Resignificación del ocio: Aportes para un aprendizaje transformacional Rodrigo Elizalde Resumen



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Resignificación del ocio:

Aportes para un aprendizaje transformacional
Rodrigo Elizalde

Resumen: Este artículo tiene como objetivo principal el repensar el ocio en las sociedades contemporáneas latinoamericanas, buscando generar aportes para su resignificación. Para esto, el ocio es abordado considerando sus vínculos con las emergentes realidades de la actualidad. Se empieza construyendo definiciones de lo que se entiende por ocio, basándose en los desarrollos teóricos ya existentes. Ampliando la perspectiva, se realiza un análisis crítico de la forma en que el ocio es percibido en el imaginario social latinoamericano actual. Posteriormente se analizan los avances y retrocesos sociales como indicadores que expresan la situación actual del ocio. Para concluir se elabora una primera propuesta en la cual el ocio será resignificado buscando la posibilidad de construir nuevos conocimientos y prácticas para un aprendizaje comprometido con la transformación social.

Palabras-clave: ocio, sociedades contemporáneas, América Latina, transformación social

Resignificance of leisure: contributions for a transformational learning
Abstract: This investigation has as principal aim to rethink leisure in contemporary Latin-American societies, seeking to generate contributions for its resignificance. For this, leisure is approached considering its links with emergent current realities. It starts by constructing definitions of what is understood by leisure, based on the theoretical already existing developments. Extending the perspective, a critical analysis of the form in which the leisure is perceived in the imaginary social current Latin American is presented. Later social advances and setbacks are analyzed as warnings that express the current situation of leisure. To conclude a first proposal is elaborated, in which the leisure will be re-signified looking for the possibility of constructing new knowledges and practices for a learning commited with the social transformation.

Key words: leisure, contemporary societies, Latin America, social transformation

Resignificação do lazer: contribuições para uma aprendizagem transformacional
Resumo: Este artigo tem como objetivo principal repensar o lazer nas sociedades contemporâneas latino-americanas, procurando gerar contribuições para a ressignificação deste fenômeno. O lazer é abordado considerando seus vínculos com as realidades emergentes da atualidade. Baseando-se em desenvolvimentos teóricos já existentes, o texto começa construindo definições do que se entende por lazer.  Ampliando a perspectiva, realiza-se uma análise crítica da forma como o lazer é percebido no imaginário social latino-americano atual. Posteriormente, analisam-se os avanços e retrocessos sociais como indicadores que expressam a situação atual do lazer. Para concluir, elabora-se uma primeira proposta na qual o lazer será ressignificado, procurando possibilidades para construir novos conhecimentos e práticas para uma aprendizagem comprometida com a transformação social.

Palavras-chave: lazer, sociedades contemporâneas, América Latina, transformação social
Recibido: 26.10.2009 Aceptado: 09.12.2009
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Presentación
Esta investigación busca discutir una temática, en general, subvalorada, poco estudiada y desconsiderada: El ocio1 . Este es un concepto que en Latino América, en muchos casos, está cargado de prejuicios y connotaciones negativas y, que posiblemente puede causar sorpresa en algunas personas en cuanto objeto de estudio. Aquí, en cambio, profundizar en él es considerado como fundamental para repensar la realidad contemporánea, buscando aportar nuevas formas de entender los emergentes fenómenos sociales de la actualidad y ampliar la discusión comprometida con la transformación de nuestras sociedades, para que estas sean humanas y sustentables.
Como objetivo principal se plantea repensar el ocio en las sociedades latinoamericanas actuales, intentando generar aportes para su valoración ya que, equivocadamente, muchas veces, es considerado objeto irrelevante en el medio académico. Se acredita que existen cuestiones más nobles e importantes a ser investigadas, lo que revela un gran prejuicio (Magnani, 2000). Una de las razones principales para que esto ocurra puede ser el que tradicionalmente se confunde ocio con ociosidad y, consecuentemente, por esta vía se lo ve como sinónimo de la pereza y de hacer nada.
Paradojalmente con lo anterior, estudios de Arendt (1993) revelan que ya desde la Grecia Clásica la palabra “skhole”(ocio), significaba exención de toda actividad y la condición propicia para la contemplación, la reflexión e introspección, caminos necesarios para encontrar la felicidad, mediante el desarrollo de los talentos humanos más elevados. En esta misma línea, siguiendo a De Grazia (1966), vemos que Aristóteles postuló que el ocio era un estado en el cual la actividad se lleva a cabo como un fin en sí mismo, a diferencia del trabajo y de las ocupaciones para la subsistencia, que solo serían un medio para alcanzar otros fines. Desde esta visión el ocio era comprendido como una de las formas privilegiadas para acceder a la felicidad, razón primera de la existencia humana.
Es así que investigar al ocio buscando su resignificación y considerando los vínculos que establece con todos los otros aspectos de la vida social y cultural, especialmente en lo relacionado con un aprendizaje transformacional, será un aporte significativo para la humanización de nuestras sociedades.

Aclaraciones iniciales
A pesar de la permanente necesidad de justificación del ocio como objeto relevante de investigaciones, esta situación comenzó a cambiar en los últimos años en varios países latinoamericanos. Algunas evidencias son el crecimiento de los grupos de estudios y de las investigaciones sobre la temática del ocio, los trabajos presentados en congresos científicos, simposios y seminarios, así como su inserción en programas de estudios de varios cursos, en diversos ámbitos y niveles.
Es así que, el debate sobre el ocio, el tiempo libre y la recreación viene ampliándose y diversos autores, como Gomes y Melo (2003), apuntan algunos motivos para la difusión del tema en la actualidad, dentro de los cuales destacan el crecimiento de la llamada industria del entretenimiento, el incremento de las iniciativas gubernamentales (explicitas o no) relacionadas con el ocio y la recreación, así como los cuestionamientos acerca de la centralidad ocupada por el trabajo en nuestra realidad social, especialmente en los grandes centros urbanos.
Muchas veces al estar centrados en encontrar respuestas olvidamos que lo importante son las preguntas. Por lo cual empecé este estudio planteándome algunas preguntas claves, las cuales sirvieron de guía de esta investigación: ¿De qué manera el ocio es entendido en los estudios sistematizados sobre el tema y en el imaginario social latinoamericano? ¿Será que el ocio puede colaborar con la transformación social de nuestras sociedades, tornándolas más humanas y sustentables? ¿Cuál es el aporte que puede hacer el ocio en la construcción de nuevas realidades sociales?
Este estudio procura profundizar en estas y otras preguntas, sin llegar a responderlas por completo y entendiendo que el ocio resignificado, potencialmente, podrá ser un elemento importante a ser considerado al pensar en un aprendizaje transformacional que colabore con la evolución y el desarrollo humano y social.
Al constatar los alarmantes problemas sociales y ecológicos en los cuales está inmersa la humanidad y el planeta en su totalidad, se vuelve necesario repensar los modelos de creencias y los modelos paradigmáticos en los cuales están basadas las sociedades contemporáneas.
Desde esta nueva perspectiva, si se desea de forma cierta evolucionar como especie humana y construir sociedades realmente democráticas, participativas, equitativas, solidarias, respetuosas de los seres humanos y de la vida, deberemos realizar este profundo cambio paradigmático. Me pregunto ¿Cuáles son las contribuciones que un ocio revalorado, resignificado y contrahegemónico puede aportar en estos desafíos?
Como punto de partida, planteo que repensar y resignificar al ocio, en sus múltiples vínculos con los otros ámbitos de la vida en sociedad, será uno de los nuevos caminos desde los cuales poder empezar a “disoñar” (CALVO, 2007), esto es diseñar y soñar al mismo tiempo, con otro mundo posible y distintos.

Algunas definiciones introductorias
Diversos autores latinoamericanos (Suárez, 2009; Osorio, 2009; Ried, Leiva y Elizalde, 2009) apuntan a las dificultades conceptuales que rondan a la palabra recreación y términos similares, tales como animación sociocultural, tiempo libre e incluso ocio. Muchas veces esos términos son utilizados indistintamente, generando equívocos conceptuales, contradicciones y profundos problemas de comprensión. De igual forma, es posible constatar una pluralidad de sentidos y significados atribuidos a la palabra recreación en los países de América Latina, lo que compromete, en parte, el avance de los conocimientos sobre el tema.
Para evitar mayores equívocos, parto aclarando que el concepto de tiempo libre no equivale a recreación, ni a ocio. Generalmente, el tiempo libre es pensado como los momentos en los cuales la persona está fuera del trabajo, por lo cual se supondría que ella podría disfrutar de estos momentos de forma libre. Lo cierto es que tal como lo indican algunas investigaciones, el tiempo fuera del trabajo no equivale a un tiempo totalmente disponible para el ocio o la recreación. Existen otras obligaciones que cumplir además de las laborales remuneradas o de las que permiten obtención de ingresos económicos, entre las cuales se puede señalar: trabajo doméstico para el propio hogar; cuidado de niños y adultos que requieren apoyo, del propio hogar; apoyo a otros hogares; trabajo voluntario para la comunidad; dormir; comer; mantener higiene personal; trasladarse; participación política o religiosa; etc.
Como podemos constatar, estas actividades no son necesariamente optadas por quienes las realizan y a su vez no podrán ser catalogadas como vivencias de ocio o como activides de recreación. De este modo, disponer de tiempo libre no equivaldrá, directamente, a una vivencia de ocio, como a su vez participar en actividades recreativas tampoco significará, necesariamente, estar viviendo una experiencia de ocio. De aquí pregunto ¿Qué entendemos por recreación?
La palabra recreación, generalmente, es utilizada para designar a las actividades de diversión, entretención y esparcimiento. Es así que el Diccionario de la Real Academia Española define “recreación” como: “acción y efecto de recrear” y “diversión para alivio del trabajo”. Casi siempre, salvo algunos avances muy específicos, la recreación ha estado asociada únicamente a actividades de esparcimiento, las cuales muchas veces carecen de mayor reflexión y consistencia teórica.
Lo predominante ha sido entender a la recreación casi exclusivamente como un activismo, mostrando una clara influencia del movimiento conocido como “recreacionismo” higienista, que tuvo sus orígenes en el fin del siglo XIX en Estados Unidos, como una forma de frenar el surgimiento males sociales (delincuencia, alcoholismo, libertinaje y otros vicios), pero a la vez como una forma de control social de ese nuevo tiempo libre, de descanso y de posible ociosidad, que tenía la masa trabajadora como consecuencia de la reducción de la jornada laboral.
Este modelo generó la sistematización de conocimientos y metodologías de intervención sobre la recreación, fomentó la creación de espacios propios para la práctica de actividades recreativas (como playgrounds, centros de recreación, plazas de deportes y jardines de recreo) y abrió nuevos campos de formación y actuación profesional. Con el apoyo de instituciones como la Asociación Cristiana de Jóvenes, YMCA, el “recreacionismo” se propagó rápidamente por varios países, alcanzando especialmente a América Latina. (Gomes y Pinto, 2009)
En este proceso, fue ampliamente difundida la concepción de la recreación como sinónimo de actividades recreativas encargadas de llenar, racionalmente, el tiempo vago u ocioso de niños, jóvenes y adultos, con opciones consideradas saludables e útiles desde el ponto de vista higiénico, moral y social. Con esto, la recreación dirigida fue considerada esencial para la formación de valores, hábitos y actitudes a ser consolidados en las horas vagas, además de ser presentada como solución para los problemas de salud, para las dolencias crónicas, para favorecer la identidad comunitaria y cultural y, para la introducción de las artes plásticas y teatrales. (Butler, 1973)
En este mismo contexto, es necesario destacar que en los países de América Latina donde el español es la lengua oficial, generalmente, al referirse al objeto de estudio de esta investigación se habla de recreación y no de ocio. Para entender la profundidad de esto es imprescindible comprender que detrás de todo concepto, entendido como expresión de una forma de conocimiento, siempre existirá una motivación y un interés, no necesariamente explícito, por lo cual será necesario de develarlo desde lo implícito y en lo que lo subyace. Es así que, el conocimiento no es neutro, ni ingenuo y siempre estará motivado por determinados intereses.
Desde aquí surge la pregunta ¿Cuál será la razón de que se hable de recreación o tiempo libre y no de ocio? Creo que esto se debe a que la recreación representaba lo recomendable, y el ocio, en cambio, representaba lo prohibido y lo penalizado. Desde este punto de vista postulo que la recreación fue ideada, en la modernidad, como una herramienta para el mantenimiento del orden social, al ser tratada como un instrumento para la educación moral, con lo que se buscó higienizar y lograr así la profilaxis y eugenesia social. Desde esta perspectiva la recreación podría ser entendida como un dispositivo de control social del tiempo libre, esto es un dispositivo de control sociopolítico.
Ya en la actualidad y yendo más allá de los orígenes históricos de la recreación, destaco que ella, al igual que el ocio, no posee en si misma elementos positivos, ni negativos, y estos atributos estarán determinados, en especial para la recreación, dependiendo de la forma en la cual se aplican estas actividades específicas. Pudiendo así, la recreación al igual que el ocio, ser útil para la mantención de un orden social injusto e inhumano o, en cambio, posibilitar el desarrollo de una visión contrahegemónica y liberadora para el ser humano. (Gomes y Elizalde, 2009)
Avanzando en estas definiciones y buscando profundizar en otras perspectivas que ayuden a ampliar y encontrar conceptos que expresen de mejor forma lo esencial del objeto de estudio de esta investigación, el Diccionario de la Real Academia Española define “ocio” como un momento de “cesación del trabajo, inacción o total omisión de la actividad”, como el “tiempo libre de una persona”, para la “diversión u ocupación reposada, especialmente en obras de ingenio, porque estas se toman regularmente por descanso de otras tareas”.
Desde esta definición el ocio es entendido en oposición abierta al trabajo y como lo contrario de este, y a su vez como una forma de utilizar y llenar el llamado tiempo libre. Con lo cual, considero que se mostrará nuevamente una visión parcial y reducida en la comprensión del ocio.
En su origen en Grecia el ocio o “skhole” era fundamentalmente positivo. En esa época era entendido como el tiempo disponible y como la ausencia de la necesidad de estar ocupado, lo que permitía la contemplación filosófica, el desarrollo de las artes y de los talentos superiores (DE GRAZIA, 1966). Un elemento importante de señalar es la necesidad de desmitificar la visión de ocio de Grecia, ya que ella suponía que este solo podría ser vivenciado por personas libres y pertenecientes a las elites de la sociedad, por lo tanto, posible solo para determinados segmentos privilegiados de la sociedad, lo que negó la existencia de todas las otras expresiones culturales de ocio del resto de la sociedad griega.
A su vez, si analizamos etimológicamente la palabra ocio, constatamos que esta proviene del término latín “otium”, el que estaba, en esa época, vinculado a la noción de descanso y reposo, de retiro, soledad y tranquilidad. Posteriormente en la Roma antigua, surge un concepto correlativo y opuesto al “otium” (ocio romano) el “negotium”, que literalmente fue entendido como la negación del ocio, como el “no ocio” y que significaba básicamente “ocupación y quehacer”, del cual deriva la palabra negocio. (De Grazia, 1966)
Destaco que así el trabajo (negocio y comercio) fue entendido como la negación del ocio. Para tener una visión más clara sobre la forma de entender ocio y trabajo en la antigüedad señalo que etimológicamente la palabra trabajo deriva del término latino “tripalium”, el que se refería a un instrumento de tortura para obligar a los esclavos (Racionero, 1983). Con todo esto se muestra que en la visión clásica (Grecia y Roma antiguas) el ocio era mucho más valorado que el trabajo, algo distinto a lo que ocurrió en la modernidad occidental, en el cual todo lo improductivo fue condenado y castigado, salvo si reportaba algún tipo de utilidad.
De este modo, ya en la modernidad, la forma de percibir al ocio fue marcada por una perspectiva negativa, lo que pudo haber surgido, en parte, producto de la influencia del protestantismo, al ver las vivencias de ocio como un vicio y la educación como un medio moralizante para el trabajo (REQUIXA, 1977). La visión protestante, inglesa y norteamericana, en cuanto ética del trabajo como bien supremo, rechazó al ocio por considerarlo como una potencial amenaza para el “espíritu” de base del modelo de producción capitalista. De este modo, el sentido griego original de ocio como una manifestación cultural basada en la meditación, la reflexión y la sabiduría fue vaciado de su esencia original, y así, desvalorizado y llenado de prejuicios. (Gomes, 2008)
Es cierto que en América Latina el protestantismo no fue la principal religión en ese período histórico, pero sin duda alguna la influencia norteamericana, desde los Estados Unidos, fue y es muy fuerte a nivel social en la visión de mundo y concepciones económicas, políticas, educativas y culturales en Latinoamérica. Llegando a ser, el “imperio del norte”, un modelo de sociedad al que debíamos de acceder, para así cumplir con el anhelado (falaz) sueño de ser un país desarrollado. Por esta vía se logró imponer un modelo de sociedad capitalista y un ideal de estilo de vida (forma de producción y consumo), lo cual abarcó a todas las expresiones culturales y sociales, incluyendo al ocio.
Ya en la actualidad, según Cuenca (2008), la concepción de ocio adquiere cada día una visión más positiva, ya no siendo identificado solo con el descanso, los feriados, y la diversión, ampliando su significación al ser considerado como una experiencia humana necesaria, capaz de proporcionar autorrealización, como un derecho y un elemento que aporta a la calidad de vida. Desde esta perspectiva, el ocio es vivido por las personas que poseen estilos de vida más avanzados, ya que este radica en una mudanza de mentalidad y en una concepción diferente y más evolucionada de la vida y del mundo.
Ampliando esta reflexión, y como lo señalamos en otro texto (Gomes y Elizalde, 2009) en el idioma portugués el término más utilizado al hablar de ocio es la palabra “lazer”, el cual también existe al hablar de “leisure” en inglés y “loisir” en francés, todos términos que tienen un significado similar. Las palabras “lazer, leisure y loisir” tienen un origen etimológico común al venir del término latín licere, que significa: “ser permitido, poder, tener derecho”.
Por lo anterior, en este estudio utilizo la palabra “ocio” como sinónimo de las palabras lazer, loisir y leisure, al igual que Rhoden, quién señala que: “muchos autores utilizan las expresiones diversión, juego, recreación, distracción, entretenimiento, tiempo libre, como si fuesen lo mismo”... que ocio... “aunque, al profundizar en el estudio de estos términos, percibimos que no lo son.” (2008, p. 58) La autora entiende al ocio como una experiencia personal “permitida” y “que permite”, sea el descanso, el disfrute o el desarrollo humano. Creo que ella destaca estos elementos de permisión probablemente basándose en el significado etimológico del término latino licere.
Yendo más allá de lo señalado por Rhoden, el ocio puede a su vez llegar a generar una experiencia de apertura marcada por una actitud que rompa y transgreda con lo permitido y con lo lícito, mostrándose muchas veces al borde de lo socialmente adecuado y aceptado. Justamente a esto se debe uno de los grandes temores, así como peligros que representa el ocio para el mantenimiento del “status quo”. De aquí surge, en parte, el intento de acallar y prohibir la disruptividad, contracorriente, alteridad e innovación subversiva, y todo aquello que pueden expresar un ocio creativo, caótico y transformacional. No está demás decir que los “locos” (en el sentido de ser quienes se atreven a tener otras miradas sobre el mundo y la realidad) y los revolucionarios siempre han estado fuera del orden establecido, siendo excluidos, encarcelados o castigados, ya que en muchos casos son ellos los que originan algunos de los significativos cambios culturales y sociales vividos por toda sociedad. Con esto agrego que el ocio a su vez puede permitir el desarrollo de una nueva identidad y de un sentido de pertenencia más abarcador, posibilitando la generación de una sensación de libertad.
Por lo anterior aclaro que paralelamente, así como el término “licere” genera todas estas reflexiones, el concepto latino “otium puede abrir otras perspectivas para la conceptualización y comprensión del fenómeno del ocio.
Tal parece que necesitaremos desarrollar definiciones y comprensiones más profundas y elaboradas de lo que entendemos por estos conceptos, evitando caer en los equívocos conceptuales, contradicciones y problemas de comprensión mencionados.

Problematizando y profundizando los significados del ocio en la actualidad
Una de las vertientes desde donde se piensa nuestro objeto de estudio es a través de la llamada “sociología del ocio”. Desde esta perspectiva lo común es entender al ocio en clara oposición al trabajo, definiéndolo como un tiempo libre de obligaciones, ya sean laborales, profesionales, sociales, familiares, políticas y otras actividades sentidas y vivenciadas como obligatorias y no optadas de forma voluntaria por quién las realiza, como postula Dumazedier. (1973)
A su vez, este mismo autor (1979) propone ciertas características específicas y constituyentes del ocio:
a) Carácter hedonista: el ocio es marcado por la búsqueda de un estado de satisfacción. “Eso me interesa”. Esa búsqueda por el placer, la felicidad, la alegría es de naturaleza hedonista y representa la condición primera del ocio.
b) Carácter desinteresado: el ocio no está, fundamentalmente, sometido a fin alguno sea lucrativo, profesional, utilitario, ideológico, material, social, político, socio-espiritual.
c) Carácter personal: las funciones del ocio (descanso, diversión y desarrollo de la personalidad) responden a las necesidades del individuo, considerando las obligaciones primarias impuestas por la sociedad.
d) Carácter liberador: el ocio es liberación de obligaciones (institucionales, profesionales, familiares, socio-espirituales y socio-políticas) y el resultado de una libre elección.
Fundamentado en las reflexiones plantadas por Gomes (2007), considero adecuado preguntar si las características propuestas por Dumazedier pueden tomarse como ciertas o solo como simples indagaciones. Tal parece que, con excepción del aspecto hedonista, relacionado con la búsqueda de algún tipo de satisfacción, las demás características evocan solo indagaciones, ya que ¿Hasta que punto será posible este total desinterés? ¿Será que el ocio es un fenómeno neutro y, por lo tanto, aislado de nuestra vida social? ¿Será cierto que el tiempo de ocio está exclusivamente determinado por las necesidades individuales? ¿Podrá ser posible vivir el tiempo de ocio como el término o liberación de todas las demás obligaciones?
Al formular estas preguntas postulo la necesidad de repensar las características formuladas por Dumazedier, quién más específicamente plantea que el ocio puede ser comprendido como:
“un conjunto de ocupaciones a las que el individuo se puede entregar voluntariamente, sea para reposar, para divertirse, para recrearse y entretenerse, o además, para desarrollar su formación desinteresada, su participación social voluntaria, o su libre capacidad creadora, después de liberarse o desembarcarse de las obligaciones profesionales, familiares y sociales.” (Dumazedier, 1973: 34)
Nuevamente esa concepción puede ser cuestionada por entender al ocio como “un conjunto de ocupaciones”, ya que además de restringirlo a la práctica de determinadas actividades, a su vez, supone que el individuo debe estar ocupado, por lo cual en esta definición quedaría excluido todo lo vinculado a algunas formas de ocio, en cuanto momento contemplativo, meditativo o de introspección, que pudiese ser percibido como hacer nada.
Como señalo, Dumazedier sitúa al ocio en clara oposición a todas las otras necesidades y obligaciones de la vida cotidiana, especialmente las del trabajo ¿Y que pasa si en el trabajo, por ejemplo, se generan momentos y espacio de ocio, incorporando una sensación placentera de estar en un tiempo optado? Tal parece que las fronteras de los tiempos y espacios sociales y culturales no son necesariamente rígidos, ni tan claros y absolutos, como se pretende hacer creer.
Basado en lo anterior, considero imprescindible abrirnos a entender que trabajo y ocio “no constituyen polos opuestos, sino más bien representan lados distintos de una misma moneda”… ya que “en la vida cotidiana, no siempre existen fronteras absolutas entre trabajo y ocio, tampoco entre ocio y las obligaciones profesionales, familiares, sociales, políticas, religiosas. Por tanto, no vivimos en una sociedad compuesta por dimensiones neutras, estanques y desconectadas unas de otras”. (Gomes, 2004: 121)
Continuando en este intento de profundizar en la comprensión del ocio, destaco otros aportes como los de Gaelzer (1979), quién llegó a la conclusión que la mayoría de los autores admiten la existencia de tres elementos claves, los cuales son: tiempo, actitud y actividad (ocupación), manteniéndose vigente la influencia de Dumazedier en estos postulados. Para la autora, estos tres elementos son interdependientes, ya que separadamente, no cumplen con las condiciones necesarias para la existencia de ocio.
Por su parte Bramante (1998) plantea que lo lúdico es el eje principal, del ocio, algo que comparten la mayoría de los autores por él estudiados. De acuerdo con su visión, el ocio está constituido por tres elementos: tiempo, espacio y actitud. Aclaro, desde mi perspectiva, que lo lúdico en cuanto eje principal y elemento transversal del ocio no se restringe exclusivamente a los juegos, entretenciones o diversiones, y va más allá de estos, refiriéndose a una gama mucho más amplia de expresiones culturales caracterizadas principalmente por una “actitud” personal de disfrute, más que por algún tipo de actividad específica. Lo lúdico es un elemento mucho más amplio que el ocio, no limitándose a este.
Siguiendo estas reflexiones, lo que diferencia al ocio de otras prácticas sociales y culturales, en nuestra sociedad, es el hecho de que los elementos que lo caracterizan son:
a) un tiempo vivido en el momento presente, y que no se limita solo a los períodos institucionalizados, como los fines de semana o las vacaciones;
b) un espacio/lugar del cual los sujetos se apropian, en el sentido de transformarlo en punto de encuentro… consigo mismo, con otros, con el mundo… y de convivencia social;
c) manifestaciones culturales con actividades o contenidos vivenciados como disfrute y goce de la cultura, sea como posibilidad de diversión, de descanso o de desarrollo;
d) una actitud fundamentada en lo lúdico… entendido como expresión humana de significados de la / en la cultura vinculados al jugar, bromear y tener buen humor, consigo mismo, con los otros y con la realidad. (Gomes, 2004, 2007: 30-31)
Todos estos elementos están enraizados en lo lúdico y no tienen carácter de obligatorios, y no son vistos como un conjunto de tareas a ser cumplidas, por lo cual los sujetos participan y se involucran de forma voluntaria.
A modo de síntesis, entendemos que el ocio es una de las múltiples dimensiones de la cultura, así como también lo son el trabajo, la educación, la familia, entre otras. Continuando en esta línea argumentativa comprendo que:
“el ocio es constituido conforme a las peculiaridades del contexto histórico y social en el cual se desenvuelve e implica una “producción cultural” - en el sentido de reproducción, reconstrucción y transformación de diversos contenidos culturales vivenciados por las personas, grupos e instituciones. Estas acciones son construidas en un tiempo/espacio de producción humana, dialogan y sufren influencias de las demás esferas de la vida en sociedad, y nos permiten resignificar continuamente la cultura.” (Gomes, 2007: 30)
En América Latina producto de la diversidad cultural y humana que la componen, el ocio no será un fenómeno homogéneo y estático, mostrando variadas formas y expresiones propias ¿Como será vivenciado y entendido en el imaginario social latinoamericano el ocio?
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