Pregón de las Fiestas del Santo. Año 2008



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Pregón de las Fiestas del Santo. Año 2008.
Mujeres y Hombres calceatenses: es un honor para mí y para mi familia que hayáis querido, a través de vuestro Ayuntamiento, que sea yo quien os pregone las fiestas de este año 2008. Un pregón es decir a los cuatro vientos que en nuestro pueblo va a empezar la fiesta y de eso me voy a encargar ahora con muchísima ilusión.
Una fiesta es un ritual que se repite cíclicamente, es algo común a todas las culturas humanas, y sirve para que las personas se reafirmen en sus tradiciones y en su arraigo y orgullo de pertenecer a una comunidad. Pero hay muchas fiestas dentro de una misma fiesta, y yo, ya puesto de pregonero, os quiero invitar a todas ellas. Esto me recuerda que mi cuadrilla de Bilbao –llamada de Santo Domingo porque aquí se formó- me ha celebrado con sendas fiestas al cumplir los 40 y los 50 y siempre he querido pronunciar unas “palabritas” que han sido insistentemente interrumpidas y abucheadas; espero que hoy me dejen concluir este parlamento donde, por fin, me voy a despachar a gusto.
La verdad es que he mirado en Internet para buscar algún pregón, como me han recomendado, y he encontrado muchos, os garantizo que este no está copiado porque sale directamente de mi pluma, a puño y letra. Es un compromiso escribir y hablar cuando el tema es tan cercano al corazón, por ello he seguido el consejo de mi admirado Miguel Delibes: escribe con naturalidad, tranquilamente, cuenta las cosas sin pretender deslumbrar con el lenguaje y sin hacer gala de erudiciones inapropiadas. Así intentaré hacerlo, gracias Don Miguel. De todas maneras, menudos son mis paisanos como para colocarles un pregón de otro pueblo; además es imposible porque nuestra historia y tradiciones son genuinas e irrepetibles.
Os decía que hay muchas fiestas dentro de la misma fiesta y que yo quiero invitaros a todas ellas. Vamos a empezar por la fiesta de la memoria antigua, la memoria de la historia, la memoria de Domingo de la Calzada. En los últimos tiempos he reflexionado mucho sobre la figura del Santo y ello se ha debido a mi interés en profundizar en su perfil psicológico; es una labor que todavía no he concluido pero “estoy en ello”, como se dice por aquí.
La figura del Santo es la de un personaje que aparece como un bondadoso y longevo abuelito y sobre cuya vida y hechos circulan muchas palabras pero pocos textos escritos. Todo el mundo conoce una serie de milagros atribuidos a sus influencias sobre el poder divino. Pero hay que recordar que el Santo fue rechazado en dos monasterios, San Millán y Valvanera, en su intento de dedicarse a la vida contemplativa. Algún Abate hizo saber a sus padres, campesinos de Viloria de Rioja, que su mentalidad práctica y su poca querencia a las normas hacían de Domingo una persona no adecuada para el recogimiento y la reflexión propias de la vida monástica.
Pero Domingo no renunció, sin duda la obstinación era un rasgo de su carácter y decirle que no era la mejor manera para motivarle hasta la extenuación. Por ello construyó su propia ermita con la intención de demostrarse a sí mismo que era capaz del recogimiento y de vivir ajeno a las apetencias y avatares mundanos. Pero su ermita, paradójicamente, acabó construyéndose lejos del retiro, en la inmensa y luminosa llanura donde se encuentra nuestra ciudad, en el camino de Santiago. Al final resultó que los monjes llevaban razón porque Domingo dio muestras de gran pragmatismo, sus obras arquitectónicas dan testimonio de ello.
Su retrato psicológico se construye con la obstinación, con la seguridad en sí mismo – producto de una buena crianza con cariño y exigencia, como la de los buenos vinos- y, sin duda, con una gran ascendencia sobre los demás, lo que hoy llamaríamos capacidad de liderazgo. Otros rasgos de personalidad se deducen de sus obras como la diplomacia necesaria para tratar con unos y otros para lograr sus objetivos, que no eran otros que los de su pueblo; era un ser solidario en el amplio sentido de la palabra. Además la inteligencia y la honestidad le ayudaron a llegar a viejo y a conseguir que nada le apresara ni nadie le matara. Domingo era un hombre noble, libre, luchador, emprendedor y creativo.
Nuestro Santo posee, amén de los rasgos ya mencionados, una capacidad entre lo humano y lo sobrenatural, la de aparecerse con frecuencia entre nosotros, en las calles del pueblo, en los campos y montes, cada vez que los calceatenses cumplimos con nuestro compromiso histórico de olvidarnos de nosotros mismos y miramos al camino para encontrar al otro.
Ya os he pregonado la primera fiesta, la de la memoria del Santo, entrad en ella con entusiasmo y sentiros personas libres para mirar al futuro desde la esperanza del pasado.
Os pregono ahora la fiesta de la memoria personal, a la que invito especialmente a los niños y niñas de mi pueblo. Yo soy el hijo de D. Gregorio y de Doña Conchita; esa ha sido mi identidad y la de mi hermano y mis hermanas. Hasta mis Tíos Rafael y Enrique comentaban que al pisar el pueblo abandonaban gustosamente su identidad para convertirse en los cuñados de D. Gregorio. Mis hijos y mis sobrinas y sobrinos son los nietos de D. Gregorio, digo esto por si alguien tenía alguna duda. Yo también tuve el sobrenombre de Bartolo, o Tolín, que Mari me puso y que me quita 40 años cada vez que me lo llama. Faustina también me bautizó como príncipe, por llegar a mi casa después de tres princesas.
Como los que tenéis cierta edad sabéis, el famoso D. Gregorio era y es médico; él ya sabe que el azar le libró de realizar una operación quirúrgica complicada y poco habitual. Para explicar esta operación debo exponer previamente algunos antecedentes: yo me cortaba el pelo en la peluquería de D. Máximo Valderrama, donde se hablaba de Futbol, de Toros y del Tiempo, allí yo sabía que, en términos futbolísticos, jugaba fuera de casa, pues se hablaba mucho del Madrid y para entonces, yo ya era un forofo del viejo club, oséa del Athletic de Bilbao. Una tarde, D. Máximo me recibió, amable como siempre, y me sentó en aquél banquillo que se ponía en los sillones de la peluquería para que los niños quedaran al alcance de las tijeras inmisericordes del peluquero. Aquél día había bastante gente, y el Madrid había ganado la liga- lo cual no quita el que otros también la hayamos ganado- D. Máximo andaba un poco apresurado y le dijo a Cachucho: “oye Cachucho con este no hay que preocuparse porque si le cortamos la oreja, se la ponemos en un pañuelo, se la lleva a casa y su padre se la cose en un plis plas”. Yo me veía camino de mi casa, con la oreja ensangrentada en un pañuelo y pidiendo a mi padre que me la cosiera en un “plis plas”; en aquél entonces a mí solo me faltaba aparecer en mi casa con una oreja en la mano para completar un “currículum vitae” en el que ya constaban algunas extracciones de diversos enseres, una muñeca rota y una conmoción cerebral que mi hermano dice que todavía no se me ha quitado. Por cierto, mi padre me ha contado que, el mencionado cachucho, se metía en un cochecito de niño y junto a Tatachinda, el del carbón, y Plá, el herrero, formaban un famoso trío del carnaval calceatense.
También os puedo contar que me quemé las cejas y las pestañas con una mezcla de agua y carburo, que alguien compró por encargo de su padre, para hacer unas antorchas; luego se descubrió todo el pastel; no diré quien fue, él ya lo sabe y su padre mejor que no se entere; por cierto es el mismo cuya pierna se durmió inoportunamente cuando corría a por su bicicleta, después de una potente explosión provocada al detonar con una piedra la famosa mezcla de azufre y potasa, a las cuatro de la tarde de un día caluroso de Agosto, en un tranquilo pueblecito de los muchos que nos rodean.
En este punto de mi invitación a las fiestas, se unen la memoria personal y la memoria histórica para alcanzar el momento más solemne del pregón desvelando un acontecimiento del que solo cuatro niños fuimos testigos. Sin más, se trata de un nuevo milagro del Santo, apócrifo pero milagro: escuchad y juzgad:
Santo Domingo de la Calzada mayo de 1966 cuatro cabecitas se deslizaban por los trigales que ocultaban las bicicletas – GAC o BH por supuesto- se dirigían a la ermita de las abejas; allí encontraron la explanada que se extiende delante del templo cubierta de abuelitos blancos, esos que vuelan por el aire en primavera; era todo un espectáculo el blanco sobre el verde de la hierba. A alguien se le ocurrió echar una cerilla – siempre las llevaban- y contemplar lo que pasaba, que no fue otra cosa que un circulo de fuego que se extendía y luego desaparecía de repente, y otra vez y otra cerilla y un golpe de viento extendió un gran circulo que se acercó a los trigales; apagaron por aquí y por allá pero aquello no paraba. Corriendo a las bicicletas, ¡vámonos de aquí que nos la cargamos¡, a uno se le ocurrió rezar al Santo mientras corrían de vuelta al pueblo, ¡de esto ni palabra¡ decían al volver la cabeza y ver el humo que salía de la explanada; ¡ahora todos a casa y que no nos vean en dos días¡ ¡la que se va a armar!,. ¡Parar, parar¡, dijo Manolo, “que sapagao” “si, los cojones” dijo Enriquito, miraron todos hacia la ermita y las llamas y el humo habían desaparecido como por encanto; “ha sido el Santo, ha sido el Santo” dijo Dominguito que era el más devoto; ¡vamos a casa que igual se prende otra vez¡ dijo prudente Daniel. Así fue, tal y como os lo cuento, y no tenemos ninguna duda de que el Santo apagó aquél fuego. Tres de aquellos niños son hoy reputados médicos y el otro, que soy yo, el hijo del médico, se metió a psicólogo.
De mi memoria personal también quiero compartir con vosotros el recuerdo de la Madre Eulalia, que con una paciencia infinita, me ayudó a recuperar mis problemas de lectura y escritura. Había en ella algo sublime, ya ha muerto y me consta que se enteró de la publicación de mi primer libro, supongo que diría para si ¡otro milagro del santo que este chiquillo haya publicado un libro¡. También probé, como muchos de mis coetáneos, los ardores de la Madre Consolación, “a buen entendedor pocas palabras le bastan”; igualmente recuerdo a la Madre Antonia saltando por encima de Isidro porque alguien había soltado una lagartija en su mesa. Ese alguien está aquí presente y espero que no haya perdido sus habilidades de cazalagartijas.
También me veo a la puerta de la catedral con una pelota de mano de fabricación casera –potro, lana y esparadrapo- diciendo “vamos a jugar aparejas, Domingo, Daniel, Manolo y yo, los demás a tomar por el c.”. En ese momento salió D. José Luís que me miró con gesto preocupado; menos mal que para estos pecadillos teníamos a D. Leopoldo que era un Santo dentro de un confesionario y que imponía unas penitencias muy asequibles.

Todas estas pequeñas historias ocurrieron bajo la atenta mirada de nuestros padres y madres, que disfrutaron de darnos una infancia mucho más tranquila que la que ellos vivieron. Eran los tiempos de las primeras televisiones, de Bonanza, del Virginiano, etc. Recuerdo que íbamos a ver la tele a casa de Roberto Gil y Tere Roa; Roberto era calceatense entusiasta, te recordamos hoy con cariño. También vienen a mi memoria los asesinatos de los Kennedy, ante la congoja de mis hermanas, mi padre nos prometió que nunca sería presidente de los Estados Unidos y, de momento lo ha cumplido.



La mencionada madre Consolación me informó sin miramientos de que me iba a Bilbao, cuando leyó en la prensa el nombramiento de mi padre. El traslado fue muy duro para mí, tenía la libertad pegada a la piel y me costó mucho adaptarme a aquél Bilbao gris y lluvioso de los años sesenta. Un hermano de la Salle, de la estirpe de los grandes pedagogos, se dio cuenta de lo que me pasaba y me pidió que le escribiera en un papel cómo eran las fiestas de mi pueblo que tanto añoraba, entonces ejercí por primera vez de pregonero.
Pero llegó la primavera, y el verano, volví a Santo Domingo como quien vuelve al paraíso; allí estábamos todos otra vez juntos, nuestra cabaña estaba intacta; durante muchos años tuvimos una cabaña construida de maderas viejas y ensamblada por millones de puntas, tenía luz eléctrica, y surcaba los fondos marinos como el submarino “Seawiew”. En ella entraron las primeras chicas, que ya nos empezaban a gustar, y a alguna le vimos las bragas cuando entraba a gatas por un pasillo de cajas de cartón, expresamente diseñado para obtener buenas vistas. A nuestra querida Paula le gustaba mucho que le contáramos estas historietas.
Siempre he buscado el pueblo allá donde he ido; encontré a Paco en Bilbao, pegado a su amigo Carmelo, encontré a Gonzalo en Salamanca; además ya sabéis que cuando se viaja siempre se encuentra alguien de Santo Domingo o oyes hablar a alguien que dice ¡hey chiguito¡
Luego vinieron los granos, las angustias y las crisis existenciales de la adolescencia, que atravesamos juntos oyendo a los Credence, a Simon y Garfunkel, a Cat Stevens, a Serrat, a Paco Ibáñez y a tantos otros. Allí estaba nuestra cuadrilla: Gloria, Rebeca, Lurdes, Cristina, Rosa Mari, Ana Rosa y otras. El destino quiso también que encontrara el amor de mil quilates en Santo Domingo; Rosa vino de Bilbao y desde hace 35 años compartimos cada segundo de nuestras vidas, otro milagro.
Después llegaron los años gloriosos de Bonicaparra y de Iguareña; nos tirábamos al monte con provisiones para una semana –incluidos garrafones de vino- llevábamos hasta té por si alguien se sentía indispuesto. Fuimos 10 años a las cabañas y hemos seguido yendo otros 20 recordando todas aquellas aventuras. Lines y Juan Carlos, Pilar y Lupi, Lurdes y Jesús, Teresa y Dani, Manolo y Marisol, Carmelo y Elena, Begoña y Javier, Monchi y Nano, Domingo y Gloria, Mari Je y Junarra, y la jefa de las cuentas: La Marian. Ahora hemos incorporado unos nuevos personajes, un poco raritos, pero que dan mucho ambiente: Carmelena y Manusol.
Aparte de esto, nuestra generación, como todas, quiso cambiar el mundo y ahora que mandamos tanto, estamos a punto de conseguirlo: la libertad es el camino.
Como todavía no me habéis abucheado ni entomatado, creo, voy a invitaros a la tercera fiesta, la fiesta del presente. “Mal que nos pene” hombres y mujeres de esta ciudad, Santo Domingo nos dejó en el camino, abiertos a los vientos, a la espera de gentes diversas. Nos dejó en el Internet del medievo, en el camino de Santiago; no tengamos miedo a seguir haciendo historia y, ahora más que nunca, se nos conozca por nuestro compromiso por la dignidad de cada ser humano único e irrepetible.
Os pregono que ya ha pasado la gaita, que el Maestro Vallés dirige la orquesta de “Rioja alta llena de luz”, que ya vienen las doncellas y las prioras, que la Rueda entra en la Catedral, que el Santo sale a abrazarse con su pueblo, que los peregrinos almuerzan de madrugada, que hay zurracapote y benditos feriantes. Os digo que a vivir que son dos días, que veinte años no es nada, que seáis muy felices en nuestras fiestas:
“Que la tierra se vaya haciendo camino ante vuestros pasos, que el viento sople siempre a vuestras espaldas, que el sol brille cálido sobre vuestras caras, que la lluvia caiga suavemente sobre vuestros campos y, hasta que volvamos a encontrarnos, que el Santo os guarde en la palma de sus manos”
(Antigua despedida de peregrinos)

VIVA EL SANTO



Santo Domingo de la Calzada
01.05.08.
Enrique Arranz Freijo / Pregonero.


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