Reunión de pre-comunidad – Domingo 31 de octubre de 2010. Presencia de Dios



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Reunión de pre-comunidad – Domingo 31 de octubre de 2010.

Presencia de Dios: Hacemos un rato de silencio para disponernos de cuerpo y corazón a encontrarnos con Jesús. Nos ponemos en una posición cómoda.

Huellas

¿Cuál será la huella que me lleve hasta tu encuentro?

No quiero vivir errante y vacío quedándome sólo en tus huellas.

¿Se llamará salud, o enfermedad?

¿Se presentará con el rostro del éxito o con el cansancio golpeado del fracaso?

¿Será seca como el desierto o rebosante de vida como el oasis?

¿Brillará con la transparencia del místico o se apagará en el despojo del oprimido?

¿Caerá sobre mí como golpe de látigo o se acercará como caricia de ternura?

Brotará en comunión con un pueblo festivo o en mi indecible soledad original?

¿Será la historia brillante de los libros o el revés oprimido de la trama?

No importa cuál sea el camino que me conduzca hasta tu encuentro.

No quiero apoderarme de tus huellas cuando son reflejo fascinante de tu gloria,

ni quiero evadirlas fugitivo cuando son golpe de angustia.

No importa lo que tarde en abrirse el misterio que te esconde, y toda huella tuya me anuncia.

Todo mi viaje llega al silencio y a la espera de mi «no saber» más hondo.

Pero «yo sé» que ya estoy en ti cuando aguardo a tu puerta.

Benjamín González Buelta, S.J.
Petición: Que podamos descubrir cómo Jesús se hace presente en nuestra historia, cómo nos mira, nos llama y nos interpela en nuestro tiempo presente.
Composición de Lugar: Que podamos contemplar esta imagen del evangelio como nuestro propio momento presente. Que esta ciudad de Jericó, sea mi propia ciudad, los lugares por donde ando, la gente con quien vivo y me relaciono.
(Lucas 19,1-10).

Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad.

Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos.

El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.

Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí.

Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: “Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”.

Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.

Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: “Se ha ido a alojar en casa de un pecador”.

Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: “Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más”.

Y Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido”
Algunas pistas para la oración:

Al igual que en la vida de Zaqueo, Jesús irrumpe en nuestra historia a pesar de lo que nosotros hagamos.

Hay algunas situaciones de nuestra vida que nos impiden acercarnos a Jesús, en el caso de Zaqueo, su estatura, su historia y el rol que jugaba en la sociedad.

Igualmente existe un deseo profundo en Zaqueo que lo impulsa querer ver a Jesús, treparse al árbol, saber cómo es Jesús a pesar de las diferencias que aparentemente lo separan de él.

A pesar de esto Jesús se detiene para hablarnos particularmente a nosotros.

No solamente nos habla sino que nos llama y nos desafía.

Este llamado implica un cambio en nuestra vida, en la forma de relacionarnos, en las cosas que debemos dejar, en las heridas que provocamos y que debemos sanar.

A veces también el llamado de Jesús implica enfrentamientos con otros que viven, sienten o piensan de otra manera.


Padre Nuestro


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