Prometedoras perspectivas de crecimiento a mediano plazo para los países en desarrollo, a pesar de la desaceleración de la actividad económica mundial en 2001



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Banco Mundial

Comunicado de prensa Nº 2001/289/S

Ciudad de Washington, 10 de abril de 2001



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PROMETEDORAS PERSPECTIVAS DE CRECIMIENTO A MEDIANO PLAZO PARA LOS PAÍSES EN DESARROLLO,

A PESAR DE LA DESACELERACIÓN DE LA ACTIVIDAD ECONÓMICA MUNDIAL EN 2001
A pesar de la marcada desaceleración de la actividad económica mundial que se inició a fines del año pasado, es probable que se produzca una recuperación en los últimos meses del año en curso, pues se espera que el crecimiento del PIB mundial llegue a un punto de inflexión del 2,2% este año, para trepar al 3,3% en 2002, de acuerdo con un nuevo informe del Banco Mundial dado a conocer hoy. Según las previsiones, en 2001 las tasas de crecimiento de los países en desarrollo serán del orden del 4,2%, como promedio, lo que representa una disminución de más de un punto porcentual respecto de las registradas el año pasado, pero un incremento de 0,8 puntos porcentuales frente al crecimiento de esos países en el decenio de 1990
En Global Development Finance 2001 (Flujos mundiales de financiamiento para el desarrollo) —el informe que el Banco publica anualmente sobre las perspectivas de financiamiento externo para los países en desarrollo y en transición— también se afirma que los flujos financieros internacionales con destino a los países en desarrollo pueden ser más valiosos para fomentar el crecimiento económico y reducir la pobreza de lo que se pensó tras la crisis de Asia oriental y su posterior propagación a otros mercados emergentes. Los países que crean condiciones favorables a las inversiones son los que más se benefician de dichos flujos financieros. En el informe se pide que se realicen esfuerzos internacionales y nacionales para ampliar el volumen de estas corrientes de capital y dirigirlas nuevamente hacia los países en desarrollo con la capacidad para utilizarlas con mayor eficacia.
La inversión extranjera directa en los países en desarrollo, que se había mantenido firme durante los años de crisis, retrocedió algo en 2000, si bien las perspectivas a largo plazo son alentadoras. Los flujos financieros (en forma de bonos, préstamos bancarios y capital), que habían disminuido drásticamente en 1998 y 1999, tuvieron un aumento apreciable pero todavía se mantienen muy por debajo del nivel máximo que habían alcanzado en 1997. En algunos países de Asia oriental la demanda de financiamiento externo privado se redujo, producto de la caída en sus tasas de inversión. En el resto de las regiones del mundo en desarrollo la demanda existe, pero la incertidumbre reinante en los mercados financieros internacionales limita la oferta. Las proyecciones parecen indicar que, si bien los flujos financieros continuarán aumentando, su importancia relativa en el PIB y las exportaciones de los países será inferior a la verificada a mediados de los años noventa.
“Las crisis financieras de fines del decenio de 1990 se profundizaron por la inestabilidad de los flujos de capital”, afirma Nicholas Stern, Primer Vicepresidente y Primer Economista del Banco Mundial. “Aunque los riesgos vinculados a la inestabilidad son considerables, en este informe se demuestra que, a mediano plazo, los flujos de capital pueden reforzar el crecimiento y reducir la pobreza en los países en desarrollo que promueven un clima sólido y abierto a la inversión. Los flujos de capital privado suelen rehuir los países donde las condiciones económicas no son propicias y favorecen a aquellos que mejor los utilizan para alcanzar un crecimiento positivo”.

Panorama actualizado de la economía mundial

En el informe se señala que la desaceleración coyuntural de la actividad económica mundial que se inició en la segunda mitad de 2000, impulsada por el alza de las tasas de interés y los precios del petróleo, se profundizó a fines del año, como consecuencia, en gran medida, de la veloz pérdida de dinamismo de la economía estadounidense. A pesar de que, a comienzos del cuarto trimestre del año, la información disponible permitía afirmar que había grandes posibilidades de que la economía de los Estados Unidos tuviera un aterrizaje suave, en noviembre la actitud de los mercados financieros se modificó radicalmente, en un nuevo ejemplo de la creciente interacción entre los mercados financieros y la dinámica a corto plazo de la producción y el comercio. Los países de Asia oriental, en particular, se vieron afectados de inmediato por la pronunciada caída en las importaciones estadounidenses de semiconductores y otros productos de alta tecnología.



En el informe se sostiene que es más probable que se produzca una pronta recuperación antes que un período prolongado de escaso crecimiento, si bien las posibilidades de que esta última hipótesis se verifique vienen aumentando desde hace unos meses. Según las previsiones, las consecuencias de la desaceleración van a variar de un país en desarrollo a otro, lo que dará lugar tanto a riesgos como a oportunidades.

Se prevé que las tasas de crecimiento de los países en desarrollo alcanzarán el 4,2%, como promedio, en 2001, más de un punto porcentual por debajo de las cifras del año pasado. Se espera que el crecimiento más elevado se registre en Asia oriental y el Pacífico (5,5%) y el menor, en Europa y Asia central (2,3%). Según se estima, la recuperación va a continuar en 2002, cuando las tasas medias de crecimiento de los países en desarrollo llegarían al 4,9%.


Las perspectivas de crecimiento de los países en desarrollo dependerán, en gran medida, del comportamiento de las tres grandes economías industriales: Estados Unidos, Europa y Japón. De acuerdo con el informe, en ellas, las tasas de crecimiento van a perder terreno en 2001, para recuperarse, en distinta medida, en 2002. Para las tres economías, en el informe se pronostica “una atonía a corto plazo y una recuperación bastante rápida para fines de 2001 y comienzos de 2002”. La economía con mayor capacidad de recuperación será probablemente la europea, mientras que, en el Japón, cuyo ritmo de crecimiento da muestras de “anemia”, han aumentado las posibilidades de que se produzca una recesión lisa y llana.


Marcada desaceleración en el crecimiento del PIB mundial






(variación porcentual

)


Fuente: Datos y proyecciones del Banco Mundial:
Crecimiento mundial




Países Industriales

“Una pronta recuperación de la desaceleración actual es más probable que un período prolongado de crecimiento lento porque las tendencias fundamentales de la productividad y el avance tecnológico son favorables, el margen para realizar ajustes de políticas
—como los recortes en las tasas de interés y las reducciones impositivas— es más amplio, y las
economías de los mercados emergentes son menos vulnerables al contagio financiero, pues han adoptado tipos de cambio más flexibles y han reducido el endeudamiento a corto plazo”, dice Uri Dadush, Director del Economic Policy and Prospects Group del Banco Mundial, que publica anualmente el informe Flujos mundiales de financiamiento para el desarrollo. “Todavía es posible que el mundo industrial tenga un aterrizaje más brusco que lo previsto, y ello entrañaría graves consecuencias para muchos países en desarrollo”, afirma.
Los flujos de capital todavía marchan a la zaga del avance de la producción y el comercio
Los flujos internacionales de capital con destino a los países en desarrollo aumentaron considerablemente en 2000, tras la fuerte reducción de los últimos años del decenio de 1990; sin embargo, desde las crisis no se han mantenido a la par de la producción y el comercio. Pero ello implica, también, que la mayoría de los países en desarrollo ha reducido su dependencia del endeudamiento externo. En particular, han disminuido los montos de la inestable deuda a corto plazo y el incremento de las reservas internacionales ha fortalecido la capacidad de atender el servicio de la deuda externa.
Después de mantenerse firme durante los años de crisis, la inversión extranjera directa en los países en desarrollo retrocedió levemente en 2000, como resultado de la disminución del financiamiento internacional para los proyectos de privatización en América Latina y para las fusiones y adquisiciones en Asia oriental. La participación de los países en desarrollo en la inversión extranjera directa mundial viene disminuyendo abruptamente desde 1997 y, dentro de estos países, la concentración de los flujos se ha incrementado en los últimos años. Como ha aumentado la competencia por atraer inversiones internacionales, también la existencia de condiciones propicias para la inversión está cobrando cada vez más importancia.
Las corrientes de mercados de capitales con destino a los países en desarrollo crecieron en 2000, pero se mantienen muy por debajo de los niveles sin precedentes alcanzados en 1997. Si bien la solvencia crediticia de estos países mejoró en el transcurso del año, los flujos siguen siendo inestables debido a las condiciones de los mercados internacionales.
Como la inestabilidad de los flujos de capitales trae aparejados costos elevados, se deben tomar recaudos por razones de prudencia. Lo más aconsejable es fortalecer los sistemas financieros nacionales, pero también es probable que se requiera mayor liquidez internacional.
Asistencia oficial para el desarrollo y alivio de la deuda: medidas para mejorar su eficacia
Los países en desarrollo también se están beneficiando de un moderado aumento temporario de la asistencia oficial para el desarrollo, fruto del incremento de la ayuda japonesa a los países de la región afectados por la crisis financiera de Asia oriental. La ayuda proporcionada por el Japón en 1999 fue del orden de los US$15.300 millones, es decir, US$4.700 millones más que en 1998. El otro factor de importancia que incidió en el aumento mundial de las corrientes de ayuda, particularmente las procedentes de los Estados Unidos, fue el esfuerzo internacional por prestar asistencia a los refugiados de Kosovo.
Según el informe, a pesar del ligero incremento que los llevó a los US$41.600 millones en 2000, incluso en términos nominales, los flujos de ayuda todavía están casi US$5.000 millones por debajo de los niveles de 1995. En 1999, el país donante tipo prestó una ayuda equivalente al 0,25%, aproximadamente, de su PNB, frente al 0,35% registrado desde 1989 hasta 1992. Si al menos esta relación del 0,35% se hubiera mantenido —para no mencionar el 0,7% del PNB que recomiendan las Naciones Unidas— las corrientes de ayuda habrían sido superiores a las reales en US$20.000 millones.
El marcado aumento de la ayuda proporcionada por el Japón en 1999, gracias a su programa especial de asistencia para Asia oriental, encubrió el retroceso de la asistencia oficial para el desarrollo en relación con el PNB suministrada por otros cuatro países del Grupo de los Siete: Canadá, Francia, Italia y el Reino Unido. La proporción del PNB de Alemania y los Estados Unidos destinada a ayuda no varió respecto de 1998. Las corrientes de ayuda siguen siendo limitadas, en parte por la preocupación de algunos de los principales países donantes ante la respectiva situación fiscal. Los Estados Unidos, en cambio, tienen un elevado superávit fiscal, pero algunos opinan que el escepticismo imperante, en particular frente a las vías oficiales de distribución de la ayuda, limita la capacidad del país para reconstruir su tradicional programa de asistencia.
A fin de que estas mejoras sean duraderas se requiere un compromiso constante de los principales donantes del mundo, en especial toda vez que, para alcanzar los objetivos internacionales de desarrollo, será necesario un aumento notable en las corrientes de ayuda... y en la eficacia de su utilización.
La eficacia de la distribución de la ayuda entre los países también aumentó en el decenio de 1990, en parte porque las políticas de los países receptores mejoraron, lo que acrecentó su capacidad para aprovechar la asistencia, y en parte porque los países con políticas deficientes recibieron menos ayuda. Pero hay grandes posibilidades de reducir la pobreza desplazando las corrientes de ayuda de los países de ingreso mediano a los de ingreso bajo y aumentando los flujos dirigidos a los países con buen desempeño que hasta el momento han recibido poca o ninguna asistencia.
La tendencia reciente hacia la especialización de los donantes también puede mejorar la eficacia de la ayuda. Del mismo modo, puede contribuir a este fin el compromiso de proporcionar asistencia, mediante un apoyo presupuestario previsible a mediano plazo, a algunos programas de desarrollo escogidos por cada país, de acuerdo con marcos normativos convenidos y dependiendo de los resultados. El desplazamiento del centro de interés hacia los programas refleja tanto la importancia de que el país se identifique con las políticas como las dificultades que desde hace largo tiempo se presentan para coordinar un gran número de proyectos, cada uno con diferentes requisitos en materia de presentación de informes, según el donante de que se trate.

“La disminución de la asistencia para el desarrollo que comenzó a principios de los años noventa parece haber llegado a su fin, y el ritmo del alivio de la deuda se ha acelerado, buenas noticias, sin lugar a dudas, para los países en desarrollo que procuran aumentar su crecimiento económico y reducir la incidencia de la pobreza”, dice Ashoka Mody, especialista principal del Grupo sobre política económica y perspectivas de desarrollo del Banco Mundial y principal autor del informe. “En vista de la urgencia que reviste alcanzar los objetivos internacionales de desarrollo para millones de los ciudadanos más pobres del mundo, tanto donantes como receptores deben reforzar los compromisos respectivos de generar más ayuda y utilizarla con mayor eficacia.”.




El alivio de la deuda en el marco de la Iniciativa para los países pobres muy endeudados está comenzando a tener importantes consecuencias para algunos de los países más pobres del mundo. “En el año 2000, más países recibieron la promesa de que se aliviaría su deuda —y obtuvieron los recursos reales para ello— que en cualquiera de los años anteriores desde el inicio del programa, en 1996”, según consta en el informe.

Son 41 los países que cumplen las condiciones para acogerse a la Iniciativa; su deuda pública externa asciende a unos US$170.000 millones. Para fines del año 2000, se había aprobado la participación de 22 países, y el total del alivio de la deuda comprometido ascendía a US$20.300 millones en valores netos actualizados. De los 600 millones de personas que habitan en países elegibles para el programa, la mitad vive con menos de un dólar al día. El Banco Mundial y el FMI esperan ampliar, en 2001, el número de países pobres que reúnen los requisitos para acogerse al alivio de la deuda.


La Iniciativa para la reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados, que constituye una nueva manera de abordar la eficacia de la ayuda, brinda la oportunidad de un nuevo comienzo. Las mejoras introducidas recientemente en la Iniciativa han acelerado el alivio de la deuda y han logrado aumentar los recursos destinados a tal fin, si bien aún no está claro hasta qué punto la Iniciativa aumentará la asistencia total de los donantes. Puesto que, en la mayoría de los países muy endeudados, el principal obstáculo para el crecimiento es la deficiencia de las políticas y las instituciones, la clave del éxito reside en vincular la ayuda con la reforma de políticas. Al mismo tiempo, un acceso más amplio a los mercados de los países industriales ayudará a aquellos países a integrarse en los mercados mundiales y poder así crecer.
“Este alivio puede tener un notable efecto en los países que lo reciben”, señala el Economista Principal Stern. “Pero la perdurabilidad de los efectos dependerá de la manera en que se utilicen los recursos. Es preciso que estos países se identifiquen más intensamente con el proceso de reforma económica. Los documentos de estrategia de lucha contra la pobreza constituyen un importante mecanismo para facilitar dicha identificación, intensificar la reducción de la pobreza y revitalizar los planes de crecimiento”.
Financiamiento de los bienes públicos internacionales
En Flujos mundiales de financiamiento para el desarrollo, 2001 también se presenta el primer intento por estimar, de manera integral, el total de la asistencia mundial para el desarrollo que se destina a atender problemas apremiantes que exigen transferencias de recursos y esfuerzos coordinados internacionalmente. Entre los llamados bienes públicos internacionales se incluyen arduas empresas, como controlar las enfermedades transmisibles, limitar el cambio climático, contener la inestabilidad financiera y proteger la paz mundial.
En el informe se calcula que las transferencias internacionales de recursos para estos fines ascienden, en total, a unos US$5.000 millones al año, que incluyen: US$1.000 millones de fundaciones privadas; US$2.000 millones de fondos fiduciarios oficiales (dinero que los gobiernos donantes suministran a organizaciones multilaterales y de otra índole); y US$2.000 millones de asistencia oficial para el desarrollo. Además, se estima que US$11.000 millones de asistencia oficial para el desarrollo se destinan a financiar medidas e infraestructura en distintos países, para que estos puedan aprovechar eficazmente los bienes públicos internacionales, por ejemplo, perfeccionando los sistemas de salud para luchar contra las enfermedades transmisibles.
“Algunos bienes públicos mundiales de mayor importancia, como la reducción del calentamiento atmosférico y el mantenimiento de la estabilidad financiera, no requieren sólo fondos; también exigen mayores incentivos para la adopción de medidas colectivas”, se asevera en el informe. “Una mejor coordinación de la ayuda puede reportar enormes beneficios”.

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