Por Andrés López y Mariano Hernán López



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Primeros apuntes de la historia del periodismo deportivo en Argentina



Por Andrés López

y Mariano Hernán López
Los orígenes del periodismo en nuestro país tienen su primer atisbo en años del Virreinato del Río de la Plata, cuando la Argentina aún no existía como tal. A fines del siglo XVII aparecieron los que serían los primeros embriones de la práctica profesional. Se trataba de diferentes hojas manuscritas en las que se daban noticias sobre todo comerciales, que eran las que le interesaban a los hombres que habitaban estas tierras y a los que llegaban para hacer negocios. En aquellas épocas no había aún ningún indicio del periodismo como profesión.

Pero incluso un par de siglos después, cuando la actividad empezaba a consolidarse, seguía siendo inimaginable hablar de periodismo deportivo. Simplemente porque los deportes que iban a convertirse en los más populares, aún no habían sido inventados. El fútbol (sus primeras reglas fueron redactadas en Inglaterra en 1848), el básquet (creado en Estados Unidos en 1891), el tenis (Inglaterra, 1874) y el rugby (1845) no llegarían al país hasta finales del siglo XIX.

Solamente el juego del pato se conocía dentro de la vida colonial. El que muchos años más tarde fuera designado como “deporte nacional”1 se practicaba apenas 30 años después de la primera fundación de Buenos Aires. No era casualidad, en un escenario donde el caballo era propiedad de las clases populares rurales y a la vez un símbolo de orgullo en la tradición gauchesca. Los primeros antecedentes dan cuenta de que los más expertos jinetes competían tratando de encestar en una red un pato (de allí su nombre) o gallina viva, y ganaba el que más veces conseguía hacerlo. "El Pato era el entretenimiento más popular practicado al aire libre en la Argentina", asegura el novelista William Henry Hudson en su libro "El Ombú", publicado en 1902. Pero el juego fue prohibido y erradicado hasta que en 1938 fue reglamentado (una pelota de cuero con cuatro manijas reemplazó al animal) y en 1941 se fundó la Federación Argentina de Pato. En muchos aspectos, demasiado tarde.

Para ese entonces, el polo ya lo había desplazado dentro de los juegos ecuestres. Introducido en el país en 1875, gozó del favor de los estancieros –tanto los británicos como los criollos- que lo veían como un deporte más civilizado y a la vez como reemplazo de los juegos tradicionales de los gauchos. Pero eso mismo contribuyó a atribuirle un tinte elitista y nunca llegó a tornarse masivo. Ni siquiera los grandes logros internacionales (como las sendas medallas de oro conseguidas en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1936) consiguieron quitarle su aura de disciplina aristocrática y exclusiva de la clase alta.

Pese a que aún hoy el campeonato argentino está considerado el mejor del mundo, por la calidad de los jugadores y caballos, con élos jugadores y caballos, con el ocurrió –en menor medida– lo mismo que con el cricket, el primer deporte británico en llegar al país. Las clases populares lo rechazaron y nunca lo tuvieron dentro de sus preferencias. Serán estas mismas clases populares las que harán del fútbol –decididamente– la práctica más elegida de los argentinos. Esta práctica obligará a que se escriba de ella. Y a medida que eso ocurra empezará a escribirse otra historia. Nada menos que la historia del periodismo deportivo.

No sólo el fútbol será parte de ella, si bien constituirá su columna vertebral. También el boxeo y el automovilismo fueron actores centrales. Y es imposible dejar afuera a otras disciplinas, como el básquetbol, el rugby, el tenis y el golf. Con los éxitos de sus mejores exponentes, todas se ganaron su espacio en la prensa, la radio y la TV, y contribuyeron a construir la identidad argentina.

En una Nación que se estaba conformando como tal, el deporte permitió establecer un “espacio nacional”2 de competencia real, movilidad social y unificación territorial y simbólica. Y el periodismo jugó un papel crucial en esa construcción, sobre todo en la década del ’20, cuando se consolidó el fútbol como espectáculo deportivo.

Con el paso del tiempo, nadie se sorprende por encontrar hinchas de Boca, River, Independiente o Racing a lo largo y ancho del país, por más que nunca hayan siquiera visitado la capital ni Avellaneda. Parece absolutamente natural que eso ocurra. Pero eso no era así a principios de siglo. Fueron los diarios, las revistas y las primeras transmisiones de radio quienes lo hicieron posible. Esto ocurrió muchos años antes de que comenzara a hablarse del periodismo deportivo, pese a que la semilla ya estaba plantaba y creció con una fuerza imparable.


El periodismo gráfico

Las primeras apariciones reales del deporte como noticia surgieron con las primeras ediciones de los diarios, coincidiendo con la época en que el fútbol empezaba a consolidar su arraigo. Incluso fue a partir de un aviso en The Standard, uno de los tres diarios británicos de Buenos Aires, que se realizó la reunión fundacional del Buenos Aires Football Club, el primer club dedicado a impulsar la práctica del fútbol (como se castellanizaría después). “Este juego tardará mucho en extenderse aún entre los mismos residentes británicos, aunque tenemos que insistir porque es el mejor pasatiempo, el más fácil y el más barato para la juventud de la clase media y para el pueblo”, explicaba quien fuera electo el primer presidente, Thomas Hogg3. El primer partido se jugó el 20 de junio de 1867 y la síntesis se publicó en las páginas de The Standard en las ediciones del 23 y 26 de junio. El fútbol daba sus primeros pasos y ya estaba allí el periodismo para dar cuenta de lo que ocurría a su alrededor.

Claro que el juego se encontró con las dificultades que anticipaba Hogg. Para el segundo encuentro hubo que esperar 375 días (fue el 29 de junio del año siguiente) y apenas se jugaron dos encuentros más hasta diciembre de 1868. Y por un largo período, dejó de haber novedades. “Tal vez se siguieron disputando encuentros, pero la prensa no los registró y no ha llegado hasta hoy noticia alguna”, asegura Jorge Iwanczuk, autor de la mayor obra sobre el fútbol amateur en el país4. La importancia del periodismo queda fuera de toda discusión con esa sola frase.

Mientras el fútbol estuvo ausente, sin embargo, apareció la primera revista deportiva de la cual se tenga registro en el país. Fue en 1876, la llevaron adelante los socios del club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA) y se llamó La Fuerza. Los deportes que predominaban en sus páginas eran el tiro, la natación y la esgrima. Desde entonces, innumerables cantidad de publicaciones de distinto tipo han abordado el mundo de los deportes, ayudando a difundir las más diversas disciplinas y a su vez el trabajo de numerosísimos periodistas.

La información respecto al fútbol va a reaparecer en 1884, cuando ya había arribado al país el profesor escocés Alejandro Watson Hutton, considerado el padre del fútbol argentino. Fundó el Buenos Aires High School (cuna de Alumni, el primer gran equipo del amateurismo criollo) y sentó las bases de la Argentine Association Football League, que en 1893 organizó el primer torneo por equipos5, con seis participantes.

Con la irrupción de los primeros campeonatos, la información sobre los partidos de fútbol empezó a consolidarse con un espacio fijo. Los diarios, bajo el rótulo general de “sports” incluyeron datos y comentarios sobre el juego. En los primeros años ni siquiera se publicaron todos los resultados, lo que recién ocurrió a partir de 1898. Dos años después, en 1900, el diario Buenos Aires Herald organizó una encuesta para que los lectores votaran por el equipo de su preferencia. El English High School fue el ganador de aquella primitiva forma de medir la popularidad de los clubes6, pero el dato fue que en el inicio del nuevo siglo, el fútbol ya aparecía con una fuerza enorme. Y la prensa argentina tomó debida nota de ello.

Dentro de ese contexto, La Nación se catapultó como pionero, al ser el primer medio en tener un enviado especial en el exterior para cubrir un acontecimiento deportivo. Es cierto que el match se produjo en Montevideo, a muy pocos kilómetros de Buenos Aires. De todas formas, la cobertura que se hizo en 1903 del encuentro entre las selecciones de Argentina y Uruguay (que ganaron los uruguayos por 3-2, el 13 de septiembre) marcaría un hito en el periodismo rioplatense. La misma estuvo a cargo de Angel Bohígas, decano de los comentaristas deportivos argentinos, que desde las columnas del diario El País ofreció las primeras crónicas en castellano en el comienzo del siglo XX y luego llegó a ser subdirector de La Nación7.

Diez años después, el diario La Razón creó una sección especializada en el automovilismo, la primera en la historia del periodismo sudamericano. Si bien su atención inicial estuvo basada en lo relacionado con la industria, técnica y comercio, con el tiempo fue acrecentando su apoyo a las competencias automovilísticas, “en la inteligencia de que ellas son las que, a fuerza de sacrificios heroicos jalonados con muchas vidas inolvidables y queridas, lograron que las autoridades se preocuparan de las carreteras; de esa manera se consiguió el camino a Rosario, después a Córdoba, más tarde a Mar del Plata, y otras rutas”8.

Claro que el gran hito de la prensa gráfica argentina en el ámbito del periodismo deportivo hay que rastrearlo a partir de 1919, precisamente el viernes 30 de mayo. Ese día llegaba a las calles la revista El Gráfico, que a la postre se consolidaría como las más representativa de las publicaciones deportivas. Fue en un principio un semanario de interés general, que nació como "ilustración semanal argentina", y en su primera tapa apareció una gran foto de alumnos de escuelas públicas, desfilando en Plaza de Mayo ante el presidente Hipólito Yrigoyen. Aunque ya en su edición número tres le dedicaría la primera tapa a un deporte (con una serie de fotos del Campeonato Argentino disputado en el Lawn Tenis), tardó mucho en adoptar su perfil definitivo.

Eso sí, con el paso de los años la creación de Constancio C. Vigil fue ganando prestigio y reconocimiento mundial. Se convirtió en un verdadero clásico, tanto que llegó a ser llamada La biblia del deporte. “A partir de 1921, El Gráfico, paulatinamente, se transforma en una revista de deportes, aunque las fotos de mujeres artistas y cantantes, e incluso algunos atrevidos desnudos de bailarinas desconocidas y supuestamente extranjeras, se mantendrán hasta finales de la década del '20. La tirada de El Gráfico aumentará en esta década y se estabilizará en los 100.000 ejemplares en la del '30. La revista alcanza su apogeo a partir de mediados de los '40 y hasta mediar los '50, con una tirada de 200.000 ejemplares por semana”, explica Eduardo Archetti a la hora de dar cuenta del período de consolidación de la publicación9.

De todas formas, en sus primeros 40 años de vida, la publicación reflejó al deporte de una forma particular, que Archetti rescató de la siguiente forma. "El Gráfico, hasta bien entrada la década del '50, era una verdadera revista de deportes en la que el espacio dedicado al fútbol era muy importante. Sin embargo, los otros deportes, como el automovilismo, el polo, la natación y el boxeo, en los cuales los argentinos se destacaban internacionalmente, estaban también cubiertos. La revista, en sus comienzos, es un vocero de la ideología modernista en boga: énfasis en la importancia de la educación física para conservar la salud, nociones de higiene, recomendaciones sobre la mejor dieta a seguir y cómo evitar enfermedades, la pertinencia de cultivar y desarrollar hobbies, como, por ejemplo, el aeromodelismo, el énfasis de la participación de la mujer en el deporte y, sobre todo, el acento persistente en el aspecto moral y educativo del deporte".

Junto con eso, por supuesto, fue el instrumento para que los grandes deportistas de cada disciplina fueran reconocidos y llegaran a trascender a través de sus páginas. El halago máximo era aparecer en la tapa, un espacio que durante años no estuvo destinado a los hechos de la actualidad, sino a las figuras destacadas del momento. Un simple repaso sirve para encontrar a cultores de muy diversos deportes en las tapas anteriores a 1962, lo que se forjó una tradición en cuanto al significado de aparecer allí. "Ser tapa de El Gráfico era una medalla colgada en el pecho de un nadador, un polista, un boxeador, un futbolista, una atleta o un automovilista, para premiar su trayectoria". Al respecto, vale agregar un dato que llama al asombro, y es que la revista cobijó a 44 disciplinas distintas en su portada. Y entre las diez que más veces aparecieron en ella hay algunas realmente sorprendentes, como el ciclismo, el remo y la aviación10.

Aníbal Vigil y Gastón Martínez Vázquez fueron los primeros directores de la publicación, hasta que en 1959 llegó el turno de Dante Panzeri, al que le bastaron unos pocos años al frente para dejar un sello inconfundible, en un concierto de plumas extraordinarias como las de Borocotó (creador de las célebres “Apiladas”), Félix Daniel Frascara, Chantecler (Alfredo Enrique Rossi, el primer periodista analítico argentino), Last Reason, El Veco, Osvaldo Ardizzone, Alberto Salotto o Estanislao Villanueva (Villita).

A partir de 1963, con la dirección de Carlos Fontanarrosa, comenzaría una revolución dentro de la publicación, que serviría de influencia para el periodismo deportivo todo. La revista decidió ponerle a su tapa un valor absoluto de actualidad, utilizando escenas coloreadas, con el fútbol comenzando a ganarle terreno a los otros deportes.

Allí marcaría un antes y un después la cobertura que se hacía de la fecha completa de los torneos de primera división. Con al menos un periodista en cada cancha se creó una doble página para todos los partidos. Allí, además de un breve comentario de cada uno de los encuentros, se incluyeron la calificación de cada jugador, del árbitro, del partido y hasta del campo de juego. "Como ocurre con las innovaciones que marcan un camino que antes no transitaba nadie, todos los medios nos imitaron. Primero en la Argentina, luego en el resto de América, después en el mundo", explicó Julio César Pasquato (apodado Juvenal), quien sucedió a Fontanarrosa y antecedió a Héctor Vega Onesime, Ernesto Cherquis Bialo y Aldo Proietto en la dirección.

Cuando la selección nacional se consagró campeona del mundo en 1978 y 1986 la revista alcanzó récords históricos de ventas. El número dedicado a la consagración del equipo de César Luis Menotti en el Mundial ’78 alcanzó la cifra de 595.924 ejemplares vendidos. Ocho años después, cuando Diego Armando Maradona se consagró en México ’86, la cantidad de revistas vendidas creció aún más: 690.998 ejemplares volaron de los kioscos de todo el país.

Entre ambos títulos del mundo, El Gráfico organizó el “Mes del Deporte” en septiembre de 1982, por una iniciativa de la Sociedad de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines. Fueron cuatro jornadas que abarcaron otros tantos deportes: automovilismo, boxeo, básquetbol y fútbol. Para los dos últimos, significaron grandes hitos.

El 17 de septiembre de 1982, de la mano del periodista Osvaldo Ricardo Orcasitas (O.R.O.), el entrenador León Najnúdel realizó el virtual lanzamiento del proyecto de la Liga Nacional de Básquet11, que se cristalizó en 1985 y significó la plataforma de despegue para este deporte en el país.

Una semana más tarde, el 24 de septiembre, Carlos Salvador Bilardo y Julio Grondona coincidieron en el panel de la charla sobre fútbol. Y al poco tiempo, el titular de la AFA designó al DT de Estudiantes para conducir la selección argentina, con la que logró un campeonato y un subcampeonato del mundo.

La revista fue cediendo terreno en los años noventa e incluso perdió su frecuencia semanal en 2002. Luego de un breve un período en el que no se publicó, mutó en una publicación mensual, aunque con mucho menos éxito que en sus épocas doradas. Fue adquirida por la empresa Torneos y Competencias, propietaria de gran parte de los principales medios deportivos del país.

A lo largo de su historia, El Gráfico tuvo diversas competidoras que buscaron disputarle los favores del público, algunas con mucho éxito. Quién lo consiguió durante un largo período fue Goles, que apareció en 1948 y hasta llegó a triplicarla en circulación durante la década del sesenta12, cuando tuvo su período de oro, con la dirección de Enzo Ardigó y Horacio García Blanco. La editorial Julio Korn construyó su éxito a partir de un precio de tapa más económico y una impresión en un color sepia característico, sin descuidar el contenido periodístico. A fines de los ´60, un incendio en los talleres hizo que la revista desapareciera de los kioscos por un tiempo y que nunca pudiera recuperar su lugar de privilegio, que fue recuperado por El Gráfico13.

Ya en la década del setenta, Goles fue dirigida por César Volco, Aldo Proietto e incluso por Rolando Hanglin. La editorial fue absorbida por la italiana Abril, que en 1979 la relanzó con un nuevo estilo y formato, pasando a llamarse Goles Match14. En plena dictadura militar, la revista apostaba a dotar a las notas de un sentido social, más allá de los clásicos contenidos del periodismo deportivo. “De una etapa a la otra, hubo un cambio brusco en la calidad del producto y en la línea ideológica, que en buena medida se reflejaba en las notas de periodistas como Carlos Ares, Juan Carlos Camaño, Roberto Fernández, Guillermo Gasparini, Manuel Abad, Horacio del Prado y Osvaldo Pepe”15, recuerda Gustavo Veiga, uno de los más jóvenes de esa redacción junto con Alejandro Fabbri, Jorge Búsico y Daniel Lagares.

Quedó para la historia la columna “El Hombre Común”, escrita por Osvaldo Ardizzone, pero los elogios no le alcanzaron para sortear la persecución ideológica (Osvaldo Soriano la calificó como “la única revista que se podía leer en el exilio”) y dejó de editarse en 1982. Para entonces ya había vuelto a ser Goles, a secas, y muchos de los integrantes de la redacción habían tenido que buscar refugio en el exterior ante las continuas amenazas. Ya en la década del ´90 volvió a los kioscos, pero no logró consolidarse y se extinguió definitivamente en 1995.

Otras revistas deportivas que tuvieron un lugar destacado en diferentes períodos de la historia y merecen una mención especial fueron La Cancha16, Campeón17, Gaceta Deportiva18, Mundo Deportivo19, La Hoja del Lunes20, Sólo Fútbol21 y La Deportiva22.

Otra revista que hizo historia en los inicios del fútbol profesional fue Alumni, que se vendía en los estadios de primera división y era el instrumento que tenían los hinchas para conocer los resultados de las otras canchas. Antes de la radio portátil, los espectadores presentes en los estadios se enteraban de los goles que se iban produciendo en las otras canchas a través de un tablero formado por chapas. Cada club estaba representado en el tablero por una letra, y Alumni contenía los códigos para descifrar quién iba ganando y perdiendo los partidos, además de otras incidencias de los distintos encuentros23. En su mayor esplendor, alcanzó una tirada semanal de 40 mil ejemplares.

Mientras tanto, por supuesto, los diarios siguieron manteniendo la información deportiva, que con el correr de los años creció en cantidad y calidad. La sección “deportes” (ahora en castellano) ganó páginas e importancia dentro de las respectivas empresas. Ningún diario que aspirara a conseguir el favor del público y aumentar sus ventas, podía despreciar al mundo del deporte, con el fútbol como bandera.

Quizás el primero en llevar adelante esa premisa fue el desaparecido diario Crítica, que fundó Natalio Botana en 1913 (Hugo Marini era su jefe de Deportes) y que dejó de editarse en 1962. En su época representó un fenómeno de gran masividad y ventas. “Una de las razones de la expansión de Crítica fue la inclusión de páginas deportivas en sus ediciones, con criterios y despliegues que ningún diario había tenido hasta el momento”24, asegura el periodista Ariel Scher. Desde sus páginas surgieron los apodos de “cuervos” para San Lorenzo, “Academia” para Racing y “millonarios” para River, que todavía perduran. En 1932, llegaron a crear una medalla para premiar al arquero que pudiera terminar un partido invicto ante Bernabé Ferreyra, el tremendo goleador de River, que se llevó Cándido De Nicola, de Huracán.

Esa misma línea de privilegiar los temas deportivos fue seguida por Crónica, que apareció en 1963, justo un año después de la desaparición de Crítica (no casualmente copió su tipografía para la marca). “Crónica se vende primero por la sección ‘Deportes’, después por la información de espectáculos y le siguen turf, policiales, juegos de azar, información general y, por último, los temas políticos. En definitiva, Crónica se vende porque habla de los temas de la vida”25, analizó muchos años después su creador, Héctor Ricardo García. No casualmente el pico máximo de venta lo alcanzó el 26 de junio de 1978, el día posterior al primer título del mundo conseguido por la selección nacional de fútbol, con 1.057.858 ejemplares. La única ocasión en que el diario había vendido más de un millón de ejemplares había sido cuatro años antes, también con un protagonista del deporte en la tapa: el boxeador Carlos Monzón, campeón del mundo de los medianos. La edición del 30 de octubre de 1974, donde se anunció en exclusiva el inicio de su romance con Susana Giménez, vendió 1.023.478 ejemplares26.

El mismo García venía de amasar un gran éxito con la revista Así es Boca, publicación que cubría exclusivamente la actividad del Club Atlético Boca Juniors y que apareció por primera vez el 7 de abril de 1954, para competir con Selecciones Boquenses y BJ. Tuvo la fortuna que muchas veces necesitan las publicaciones partidarias, ya que esta temporada el equipo de la Ribera fue campeón después de una década “y la nueva revista hizo una campaña sensacional”27, llegando hasta una tirada de 90.000 ejemplares. Tomó el legado de la precursora del género de este tipo de publicaciones, que también estaba destinada el club xeneize: Boca...!, que apareció por primera vez en septiembre de 1942 y se prolongó hasta el final de la década. La siguieron Racing (en 1943), El Ciclón (1944), River (1944), Independiente (1945), Mundo Boquense (1947) y una lista interminable de publicaciones que han surgido a lo largo y a lo ancho del país, no sólo en relación a los clubes de primera división, sino también de los equipos del ascenso y de otros deportes.

En el nacimiento del fenómeno, allá por los años cuarenta, “generalmente las revistas no eran órganos oficiales de las instituciones y destinaban casi todas sus páginas al fútbol. Sólo en las últimas páginas aparecían referencias a disciplinas deportivas como pelota a paleta, básquetbol o bochas. Tenían poca publicidad y su precio era reducido. Casi siempre, el volumen de sus ventas oscilaba al vaivén de la suerte de los colores amados”28. Un repaso a la historia del periodismo deportivo argentino no puede dejar de lado este tipo de publicaciones, producto del verdadero amor a la camiseta.

En una de ellas, la revista Racing, hizo sus primeras armas un periodista que escribía con el seudónimo de Cruz de Piedra y que luego dirigió 15 años la publicación con su nombre y apellido: Bernardo Neustadt. Más tarde forjó una extensa y polémica carrera como analista político, lo que lo pone en una larga lista de periodistas que se iniciaron en el mundo del deporte y luego lo trascendieron. Nelson Castro29, Marcelo Tinelli, Néstor Ibarra, Rolando Hanglin, Eduardo Van der Kooy, Julio Blanck, Alfredo Leuco, Gustavo Béliz y el mismísimo Osvaldo Soriano (el novelista argentino con más libros vendidos) empezaron su trayectoria como periodistas deportivos, antes de destacarse en otras especialidades.

Hasta el Che Guevara tuvo su incursión en la materia. En 1951 fundó la revista Tackle, una de las primeras publicaciones que se ocupó del rugby en el país30, y cuatro años más tarde cubrió los Juegos Panamericanos de México para Agencia Latina (una agencia de noticias creada por el gobierno peronista en 1953), mientras se encontraba viviendo en la capital azteca. Y esa experiencia le sirvió para fundar la Agencia Prensa Latina, luego del triunfo de la Revolución Cubana en 195931.

También fueron muchos otros los periodistas deportivos que ejercieron otras tareas, pero que nunca se alejaron del deporte. Un caso emblemático fue el de Diego Lucero, uruguayo que fue muchos años columnista en el diario Clarín. Llegó a ser corresponsal de guerra y miembro de la Academia Porteña del Lunfardo, pero siempre vivió ligado al fútbol. Tanto que hasta su muerte, en 1995, era el único periodista en el mundo que había estado presente en todos los Mundiales. Juan De Biase, otro hombre de Clarín, llegó a escribir sobre la reforma agraria en Bolivia para la revista Todo es Historia, mientras que Carlos Juvenal escribió dos libros sobre el caso Sivak en medio de una trayectoria que se inició en la sección Deportes de La Nación y terminó en TV con Tribuna caliente.

Otro inolvidable fue Alberto Laya, que firmaba sus notas en La Nación con el seudónimo de Olímpico. Llegó a prosecretario de redacción del diario y en 1987 fue distinguido con el premio Konex como el máximo periodista deportivo en toda la historia de la prensa escrita. Antes fue jefe de Deportes e hizo historia con su columna semanal “Mirador deportivo”.

Volviendo a Héctor Ricardo García, no le fue tan bien cuando concretó el proyecto de un diario deportivo, el primero que existió en el país. Se llamó Ultima Hora32, salió a la calle por primera vez el 2 de agosto de 1965 y lo editó Editorial Sarmiento (la misma de Crónica), pero no cumplió con las expectativas y tuvo una corta duración.

Tuvieron que pasar tres décadas para que volviera a aparecer otro diario exclusivamente dedicado a los deportes, cuando el auge de la información deportiva parecía pedirlo a gritos33. Fue el 23 de mayo de 1996, con la aparición de Olé. Lo editó el Grupo Clarín a partir de una idea que empezó a madurar en 1994, cuando tras el Mundial de fútbol de Estados Unidos el diario Clarín incorporó el color a su suplemento deportivo de los lunes, además de ampliar su salida a los jueves y sábados. Por ese entonces se rumoreaba que el diario de Ernestina Herrera de Noble planeaba incorporar diariamente el suplemento de Deportes (algo que sí hizo La Nación en 1996). Pero a principios de 1995, se produjo una sociedad entre Editorial Atlántida (editora de El Gráfico) y Torneos y Competencias con la finalidad de editar un diario deportivo, y Clarín decidió ganarles de mano34.

Con la dirección de Ricardo Roa y un grupo de responsables provenientes de la sección de Deportes del gran diario argentino, “Olé salió con el típico respaldo de Clarín, con un gran lanzamiento publicitario y de marketing (concursos de regalos de ropa deportiva, pelotas de fútbol, dinero en efectivo) y ascendió más o menos velozmente a los 130.000 ejemplares de venta”35 ya en su primer año. Luego fue incrementando esa cifra y, más de una década después, está plenamente consolidado y logró imponer un estilo muchas veces discutido, retomando las palabras de la calle y el tablón36.




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