Presentación de “canciones íntimas de confinamiento y destierro”



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PRESENTACIÓN

DE
CANCIONES ÍNTIMAS

DE

CONFINAMIENTO Y DESTIERRO”

(ZAFRA FOLK)


Por el Dr. D. Luis Andrés Marcos

Universidad Pontifica de Salamanca

Salamanca, 20 de marzo de 2011

Antes de comenzar quisiera agradecer la invitación que se me ha hecho a participar en esta presentación musical que el compositor Manuel Madrid, ha llevado a cabo sobre algunos Sonetos de Miguel de Unamuno creados en su destierro en la isla de Fuerteventura.

Comienzo anticipándoles que lo que voy a hacer en esta Presentación es ubicar la música de dichos sonetos en la comprensión que Unamuno tiene de su propia obra tal y como yo la entiendo. Y lo voy a hacer siguiendo cuatro centros de interés, o por seguir en el ámbito musical, siguiendo cuatro acordes (acorde proviene del latín cor, cordis = corazón; acordar las cuerdas de un instrumento, armonizar), que en mi opinión, quedan manifiestos en los 17 sonetos seleccionados por el compositor de entre los 66 que componen los Sonetos de Fuerteventura. Acordes que están también presentes a lo largo de todo el cancionero del destierro, lo que muestra la buena elección de esos 17 sonetos por parte del compositor. Estos cuatro acordes, para Unamuno y nosotros, serían: (i) música y alma (ii) isla y España (iii) mar y madre (iv) poesía y política. Espero no aburrirles demasiado.
ACORDE PRIMERO: MÚSICA Y ALMA.
No he tenido nunca muy desarrollado el sentido musical y no entiendo una sola nota de su escritura y hasta parece que mis tibios gustos en música no son, al decir de mis amigos filarmónicos, muy exquisitos, y hasta algunos me dicen que vulgares y aún cursis. En música soy vulgo, (Unamuno, Musica de acordeón, O. C., VIII, 689).


Efectivamente, es voz común entre los conocedores de su obra y persona, que si bien tenía sentido y buen gusto para el dibujo (ahora hay una exposición en el Patio de Escuelas de Salamanca sobre algunos de sus dibujos), y para otras habilidades como la papiroflexia (sus famosas pajaritas), en oído musical no andaba sobrado, como él mismo acaba de decir, sino que más bien tenía buena escasez de dicho sentido. Algunos literatos y poetas dicen que efectivamente Unamuno es “un gran poeta”, pero no tiene naturalidad bastante para escribir sonetos sin ripio; que Unamuno no era sensorial, era ascético, duro, seco, mezcla de vasco y castellano; que carece de flexibilidad lingüística para la poesía; que no cree en la música exterior de la poesía”. (Todas estas son afirmaciones de Juan Ramón Jiménez en su obra El modernismo, págs.142, 191 y 58).

Y no anda muy equivocado Juan Ramón Jiménez, porque en los Sonetos de Fuerteventura, que ha musicado Manuel Madrid, se aprecian ripios sin demasiado disimulo. Y otras veces cambia acentuaciones como cuando dice monodía (coloca el acento en la í) para que le rime con extasía (En el Romancero del destierro (1927) dice: El canto de la mar es monodía / en donde el brillo / del cielo de la noche se extasía (Afrodisio Aguado, t. XIV, 627). NOTA: Ya saben que mono-dia es una palabra compuesta de monos y odé. Odé = canto; de ahí proviene oda. Y monos se refiere a una sola voz).




Y sin embargo diversos autores coinciden en colocar algunos Sonetos de Unamuno entre los más logrados de la literatura. María Zambrano coloca uno titulado Mi cielo; otros el titulado La lengua; otros la Oda a Salamanca. Entre estos redondos y perfectos yo incluiría el soneto LX (60) que en el CD lleva por título PALMERA, soneto lleno de plenitud expresiva y con metáforas deslumbrantes y además el compositor me parece que ha estado a la altura del soneto, con un comienzo melódico altanero y erguido como la palmera y que la voz de la intérprete realza y brilla.

No me resisto a citar los dos primeros versos de este soneto:

Es una antorcha al aire esta palmera

verde llama que busca al sol desnudo...

Y los dos tercetos terminan:

No se retuerce ni se quiebra al suelo;

no hay sombra en su follaje, es luz cuajada

que en ofrenda de amor se alarga al cielo,

la sangre de un volcán que enamorada

del padre Sol se revistió de anhelo

y se ofrece, columna, a su morada.
Pero es cierto, siguiendo a Juan Ramón, que sus versos son duros, rígidos, sin flexibilidad, y los rellena sustantivos y adjetivos, que como sabéis son las palabras con las que los filósofos se refieren a sustancias y cualidades de las cosas. Los sustantivos y adjetivos, como dice Aristóteles son formas sin tiempo, pues aunque se flexionan (= se declinan), por ser formas permanecen y tocan más lo eterno que las acciones que designan los verbos (amar, reir..etc.,), pues estos tienen tiempo (= tiempos), y casan mejor con la poesía y la música que sustantivos y adjetivos. Unamuno doma las palabras, las retuerce y las exprime para decir con ellas las ideas que quiere transmitir, pues él sabe que las palabras dicen las ideas y pensamientos que nosotros queramos decir con ellas. No así otros poetas que supeditan ideas y pensamientos a las palabras y se dejan llevar por la música exterior de las mismas, aunque en ideas y pensamientos anden vacías y huecas. Estos poetas son esteticistas, los defensores del arte por el arte, los tecnicistas del arte, aunque su arte sea sin contenido y se reduzca a un vacío juego de técnicas (formas diría Unamuno).


Y sin embargo, en otro lugar afirma:

Mi estilo es enormemente trabajado hasta en lo más externo, en lo acústico. Me molestan las redondeces y cuando me sale un párrafo redondo, curvo, le doy un par de golpes para reducirlo a esquinas, a ángulos para que pique. Los versos que mas detesto son los de Zorrilla, mi oído no los resiste; me dan sueño. Aquella canturria adormecedora me irrita porque quiero estar despierto (Sobre mi mismo, O. C., VIII, 300)


Bien; una vez más habrá que entender a Unamuno y no reducirlo todo a paradojas y contradicciones pues quien todo lo reduce a afirmar sus contradicciones lo que consigue es evitar pensar lo que verdaderamente dice Unamuno, y el pensamiento que quiere transmitir. Lo que afirma Unamuno es que no tienen musicalidad de la que hablan los filarmónicos, pero que sí tienen musicalidad propia, la suya, la que le pone él mismo.
Un poema titulado Música lo comienza Unamuno diciendo:

Música? No! No así en el mar de bálsamo

me adormezcas el alma;

no, no la quiero;

no cierres mis heridas -mis sentidos-

al infinito abiertas

sangrando anhelo.
De otro modo; Unamuno, a diferencia de los muchos, no se deja guiar por el sonido exterior de las palabras, como hace Zorrilla, que logra una canturria adormecedora que nos evita estar despiertos, nos deja anestesiada la conciencia, nos la mineraliza, nos la embota con un sonido repetitivo y nos hace olvidar que vivimos. Y sin conciencia nada sabemos de nosotros ni de nuestra propia vida; no sentimos nuestra vida ni sentimos su pálpito.


A partir de un librito de Proust Los placeres y los días, Unamuno comenta un ensayo de este autor sobre Elogio de la mala música, y se pone de parte de la mala música, es decir aquella que los filarmónicos llamarían mala, porque para él la música, mientras logre hacer con-sentimiento, es decir, que otros consientan con ella (consentir es “sentir-con”), que logre crear com-pasión (padecer-con) con el pueblo y éste logre vibrar con ella, encienda su vida, o le ponga alma..., ya es defendible. Es decir, que si une emociones no será mala, aunque así lo digan los filarmónicos, los defensores del arte por el arte, o los técnicos que nada saben de almas. Para él, las melodías no se miden a ojo sino a corazón, a emoción, a alma, o sea, en su acorde. Para Unamuno la poesía es creación, pues en esto sigue la etimología de la palabra poesía que proviene del término griego poíesis, que significa hacer, producir, crear, sobre todo crear. Y no tanto agradar al oído a través de un juego formal del lenguaje.

Porque ¿que es lo que el creador, sea poeta o músico cantan? El paisaje de Fuerteventura, parecería la respuesta. Pero el creador de poemas y el creador de música, ¿solo tiene como tarea recoger el canto del paisaje? O acaso a los creadores ¿no le está reservada aún otra tarea?

Unamuno respondería que se canta el palpitar del alma (= sentir en lo íntimo) a través del paisaje y paisanaje. Solo quien habita, quien planta su morada en la geografía y sus habitantes, vibra y palpita de tal modo que no puede sino crear lo sentido y vivido. La poesía le daría la palabra al paisaje y la música le da sonido a las palabras del poeta. Y así ambos a dos, acordados, formando acorde, exponen su alma y la expresan o tal vez incluso la crean. Porque no es que el alma copie reproduciendo paisajes sino, que en su alma los recrea y eso es lo que expresa. Y de este modo sucede que paisaje y alma se engendran mutuamente. Así Machado y Soria; Unamuno y Salamanca. Y también Unamuno y Fuerteventura, pues esto es lo que quiere significar Unamuno con los últimos versos de su soneto VIII (8) (RAÍCES):


Pues del limpio caudal de tu pobreza

para su España celestial y pura

Te ha de sacar mi espíritu riqueza.
He dicho todo esto para hacer ver que la idea de poner música a 17 sonetos de Unamuno, como ha hecho Manuel Madrid, tiene sumo mérito dada la dificultad que ello entraña, según lo que acabo de decir. Sabiendo además que tratándose de sonetos y formar en endecasílabos no favorece tanto como los versos de ocho sílabas (como sucede en los romances), que por su misma medida y ritmo, resultan más cantables. Por otra parte, me parece haber notado que Manuel Madrid ha dejado que se advierta la forma del soneto y que se perciba la letra, en lo que ha ayudado la claridad y nitidez de la voz femenina. La música y sus arreglos no apagan la letra ni la ocultan, lo que indica la importancia que el compositor ha dado al texto. Y por otra parte aún en la forma de soneto logra obtener versos cantabiles, en forma de estribillo.

Aprovecho para decir, que hemos de acostumbrarnos a medir el valor de una empresa por su grado de dificultad, riesgo y aventura. Y el riesgo que ha tomado el compositor de la música me parece digno de admiración. Solo por su intento es cosa de felicitación. Y si además sale con bien de la aventura emprendida, como es el caso, la felicitación debe alcanzar no solo al intento sino al resultado. Si al poeta no le ha faltado alma, al compositor creo que tampoco. Quede pues constancia también de este acorde entre poeta y músico.


ACORDE II: Isla y España.
A este respecto yo diría que no todo en el destierro de Fuerteventura impactó a Unamuno. Dice en Carta a Ricardo Rojas:

Mi vida aquí, en esta isla de Fuerteventura, es una vida henchida de ensueños y esperanza. En esta isla desnuda, sedienta, esquelética, toda ella entrañas volcánicas surgidas de lo hondo de la mar, el clima es un tesoro de salud y la gente un tesoro de nobleza. Isla de verdad, afortunada, pues no hay en ella ni cine, ni equipos de football, ni boyscouts, le dice en carta a Ricardo Rojas (14-IV-1924) (En Ana Urrutia, La poetización de la política en el Unamuno exiliado, 60).
Digo que no debió impactarle como algo provocador y excesivamente novedoso. Porque esto de ensueños, esperanzas, desnudo, sediento, esquelético, paisaje ascético, no le era muy ajeno después de pasar de su verde y húmedo Bilbao al seco y desnudo paisaje castellano. Este acorde entre isla y patria que, para Unamuno, lo mismo que para Machado y Azorín, simbolizaba Castilla, ya formaba parte de su propio paisaje espiritual y de la propia comprensión de si mismo. Por este motivo es por el que Unamuno vuelve a sentirse de nuevo D. Quijote (esto explica el soneto XVII). Es decir, en la isla recupera su anterior papel de luchador contra la Dictadura, siendo, por eso, Fuerteventura una nueva metáfora de la intrahistoria de España. De aquí que compare la isla Fuerteventura con su patria (Soneto VIII):

Oh, fuerteventurosa isla africana,

sufrida y descarnada cual camello,

en tu mar compasiva ví el destello

del sino de mi patria! ………….
Para mostrar mejor la relación de este acorde isla/España, voy a hacerlo valiéndome de una novelita breve de Unamuno bastante desconocida y poco estudiada de Unamuno titulada: Tulio Montalbán y Julio Macedo. Para dar sentido a lo que quiero decir tendré, brevemente, que señalar su tema central.


El argumento es algo lioso pero espero que aunque sea con una cierta rapidez, sea yo capaz de darme a entender. Este texto novelesco, como sucede en Unamuno con frecuencia, contiene más de un argumento, más de una novela. Pues bien, de acuerdo con el título, hay en dicho texto dos argumentos: la de Tulio Montalbán y la de Julio Macedo. Empecemos por la del primero. La vida de Tulio está marcada por su breve casamiento con Elvira, quien, al año de estar casada con él, murió. Esta repentina muerte de Elvira, hizo que Tulio se decidiera por entregar su vida a la acción de liberar su patria de la tiranía extranjera. Una vez lograda dicha liberación, y temiendo ser su nuevo tirano, optó por desaparecer, cosa que efectuó cuando, con motivo de tener que cruzar un río, hizo jurar a sus fieles que debían difundir el hecho de que murió ahogado en él. Al cabo de un tiempo apareció una Vida de Tulio Montalbán, escrita por quien fuera su suegro, Enrique Jaquetot, padre de Elvira.

El otro argumento es el de Julio Macedo y es como sigue. Estamos en una isla del Océano y otra Elvira, esta vez hija de D. Juan Manuel Solórzano (alusión a soledad, solitariedad) entabla relación afectiva con un tal Julio Macedo, un misterioso personaje llegado a la isla. En la intimidad de la relación, Elvira y su padre descubren que el misterioso personaje no era otro que Tulio Montalbán, quien en su idea de desaparecer de la historia de su pueblo, había optado por enterrarse de por vida en esta isla océana de los Solórzano. Esta Elvira, había leído la biografía de Tulio Montalban de Enrique Jaquetot y se había enamorado del personaje de Tulio. Es decir se había enamorado del personaje novelesco pero no del hombre que tenía delante de ella y que había llegado misteriosamente a la isla. Evidentemente la unión de los dos argumentos forman una novela porque como he dicho Tulio y Julio (hay sólo una “letra” de diferencia entre ambos) eran la misma persona, aunque Elvira se enamoró del personaje de Tulio y no de la persona de Julio. Esto hace que Unamuno distinga entre uno y otro, personaje y persona.

Con lo dicho vale para señalar que en mi opinión, Unamuno ya había descubierto la vida de la isla y en las islas. Digo había descubierto porque esta novela fue escrita por Unamuno en 1920, cuatro años antes de su destierro en Fuerteventura.

Pues bien en esta novela ya Unamuno contenía los temas que después va a desarrollar en su destierro en los sonetos: la música y el alma, la mujer-madre y la mar y la relación poesía/política ya que Tulio era un caudillo que libera su patria de los tiranos.



Ahora bien, en 1926 cuando ya estaba en Hendaya, dos años después de haber salido de la isla de Fuerteventura, decidió pasar esta novela a teatro y cambió una serie de cosas. Y ahora sí; los cambios podemos suponer que estuvieron condicionados por su estancia en Fuerteventura. ¿Qué cambió Unamuno de la novela al teatro? La respuesta me introduce en el Acorde siguiente.
ACORDE III: MAR Y MADRE

En la obra de teatro Unamuno cambió el mar por un personaje: LA mar (femenino). En el elenco de personajes citados al comienzo de la obra por Unamuno en Sombras de sueño (que así se va a titular la obra de teatro), coloca en primer lugar a LA mar (cosa que no sucede en el texto novelesco). ¿Qué significa este cambio?

Para Unamuno, después de su destierro en Fuerteventura, la mar es un personaje especial, que aunque silencioso no está mudo pues, si bien no habla, está presente en toda la vida de la isla, ya que la rodea y la ciñe y configura la vida de sus habitantes. En realidad la mar es ahora totalidad abarcante, matríz genésica, y no un personaje más. Lo mismo que la mujer-madre, que cuando engendra, el líquido amniótico rodea el feto como la mar la isla. Así quedan unidas en la novela y en el destierro madre y mar, las dos protagonista de la novela y del destierro. Pues Julio Macedo al no ser amado por Elvira, al no com-padecerse de su desgracia y acogerlo en su seno para nacer a la nueva vida que había venido a buscar a la isla, se suicida. Es éste el sentido de volver a recordar, según parece, en los sonetos (26 y 56) la figura de su mujer, Concha:

Sed de tus ojos en la mar me gana

hay en ellos también olas de espuma...

Voy al destierro del desierto oscuro

Lejos de tu mirada redentora

que es hogar de mi hogar sereno y puro...




Julio Macedo, lo mismo que Unamuno quiso buscarse y encontrarse por el camino de la mar y de la mujer (Elvira/Concha). En las dos quiso apagar su historia.

Y es que Unamuno, en el aislamiento de Fuerteventura re-conoció "la mar" como figura femenina que es dadora de vida (la vida de la especie comenzó en el mar como la de cada uno de nosotros en el seno materno).

La canción 189 de su Cancionero, dice:

"(Qué tarde nos amigamos

madre Mar, hondón del alma,

qué tarde me ha rebotado

tu cantar en las entrañas" (O.C., VI, p. 1007).
Unamuno, ya en su infancia, en su patria vasca, había conocido el mar (masculino), pero es ahora cuando lo re-conoce, es decir, cuando logra penetrar de lleno, en plenitud, en lo que tiene de metáfora (= capacidad de comprensión desde el sentimiento) para la vida (femenino).

La mar es dramatización de la vida misma, por un lado como matríz originaria y por otro, como definidora de islas. La solitariedad de la isla, la mar ciñendo la tierra en círculo, rodeándola, es la metáfora ideal de cada vida y la que Julio quería para él y para Elvira. Para Unamuno, en este momento, no hay más que dos lugares la tierra y la mar. La mar es música, la tierra, literatura. La mar canta sin letra, sin conciencia, es infinita, mientras la tierra tiene letra, es finita porque tiene volumen, como la isla de Fuerteventura. De la mar salimos todos; nuestro primer padre no fue Adán sino Noé. La mar es la contrahistoria, y la tierra, la historia; ésta se hundirá en aquella. La mar es hogar antihistórico (de antes de la historia), testigo eternamente mudo que contempla impotente la tragedia que ante sus ojos se representa, las olas azotando la tierra.



Unamuno en la Dedicatoria a D. Ramón Castañeyra le dice que algunos sonetos son hijos de la experiencia religiosa -alguien dirá que mística- y algunos del descubrimiento que hice ahí, en Fuerteventura, donde descubrí la mar. Y eso que nací y me crié cerca de ella (Afrodisio Aguado, O. C., XIV, 472). Y en el soneto (XXXII (=32) de 1924) aclara al final:

Es en Fuerteventura donde he llegado a conocer a la mar, donde he llegado a una comunión mística con ella, donde he sorbido su alma y su doctrina. Y le llamo “la mar” y no “el mar” porque los mares son el Mediterráneo, el Atlántico, el Adriático, el Rojo, el Índico, el Báltico, etc., (Afrodisio Aguado, XIV, 508).


El tema de la mar va unido, pues, a la mujer/madre. En el soneto L (50) cuyo tema es la mar comienza:

“Recio materno corazón desnudo

mar que nos meces con latido lento...”
La madre, como la mar, cantan con voz arrulladora que acuna al hijo y a la isla para que tenga un buen sueño. Para Unamuno lo esencial de la mujer es ser madre, engendradora. Sólo ella da vida al mundo, incluido el varón, que siempre y sólo, es hijo. A Concha, su esposa, Unamuno la vivió como mujer/madre cuando en su crisis de 1897, ante al angor pectoris, estando ambos en la cama, Concha le dijo: ¿Que te pasa, hijo mío? Jamás Unamuno olvidó esta frase. La mujer es madre. Y porque Elvira no hizo de madre con Julio Montalbán este decidió suicidarse. La mujer- madre da vida; y si no lo es, entrega la muerte.


Estas dos ideas de la mar y la madre como engendradoras de vida, lugares anteriores a la historia (intrahistoria) me permiten afirmar que encuentro lleno de sentido el comienzo del CD donde comienza el ruido de la mar acunando con su ruido una voz recitadora de varón a la isla de Fuerteventura. Y, del mismo modo, establecer la voz femenina como solista central para los sonetos de Fuerteventura, por parte del compositor, lo considero un acierto, se deba a lo que se deba. La mar canta y con su canto eterno acuna el sueño de los isleños lo mismo que la madre acuna el sueño del hijo. Acunar no es adormecer; adormece la canturria exterior que impide la conciencia, y en el acunar de la mar y de la madre el canto es para que la conciencia se instale en una especie de sueño (o ensueño) que ante la dificultad penosa que es la vida podamos, sin embargo, mantenernos vivos, en ella.

¡Es tan grato para tanta gente el dejarse adormecer a un ritmo de hamaca por una sarta de imágenes sin más cuerda que la de la rima! Esa poesía sin huesos, mucilaginosa, e inarticulada hace la delicias de los espíritus de espumas. Porque a estos espíritus, arrastrarlos al fondo de las aguas, es matarlos (“Divagaciones de estío”).


El adormecer nos impide la conciencia y por tanto la vida; en el canto de la mar trascendemos el tiempo, en un instante eterno en que el tiempo deja de devorarnos, pues Cronos (= el Tiempo), según los griegos, era un dios que siempre estaba devorando a sus hijos. Instante eterno que vendría a entenderse como lo que dice la canción de Victor Jara, titulada “Amanda”: “la vida es eterna en 5 minutos”. O el más clásico de Fausto: ¡detente instante, eres tan hermoso! El canto de la mar es el instante de eternidad que robamos al tiempo, a la historia.

Por eso en su soneto L (50) dedicado a la mar termina:

De su augusta niñez guardas memoria

y tu cantar, preñado de olvido.

Descúbrenos el fondo de la historia

Y comienza el LI (51):

Si su música a soñar ayuda

¿a qué buscarle letra y argumento?

Como las pobres letras muda el viento,

pero no el canto cuando el viento muda.




La unión de mar y madre viene fónicamente muy bien expresada en el Soneto XLVII (47) con una aliteración rítmica basada en la letra “m” (que en los seis versos siguientes aparece 17 veces):

(La mar, la mar, la mar! Amar la vida

y amamantarse de la lucha eterna

sentir el mimo de su sacudida.

Cuando murmura sus memorias tierna

mimo que merma la mortal herida

en que el hartazgo con hastío alterna.
Esto recuerda al gran Juan de Yepes (S. Juan de la Cruz) con su “un no se qué que queda balbuciendo”.
ACORDE IV: POESÍA/POLÍTICA.
Ya dije que la obra de teatro la tituló Sombras de sueño. El título no es de Unamuno pero cuando se lo propusieron le pareció muy bien, pues al fin y al cabo, en la isla se volvió a prendar y prender del ensueño y esperanza sobre España, como dice en uno de los sonetos. Y más teniendo en cuenta que casi durante dos meses se pasaron él y Rodrigo Soriano, el otro desterrado, yendo de noche a la playa de Fuerteventura a esperar a que llegara el barco que el director de Le Quotidien le había prometido que les llevaría a Paris. Sombras de un sueño, pues. Ensueño de una patria.

Y lo que añadió el destierro al tema de la relación poesía/política es que Unamuno ya sabía quienes era los tiranos: Martinez Anido, Primo de Rivera y el rey Alfonso XIII.



Muchos de sus críticos no aceptan la poesía de Unamuno por comprenderla como política. El buen poeta, o sencillamente el poeta, dicen, debe estar al margen de la política. De hecho ya saben que en sus obras completas y en otras ediciones se suprimieron los comentarios que Unamuno hacía contra el Dictador. Me alegra sin embargo que Manuel Madrid, en su selección de sonetos haya introducido sonetos contra el dictador, si no hubiera sido así, en mi opinión, hubiera tergiversado adrede una idea clara y continuada que Unamuno tuvo desde siempre de su poesía, que debía ser política, pero política de polis griega (de cives en latín, de ciudadano), no de partido político1. En este sentido me parece muy adecuado el tono burlescamente jocoso de la melodía con que el compositor Manuel Madrid, ha musicado estos sonetos. Creo incluso, que de otra manera musical no tendría cabida y por otra parte está muy en la línea de Unamuno, pues la figura de Primo de Rivera, la ve como un juguete y marioneta de Martínez Anido, por lo que están muy bien retratados en esa melodía irónica, juguetona y seriamente humorística.

En esta relación entre poesía y política voy a detenerme para finalizar. Unamuno cita con frecuencia el historiador Tucídides para decir de él que eternizó para siempre la guerra entre espartanos y griegos. Es una escritura para siempre. La guerra existió, pero sin un poeta que la escriba bella y poéticamente, no sabríamos nada de ella, pues sin lo escrito nada permanece. El poeta es en cierto modo como el evangelista que deja en letras la vida del biografiado. Por eso Unamuno entiende la poesía como leyenda, es decir, como lo que hay que leer para que las generaciones venideras lo tengan presente y permanezca.

Como señala Ana Urrutia (Ibid., 83) para Unamuno la poesía no es una belleza para el gusto estético sino para pensar, para engendrar ideas y que el espíritu se vivifique. Por eso para Unamuno el arte ha de estar al servicio de la sociedad y como tal resulta inevitable su susceptibilidad a las cuestiones políticas, económicas y sociales de cada pueblo y de cada momento histórico.



Y dado que el hombre es una “sociedad condensada” o la sociedad “un hombre expansionado”, la literatura poética ha de reflejar los más eternos anhelos del alma de cada uno. Por eso decía que la música con tal que llegue al alma y exprese esos deseos, ya es buena, aunque los filarmónicos digan que sea mala.

La política como la poesía buscan comunicar una serie de ideales éticos al hombre/ciudadano de un lugar y una época determinados. La misión del poeta y del político es, por lo tanto social. Deben enfocar su obra en pos de los intereses colectivos de un pueblo, y para lograrlo ha de conseguir primero que los individuos que conforman una sociedad dada tomen conciencia de sí mismos, de su existencia (En esto Unamuno y Machado iban de acuerdo, como en casi todo). Por eso el escribir poética o políticamente responde a una necesidad moral y cívica y no económica y de mera estética (Ana Urrutia, Ibid., 87).


En un artículo que dedica al poeta Carducci, afirma:

“Carducci, el poeta civil, no el egoísta que se encierra en su torre de marfil a cantar sentimientos personalísimos ni a molestarnos con cosucas que sólo a el le importan./.../ Carducci que odiaba sobre todo y ante todo, la vulgaridad, es un poeta popular en el sentido alto y duradero de esta palabra. No que sus poesías anden en boca de lo que se suele llamar por antonomasia pueblo, no; sino que con ellas ha contribuido a fraguar un pueblo. Cantó sentimientos de la patria. Su alma vibraba con el alma de lo mejor de su pueblo” (A propósito de Carducci).


Unamuno no pretende sólo hacer pasar a la historia lo sucedido, sino crear, como buen poeta, una patria, pues Unamuno llevaba dentro un modo de entender España, tenía un Ensueño de patria. Y el poeta era el llamado a escribir dicho ensueño, pues antes de hacerlo hay que soñarlo. Y el poeta verdadero con el sueño crea. El poeta en tanto creador y creador de patria es otro ACORDE unamuniano.

Por eso en el último Soneto (seleccionado por el compositor) afirma:

Hacerme, al fin, el que soñé, poeta

vivir mi ensueño de caudillo fuerte,
Vemos la unión que desde siempre estuvo presente en Unamuno entre poeta y guiador de pueblo. Como Tulio Montalbán en la novela señalada y como el propio Unamuno en su obra toda.

Termino. Cuando Debussy puso música a “La siesta del fauno” de Mallarmé este le escribió una carta diciendo: “Me ha fastidiado usted por completo, porque yo ya no puedo pensar en mi poema sin oír el suyo, y el mío no necesitaba música para nada, porque tenía su propia música” (en J. R. Jiménez, El modernismo, 93). Me parece que en este caso va a suceder igual. Unamuno tal vez te lo pudiera haber escrito a ti, aunque no sé en qué tono te lo hubiera hecho. Pero, no porque no le gustara tu música, no porque disintiera de lo hecho por tí, sino tan sólo por haberle robado lo suyo, lo propio de él, su sí-mismo, única cosa que sabemos que no le gustaba. Pero le podríamos responder arguyendo contra él consigo mismo. De la siguiente manera: si él nos enseñó a liberarnos de los demás para ser nosotros mismos, tal enseñanza nos permite también a nosotros liberarnos de él. Pero liberarnos de él no puede significar tanto olvidarlo, negarlo, cuanto cultivar la simiente de la libertad que él plantó y por la que fue desterrado sabiéndolo afrontar con dignidad y justicia, y hasta el punto de tener el valor de cantarlo, como buen poeta.

Deseo al compositor y a todos los que habéis participado en el CD, que éste tenga ventura buena y fuerte, que sea “fuerteventuroso” como dice Unamuno de la isla.

Mi enhorabuena a los creadores, y gracias a todos por vuestra amabilidad en escucharme.


Dr. D. Luis Andrés Marcos

Universidad Pontifica de Salamanca



Salamanca, 20 de marzo de 2011

1 . Este afán tan personal de Unamuno de distinguirse de todo formalismo y ortodoxia es lo que ha hecho que haya sido relegado al olvido por la crítica literaria. El libro escrito entre Marzo y diciembre e 1924 fue publicado por la en 1925 por la editorial parisina Excelsior. El libro consta de 103 sonetos, acompañados por comentarios explicativos. Aunque hay muchos temas variados la temática general es indiscutible su grado de politicismo y esto explica que hubiera que transcurrir más de medio siglo (56 años) hasta poder ser conocido íntegra y legalmente en España. Lo hizo la casa editora El sitio de Bilbao en 1981. Despues en 1987 y 1989 Ana Suárez Miramón (Poesías completas de Unamuno) y la Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gabierno de Canarias, respectivamente.


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