Partidos politicos y sistemas electorales jorge eligio mendez perez



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PARTIDOS POLITICOS Y SISTEMAS ELECTORALES
JORGE ELIGIO MENDEZ PEREZ1

jorgemendez@codetel.net.do

jorgemendez90@hotmail.com

Anatole France enarboló el criterio de que “la utopìa es el principio de todo progreso y el diseño de un porvenir mejor”, por lo que pedimos excusas por adelantado si nuestro pensamiento resulta altamente utópico; aunque lo cierto es que la dimensión de Albert Einstein resulta un valor incuestionable cuando afirma que “no podemos resolver los problemas con la misma mentalidad que los creamos”.


La modernización de los partidos y su reforma polìtica està en una fase de criticalidad globalizante, porque al parecer los partidos polìticos no han logrado adaptarse al entorno social del nuevo modelo que registra el proceso de reingenierìa mundial que se cuestiona incesantemente: ¿estamos en una época de cambio o en un cambio de época?
La crisis silenciosa de los partidos polìticos ha aflorado para el anàlisis que toca hasta la conciencia de lo bueno y de lo bello de la naturaleza paradigmàtica de la verrdad y de la realidad que afecta el clima organizacional de la polìtica y la cultura del ejercicio de la política partidaria que busca la revisión del marco ideológico y el contenido de sus creencias, sus valores, sus actitudes, sus normas y principios, su filosofìa organizacional y su estilo gerencial partidario.
Esa reflexión conduce al anàlisis de los partidos polìticos desde una “perspectiva hacia adentro” que se une a los sistemas electorales desde una cosmovisión integral que trasciende hasta el liderazgo participativo que tiene que reconocer el cultivo de la perfección como abono al mejoramiento de la productividad y de la creatividad polìtica.

1. Enfoque de los Partidos Políticos

El pluralismo polìtico sirve de sustento al sistema electoral, donde impera un régimen democràtico que valida los partidos polìticos como identificación del estado de derecho.



El compromiso de viabilidad asumido por los partidos polìticos encarna fuerzas centrìfugas (centralización) y centrìpetas (descentralización) que hacen que la operabilidad de los sistemas electorales sea la traducción axiológica de una concreción irrenunciable que se prolonga teleológicamente a la organización y funcionamiento del Estado en el sistema polìtico moderno, el cual deviene de la coordinación estratégica de los partidos polìticos en bùsqueda axiomàtica de la “captura del poder”.
En el àmbito conceptual y en su función existencial los partidos polìticos desarrollan una competencia que nace en sus relaciones intrapartidarias y se prolonga sensiblemente fuera de sus linderos naturales en una virtualidad que depende del nivel de consenso entre fuerzas polìticas interactuantes en procesos electorales.
La Politologìa concibe que allì donde hay rasgos acentuados de una diversidad de partidos polìticos con vocación de poder y contenido definido, en un resorte de autonomìa, debe darse un sistema electoral con respuestas coherente, diàfana, trasparente y dotado de imparcialidad.
Para que haya una concreta modernización del Estado debe producirse primero una reingenierìa amplia en la comunidad polìtica por aquel postulado que establece que una sociedad en proceso de modernización tiene que ser pluralista con alto nivel de participación polìtica, porque la modernización crea y eleva la conciencia y actividad polìtica a grupos sociales y económicos que no existìan en la sociedad tradicional o que se encontraban fuera de la espera de su polìtica. O dichos grupos son asimilados al sistema polìtico, no se convierten en una fuente de antagonismo y revolución contra el sistema. El logro de la comunidad polìtica en una sociedad en modernización implica... la integración “horizontal” de grupos comunales y la asimilación “vertical” de clases sociales y económicas”. (Huntington, S.P. :“El Orden Polìtico en las Sociedades en Cambio”. P. 351).
J. Bryce dice que “... la democracia es la manera de contar las cabezas sin romperlas”, pero la tónica parece que ha sido la que establece que hay que buscar “primero el reino polìtico y todo lo demàs te serà dado por añadidura”. Esto engendra la atención primaria que hay que dispensar a las organizaciones polìticas; pues el establecimiento de un sistema de partidos eficiente es capaz de estructurar la participación de nuevos valores en polìtica partidista que prestigien la institucionalidad en una conjunción verdadera de desarrollo polìtico. “Un régimen sin partidos es por necesidad, un régimen conservador” (Duverger M. :“Polìtical Parties”. P. 426) y un Estado sin partidos con estructuras o plataformas ideológicas definidas subcumbe en la fragilidad. Todo en democracia parece concentrarse en lo electoral. José Ortega y Gasset lo confirma en “La Rebelión de las Masas” cuando presagia que “... la salud de las democracias, cualesquiera que sean su tipo o grado, dependen de un mìsero detalle técnico: el procedimiento electoral, todo lo demàs es secundario”.
La teorética que castra la eficiencia partidaria y que destaca la irracionalidad, , la devaluación y la corruptela partidaria, hindilgada con mayor profusión en la época actual, hay que deshacerla con postulados que fortalezcan una imagen positiva y moralizante, porque està comprobado que no puede existir democracia sin partidos polìticos. En un Estado en modernización la organización polìtica equivale a una organización partidaria y no es posible el desarrollo social sostenido en un Estado donde predominen la fragmentación y el desorden polìtico. Los partidos polìticos son los vehìculos efectivos para construir o reconstruir una convivencia democràtica, por lo que deben “superar el mero caràcter cojuntural y electoral para desarrollar estructuras estables y permanentes sobre plataformas programàticas que recuperen, motiven y mantengan el interés de la mayorìa.... merecen superar la satanización que los abruma... perder el caràcter peyorativo y malsano... emprender el arduo proceso de recuperación del buen nombre de la Polìtica para que ésta sea vista como un instrumento de la sociedad civil y no como un obstàculo a las reinvindicaciones sociales”· (Murillo, G., Ruìz, J.C. :“Partidos y Clases Polìtica en América Latina”. P. 292-293).
El nuevo orden internacional determina que sólo es legìtimo lo que proviene de fórmulas democràticas. Esto conduce a la interacción entre la sociedad y los partidos polìticos, los cuales estàn llamados a delinear el marco de la polìtica económica y social del Estado, pero abandonando la pràctica ominosa de la redistribución por la vìa del ejercicio del clientelismo.
El partido de notables del siglo XIX ha desaparecido. “Sus tareas alternaban entre conceder algunas de las aspiraciones de las clases subordinadas y reprimir a los sectores populares cuando el nivel de sus demandas alteraba el orden social, al tiempo que se administraba la res pùblica, entendida como asunto de los sectores dominantes a quienes servìa y entre los cuales reclutaba a sus miembros. Con el desarrollo económico y la incipiente industrialización en algunos paìses de la región, pasaron a tener un papel anticipador de demandas o a practicar una polìtica de tipo iluminista. Su método de acción era elitista. Se trataba de realizar conversaciones de caballeros por medio de las cuales se arriba a pactos. La fórmula polìtica dominante era la de un gobierno presidencial de mayoría surgido de elecciones censitarias e indirectas. En la mayorìa de los paìses de la región resultaba difìcil seguir éstas reglas durante largo tiempo. La acción anarquizante de los bandos armados caudillescos, que representaban los intereses de los sectores sometidos, obligaba a negociar con ellos. Las situaciones de guerra y de paz se alternaron con el paso del tiempo. Finalmente la mayorìa de estas organizaciones no logró transformarse en partidos de masa, salvo en Colombia y Uruguay y se extinguieron lentamente”. (Perelli, C., Zovatto, D.: “Partidos , Liderazgos y Consolidación Democràtica en América Latina “, Partidos y Clases . P. XVII).
Los partidos polìticos de masas aparecen con la modernización societal , con su complejización y con el ascenso de los sectores medios ligados a su promoción. Hubo la conformación de partidos Catch All ( “atrapa todo”), agregadores de intereses y partidos articuladores de intereses con una definición ideológica o corporativa, asì como partidos populistas que acentuaron una dimensión clientelìstica, unos reconocidos como àrbitros entre clases sociales u otros que apelando a la negociación recurrieron a fórmulas autoritarias, populistas, aùn cuando recurrìan a la realización de procesos electorales.
Las dictaduras comisariales tecnoburocràticas de los años 60 y 70 hicieron que algunos paìses mantuvieran polìticas estatalistas, frente a otros que optaron por la vìa de recortar el Estado, pasando las formaciones partidarias preexistentes a situaciones de hibernación ante la acción combinada de las fuerzas armadas y los tecnoburócratas.

Los partidos y los lìderes polìticos dieron paso a una redemocratización que en su profundidad polìtica de ajuste redujo la efectividad de la acción de intermediación de los partidos hasta conducir al despretigio del polìtico profesional que dio lugar al “outsider” o antipolìtico, como Mario Vargas Llosa frente a Alberto Fujimori en Perù, Fernando Collo de Melo, en Brasil, Tabaré Vàsquez, en Uruguay, Rafael Caldera, en Venezuela; o la apreciación de extrapartidos nacidos del rechazo de la clase polìtica tradicional y por el despretigio partidario, como ocurrió en Argentina con los gobernadores Ramón “Palito” Ortega y Carlos Reuteman o en Venezuela con Hugo Chàvez.



La sustantividad de lo polìtico hay que rescatarlo con una argumentación convincente que valorice lo expresado por Jorge Mario Garcìa Laguardia, en el Primer Curso Anual Interamericano de Elecciones, organizado, en 1987, por CAPEL, en donde quedó plasmado que “... la bùsqueda de la democracia es una gran aventura compartida, en la que todos estamos en el derecho y en la obligación de participar. Y es una aventura difìcil de coronar, porque identificar al sujeto y al objeto del poder polìtico, a los gobernantes y a los gobernados, a los detentadores y a los destinatarios del poder, es el ideal que persigue el auténtico régimen democràtico en su visión màs comprensiva. La promoción del derecho y de los procesos electorales democràticos debe entenderse como la defensa de un derecho humano fundamental”.

2. Partidos Polìticos en el Marco del Derecho Electoral.
El fenómeno de los partidos polìticos està apoyado indudablemente en el desarrollo del sufragio, en aumento y consolidación de grupos sociales que facilitan su legitimación sobre principios sistémicos que contribuyen con la democratización de la sociedad que articula valores en la formación de la voluntad polìtica para la orientación del ejercicio del poder nacido de componentes electorales.


2.1. Definición de Partidos Polìticos.
La naturaleza definitoria de partidos polìticos obedece a una concepción que se circunscribe dentro de perspectivas históricas y geogràficas.

2.1.1. Ambito Histórico.
Desde el àmbito histórico se toma como punto de partida las instituciones de expresión popular del período clàsico del Derecho Romano como lo representó el Senado, las ciudades-estado medievales, el Parlamento de Tudor e instituciones de expresión democràtica de la Francia Revolucionaria.
La historia registra el partido polìtico partiendo de la cooperación basada en lealtad, metas comunes que implican decisiones polìticas.
La definición de partidos polìticos resulta complicada, pero “se trata de las organizaciones que participan en elecciones competitivas, con el fin de hacer acceder a sus candidatos a los cargos pùblicos representativos”, (Pasquino, G.: “Manual de Ciencia Polìtica,” citando a Stefanno Barttolini. P. 217).
Se aprecia que “el término partido polìtico comprende a las organizaciones cuya finalidad es la de apoderarse del gobierno en la contienda electoral con uno u otros partidos” (Enciclopedia Internacional de Ciencias Sociales”. P. 264).
Pierre Duclos subraya que partido polìtico es “la expresión organizada en una fracción de opinión en la lucha por la conquista del poder”. (L` evolution des Rapports Politiques Deput`s. P. 142). A esta definición Erich Kauffmann establece que los partidos “son organizaciones que cuentan con determinados fines y exigencias, arrastran a adheridos y seguidores y persiguen conquistar el poder, o por lo menos, influir en la formación de la voluntad estatal” (Grundtatsachen Und Greund Bregriffe Der demokcratie, Munchen. P. 17).
Lenk y Newman recogen la consideración de Edmundo Burke, para establecer que el partido polìtico es “un grupo de hombres unidos para fomentar, mediante esfuerzos conjuntos, el interés nacional, basàndose en algùn principio determinado en el que todos sus miembros estàn de acuerdo” (“Teoría y Sociologìa Crìtica de los Partidos Polìticos”. P. 82).
Max Weber llama partido polìtico a las “...formas de socialización que, descanzando en un reclutamiento (realmente) libre, tiene como fin proporcionar poder a sus dirigentes dentro de una asociación y otorga por ese medio a sus miembros activos determinadas posibilidades ideales o materiales (la realización de bienes objetivos o el logro de ventajas personales o ambas cosas)” (“Economìa y Sociedad”, Fondo de Cultura Económica. P. 228).
Para Coleman y Rosberg los partidos polìticos son “Asociaciones formalmente organizadas con el propósito explìcito y declarado de adquirir o mantener un control legal, bien solos o en coalición, o en competencia electoral con otras asociaciones similares, sobre el personal y polìtica de gobierno”, (“Sociologìa Polìtica”, P. 120).
El criterio de partidos polìticos es amplio y la definición es mùltiple:
a) “...intento organizado de alcanzar el poder, entendiendo por tal el control del aparato estatal, esta pretensión lo distingue de los grupos de presión y de los pequeños partidos cuyo interés en el poder es alto, remoto para que afecte a su actuación”.

E.E. Shattschneider.

B) “Conjunto de ciudadanos que se asocian con el objeto de defender sus intereses polìticos y luchar por el poder, con el fin de realizar un programa de acción y doctrinario”.

Daniel Moreno

Diccionario de Polìtica.
C) “Grupo de personas organizadas con el fin de ejercer o de influir en el poder del Estado para realizar total o parcialmente un programa polìtico de caràcter general”.
Manuel Garcìa-Pelayo.
D) “Agrupación social que organizada legalmente, siendo sustentante de una ideologìa filosófica con tendencia polìtica tiene como objetivo principal la conquista del poder pùblico”.
José A. Silié Gatón

“Tratado de Derecho Electoral”


El artìculo 41 de la Ley Electoral Dominicana nùmero 275-97 del 21 de diciembre del 1997, otorga un caràcater legal a la definición de partido polìtico, al concebirlo como la “agrupación de ciudadanos que se organiza de conformidad con la constitución y las leyes, con el fin primordial de participar en la elección de ciudadanos aptos para cargos pùblicos y de propender a la realización de programas trazados conforme a su ideologìa particular, con el objetivo de alcanzar los puestos electivos del Estado”.
La ley de partidos polìticos de la Repùblica Federal Alemana tiene una definición casi parecida a la dominicana, al establecer que los partidos polìticos son “Asociaciones de ciudadanos que influyen duraderamente o por largo tiempo en la formación de la voluntad polìtica y aspiran a cooperar en representación del pueblo”. Los partidos polìticos que compiten entre sì constituyen la base polìtica del moderno sistema constitucional parlamentario. Como grupos formados ofrecen alternativas para la configuración de la vida estatal. Los partidos figuran entre los factores màs poderosos en un Estado democràtico. Su libre actuar es parte integrante necesaria del ordenamiento democràtico (Documento sobre Polìtica y Sociedad. Repùblica Federal Alemana, p. 14).
La unificación de criterios nacida de la mixtificación definitoria de la conceptualización de partidos polìticos hacen identificar las siguientes caracterìsticas:
a) Tienen un sentido de permanencia que refleja la institucionalidad.

b) Preconizan la materialización de un pluralismo polìtico.

c) Sirven de promotores de la participación ciudadana.

d) Contribuyen con la formación y manifestación de la voluntad popular para accesar al poder, a los cargos de elección popular.

e) Influyen en las decisiones polìticas y democràticas del Estado.

2.1.2. Perspectiva Geogràfica.

La perspectiva geogràfica que define la naturaleza de los partidos polìticos toma en cuenta el origen y el papel de los mismos donde se identifican posiciones diversas complementarias a las variables histórico-conflictiva que subyace en la formación divisoria socio-estructurales al proceso de formación del Estado, al desarrollo industrial como base para la existencia de identidad colectiva, de grupos y movimientos potencialmente en conflicto o variables de tipo institucional.


El origen y el desarrollo de los partidos polìticos se traslada a la ampliación del sufragio para poner las condiciones de disponibilidad de un amplio mercado electoral, donde aparecen tendencias competitivas con fuertes consecuencias organizativas en los partidos polìticos; asì mismo, los partidos polìticos estàn ligados al desarrollo de las instituciones democràtico-representativas y en particular a los parlamentos, “segùn una progresión que parte del desarrollo de la representación parlamentaria no distorsionada (voto igual y reducción de los obstàculos institucionales para la transformación de los votos en mandatos parlamentarios), y concluye con el pleno reconocimiento de la responsabilidad parlamentaria del gobierno y la vinculación institucional entre mayorìa parlamentaria y poder gubernamental”. (Sànchez Torres, Carlos Ariel: “Derecho Electoral Colombiano”. P. 47).
El anàlisis sistémico de Easton y Parsons, retomada por Bartolinni, expresa una “situación histórica de interacción entre una serie de input socioculturales (que determinan las diversas oportunidades para la articulación de las demandas y de la protesta y la organización y la movilización del apoyo) y los outputs institucionales del proceso de democratización polìtica, es decir, las reglas del juego y las disposiciones constitucionales que se elaboran en esta fase como respuesta a las presiones desde abajo hacia la representación polìtica, en un verdadero proceso de retroalimentación” (Pasquino, op. Cit.. 237).

2.2. Sistemas de Partidos y Partidos Polìticos.

Los sistemas de partidos empujan hacia el sistema electoral registrando la realidad y su aparato de proyección que parte de la distinción de la democracia liberal con régimen pluralista y el modelo autoritario con el régimen de partido ùnico o régimen sin partido.


El sistema de partidos puede ser definido como el “...conjunto de partidos en un determinado Estado y los elementos que caracterizan su estructura: cantidad de partidos, las relaciones entre sì, tanto respecto a la magnitud de ellos como a sus fuerzas relacionales.... las ubicaciones mutuas, ideológicas y estratégicas, como elementos para determinar las formas de interacción; las relaciones con el medio circundante, con la base social y el sistema polìtico” (Nohlen, Dieter: “Diccionario Electoral”. P. 631).

Se aprecia que el sistema de partidos toma en cuenta la estructura del génesis, la función o capacidad funcional. Esto conduce a atemperar la explicación configurativa de los diferentes sistemas de partidos desde una óptica genética con elementos institucionales influyentes.


2.2.1. Clasificación de Sistemas de Partidos.
2.2.1.1. Monopartidismo

2.2.1.1. Partido dominante

2.2.1.3. Bipartidismo régido y flexible

2.2.1.4. Sistema dos y medio

2.2.1.5. Pluripartidismo.
La complejidad de los sistemas de partidos polìticos ha conducido a que se hayan tomado en consideración los factores que han contribuìdo al desarrollo de los partidos polìticos. Dentro de los elementos esquemàticos de aproximación cientìfica estàn:

a) La cantidad de partidos polìticos

b) Rol de los partidos polìticos en el Sistema Electoral

c) Formación partidista

d) Pluralismo del efecto de representación proporcional

e) Competitividad y no competitividad

f) Dinanismo transformante competitivo e interactivo

g) Atomización de los partidos producto de la fragmentación y polarización.

H) Cleavages nacidos de fracturas sociopolìticos.
2.2.1.1. Sistema Monopartidista

Encierra la existencia de partido ùnico como antìtesis de una democracia pluralista y expresión de una sociedad con una sola respuesta electoral en el formado partidista sin referencia competitiva. La base histórica de Argelia, Rusia y Cuba està anclada como mejor ejemplo del modelo partidista.




2.2.1.2. Sistema del Partido Dominante
Es el reflejo de la inserción de un partido polìtico que aunque existan otros partidos polìticos se convierte en un partido predominante, hegemónico, atomizado por la atractividad, por acomodamiento ideológico o por inmovilización sociológica resultante del grado de útilidad. El ejemplo se centra en el partido liberal demócrata de Japón, donde a pesar de competencia socialista y comunista mantiene el predominio, donde Komeito en cuarenta años no perdió el poder; el Partido Revolucionario Institucional de México (PRI) es una elocuente muestra por permanecer en el poder desde finales de la década de los años veinte hasta la actualidad.

2.2.1.3. Sistema Bipartidista Rìgido y Flexible:
El bipartidismo rìgido o duopolio es un modelo que nace, segùn Maurice Duveger de las líneas divisorias entre conservadores y liberales; por lo que su tipificación requiere una distancia ideológica entre dos partidos mayoritarios con posibilidad de alternabilidad y con estructuración fortalecida en ambas colectividades humanas. El ejemplo de pluralidad bipartidista por excelencia està en Gran Bretaña.
El bipartidismo flexible tiene una naturaleza de poca estructuración de sus partidos, donde no hay fàcil admisión de terceros partidos. El caso tìpico se observa en los Estados Unidos, donde demócratas y republicanos tienen abierta una discusión continua entre ambos.
El bipartidismo resulta de la fragmentación del multipartidismo o de la ruptura del monopartidismo para llevar a la conexión determinante de la polarización, bajo el entendido de Sartori de que el “multipartidismo polarizado favorecìa la crisis y la inestabilidad del sistema democràtico”.
El criterio de la cantidad de partidos ha sido sustituido por elementos cualitativos y se ha abordado la propuesta clasificatoria de competitividad y no competitividad, donde se toma en cuenta “la diferenciación ideologica y pragmàtica” y los subtipos nacidos de los sistemas competitivos como son :“ 1ro. Alternante-ideológico, 2do. Alternante-pragmàtico, 3ro. Hegemónico-Ideológico; y 4to. Hegemónico-Pragmàtico”, (La Palombara J. Weider M.: “Political Parties and Political Development).
El estilo de clasificación numérica fue luego reformulado por Sartori en 1976 por el criterio de competición e interacción entre los partidos polìticos tomando en consideración lo dinàmico, lo transformante en el sistema de partido. Esto le permitió presentar la insertación de formatos partidistas que en continuum comprende la estratificación general ya planteada entre la cual se encuentra el bipartidismo que no escapa al determinismo institucionalista de Maurice Duverger ni a la configuración sociológica de Lipset y Rokkan que aducen estos ùltimos que “... los contrastes decisivos entre los distintos sistemas (de partido) emergieron antes del ingreso de los partidos de la clase obrera en la arena polìtica, y el caràcter de estos partidos de masas, fue notablemente influidos por la constelación de ideologìa, de movimientos y de organizaciones con los cuales debìa encontrarse en la contienda”. (Lipset, S.M. y Rokkan, St.: “Party System and Voter Alignments, Free Press. P.35). Aquì està centrada la muestra fehaciente de que la estructura sociopolìtica ha adquirido un caràcter persistente, independientemente de la tesis de congelamiento (freezing) aparecida en Europa después de concluìda la fase de movilización polìtica, donde con la aparición del nuevo cleavage (el ecológico) y nuevos tipos de partidos que escapan a la “capacidad explicativa del enfoque sociológico plasmado por dichos tratadistas, apareció la teorìa genética de los partidos y en una temàtica de subjetividad que requiere de mayor comprensión para una explicación argumentista de los factores que se verifican en la formación y evolución de los sistemas de partidos.

2.2.1.4. Sistema Dos y medio.
El resultante de la alternabilidad del poder no tanto en su desempeño electoral, sino por la interactuación por un tercer partido.
En el sistema de partidos que se distingue por el prototipo dos y medio su diferencia ideológica puede ser notable, aunque la diferencia entre los dos primeros partidos puede ser mayor que en el bipartidismo. Ejemplo clàsico en la Repùblica Federal Alemana con dos partidos grandes como CDU y SPD.

Los tratadistas al analizar el sistema de dos y medio “prefieren hablar de bipartidismo equilibrado o de bipartidismo dominado, cuando uno de los dos es mayor que el otro” (Schawartzenberg, R.G., “Sociologìa Politica”. P. 562).




2.2.1.5. Sistema Pluripartidista.
El pluripartidismo o multipartidismo comienza a operar a partir de la presencia de tres o mas partidos relativamente equilibrados. En Europa puede apreciarse en Francia o en Italia y en América Latina en Perù o en Ecuador.
Un elemento constitutivo propio del pluripartidismo es que normalmente conlleva a coaliciones o alianzas, estables o no, de origen eminentemente electoral.

2.3. Tipologìa de Partidos Polìticos.
La viabilidad de la interacción de los partidos polìticos y el ideologismo que sostiene el discurso polìtico consolida la democracia y el sistema polìtico fortalece su visión generadora de conceptualizaciones formuladoras de un ordenamiento estatal dinàmico cuya transformación es la garantìa conformadora de la integración ciudadana en una categorìa etipelogìa de partidos polìticos conforme a su concepción.
El siglo XIX marca la aparición de los partidos polìticos con caràcteres distintivos propios de la fase primaria de su desarrollo que se inicia en Europa y se prolonga a los Estados Unidos.
Las condiciones de un pensamiento polìtico estructurado en criterios que favorecìan la discusión proporcionaron el surgimiento de los partidos polìticos en Gran Bretaña como producto de la Revolución Inglesa en Francia como consecuencia de la Revolución Francesa en Estados Unidos como obra de la Independencia que se hizo eco entre la mirada desconfiada y la falta de convivencia pacìfica en América Latina tras su proceso independentista con enfoques alternativos que dificultan el marco analìtico de la articulación paradigmàtica de su funcionamiento comprensible en cuanto a los principios abstractos y especulativos de su dominio.
El esfuerzo metodológico realizado por Max Weber , Robert Richels, Ostrogorski, Maurice Duverger y Giovanny Sartori, marcaron el punto de partida para el anàlisis tipológico moderno de los partidos polìticos que parte de la màs amplia expresión de la Sociologìa del Poder hasta una comprensión moderna de formación polìtica.
2.3.1. Tipologìa de Max Weber.

2.3.1.1.
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