Poder, corrupción y negocios del grupo sonorense: la década 1920



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Poder, corrupción y negocios del grupo sonorense: la década 1920.
José Alfredo Gómez Estrada

Aun cuando se le ha mencionado en un buen número de obras alusivas a la historia contemporánea de México, el grupo sonorense no ha sido estudiado a profundidad, no obstante, sus relaciones han sido caracterizadas como clientelares, bajo el supuesto de que sus miembros estuvieron unidos en camarillas y vinculados en una amplia red. Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Adolfo de la Huerta, Benjamín Hill, Francisco R. Serrano, Jesús M. Garza, Aarón Sáenz, Luis L. León, Lázaro Cárdenas, Abelardo L. Rodríguez, Pedro J. Almada, Arturo de Saracho, Eugenio Martínez, José María Ferreira, Fausto Topete, José María Tapia, Fernando Torreblanca, Ramón Ross, Juan R. Platt y otros personajes fueron parte de este grupo que gobernó el país en los años entre 1920 y 1935.

Estos hombres, convertidos en militares y políticos gracias al movimiento armado, compartieron eventualmente intereses políticos y económicos. El triunfo de la rebelión de Agua Prieta en el verano de 1920 hizo posible su ingreso a las dependencias estatales en distintos niveles, constituyéndose en parte de la elite de Estado, con Obregón y Elías Calles en la cúspide.

Se sabe que a lo largo del decenio 1920 estos hombres interactuaron en el ejército y las dependencias estatales y experimentaron escisiones en el campo político debido a diferencias ideológicas, desacuerdos y pugnas por acceder a la cúpula, pero no han sido documentados los vínculos que pueden explicar su cohesión y continuidad en el poder. Este trabajo tiene el propósito de explorar sus relaciones con énfasis en los intercambios que favorecieron la acumulación de sus capitales y la realización de empresas conjuntas. Los sonorenses son abordado conceptualmente como conjunto de camarillas, grupos pequeños de tres o más individuos con relaciones densas, interacciones cara a cara y apoyo mutuo, unidos con la finalidad de perseguir intereses comunes y mejorar sus posibilidades en la política1 y en el ámbito económico.

Joy Katrhryn Langston, estudiosa del sistema político mexicano, afirma que las camarillas actúan como redes de amigos, sin embargo, al interior hay jerarquías y relaciones de poder. Los subalternos reconocen la autoridad del jefe cuya prominencia se debe a los recursos que maneja. El poder del líder puede entenderse como la habilidad y relaciones que lo hacen capaz de colocar a su gente en determinados puestos.2 De acuerdo con Merilee S. Grindle, las camarillas se unen por el entendimiento implícito de las mutuas ventajas y se construye a través de la realización de intercambios de tipo vertical y horizontal.3

Aquí me interesa demostrar que dentro del grupo sonorense el intercambio implicó prácticas corruptas, protección mutua para garantizarse impunidad y respaldo para acumular o incrementar capital. Debido a que el grupo es estudiado como elite de Estado, resulta adecuada la definición de corrupción como abuso de autoridad con fines privados que según Guillermo R. Aureano y Graciela Ducatenzeiler es la más utilizada por las instituciones multilaterales, las ONGs internacionales y los investigadores cercanos a ellas.4

En un artículo breve, publicado el año 2000, Friedrich Katz documentó cómo los líderes revolucionarios y sus colaboradores cercanos, desde Madero hasta Carranza aprovecharon el tumulto de la revolución y sus gobiernos para enriquecerse. En el periodo 1913-1916 no hubo en el país una autoridad legalmente constituida, en estas condiciones los cabecillas de las distintas facciones revolucionarias y sus compinches (con excepción de Zapata y los zapatistas) utilizaron el poder derivado de las armas para obtener recursos que destinaron a la causa, pero también a formar o acrecentar su propio peculio. Un dicho reza: “A río revuelto ganancia de pescadores”, y en el torrente de la revolución los pescadores beneficiados fueron sin duda los hombres que lograron dominar por medio de las armas, en un contexto en el que la autoridad, la legalidad y las normas sociales habían sido subvertidas.

Con el ascenso del grupo sonorense al gobierno central en el verano de 1920 se iniciaron los procesos de pacificación, regularización de funciones estatales así como la legitimación y consolidación del Estado revolucionario. La revolución dio un nuevo impulso a los proyectos estatales de desarrollo y modernización y a los planes para moralizar a la población. El Estado se propuso erradicar la insalubridad, el fanatismo, la prostitución, el alcoholismo y los juegos de azar, sobre todo en las clases populares.

En enero de 1921, recién llegado Álvaro Obregón a la presidencia, un diario capitalino publicó un editorial que relacionaba la corrupción de los funcionarios públicos con la explotación de garitos. Cabe preguntarse si la modernización y el discurso moralizador incluyeron de algún modo a la elite gobernante. ¿Podemos decir que la revolución marcó una diferencia en el gobierno respecto a las prácticas corruptas de los agentes estatales o persistió la corrupción a pesar de la renovación de proyectos modernistas y un supuesto rompimiento con el pasado porfirista?

Cuál era la postura de Obregón y de Elías Calles ante la corrupción y qué percepción tenían de sus paisanos y aliados como funcionarios públicos y gobernantes? Hay razones para creer que ambos conocían bien las ambiciones, las debilidades y las expectativas de sus correligionarios y veían las prácticas corruptas como inevitables y hasta cierto punto normales. El mítico general Obregón, acostumbrado a derrotar a sus adversarios con cañonazos de 50 000 pesos, solía burlarse de la voracidad de los revolucionarios cuando se trataba de dinero. En 1923 uno de estos jefes sonorenses comentó a un escritor extranjero que de 28 gobernadores sólo dos eran honestos; otros dos eran de probidad cuestionable y los demás, sin duda, se hacían ricos gracias a su posición oficial.5

Pero no sólo los gobernadores abusaban del poder público. La corrupción se extendía en todos los niveles y en todas las secretarías y dependencias estatales. La venta de influencias y de plazas, los fraudes al erario, el desvío o apropiación de recursos públicos, la obtención de sobornos y las extorsiones fueron prácticas recurrentes.

Podemos mencionar casos en la Secretaría de Guerra, en la Secretaría de Educación, en la de Agricultura y en la propia Secretaría de Gobernación. En 1925 en el hospital Militar se padecía carencia de recursos para resolver las necesidades básicas urgentes. Al parecer el problema del desabasto continuó de modo que en 1929 los médicos solicitaron una investigación sobre el general Enrique Osornio, jefe del departamento del cuerpo médico, quien era propietario de una tienda instalada dentro del hospital. Ese año, unos oficiales encargados de comprar equipos de radio en Estados Unidos adquirieron artículos de segunda mano que hicieron pasar como nuevos para embolsarse dinero del presupuesto. En 1931 el general Juan José Ríos, jefe del Departamento de Aprovisionamientos Militares, recibió 100 000 pesos y un automóvil nuevo a cambio de firmar un contrato exclusivo con la Casa Fal para proveer al ejército de mantas, frazadas, lonas y paños.6

En 1925 el antropólogo Manuel Gamio, a la sazón subsecretario de Educación proporcionó al presidente Elías Calles información sobre el desvío y la apropiación de recursos así como compras fraudulentas, perpetradas por el secretario José Manuel Puig Casauranc. 7 Este personaje circuló por varias dependencias durante la década de los años veinte y como jefe del Departamento Central, conocido también como Departamento del Distrito Federal, vendió puestos que los nuevos empleados le pagaron con parte de su sueldo.8

En las oficinas de pesca, dependientes de la Secretaría de Agricultura, establecidas San Diego y en Los Ángeles, California, para cobrar derechos a las compañías pesqueras estadunidenses que hacían capturas en el Pacífico mexicano, el jefe Francisco Navarro Fragoso y sus empleados perpetraron en 1926 una serie de fraudes al erario. Un informante anónimo refirió que Navarro Fragoso se embolsó 500 000 pesos en sólo tres meses. El fraude era resultado de un arreglo sencillo entre los agentes del gobierno y los pescadores: los barcos de éstos declaraban capturas menores, por ejemplo, 20 toneladas de pescado en lugar de 200, así el gobierno obtenía un ingreso, pero los empleados, en colusión, recibían extraoficialmente 10 dólares por cada una de las 180 toneladas restantes.9

Hubo abusos de poder que afectaron directamente a individuos particulares o a grupos sociales. La población de origen extranjero fue un blanco perfecto. En 1927 el jefe de operaciones militares de Chihuahua, general Marcelo Caraveo se apropió temporalmente de una mina de la North Mexico Mining Company, empresa organizada por japoneses. Con el pretexto de una supuesta invasión de su fundo minero Anexas a Florencia, contiguo a las posesiones de la compañía, Caraveo pidió una compensación de medio millón de pesos. Luego, en vista de que el consorcio carecía de liquidez, exigió que la mina le fuera entregada para explotarla para su beneficio particular durante un año. No sobra aclarar que el general utilizó la fuerza de las armas para amedrentar a los japoneses y que éstos no recibieron ninguna protección por parte de las autoridades civiles de Chihuahua.10

Años más tarde un grupo de chinos fueron víctimas de la corrupción estatal. En 1931 el secretario de Gobernación, Carlos Riva Palacio y el jefe del estado mayor presidencial, Agustín de la Mora, aprovecharon la persecución de migrantes chinos indocumentados en el norte del país para extorsionar a los más acaudalados. La maniobra consistió en despojarlos de los documentos que acreditaban su estancia legal para luego encarcelarlos y amenazarlos con expulsarlos de México si no pagaban una determinada cantidad de dinero.11

Los intercambios verticales y horizontales en el grupo sonorense: la corrupción.

Dentro del gobierno la corrupción puede asumir múltiples y complejas formas, aquí me interesa ubicarla dentro de los intercambios verticales y horizontales de los miembros de la elite de Estado, como cruce de favores para garantizarse impunidad, medrar de manera conjunta, acumular capital y establecer o desarrollar empresas. Desde luego hay que contar los apoyos que se otorgaron mutuamente como titulares de las secretarías de Agricultura y Hacienda de las que salieron concesiones de agua, de tierras, litorales, exenciones o reducciones de impuestos, subsidios y creación de obras de riego y de comunicación.

En 1925, Plutarco Elías Calles arregló en la Comisión Nacional Monetaria un préstamo de 150 000 pesos para Álvaro Obregón y se ofreció a conseguirle otro en el Banco de México cuya inauguración estaba próxima. Obregón también recibió apoyo de Abelardo L. Rodríguez en el proceso de expansión de sus empresas en Sonora y Sinaloa. A mediados de la década Obregón estaba a la cabeza de la Oficina Comercial de Álvaro Obregón, el Molino Harinero Regional del Mayo, el Banco Refaccionario de Occidente S.A. y Obregón y Compañía, dedicada a la siembra de trigo, arroz, garbanzo, chícharo y alfalfa.12 Para llevar a cabo la operación y expansión de estos negocios requirió créditos y solicitó ayuda a Rodríguez. Durante el verano de 1925, éste le otorgó un préstamo de 6 000 pesos y le consiguió otros dos que sumaron 50 000 dólares.13 Rodríguez se había enriquecido mientras gobernaba el Distrito Norte de la Baja California, en el periodo 1923-1929, gracias a sobornos que obtuvo de propietarios de casinos ─en auge en la frontera norte del país debido a las prohibiciones en el país vecino─ y tal vez por proteger el tráfico de opio en los poblados fronterizos del Distrito. En su último año en la presidencia Obregón solapó los abusos de poder que permitieron a Rodríguez acumular capital.

Plutarco Elías Calles también sacó provecho de la reciprocidad que había entre jefes y subalternos. Antes de dejar la presidencia emprendió dos empresas agro-industriales con el respaldo y colaboración de varios de sus colaboradores y discípulos: la Hacienda de Santa Bárbara (Estado de México) y la Compañía Industrial y Colonizadora del Río Mante, organizada en Tamaulipas. Carlos Riva Palacio, gobernador del Estado de México, le regaló los terrenos de la hacienda y Luis N. Morones hizo la construcción y otras obras con recursos del Departamento de Aprovisionamientos Militares.14 Abelardo L. Rodríguez aportó 30 vacas holstein que compró a fines de 1927 en Estados Unidos con dinero del erario. Más tarde, en los años 1933 y 1934, el general José María Tapia, protegido de Elías Calles y a la sazón director de la Beneficencia Pública, firmó varios contratos con la hacienda para abastecer de verduras, legumbres, leche y huevo a los hospitales, asilos y orfanatos administrados por la Beneficencia.15 A finales de la década de 1920 Elías Calles se apoyó en su red para financiar la Compañía Industrial y Colonizadora del Río Mante, organizada en Tamaulipas.16 Joaquín Amaro, Carlos Riva Palacio, Juan R. Platt y Abelardo L. Rodríguez fueron algunos de los funcionarios y gobernadores que adquirieron acciones.

Los mejores años para el grupo sonorense para acumular capital y establecer empresas fueron los del periodo 1920-1935, cuando Obregón y Elías Calles eran los hombres fuertes del país. La ausencia o insuficiencia de capitales en el México posrevolucionario planteó la necesidad de que los revolucionarios triunfadores y enriquecidos unieran sus recursos para realizar una o varias empresas. Éstas abarcaron la construcción, fraccionamiento de terrenos, agricultura, ganadería, extracción de petróleo, mineras, de aeronáutica, bancarias y de servicios turísticos.

El recuento de los intereses económicos compartidos por el grupo sonorense estaría incompleto sin los casinos que fueron sin duda la clave para un rápido incremento de capital. A pesar del discurso oficial en contra del juego, vigente durante toda la década 1920, un buen número de miembros de la elite gobernante estuvo involucrado en este lucrativo negocio. Los funcionarios públicos de distinto nivel pudieron aprovechar sus posiciones para vender sus influencias, facilitar la obtención de concesiones, recibir sobornos por permitir las operaciones de los garitos y, en fin, explotar ese tipo de establecimientos de manera directa o por medio de socios y testaferros.

Abelardo L. Rodríguez tuvo intereses al menos en dos casinos de Tijuana: el Foreign Club y el Agua Caliente.17 En julio de 1933, asociado con Juan R. Platt, Carlos Riva Palacio, Ramón Salido, Salvador Ateca y Wirt G. Bowman, Rodríguez formó la Compañía de Inversiones y Turismos para montar en una hacienda de San Bartolo, Naucalpan, un centro de diversiones con garito, cabaret y restaurante a todo lujo: el Foreign Club. Los asociados invirtieron en la empresa 1 500 000 pesos, cantidad recuperada en las primeras semanas, pues el juego les dejaba fabulosas ganancias.18 El Foreign Club comenzó a operar en septiembre de 1933 y para el 3 de noviembre, según datos de la Secretaría de Hacienda, la compañía había obtenido un ingreso de 1, 020, 680.57 pesos.19 Naturalmente, el presidente Rodríguez no figuró formalmente como socio, pero sus intereses en el negocio fueron bien conocidos por sus correligionarios y coetáneos. Gonzalo N. Santos, Jesús Silva Herzog y José Vasconcelos dejaron constancia de su inversión encubierta en el Foreign Club de San Bartolo y también en el suntuoso Casino de la Selva de Cuernavaca.20

En el grupo sonorense se traslaparon compromisos políticos y económicos con relaciones amistosas en las que la complicidad y la solidaridad fueron un factor de cohesión importante con la corrupción siempre en el centro. En la medida en que era moneda de intercambio y la forma más segura de acumulación de un grupo decidido a ascender social y económicamente, resulta difícil creer que hubiera voluntad y condiciones para su erradicación dentro del gobierno.

Las empresas de los sonorenses

Nombres de los socios

Nombre de la sociedad


tipo de empresa

años

Francisco R. Serrano, Jesús M. Garza y Aarón Sáenz


Serrano y Garza, Agricultores y Ganaderos

Agrícola

1918

Plutarco Elías Calles y Abelardo L. Rodríguez


El Alamar

Agrícola algodonera

1919

Francisco R. Serrano, Jesús M. Garza, Aarón Sáenz, Francisco Castillo Nájera y Juan J. Valdés



J. J. Valdés y Compañía



Reparación de locomotoras y carros de ferrocarril

1920

Francisco R. Serrano, Jesús M. Garza, Juan R. Platt, Francisco V. Bay, Fausto Topete, Arturo de Saracho, Carlos Almada, Ramón P. de Negri



Compañía Constructora de San Rafael

Construcción, compraventa de materiales

1921

Francisco R. Serrano, Juan Andreu Almazán y Manuel Castillón



Castillón y Compañía, Colonizadora de Santiaguillo

Fraccionamiento y venta de terrenos

1923

Abelardo L. Rodríguez, Santana Almada, Carlos Alarcón y otros


Campos Petroleros de Baja California

Extracción de petróleo

1925

Álvaro Obregón, Abelardo L. Rodríguez y otros


Banco Refaccionario de Occidente

Banca

1925

Juan R. Platt, Ramón Ross, Arturo de Saracho, Fernando Torreblanca, Francisco V. Bay, Ramón Salido, Ernesto Ocaranza Llano, Jorge B. Warden e Hilario Millán


Compañía Petrolera del Norte

Extracción de petróleo

1926

Francisco R. Serrano, Juan Andreu Almazán y otros



Compañía Constructora Anáhuac


Construcción de carreteras


1927


Plutarco Elías Calles, Aarón Sáenz, Abelardo L. Rodríguez, Fernando Torreblanca, Joaquín Amaro, Carlos Riva Palacios y otros

Compañía Industrial y Colonizadora del Río Mante

Agrícolas e industriales

1928

Abelardo L. Rodríguez, Juan R. Platt, Wirt G. Bowman, James Coffroth,


Compañía Mexicana de Agua Caliente

Servicios turísticos (casino)

1928

Abelardo L. Rodríguez, Juan F. Azcárate y Ángel Lascuráin



Juan F. Azcárate, Sociedad en Comandita


Construcción de aviones



1929

Plutarco Elías Calles, Juan R. Platt, Abelardo L. Rodríguez, Aarón Sáenz, Ignacio Gómez, Alejandro Lubbert, Genaro Estrada y otros

Compañía Hulera Mexicana, S. A.



Producción de hule sintético

1931

Plutarco Elías Calles, Juan R. Platt

Compañía Mexicana de Seguros de Accidentes S.A


Aseguradora

1933

Juan R. Platt, Abelardo L. Rodríguez (encubierto) Ramón Salido, Carlos Riva Palacio, Wirt G. Bowman, Salvador Ateca.


Compañía de Inversiones y Turismos

Servicios turísticos (casino)

1933

Abelardo L. Rodríguez, Carlos Riva Palacio, Salvador Ateca

Compañía Hotelera Hispano-Mexicana


Servicios turísticos (casino)

1933



1 Gwen Moore, “The structure of national elite network” en Marvin E. Olsen y Martin N. Marger (eds) Power in Modern Societies, Boulder, Westview Press, 1993, Roderic Ai Camp, La política en México, México, Siglo XXI editores, 2000, pp.159; “Camarillas in Mexican Politics. The case of Salinas cabinet”, Mexican Studies, vol.6, núm.1, 1990, pp.85-107 y Joy Kathryn Langston, An empirical view of the political groups in Mexico: the camarillas, México, Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) Documentos de Trabajo, División de Estudios Políticos, núm.15, 1994.

2 Langston, “An empirical view of political groups in Mexico”…pp.1-8

3 Grindle, “Patrons and clients in the bureaucracy..”, pp.51-53.

4 Guillermo R. Aureano y Graciela Ducatenzeiler, “Corrupción y democracia: algunas consideraciones a partir del caso argentino, Revista Mexicana de Sociología, vol.64, núm.1, enero-marzo de 2002, p.76.


5 Estado y sociedad con Calles, historia de la revolución mexicana, núm.11, p.306.


6 Martha B. Loyo, Joaquín Amaro y el proceso de institucionalización del ejército mexicano, 1917-1931, Fondo de Cultura Económica, Universidad Autónoma de Baja California, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 2003, pp.145-146.

7 Beatriz Urías Horcasitas “Las ciencias sociales en la encrucijada del poder: Manuel Gamio (1920-1940), Revista Mexicana de Sociología, vol.64., núm.3 (julio-septiembre, 2002) 109-110.

8 Entrevista a Vicente Estrada Cagijal realizada por Eugenia Meyer y Alicia Olvera, p.70.

9 Archivo Histórico Genaro Estrada, carta anónima transcrita por Alejandro Lubbert, cónsul de México en San Francisco, California, para el secretario de Relaciones Exteriores, San Francisco, 1 de diciembre de 1927, exp.21-26-92.

10 Véase en Archivo General de la Nación, oficio de Enrique Liekens dirigido a Plutarco Elías Calles, El Paso, 28 de agosto de 1928 y carta de Tsutomu Dyo dirigida a Liekens, Ciudad Juárez, 25 de agosto de 1928, fondo Obregón-Calles, vol.198, exp.707-L-8.

11 Tzvi Medin, El minimato presidencial: historia política del maximato, 1928-1935, México, Editorial Era, 1982, pp.104-105.

12 Véase en APALR, caja 1, la correspondencia entre Abelardo L. Rodríguez, Álvaro Obregón e Ignacio P. Gaxiola en el expediente rotulado Oficina Comercial de Álvaro Obregón.

13 APALR, carta de Ignacio P. Gaxiola dirigida a Abelardo L. Rodríguez, Navojoa, 5 de noviembre de 1925, caja 1, exp. Oficina Comercial de Álvaro Obregón, carta de Rodríguez a Gaxiola, Mexicali, 11 de noviembre de 1924 y Gaxiola a Rodríguez, Navojoa, 9 de diciembre de 1925, mismo expediente.

14 Entrevista a Vicente Estrada Cagijal realizada por Eugenia Meyer y Alicia Olvera, pp.79-80

15 Ver contratos en Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca, expediente de la Hacienda Santa Bárbara, archivo Plutarco Elías Calles, gav.39, exp. 4, inv. 2646, fojas 14, 15-18.

16 Dulles, Ayer en México…p.245.

17 APALR, carta de Abelardo L. Rodríguez dirigida a Juan R. Platt, 1931. En el AGN, a pesar de la desaparición de varios documentos del fondo Abelardo L. Rodríguez hay indicios de la participación de este personaje en varios garitos. De acuerdo con la tarjeta de registro del expediente 533.4/503 de la caja 153, el gobernador del estado de Morelos le envió en 1932 una carta para recordarle su petición de fijar al Casino de la Selva una cuota no mayor de 10 000 pesos. En el legajo sólo hay una tarjeta con la indicación de que era un asunto personal. El registro 612/2 (caja 223) se refiere a los propietarios de un casino chino inconformes con las autoridades locales que pretendían cerrar su negocio en Tijuana y dejar en funcionamiento el Foreign Club. El legajo sólo contiene una nota con el señalamiento de que el documento se archivó como asunto personal el 18 de octubre de 1932. De acuerdo con el registro del expediente 561.8/16, un señor de nombre Miguel López escribió a Rodríguez en 1932 y le solicitó intervenir para reducir los sueldos de los empleados del Casino Tijuana; su carta fue sustituida por una tarjeta con la leyenda “asunto personal”. En otro asunto, el gobernador del territorio norte de la Baja California, Agustín Olachea, informó a Rodríguez el 11 de noviembre de 1933 de una rebaja de impuestos al Foreign Club, de Tijuana. El legajo no contiene la misiva sino una nota con el siguiente texto: “Señorita Veraza: cuando regrese el expediente 533.4/379 favor de devolverlo para listarlo como asunto particular”.

18La Prensa, “El Foreign Club fue clausurado ayer”, primera plana, 4 de diciembre de 1934, El Universal, “El Foreign Club fue clausurado. Hospital de leprosos en su lugar”, primera plana, 4 de diciembre de 1934. La Prensa, “Júbilo general causó el cierre del Foreign Club”, primera plana, 5 de diciembre de 1934; El Universal, “Suspensión de las casas de juego en toda la república. Voto de gracias al jefe del ejecutivo. El bloque de la cámara complacido.” primera plana, 5 de diciembre de 1934.

19 AGN, copia de acuerdo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para la secretaría particular de la presidencia de la república, 14 de febrero de 1937, fondo Lázaro Cárdenas, caja 356, exp. 415.2/9.

20 Véase Santos, Memorias...p.509, Vasconcelos, Breve historia de México...p.381 y Jesús Siva Herzog, Una vida en la vida de México, México, Siglo XXI, Secretaría de Educación, 1986, pp.149-150.



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