República de cuba centro provincial de superación para la cultura. Matanzas



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REPÚBLICA DE CUBA

CENTRO PROVINCIAL DE SUPERACIÓN PARA LA CULTURA.

MATANZAS
Título: EL CABILDO LUCUMÍ DE SANTA TERESA EN LA CIUDAD DE MATANZAS.


Autor: Lic. Andrés Rodríguez Reyes.

Investigador Agregado. Cultura.

I.- INTRODUCCIÓN.

La ciudad de Matanzas, llamada la Atenas de Cuba en el siglo XIX, se caracterizó en ese siglo por el gran volumen de su población negra, libre y esclava. Esta fue la razón por la cual el legado africano a la cultura popular tradicional de la ciudad, y específicamente, al campo religioso fuese profundo y variado. Ella es la ciudad con mayor variedad de expresiones religiosas de origen africano en el país. Estas son la Regla de Ocha o Santería Cubana de origen yoruba y takua (nupe); la Regla Iyessá, de origen yoruba; la Regla Arará, de origen ewé fon; la Regla Palo Monte, de origen bantú; y la Sociedad Secreta Abakuá, de origen carabalí.


Relacionadas con estas religiones populares cubanas de origen africano se despliega un gran número de casas templos por los barrios de la ciudad. Un lugar especial lo ocupan los llamados cabildos, de los cuales existen tres en la ciudad de Matanzas: el Cabildo Iyessá Modú “San Juan Bautista”, el Cabildo Arará “Espíritu Santo” y el Cabildo Lucumí Takua “Santa Teresa”. Los dos últimos cabildos agrupan, en su práctica ritual, a numerosas casas templos.
En el siglo XIX, Cabildo de Santa Teresa, tuvo su apogeo en la época en que vivía la santera mayor matancera, Tomasa Villamil Cárdenas, iniciada en el culto a Oyá, orisha dueña del cementerio y patrona de los muertos. En la Regla de Ocha o Santería Cubana, ella sincretiza con Santa Teresa del Jesús.
Durante su vida religiosa, la difunta Tomasa Villamil Cárdenas llevó a cabo una serie de iniciaciones dentro de los marcos de su familia, y fuera de ella, labor continuada por sus ahijados. Esto dio lugar al surgimiento de una complicada red de parentesco ritual relacionada con el cabildo, lo cual brindó favorables condiciones para la transmisión de las tradiciones religiosas ancestrales a través de las generaciones. Esta red de lazos de parentesco ritual presentes entre los miembros del Cabildo de Santa Teresa se relaciona con la Regla de Ocha, expresión religiosa distintiva en el cabildo, así como con la Regla Palo Monte, e incluso con la Sociedad Secreta Abakuá, para los miembros varones. Al Cabildo Santa Teresa de Matanzas estará dedicado este trabajo.


DESARROLLO.
EL CABILDO SANTA TERESA DE MATANZAS.
Los cabildos de nación eran asociaciones de negros esclavos africanos, de carácter urbano, que permitió el gobierno español en la Cuba colonial, católica y esclavista. Su propósito fundamental, era controlarlos, y además, lograr dividir a los esclavos africanos de diferente procedencia étnica. Esto convenía a la clase dominante blanca, la cual estaba sumida en el temor a las posibles rebeliones de esclavos.
Según Pedro Duchamos Chapeaux, el cual enfatizaba en las funciones que el cabildo desempeñaba para la población negra, este “...era una agrupación de negros africanos pertenecientes a una misma nación o tribu, entre cuyos propósitos estaba la ayuda mutua, el socorro en caso de enfermedad o muerte y mantener vivo el recuerdo de la patria lejana y perdida, mediante la practica de la religión propia, el uso del idioma, los cantos y la música”. (Dechamps Chapeau, Pedro, 1972: p. 19)
El cabildo mantuvo latente las prácticas mágico-religiosas y las costumbres tribales, las cuales desempeñaron un papel determinante en la integración de sus miembros y sus descendientes.
Como resultado de la presión de la política española en la Isla a finales del siglo XIX, y por otras causas (Ver a: Israel Moliner Castañeda, 2002: 71-73), comenzó un paulatino proceso de disolución de los cabildos afrocubanos y del surgimiento de sociedades gremiales, sociedades de ayuda y socorro mutuo, y sociedades de Instrucción y Recreo. Los miembros de estas sociedades fueron los negros esclavos libres, así como sus descendientes criollos.
Además, los miembros de los antiguos cabildos, conjuntamente con sus descendientes, además de otros practicantes de las religiones populares de origen africano, independientemente de su origen étnico y social, comenzaron a agruparse en las llamadas “casas templos”, en torno a “madrinas” y “padrinos”, donde los unían intereses de índole religioso. Se debe señalar que en la ciudad de Matanzas han perdurado hasta la fecha el Cabildo Iyessá Modú “San Juan Bautista”, el Cabildo Arará “Espíritu Santo”, y el Cabildo Lucumí “Santa Teresa”. El Cabildo Carabalí Bríkamo “Niño Jesús” sobrevivió hasta la década del 70 del siglo XX en la propia ciudad matancera.
Con relación al Cabildo Lucumí Takua de Santa Teresa, el Profesor Israel Moliner Castañeda escribe:

“La tradición oral matancera lo establece por creado en 1809 y ha sido el principal entre los cabildos lucumíes y el único que llegó hasta el presente. Considerado también el más importante templo de la orisha Oyá - Yansá en Cuba, sus rituales nos muestran una clara raíz takua, nupe o mpe que predomina sobre elementos oyoes. Por lo tanto, queda claro que (en sus principios) este cabildo era de negros takuas, grupo étnico no yoruba, sino aliado comercial de este, ejerciendo un importante papel como tratantes de las mercaderías yorubás hacia el interior del continente”: (Moliner Castañeda, Israel, 2002: p.60)


Sobre la fecha de su fundación y su ubicación original y la actual, escribe el Profesor Israel Moliner:

“La tradición oral matancera lo establece por creado en 1809...


Radicó en la calle Daoiz #182 durante todo el periodo colonial, hasta que en 1921 ocupa su actual local de Matanzas esquina a Salamanca, una vez cesada la gran represión policial a las manifestaciones afrocubanas acontecidas entre 1918 y 1922 en la Habana y Matanzas”.(Moliner Castañeda, Israel, 2002: p.60).
Sin embargo, la memoria colectiva del propio grupo religioso, conformado por la familia Villamil, brinda una diferente información sobre su propio origen. Esta se condensa en las palabras del ex obá y oriaté del cabildo, el santero mayor, Osvaldo Cárdenas Villamil. Él expresa:

“Blas Cárdenas era el capataz del Cabildo de las Mercedes en Buen Viaje, Pueblo Nuevo. Él tenía hecho Obatalá y adoraba a Babalú Ayé. Él era compadre de Mauricio Piloto, que era el padre de Juan Villamil, que era el padre de la difunta Tomasa. Después que murió Blas Cárdenas, al frente del cabildo quedó su hijo Mateo Isasi. Cuando éste murió, al frente del cabildo quedó su hermano Pedro José Isasi, el hermano de Mateo que murió en Sumidero. Al morir Pedro José, fue nuestro abuelo, Juan Villamil, el que se quedó al frente del cabildo. Él estaba casado con Tomasa Cárdenas Isasi, hermana de Mateo y Pedro José Isasi. De ellos nacieron Tomasa, y todos sus hermanos y hermanas.


Cuando la difunta se hizo santo en el 42, en su itá [ceremonia de adivinación realizada en la iniciación], que hizo Florencio Alonso, le salió a Tomasa que era la continuadora del cabildo de su abuelo [Blas Cárdenas]. Pero como el santo cabecera de la difunta era Oyá, el cabildo se llamó, entonces, Santa Teresa.
En la casa donde estaba el cabildo de Blas Cárdenas se quedó su Virgen de la Mercedes [imagen católica] que siguieron adorando la familia de los Isasi que se quedó viviendo allí. Pero eso ya no era el cabildo. Se murieron los mayores, y perdió su fuerza religiosa”.
Según estas palabras del santero mayor, Osvaldo Villamil Cárdenas, que representan la memoria histórica de la familia Villamil, el actual Cabildo de Santa Teresa no es herencia histórica del original cabildo del mismo nombre, tal y como plantea el Profesor Israel Moliner Castañeda en su libro “Los Cabildos Afrocubanos en Matanzas” (Moliner Castañeda Israel, 2002: p.60). El actual Cabildo de Santa Teresa resulta la continuación histórica del Cabildo La Merced, del barrio de Pueblo Nuevo.
Con relación a este último cabildo, escribe el Profesor Israel Moliner Castañeda:

“La tradición matancera considera que era de raíz egwardo. Se ubica en la calle la Merced # 18, Pueblo Nuevo, de donde pasó en 1835 para Buen Viaje # 35 en la misma barriada. Desaparece hacia 1920. Tuvo por capataces a Dionisio Vega (1814 1834), Pascual Vega (1835 – 1863), Casimiro Vega (1863 – 1884), y al famoso babalawo Blas Cárdenas (1885 – 1900 ap.)” (Moliner Castañeda Israel, 2002: p.61 - 62).


Por medio del instrumento de recolección de información elegido, la entrevista a profundidad, se accedió a la memoria colectiva de la familia Villamil. Ella afirma que esta familia proviene del barrio de Pueblo Nuevo, específicamente, de la calle de San Fernando, de los tiempos del Cabildo “La Merced”. Acerca de ello afirma el destacado santero matancero, Osvaldo Villamil Cárdenas:

Los Villamil vivían en la calle de San Fernando en Pueblo Nuevo. En esos tiempos mi abuelo, Juan Villamil, se juntó con Tomasa Cárdenas la hija de Blas Cárdenas. Como Oggún les dijo que debían ir a vivir un tiempo para el campo, se fueron a vivir un tiempo para Sumidero. Eso fue para principios de 1900. Estuvieron unos cuantos años por allá, y les nacieron unos cuantos hijos.


Cuando regresaron pa’Matanzas vivieron en distintos lugares: primero a la entrada del Ojo de Agua, camino del estero; Después en Santa Isabel entre Zaragoza y Manzaneda; después en Jovellanos entre Santa Isabel y Salamanca. En 1944, Tomasa vivía en un solar que está en Jovellanos No. 40 entre Velarde y Daoiz. Hasta que se mudó para Salamanca No. 1 entre Matanzas y Jovellanos Por último, se fueron a vivir a la calle Matanzas esquina a Jovellanos. Ante todo aquello era un jardín. La casa tenía dos entradas. La principal era por Matanzas, y una lateral, donde yo vivía, por la calle Salamanca.”

Consideraciones acerca de la posible raíz takua del actual Cabildo de Santa Teresa.
Ejemplo de este último aspecto, relacionado con la oralidad, lo es el hecho de que al indagar acerca de las raíces africanas del actual Cabildo de Santa Teresa, sus propios miembros afirman que “...el cabildo es de tierra takua, porque esa es la tierra donde Oyá era reina”. Esto significa que ellos consideran que sus prácticas rituales ascienden a las prácticas mágico-religiosas, introducidas en la Cuba colonial y esclavista por los esclavos nupe, conocidos como takua por los españoles.
Pero para sostener la afirmación de que la tierra takua (nupe) es la tierra de la mítica Oyá, según la tradición ritual de la Regla de Ocha en Cuba, se debe considerar lo escrito por el destacado antropólogo británico Nadel, S.F., en su libro “Nupe Religion”:

“... los nupe no tienen un nombre especial y colectivo para su religión. Ellos sólo tienen nombres para las concepciones y prácticas particulares, para las ceremonias locales. La creencia total sólo puede ser descrita por los nupe en circuito y enumerándola, como correspondiendo a su Dios Supremo Sokó, y no con deidades nombradas de manera diferente; con unos u otros rituales o medicinas; con espíritus, pero no antropomórficos, etc.”...(Nadel, S.F., 1954: p. 2)


“Los yoruba, vecinos del suroeste de los nupe, tienen un sistema religioso que contiene rasgos diametralmente puestos a aquellos que caracterizan la Religión nupe. La religión yoruba se basa en un panteón de deidades, todas concebidas en forma antropomórfica que gobiernan el universo. Cada deidad tiene su esfera definitiva: el cielo, la tempestad, la lluvia, la tierra, el mar, el bosque, animales, peces, cosechas, enfermedades, habilidades especiales, adivinación, etc....Las deidades son servidas por un número de órdenes especializadas de sacerdotes; ellas son representadas, con hermoso realismo, en bronce, madera, terracota y piedra; danzas enmascaradas y drama ritual....” (Nadel, S.F., 1954: p. 208)
“La Religión yoruba no ha tocado casi la nupe. La elaborada cosmología de los yoruba, su panteón y sus efigies o ídolos, no han influido en las creencias y prácticas de los nupe.” (Nadel, S.F., 1954: p. 213)
Lo anteriormente explicado acerca de la no coincidencia entre las concepciones religiosas nupe, y la mítica consideración, existente en la Regla de Ocha o Santería Cubana, de que la tierra takua es la tierra de Oyá, deidad dueña del viento y la tormenta, patrona de los muertos, es un ejemplo fehaciente de que se debe ser muy cuidadoso al interpretar las informaciones de los portadores de las religiones populares cubanas de origen africano sobre la posible ascendencia etnocultural de sus prácticas rituales.
El especialista que estudie estas expresiones religiosas populares cubanas puede enfrentarse a un factor que puede influir negativamente en la validez de sus resultados: la ausencia de una información factual confiable sobre las prácticas rituales matrices, o sea las africanas. En sus tierras de origen, estas últimas se han desarrollado en condiciones medioambientales, sociohistóricas y etnoculturales naturales; mientras que en Cuba su evolución histórica ha estado condicionada por los procesos de transculturación, y de sincretismo religioso con el Catolicismo Español, y por los diferentes procesos sociohistóricos de la formación y consolidación de la Nación y Cultura cubanas. En la mayoría de los casos, el investigador no posee una seria bibliografía que refleje los estudios realizados acerca del culto a los orishas en los tiempos de la trata, y de su evolución posterior en los marcos sociohistóricos del colonialismo inglés en sus tierras de origen, las tierras de los yoruba y los nupe en la actual República de Nigeria. La ausencia de dicha bibliografía lleva a la falta de una base de comparación que ayude a profundizar en el destino, en Cuba, de los originales cultos tribales locales yoruba y takua (nupe)
Los conjuntos de música ritual del Cabildo de Santa Teresa.

En la tradición ritual de la Regla de Ocha, es ampliamente reconocido por los practicantes, entre ellos los miembros del Cabildo de Santa Teresa, que los tambores bembé son de “tierra takua”. Si la tradición oral así lo reconoce, sucede lo contrario con la literatura especializada.


El grupo organológico distintivo del Cabildo de Santa Teresa son los tambores bembé. Pero a diferencia del Cabildo Iyessá Modú “San Juan Bautista” y del Cabildo Arará “Espíritu Santo”, los cuales conservan sus tambores rituales “del tiempo de España”, el Cabildo de Santa Teresa consagró su juego de tambores bembé, llamado “Omó Layé”, en el año 1877. Hasta el presente, sus tamboreros han sido los propios miembros del cabildo, de la familia Villamil. Hasta el presente, su director ha sido Danilo Pérez Herrera, nacido en 1948. Su principal akpwón o cantante solista fue, hasta finales de los años 90 del siglo pasado, Osvaldo Villamil Cárdenas, el ex obá y oriaté del cabildo.
En relación con el Cabildo de Santa Teresa, Osvaldo Cárdenas Villamil resulta un informante clave de excepcional importancia, por haber sido el brazo derecho de la difunta santera mayor, Tomasa Villamil Cárdenas, “cabeza mayor” del cabildo, por más de 50 años. Con relación a los diferentes grupos organológicos empleados para interpretar la música ritual a lo largo de la historia del cabildo, él expresó:

“Antes de que nuestra familia se fuera un tiempo para Sumidero, por consejo del Oggún de mi abuelo, Juan Villamil, había un juego de güiros, pero ese se perdió.


En Sumidero, el que tenía un juego de tambores bakosó era Surí, uno de los hermanos de la difunta Tomasa, que era hijo de Changó. Surí era el que se fue a vivir a Colón. El tuvo su familia allá, y allá murió. Surí comenzó tocando con cajones, hasta que construyó sus tambores. Los tocaba junto con sus hermanos.
También tuvimos tambores batá, que eran de Jorge Villamil, uno de los hermanos mayores de la difunta. Pero en Sumidero, en los tiempos en que la policía perseguía a los santeros, ellos quemaron los muebles de los batá, pero guardaron el “fundamento”. Después los tambores los volvió a montar uno de los tamboreros que tocaba con Jorge Villamil. Ese fue Fantomas, el padre de Julio Fantomas, el que se quedó con ellos. Los batá que tiene Julio Fantomas eran de los Villamil.
Los tambores bembé se consagraron en el año 1977 con el nombre de Omó Layé. También tuvimos un juego de güiros, que ahora están rotos, que se consagraron en el año 1980. Se les puso el nombre de Omó Oggún Bi, o hijos de Omó Oggún Bi, porque así se llamaba el que le hizo santo a la difunta Tomasa.”
Estas palabras del santero mayor Osvaldo Cárdenas Villamil acerca de la presencia de diferentes grupos organológicos en la historia del Cabildo de Santa Teresa, permiten afirmar que la presencia de los tambores bembé, considerados tambores de la “tierra de Oyá”, y grupo organológico ritual distintivo, no apoya la consideración acerca del origen takua del propio cabildo. Su presencia en el cabildo no es histórica, sino relativamente actual.
Los llamados“fundamentos” del Cabildo de Santa Teresa.

Otro elemento para profundizar en el conocimiento de la historia de los cabildos, es el estudio de sus llamados “fundamentos”, o aquellos objetos materiales que simbolizan, representan, contienen, las entidades o fuerzas sobrenaturales a las que se rinde culto, y que en el caso de las diversas religiones populares de origen africano en Cuba tienen como vehículo material los más diversos elementos de la naturaleza, tales como piedras, caracoles, caracoles, palos, hierros, etc.


Con relación a la Regla de Ocha, los “fundamentos” del Cabildo de Santa Teresa representan a los orishas o santos, a los cuales se dedican los festejos fundamentales del año. Ellos son Oggún, deidad dueña de los metales, que simboliza la guerra (sincretiza con San Juan Bautista - 24 de Junio); y Oyá, deidad dueña de la puerta de los cementerios, y patrona de los muertos (sincretiza con santa Teresa - 15 de Octubre).
Oyá es la orisha, en cuyo culto se consagró, el 13 de Octubre e 1942, la difunta santera mayor, Tomasa Villamil Cárdenas, dirigente religiosa histórica del Cabildo de Santa Teresa. Oggún es el orisha del cual eran “hijos de santo”, Juan Villamil, el padre de Tomasa, y Julián Pascual Herrera, cuyo nombre ritual en la Santería era Oggún Bi. La santera que inició a Tomasa Villamil Cárdenas en la Regla de Ocha fue Goya “Lucerito”, la cual “tenía hecho” Elegguá. Julián Pascual Herrera fue el que después atendió los santos de Tomasa por muchos años. Esto último fue explicado por Bertina Aranda Villamil, una de las hijas menores de la difunta Tomasa Villamil, nacida el 20 de Noviembre de 1937
Con relación a sus fundamentos fue excepcionalmente aclaratorio lo expresado por Bertina Aranda Villamil, la hija de la difunta Tomasa:

“A Juan Villamil, el padre de Ita [Tomasa Villamil Cárdenas], le daba Oggún. De él son el Oggún y el Osain, que son los fundamentos del cabildo. Esos dos santos están cruzaos con Palo [Regla Palo Monte]. Así los tenía Juan Villamil, porque el no tenía santo hecho [estar iniciado] como nosotros. A él le daba tremendo Oggún, pero era del Santo Parao.”


En estas palabras de la santera Bertina Aranda Villamil, miembro del cabildo, e hija de la propia Tomasa Villamil Cárdenas, se destacan dos aspectos de gran importancia para la investigación:

  1. Los “fundamentos” del Cabildo de Santa Teresa no son herencia “del tiempo de España”, sino objetos rituales pertenecientes a un practicante de una variante transcultural y sincrética del culto yoruba a los orishas en Cuba.

  2. Esa variante transcultural, en la que sus practicantes no “tenían santo hecho” (proceso de iniciación diferente al de la Regla de Ocha), posee características esenciales que difieren de la forma actual de la Regla de Ocha o Santería Cubana.


El “Santo Parado” y la Regla Palo Monte en el Cabildo de Santa Teresa.

Las afirmaciones hechas por Bertina Aranda Villamil fueron confirmadas por el propio Osvaldo Cárdenas Villamil, el cual expresó:

“Juan Villamil era osainista [conocedor de los secretos de las plantas]. Era del Santo Parao. No tenía santo hecho, pero le daba un Oggún que había que respetar.
Los viejos no tenían hecho santo como ahora. De Fermina Gómez pa`tras, casi todos los santeros en Matanzas eran paraos; sólo lavaban cabeza, y entregaban el santo. Con Fermina Gómez comenzó la trata de asentamiento del pueblo de Matanzas. Eso fue del 40 pa`lante. Fue cuando se asentaron Falero, Cucho, Joseito Arronda, Venerando Alfonso, y otros más. …De Juan Villamil, el padre de la difunta Tomasa, son el Oggún y el Osain cruzao del Cabildo”.
Aquí debemos recordar que Fermina Gómez fue la famosa santera matancera, de la rama egwardo de la Regla de Ocha, que poseía el “fundamento” de Olokun, deidad de las profundidades del mar. Con la rama egwardo de la Santería Matancera están relacionados los rituales de iniciación de Argayú Sola (orisha dueño del volcán y las profundidades de la tierra) “directo a la cabeza”, a diferencia de las ceremonias de “Changó con Oru Pa`Argayú”, común para las restantes ramas de la Santería Cubana. A la rama egwardo pertenecen gran parte de las casas templos de la Santería matancera.
En una anterior investigación relacionada con el destino de los cultos yoruba a los orishas en condiciones rurales, específicamente en las zonas de Calimete, Manguitos y Amarillas, de la provincia de Matanzas, se comprobó que estos tuvieron como singular producto transcultural y sincrético, al “Santo Parado o Santo de Maniguai”. En un artículo sobre el mismo, el autor de la presente investigación escribió:

“… la denominación de santo parado está determinada por concepciones mágico-religiosas, y no por la disposición espacial de los objetos de culto que los representan.


El santo parado es primero que ocha, no hay ocha sin santo parado. En este sentido podemos citar al conocido practicante matancero de la santería Osvaldo Cárdenas Villamil: “Los santos parados son la forma más antigua de la santería, pues ellos se hacían en la época de la esclavitud. No tenían consagración, ya que pasaban de generación en generación. Ellos son una historia ya trascendida en la santería…” (Reyes Herrera, Iliana y Andrés Rodríguez Reyes, 1993: p.29)
En las prácticas rituales del Santo Parado era común el “cruce” con Palo Monte (utilización de elementos rituales de esta otra expresión religiosa de origen bantú). Ese era uno de los rasgos que lo distinguían. Al respecto resulta aclaratorio el siguiente fragmento del artículo anteriormente citado:

“El palo monte, práctica mágico-religiosa de origen bantú constituye una de las formas de expresión religiosa que más influencia ha tenido en el santo parado, lo que asciende a los tiempos de la trata, donde la forzada convivencia de elementos de diversos orígenes étnicos en los barracones tuvo como resultado singular esos productos sincréticos y transculturales. Al respecto dice Osvaldo Cárdenas Villamil: “En los barracones los lucumíes estaban relacionados con la cabeza mayor de la dotación, que era el padre nganga. Ellos estaban relacionados con el palo, porque su guía salía de Osain, el monte, que era su cabecera.


En el santo parado cualquier individuo puede recibir una prenda de palo monte, independientemente de su adoración a los santos, aunque lo más común es el cruce con Ogún, quien según las ideas y representaciones mágico-religiosas del santo parado, es el encargado de proteger al santero de la brujería. Se considera que cuando el santo esta cruzado con el palo se trabaja lo uno y lo otro de acuerdo con el tipo de trabajo de que se trate. Si es duro, violento, se emplea el palo, y cuando es suave, el santo.” (Reyes Herrera, Iliana y Andrés Rodríguez Reyes, 1993: p. 32)
El cruce con la Regla Palo Monte resulta una característica distintiva de gran significación en el cabildo de Santa Teresa; tanto que toda ceremonia de iniciación de la Regla de Ocha tiene como precedente indispensable el "cumplimiento con Palo Monte" (iniciación en la Regla Palo Monte). En ella tiene que estar presente el Osain Cruzado, legado por Juan Villamil.
Con relación a este “cruce” son aclaratorias las palabras del propio santero mayor, Osvaldo Villamil Cárdenas, cuando expresa:

“... la religión de ocha también se identifica con el palo, lo lucumí también se une a lo congo, porque como decimos nosotros, el palo viene a ser la arquitectura del ocha. El palo puede ser tan bendito como el ocha, eso depende de cómo lo lleve el creyente.” (Los iniciados, 1988: p.111)


El cruce con Palo Monte pudo ser observado por el propio autor en los “tambores”, o fiestas rituales dedicadas a Oyá, las cuales se efectuaban en vida de la difunta Tomasa Villamil Cárdenas, los 15 de Octubre, días de la festividad de Santa Teresa. Esta última en el santoral católico es el sincretismo de Oyá. La propia Tomasa Villamil Cárdenas. En la Regla Palo Monte, estaba “rayada pa'Centella Ndoki” (iniciada en el culto a la deidad equivalente a Oyá en la Regla Palo Monte) .En ciertos momentos de las fiestas rituales del cabildo, estando en estado de posesión de Oyá, la difunta Tomasa Villamil Cárdenas entonaba determinados cantos de la tradición de Palo Monte, los cuales eran repetidos a coro por los participantes. Entre esos cantos se destacaban los siguientes:

“Soy ngangulero


brisa que el viento

me lleva


Brisa que el viento

Me lleva


Brisa que el viento

Me lleva”


“Campana la Luisa se rompió

yo manda mi nganga

a componer.

Patico florido dime adiós

Donde vive mi nganga,

Vivo yo.”


Al respecto expresa Bertina Aranda Villamil, hija de la difunta Tomasa:

“A mi familia la criticaban mucho en Matanzas porque cruzaba el Santo con el Palo. Por eso, el Oyá de mamá cantaba aquello de:

Agüé, Agüé,

Cada uno con lo suyo,

Cada uno con lo suyo,

Cada uno con lo suyo.”

Ella viraba el tambor de santo para Palo. El mismo santo montado [en estado de posesión] viraba el tambor para Palo. Por eso ella también cantaba:

El que manda más que yo

viento lo lleva

El que pueda más que yo

viento lo lleva.
El Espiritismo Cruzado en el Cabildo de Santa Teresa.

Otros de los sellos distintivos del Cabildo de Santa Teresa, y que “surgió” en el curso de la investigación, es la gran incidencia que ha tenido la variante cruzada del Espiritismo en sus prácticas rituales. Esto último ha condicionado el hecho de que una de las tradiciones religiosas del cabildo sea, el que gran parte de sus “cabezas de santo”, también sean “caballos de muerto”. En esta variante del Espiritismo, la comisión africana, presidida por los espíritus congos, y además, conformada por espíritus de criollos cubanos, practicantes de las religiones cubanas de origen africano es la que más “trabaja” en las sesiones espirituales.


En los tiempos de Tomasa Villamil Cárdenas eran muy frecuentes las misas espirituales en el cabildo. Ellas resultaban uno de los preparativos fundamentales de las ceremonias rituales de importancia del cabildo. Los espíritus eran invocados en ellas con el propósito de solicitar sus consejos y vaticinios, además de considerar su “capacidad” de purificar ambientes y personas. Estas misas eran singulares por el hecho de que en ellas se marcaba el ritmo de los cantos espirituales con la percusión de un pequeño tambor. Además, los participantes bailaban a su compás frente a la bóveda espiritual, usando en ocasiones una coreografía en círculo semejante a las danzas rituales de la Regla de Ocha que se realizan frente a los tambores batá. Su objetivo consistía en desencadenar más rápidamente los estados de posesión de espíritus entre los participantes de la misa.
Presencia de la Sociedad Secreta Abakuá entre los miembros del cabildo.

Un lugar especial en la familia religiosa del Cabildo de Santa Teresa lo tiene la presencia, entre sus miembros masculinos, de los lazos de hermandad abakuá. Esta última resultó el producto transcultural y sincrético de las sociedades secretas masculinas de origen carabalí en Cuba. Ellas, fuera de África, sólo florecieron en las ciudades de la Habana, Matanzas y Cárdenas, provincia de Matanzas, Cuba. Esta sociedad secreta, de carácter masculino, se caracteriza por el propósito de socorro y ayuda mutua entre sus miembros, los cuales bajo juramentos y complicados rituales de iniciación, confirman lazos de fraternidad que deben mantener durante toda la vida. Al respecto expresa, el también abakuá, Osvaldo Villamil Cárdenas:

“La mayor parte de los varones de la familia Villamil pertenece a la potencia “Cunambele Efik”, el cual lo apadrinó la potencia [también abakuá] “Ekereguá Efik”. A Ekereguá la sacó un hermano de Jerónimo Villamil, que le decían Pipe. Algunos de nosotros somos de Ekereguá.”
La pertenencia a dichas potencias o juegos abakuá, así como la participación en sus rituales festivos o de iniciación, es independiente a la práctica ritual del Cabildo de Santa Teresa. Estas sociedades secretas les conceden a sus miembros la seguridad y el apoyo de los lazos fraternales. Entre los aspectos de su básico sistema ético se encuentra el respeto al padre la madre y la familia, así como a su hermano abakuá. Estas sociedades secretas no interaccionan con las prácticas de Espiritismo, Regla Palo Monte o Santería Cubana en el cabildo. Pero ellas si garantizan la presencia de lazos suplementarios que coadyuvan positivamente a la cohesión de la familia Villamil como familia y como grupo religioso.

La familia ritual en Cabildo Santa Teresa de Matanzas.
El Cabildo de Santa Teresa que conocemos hoy, comenzó con la iniciación, el 13 de Octubre de 1942, de la afamada santera matancera, Tomasa Villamil Cárdenas. Tal y como se explicó anteriormente, era la continuadora del cabildo de su abuelo Blas Cárdenas, el Cabildo “La Merced”. Aquí es ilustrativo lo expresado por el actual obá y oriaté del cabildo, Ángel Joel Polledo Acosta:

“Tomasa Villamil “se hizo” Oyá [inició], Santa Teresa, patrona de los cementerios. Ella les hizo santo a sus hijos y a muchos familiares. Y se convirtió en la mayor del cabildo. Ella unificó a los Villamil. De ella nacieron grandes cabezas de santo que después tuvieron sus propios ahijados”.


Esto último significa que el cabildo es el centro de una complicada red, que comenzó por sus ahijados, los cuales tuvieron sus propios ahijados, y estos a los suyos, incluso fuera del seno de sus respectivas familias. Así han surgido varias generaciones de iniciados en el Cabildo de Santa Teresa, agrupados en diferentes casas templos, cuya “mayor” resultó la difunta Tomasa Villamil Cárdenas. Cada una de esas casas templos tomadas de manera individual posee una complicada red de ahijados/as, hermanos/as de santo.

Con relación a la creación de la familia religiosa del Cabildo de Santa Teresa también se puede considerar lo que expresa la santera mayor Berta Noriega Villamil (Beba), hija de la difunta Tomasa Villamil, e iniciada en el culto a Yemayá:



“Mi mamá tenía muchísimos ahijados. Ella hizo muchísimos santos, no sólo en su familia, sino también a muchísima gente que no lo era. Y no sólo en Matanzas, sino también fuera. En Canasí mismo, lo que tenía era un pueblo”.
De esta manera, las declaraciones de Berta Noriega Villamil, hija de la difunta Tomasa, y de su biznieto, Ángel Joel Acosta Polledo, dadas anteriormente, permiten considerar al Cabildo de Santa Teresa como un grupo religioso, cohesionado por una complicada red de lazos rituales, cuyo núcleo resulta la familia biológica de los Villamil, con cierta participación externa. En este último caso no son parientes biológicos, pero si resultan parientes rituales.
La santera mayor matancera, Tomasa Villamil Cárdenas, resultó la “cabeza mayor” del cabildo, pues fue la que estableció el linaje religioso de la familia de los Villamil. El carácter familiar lo heredó el cabildo de sus propias raíces, del Santo Parado, cuyas características explicamos anteriormente. En este “… A diferencia de la regla de ocha, donde el parentesco ritual no es obligatoriamente simultáneo con las relaciones de consanguinidad, en el santo parado sus practicantes se agrupan en torno a los ancianos mayores en los marcos de sus respectivas familias. En este los cabeza de familia no lo son sólo desde el punto de vista de la consanguinidad, sino que incluyen lo religioso. A los mayores les corresponden las funciones de conservar y transmitir las prácticas mágico-religiosas tradicionales.” (Reyes Herrera, Iliana y Andrés Rodríguez Reyes, 1993: p. 30)
Las otras cabezas mayores del cabildo resultaron varios familiares cercanos de la difunta Tomasa Villamil Cárdenas, por ella iniciados en la Regla de Ocha. Ellos fueron su hermana, ya fallecida, Agustina Villamil Cárdenas (iniciada en el culto a Obatalá); su otra hermana ya fallecida, Eduviges Villamil Cárdenas (iniciada en el culto a Oshún); su hermano ya fallecido, Basilio Villamil Cárdenas (Surí); su hermana, aun viva, Regina Villamil Cárdenas (iniciada en el culto a Babalú Ayé); y su hija, aun viva, María Luisa Villamil (iniciada en el culto a Oggún). Ellos resultaron la generación de “asentados” que fundaron las casas templos fundamentales del Cabildo de Santa Teresa.
En las diferentes casas templos, que se subordinan relativamente al cabildo, se realizan semejantes rituales y ceremonias, pues ellas están integrados a la práctica ritual de las mismas religiones populares: Regla de Ocha, Regla Palo Monte y Espiritismo Cruzado. De esta manera, muchos de los miembros del cabildo comparten los mismos conocimientos mágico-religiosos, desempeñan similares funciones rituales, y tienen las mismas jerarquías religiosas. Esto ha tenido como resultado el hecho de que la memoria colectiva del grupo religioso, conformado por los miembros del cabildo, ha asegurado la continuidad de las tradiciones mágico-religiosas a través de las distintas generaciones. Además, y es importante señalarlo, este grupo religioso familiar resulta suficiente en si mismo, pues no necesita como otras casas templos de la Santería, o de la Regla Palo Monte, de un personal ajeno para realizar ciertas ceremonias y rituales, sacrificar los animales predestinados o interpretar la música ritual. El grupo religioso, integrado por los iniciados del cabildo, posee todos esos conocedores entre sus propios iniciados, a excepción de los babalawos, o sacerdotes de la Regla de Ifá. Ello ha asegurado la supervivencia del cabildo hasta nuestros días.
Los vínculos existentes entre familia biológica y familia religiosa o ritual en el cabildo han influido favorablemente en la preservación de las tradiciones religiosas a nivel intra e intergeneracional, ha asegurado la comunicación entre “mayores”, padrinos, madrinas, hijos/as, hermanos/as de santo a través de las generaciones en los marcos de los propios hogares. Así se garantiza, desde la infancia, que el individuo se vaya nutriendo de todo el acervo religioso colectivo; que comparta valores, creencias, ideas y representaciones mágico-religiosas, normas de convivencia social y religiosa. En el caso del Cabildo de Santa Teresa esto ha ido desarrollando un fuerte sentido de identidad como grupo familiar y religioso, de pertenencia hacia la propia familia biológica y ritual.
El aprendizaje religioso ha formado parte de la vida en el marco de la familia biológica de los Villamil. Desde pequeños, sus miembros han estado inmersos en un ambiente donde la creencia ha ocupado un lugar determinante en el sistema de valores que ha orientado su conducta social; este es un ambiente, donde los rituales religiosos periódicos garantizan una interacción frecuente entre los miembros de la familia biológica pertenecientes a diversos hogares. En esta interacción cada cual ocupa su lugar, y desempeña su función. De esta manera, se preservan las tradiciones mágico-religiosas; se fortalecen los valores y modelos ético-religiosos; se consolida una determinada visión del mundo. Ello garantiza que la familia Villamil, en sus aspectos biológico y religioso o ritual ha propiciado un espacio de interacción periódica, de conservación de la cultura ancestral, de consolidación del sentido de identidad y pertenencia grupal.

Consecuencias de la muerte de Tomasa Villamil Cárdenas.

Para la cohesión interna del Cabildo de Santa Teresa la muerte de Tomasa Villamil Cárdenas, el 8 de Julio de 1988 a los 97 años de edad, resultó un duro golpe. Ella era una líder religiosa, cuyo indiscutible carisma se basaba no sólo en sus amplias capacidades en el plano ritual, sino también en la singularidad de su fuerte y comprensiva personalidad, en su amor hacia los objetos de su creencia, hacia su familia biológica y ritual. Ella era el eje, en torno al cual gravitaba la actividad religiosa del cabildo. A ella, y a sus protectores sobrenaturales, acudían los miembros del cabildo en busca de consejo, ayuda y protección, estableciendo así relaciones de dependencia hacia ella.


La dirección del cabildo fue asumida por la nieta de la difunta, Clara Urrutia Polledo, nacida en 1963. Ella está iniciada en el culto a Oshún, y es hija de Berta Noriega Villamil (Beba). En su propia casa, ubicada en Salamanca # 28008 e/ Matanzas y Jovellanos, ella tiene bajo custodio los dos “fundamentos” actuales del cabildo: el Osain Cruzado, legado por Juan Villamil, y la propia Oyá (representación material) de la difunta Tomasa Villamil Cárdenas. La imagen de Santa Teresa, con la cual sincretiza Oyá, se quedó en la sala de la casa, sede original del cabildo, donde se siguen realizando las festividades anuales periódicas del 24 de Junio, del 15 de Octubre, y del 31 de Diciembre.
Es evidente que la muerte de la dirigente religiosa histórica del cabildo influyó negativamente sobre la actividad religiosa de este, y sobre la cohesión de su familia religiosa. Las actividades religiosas de las distintas casas templos que constituyen el cabildo se han hecho más independientes. Pero el cabildo se ha ido recuperando poco a poco; sus miembros continúan reuniéndose los días marcados por la tradición, para llevar a cabo las ceremonias festivas tradicionales de cada año, y además, para otras actividades rituales de carácter grupal.


CONCLUSIONES.
La memoria colectiva de la familia Villamil no apoyó la afirmación, generalmente aceptada, de que el actual Cabildo de Santa Teresa asciende al original cabildo, del mismo nombre en el siglo XIX. El resulta la continuación histórica de un cabildo “de nación” del “tiempo de España”: el Cabildo “La Merced” de Pueblo Nuevo.
No existen evidencias materiales, orales, ni documentales, que apoyen la afirmación, acerca del origen takua del cabildo. Tales conclusiones se basan en el análisis histórico y etnocultural de los fundadores del cabildo, de los conjuntos organológicos empleados para interpretar la música ritual, y de los llamados “fundamentos” del cabildo.
La interacción de las casas templos pertenecientes al Cabildo tienen un carácter relativamente dependiente. La misma se consolidó, se mantiene hasta la actualidad con relación a los rituales de iniciación, el culto y los festejos anuales de las deidades que representan sus “fundamentos.
El cabildo nombrado puede ser considerado como uno de los casos más interesantes de la transculturación y del sincretismo religioso en la ciudad de Matanzas, debido a que en su práctica ritual están interrelacionadas tres religiones populares cubanas: la Regla de Ocha, la Regla Palo Monte y la variante cruzada del Espiritismo.
Particular atención se le debe prestar a la presencia de la Sociedad Secreta Abakuá entre los miembros varones del cabildo. Aunque la misma no interviene en las prácticas rituales del cabildo, los lazos de hermandad establecidos en esta sociedad secreta desempeñan un importante papel en la cohesión del grupo religioso que resulta el cabildo.


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i Muchos estudiosos e iniciados, incluso matanceros, no reconocen esta variante transcultural del culto a los orishas presente en la provincia de atanzas


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