Pregon de fiestas del casino de palencia. Patrimonio de cariñO. Autor: Jesús Mateo Pinilla



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PREGON DE FIESTAS DEL CASINO DE PALENCIA.

PATRIMONIO DE CARIÑO.

Autor: Jesús Mateo Pinilla.

27 de agosto de 2012.

Distinguidas autoridades, cada uno en grado y condición, queridos socios:

Cuando me llamó la Junta Directiva del Casino, preparé papeles, por si acaso; como hacía ADRIANIN, el de Carrión, que cada vez que le invitaban a un bautizo, boda, o le avisaban de una defunción, cogía unas cuartetas de su cosecha para volcarlas en forma de disertación. Aunque sus ripios se minusvaloraban en las celebraciones, donde ADRIANIN siempre tiraba de escritos con un ritmo y cadencia propios de Castelar.

ADRIANIN cuando iba a Madrid, perdía la noción del tiempo. Yo conocí a su hermana, a la que llamaba desde la capital para comunicarla con voz grave: “he perdido el tren de hoy y puede que el de mañana”.

Al llegar a Madrid, siempre bajaba en la estación del Norte, para él no había ni Atocha, ni Nuevos Ministerios, ni Chamartín, eso era creación artificial. Iba a la pensión Chinchilla, donde estaba de ama una gorda que dándola una palmada a la muchacha la decía: - Lleve Ud. La jofaina a la habitación que ha venido Don ADRIAN.

Luego, la chica se iría a su cuarto de estar, al del servicio se entiende, estirándose en la butaca como un lagarto al sol y sacando los pies de las chancletas para sentir el frío del mosaico, como todos decían a la baldosa plenamente serigrafiada.

ADRIANIN en camiseta de tirantes y canalé se lavaba a lo gato la cara y axilas y bajaba por la Gran Vía andando hasta Chicote, porque allí estaba lo que faltaba en Carrión, mujeres rumbosas que fumaban como la Garbo.

En Chicote ADRIANIN era un señor porque allí Perico a todos les trataba de tú y delante de los camareros de vuecencia.

A ADRIANIN, acostumbrado al clarete, el Martini con aceituna le volvía loco.

Debía ir paseando a comprar caramelos a la Pajarita para traérselos a su hermana, que de siempre la gustaron porque de una pieza de dulce salían dos, o confites de violetas, de los que ADRIANIN decía que eran los preferidos de la Reina Mercedes.

Su vida siempre fue literal, al dictado, incluso su muerte.

A ADRIANIN su padre le criticaba la falta de iniciativa: Hijo, -le reprochaba - has pasado la mili, lo que te costó 92 meses, primero la guerra, el servicio después y sin llegar a cabo, así que, ¡Vaya carrera te espera!

Su epitafio lo pintó con tiza en su tumba, la del segundo pasillo a la izquierda, un chavalillo que escribió: “perdió el tren de hoy y puede que el de mañana”.

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Pues eso, yo he traído mis cuartillas como el bueno de ADRIANIN, y una vez fijada su atención a través de este personaje y como la Junta me dijo que eligiera tema, eso he hecho.

Pretendo con Uds. estudiar el patrimonio artístico del casino, haciéndoles ver que la importancia de un legado no es solo la económica sino también aquella que se mide con patrones de cariño.

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Si venimos por la Calle Mayor, antes del propio zaguán del casino, en los soportales, nos encontramos con el Mosaico de Oliva, fabricado con teselas comerciales. La composición es muy del XIX. Con algún personaje tomado de Toulouse Lautrec, de sus muchachas de cabaret o de café-cantante, como las que están sentadas en primer término a la izquierda. Incluso figura el caniche símbolo de la llamada “alta sociedad”, muy propio de las mamás de hijas que pretendían ser actrices. El mural no desentona en la Calle Mayor lo cual es ya, de por sí, tarea complicada. Al Casino no le molesta el reflejo de esa época, ni que se hable del máximo momento de esplendor de los casinos, finales de 1.800 principios de 1.900.

Anécdota Oliva y mi abuela: Los pelos del pecho del conejo y el origen del mundo de Courbet.

Lo primero a elogiar es el edificio, el continente, la caja, obra del arquitecto Jacobo Romero. Ya que aunque el Casino de Palencia, única construcción que conserva el soportal de la Calle Mayor en los inmuebles impares, inicialmente fue un edificio dedicado a oficinas municipales -Ayuntamiento- en el siglo XVI, hoy está reformado por Jacobo Romero para la Sociedad del Casino, que lo adquirió en 1862.

Diseñado dentro de la corriente artística de los historicismos, en la que estaba la arquitectura al recuerdo de la historia.

Pertenece dentro del historicismo a la llamada arquitectura ecléctica, o mezcla de estilos, que se introduce en España desde 1.880 a 1.920 en que se instala el Art Deco.

Jacobo, junto a Jerónimo Arroyo que también lo hace, utilizan los historicismos a los que unas veces atan a un historicismo andaluz (alguna casa de Madrid) o sevillano en un intento por resucitar las tradiciones autóctonas, coincidiendo con los movimientos nacionalistas o regionalistas.

En otras ocasiones, fijan sus obras al renacimiento como en este caso del Casino o la Diputación para otorgar al edificio mayor empaque y otras a un neogótico como la casa de Villandrando o la residencia de los Jesuitas propios ambos de una corriente espiritual.

Fue un período complicado de la historia de la arquitectura en el cual existió una superabundancia de tendencias que se entrecruzan y muy diversas versiones de carácter nacional.

Es de señalar que los arquitectos empiezan en esta época a diseñar elementos urbanos. Se fabrican según sus órdenes bancos, como los de hierro fundido de la fundición de Petrement que Pedro Romero instalaría en el paseo de carruajes del salón y recientemente copiarían en la Plaza Mayor de Palencia; e incluso las pajareras de Jacobo en el Campo Grande de Valladolid.

La familia Viguri, por ejemplo, mandó diseñar a un arquitecto paisajista francés de renombre una pajarera para su casa de Paredes de Nava y el arquitecto imitó a una pagoda y a la torre de un castillo, según dibujo que compré en un anticuario.

En nuestro Casino, ya dentro de él, son de elogiar las escaleras imperiales, de mármol macael, con trazado único y luego dividido, desdoblado y su balaustrada de hierro repujado, planchas de hierro a las que se da forma a golpes en la fragua, obra del profesor de Artes y Oficios de Palencia Fausto Ramírez. Con dragones y hojas incorporadas al diseño, como Ramírez hace en la casa de Correos de Palencia, o en la de Valladolid.

Entre Jacobo y Fausto se entabla buena relación personal y profesional.

Jacobo que ve el artista de rejería en Ramírez, le utiliza a menudo en sus obras. Los arquitectos emplean en sus trabajos el “Arts and Crafs”, o escuelas de artes y oficios artísticos, desde que arquitecto, pintor y socialista William Morris las pusiera de moda.

Sobre el arranque de la balaustrada, en la poyata de madera del pasamanos y junto a la barbería, con su silla de barbero hidráulica americana de la Casa Koken de San Louis, están los soldados de calamina (mezcla de cinc, plomo y estaño) patinados en tono oscuro, copia de los originales de León Phillips, de poco valor crematístico por ser de calamina, pero enormemente bellos.

La vidriera emplomada y las laterales de la escalera, con la torre de San Miguel, obra de la Veneciana, original de 1.922.

La Veneciana fue fundada en 1870 por Basilio Paraíso Lasús. Tenían fábricas en Zaragoza y Sevilla. Se dedicaban a la fabricación de artículos relacionados con la construcción (cubiertas, pisos, paredes, bóvedas de cristal, trabajos de metal y cristal en todas sus aplicaciones, etc.).

Sus vidrieras se emplearon en diferentes bancos como por ejemplo el Banco Popular de los Previsores del Porvenir de Madrid, en la Casa de la Prensa, obra del arquitecto Pedro Muguruza Otaño, en la Compañía Telefónica de España (arquitecto José María de la Vega), Edificio de la Lotería Nacional (arquitecto Antonio Ferreras), así como el Ayuntamiento de Murcia, e iglesias como la iglesia de la Redonda en Logroño.

Las ventanas de medio punto con sus hoy desaparecidas persianas metálicas, copia de las de otros casinos a prueba de balas cuando la guerra. Se montaron para evitar asaltos. (Anécdota de Echegaray y Ramón y Cajal).

La pecera o pajarera sala acristalada como una pecera, punto de reunión de artistas, escritores y señoras, como era la del Conde Ansúrez, donde iba Paco Umbral o Perrote, el espía de Valladolid.

El salón de baile. Con carnet de puntos y sin ellos en mi época. Eso sí bajo la mirada atenta de las madres de las chicas que nos incordiaban con sus comentarios.

La biblioteca. Con su ambiente del XIX.

Donde leí la historia la teja del Abad de Husillos contada por Becerro de Bengoa.

Y cómo se descubrieron las minas de carbón de Barruelo en un “Boletin excursionista”.

Y los Estudios histórico-artísticos relativos a Valladolid del profesor Martí-Monsó, que recientemente reeditara en la editorial Ámbito el recordado profesor Julio Valdeón.

Martí y Monsó, José (Valencia, 1840-Valladolid, 1912). Fue un pintor español. Muy pronto se trasladó a Madrid, e ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde fue alumno de Luis Ferrant y Federico de Madrazo.

Al mismo tiempo acudió al estudio de Antonio Gómez Cros.

A partir de 1860 comenzó a participar en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, y obtuvo mención honorífica especial en 1864 con El motín de Esquilache y medalla de tercera clase en 1866 con La vendimia.

A partir de 1873 compaginó su actividad pictórica con la carrera docente, llegando a ser director de la Escuela de Artes y Oficios de Valladolid en 1873, al tiempo que fue elegido conservador del Museo Provincial.

Fue autor del primer Catálogo provisional del Museo de Pintura y Escultura de Valladolid (1874). Cultivó la pintura de historia, de género y el retrato, pero al final de su vida se dedicó sobre todo a la investigación en temas de historia del arte, que culminaría con la obra  Estudios histórico-artísticos relativos a Valladolid (1898-1901).

En la Regenta, Leopoldo Alas, Clarín, ve así a la biblioteca:

El gabinete de lectura, que también servía de biblioteca, era estrecho y no muy largo. En medio había una mesa oblonga cubierta de bayeta verde y rodeada de sillones de terciopelo de Utrecht. La biblioteca consistía en un estante de nogal no grande, empotrado en la pared.

Allí estaban representando la sabiduría de la sociedad el Diccionario y la Gramática de la Academia. Estos libros se habían comprado con motivo de las repetidas disputas de algunos socios que no estaban conformes respecto del significado y aun de la ortografía de ciertas palabras.

Había además una colección incompleta de la Revue des deux mondes, y otras de varias ilustraciones. La Ilustración francesa se había dejado en un arranque de patriotismo; por culpa de un grabado en que aparecían no se sabe qué reyes de España matando toros.

Con ocasión de esta medida radical y patriótica se pronunciaron en la junta general muchos y muy buenos discursos en que fueron citados oportunamente los héroes de Sagunto, los de Covadonga, y por último los del año ocho. En los cajones inferiores del estante había algunos libros de más sólida enseñanza, pero la llave de aquel departamento se había perdido.

También allí en la biblioteca hay una pequeña pero curiosa escultura sobre una peana, es bronce bañado en plata, posible obra de Rouillard, llamada Francia distribuye pequeñas coronas a la gloria.

Es un diseño de Rouillard para Christofle, el famoso joyero.

La sala del crimen.

Sala de juegos. Donde se asesinaba a Unamuno hijo cuando venía con los derechos de autor de su padre frescos, recién cobrados.

En la Regenta, Leopoldo Alas, Clarín, ve así a la biblioteca:

El Casino de Vetusta ocupaba un caserón solitario, de piedra ennegrecida por los ultrajes de la humedad, en una plazuela sucia y triste cerca de San Pedro, la iglesia antiquísima vecina de la catedral. Los socios jóvenes querían mudarse, pero el cambio de domicilio sería la muerte de la sociedad según el elemento serio y de más arraigo. No se mudó el Casino.

Tres generaciones habían bostezado en aquellas salas estrechas y obscuras, y esta solemnidad del aburrimiento heredado no debía trocarse por los azares de un porvenir dudoso en la parte nueva del pueblo, en la Colonia. Además, decían los viejos, si el Casino deja de residir en la Encimada, adiós Casino. Era un aristócrata.

Después del vestíbulo se encontraban tres o cuatro pasillos convertidos en salas de espera, de descanso, de conversación, de juego de dominó, todo ello junto y como quiera. Más adelante había otra sala más lujosa, con grandes chimeneas que consumían mucha leña, pero no tanta como decían los mozos. Aquella leña suscitaba graves polémicas en las juntas generales de fin de año.

Aquí en el Casino de Palencia todavía podemos ver las chimeneas a ambos lados de este salón.

Una sirve de apoyo a esta muchacha napolitana, titulada “Flor de otoño”, en calamina, obra de los talleres del hijo de Moreau.

Moreau, (1.855-1.919, 64 años) había sido compañero y amigo de Barye, Delacroix y los mejores animalistas franceses, que hicieron leones para todas las puertas de los edificios de congresos y cortes.

La escultura de edición, arte de serie, manipulaba los originales con fines comerciales, es parte de “toda la belleza espantosa y mentirosa de la imitación”, según dice Émile Zola en La obra, y fue rechazado en su tiempo por los puristas.

Debido a su baratura el hierro fundido, o la calamina, constituyó el sustituto idóneo del bronce para replicar a bajo costo obras escultóricas del patrimonio clásico o moderno, aumentándolas o reduciéndolas por medio del pantógrafo, la nueva herramienta de reducción mecánica.

Los temas preferidos de estos escultores eran animales, odaliscas y cristos.

Anécdota: magnífico y enorme caballo sobre una rastra de Rouillard, ubicado a la entrada del museo parisino de la estación de Orsay.

Sobre la otra chimenea vemos el reloj de Vins, con una muchacha también en calamina jugando al palo y al aro.

Pero seguimos hablando del cuarto del crimen, la sala de los juegos de azar, de la ruleta y el monte.

Sigue diciendo Clarín: La autoridad no había turbado jamás la calma de aquel refugio repuesto y escondido del arte aleatorio, ni en los tiempos de mayor moralidad pública.

A ruegos de los gacetilleros, singularmente el del  periódico Lábaro, se perseguía cruelmente la prostitución, pero el juego no se podía perseguir. En cuanto a las «infames que comerciaban con su cuerpo», como decía el periodista Cármenes escribiendo de incógnito los fondos del Lábaro, ¿cómo no habían de ser maltratadas, si diariamente se publicaban excitaciones de este género en la prensa local?

En esto, como en tantas cosas no se ha cambiado nada, como hoy.

Todos los días dice Clarin ocurría lo mismo, si pasaba un socio cualquiera, y no le conocía alguno de aquellos socios fundadores se preguntaba:

¿Quién es ese?—Ese es hijo de... nieto de... que casó con... que era hermana de....



Y como las cerezas, salían enganchados por el parentesco casi todos los vetustenses. Esta conversación terminaba siempre con una frase:

Yo también creo en la Economía política.



Se contaba que a uno que era médico, los cotillas de allí le preguntaron:

¿Qué es un testamento?



Testamento... ello mismo lo dice, es el que hacen los difuntos.

Pasos perdidos, el ambigú.

Pasos perdidos es la sala desde donde se tiene acceso a las habitaciones de actividades concretas. También se llama así a una sala existente en la Cortes, en nuestro Parlamento. Y así fue el titulo de la novela de Alejo Carpentier.

Era también una obra de Andrés Trapiello: el salón de pasos perdidos:

Era el salón donde nadie se detenía, pero por donde se pasaba siempre que se quería ir a alguno de los otros. Al autor le gustaría que alguno de sus libros merecieran el título general de Salón de pasos perdidos.

Libros en los que sería absurdo quedarse, pero sin los cuales no podríamos llegar a esos otros lugares donde nos espera el espejismo de que hemos encontrado algo. A ese espejismo lo llamamos novela, y a ese algo lo llamamos vida”.

Allí en el ambigú en el salón de pasos perdidos se celebró una Exposición colectiva, si bien recuerdo el año 22, en la que participó mi abuela, Lantada, el que hizo los frescos de la capilla del cementerio de Palencia e incluso Vitorio Macho con un yeso preparatorio del Cristo del Otero.

Debemos mencionar los dragones de los tiradores de las puertas de la sala de fumadores.

Así mismo, los billares taraceados.

Cuadros:

Moreno Carbonero. Fragua de Vulcano, copia de Velázquez.

José Moreno Carbonero (Málaga28 de marzo de 1858 - Madrid15 de abril de 1942) vivió 84 años. Especializado en retratos y temas históricos, se encuadra dentro de la escuela malagueña de pintura.

Desde muy joven destacó en el dibujo. En 1868 ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Málaga, donde estudió con Ferrándiz. En 1870 consiguió la medalla de oro en una exposición de su ciudad natal, Málaga.

Pintor academicista, y también ejerció la labor docente como catedrático de Bellas Artes. Asentó su fama en los cuadros de historia, que fueron muy premiados en su tiempo y en el retrato, especialidad por la que fue muy solicitado por la familia real y la aristocracia. Fue, asimismo, académico de la Real Academia de San Fernando de Madrid.

Sus obras más relevantes son El príncipe de VianaLa conversión del duque de Gandía y Entrada de Roger de Flor en Constantinopla (1888). Gran parte de su obra se puede contemplar en el Museo de Bellas Artes de Málaga, también destaca Encuentro de Sancho Panza con el Rucio, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Tuvo por alumnos a Juan Gris y Salvador Dalí.

Significado esotérico.

El motivo está tomado de Las metamorfosis de Ovidio, 4, 171-176, y refleja el momento en que Apolo, «el dios Sol que todo lo ve», revela a Vulcano el adulterio de Venus con Marte, del que él ha sido el primero en tener noticia.

El herrero Vulcano, esposo ofendido, junto a los jayanes ciclopes, al recibir la noticia, perdió a la vez «el dominio de sí y el trabajo que estaba realizando su mano de artífice».

iconográficamente era algo más corriente representar el momento inmediatamente posterior, donde Ovidio presenta a Vulcano sorprendiendo a los adúlteros y apresándolos en una red, haciéndolos objeto de la mofa de los dioses.

Jonathan Brown propuso como fuente para La fragua un grabado de Antonio Tempesta en viñeta separada para una edición ilustrada de Las Metamorfosis salida de las prensas de Amberes en 1606, en el que Velázquez habría utilizado introduciendo numerosas modificaciones.

De las intenciones de Velázquez con esta pintura se han ofrecido diversas interpretaciones.

Para Tolnay el asunto representado no estaría relacionado con el adulterio desvelado, sino con una suerte de «visita» e inspiración de las artes mayores, representadas en Apolo-Helios, a las artes menores, representadas en el herrero, lectura condicionada por su propia forma de interpretar Las hilanderas y Las Meninas como una vindicación del arte frente al oficio mecánico.4 

Para otras interpretaciones iconográficas el asunto debe entenderse en relación con La túnica de José, cuadro con el que La fragua habría formado pareja.

Estudio artístico de la Fragua de Vulcano.

En ambas pinturas, en la Túnica de José y en la Fragua, se relatan historias de traición y engaño, en las que se ejemplificaría la fuerza de la palabra sobre las acciones humanas, según Julián Gállego y, por tanto, de la Idea platónica sobre la acción material, mientras que Diego Angulo recuerda que José es prefigura de Cristo como Apolo-Helios puede ser identificado con Cristo-Sol de justicia.

 El rubio Apolo, coronado de laurel como dios de la poesía, exhibe un desnudo adolescente, de formas delicadas y carnes blancas, en apariencia frágil pero duro como un mármol antiguo.

Ninguna idealización, en cambio, en los cuerpos de Vulcano y los cíclopes, trabajadores curtidos por el esfuerzo lo que se refleja en las carnes apretadas y los músculos tensos, aunque detenidos, observando atónitos al dios solar.

Aun tratándose de desnudos académicos, con recuerdos de estatuaria clásica, han sido reinterpretados por el estudio del natural, con modelos vivos, que han puesto también los rostros de seres corrientes.

El estudio técnico realizado en el Museo ha puesto de manifiesto la forma de matizar las carnaciones en los torsos desnudos de las figuras. Sobre una primera base de coloración, Velázquez manchaba desigualmente en zonas «con los mismos pigmentos muy diluidos, como ensuciando la superficie». Conseguía así crear el efecto de volumen y morbidez de la carne por el juego de luces y sombras.

Estudio de dimensiones.

Sin embargo, estas interpretaciones perderían sentido, como ha señalado Jonathan Brown, si las dos pinturas fueran independientes en su ejecución, al constatarse una diferencia en las dimensiones originales de las telas, lo que implicaría que los espectadores debían de verlos como cuadros distintos.

La tela de La fragua presenta, en efecto, dos bandas añadidas a los lados, de unos 22 cm. a la izquierda y de 10 cm. a la derecha, que López Rey pensó podrían haberse cosido en el momento de pasar el cuadro del Palacio del Buen Retiro al Palacio Real Nuevo

El estudio técnico realizado en el Museo del Prado indica, sin embargo, que es posible que las dimensiones originales hubiesen sido muy similares a las actuales, por lo que no cabría descartar el emparejamiento temático, aunque su temprana separación, al ser llevada a El Escorial La túnica, y la posible aquiescencia de Velázquez a esta separación, abonan la independencia entre ellas. Según dichos estudios, la identidad de los pigmentos empleados en la tela central y en los añadidos indican que las bandas laterales, aunque en tela de distinto material, se añadieron a la vez que se componía el cuadro, excepto quizá la más delgada de unos 12 o 14 cm. en el lado izquierdo.

Mi interpretación.

  • Los herreros romanos. Sus fraguas alejadas.

  • El fuego.

  • Los chisperos de la casa de tócame roque.

Se encuentra en la Calle Barquillo de Madrid, fue famosa por haberla inmortalizado don Ramón de la Cruz en su sainete La Petra y la Juana o el buen casero y por los mil zipizapes que en ella se armaron, el último contra corchetes y ministriles, para oponerse a la evacuación del inmueble, dispuesto ya el derribo del mismo".

  • Búsqueda de la verdad, verdad y mentira, tanto arriba como abajo, tanto en el cielo como en el infierno.

María Romero. De mi abuela es la fotografía del cuadro con el retrato de mi bisabuelo Pedro Romero, dos veces Alcalde de Palencia. Está a la salida de esta sala, a la derecha.

  • Retrato de Don Abilio Calderón, cuyo cuadro está en la Diputación.

  • Cuando me examiné de dibujo en San Carlos.

  • Francisco Baños de Linares, Jaén.

  • Defender el feminismo.

Capel. Antonio Reyna Manescau. Sus paisajes de Venecia.

Aquí en el Casino tiene la Lejanía junto al ambigú con un primer termino muy bien valorado y La Catedral desde las Puentecillas.

Onecha. Puentecillas.

  • La dificultad del reflejo del agua. Enrique Ginesta.

  • Que arreglen el último ojo.

  • Realismo mágico.

Reja. Cuatro Cantones con el Casino. Con una cierta propensión a los grises. ¿Pero es que acaso no es gris la existencia de los casinos de provincias por mucho que nos duela? Una existencia distinguida, aristocrática, como dice Clarin del de Oviedo, pero gris.

Camilo José Cela cuenta cómo servía esta institución para transmitir los recados de Merceditas a Don Cesáreo.

Le debía llamar a través de Luisito, el de la Fonda, al Casino para que hablara voz de hombre ya que la de mujer estaba mal vista y luego cuando se pusiera al aparato don Cesáreo podía hablar ya la Merceditas.

¿No es grisalla todo aquello?

Reja tiene enorme facilidad pintando. Entonando.

Que es entonar producir la armonía, con sombras el dibujo con color el cuadro.

Entonando bien los claros entre oscuros son oscuros y los oscuros entre claros son claros.

Un ejemplo de entonación fue ese medio cuadro de viñas en un color (lo que en política se llama de coalición y que ……… explicaba como medio gato negro y medio blanco).

Otro cuadro donde se manifiesta la facilidad de entonación es en las hojas de otoño, que forma pareja con el paisaje urbano del casino.

Escobar. Hay dos cuadros una vendimia y un bodegón de flores.

Conoce los rostros a medio tallar de los castellanos, sus manos a medio construir y con eso trabaja sus personajes. Vendimia, los personajes quizá demasiado pequeños para aplicar a ese tamaño las deformaciones. No tiene nada que ver con Vela Zaneti. Que exagera, pero no deforma.

Su mejor expresión de rostros es a mayor formato. Muy buenos unos retratos que me enseñó en su estudio.

Meneses padre. Casas de pueblo, muy bueno con gran pincelada resuelto con mucha soltura y trilla, acrílico de peor factura por necesitar pincelada más pequeña, con la que se expresaba peor.

Recuerdo del padre, de sus acuarelas, de sus rebaños en Valencia. De algunos interiores, bodegas, de las trillas, La caja de ahorros.

Meneses hijo. Chopera en el ambigú. Almendro y Prados verdes en sala de juegos. Dos de calderas de cobre en la sala del crimen.

Muy bien entonados.

Muy bien de dibujo y composición equilibrada.

Ruesga. Mujer con manzana. Surrealismo. Que es el surrealismo?

  • La mujer y la manzana según Freud.

  • Amarillo y azul Wassily Kandinski . Escuela Gestáltica.

  • Tiene sentido ya el surrealismo?

Rosa con dolor y sangre.

  • Recuerdo a André Pieyre de Mandiargues, escritor con plaza dedicada en el Raval barcelonés y premio Goncourt de 1967." Con la novela “La motocicleta”, cuando azota a la bibliotecaria con rosas para luego hacer el amor. La rosa es una de las flores más simbólicas.

Juan Manuel Fernández Pera. Dos cuadros Paisaje. Plaza con jardín.

  • Trabajó en Marconi.

  • Represión política sentida. Mi cuadro.

  • El Gijón ilustra “El Gijón cien años de história”, amigo del cerillero de Barruelo y Álvaro de Luna el actor casado con la hija mayor de Barajas.

  • La época de posguerra era mala y muchos de los tertulianos no tenían dinero. Algunos de ellos solicitaban las comandas «a cuenta».

  • El «cerillero» Alfonso González Pintor republicano de Barruelo prestaba dinero y muchos de los escritores de la época debían dinero a este personaje colocado «estratégicamente» en el interior a la entrada del local.

  • Otros solicitaban agua o bicarbonato, artículos gratuitos, de los que con gracia y consuelo decían: «Algo alimentará»

José Luís Quirce. Fuego. Plano. Surrealismo hiperrealista. Cuadros dentro de cuadros. Artes y oficios.

Interesantes y muy correctos, aunque a veces sobran toques.

Jesús Chico. Palomar. Pintor de Dueñas, eldanense.

Cuida el color y el dibujo.

  • Saber terminar el cuadro.

  • Frescura.

Víctor Núñez. Dueño del establecimiento Pallantia. Dos cuadros de estilo renacentista. El desnudo y el del perro. Pincelada muy pequeña, acorde con la técnica renacentista.

  • Suelo ajedrezado.

  • Mujer

  • Tiene hoy sentido hacer lo que otros ya hicieron?

Terminando esta inacabable lista, he de felicitar a la Junta por el interés que tiene por aumentar el patrimonio, patrimonio de cariño. Muchas gracias.



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