Raíces y peligros del fundamentalismo



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Raíces y peligros del fundamentalismo.

Por: Ausencio Arroyo.

Con frecuencia escuchamos este término de fundamentalismo o fundamentalista, sin embargo, no siempre se aplica de la manera correcta. El término define mucho más que lo que se ve en la superficie de las cosas. Se refiere principalmente a una actitud, una manera de adoptar la fe y de aplicarla en los diferentes ámbitos de la vida. Iniciemos por el origen del término.

Qué es el fundamentalismo:

En los EE.UU. existieron y aún existen grupos importantes de cristianos evangélicos que se autodesignan fundamentalistas. Ellos son quienes dieron vida a este nombre, que para ellos es una bandera que ondulan con orgullo. Es con ellos que debemos comenzar a responder a la pregunta que intitula este artículo.

En el siglo XIX surgió en Europa un movimiento en la teología universitaria que buscaba articular una fe que pudieran abrazar aquellos que eran parte del pensamiento ilustrado. Sobre esta base se fue construyendo una investigación crítica de los textos bíblicos que puso en duda los milagros o los interpretó como manifestaciones de una religiosidad y no de realidades objetivas. Cuando esta teología y este estudio crítico de la Biblia, que había nacido en Europa continental, se extendió a Inglaterra, Irlanda y los EE. UU. se produjo una reacción conservadora, y es como parte de esta reacción que hay que entender el fundamentalismo.

En algunos círculos evangélicos de los EE. UU. hubo un sentido de alarma ante el avance del modernismo, como se le llamó al liberalismo en círculos teológicos estadounidenses. Parecía que el piso de la fe se hundía, con el consentimiento y la complicidad de profesores de Biblia y ejecutivos de las iglesias protestantes principales.

Un movimiento empezó a estructurarse en torno a conferencias de verano en el Campamento Bíblico Niágara, entre los años 1880 y 1900. Se veía la crisis como mucho más amplia que solo cuestión de teología. El país estaba siendo inundado por inmigrantes italianos, irlandeses y alemanes, muchos de los cuales eran católicos y/o socialistas. El proyecto de una nación evangélica amenazaba con hundirse. Era preciso, pensaban, buscar la orientación de la Palabra de Dios, la Biblia. Y creían que en las profecías de la Biblia encontrarían el plan de Dios para estos tiempos. Se presentaron varios esquemas para entender los dichos oscuros de Ezequiel, Daniel, Zacarías, Apocalipsis de Juan, etc.

El supuesto de estos campamentos de profecía era que la Biblia es una revelación de cosas que de otra forma no se podrían conocer. Venía de Dios, directamente. La verdad es algo objetivo que hay que hallar en los textos de los profetas (y otros textos bíblicos, también). En estos inicios se aprecia que se estaba rechazando la nueva filosofía moderna que encontraba buena parte del conocimiento en la subjetividad humana.

Durante las investigaciones de estos años de parte de estas personas, en su mayoría pastores que provenían de diversas iglesias protestantes, fue surgiendo un consenso en torno a una grandiosa visión de la historia dividida en diferentes “dispensaciones” de Dios, quien procedía de distintas formas con los humanos en diferentes períodos históricos. Las más relevantes son la dispensación de la ley, a partir de Moisés, la dispensación de la gracia, a partir de Jesús, y el retorno inminente de Jesús para inaugurar el nuevo mundo donde no habría más mal. Entre la edad de la gracia y este nuevo mundo habría un juicio más terrible que cualquier cosa conocida en el pasado, la llamada Gran Tribulación. La mayoría creía que los creyentes serían “raptados” al cielo por Jesús antes de la tribulación; que ésta vendría más bien sobre los pecadores empedernidos. En algún momento el pueblo de Israel sería restaurado a su tierra y sus enemigos destruidos.

Uno de los pastores del movimiento, Cyrus I. Scofield, pastor de una iglesia Congregacional en Dallas (Texas), editó una versión de la Biblia con notas en 1908 que hizo historia en el protestantismo. Las notas de la Biblia Scofield a los distintos pasajes de la Biblia, sintetizan la visión profética que se había alcanzado en los años de Niágara. Fue traducida al castellano y otros idiomas.

Fue entre 1910 y 1915 que se editaron doce tomos delgados con pasta dura de una obra colectiva que se llamó The Fundamentals, “Las cosas fundamentales”. El proyecto editorial fue financiado por un petrolero texano, Lyman Stewart, y se distribuyeron gratuitamente a todos los pastores de la nación estadounidense unos doscientos cincuenta mil ejemplares de cada tomo. Era un manifiesto anti-modernista con noventa artículos de sesenta y cinco escritores, producto de años de estudio bíblico motivado por la alarma ante la amenaza que veían cernirse sobre la nación y sus iglesias. Fue esta obra la que le dio un nombre al movimiento, el “fundamentalismo”.

Afirmaban cinco puntos no negociables para una fe ortodoxa: la primera, la inerrancia de la Biblia, era la base de todo. Era una formulación nueva, anti-modernista, de la confesión protestante de la Biblia como norma de fe y práctica. Los otros fundamentos eran el nacimiento virginal del Salvador, con lo cual se pensaba preservar la divinidad de Cristo, la Sacrificio Vicario en la cruz en lugar de nosotros los pecadores (una teoría de la Sustitución), la Resurrección física de Jesucristo y el Retorno inminente de Jesús para enjuiciar a los pecadores y llevarse los suyos a la gloria sin fin. Estos puntos eran concebidos como verdades objetivas reveladas en la Biblia y no susceptibles de discusión.

Estamos con este breve recuento listos para dar una definición del fundamentalismo: es una ortodoxia protestante militantemente anti-modernista.

El punto culminante del movimiento fundamentalista fue el juicio a un profesor de secundaria en Kentucky, John T. Scopes. La acusación que se le hizo fue que enseñaba como verdad la teoría moderna de la evolución y desechaba como superada la enseñanza bíblica de la creación en siete días. El abogado acusador fue el famosísimo William Jennings Bryan, un político popular que había perdido dos veces de forma cerrada la elección a la Presidencia de la nación.

El profesor Scopes fue declarado culpable y condenado a pagar una multa de cien dólares. Esto fue en 1925. Para los fundamentalistas fue motivo de gran celebración e inmediatamente se dedicaron a capitalizarlo buscando ganar el control de las iglesias. Sin embargo resultó una victoria inútil que no les dio resultados. Perdieron en todas las iglesias, aunque, hay que decirlo, ganaron el apoyo de muchísimos fieles en todas ellas. Fue hasta la década de 1980 que lograron tomar las riendas de la Convención Bautista del Sur, la única victoria real, y una victoria muy importante por el tamaño de esta iglesia, la iglesia protestante más numerosa de los EE. UU. Por lo dicho se habrá ya notado que el fundamentalismo quería restaurar un pasado ideal donde la autoridad no era cuestionaba.

Dentro de las iglesias y la familia, es la autoridad del varón, del padre. En política es un gobierno central capaz de imponer normas de conducta moral que excluyan graves pecados como el aborto, la homosexualidad, el feminismo y, en general, la secularización de las escuelas públicas y las ceremonias nacionales. En las relaciones internacionales, el movimiento fundamentalista apoya la imposición del orden por medios militares y el sostén incondicional al Estado de Israel. Esto revela que no es un movimiento apolítico. Es en su esencia derechista, pues se opone a la igualdad y apoya soluciones autoritarias que defiendan “la verdad” que concibe como absoluta, revelada por Dios. Dios quiere que las mujeres se sometan a sus maridos y que los malos sean destruidos físicamente.

2. Uso polémico del término

Hemos visto que el fundamentalismo es el nombre de un movimiento evangélico en los EE. UU. El uso propio del término es para designar este movimiento. No obstante, como ante el avance arrollador de la modernidad en todo el mundo han surgido reacciones propias de la defensa de varias culturas, el término se ha extendido para designar estas reacciones beligerantes anti-modernas. Se puede considerar un uso metafórico del lenguaje cuando en vez de decir, “El Gush Emunim” en Israel se parece al fundamentalismo, se dice “El Gush Emunim” es un movimiento fundamentalista israelí. No es incorrecto usar así el lenguaje, pero conviene saber lo que se está haciendo. “El Gush Emunim” no se llama a sí misma fundamentalista, y cuando representantes de la modernización la llaman de este modo, es para descalificarla. Y, lógicamente, se resistirá a ser llamado de esta forma.

Sin embargo, como la modernidad se extiende por doquier y las reacciones surgen ante ella en todas las culturas, hay en efecto movimientos análogos al fundamentalismo en otras regiones del mundo. No es equivocado aplicarles un término tomado del protestantismo estadounidense que al principio es una metáfora, pero con el uso repetido el término adquiere un sentido más amplio que ya no es metafórico. Hoy el término fundamentalismo ya está consagrado como el nombre común de fenómenos anti-modernos combativos que aparecen en diversos lugares del planeta.

Hemos mencionado el Gush Emunim, un ejemplo perfecto. No solamente defiende la cultura judía, sino más todavía su derecho a la tierra de Palestina. Decía Zvi Yehuda Kook, su líder indiscutido hasta su muerte en 1962: “La tierra fue escogida aún antes del pueblo”, en una referencia a la promesa a Abraham de darle una tierra, estando todavía en Ur de los Caldeos. Y expresa la consigna del movimiento: “La tierra de Israel para el pueblo de Israel, según la Torá”. Tenemos aquí dos elementos básicos del fundamentalismo: su lealtad a las Escrituras y su esfuerzo por restaurar el pasado ideal deseado por Dios, en este caso el tiempo cuando Israel bíblico poseía la tierra de Canaán. Su particularismo militante que no reconoce derechos a los palestinos autóctonos, que no los considera tales, es una manifestación anti-modernista, otro elemento indispensable para llamar fundamentalista un movimiento. La modernidad afirma la igualdad de los humanos, con sus derechos humanos; los fundamentalismos no reconocen este universalismo.

En la India, el partido Rastriya Swayamsevak Sangh (RSS) es la expresión del fundamentalismo hindú, en el mismo sentido extendido de aplicación del término. Pretende hacer del subcontinente el dominio de una sociedad hindú, donde las Escrituras hindúes tengan valor de ley (dharma) y donde; por supuesto, la jerarquización del sistema de castas sea plenamente reconocida. Tenemos aquí, además del anti-modernismo, la base escriturística, el movimiento político restauracionista y el autoritarismo típico del fundamentalismo en su sentido restringido.

El nacionalismo Sikh en el estado del Punjab, es otro ejemplo de fundamentalismo. Y si miramos al Islam, una tradición religiosa que se extiende del Océano Atlántico por el norte africano (el Magreb), Egipto y el Medio Oriente, Asia meridional (Irán, Pakistán y Bangla Desh) y el Pacífico (Indonesia, Filipinas), cada una de estas regiones tiene movimientos restauracionistas que pretenden, contra la humillación de la dominación moderna, restaurar sus naciones para que sean sociedades gobernadas por la ley islámica, la shari’a. Por lo general exaltan la autoridad absoluta del jeque o Imam e imponen un severo patriarcalismo que “controle” a las mujeres —el autoritarismo característico de los movimientos fundamentalistas.

Conclusión

1. Conviene distinguir entre el uso más estricto del término para referirse al grupo estadounidense que se llama fundamentalista a sí mismo, y los grupos en otras regiones que se pueden llamar fundamentalistas por analogía. Aquí el término deja de ser un nombre para volverse una categoría analítica. Es importante no confundir los dos usos del término.

2. Cuando usamos el término como mecanismo analítico es preciso no extender tanto su uso, que deje de ser un instrumento útil. Propongo que únicamente se use para movimientos religiosos que sean a) escriturísticos, b) virulentamente anti-modernistas, c) autoritarios y patriarcales, y d) tengan proyectos políticos restauracionistas.

3. Tendremos que pensar, me parece, que mientras la modernidad se imponga por el imperialismo estadounidense y un Mercado Total, tendremos permanentemente el surgimiento de movimientos anti-modernistas basados en las culturas agredidas por la globalización. De manera que los fundamentalismos estarán con nosotros por mucho tiempo.

4. Es evidente que estos movimientos, por su autoritarismo que busca imponer sus propuestas como verdad de Dios, serán de derecha. No obstante, su anti-imperialismo y sus sospechas del Mercado Total son elementos que tienen en común con quienes buscamos soluciones populares, de izquierda. No podemos, entonces, descartar que por momentos tendremos coincidencias que debemos aprender a aprovechar. El peligro puede estar en que los movimientos en los que están apenas aprendiendo la necesidad de democracia interna, el autoritarismo de los fundamentalismos los tiente a volver hacia atrás. El feminismo, la defensa de la naturaleza, el reconocimiento de la pluralidad de culturas con derechos propios, son cosas que no podemos perder y que exigen democracia pluralista.

El peligro del fundamentalismo cristiano

Antes que nada, el mayor peligro del fundamentalismo religioso (cristiano o islámico) es que sus declaraciones parecen tan verdaderas. Los cristianos frecuentemente oyen a un predicador fundamentalista y están de acuerdo con cada palabra.

Muchos de éstos son líderes con carisma y persuasión. Tienen una pasión y una entrega, una devoción a la que todos quisiéramos llegar. Es fácil ser conmovido y bendecido por sus mensajes. El único problema es que se han entregado a un plan equivocado. Se han entregado a interpretaciones simplistas de la fe, a fundamentos simplistas de moralidad, y del bien y del mal. Se han entregado al mantenimiento cultural y a la resistencia al cambio. Como resultado, frecuentemente dicen lo que la gente quiere oír. Parecen tener las soluciones a las crisis sociales y culturales y a los problemas de la vida. Todo parece tan sencillo, tan claro, tan fácil.

El doctor Michael E. Nielsen, en su artículo el papel de la religión en el ataque terrorista del 11 de septiembre, de 2001, se dirige a las preguntas: ¿Qué define a un fundamentalista?

El tema global del fundamentalista, ya sea musulmán o cristiano, es que Dios ha de ser adorado, respetado, temido y obedecido sobre todas las cosas. Las demás consideraciones son de segundo orden. Esta devoción intensa y duradera significa que hay cosas que son absolutamente innegociables. Es como ver al mundo en blanco y negro, con poquísimos, si acaso, grises intermedios. A esto le acompaña una tendencia hacia el literalismo. Si las escrituras dicen que Noé construyó el arca, que juntó a una pareja de animales y que navegaron por todo el mundo mientras ocurría un diluvio, entonces ocurrió así. No hace falta preguntar cómo pasó, independientemente de que concuerde o no con la lógica y conocimientos actuales sobre los animales, las inundaciones, naves antiguas, o geología histórica.

Un elemento importante de la mentalidad fundamentalista es la repulsa del modernismo. Los valores occidentales contemporáneos son inconsistentes con los valores de Dios y con su voluntad para la humanidad. El deber del pueblo es adorar a Dios, y no ignorarlo o ridiculizarlo. Las reglas de Dios están claras y tienen que ser cumplidas y respetadas, no violadas. Como resultado, los fundamentalistas tienen puntos de vista muy conservadores en asuntos sociales. Los fundamentalistas creen que varios elementos de la cultura occidental, como la discusión del sexo y los papeles de ambos sexos, están desarmonizados con la voluntad divina. A Dios no le gusta, no lo tolera, y tampoco les gusta o lo toleran los devotos de Dios.

¿Pero cómo puede cualquier cristiano estar en desacuerdo con el siguiente comentario: «Dios debe ser adorado, respetado, temido y obedecido por encima de todas las cosas. Las demás consideraciones son secundarias»? Si Dios es Dios, el supremo, omnipotente, omnividente creador y Señor de todo, ¿cómo podemos hacer otra cosa que no sea poner a Dios primero?

El problema con el fundamentalismo no es que los fundamentalistas pongan a Dios primero. El problema es que no ponen a Dios primero. Ponen un entendimiento particular, simplista, limitado y humano de Dios por encima de todo. En la mayoría de los casos, la descripción fundamentalista de la voluntad de Dios para la humanidad es que Dios quiere que las cosas sean como eran antes. Las leyes divinas son las que nos enseñaron desde niños. Los fundamentalistas entonces no son ni cristianos ni islámicos, sino defensores de la cultura, dedicados a mantener «todo lo que consideramos bueno».

En este aspecto, los fundamentalistas son mucho más parecidos a los fariseos que a Cristo. Cristo era un revolucionario cultural y social que no cumplía con las convenciones de una sociedad formal, vulneraba las leyes religiosas constantemente, se asociaba con «indeseables» y por lo general desafiaba el vacío y la superficialidad de las tradiciones y creencias de la sociedad. Cristo fue crucificado, por lo menos parcialmente, por ser un modernista y un relativista ético. Si Cristo viniera a vivir con nosotros en el siglo XXI, sería crucificado de nuevo, no porque le odien, sino porque no sería reconocido.

Un problema principal del fundamentalismo es que los fundamentalistas creen que saben cuál es la voluntad de Dios para la humanidad. Creen que saben la verdad, que su entendimiento es exacto y que no puede haber cuestionamiento o acomodo. Su postura es «absolutamente innegociable». Creen que saben lo que es bueno, malo e inmoral. Como dice el Dr. Neilsen, esto se debe a una tendencia hacia el literalismo. El literalismo, sin embargo, es utilizado por los fundamentalistas como una excusa de la rigidez de sus creencias. Se les ha dicho que sus creencias son la verdad porque son literales y proceden directamente de la Biblia y por lo tanto no pueden ser cuestionadas. Sólo hay una interpretación permitida de la Biblia: la que les han enseñado.

Tener creencias firmes es una cosa. Todos tenemos preceptos que no queremos cambiar o evaluar. Todos creemos en algo y no nos podemos plantear todo constantemente. Pero el fundamentalismo se pasa de la raya y se vuelve peligroso cuando los fundamentalistas se niegan a que los demás tengan creencias diferentes a las suyas. Es obvio que aquellos con personalidad fuerte se negarán a acomodar sus creencias. Pero los fundamentalistas consideran un acomodo permitirte creer en lo que quieras si es que es diferente a sus creencias. Por ejemplo, algunos fundamentalistas creen que el aborto es homicidio y no permiten que otros no estén en desacuerdo. No están satisfechos con no abortar ellos mismos y con enseñar a sus hijos y compañeros de culto en creer lo mismo. Sienten una obligación en pasar leyes que prevendrán abortar a cualquiera. Algunos cristianos pensantes han decidido que el aborto puede ser legal en algunas circunstancias. Los fundamentalistas creen que eso no es bueno y están dispuestos a tomar medidas extremas (amenazas terroristas, asesinatos de médicos abortistas, poner bombas en clínicas de aborto y otras tácticas terroristas) para evitar que esos que están en desacuerdo con ellos puedan aplicar sus creencias.



El fundamentalismo es incompatible con la libertad de culto. La base de la libertad religiosa es el respeto a otros que no coinciden contigo. Para tener libertad de religión, se ha de respetar el derecho ajeno a discrepar contigo. Por ejemplo, los cristianos que creen que puedes «caer en desgracia» (o sea, perder tu salvación) deben permitir a otros cristianos creer en «seguridad eterna» (i.e., una vez salvado, estás salvado para siempre), y viceversa. Debido a las raíces tradicionales de Estados Unidos, el concepto claro de libertad religiosa se ha desarrollado lentamente. La necesidad de respetar las creencias ajenas todavía no es entendida por una porción importante de nuestra población. Todavía hay muchos «Cristianos» a los que no les cabe en la cabeza la vergüenza e incomodidad del niño judío o musulmán que tiene que estar callado en la clase mientras el maestro reza en el nombre de Jesús.

El fundamentalismo es incompatible con la democracia. Obsérvese las naciones islámicas, donde un régimen fundamentalista (como el Ayatola o El Talibán) se ha apoderado del gobierno. La democracia se basa en el concepto de que personas de diferentes creencias y cultura puedan vivir juntas, en paz, si se respeta el derecho ajeno a estar en desacuerdo. Es una característica de la democracia que la mayoría manda. Pero eso no quiere decir que la mayoría haga lo que le dé la gana. Para que la democracia sobreviva, la mayoría debe proteger los derechos de las minorías. Para que la democracia perdure, la mayoría debe tratar a las minorías como ellos quisieran ser tratados de ser la minoría. Los fundamentalistas no pueden permitir que eso ocurra. Para ellos, los que creen y se comportan de manera diferente a la de ellos están equivocados y a «Dios no le gusta, Dios no lo tolera y tampoco lo hacen sus devotos».

El fundamentalismo es incompatible con el cristianismo. El cristianismo es la religión de la libertad. Es la religión de la tolerancia y diversidad. La cristiandad es una religión para todos en todas las culturas en todos los tiempos. El fundamentalismo se ha comprometido a una homogeneidad cultural y a un comportamiento uniforme, a tradiciones inalterables y a convenciones para regir las interacciones sociales. El cristianismo no consiste en ir a otras tierras y culturas para enseñar a los nativos a vestir la indumentaria occidental y a llenar el cepillo eclesiástico. El fundamentalismo consiste en condenar el pecado cuando lo ves y en enfrentarte en nombre de la «verdad».

El cristianismo consiste en cuidar al pecador tanto como al santo, en entender los factores que contribuyen a los comportamientos destructivos, y conducir a aquellos que se han destruido a sí mismos, a sus familias y a sus amigos, a la sanación y al perdón. Los fundamentalistas nos quieren convencer de que son los guardianes de los fundamentos cristianos. No lo son. Son los guardianes de su propia posición, cultura y poder. Hay fundamentos cristianos, y muchos fundamentalistas respetan algunos y todos de esos fundamentos. Pero es la similitud con el cristianismo que hace que el fundamentalismo sea tan peligroso.



El fundamentalismo es una herejía cristiana. Es incompatible con la libertad de culto. Es incompatible con la democracia. El crecimiento del fundamentalismo es una amenaza para la obra de Cristo, para la sociedad, para nuestro país y para nuestras libertades. Tenemos que esforzarnos en exponer los peligros del fundamentalismo.

El fundamentalismo cristiano y su influencia en la política de Estados Unidos en Oriente Próximo.

Los reunió en el lugar llamado en hebreo Armagedón. Y el séptimo derramó su copa en el aire; entonces salió del santuario una voz potente que venía del trono y decía: "Hecho está". (Apocalipsis 16: 16-17).

Si una persona cree que estamos en los Últimos Días, que la segunda venida de Jesucristo es inminente, entonces, seguramente, la ocupación estadounidense de Irak le parecerá lógica. Si cree que Satán anda suelto sobre la Tierra y que en un futuro no muy lejano se producirá la gran batalla de Armagedón entre el Cristo y el Anticristo, el último acto de la historia humana, que anunciará el nuevo milenio, entonces el apoyo incondicional de Estados Unidos a Ariel Sharon tiene sentido. En la derecha cristiana estadounidense, en el propio Gobierno de Bush, son muchos los que creen en ese futuro, y esa gran epopeya de proporciones divinas es la que inspira su política en Oriente Próximo.

Importa poco saber si Bush tiene verdadera fe en esta visión cataclísmica del futuro o se limita a contentar a los creyentes para lograr sus objetivos políticos personales. El caso es que, la derecha cristiana (a cuyos miembros se califica últimamente de "teoconservadores", para distinguirlos de los neoconservadores, los partidarios del capitalismo liberal) está presente en la política exterior estadounidense. Un general del Pentágono, William G. Boykin, ha resumido su posición en una serie de discursos recientes, en los que afirma que la guerra contra el terrorismo es una "batalla contra Satán" y que los terroristas atacan a Estados Unidos porque es una nación cristiana. No obstante, a Boykin le consuela su convicción de que su Dios es más grande que el Dios musulmán (que no es más que un ídolo) y que el presidente Bush ha sido elegido por ese Dios para afrontar esta crisis. En el Congreso, los conservadores han defendido las declaraciones del general.


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