivamente llevan a la Educación a formar parte nuclear del escenario sociopolítico y económico español.

El cuarto y último cambio social predominante en la España de la época viene directamente determinado por los tres anteriores y consiste en el surgimiento y afianzamiento de la nueva sociedad de consumo: “el cambio cualitativo que permite calificar a una sociedad concreta como ‘de consumo’ se produce cuando la parte del presupuesto familiar destinada a los gastos prescindibles es igual o mayor a la parte del presupuesto destinada a los gastos imprescindibles” (Lerena, 1987: 46).


Los términos en negrita entraron por primera vez en el DRAE en la edición de 1970. Además, se registra en esta década el uso de otros términos y expresiones que también incluimos: bate, béisbol, bistec, bol, bola (pelota), bumerán, claxon, clown, club, cóctel, críquet, crol, delco, esmoquin, esnobismo, flirtear, flirteo, golf, jumbo, kart, mocasín, nailon, nilón, rosbif, suéter, top less, polución, queroseno, radar, reactor, sonar, trolebús, voleibol.

Acompañando a estos procesos consumistas, la publicidad aparece como un apéndice necesario de los procesos de superproducción y ofrece un muestrario completo del entramado ideológico que se le propone al ciudadano del último tercio del siglo XX, insistiendo continuamente en aquello de lo que más se carece. Las vinculaciones entre un mundo publicitario en plena expansión y la lengua inglesa como código ideal para la transmisión internacional de sus mensajes comienzan a ser evidentes. En este sentido, María Jesús Rodríguez aporta razones geográficas y culturales (las multinacionales publicitarias y las técnicas que emplean son norteamericanas); razones lingüísticas (ya que el inglés es más ágil y conciso que las lenguas romances); razones mentales de origen sociolingüístico (por la asociación mental de los conceptos de calidad y garantía que un anglicismo sugiere, debido a que el mundo anglosajón es considerado como una sociedad superdesarrollada); y, finalmente, razones económicas (Rodríguez, 2001: 689).

Desde la óptica de la eficiencia apresurada en términos económicos, la publicidad necesita amplias cotas de mercado internacional, para lo cual
“hace falta disponer de una lengua o lenguas (pocas y usualmente las más mayoritarias y prestigiosas) que se conviertan en mecanismos lingüísticos internacionales y fácilmente identificables con un estilo de vida o ideología. Sin duda, el inglés cumple hoy por hoy esa función aglutinadora de lengua internacional comercial y publicitaria” (Medina, 1994: 9).
Consecuentemente, las conexiones entre el mundo publicitario, la sociedad de consumo, la planificación educativa, el internacionalismo, la raíz del capitalismo y, en última instancia, la identificación ideológica son tantas y tan evidentes que, en la España en vías de desarrollo, la publicidad no es más que otro síntoma inequívoco de la evolución de un país hacia su integración económica en occidente: “el siglo XX ha consagrado la ya inequívoca vinculación entre la publicidad y el sistema económico occidental. La publicidad comercial es una de las mayores manifestaciones del sistema capitalista y es a menudo considerada como uno de los actores responsables de la actual sociedad de consumo” (Durán, 2001: 61).

Así las cosas, resulta imposible desvincular la expansión de la ideología comúnmente asociada al idioma inglés, en sus formas de difusión (en su merchandising, si se me permite la expresión), en sus diferentes ámbitos (instituciones educativas, medios de comunicación, y tecnologías informáticas) y en sus contenidos (ciencia y tecnología, cultura popular e información y consumo), de los valores de la entonces incipiente globalización neoliberal, esto es, “la financiera, no la política, no la de los medios humanos, no la de la justicia, no la del desarrollo sostenible, ni la de los derechos económicos ni sociales, etc.” (Estefanía, 2002: 34-35).

Fue así como las líneas ideológicas transmitidas por la globalización neoliberal, siempre expresadas en inglés, encontraron una vía de penetración más en nuestro contexto inmediato con la estrecha colaboración con los EE.UU., lo que inauguró un nuevo tiempo en la evolución sociohistórica y económica de la España de los años setenta. Las nuevas lealtades hacia el socio norteamericano se iban a traducir en “gestos” de acercamiento político que suscitaron otros climas de opinión, y una nueva simpatía hacia los valores ideológicos de los países más desarrollados.


Los términos en negrita entraron por primera vez en el DRAE en la edición de 1970. Además, se registra en esta década el uso de otros términos y expresiones que también incluimos: agresivo, bueno (como adjetivo en uso interjectivo a modo de fórmula de relleno en la elocución), jazz, nivel, nominar, rock and roll, soul, tabloide, travelín, twist, y/o (como disyunción copulativa), yaz (jazz en el original),

Así pues, y ante este nuevo panorama colaboracionista, los españoles se integraron en los procesos industrializadores “a la americana”. Después de todo, la americana es una nation of salesmen; en palabras de Earl Shorris que recoge Vicente Verdú:


“Las empresas son parte inseparable de la cultura popular o universitaria. En las clases de inglés para extranjeros, en Harvard, se explicaba la historia mercantil de McDonald´s, y en otros textos de inglés se cuenta cómo nació el donut, la historia del cucurucho para los helados o los secretos del éxito de Kentucky Fried Chicken” (Verdú, 1996: 56).
Con este tipo de referencias, la ideología que subyace al inglés norteamericano abre los ojos de una sociedad española forzosamente perezosa ante las tendencias consumistas en masa; la perfecta diferenciación conceptual trabajo/ocio (cuyos espacios se rellenaban con asiduidad por la fábrica de imágenes hollywoodiense); la creación de una nueva y potente clase media; la progresiva introducción de la mujer en el mundo laboral; la escolarización masiva; y, finalmente, la entronización del televisor como eje (y ojo) central de la vida familiar española:
“El televisor se convirtió en el símbolo rutilante de un nuevo modo de vida y de un nuevo estatus social, copiado, a escala reducida, de los modelos ofrecidos por el cine de Hollywood. Cuando en 1965 España se incorporó definitivamente a la Mundivisión gracias al satélite Telstar, pudo decirse que, a pesar de las barreras de la dictadura, el imaginario colectivo de los españoles había conectado definitivamente con los ideales europeos de la sociedad de consumo y de cierta concepción de la modernidad” (Gubern, 1983: 66).
La activa colaboración hispano-norteamericana trajo también consigo enormes implicaciones sociolingüísticas hondamente imbricadas en los cambios y en muchos de los usos y costumbres de la vida de los españoles. Fue a partir de entonces cuando las empresas requerían el concurso de managers, cuando la Coca-Cola sustituyó a la gaseosa y cuando las discotecas dejaron paso a los clubs (clubes en la versión castellanizada). En efecto, las ayudas económicas estadounidenses venían acompañadas de un fenómeno de ostentosa colonización cultural que habría de tener una clara traducción en términos lingüísticos e ideológicos:
“Yendo más allá de la cultura popular, hay quien opina que el impacto de la americanización en toda la cultura occidental es sustancial no solamente porque los llamados valores americanos estén de moda, sino también porque la globalización actual, el hecho de que el planeta tenga cada vez más caracteres comunes, se está desarrollando en términos americanos y se comunica en inglés” (Moncada, 1995: 258).
Álex Grijelmo, en su Diccionario de nuevos términos, realiza una primera aproximación a las nuevas tendencias lingüísticas que se detectan en España desde 1976 hasta 1996. De los 166 términos que recoge en este volumen, aproximadamente la mitad proceden del inglés. Además, 44 de ellos son trasladados directamente de la lengua origen.

Todo ello tiene consecuencias evidentes para el tratamiento de la lengua inglesa en nuestro sistema educativo. Internacionalmente, el conocimiento del idioma inglés comenzaba a ser un factor básico en la preparación académica e intelectual para un mundo de relaciones internacionales donde los imperativos económicos impregnaban todos los ámbitos socioculturales, y donde las reglas de juego económico de los países poderosos eran escritas y prescritas con verbo predominantemente angloamericano. No es casual que, al tiempo que se generalizan estas tendencias, surja, dentro de la Lingüística Aplicada y como una rama con rango propio, la enseñanza del llamado ESP (English for Specific Purposes):


“ESP courses are those where the syllabus and materials are determined in all essentials by the prior analysis of the communication needs of the learner, rather than by nonlearner-centred criteria such as the teacher’s or institution’s predetermined preference for General English or for treating English as part of general education15” (Munby, 1983: 2).
La enseñanza del inglés con fines específicos obedece directamente a la misma lógica de racionalización instrumental de la enseñanza, reduciendo en ocasiones el complejo proceso multifactorial de enseñanza-aprendizaje de una segunda lengua a un mero catálogo o inventario de actividades abstraídos de contextos culturales más amplios. Para Popkewitz, que propone la expresión:
“The belief in scientific pedagogy gave legitimacy to a style of discourse which we can call instrumental reason. It is assumed that there is a common framework of experience for all people and fixed goals. The problem of training is to identify the most appropriate means to attain given goals...The language of instrumental reason is important because it projects an image of rational thought and institutional efficiency. The style of thought creates a view of human activity that is highly specialized, fragmented and impersonal16” (Popkewitz, 1987: 11).
Asistimos, por otro lado, a un proceso en el que las lenguas extranjeras ya no se perciben como elementos bárbaros de invasión cultural, sino como instrumentos esenciales en una sociedad que aspira a alcanzar el tren de una modernidad que se expresa, fundamentalmente, en lengua inglesa. De ahí que, dentro del ámbito educativo y de las preferencias por los idiomas extranjeros de la época, el idioma francés quede asociado a los valores “culturales” (las grandes manifestaciones de la literatura, el arte y el pensamiento elevados) de un imperio perteneciente al pasado, mientras que el idioma inglés viene a representar la “voz cantante” en un mundo gobernado por las transacciones económicas y las nuevas formas de hegemonía científico-técnica.


Los términos en negrita entraron por primera vez en el DRAE en la edición de 1970: analista (medicina y matemáticas), antigás, baquelita, bazuca, cárter, delco, distal, géiser, jungla, laboratorio de idiomas, magnetófono, mísil, napalm, refrigerador, tocadiscos.

Los años ochenta, por su parte, nos muestran el cambio democrático en el que definitivamente se inserta la sociedad española, con Europa como horizonte de aspiraciones comunes (la entrada en organismos internacionales como la CEE y la OTAN no es más que un refrendo institucional a estas aspiraciones). Europa es sinónimo de modernidad y libertad, y el español aspira a convertirse en testigo y portador de referencias culturales externas. La definitiva implantación de la sociedad de consumo se ve acompasada por la creación exponencial de nuevas necesidades a las que responder en un nuevo orden macroeconómico.

Desde el ámbito estrictamente social, en aquellos años la España que ya afrontaba el hecho de generar punkis, así, en la versión castellana espontánea del inglés punk, constituye una metáfora perfecta de un país que definitivamente miraba hacia Europa con el deseo manifiesto de equipararse al contexto internacional a través de procesos de identificación y mimesis política, pero también culturales e ideológicos.


Los términos en negrita entraron por primera vez en el DRAE en la edición de 1984. Además, se registra en esta década el uso de otros términos y expresiones que también incluimos.

TRANSPORTES: aerolínea, aparcamiento, aparcar, crucero, destructor (barco), doméstico, ferry, jeep, overbooking, safari, tráiler, traveller´s cheques, trip, turbopropulsor.

DEPORTES: chut/e, clube, comentarista, córner, críquet, dopado, driblar, enduro, footing, hooligan, K.O., moviola, muerte súbita, National Basketball Association (NBA), penalti, penalty, ping-pong, playoff, rally, ranking, rappel, ring, round, set, sponsor, sprint, team, top, ultraligero, vs., waterpolo.
SOCIEDAD: agresivo (dinámico), aldea global, barman, bingo, bisté, bíter, bungalow, cabeza rapada, camping, clip, cóctel, comida rápida, dandi, drogadicto, drogadicción, esnifar, chutar, duty free shop, estrés, estresante, fan, franquicia, gángster, gay, gin, güisqui, hippy, hobby, office, panfleto, parking, pedigrí, plumcake, póney, poni, pony, punki, puzzle, reggae, sabático, sándwich, self-service, sex appeal, sex shop, sex symbol, sheriff, speed, spray, stand, stop, supermarket, tique, twist, water, whisky, zoo, anorak, bikini, panty, slip, tweed, unisex, a punta de pistola, afirmativa/negativo (como respuesta).

En consonancia con los deseos por dejar atrás un aislacionismo casi militante, con la entronización de la televisión como objeto de consumo en la sociedad española de los ochenta se produce un auténtico fenómeno de colonización cultural que, si bien no tiene un cuerpo lingüístico exacto (los programas son doblados al castellano), se introducen en la sociedad española de manera más sutil y subrepticia, en lo que Alberto Moncada denomina “la americanización de los contenidos”:


“Se ha aumentado el número de programas traducidos del inglés y producidos en América y no sólo películas y telefilmes, sino también reportajes, informativos y, por supuesto, anuncios. La potencia de la producción estadounidense, su stock de material, la habilidad de un diseño hecho para un consumo universal hacen que España sea un país más de los que padecen lo que los franceses, últimamente, llaman la neocolonización cultural” (Moncada, 1995: 254).
A tenor de la situación que se registra en el resto de países industrializados, el inglés es, además de la lengua internacional comúnmente aceptada, la lengua de transmisión de la ciencia y la tecnología a finales del siglo XX. En palabras de David Graddol (2000: 9):
“A study in the early 1980s showed nearly two-thirds of publications of French scientists were in English. Viereck (1996) describes how all contributions in 1950 to the Zeitschrift für Tierpsychologie were in German, but by 1984 95 % were in English. The journal was renamed Ethology two years later17”.


Los términos en negrita entraron por primera vez en el DRAE en la edición de 1984. Además, se registra en esta década el uso de otros términos y expresiones que también incluimos.

CIENCIA Y TECNOLOGÍA: agujero negro, analista (psiconálisis), área (especialidad), bulldózer, búnker, ciencia ficción, container, contenedor, contracepción, cortacésped, créditos (universitarios), curricular, currículo, decodificar, descodificar, departamento (universitario), dióxido de carbono, drill, escáner, eslabón perdido, estárter/starter, extracurricular, fax, fuel-oil, generativa (gramática), hi-fi, láser, marcapasos, parapsicología, presurizar, quark, quásar, randomizado, robot, shock, télex, test, texturizar, veronal.


En esta década, la juventud española ha cambiado sus hábitos sociales respecto a las generaciones que les precedieron. De este modo, los niños y niñas españoles han variado sus preferencias de ocio y cada vez pasan más tiempo delante de una pantalla (de televisión, de ordenador o de consola de videojuegos). Así, no es casual que una inmensa proporción de los productos que se anuncian en televisión y de los contenidos de los programas tengan un origen anglosajón. Cierta potenciación de valores, pues, se convierte en un fenómeno de indudables consecuencias sociales. Y es que la televisión conforma un referente ideológico, político y económico de tal magnitud que se llega a hablar de la reconversión del hombre social en una nueva especie que Giovanni Sartori denomina homo videns: “la televisión no es sólo un instrumento de comunicación; es también, a la vez, paideia, un instrumento antropogenético, un médium que genera un nuevo anthropos, un nuevo tipo de ser humano” (Sartori, 1998: 36). Si aceptamos la tesis de Sartori, la difusión televisiva del American way of life tendrá indudables consecuencias para la sustentación ideológica del mundo que percibe la juventud española.

Desde el punto de vista lingüístico, la lengua española asiste a un proceso de adquisición masiva de anglicismos que, según Gómez Capuz, tienen seis vías de entrada fundamentales:
“Los medios de comunicación de masas, los medios de comunicación privados (como la MTV o The Rolling Stone Magazine), el doblaje de películas, las lenguas especiales técnicas y científicas, las lenguas argóticas (como la lengua del ámbito de la drogodependencia) y, finalmente, el turismo de masas (con términos alimenticios como gran fuente de introducción de anglicismos)” (Gómez, 1995: 507-511).
El colectivo infantil y juvenil de un país como España maneja con fluidez, al menos, cuatro de los seis ámbitos descritos y, por lo tanto, está especialmente expuesto a este tipo de influencia.


Los términos en negrita entraron por primera vez en el DRAE en la edición de 1984. Además, se registra en esta década el uso de otros términos y expresiones que también incluimos.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN: a punta de pistola, afirmativa/negativo (como respuesta), audiencia, break, carisma, cinerama, clip, coalición, columnista, comentarista, compañeros de cama, conducir una orquesta, contactar, copia (discos), creativo, creciente rojo, créditos (películas), crimen organizado, delicadezas, dinámica, disturbar, doméstico, dramático, efectivos, envolver, estado de la nación, estándar, evidencia, fatal, flash, flashback, foro, fraude (“él es un fraude”), hit, hit parade, homólogo, honrar, icónico, ilegalizar, incorporar, ingesta, laborismo, la práctica totalidad, letal, lineal, logotipo, manager, mandatorio, memorial, mitin, mix, músculo (fuerza, influencia), praxis, puntual, relaciones públicas, repórter, revival, rock, romance, santuario, show, showman, single, ska, sketch, slogan, soul, sponsor, spot, suspense, terrorífico, tráiler, twist, un largo etcétera, voz en off, vs., western.


En lo que respecta al ámbito de las entonces denominadas Nuevas Tecnologías, la evolución de estos avances en general, y de la ciencia informática en particular, constituye una revolución a la que seguimos asistiendo hoy en día y que demanda de la sociedad española una actualización científica suficiente y una actualización lingüística más que notable, procedente, en su totalidad, del idioma inglés.




Los términos en negrita entraron por primera vez en el DRAE en la edición de 1984. Además, se registra en esta década el uso de otros términos y expresiones que también incluimos.

INFORMÁTICA: basic, bit, hardware, impresora, interfaz, módem, software.


Finalmente, desde la década de los noventa hasta la actualidad se nos muestra una España plena de libertad democrática en un contexto globalizado regido por la sociedad de mercado. No hay duda de que nuestro país asiste a la vinculación necesaria entre su devenir económico y político (como muestra evidente, la crisis de los años 1992, 1993 y 2009); y las figuras políticas de referencia, también anglosajonas como Thatcher, Reagan, Major o Bush jr. rompen con la tradición keynesiana apostando por las teorías económicas neoliberales. Eventos internacionales entre los que cabe destacar por pioneros los Juegos Olímpicos de Barcelona o la Exposición Internacional de Sevilla, ambos en el año 92, dotan a nuestro país de una dimensión internacional prestigiosa y reconocida (baste recordar que The Economist califica a España como “un país europeo bastante normal”).




Los términos en negrita entraron por primera vez en el DRAE en la edición de 1992. Además, se registra en esta década el uso de otros términos y expresiones que también incluimos.

SOCIEDAD: abortista, after hours, after shave, aligátor, ambiente (“bar de…”), baby boom, baby boomer, béicon, bloc, bungaló, cama de agua, campus, charlestón, cibercafé, cibernovia, cibernovio, ciberteca, contracultura, cool, clóset, condón, cross promotions, culturalista, debutante, diseño (nuevas acepciones), donuts, drag queen, dúplex, filosofía (sentidos generalizados), grunge, honesto/honrado (confusión), humor (gracia), ketchup, kit, light, minimalismo, new look, night club, out, pack, pareja de hecho, pipermín, playboy, póster, presencial (clase), relax, self made man, skin head, spanglish, tampax, teenager, top (y derivados como top ten, top less, top model...), urbanita, váter, VIP, violencia de género, WASP, yacuzzi.


En el ámbito estrictamente económico se produce una evidente identificación de los ciclos económicos españoles con los ciclos europeos y mundiales, en una muestra más de la plena integración de nuestro país en la dinámica global de la UE y del resto del primer mundo.





Los términos en negrita entraron por primera vez en el DRAE en la edición de 1992. Además, se registra en esta década el uso de otros términos y expresiones que también incluimos.

ECONOMÍA: analista, blanquear, consumismo, corporación, corporativismo, corporativo, crack, deflación, depauperizar, devaluar, inc., lobby, marketing, merchandising, optimizar, países subdesarrollados, paquete de medidas, petrodólar, priorizar, república bananera, self-made man.


El impacto que registra en España la extensión de Internet a partir de mediados de los años noventa y, con ella, la presencia de la lengua inglesa en este nuevo canal, a la vez medio y mensaje comunicativo, no es, en absoluto, un factor desdeñable. La información que llena las pantallas de los internautas españoles es una evidencia más del dominio omnímodo de la lengua inglesa, que ha encontrado, pues, un nuevo vehículo reticular de progresión exponencial no solo a través de las formas lingüísticas estándar, sino también a través de los nuevos códigos abreviados propios de los sistemas de mensajería instantánea, donde, en no pocas ocasiones, las abreviaturas mezclan referencias lingüísticas en inglés y español.




Los términos en negrita entraron por primera vez en el DRAE en las ediciones de 1992 y de 2001. Además, se registra en estas décadas el uso de otros términos y expresiones que también incluimos.

TIC: arroba, banner, base de datos, browser, CD-ROM, chat, chatear, checking, chip, ciberespacio, clicar, cliquear, codec, compaq, connect, controlador, cookie, correo electrónico, cracker, current page, data file, demo, disquete, driver, edit, e-mail, escáner, File Transfer Protocol (FTP), floppy, freeware, game pad, hacker, hang, hard disk, hipertexto, hipervínculo, impresora, internet17, Internet Protocol (IP), Joystick, Local Area Network (LAN), login, log out, megabytes, Metropolitan Area Network (MAN), microsoft, mouse, multimedia, navegar, on line, página web, pararelport, pascal, password, printer, procesar, processor, prolog, realidad virtual, salvapantallas, servidor, source, tabworks, telnet, touchpad, trackball, Transfer Control Protocol (TCP), web, webcam, webmaster, website, WideArea Network (WAN), windows, word, word perfect, World Wide Web (WWW).


No cabe duda de que la urdimbre de la sociedad española actual tiene mucho que ver con los orígenes socioculturales, económicos y políticos que encontramos en esta “ruta diacrónica” desde los años setenta. La sociedad española acepta y utiliza con naturalidad multitud de términos ajenos que constituyen un nuevo horizonte vital y un nuevo espejo en el que desear reflejarnos. Los campos semánticos que conforman este amplísimo banco de recursos léxicos, abarcan prácticamente toda la realidad del día a día de unos españoles que viven, trabajan, disfrutan y, sobre todo, perciben la realidad de una manera radicalmente distinta de aquella que sus padres y abuelos vivieron en los dos primeros tercios del siglo XX.




Los términos en negrita entraron por primera vez en el DRAE en las ediciones de 1992 y 2001. Además, se registra en esta década el uso de otros términos y expresiones que también incluimos.

SOCIEDAD: bermudas, bóxer, cachemir, cárdigan, máscara, napa, parka, patchwork, piercing, pin, poliéster, rasta, rimel, shantung, sombra de ojos, styling, abortar (fracasar), acid house, amarilla (prensa), audiencia (conjunto de personas), autopistas de la información/comunicación, backstage, beneficio de la duda, best seller, blues, casting, cine club, cinemascope, circuito (itinerario regular), comedia de situación, compacto (disco), conmutar, cómic, country, cowboy, cubrir (periodístico), cuenta atrás, cumbre, damas y caballeros, desobediencia civil, desperado, el día después, espaldas mojadas, espiral de violencia, esqueleto en el armario, estado del bienestar, estragos cataclísmicos, filibusterismo (político), film, final feliz, -gate (de watergate), gore, gran manzana, hip hop, hombre fuerte, interviú, ítem, jamsession, jingle, larga distancia, larga duración, magazín, mailing, marine, mass media, mediático, medio de comunicación, musical (películas), new age, new deal, nominar, number one, obituario, one to one, oriente medio, pay per view, playback, políticamente correcto, pop, pop funk, pop rock, pop soul, pop art, prime time, profesional (en tono respetuoso), puntual (en lugar de concreto), rap, rating, reality show, remake, rizar el rizo, road movie, salir del armario, scoop, segmento (de jóvenes), serial killer, share, show business, supervisar, superman, superproducción, superventas, superstar, superagente, talk show, target, teoría conspirativa, thriller, vídeo, videoconsola, videojuego, voz de su amo, zapear, zapping, zoom.


  1   2   3   4   5


La base de datos está protegida por derechos de autor ©bazica.org 2016
enviar mensaje

    Página principal