Perón en chile 1953 Colección Historia Encubierta



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www.historiadelperonismo.com agradece al prof. Pedro Godoy P. su autorización para la publicación de este trabajo

Prof. Pedro Godoy P.



peron

PERÓN EN CHILE
1953

Colección Historia Encubierta EDICIONES NUESTRAMERICA peron





ÍNDICE

 





PREFACIO

  • Las Semillas

  • Irredentismo y ABC

  • Tras un nuevo Maipú

  • Conjuras Y Anhelos

  • ¿Ibañismo es Justicialismo?

  • Horizonte Albiceleste

  • El Imperio Se Moviliza

  • «Silencio» En La Caserna

  • Cuesta Abajo En La Rodada

  • La Batalla Del Mapocho

  • El Peso De La Noche

  • Documentos Perón-Ibañez 1953

  • Argentina Y Chile

  • Palabras del General Ibañez

  • Palabras del General  Perón

  • O'higgins Y San Martin

  • Habla el General Ibañez

  • El Proyecto ABC

  • Fotografías





peron

De tanto amar y amar brotan los libros
y si no poseen hombre a manos llenas,
si no poseen mujer en cada gota,
hambre, deseo, cólera, camino,
no sirven para escudo ni campana,
están sin ojos y no podrán abrirlos
tendrán la boca muerta del precepto».
Pablo Neruda

Acaso alguno desdeñe, por lo
criollo mis relatos. Estos no
son para extranjero,
 cajetillas ni pazguatos.
Leopoldo Lugones

 

PREFACIO 
peron 

El peronismo al interior de Argentina, ha sido estudiado. Su impacto externo, en cambio, es insuficientemente conocido. Se le cree un conductor puramente argentino. Lo fue y con impronta perdurable. Sin embargo, irradia más allá de las fronteras patrias. No sólo por su programa y realizaciones domésticas, sino porque impulsa un proyecto de reconstitución de lo que Manuel Ugarte denomina la Patria Grande. Con el pseudónimo Descartes, ya en 1948, expresa «la Cruz del Sur es el símbolo de la América austral. Ni Argentina, Brasil o Chile aislados pueden alcanzarla grandeza. Unidos, en cambio, constituyen una entidad formidable a horcajadas de dos océanos... Desde allí, hacia el norte, se construirá la Confederación Sudamericana. Vinculados son inconquistables. Separados indefendibles».

Ese Perón que anhela cristalizar el proyecto de Bolívar y San Martín está retratado en este texto. A las páginas de recuento e interpretación de los nexos del mandatario trasandino con Carlos Ibáñez en procura primero del ABC y después de los EEUU andinoplatenses se añade una sección de documentos y otra de testimonios fotográficos. El semestre histórico que inaugura el conductor con su visita, en febrero de 1953, retribuido con la visita del Presidente de Chile a Buenos Aires en julio de ese mismo año, plasman un capítulo estelar en la Historia de nuestra América. Si seguimos a Ortega y Gasset la Argentina de entonces -como en su momento Piamonte, Prusia o Castilla- exhibe «talento nacionalizador» ofreciendo a los vecinos un «proyecto de vida en común1».
1. «España invertebrada», Edit. Occidente, Madrid, 1998.

En un Chile -ayer y hoy, con dictadura o democracia- hondamente excepcionalista, el peronismo es resistido. Hubo pocos que escaparon a la «atracción fatal» que ejerce la postura etnocéntrica que siempre se colude con el proimperialismo franco o solapado. Sin embargo, sectores de las FFAA, en particular del Ejército, cuadros sindicales, intelectuales y académicos manifestaron simpatía por e! programa. No constituyeron multitud. El panorama -como se explica en las próximas páginas- es inicialmente favorable para el plan de acción de la Casa Rosada de entonces. Aunque no viví como protagonista los acontecimientos, sino como testigo adolescente ajeno al escenario siempre tuve simpatías proargentinas y sanmartinianas que después se tiñen de peronismo.

En mi hogar de origen -de esos en que se vive rodeado de libros, con prensa sobre la mesa y diálogos en torno a asuntos políticos- hubo duelo con la derrota de Tamborini-Mosca. No podía explicar cómo -después la caída de Berlín- pudiera triunfar un «militarote nazifascista» y no por un pronunciamiento, sino mediante el sufragio. Era 1946, pero muy pronto ese enfoque cambia y la Declaración de la Independencia Económica suscrita por Perón en Tucumán se juzga una aurora. Luego, aquella familia mesocrática es envuelta por el huracán ibañista y se admira ante los mineros bolivianos que triunfan en la Semana Santa de 1952. Recuerdo que siendo un mozuelo escribo a la Casa Rosada y -a poco andar-de la soñolienta oficina de correo retiro un paquete con la Carta de 1949.

De entonces hasta ahora mis nexos con Argentina y el peronismo se acrecientan. Es hito importante una gira en 1960 a Buenos Aires. Allí concurro a Curso de Temporada que ofrece la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en el recinto de Viamonte. Conozco al mundo académico enemigo de Perón. Son «flores de Romero». Había otro mundo en la proscripción apodados «flores de ceibo». Eran los catedráticos leales al Presidente depuesto en 1955. Había seguido -paso a paso- el derrumbe. Sabía eso de la cañonera paraguaya «Tacuara» en que se refugia. En el momento de mi visita si había que aludirlo se hablaba de «ese»con furia y desprecio. A los actos académicos acudía siempre una delegación de la Marina. Algo en el civilista Chile de entonces, extrañísimo.

No es todo, la UBA nos atiborra de las obras que comienza a producir la Editorial de la Universidad de Buenos Aires. Se conoce como EUDEBA. Allí conozco, por ejemplo, «Recuerdos de provincia» de Sarmiento y, por cierto, comienzo la lectura siempre presente de «Martín Fierro». Risieri Fondizi es el rector y se preocupa de apertrecharnos de esos impresos. Aún más, en los quioscos de aquella Capital Federal -para los mapochinos de entonces monumental y próspera- se venden unos pequeños libros. Unos son de la Editorial Coyoacán y otros A. Peña Lillo, editor. Es la literatura de la resistencia que asoma la cabeza, como salmón, rompiendo el casquete de hielo impuesto por un quinquenio de tiranía «fusiladora». Así conozco otra vertiente justicialista.

Ese encuentro -entre varios- con Jauretche, Ramos y Spilimbergo y con Methol Ferré y Ares Pons -a través de esos pequeños libros semiclandestinos-contribuyen a iluminar mejor y dar mayor consistencia a aquella simpatía brotada en la adolescencia provinciana por Argentina, los argentinos, Perón y el peronismo. La intuición se repleta de certidumbres: no había duda que constituíamos una sola nacionalidad desmembrada y «si éramos chilenos a secas y no chilenos suramericanos era porque habíamos dado la espalda a los militares O'Higgins Riquelme y Vidaurre Garretón». Lo anotado -por cierto-es chino para el criollo particularista dopado con la definición según la cual «el Estado es la nación jurídicamente organizada».



En 1982 -no sin antes intentar que la tesis bosquejada tuviera eco en el clandestino PS abriendo un III frente de tipo bolivariano acorde con la línea de Grove y Matte Hurtado y, por ende, antagónico a la postura  marxista  y socialdemócrata,  ambas eurocéntricas- se funda el Centro de Estudios Chilenos CEDECH. El acta fundacional se suscribe en plena guerra de Malvinas y nuestra primera actuación pública es adherir a Buenos Aires y denunciar la agresión británica. Es la única entidad, en ese sombrío Chile de Pinochet, que está en esa trinchera. Obtuvimos cobertura de prensa interna y externa y así debutamos contribuyendo, de modo simbólico, a izar el pabellón albiceleste con e! sol de los Incas en Puerto Rivero. Luego, sin dudar, se aplaude la mediación vaticana y el Tratado de Paz que evita un fratricidio.

Un poco esto y algo más explican «Perón en Chile». Es testimonio periodístico, documental y fotográfico de una epopeya hecha de talento visionario y de dinamismo diplomático. No toda gesta es con metralleta en mano. También hay otras que se viven, paladean o padecen en la aparente paz. El proyecto justicialista de 1953 que el tiempo engrandece amerita conocerse ahora que se registran esfuerzos por repotenciar el MERCOSUR y que Caracas asume un liderazgo equivalente al que entonces tuvo Buenos Aires. Me resta antes de cerrar esta nota agradecer a los camaradas de la otra Banda -entre muchos-Roberto A. Ferrero, Julio Fernández Baraibar, Rolando Mermet, Alberto Guerberof, Alberto Buela. Imposible no incluir en esta nota queda un homenaje a quien nacionaliza los hidrocarburos de Bolivia: Andrés Soliz Rada.



PGP Verano de 2006


 

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Proyecto ConfederaciónSudamericana

Proyecto ABC

Proyecto EEUU 
Andinoplatenses

 

 

 



Juan Domingo Perón posee un nexo con Chile antes de promover, desde la Casa Rosada, una enérgica política integradora. Al finalizar la década del 30 se desempeña como Agregado Militar adjunto a la representación diplomática de su país en Santiago. Ello le permite conocer la geografía del país y la vida política. Analiza de cerca la gestión de Arturo Alessandri Palma y olfatea los prolegómenos del Frente Popular que catapulta a La Moneda a Pedro Aguirre Cerda. Y... fuera de contexto, un dato anecdótico, su sucesor es el mayor Eduardo Lonardi quien conduce -décadas después- el cuartelazo que pone fin a la II presidencia justicialista. Será sorprendido en una labor de inteligencia. Sin embargo -de modo reiterado- se atribuye esa maniobra al futuro líder. El denominado «caso espionaje» que se le adjudica -durante medio siglo- ese episodio es instrumentalizado para presentarlo como personaje siniestro involucrado en una faena destinada a perjudicar al país. peron

LAS SEMILLAS
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 espués de dos años en Europa, específicamente en Italia especializándose en guerra de alta montaña, Perón ya coronel, regresa a Buenos Aires. Adquiere relevancia en el marco del GOU -Grupo de Oficiales Unidos o Grupo Obra de Unificación- especie de secta castrense. En ese contexto inicia su fulgurante carrera política. Los uniformados están fascinados con el éxito del germanismo que promociona el III Reich. Ha exhibido alta eficacia en restaurar el orden interno y en reconstruir una Alemania que el Tratado de Versalles convierte en semicolonia. Por otro lado, los movimientos de liberación del III mundo visualizan a esa potencia nacionalsocialista como aliada en el afán por sacudirse de la centenaria tutoría de las potencias coloniales e imperialistas. Esto y no otra percepción de la realidad explica la simpatía por Berlín que impregna a diversas expresiones de resistencia nacionalista de Iberoamérica, África y Asia. A modo de ejemplo, los rebeldes irlandeses e hindúes son germanófilos. Sin embargo, hay que reiterar la motivación profunda que los asiste, para evitar que se los lapide como «nazistas» o -ya estallada la ÍI Guerra Mundial- como nipofascifalangistas. En Argentina tal controvertida postura se nutre del patriótico afán de recuperar los archipiélagos del Atlántico austral bajo coloniaje británico. Al mismo tiempo les resultan intolerables los chantajes de Washington y Londres para precipitar al país a la ruptura con el Eje abandonando el histórico neutralismo de la Casa Rosada. Argentina es ajena aquel conflicto que libran entre si las superpotencias. Nuestro trigo y carne -argumentan- se vende al mejor postor y pagado en metálico. Se trata de un discurso antagónico al rupturismo promovido por los aliados y sus acólitos criollos entre los cuales se encuentra el bullicioso PC. Ese mismo fervor aliadófilo origina una pérdida de millones a Chile al remitir a precio político materias primas estratégicas a EEUU. Con ello, se invalida la opción de capitalizar y ello constituye el requisito para sino suprimir, al menos, atenuar el subdesarrollo y, con ello disminuir la dependencia externa.

El régimen de facto designa al joven coronel Juan Perón coordinador del Poder Ejecutivo con el sindicalismo. Ello le ensancha el horizonte hacia un inexplorado espacio social. Hace contacto con las tesis obreristas manejadas por los cabecillas laborales básicos e intermedios ajenos a la burocracia sindical -de un modo u otro- manejada por la izquierda tradicional. En determinado momento la cúpula gubernativa lo confina a la isla Martín García. Entonces estalla la inédita movilización popular del 17 de octubre de 1945 capitaneada por Eva Duarte. Esta joven actriz, de apenas 26 años, organiza a los «descamisados» y aglutina miles bajo el lema: «¡Devuelvan a Perón!». El caudillo regresa. El mito ha cuajado y la fecha señalada se bautiza como Día de la Lealtad. Es el punto de partida de un proceso revolucionario equivalente a 1910 en México con el agrarismo, a 1932 en Perú con el aprismo, a 1952 en Bolivía con el movimientismo y a 1953 en Cuba con el fidelismo.

La naciente fuerza peronista se nutre del fermento nacionalista del GOU, del populismo del Partido Laborista, de una fracción del arcaico Partido Socialista e incluso de cuadros sindicales anarquistas. Esta mixtura le permite postular la 3a Posición. Tal tesis -en lo interno- es un camino mixto de capitalismo y socialismo. En lo externo una política equidistante de la Casa Blanca y el Kremlin. El lema es «Argentina políticamente soberana, económicamente libre y socíalmente justa». Aquel camino lo asumen como propio, 10 años después -en Bandung- Sukarno, Tito y Nehru y Nasser. Se trata del neutralismo positivo cuya connotación es antibloquista y, por ende, no alineada. A Buenos Aires no le resulta fácil aquella postulación, pues la victoria de los aliados en la II Guerra Mundial impone una tiranía bipartita. Yalta, Postdam y Chapultepec mediatizan las soberanías. Por otro lado, la vocación sanmartiniana -o, como se diría hoy y con mayor propiedad, «bolivariana» por la irrupción de Chávez es una idea-fuerza que, potencialmente ha estado flotante sobre Argentina. El rango virreinal, la gesta emancipadora, el neutralismo en ambos conflictos globales, la gravitación de un nacionalismo ecuménico derivado de vertientes diversas, la sensación de constituir potencia y otros factores explican el afán irradiante del peronismo.


Esta convicción ya está vigente en el coronel Perón muy temprano. En entrevista efectuada dos meses después de ser electo por el periodista Germán Masafierro. En ese texto el nuevo mandatario de apenas 44 años desmiente el supuesto afán imperialista de su país y la naturaleza fascista de su nacionalismo. Junto con ello manifiesta que entre sus planes figura la intensificación del intercambio argentino-chileno. «Argentina -declara- necesita de Chile... No debieran existir barreras entre ambos países. Nosotros, netamente agrícolas y con enormes riquezas agropecuarias y ustedes con inmensas reservas mineras que son útiles para la gran industria fabril». Luego se pregunta «¿Por qué ustedes no podrían poblar regiones argentinas y los argentinos ir a comer langostas chilenas». Finaliza formulando votos por la organización de un bloque de países sudamericanos y eso -reitera- son los Estados Unidos del Sur2. Al año siguiente, el 27 de mayo, se entrevista con el Presidente de Brasil Enrico Gaspar Dutra sobre el puente que une el Paso de los Libres con Uruguayana. Allí se bosqueja un acuerdo sobre el aprovechamiento de Salto Grande y de las cataratas de Iguazú. Aludiendo al viaducto comenta «si somos capaces de vencer a la naturaleza en sus 2. Diario «La Hora» de Santiago. 23.03.46. designios telúricos, seámoslo también en vivir sin fronteras». El 23 de octubre dialoga con el Presidente Enrique Hertzog en campamento de YPFB cercano a Yacuiba. Cierra sus palabras de despedida citando los versos de José Hernández, aquellos «sean los hermanos unidos porque esa es la ley primera...»3. Esto se cita para señalar que el viaje a Chile y la negociación con el Presidente González Videla, luego la propuesta al general Ibáñez y al doctor Getulio Vargas y el viaje a Santiago en 1953 no son episodios coyunturales, sino responden a un contexto avalado por la tradición cívica rioplatense, doctrinas propias y acciones ya maduradas.


IRREDENTISMO Y ABC
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 afán de Perón por la integración de Suramérica y, en particular, del Cono Sur se incuba temprano. Se afirma que influye poderosamente en su plan la obra del geopolítico Mario Travassos intitulada «Proyección continental de Brasil»4. Ya la documentación del GOU incluye datos sobre el particular. A esto se añaden ahora las concepciones de Manuel Ugarte quien intenta el mestizaje de nacionalismo y socialismo a comienzo de siglo siendo, por ello, excomulgado por el directorio del Partido Socialista cuyo eurocentrismo es conocido5. No obstante, hay antecedentes -ya enumerados- entre los cuales figuran la idea-fuerza de convertir a Buenos Aires en cabecera de un bloque antimperialista suramericano. En primera instancia se apunta a recuperar gravitación sobre las que habían sido partículas del Virreinato del Plata como Paraguay, Uruguay y, en cierto modo, Bolivia. El viejo nacionalismo aristocrático de raíz católica y nostalgia hispanista también nutre aquel propósito.



Hay obstáculos a ese ecumenismo de la argentinidad. Las repúblicas de la periferia de Argentina albergan viejos rencores que sus respectivas oligarquías conservan vigentes. En Uruguay el batllismo -núcleo del Partido Colorado- es el grupo hegemónico. Desde su fundación ha sido manipulado por Londres, Washington y Río de Janeiro. Fomenta el excepcionalismo que legitima la existencia misma del país como Estado tapón y cultiva el crónico temor de absorción por parte de Argentina. El Partido Blanco que es gauchófilo y, por ende, argentinista permanece en minoría y su liderazgo, aunque prestigiado, no logra alterar la gravitación coloradista. Brasil maneja hipótesis de conflicto centenarias legadas por los Braganza. Aluden al control de la cuenca del Plata y de por medio hay una guerra que, aunque breve, deja huella. Paraguay es la república que, pese a su resistencia numantina, es aniquilada en la Guerra de la Triple Alianza. Uno de los agresores es Argentina. Sin embargo, su resentimiento se vierte contra los brasileros y Buenos Aires se esmera en atribuir la confrontación a Mitre y los mitristas. Perón y los historiadores revisionistas que lo acompañan son «paraguayófílos» y ello nutre al segmento argentinista del lopizmo del Partido Colorado -no confundir con el Colorado uruguayo- que gobierna el país desde el fin de aquella conflagración hasta hoy.

  •  Martín Fierro.
    4. Cit. por Methol Ferré A.: «Perón y el ABC». Edit. Tiempo Nuevo, Santiago, 1989, pag. 10.
    5. Ver Spilimbergo, Jorge Enea: «Juan B. Justo y el socialismo cipayo», Edit. Coyoacán, Buenos Aires, 1960.

 

Con Chile hay litigios limítrofes. No podían estar ausentes. Ambos Estados poseen una de las tres fronteras más dilatadas del planeta. Ya desde las Presidencias de Rosas y de Bulnes se registran mutuas reclamaciones por territorios australes que ponen a ambos países al borde de un choque armado a fines del siglo XIX. Aunque nuestra Independencia es imposible de concebir sin el Ejército Libertador de los Andes es notoria una persistente argentinofobia que cristaliza en la frase: «nos usurparon la Patagonia». Prensa, aula, cuartel eternizan ese recelo acentuado por el gigantismo geográfico, el esplendor económico, la brillantez cultural y hasta por el éxito futbolístico de la patria de José de San Martín. En cien años se ha ido vigorizando una «cultura del asedio» manifestado en el ABP, es decir, visualizar la república como un bastión sometido a crónica amenaza por los vecinos argentinos, bolivianos y peruanos. En la jerga castrense es el HV3 -hipótesis vecinal 3- que supone al país víctima de un ataque simultáneo de las repúblicas fronterizas6. Ese peligro siempre latente explica el delirio armamentista y la actitudes de desconfianza, desprecio y resentimiento que empujan a la chilenidad a estimar que el patriotismo necesariamente debe incluir el antiperuanismo, el antibolivianismo y el antiargentinismo. Mientras los dos «anti» iniciales suponen un complejo de superioridad, este «anti» -de modo inexorable- implica complejo de inferioridad. Imposible arrojar al rostro de los rioplatenses su condición de «indios piojentos, hediondos y atrasados». No cabe sostener que vivan en rucas y masquen coca. Entonces se opta por juzgarlos «prepotentes» y «expansionistas». Son los mismos vituperios chilenofóbicos vigentes en Lima y en La Paz. Lo frecuente es que ante esa triple amenaza siempre se opta por modalidades de dependencia externa. En el pasado el Reino Unido y ahora EEUU. Antaño -y casi por un siglo- la diplomacia del Mapocho apunta como aliado inmediato a Brasil en la perspectiva de fricción u hostilidad con Argentina. Ese esquema ya no es fiable para la geopolítica tradicional de Santiago. Lo anotado -en lo sustantivo- es la muralla china que se propone demoler Perón.

En su ofensiva figura el relanzamiento del ABC. Esta sigla implica la alianza estratégica de Argentina con Brasil y Chile. Con ello se altera totalmente el sistema tradicional de hipótesis de conflicto que, durante un siglo, ha manejado la vieja guardia de los generales y almirantes. Es el retorno a la geopolítica O'Higginista y sanmartiniana. Ya ese ABC se había ensayado a nivel de cancillerías en 1915. Implicó neutralidad ante la I Guerra Mundial, actitud defensiva frente el expansionismo norteamericano y solución pacífica de conflictos internos que pudieran acaecer entre los asociados. La agresión que entonces soporta México por tropa de EEUU encuentra la oposición de esta alianza. Ahora el plan de Perón es un pacto no sólo diplomático, sino una triple entente que implique una diplomacia común, complementariedad económica e integración política. Fin último: configurar un bloque bioceánico austral.

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