Pregón de las fiestas de san esteban y san agustíN



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PREGÓN DE LAS FIESTAS



DE




SAN ESTEBAN Y SAN AGUSTÍN




EN




PEDRAJAS DE SAN ESTEBAN

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Carlos Arranz Santos




2 de agosto de 2007




PREGÓN DE LAS FIESTAS DE SAN ESTEBAN Y SAN AGUSTÍN


Señor Alcalde y Corporación Municipal, dignas autoridades que nos honráis con vuestra presencia, bellas y encantadoras reinas de las fiestas, vecinos de Pedrajas y forasteros, familiares y amigos, os deseo salud y gracia.

Es para mí un gran honor anunciar a los cuatro vientos el comienzo de las fiestas que esta villa pinariega de las Pedrajas de San Esteban dedica a los santos patronos de su devoción: San Esteban y San Agustín.

I

Desde los lejanos tiempos en que repobladores cristianos fundaran este pueblo y dedicaran su primitiva iglesia a la invención o hallazgo de las reliquias de San Esteban Protomártir, han venido celebrando sus moradores, cada 3 de agosto, la principal de sus fiestas, con misa cantada y sermón, seguida de procesión, con la imagen del santo, por las calles del lugar, siempre a los sones de la música.


La mayor parte de nuestras fiestas y celebraciones tienen un origen religioso, más o menos remoto. Todos los domingos y en las fiestas que se decían de guardar, era preceptivo oír misa y emplearse en obras de devoción. Como el trabajo no estaba permitido, eran días de descanso en las tareas cotidianas.
Se jugaba a la pelota, a los bolos, a la calva y a lanzar la barra castellana, destreza, esta última, en que alcanzara fama el tío Bragazas, pedrajero legendario al que la tradición atribuye una fuerza prodigiosa. Al caer de la noche, en la Plaza del pueblo, débilmente iluminada por el resplandor de unas teas, hombres y mujeres bailaban alegres, músicas de dulzaina y tamboril.
En el ánimo de que todos cumplieran con las obligaciones religiosas, las Ordenanzas de Villa y Tierra de Íscar, promulgadas en 1568, ordenaban en su capítulo primero que ninguna persona fuera osada de jugar a ningún juego o andar de caza los domingos y fiestas de guardar, hasta ser salidos de misa mayor o vísperas.


A lo largo de todo el año las numerosas cofradías fundadas en nuestro pueblo iban celebrando las fiestas de sus respectivos patronos, con vísperas, misas y procesiones, en las que danzaban ante los santos de su devoción y les ofrecían limosnas de trigo, rosquillas, tortas y otros productos, que después se subastaban en beneficio de la cofradía.
Al acabar, compartían con agrado los cofrades, sencillas colaciones o copiosas comidas de hermandad. En aquellos tiempos, no todos los días era posible disfrutar de bollos, rosquillas y obleas, castañas, peras, ciruelas e higos, según la época del año. Y nunca faltaba el vino, a su entender remedio de todos los males, estimado de ricos y pobres.
La cofradía de San Agustín era la de mayor relevancia en Pedrajas. A ella se habían unido en tiempos pasados las hermandades de San Sebastián, con su hospital para acoger a los pobres caminantes, y la de Santa Ana, con su humilde ermita.
La cofradía del Santísimo Sacramento, única que pervive en la actualidad y a la que me honro en pertenecer, celebraba con gran solemnidad la fiesta del Corpus Christi, con vistosas procesiones por calles sembradas de tomillos y cantuesos, en las que bailaban danzantes ataviados con vistosos trajes adornados de cascabeles y cintas de colores.
Gran devoción existía en Pedrajas a San Roque, tal vez por haber librado al pueblo, en tiempos medievales, de la temible peste, que tantas poblaciones diezmara. En su honor celebraban los cofrades fiestas en que se corrían y capeaban novillos, las más antiguas de que se tiene noticia en esta villa.

La Cruz de Mayo y la Cruz de Septiembre eran las festividades propias de la hermandad de la Vera Cruz. La noche del Jueves Santo, en la procesión que recorría las cruces del calvario hasta la ermita del Humilladero, los hermanos de disciplina flagelaban sus desnudas espaldas, en recuerdo de la Pasión de Nuestro Señor, iluminando la escena los hermanos de luz, con sus cirios ardiendo. Junto a esa pequeña ermita, camino del Monte, se arrodillaban los pasajeros a orar ante la imagen del Cristo del Humilladero, hoy olvidado, que tantas veces acompañara los entierros de nuestros antepasados.



En clara relación con la mentalidad de la época, aunque las mujeres formaban parte de las cofradías, no les estaba permitido, ejercer cargos de gobierno, ni asistir a los refrescos y comidas. Sólo la cofradía de Santa Águeda, en la que no tenían entrada los hombres, era gobernada exclusivamente por mujeres.
Todavía hoy, cada 5 de febrero, festividad de la santa, reciben simbólicamente las águedas, la vara de gobierno del pueblo. Un gobierno que la sociedad actual debe reconocer realmente a la mujer, situándola en un plano de igualdad con el hombre, en una justa valoración de sus méritos. Méritos de los que tradicionalmente ha hecho gala la mujer pedrajera, desvelándose en las labores de la casa y sirviendo de eficaz ayuda al hombre en los trabajos del campo o del pinar.
Algunas de las mujeres aquí presentes podéis dar fe de vuestros propios sacrificios escardando los sembrados, espigando en los rastrojos, trillando en la era, abriendo las piñas y mondando los piñones o picando la achicoria, a la intemperie, en los fríos inviernos castellanos. Podríais referir también vuestras idas y venidas a Sacedón, entre pinares, a lavar las ropas, arrodilladas, en las balsas de la fuente de la Virgen.
Sacedón, lugar de sauces, a orillas del río Eresma, manantial de aguas milagrosas donde, según la tradición, se apareció la Virgen Santa María a un pastor. No puede un pregonero en este pueblo dejar de proclamar la especial devoción que los hijos de Pedrajas profesan a su excelsa patrona y protectora, Nuestra Señora de Sacedón.
No hay fiesta más entrañable para nosotros que acudir en romería, el lunes de la Pascua de Resurrección, hasta su ermita ribereña, y oír misa en la pradera; cantar, llenos de emoción, la salve popular; lanzar vivas a la Virgen y al Niño chiquitín, que tiene cara de perillo; comer a la sombra de los pinos y bailar la jota en la procesión vespertina.
A la Virgen de Sacedón, poniéndola en novenas en nuestra iglesia, hemos recurrido siempre los pedrajeros en momentos de especial dificultad, cuando los campos morían por la falta del agua, cuando la guerra, las epidemias o las plagas nos amenazaban.
Si los labradores y carpinteros honraban a San Isidro y a San José, sus santos patronos, a los pies de la Virgen de Sacedón acudían, al toque del caracol, las cuadrillas de piñeros, en acción de gracias por haber acabado con bien la bajada de las piñas; los yeseros, rogando les librara del hundimiento de la mina; los quintos, antes y después de acudir al servicio militar; las lavanderas, que siempre, siempre, subían a rezarle a la Pinariega.
El próximo 11 de mayo de 2008 Pedrajas vivirá emocionado el 50 Aniversario de la Coronación de Nuestra Señora de Sacedón, memorable jornada en la que el vecindario entero, en solemnísima función religiosa celebrada en la Plaza Mayor de la Villa, manifestó que era su deseo y su propósito firmísimo vivir a perpetuidad como súbditos de tal Reina, y como hijos de tal Madre.


II

No es posible hablar de fiestas, sin referirse a la juventud, cuyas virtudes representáis de modo especial vosotras -Laura, María y Sara-, que acabáis de ser proclamadas reinas de las fiestas de este año 2007, en que llegáis a la mayoría de edad. Felizmente aún perviven entre nosotros algunas de las celebraciones festivas que protagonizaban los mozos, al entrar en quintas, como rituales de iniciación en el mundo de los adultos.
El sábado de los Carnavales, a la noche, juntos quintos y quintas, prendéis la velada con las ramas de un pino cortado en el pinar del Concejo, regalo del Ayuntamiento. Y el martes, al mediodía, corréis las cintas, sobre monturas engalanadas, desterrada hace tiempo la cruenta costumbre de matar el gallo. Después, a comer la hojuela por vuestras casas, paseo triunfal con música de dulzaina.

La noche del postrero día de abril seguís poniendo junto a la iglesia el mayo, el mejor de los álamos, cortado en las riberas de Castrejón, que antiguamente donaban los mozos a la Iglesia, según consta en las cuentas parroquiales desde principios del siglo XVIII.


La noche anterior al día de la Ascensión, aún colocáis la enramada a la puerta de la iglesia, con ramas cortadas junto al río, adornadas de naranjas y limones. Ritos paganos, de antiquísimo origen, símbolos del renacer de la naturaleza al llegar cada año la primavera.
Primavera en que los mozos, de noche, rondaban a las mozas de su predilección, dedicándoles cantares y dejando en sus ventanas naranjas y limones, el mejor de los regalos. Aunque desaparecieron las rondas, algunas estrofas de tan antiguos cantares permanecieron vivas en la memoria de los ancianos de este pueblo:


Despierta, dama, despierta,

despierta si estás dormida,

que te vienen a cantar

los mozos la despedida.

Canta tú, cantaré yo,

cantaremos a porfía,

tú cantarás a tu dama,

yo cantaré a la mía.

Antes, en la niñez, la mayor de las ilusiones era que te llevaran al pinar, al amanecer del día de San Juan, a ver salir el sol, dando vueltas, y a tomar el chocolate. La noche anterior, los chicos del pueblo, cada uno en su barrio –la Plaza, Cantarranas, Chamberí, Corea- habíamos quemado en altas hogueras los tomillos y rosas de San Juan traídos del pinar, llenando de ruidos y alborozo las calles al tocar las tapaderas.




III
En la segunda mitad del siglo XIX el Estado privó de sus bienes a las cofradías, vendiendo sus tierras y viñas en pública subasta. Despojadas de su sustento económico, algunas desaparecieron y otras decayeron notablemente, de modo que en adelante no les fue posible organizar las fiestas que tenían por costumbre.
Nació entonces la función popular, organizada por el Ayuntamiento de Pedrajas en la festividad de San Agustín, día 28 de agosto, en recuerdo de las brillantes fiestas celebradas antaño en honor de este santo por sus devotos cofrades.
Por San Esteban, casi un mes antes, gran parte del vecindario se hallaba sumamente ocupado en la recolección de las mieses y en el desgrane de las piñas, por lo que no hubiera podido disfrutar con desahogo de sus fiestas principales.
La novedad más importante de esta función popular será la celebración, a partir del año 1878, de corridas de novillos en tablados de madera construidos en la Plaza Mayor, organizadas y subvencionadas, en principio, por los jóvenes del pueblo. A partir de 1884, siendo alcalde don Francisco Bocos, el Ayuntamiento asumirá plenamente la organización de las fiestas populares de San Agustín, tan gravosas antes para la juventud.
En aquella época se convirtió en costumbre que los mozos, el día de Santiago, acudieran, todos a una, ante la casa del alcalde a pedir los toros. De no concederlos, los ánimos de la juventud podían excitarse y producirse alteraciones del orden público, como en ocasiones sucediera.
La vida ha cambiado mucho en los últimos tiempos, las fiestas también, en todos los sentidos. Algunos festejos han desaparecido para siempre, otros han experimentado notorias transformaciones. Nuevas formas de diversión han ido apareciendo en los programas.

Los tablados de madera dieron paso a la plaza de toros portátil y ésta a la actual, de graderío cubierto. Dejaron los novillos de ser encerrados desde el campo y nacieron los encierros al estilo de la villa, sólo por las calles del pueblo. Atrás quedaron el toro de las once y aquellos maletillas, de tez curtida, en busca de una oportunidad que los llevara a la fama y les librara de las cornadas del hambre.


En la Plaza, el baile con dulzaina desapareció ante la brillantez sonora de las bandas de música, que amenizaban las fiestas con conciertos matinales y animadas verbenas populares, coronadas por el tradicional baile de casados. Un día, no muy lejano, nuestra Banda de Música, aquí presente, recogió el testigo de la Banda de Coca, de tan grato recuerdo entre nosotros.
La música con pianillo de manubrio en los salones del señor Severiano, en la Plaza Mayor, y de la señora Isidra, en la calle Real Nueva, abrió camino a la actuación de afamadas orquestas, animadas por bellísimas y elegantes vocalistas, en el salón de baile AMGOCAF, fundado por el señor Gregorio Román, hoy convertido en Discoteca Pic-Nic. ¡Cuántos bailes, allí, en la Pista la Ilusión, al compás de orquestas y conjuntos, como Allana, de Valladolid capital; Chachachá y Florida, los Tamiz y Horizontes 70, de aquí, de Pedrajas!
A partir del año 1942 la magia del cine atraerá a multitud de espectadores durante las fiestas de San Agustín, con la proyección de grandes superproducciones en los cines Español, Abel Cinema, Salamanca y Avenida.
En el deporte, a los tradicionales partidos de pelota a mano del día de la víspera, con los mejores jugadores de la comarca, se fueron añadiendo carreras ciclistas de lentitud, cucañas, carreras de sacos, tiro al plato, cross… y el prestigioso Trofeo San Agustín, de fútbol.

Nacieron los pozales, con sus limonadas, como lugares de diversión de la juventud, convertidos con los años en peñas de vistosos atuendos y originales nombres: desde las más antiguas, Las Mañanitas, Los Mazos, La Bigornia, Baco, La Única, El Trébol o La Plaga, a las más modernas, Domasuegras, Okupas, Insumisos, Deskoloque….


Tabernas y cantinas se transformaron en modernos bares y cafeterías. Ahora están de moda la movida y el botellón, en plena calle y hasta las tantas. A churreros y carameleras –churros, pirulíes, obleas, almendras, cachavas y martillos de caramelo- se fueron uniendo las casetas de tiro, las tómbolas, las barcas, los coches de choque y otras atracciones de feria, de año en año más modernas.
Bonitas colecciones de fuegos artificiales tiñeron de luces multicolores las noches estrelladas de estos cielos pinariegos. Hubo unas fiestas en las que por vez primera, elegimos una reina con sus damas, esencias puras de juventud. Juventud que rezumaron antaño nuestras majorettes, gacelas en movimiento por las calles y plazas, en palabras de Alfredo Hurtado, uno de nuestros poetas.
Apenas hace unos años, empezamos a celebrar, exultantes de alegría, el inicio de nuestras fiestas con el ya tradicional agua va. Y a despedirlas, días después, a la luz de las velas, con el hasta luego San Agustín.
Seguirán evolucionando las fiestas, acorde con los nuevos tiempos. Nunca desaparecerá, sin embargo, la magia y el encanto de un pueblo en su función principal, el repique de las campanas, los disparos de bombas y cohetes, las alegres dianas y los pasacalles, el baile en la plaza, el encuentro cordial en la calle y en las peñas, desconectando –como ahora se dice- durante unos días de las ocupaciones y preocupaciones habituales.

Y siempre serán las fiestas un buen momento para avanzar en la concordia y armonía entre los vecinos, integrando en ellas, de corazón, a todas las personas que desde lejanas tierras han llegado hasta aquí en busca de un futuro mejor. Será, sin duda, la mejor manera de honrar a San Esteban, nuestro patrón.


En estos momentos de alegría, tengamos presentes a todos aquellos que, en la cercanía o la distancia, no podrán disfrutar de estas fiestas, aunque su corazón y su pensamiento se hallarán esos días entre nosotros. De justicia es también dedicar un recuerdo emocionado a los hombres y mujeres que nos precedieron en el tiempo. Padeciendo hambre y privaciones, abrieron camino a la época de bienestar y progreso que hoy disfrutamos.
Pero la vida sigue adelante. Pronto, muy pronto, comenzarán unas nuevas fiestas, iguales y diferentes a la vez. Estemos preparados para recibirlas con la mayor de las ilusiones, con la mayor de las alegrías, unidos todos como una piña, la mejor de las piñas criadas en nuestros pinares.

¡Que repiquen las campanas,
que iluminen el cielo los cohetes,
que sepan en todo el mundo
que Pedrajas está en fiestas!
***

Carlos Arranz Santos

Pedrajas de San Esteban, 2 de agosto de 2007.

SEMBLANZA
Carlos Arranz Santos nació en Pedrajas de San Esteban el 3 de noviembre de 1954. Estudió el bachillerato en el colegio de los Misioneros de Nuestra Señora de La Saleta, en Santa María de Nieva (Segovia), a los que siempre agradecerá la educación recibida. Posteriormente cursó los estudios de Maestro de Educación Primaria en la Escuela Normal de Valladolid.

Ha desarrollado su actividad docente en Medina de Rioseco, Valladolid, La Escala (Gerona), San Cristóbal de Cuéllar, Villaverde de Íscar, Gomezserracín e Íscar, en cuyo colegio imparte clase actualmente. Durante largos años desempeñó el cargo de director del Colegio Rural Agrupado “El Carracillo”, con sede en Sanchonuño (Segovia).



Su labor como historiador comenzó en 1980 con sus artículos en la revista de carácter local “Tierra y Pinar”. En mayo de 1983, con motivo del 25 Aniversario de la Coronación, salió a la luz su primera publicación, “Historia de la Virgen de Sacedón”. Le siguió otro pequeño libro, “Cofradía de San José de carpinteros de la villa de Íscar” (1992). En 1995 publicó “Villa y Tierra de Íscar”, un libro en el que se hallan contenidas las líneas esenciales de la historia de Pedrajas. En 1998, en colaboración con su buen amigo Ángel Fraile de Pablo, escribió “Historia de Vallelado, Tierra de Cuéllar”. Sus últimas publicaciones han sido “El pedrisco de 1952 en Pedrajas de San Esteban” (2002) y “Santos: Historia de una familia castellana. Donato Santos Chicote: Su vida, sus escritos, su familia” (2006). En estos momentos se encuentra preparando una historia general sobre Nuestra Señora de Sacedón, que espera poder sacar a la luz en mayo de 2008, coincidiendo con la celebración del 50 Aniversario de la Coronación.
Encantado de contribuir al conocimiento y valoración del patrimonio histórico, natural y etnográfico de la Tierra de Pinares, ha impartido charlas en numerosos pueblos de la comarca y publicado artículos en revistas de ámbito local y regional.
Otro tipo de inquietudes le llevaron en su día, junto a diferentes personas de nuestro pueblo, a crear el Grupo de Poesía de Pedrajas y el Movimiento Pedrajas Solidario, con el deseo de promover el compromiso de nuestro pueblo en mejorar las condiciones de vida en el Tercer Mundo.
Apostando por el uso de las nuevas tecnologías, desde finales del año 2000 dirige la página web www.pedrajas.net, concebida como una ventana de Pedrajas abierta a todo el mundo, en especial a los pedrajeros que viven lejos de su tierra.



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